LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
La vulgaridad engreía al garete
Hace unos días descubrí un artículo que escribí
hace tiempo. En esta tierra parece que nada cambia. Volvemos sobre hechos
vividos como una pesadilla. Desde ya que el mundo se modifica vertiginosamente.
Por los años 70, don Diego Abad de Santillán, a quien tuve el honor y el placer
de tratar con asiduidad, me dijo: "Penelas, un siglo ya no es un siglo. Lo
que ocurre en cinco años antes ocurría en un siglo". Pienso, desde mi
escritorio, que ahora deben ser tres años. La IA, los cimbronazos de la
ciencia, de la tecnología, han modificado todo. Todo es todo. Conducta, moda,
alimentos, aspectos culturales, economías, tendencias ideológicas, formas de
vida, el abandono silencioso de los desempleados, redes sociales, nuevas formas
laborales, criptomonedas... y lo que usted desee agregar. En esta tierra sin
embargo parecería que siempre giramos en torno al populismo, lo mágico, una
esperanza imbécil, un juego de palabras que asombra por la fatuidad. Gobiernos,
pueblo, intelectuales... "Hablar es escuchar", decía Heidegger. Aquí,
amable lector, no necesariamente es así, Siento que en el universo actual
tampoco. La fantasía argentina no tiene parangón. Puedo equivocarme. La gran
mayoría de nuestros políticos son impresentables, camanduleros. Leamos a
Bourdieu, a Foucault, a Chomsky... Los de otras regiones no son mucho mejor,
pero son en lineas generales otra cosa. No mucho más, pero diferentes. No
sabemos distinguir entre la literatura decorativa y la literatura rigurosa. Una
historia falsa se sostiene en un contexto determinado. Los engaños sistemáticos
parecen ser una cuestión de fe. En la Santísima Trinidad o en la pata de conejo
los barra bravas. Y las historias se olvidan, se desconocen, se mutilan, se
disfrazan. La ignorancia, la mala costumbre, la pobreza interior y exterior es
palpable. La corrupción en esta tierra es estructural, tiene raíces históricas.
Por favor, no lo olvide. Y los vaivenes políticos, jurídicos juegan al gallito
ciego. Aquí va el escrito de hace años. Casi me olvido, caro lector, puede
releer a Max Weber. Si le interesa el tema del poder y esas minucias.
"Sabemos, desde siempre, que la cultura se diferencia de la ilustración y de lo erudito. Que la sensibilidad es parte de la belleza, que el buen gusto requiere tiempo, reiteradas búsquedas, comparaciones. Y que lo ramplón nos genera estupidez, burocracia, premios. Un poeta siempre vive en el amor, en la pasión, en lo insurrecto. Es generador de aventura, es creador de fantasías. De lo contrario no es un poeta. Puede ser un oficial de justicia, un contador o un boticario. Puede ser un funcionario administrativo, pero nunca un poeta. El poeta tiene imágenes, percepciones, sueños. Y ve – lo siento caballeros, lo siento – lo que muchos no pueden ver. No es casual que en los años setenta algunos de nosotros, muchachos, sabíamos de "Cahiers du Cinéma". Y lo sabíamos, en parte, por "Tiempo de Cine". Se hablaba de técnica e ideología; nos hacía reflexionar Jean-Louis Comolli. Vengo, lo dije muchas veces, del Mayo Francés. Soy un hijo de ese movimiento, de esa historia. En esos años tomábamos facultades, participábamos activamente de dos y tres manifestaciones por semana, imprimíamos volantes y folletos, pintábamos en los muros leyendas subversivas, llevábamos en el portafolio revistas sediciosas, poemas de la Guerra Civil Española y bombas molotov. Y “la política golpeaba las puertas de los cines”. Se hablaba de la complejidad de lo cinematográfico como de la complejidad de los nuevos modelos en plástica o literatura. Hoy volvemos a pensar eso.
Hace un tiempo, nos visitó Tzvetan Todorov. Fue importante su presencia. Y fue
fundamental su mirada sobre una sociedad que no quiere conocer su historia. Con
la memoria no basta nos dice, la ilusión maniquea no es buena, nos dice, no hay
compartimentos estancos. “Comprender al enemigo quiere decir también descubrir
en qué nos parecemos a él”, escribe.
Hablamos de hipocresías, caballeros. De montajes de espectáculos, señores. De
aventureros mass mediáticos. De imágenes que se construyen
porque son distintas a los políticos profesionales. De la honradez del
devocionario. Que mienten, que engañan, que proponen. Y dicen y prometen. Que
mienten como ladrones. Miseria del lenguaje, de bastardos. Sin remilgos.
Olviden. No dicen estructuras. Estafan y son estafados. Con la moralina de
“políticos decentes”, “militares patriotas”, “empresarios honestos”,
“sindicatos participativos”, “intelectuales éticos”. Zonas de fraude y
sacralidad. Plagios. Crean la sobreactuación como aquella Mani Pulite. Fascina
el engaño, la esperanza, el novio perfecto y la señorita casta. Mecanismos
ocultos que construyen el poder, las sectas. Me repliego, nos replegamos. Y
crece el fetichismo organizado. Pragmático, compañeros, de rodillas. Y meta
cumbia y redoblante.
Hagan juego, caballeros, hagan juego. A la genuflexión, al oportunismo. Con el
sayo del tecnócrata. Seamos asépticos, burócratas, dispendiosos. Seamos
populistas, oligárquicos, militaristas, nacionalistas, reformistas, cagones.
Eso, por sobre todas las cosas, seamos cagones. La picaresca criolla. A
engañar, a la política mezquina, realista. Seamos imbéciles, deshistorizados.
Seamos beatos. A emplear la sexualidad mecanizada, a levantar las banderas de
una sexualidad empobrecida, institucionalizada, castradora. Hermenéutica y
promiscuidad. De la eficacia hablan los caballeros. De la eficacia de los
placebos, de las armaduras góticas.
Para pensar, amigo lector, para dar vuelta a la veracidad y a la idealización.
Para ser irrespetuosos. ¡Ah, el olfato del predestinado! Y el guiño sobrador de
estos pillos. El sainete es nuestro género. El mejor eslogan de la confusión es
ese saber político, reaccionario. Se hace evidente. Hay que descubrirlo. Nos
constriñen. ¡Ah, el estilo de vida! ¡Ah, los modelos!
Viven en sus ficciones. Territorios de la abstracción. Representan las estrategias; ante la declinación de la cultura política la autoexclusión. Sórdido, señores, sórdido. Contra los exaltadores optimistas, contra los que pontifican desde lo anacrónico. Todo se manipula. Burocracia sindical, ídolos, asesores de imagen. Cosmética emocional o simbólica. Se recluye, se privatiza al sujeto social. Se lo atomiza. Crecen los discursos sin teoría. Se consume, se seduce. Y crece el chisme, el mentidero para explicar “la realidad”. El cotilleo. Una trituradora de lo efímero, el vacío teórico que esteriliza.
Comencé hablando del amor y de un proyecto cinematográfico. Sobre eso
edificaremos una mirada, una forma diferente de sentir. Tal vez no nos
equivoquemos al pensar que hay un mundo insurrecto, vital, que desea otra vida.
Por el momento la mentira, el engaño, la demagogia, el populismo, el descaro.
Recuerdo cuando mi padre decía: "Fulano de tal es un hombre serio."
¿Qué significa esta palabra, este símbolo, en estas horas de ultraje, robo y
corrupción? Aquí y en el mundo. Pero seguiremos, seguiremos. Las estrellas
brillan en el infinito, el mar sueña los vientos de la aurora, la luna es más
bella. Seguiremos por nuestra conducta, por nuestra conciencia, por nuestra
voluntad ética."
Buenos Aires, 27 de julio de 2025
CARLOS
PENELAS – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
LA EXTRAÑA PARADOJA DE UN RELOJ INTEMPORAL
Se levantó como todos
los días a las 8 a.m. y encaminó sus pasos hacia el kiosco, lo que por otra
parte hacía rutinariamente desde hacía más de 30 años. Es evidente que los
seres humanos somos un poco esclavos de nuestra rutina: como de costumbre, al
llegar sacó su atado de “Fontanares” y convidó un cigarrillo a Luis, el
kiosquero. Luego hablaron del tiempo, de política y de la última liga ganada
hacía unos días por el Boca.
Pero hay días en que las cosas cambian y uno no se da cuenta en
forma inmediata. Ese día Luis le regaló un reloj de pulsera que había
pertenecido a su padre, y anteriormente a su abuelo (que había muerto luchando
en la Gran Guerra, en la línea Maginot) y aún antes a su bisabuelo, el que
había sido marino en la Marina Imperial.
Era un reloj original, un
Girard-Perregaux de 1880, probablemente de los primeros fabricados en serie
para usar en la muñeca (como protección del cristal, el bisel incorporaba una
robusta reja, pues fueron encargados para la Marina Imperial por el Emperador
Guillermo II). Pero su originalidad consistía en que marcaba las 8 a.m. y por
más que le diera cuerda, no había manera que se movieran sus agujas para
cambiar las horas, que dicho sea de paso era la hora en que invariablemente se
levantaba todos los días para ir a comprar el periódico.
Lo primero que se preguntó es
para qué quería un reloj que no sirve para marcar el paso del tiempo, si de
todos modos el inexorable devenir del tiempo transcurre igual aunque no
funcione el reloj, y pensó en dejarlo guardado entre otros trastos viejos.
Pero luego pensó que si el
tiempo permanecía inmóvil, lo que se desplazaba era el espacio, y entonces a
cada hora transcurrida estaría en un sitio un huso horario hacia el oeste.
Pensó “dentro de una hora serán las 8 en Nueva York, entonces estaré ahí; diez
horas después estaré en Tokio; otras nueve horas y estaré en Veguellina de
Orbigo. Y cuando mañana den las ocho, estaré levantándome de la cama en
Lonquimay, en plena pampa”. Divagó un rato jugando con estas entelequias.
Finalmente reflexionó que le
daba igual, pues como sólo miraba la hora cuando se despertaba (y todos los
días se despertaba a la misma hora) cuando mirara el reloj marcaría las 8 y
sería la hora correcta. Pasaban los días, los meses y los años y ya nunca se
quitaba el reloj, pues le resultaba a un tiempo agradable e inverosímil su
aspecto antiguo; algunos ya lo llamaban “el señor del reloj de la guerra”.
Claro que, como se darán
cuenta, él no prestaba mucha atención a la hora y el transcurso del tiempo, le
daba lo mismo que fuera una u otra hora, o un día u otro día, y el tiempo
transcurría sin que se percatara mayormente. Pero llegó un momento que pensó
que algo raro sucedía, al mirarse al espejo se veía siempre igual. Sin embargo
sus compañeros de trabajo, la gente que conocía, el kiosquero, todos habían
envejecido; su mujer había muerto ya hacía muchos años, aunque no sabría decir
cuántos, y lo mismo su hijo.
En un primer momento no se
alarmó, es más, se sentía bien en la situación de una persona siempre joven,
vigoroso. Pasaron muchos años más y sus amigos ya eran ancianos, muchos habían
muerto; y ya no estaba seguro de ser feliz en esa situación. Hasta que un día,
percatándose que sus nietos ya eran mucho más viejos que él, decidió arrancarse
el reloj de la muñeca y lo arrojó a la basura.
Al día siguiente los periódicos publicaban la noticia que había muerto el hombre más viejo del mundo.
* * *
DalíDespertó cubierto de sudor. Miró el reloj despertador en la mesita de noche: marcaba las 8. Se dirigió a comprar el periódico como lo hacía habitualmente, pero se notaba excitado, intranquilo por la pesadilla. A su paso veía a los chicos que encontraba a diario cuando se dirigían al Colegio, con sus guardapolvos blancos, sus risas y sus gritos. Nada había cambiado.
Hacía unos días, en una
tertulia literaria en “La Giralda” (cafetería de la esquina de Charcas y Uriburu),
Julito había leído su historia “de cronopios y de famas” y atribuía la
pesadilla de la noche anterior a la influencia de ese encuentro.
Al llegar al kiosco convidó a
Luis con un “Fontanares”y hablaron del tiempo, de política, de fútbol; ya se
sentía más tranquilo, hasta que el kiosquero le ofreció regalarle un antiguo
reloj de pulsera que había pertenecido a su bisabuelo; un escalofrío recorrió
su cuerpo y, aunque recordó el sueño premonitorio, no pudo negarse a recibir el
obsequio.
“De nihilo nihilum, in
nihilum nihil posse reverti”.
Frase latina de Aulo Persio
(34-62 d.c.) que expresa:
“De la nada nada nace, nada
puede convertirse en nada”.
De Licónides, personaje
de La Comedia de la Olla, de Plauto:
“Sucedió aquello; no se puede hacer que no haya sido hecho”.
¡OH YO, VIDA!
¡Oh yo, vida! Todas estas cuestiones me asaltan,
del desfile interminable de los desleales,
de ciudades llenas de necios,
de mí mismo, que me reprocho siempre, pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?
de los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
de los años vacíos e inútiles de los demás,
do entrelazado con los demás,
la pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”
Y la respuesta:
“que estás aquí, que existen la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama y que quizás
tú contribuyes a él con tu rima”.
WALT WHITMAN – Nueva York – EE.UU
Walter «Walt»
Whitman fue un poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista
estadounidense. Su trabajo se inscribe en la transición entre el
trascendentalismo y el realismo filosófico, incorporando ambos movimientos a su
obra. Wikipedia
Nacimiento: 31 de mayo de 1819, West Hills,
Nueva York, Estados Unidos
Fallecimiento: 26 de marzo de 1892, Camden, Nueva
Jersey, Estados Unidos
HUMILDAD CÓSMICA
No
experimentar la noche
como
ausencia
sino como
descanso
y
regeneración de la luz
no aceptar
del cosmos
solo lo
insondable
sino
también los límites del hombre,
librarlo de la vanidad.
Del
libro “Reflexiones poéticas"
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA