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domingo, 5 de abril de 2026

RESURRECCIÓN - Liana Friedrich - Villa Regina, Río Negro, Argentina







RESURRECCIÓN

El mudo consuelo del sudario
ahoga un último gemido
en silente agonía de cenizas...
Pero la inexpugnable rotación del universo
- albergue sin fin de la esperanza-
recrea un sueño prenatal en tu cerebro...
Desde el último estertor de la noche
se escucha un vagido repentino
llamándote a la vida;
cuantiosas manos te rodean
para auscultar tu miedo,
circuyendo de asombros
la sed irreflexiva,
en el momento supremo del retorno.


LIANA FRIEDRICH – Villa Regina, Río Negro, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

AQUEL CIRUELO - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 











AQUEL CIRUELO


Hay jazmines en todos estos jardines.
Recuerdo aquel ciruelo que florecía
en cada primavera ventosa y clara.
El ciruelo que a pájaros albergaba.
Ese mismo en el que, de pequeños,
a su suave sombra jugábamos.
Allí siguen aquellos jazmines.
El ciruelo ya no está, se ha secado
hace ya, tantos, pero tantos años.
Mas sigue vivo en nuestro recuerdo
que alberga presencias, hoy ausentes.



ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

AQUELLAS RUTAS DE BARRO - Fernando Adrián Zapata - Concordia, Entre Ríos, Argentina

 








AQUELLAS RUTAS DE BARRO


Aquellas rutas de barro
desplegaban sus hechizos,
enlodaban los rodados
de transportes sobre el ripio.
Los poblados, tan dispersos,
tan lejanos y expectantes
por trabajo y por afecto,
por comercio y por que
se estrechaban en sus rumbos
por el nítido intercambio
de gigantes al manubrio
en camiones desbordados.
Mi Entre Ríos enlodada,
aún en rumbo abarrotado
de problemas y de andanzas,
¡no se le rindió a ese fango!
Mi Entre Ríos de trabajo,
de futuros y de empeños
¡dio su pan y dio su abrazo
al Obrero de estos suelos!!!



FERNANDO ADRIÁN ZAPATA – Concordia, Entre Ríos, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


LA OPINIÓN, DE RAMÓN DE CAMPOAMOR - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 






LA OPINIÓN, DE RAMÓN DE CAMPOAMOR

¡Pobre Carolina mía!
¡Nunca la podré olvidar!
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar.
Un clérigo: Empiece el canto.
El doctor: ¡Cesó el sufrir!
El padre: ¡Me ahoga el llanto!
La madre: ¡Quiero morir!
Un muchacho: ¡Qué adornada!
Un joven: ¡Era muy bella!
Una moza: ¡Desgraciada!
Una vieja: ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!— dicen los buenos.
—¡Adiós!— dicen los demás.
Un filósofo: ¡Uno menos!
Un poeta: ¡Un ángel más!

Nunca fue un primera fila ni un genio, él mismo era consciente de sus limitaciones -«Después de haber leído a Ibsen, todo parece anticuado e insignificante», dijo de su propia obra al final de su vida-, pero el asturiano Ramón de Campoamor (1817-1901) fue hasta no hace mucho uno de los poetas más populares, leídos, memorizados y declamados de toda la historia de la literatura en nuestra lengua, en España y en América. Versos suyos están todavía hoy arraigados en la memoria colectiva y son citados y repetidos una y otra vez, en muchas ocasiones sin saber que a él se los debemos. Como estos: «Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira».

Rico de familia, con apenas 15 años fue enviado desde su Asturias natal a Madrid, a cursar estudios diversos: filosofía, lógica, matemáticas, medicina… Tras avanzar poco en todos ellos, se acabó dedicando a las letras (la poesía, el teatro y el periodismo) y a la política. En aquellas le apadrinó en sus primeros pasos Espronceda, por entonces el príncipe de los románticos. En la política, militó en el Partido Moderado, fue monárquico fervoroso -de Isabel II- y progresó, entre otras cosas, elogiando en versos a quien podía promocionarlo y dedicándole tiempo y trabajo -lo que no era frecuente en la época- a los muchos cargos que desempeñó: gobernador civil en varias provincias, diputado por diversas circunscripciones, senador, consejero de Estado… Era bondadoso y bonachón, desprendido (cedió los derechos de sus libros a sus editores), jovial, optimista… Valle-Inclán aseguró que su marqués de Bradomín, el protagonista de sus Sonatas, se había inspirado en Campoamor: «Era un hombre generoso y espléndido», dijo de este.

Como poeta, Campoamor quizás es demasiado fácil, a veces prosaico y algo simplón, nada esteticista ni elaborado, en ocasiones ripioso. Pero es también casi siempre muy eficaz para contar lo que desea contar y para mover más a la reflexión que a las emociones. La suya es muchas veces una filosofía de andar por casa, pero fue muy celebrada por sus numerosísimos lectores. Fue también un innovador, inventó un peculiar género de poemas brevísimos, muchas veces solo un pareado, a menudo con moraleja, que recogía en volúmenes con cientos de ellos. A los más cómicos, los llamaba humoradas. A los más serios, doloras. Una recopilación de estas sumó más de treinta ediciones en vida del autor. Fueron una especie de eslabón de enlace y evolución entre las fábulas de nuestros clásicos del XVIII (Samaniego, Iriarte…) y las greguerías de principios del XX de Ramón Gómez de la Serna. Algunas de sus humoradas y doloras han aguantado bien el paso del tiempo y aún se leen hoy con mucho agrado: «Te morías por él, pero es lo cierto / que pasó tiempo y tiempo y no te has muerto». «No es raro en una almohada ver dos frentes / que maduran dos planes diferentes». «La fuiste a secuestrar, y, ya casado, / eres tú, más bien que ella, el secuestrado». «Las hijas de las madres que amé tanto / me besan ya como se besa a un santo».

El poema que hoy os traigo es muy representativo de su obra. Versificación facilísima, reflexión social, moraleja implícita… Parece un caso aplicado de su «todo es según el color / del cristal con que se mira». Habla de un hecho real, el poema está dedicado «a mi querida prima Jacinta White de Llano, en la muerte de su hija», y aun así al autor se le ve más reflexivo y filosófico que emocionado o dolido. Yo lo siento así:

 

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Ramón María de las Mercedes de Campoamor y Campoosorio fue un poeta español del realismo literario. Durante el periodo de la Restauración salió elegido diputado diez veces, por distritos de siete provincias diferentes, gracias a la «protección» del conservador Francisco Romero Robledo. Wikipedia

Nacimiento24 de septiembre de 1817, Navia, España

Fallecimiento11 de febrero de 1901 (edad 83 años), Madrid, España


DOÑA MARTA - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 



DOÑA MARTA

Dª Marta seguía regando las plantas con todo esmero. Un señor con gabardina oscura la observaba en el quicio de la puerta  y le preguntó:

.- ¿Es usted doña Marta López?

.- Sí, y usted?

.- Soy el inspector de policía y quería saber si usted conoce a este hombre.

El policía le mostró una foto de un hombre con la cara ajada y triste mirada.

.-Claro, es mi jardinero

.-¡Cómo y ¿está aquí?

.-Sí, en el jardín, hace un par de semanas que se ocupa de las plantas y de la piscina, para que este verano cuando vengan mis hijas y nietos lo pasen bien. Venga lo acompaño  a verlo.

El policía tomó sus precauciones  y se acercó con la mujer hacía el lado de la casa junto al jardín y el almacén. Pero todo estaba vacío.

.-Vaya sorpresa, se ha ido. Pues vera, ayer estábamos charlando, lo contraté para que se ocupe de la casa, aunque todavía no le había hecho el contrato laboral,y ¿sabe lo curioso? Se puso a cantar al saber mi nombre: “Santa Marta tiene tren,Santa Marta tiene tren  pero no tiene tranvía, si no fuera por las olas, caramba, santa Marta moriría caramba” Nos reímos un poco.

.-No sabía usted que es un delincuente que se ha escapado de la cárcel?Bueno, buenas tardes señora.

El policía, se levantó y se fue con toda rapidez

Dª Marta se sentó al borde de la ventana y con la mano le dio un saludo y un adiós al inspector que se fue a toda prisa frustrado por no haber podido detener a un delincuente, según él.

Dª Marta apuró su vaso de vermut y dio unos golpes a la chimenea, se abrió una pequeña puerta y….

.-Tenga, un poco de dinero, en el puerto de Alicante pregunte por Pascual, le entrega este sobre y él le llevará a un nuevo destino. Sólo con que le diga que le manda Dª Marta será suficiente.


SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ANATOMÍA DEL SILENCIO - Gladys Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 



ANATOMÍA DEL SILENCIO

Testimonio de un preso

 

En el país de las sombras el silencio es rey. Lo trae casi siempre la noche, disfrazado de esa marisma tramposa que es la oscuridad; le gusta ocultarse en la ausencia de luz. Se metamorfosea, es camaleónico. Resulta difícil explicar el silencio, se necesita un manual y un apoyo psicológico para no volverse loco en el intento.

            Yo, el preso, puedo hablar sin reparos de la tiranía del silencio, el que libra una guerra arbitraria desde las penumbras. No se deja ver, no se deja oír. Ataca, hiere, aterra pero no da la cara. Es traicionero. Intenta convencerme de que es inaudible e invisible. Y yo me lo creo. Es todo mentira. Emerge desde las sombras negras de la noche. Me parece ver una cosa, un bicho colándose por el desagüe. Saca la cabeza y después el cuerpo, enorme masa amorfa, translúcida, que se desplaza, avanza, me mira, se burla, acecha. Compruebo que es viscoso al ver cómo se desliza. Se acerca, se acerca, se acerca. Luego se me pega. Entonces me entra un pánico mudo que corta el aire. Creo ver a Gregorio Samsa en su metamorfosis abominable, aquí, a mi lado. Quiere aplastarme bajo su mole gelatinosa. Me asfixia, voy muriendo de a poco, y me entrego. Me despierto de un salto. Recupero la vida.

Que el silencio no hace ruido es mentira. Si se le presta atención se descubren átomos sonoros de su lenguaje invisible, cuchicheos en el vacío, bisbiseos en sordina, rumores monocordes. Aturde. Es cierto aquel verso del poeta: “aturden dulcemente los susurros del silencio”. Es más bonito cuando lo dice el poeta, obviamente, porque lo dice desde la libertad. No suena igual si lo anuncia un preso que se siente perseguido por ese fantasma intrigante, el silencio, a una determinada hora. Acosa con su bagaje de murmullos como si fuera procesión de demonios camino al infierno. Entonces sí, puedo percibir su presencia. Se mueve como agua turbia en el estanque, como lombrices en el fango. Y me da miedo. Le tengo miedo a la noche. Viene con su silencio negro y se me acuesta al lado y me mira con su ojo ciclópeo.

            En esta instancia de su transformación cobra entidad, lo que no es poco tratándose de algo incorpóreo. No me dejo engañar. Este flagelo ya volvió locos a varios presos. Es triste ver a las víctimas atormentadas por sus rumores cuando se aprietan los oídos intentando preservarse del enorme tormento, como si sus tímpanos fuesen a estallar. Algunos se meten bajo la cama, se ocultan de algo que no es.

¿No es?

            Otras veces el silencio tiene la vulgar costumbre de traer consigo a la ancianidad. Y la entrega antes de tiempo, cuando todavía no corresponde. Así uno se vuelve anciano por mandato del olvido, cómplice enmascarado del silencio.

           

Tengo que hacerme amigo del silencio, entender su lenguaje, sus caprichos, aceptar sus códigos, sus tiempos. Descifrar sus enigmas.

El silencio me enfrenta con lo mejor de mí mismo; y con lo peor. Es el espejo en el que me miro y no siempre me gusta lo que veo. El silencio me pone cara a cara con mis propios carceleros, los que alimenté sin darme cuenta; son los que tienen encadenada mi libertad intrínseca, que no depende de jueces ni de leyes sino de mis fueros internos. En la cárcel, el silencio es el emisario de la muerte, último destino posible. Hacia ella nos acompaña.

Y nos entrega.

El silencio tiene la extraña virtud de la paciencia. Acecha y carcome el seso como polillas a la lana. El convicto le teme a este enemigo intangible porque no puede materializar su ofensiva, no puede usar su violencia. No puede defenderse. Y se frustra.

El enemigo acérrimo del silencio es el ruido en todas sus manifestaciones. La muestra más acabada está en los portones de la cárcel; destilan un corrosivo ruido a metal cuando se abren y se cierran desperdigando la queja sin par de los cerrojos. El silencio y el ruido no tienen rivales, son amos absolutos de la cordura y la locura del reo. El ruido alcanza su máxima expresión en la noche, cuando impera el silencio. Luego lo atraviesa; lo decapita. El chirrido de los cerrojos arponea los oídos. Su efecto sólo es comparable a una descarga eléctrica en los tímpanos. El sonido no desaparece de inmediato. Reverbera en el aire; cuerdas de acero tensadas aguijonean el cerebro. El silencio libra una pulseada mortal con el sonido, lo desplaza, lo posterga.

Y el botín somos nosotros, los presos.


GLADYS ABILARChilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  


sábado, 28 de marzo de 2026

LOS AMOROSOS - Jaime Sabines- México

 








LOS AMOROSOS


Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, solo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

JAIME SABINES - México

Jaime Sabines Gutiérrez fue un querido y respetado poeta y político mexicano, nacido en Tuxtla, Gutiérrez el 25 de marzo de 1926 y fallecido en Ciudad de México el 19 de marzo de 1999.

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www.carlospenelas.com


NO SE MUERE EL ENERO EN TUCUMÁN - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 













NO SE MUERE EL ENERO EN TUCUMÁN


No se muere el enero en Tucumán
ni coincide la flor en lo casual,
ni es mentira la casa del pájaro
que ancla en el friso de la catedral.

Se embaraza la tarde de nostalgia
y pare tu nombre sin olvido.
Me gusta el camino a San Javier
porque finge las curvas de tu río.

Puedo tantear el aire y transitar
la noche tibia en Tucumán
hasta llegar al “Alto” por calle Avellaneda
para morir en guitarras y en el vino,
derramado en la mesa inmemorial
donde el alma de Atahualpa espera
y el tucu danza entre maderas
el baile rumboso y vegetal.

No se muere el enero en Tucumán.
Olor a caña, azahar y grillo
y la nostalgia del naranjo amargo
perfumando la plaza Independencia
donde yace del Cabildo la memoria.

No se muere el enero en Tucumán
si escucho las risas de los niños
y el hechizo del viejo campanario
bajando por la calle “veinticuatro”
hasta morir de coplas en su ritual.


Norberto Pannone ©2012

NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina

EL LEÓN ENFERMO - Concepción Arenal - Ferrol, España . 1820 /1893








EL LEÓN ENFERMO

Enfermo y gravemente
De los bosques hallóse el soberano
León, como decimos vulgarmente.

Su estómago, hasta allí cual pocos sano,
Ni el más leve sustento digería
Sin dolor infinito,
Aunque su majestad sólo comía
Lechón, tierno cordero, algún cabrito.

Si era efecto del tiempo esta dolencia,
Si de grave pesar, de incontinencia
O del rudo trabajo y los desvelos
Con que, grato a los dioses, se afanaba
El cetro a sostener de sus abuelos
Para el público bien y por su gloria,
Es un punto dudoso de la historia.

Mas lo que está probado
De un modo positivo y concluyente
Es que, al verse doliente,
Tuvo su majestad la extraña idea
De reunir al punto una asamblea
Y en ella discutir de cuál sustento
A su estómago débil convendría,
Y de cuál se abstendría
Por nocivo e indigesto.

La turba cortesana, por supuesto,
Al escuchar del rey el pensamiento
Le pareció muy bien, según costumbre.
Envíanse correos
Que veloces recorran los estados
Para que diputados
Envíe cada especie al gran congreso.

Reunida por fin la muchedumbre
Jura dar en conciencia
Su humilde parecer, de cuyo peso
Será juez el monarca; y él primero
Expone con voz débil su dolencia.
Hablar le toca, y habla un carnicero
Diciendo que el enfermo se alimente
Con abundante carne ensangrentada.

Levántase otro que de aquel disiente,
Pues aunque sea cierto
Que es la carne alimento grato y sano,
Más saludable fuera al soberano
De animal que ya días lleve muerto.
Un herbívoro en turno estaba luego,
El cual, con voz sonora y mucho fuego,
Dijo que el rey en breve moriría
Si obstinado seguía
Cubriendo de cadáveres su mesa.

«La verde yerba, la sabrosa fruta,
El rubio grano y el panal dorado,
Que la vista recrea y embelesa,
Decía el oso le darán la vida».
Fue su idea aplaudida
Pero trabóse en breve una disputa
Entre los pitagóricos señores.

El maíz, la cebada y el centeno,
La uva, la castaña, la bellota,
El regaliz, el heno
Y cuantos vegetales
Alimenta la tierra en su ancho seno,
Tuvieron, entre aquellos animales,
Fieles, si no ilustrados defensores.

Y cada cual al rey le recetaba
El alimento mismo que él usaba.
Después de mucho tiempo y gran ruido,
El punto dio su majestad leonesa
Por suficientemente discutido:
Le puso a votación y con gran priesa
En lugar de pesar, los votos cuenta.

La Prudencia (aunque extraña cosa sea
Verla en una asamblea)
Estaba allí (de paso, por supuesto),
Que en tales reuniones no se sienta.
E imponiendo silencio con un gesto:
«Rey infeliz, le dijo eres perdido
Si en recibir consejo así consientes
De seres que de ti son diferentes;
Y una vez que consejo hayas pedido
Tienes tan poco seso
Que el número calculas y no el peso».

El monarca la oyó sin hacer caso
Y, viendo que de aquellos animales
El número menor por carne estaba,
Resolviose a vivir de vegetales.

Pero el nuevo alimento
De tal modo al monarca repugnaba
Que muy poco tragaba
Y eso con asco mucho y gran tormento.
A poco que este plan hubo entablado
Murió de inanición el desdichado.

Cuando muchos votos son
Como eran en esta historia,
No cuentes con la memoria
Pésalos con la razón;

Ni busques jamás consejo
En hombre que no es tu igual,
Aconsejarate mal
Aunque bueno, sabio y viejo,

Cada cual juzga por sí;
Dirate la verdad fiel,
Pero ¿qué verdad? La de él,
Que no es verdad para ti.

 

CONCEPCIÓN ARENAL - Ferrol, España


INTELIGENCIA ARTIFICIAL - Germain Droogenbroodt - Alicante, España

 









INTELIGENCIA ARTIFICIAL


Ríos que se desbordan,
casas demolidas,
coches arrastrados
por las aguas embravecidas:
el hombre ha perturbado la naturaleza.
En vano
la sabiduría hace su aparición
¿Podría un chip, implantado en el cerebro,
proporcionar más sabiduría o quizás más ceguera
y adoctrinamiento?


de “el Camino del Ser”, Editorial Balduque, Cartagena


GERMAIN DROOGENBROODT- Altea, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA