LA OPINIÓN, DE RAMÓN DE CAMPOAMOR
¡Pobre Carolina mía!
¡Nunca la podré olvidar!
Ved lo que el mundo decía
viendo el féretro pasar.
Un clérigo: Empiece el canto.
El doctor: ¡Cesó el sufrir!
El padre: ¡Me ahoga el llanto!
La madre: ¡Quiero morir!
Un muchacho: ¡Qué adornada!
Un joven: ¡Era muy bella!
Una moza: ¡Desgraciada!
Una vieja: ¡Feliz ella!
—¡Duerme en paz!— dicen los buenos.
—¡Adiós!— dicen los demás.
Un filósofo: ¡Uno menos!
Un poeta: ¡Un ángel más!
Nunca fue un primera fila ni un genio, él mismo era
consciente de sus limitaciones -«Después de haber leído a Ibsen, todo
parece anticuado e insignificante», dijo de su propia obra al final de su
vida-, pero el asturiano Ramón de Campoamor (1817-1901) fue hasta no hace
mucho uno de los poetas más populares, leídos, memorizados y declamados de toda
la historia de la literatura en nuestra lengua, en España y en América. Versos
suyos están todavía hoy arraigados en la memoria colectiva y son citados y
repetidos una y otra vez, en muchas ocasiones sin saber que a él se los
debemos. Como estos: «Y es que en el mundo traidor / nada
es verdad ni mentira: / todo es según el color / del
cristal con que se mira».
Rico de familia, con apenas 15 años fue enviado desde su
Asturias natal a Madrid, a cursar estudios diversos: filosofía, lógica,
matemáticas, medicina… Tras avanzar poco en todos ellos, se acabó dedicando a
las letras (la poesía, el teatro y el periodismo) y a la política. En aquellas
le apadrinó en sus primeros pasos Espronceda,
por entonces el príncipe de los románticos. En la política, militó en el
Partido Moderado, fue monárquico fervoroso -de Isabel II- y progresó, entre
otras cosas, elogiando en versos a quien podía promocionarlo y dedicándole
tiempo y trabajo -lo que no era frecuente en la época- a los muchos cargos que
desempeñó: gobernador civil en varias provincias, diputado por diversas
circunscripciones, senador, consejero de Estado… Era bondadoso y bonachón,
desprendido (cedió los derechos de sus libros a sus editores), jovial,
optimista… Valle-Inclán aseguró que su marqués de Bradomín, el protagonista de
sus Sonatas, se había inspirado en Campoamor: «Era un hombre generoso y
espléndido», dijo de este.
Como poeta, Campoamor quizás es demasiado fácil, a veces
prosaico y algo simplón, nada esteticista ni elaborado, en ocasiones ripioso.
Pero es también casi siempre muy eficaz para contar lo que desea contar y para
mover más a la reflexión que a las emociones. La suya es muchas veces una
filosofía de andar por casa, pero fue muy celebrada por sus numerosísimos
lectores. Fue también un innovador, inventó un peculiar género de poemas
brevísimos, muchas veces solo un pareado, a menudo con moraleja, que recogía en
volúmenes con cientos de ellos. A los más cómicos, los llamaba humoradas. A los
más serios, doloras. Una recopilación de estas sumó más de treinta ediciones en
vida del autor. Fueron una especie de eslabón de enlace y evolución entre las
fábulas de nuestros clásicos del XVIII (Samaniego,
Iriarte…) y las greguerías de principios del XX de Ramón Gómez de la Serna.
Algunas de sus humoradas y doloras han aguantado bien el paso del tiempo y aún
se leen hoy con mucho agrado: «Te morías por él, pero es lo cierto / que pasó
tiempo y tiempo y no te has muerto». «No es raro en una almohada ver dos
frentes / que maduran dos planes diferentes». «La fuiste a secuestrar, y, ya
casado, / eres tú, más bien que ella, el secuestrado». «Las hijas de las madres
que amé tanto / me besan ya como se besa a un santo».
El poema que hoy os traigo es muy representativo de su obra.
Versificación facilísima, reflexión social, moraleja implícita… Parece un caso
aplicado de su «todo es según el color / del cristal con que se mira». Habla de
un hecho real, el poema está dedicado «a mi querida prima Jacinta White de
Llano, en la muerte de su hija», y aun así al autor se le ve más reflexivo
y filosófico que emocionado o dolido. Yo lo siento así:
CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Ramón María de las Mercedes de Campoamor y Campoosorio fue
un poeta español del realismo literario. Durante el periodo de la Restauración
salió elegido diputado diez veces, por distritos de siete provincias
diferentes, gracias a la «protección» del conservador Francisco Romero
Robledo. Wikipedia
Nacimiento24 de septiembre de 1817, Navia,
España
Fallecimiento11 de febrero de 1901 (edad 83 años), Madrid,
España

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