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sábado, 28 de marzo de 2026

ACERCA DE UNA “CHACARERA LUNFA” – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 



 




Pintura de Florencio Molina Campos


“CHACARERA LUNFA” 

La tradición oral nos dice que la chacarera nació en Santiago del Estero, más precisamente en Salavina. El hecho de que haya algunas con letras escritas en quichua santiagueño, es algo no desestimable a la hora de atender a esta teoría.

La mención más antigua que se registra sobre esta danza fue hallada por Isabel Aretz, en las "Memorias de Florencio Sal", publicadas en Tucumán (en abril de 1913). En este libro se dice que la chacarera se comenzó a bailar en el noroeste de la Argentina, especialmente en la provincia de Santiago del Estero, y que hacia 1850 se bailaba en Tucumán.

Su nombre proviene del vocablo «chacarero», ‘trabajador en una chácara o chacra’ (chakra: ‘maizal’, en quichua santiagueño), porque generalmente se bailaba en el campo, aunque lentamente hizo avance y llegó a las ciudades.

Pero aquí la historia que nos ocupa es otra.

Fue en septiembre de 1986, en el barrio de Coghlan, como respuesta a la sugerencia de un vecino que me invitó a escribir una chacarera “en lunfardo”. Y la escribí.

¿El tema? Un santiagueño que nos habla de su viaje a Buenos Aires, de su aclimatación al ambiente tanguero y de su fidelidad al pago.

El vecino de la sugerencia era Horacio Guarany.

¡Y se va la primera!


CHACARERA LUNFA

Aunque mi parla es diquera
-lo está anunciando el rasguido-,
junen que a la chacarera,
muchachos, nunca la olvido.

En un tren de trote tardo
a Buenos Aires bajé,
y entre el gotán y el lunfardo
debute me aquerencié.

No piensen que es un renuncio
si es que cambié de tonada,
que igual las “eses” pronuncio
y aquí no ha pasado nada.

Siempre recuerdo a mi gente
y el canto de los coyuyos,
aunque role en otro ambiente
y haya cambiao mi chamuyo.

En el amor no ando en llanta.
Transito la misma costa.
Sigue siendo mi percanta
una santiagueña posta.

Cuando estoy con la viaraza
y empiezo a darme manija,
la bombacha bataraza
la saco de la valija.

Y si hoy mi parla es canchera
y un poco me aporteñé,
junen que a la chacarera,
muchachos, no la olvidé.


LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


Musicalizada por Aldo Videla – Canta: Carlos César
Click: https://www.youtube.com/watch?v=WyPvJ-CnR5I&t=50s

VIERNES DE DOLOR - Ángel Medina - Málaga, España

 


VIERNES DE DOLOR

   

¿Cómo definir el dolor? Yo diría que, como manifestación del desgarro humano, tanto física como moralmente. Porque el dolor “duele”. Se siente. Si no, pregúntesele al paciente Job que soporta estoicamente el mal que se presenta alrededor suyo, primero entre sus bienes, hasta perderlo todo, y luego al sobrevenir la muerte de sus seres queridos tan inesperada como bruscamente para finalmente asumirlo y concentrarlo en su cuerpo, que se vio invadido por las llagas desde los pies hasta la cabeza.

Pero también existe el dolor del ánima o psíquico que consiste en lo intangible, propio o ajeno, que perturba todo el ser. Quien haya sufrido la tortura de una depresión profunda podrá entenderlo. El punto más álgido del dolor físico es el sufrimiento lento pero inexorable de la caducidad humana, saboreándola sorbo a sorbo, como el suplicio del Sísifo cargando con la pesada piedra cuesta arriba, y al faltarle la energía retroceder, y así una vez tras otra, antojándosele que la eternidad se detenía en el tormento. El del alma es el espanto de ver a quien más se quiere en este perro mundo cargando con las culpas ajenas hasta la extenuación de una muerte infame, en la que la inocencia es considerada culpable.

El Viernes Santo es el día del dolor supremo.  Hablar de crucifixión es recordar el sufrimiento. Un tormento extremo ideado por los persas, que se extendió por diversos pueblos del Mediterráneo y que Roma hizo suya, aplicándola a los esclavos y criminales. En la antesala del dolor, esos momentos en los que se llega a presentir moralmente el dolor físico que se va a infringir, los evangelios dicen que Jesús sudó sangre en Getsemaní, algo que la medicina conoce como “hematidrosis”, lo cual es posible cuando los vasos capilares de las glándulas sudoríparas llegan a romperse, y que puede ocurrir si existe un elevado porcentaje de sufrimientos psicológico. La proximidad de la muerte violenta y la traición posterior de uno de los suyos fue el comienzo de los dolores. Un dolor refinado y cruel.  Como paso previo a la ejecución el reo era azotado con el flagelum, un látigo de mango corto y varias colas que terminaban en bolas de plomo, y que causaba daños terribles desgarrando espalda, nalgas y piernas, dejando al descubierto músculos y tendones, lo cual ocasionaba una gran pérdida de sangre, hasta el punto de llegar a producir el desmayo. Luego, en su caso particular le fue incrustada en sus sienes una corona de punzantes espinos, con la doble función de causarle mayor dolor y humillarle, al haber sido denominado como el rey de los judíos. El condenado, agotado por la brutal paliza era forzado a portar el travesaño horizontal del madero, una tabla que pesaba casi treinta kilos, obligándosele a recorrer una distancia aproximada de dos kilómetros hasta llegar a la cumbre del Gólgota, situado a las afueras de la ciudad, debiendo soportar las burlas, los escupitinajos y las piedras que le arrojaban los que contemplaban el espectáculo a lo largo del camino. Al llegar, el aspecto del hombre era, como lo había descrito Pilatos, el de un hecce homo. Entonces, completamente desnudo— en las representaciones se ocultan las zonas púdicas con un taparrabos— era tendido sobre los dos travesaños del leño. En uno era clavado, atravesando sus muñecas unos clavos puntiagudos que medían entre trece y dieciocho centímetros, destrozándole el nervio mediano. Los maderos eran juntados, configurándose la cruz. En el que era más largo le traspasaban sus pies, disponiendo la parte inferior de un sedile o tablilla para que pudiese apoyarlos, prologándose así la agonía. Finalmente era levantada, hundiendo el tablón vertical en un boquete que previamente había sido excavado en el suelo. Al pender el cuerpo en postura vertical el peso tendía a desplazarse hacia abajo, con la constante sensación de desgarrarse las axilas, cada vez más conforme transcurría el tiempo— quien quiera hacerse una idea somera le bastará colgarse a una barra sin poder tocar el suelo—, haciéndose necesario forzar todos los músculos de la espalda para conseguir respirar. En esta postura dolorosa el condenado acabará muriendo por asfixia al empujar sus órganos internos los pulmones, produciéndose finalmente un fallo cardiaco. Cuando se va acercando el momento, el ritmo del corazón empieza a enlentecer y el dióxido de carbono de la sangre se va diluyendo como ácido carbónico, lo que acarreará un aumento de la acidez, transformándose el pulso en irregular. Es palpable que el ajusticiado lo percibía, entendiendo que se aproximaba el momento de la muerte. A la hora nona, tras tres horas de tormento, expiró. Si hubiésemos de hacer una autopsia al cuerpo exangüe del condenado, posiblemente habría que concluir en que se trató de una agonía lenta y que mantuvo la consciencia hasta el último instante. La causa inmediata de la muerte fue una hipovolemia por la sangre derramada y la deficiencia respiratoria por la falta de movilidad, las graves lesiones de los músculos intercostales y la insuficiencia cardiaca. Hasta aquí el proceso de la ejecución.

Pero, no sólo fueron tormentos físicos los que tuvo que soportar aquel hombre condenado de manera ilegal e injusta, sino también anímicos. Desde lo alto del patíbulo la mirada se derramaba a su alrededor. Allí se encontraban la soldadesca que se mofaba de él, aquellos que excusó diciendo que no sabían lo que hacían, y el discípulo preferido junto a las mujeres.

¿Dónde estaban todos aquellos que le habían vitoreado el día anterior? ¿Dónde sus seguidores? ¿Dónde los apóstoles? ¡No estaban! Se habían dispersado como ovejas a las que hiere su pastor. Entonces, al daño corporal hubo de añadirse el dolor psíquico. El alma también duele. La incomprensión bien pudo instalarse en su cabeza. Porque, ¿cuál fue su crimen? Sencillamente mostrar el “Rostro” que el Pueblo invocaba en el salmo 27 “Muéstranos tu Rostro, Señor”. A diferencia de otras maneras de religarse al Misterio en las distintas religiones, el dios-cristiano se muestra al mundo dentro del mundo en la cercanía de un Hombre para con los hombres.

Pero no era suficiente. Cuando el hombre siente la sensación de la impotencia ante la muerte brota en su interior aquel grito del que Unamuno se hace eco en su obra “El sentimiento trágico de la vida”, recordando a Michelet: “¡Mi “yo”, que me lo arrebatan!”. El “yo”, la sustancia, la esencia del hombre. Entonces, al ser consciente de que el mundo no puede responderle para darle el apoyo que necesita invoca al Misterio del que todo procede y al que todo va. Al poder de la omnipotencia del amor divino de Dios, al que él invocaba como “Abba” (Padre). Pero el grito pronto se ahoga en su garganta al no sentir el consuelo y clama aquello de “Eloi. Eloi, ¿lamá sabactaní”? (¿Dios mío, por qué me has abandonado?) Ni siquiera ve la substancia humana en el trance de la muerte el hilo invisible que conecta lo divino con lo humano, el cielo con la tierra. El crucificado muere como un maldito. Entonces, es cuando la nada que aún pervive en la vida es capaz de encontrar la respuesta en el abandono al entregar la última voluntad en la que el hombre mantiene su ser al misterio al que es entregado. Sólo entonces vuelve a pronunciar sus últimas palabras, reconociendo que el amor ha de ser más fuerte que la muerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Es la entrega de la vida y de la última confianza. O el abismo o el cielo.

Se impone el silencio. Parece que el aguijón de la muerte ha triunfado, y, sin embargo, el silencio de Dios se convierte en palabra de vida resucitándolo como primicia para el hombre.

Abajo, la Madre saborea con amargura la predicción del viejo Simeón, cuando le profetizó que una espada le atravesaría el alma. Es la manifestación del dolor del alma como consecuencia del dolor ajeno.

ÁNGEL MEDINAMálaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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RE-CREACIÓN (LOS ESTRELLEROS) - Adrián Néstor Escudero - Santa Fe, Argentina

 




RE-CREACIÓN (LOS ESTRELLEROS)[1]

A las Playas sueñeras de Punta del Este (Uruguay)

 

(Lluvia de estrellas. Ningún ser viviente pudo verlas. Excepto Él. Como cristales diamantinos, pequeños y burbujeantes, se derramaron desde el cuadrante profundo de la Vía Láctea y fueron sembrándose en el mar cual flores tan esbeltas como pequeñas y luminosas, haciendo de aquel Océano peninsular estaño un maravilloso jardín fosforescente que danzaba al compás de las olas de un Mar de ensueño...).

Sobre el morro encrespado de hierba arenosa, Gabriel observaba, con sus alas recogidas y su cuerpo apolíneo reducido ahora al humano tamaño.

Soles devenidos en pequeñas esquirlas del Cosmos agonizante...
Subyugado por tanta belleza, supo de un sentimiento amargo que, en su lejana Morada Invisible, nunca hubiera imaginado: porque dolía saber que toda aquella Obra Universal admirable y edificada materialmente por su divino Arcano, fuera destinada a desaparecer en un instante e inexorablemente...

Entonces, puso aquellas lágrimas desconocidas en su mano más ágil y las lanzó con fuerza al torrente de ese Mar que bramaba con un fuerte viento del Este... Un Este ya sin Sol y convertido en una de esas moléculas brillantes que pronto terminarían apagándose también cuando él diera la orden de Cancelación Estelar...

Igual estaría sucediendo, sin duda, con sus alados compañeros de misión, elegidos de entre siete Arcángeles para cumplir con la terrible misión de ser los Estrelleros del Apocalipsis Estelar...

(Mas solo el Espíritu que lo había hecho podía deshacerlo, y fue cuando enhiesto sobrevoló aquellas aguas oceánicas y presurosas bañando los despojos de lo que Antes Había Sido un Planeta azul y verde, verde y azul, y ocre con su maravillosa mixtura de elegantes cerros, sabios valles, y fecundas praderas y ríos afluentes).

Entonces hizo un ademán oculto a sus ojos que todo lo veían… Y cayó batiendo alas sobre las olas encrespadas de aquel mar bravío acunado por la órbita terrestre en aquella singular península del estío uruguayo; y todo desapareció...

Fue un elegante chapuzón que hacía miles de milenios esperaba estrenar..., y lo había logrado: hablaba del justo y bautismal baño terreno, en ese lugar; un lugar especial al que quizás ellos habrían llamado nuevamente Paraíso.

(Y fue ese Espíritu quien atrajo al Arcángel Gabriel, Guardián Estrellero de la cuarta parte del pletórico Universo. Un Universo finalmente corroído por la luz caótica y mendaz Luciferina, y decretado para su cancelación como todo el conjunto Cósmico estrellado y habitado desde los átomos proteicos a la estatura de los Pensantes y Sintientes humanizados).

Pero algo había sucedido -y lo sabía- en ese -alguna vez- esplendoroso planeta. El de los hombres pensantes y parlantes… Lucifer había enlutado a ese mundo; y luego, lanzando una aviesa carcajada hizo lo mismo con Todos lo demás…

(Y aquel Planeta tenido por origen del Origen y Paraíso de los paraísos, sería el Primero

en difuminarse desde la materia a lo Único Trascendente).

Por ello, y apretando sus alas luminosas, sonrojadas por el albor mortuorio de su Sol, en aquella (última) mañana de la Tierra -Obra preferida del Infinito Arcano al cual servía desde un tiempo y lugar sin medidas- fue cancelada por el obediente y estrellero Gabriel.

(Los Ángeles Estrelleros tenían una enigmática Misión Cancelatoria. Y el Apocalipsis fue concluido y devuelto su sueño primigenio a la Arcana Memoria del demiurgo Dios Uno y Trino, primero Creador, luego Purificador y al cabo Redentor…).

De este modo, y junto a Tierra, la cuarta Porción del Universo y sus Mundos, volvió hacia Él y su Morada Celestial. En tanto que las otras Tres cuartes partes del Cosmos, satánicamente adulteradas también, tendrían su divino descanso cancelatorio por medio de Uriel, Miguel y Rafael:

Apocalipsis consumado.

Sin embargo…

(… El Divino Arquitecto, al Séptimo Día juzgó. Al Octavo Día redimió. Y al Noveno Día volvió, setenta veces siete, a crear…).


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDEROSanta Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


[1] ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe, Argentina) 02/04-03-2026. Para Libro APOCALIPSIS BANG (Y otras Historias Extraordinarias para un Semáforo). Editorial DUNKEN SER (CABA, Argentina), 2026. (Nota: Una versión poetizada forma parte del libro inédito: POEMARIO “SUSURROS (DECIRES Y SENTIRES)”.


sábado, 21 de marzo de 2026

FELICITACIONES A TODOS LOS POETAS DEL MUNDO - LA DIRECCIÓN

 


El Día Mundial de la Poesía se celebra cada 21 de marzo desde 1999, cuando la UNESCO lo proclamó con el objetivo de promover la poesía como una forma de expresión cultural, fomentar la diversidad lingüística y apoyar a los movimientos poéticos en todo el mundo.


FELICITACIONES A TODOS LOS POETAS DEL MUNDO


¡O ENIGMA EM PESSOA! - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


FERNANDO PESSOA

El poeta de los heterónimos

Lisboa, 13 / 6 / 1888 – 30 / 11 / 1935)

LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


DESENCUENTRO - Marian Muiños - España

 














DESENCUENTRO


¿Cómo imaginar que te vería
al duplicarse la edad de la ausencia,
cuando la pasión perdiera sus matices
y la pretérita ilusión colmara la nostalgia?

Hoy te amé fugazmente
-tu rostro pasó como exhalación-
y no existió el tiempo:
fui púber y princesa
de mi adolescencia extraviada.

No me viste,
o no quise que me vieras.

Tengo ahora tu retrato
-tu sonrisa y tus océanos-
lacrados en mi memoria,
para recrearte en sueños,
madrigales
o un poema en el destierro.



MARIAN MUIÑOS – España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BALSAS SOBRE NUESTROS RÍOS - Fernando Adrián Zapata - Concordia, Entre Ríos, Argentina

 











BALSAS SOBRE NUESTROS RÍOS


No había ni inmensos puentes
que surcaran a estos ríos,
ni en el Paraná insurgente
ni en el Uruguay esquivo.
Balsas sobre nuestros ríos
desplegaban sus raciones,
con empeños de bravíos,
entre botes y lanchones.
Balsas, como aquellas naves
que, una vez, nos defendieron
de invasiones imperiales,
en las aguas de estos pueblos.
Balsas, como una jangada
del comercio y del abrazo,
del trabajo y de las ansias,
por la unión de los hermanos.
Balsas, sobre nuestros ríos,
sobre tan hermosos ríos:
balsas ,sobre el Paraná,
balsas, sobre el Uruguay
Balsas, como en caravanas
en los ríos provinciales
de esta Entre Ríos de ansias,
de ímpetus inter-fluviales.
Balsas, como en las jangadas
madereras y frutales;
cargas de comercio, al alba,
e intercambios fraternales.
Balsas, sobre nuestros ríos,
sobre tan gloriosos ríos:
balsas sobre el Paraná,
balsas sobre el Uruguay.



FERNANDO ADRIÁN ZAPATA – Concordia, Entre Ríos, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ROMERO DE VIEJO CUÑO - César Tamborini Duca - León, España

 




ROMERO DE VIEJO CUÑO

(Como recuerdo y homenaje para mi gran amigo Santiago Martínez Morán)

Santiago fue seminarista, pero como entre otras cosas le gustaban las mujeres (principalmente Mª Carmen a la que desposaría) y aún no se vislumbraban los tiempos del Papa Francisco, decidió no vestir los hábitos. Estudió filosofía graduándose en Salamanca, Universidad de fama bien ganada en la América meridional, cuna de héroes doctorados en la misma. Maestro jubilado y ex Director del Colegio Público Martín Monreal en Veguellina de Órbigo (León), profesor del Instituto de los Hermanos Palotinos en el Bº de Buenos Aires, nombre premonitorio para lo que surgió después, y ex Alcalde de Veguellina; eximio orador y cuentista y –por sobre todas las cosas- el gran amigo español que descubrí en estas tierras. En su honor tengo el privilegio de entregar a mis lectores la poesía que escribí cuando viajó a Perú hace unos años acompañando a su hijo Andrés, y lo hago en esta fecha, 27 de septiembre de 2013, cuando se cumplen 500 años del descubrimiento del Océano Pacífico (o Mar del Sur) por Vasco Núñez de Balboa.


ROMERO DE VIEJO CUÑO
(para el amigo Santiago Martínez Morán por su visita al Perú)

Visiones nuevas prodigó tu visita
cuando la nocturnidad del cielo oscuro
pudiste contemplar en luminoso muro
de centelleantes estrellas nunca vistas.

También sentiste, romero de viejo cuño
del Callao, el amerindio puerto
el rumor de sus aguas y sus muertos
del Pacífico Océano que vio Nuño.

Y bogando el Paraná Purá tortuoso
empujado por el Ábrego potente
encontraste, en un recodo, de repente
la inmensa boa, el animal monstruoso.

De regreso, atesorás el recuerdo:
Lima, Tarapoto, el trencito lerdo
que al Machu Pichu te acercó subiendo
desde el Cuzco milenario; ibas sorbiendo
imágenes de cordilleras, el silente
vuelo del cóndor majestuoso
recordando Yurimaguas y el amigo presente
que encontraste en ese mundo misterioso.

Sobran palabras; la memoria es el silencio.


CÉSAR J. TAMBORINI DUCA – León, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA DESALMADA -Mónica Gómez - Santiago, Chile

 











LA DESALMADA


La mujer era mala.
Siempre buscaron las razones de esa maldad
Quizás en su alcoholismo, o en su gen hereditario por varias generaciones, o como una respuesta de crueldad al rechazo que provocaba su presencia.
Hasta tal vez en la locura.
Aunque nada justificaba la raíz de su perversidad.
Fue finalmente, la epifanía de una vidente, que lo reveló.
La razón de tanta maldad era mística.
El ser de esa mujer no había sido concebido por voluntad divina, sino como producto de la gestación artificial de una decisión humana.
Por lo que la mujer -un engendro- había nacido sin alma.


MONICA GOMEZ – Santiago , Chile
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

FIESTA DE PRIMAVERA - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 













FIESTA DE PRIMAVERA


Se enciende el rubor de la muchacha
que deshoja su flor en primavera.
Se “colgó” casi todas sus hilachas
ensayando sus meneos de fiestera.

Ayer pasó los veinte y hubo fiesta;
fondo de patio y verde enredadera.
La vieja se jugó a “toda orquesta”:
empanadas y un pollo a la salmuera.

El gringo vigiló toda la noche.
Distraído, chupó más de la cuenta
al pensar angustiado en el derroche.

Otro tano que la hacía de padrino,
engreído dentro ‘el saco de su “jetra”,
le “arrimaba” a la vieja, el muy ladino.



NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina - Septiembre de 2013