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sábado, 16 de agosto de 2025

SURGE SU VOZ - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 








SURGE SU VOZ.



Está más allá de todo y está aquí.
Ilumina cielos lejanos nunca vistos
mientras con su mirada todo lo acaricia.
Atraviesa el alma, antes, sin que lo esperes
haciéndote sentir aquello que anhelaste.
Es parte de la Arquitectura Universal,
piedra angular, energía clave;
lo es todo, fluyendo silenciosa, oculta,
hasta reflejarse en lo inesperado.

Vuelve a mirarte, y con la mirada dice:
Atrévete a ser tú mismo…
porque así siempre serás amado.



ANTONIO LAS HERAS
– Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 


NOTA DE OPINIÓN - Donato Ndongo - Guinea Ecuatorial, África

 




NOTA DE OPINIÓN

 

En mis recuerdos de los años mozos, un proemio abría siempre un poemario. Aquí va el mío: para decir que no soy poeta. Lo confesé siempre, y así lo expresé en mi Antología de la literatura guineana, donde se colaron “dos poemas de juventud y dos poemas rabiosos”. No es modestia. Todo escritor tiene alma de poeta, obligado a captar la vida con ojos sensibles. A mí me faltó oficio, dedicación; así, desde la legitimidad y la honestidad, me considero indigno de gozar del dulce arropo de las musas del Parnaso. Mi inveterada sumisión a la literatura como arte frena el autoengaño; y mi reverencial concepción de la ética como complemento indisociable de la estética se resiste a dar gato por liebre. Como prediqué en todo lugar y circunstancia, ni concibo el oficio de escribir como simple pasatiempo de gente ociosa, ni su producto puede relegarse a mero entretenimiento para los vientres bien nutridos consumidores de bienes culturales. Si, desde tal criterio, la obra literaria debe trascender su función lúdica para ser vehículo de relevante utilidad en la necesaria formación y transformación de nuestras mentes –como lo fue indudablemente en otras sociedades en diferentes épocas y lugares– inevitable que me haya consumido en la duda permanente sobre la calidad estética y funcional de mis versos. Alguien lo recordará: concité la inquina de más de un versificador patrio –se complacían exhibiendo impúdicos ante ojos ignaros sus autoimpuestos laureles de “intelectual”– por sostener que no basta rimar amor con dolor para proclamarse poeta. Considero la lírica algo más sólido y profundo que la endeble sensiblería. Al perseguir una ética literaria que ofrezca frutos maduros, en lugar de inseguros balbuceos de adolescentes pretenciosos, la duda se hace eterna: ¿tendrán interés estos trazos intimistas, pergeñados a vuelapluma, sin ambición ni elaboración alguna?

Excrecencias del espíritu plasmadas desde joven –como tantos millones de seres– de méritos más que inciertos. Tampoco considero extraordinarias ni la temprana afición de leer poesía, ni la sana curiosidad –y la suerte– que me facilitaron la estimulante compañía de poetas verdaderos y me condujeron a frecuentar tertulias –sin encasillarme nunca en ningún cenáculo– cuando éramos más inocentes… y la vida un sueño que invitaba a soñar. Alguno de aquellos contertulios tempranos son hoy bardos celebrados y laureados. Citaré a dos. El resto, compañeros del alma, amigos entrañables, alguno afamado, permanecen en mi recuerdo y en mis afectos: Jaime Siles –juntos aprendimos a desentrañar a Rubén Darío, Jorge Guillén y Antonio Machado– y el malogrado Claudio Rodríguez, de cuya mano la poesía descendió de las musas siderales para ser, ante todo, vida. Al sumergirme en los clásicos –de San Juan de la Cruz a Pablo Neruda, y bastantes de todos los demás–, y en otros aún más próximos por historia y vivencias –Wole Soyinka, Jacques Rabemananjara, Bernard Dadié y Luandino Vieira; Nicolás Guillén, Aimé Césaire, LeRoi Jones o Richard Wrigth– aprendí a contener los entusiasmos, moderar las vanidades y fijar las prioridades. Metí en un cajón aquellas divagaciones, frutos sin sazón de un alma frondosa, salvo alguna publicada como experimento, en audaz desafío a la inseguridad. Y la mayoría se fueron perdiendo en esta existencia de peregrino, sin que su muerte me conmoviera: me ahorré algún sonrojo (imperceptible en mi piel, borboteante en la conciencia), liberando al mundo de otro vanidoso poetastro. Así pretendo culminar con renovada fidelidad mi escogida senda quevediana. ¿Cómo autoproclamarme poeta si apenas presté atención a la poesía? Creación constreñida: algún verso al año, al desbordarse el corazón, resulta equipaje demasiado ligero para sentarme entre los vates.

¿Por qué exhumar ahora estos Olvidos? No por vanagloria, tentación que superé. Considero la poesía sollozos, desgarros del alma. No necesariamente tristes: llanto es desahogo de estremecimientos intensos, rebose de venturas o amargores. Algunos nos esforzamos en contenerlos, impulso de instintos pudorosos que susurran guardarse para sí ciertos lapsos. Dice la voz: determinados actos humanos se realizan en la intimidad, sin alharacas, con tierna suavidad, al abrigo de la voracidad depredadora del conjunto, y deben preservarse en ella; no es egoísmo gozar del ensueño en soledad. Y dice la voz: alcanzados los objetivos prioritarios –que no los anhelos–, mejor mostrarse tal como fuimos; pudiera contribuir a comprender; mejor ahora que después… 29

En realidad, publicar Olvidos no fue decisión personal. Años de insistencia de personas muy queridas, de sólido criterio, lograron vencer las resistencias. Únicos responsables de que estos cantos recónditos –hubiese deseado olvidarlos– sean aventados. Pero aseguran que merecen ser compartidos. ¿Es así? En cualquier caso, es de agradecer tan generosa mirada.

Entregado el texto a los lectores, considero finalizada mi tarea. Ya no me pertenece. Son libres de juzgar. Nunca me preocuparon las especulaciones que pudieran provocar mis escritos. Escudriñar es labor de otros. La única pista que el autor puede ofrecer ante su obra es su vida. La mía, plena de afectos verdaderos, plena de ilusión, plena de desengaños y frustraciones, vividas las angustias sin resquicio para el rencor. Vida en plenitud, con tesón, con escasas pero firmes convicciones, transcurrida como vino, aprovechada en lo que se pudo, según se supo: en pos continua, sin desmayos, de la eterna quimera errante, de las verdades inmutables de nuestra condición humana, sordo a los cantos de sirena que invitaban a la iniquidad. Y cuando bordea lo absoluto la entrega a los amores imposibles, cuando se sublima la tristeza encarándola de frente hasta arrancar sonrisas diáfanas al espectro de Caronte, pierden importancia los objetos. Un ideal inalcanzado, un paisaje evocador, una melodía sugerente, un ser cercano o lejano: todos ellos sujetos afectivos que arrancan el verso en el instante. Innecesario titularlos, fecharlos, identificarlos. ¿No es temeraria banalidad pretender fijar con nombres ciclos vitales aherrojados, por fortuna fugaces, nunca añorados, expulsados raudos del espíritu con la misma incontenible furia de los rugientes huracanes tropicales? ¿Tienen acaso identidad los hijos no nacidos? No existe lo inexistente. ¿O…?

DONATO NDONGO - ESPINARDO, MURCIA, EN LOS ALBORES DE 2016 

Poeta Escritor de Guinea-Ecuatorial, África


RAFAEL DE LEÓN, POETA Y MAESTRO DE LA GENERACIÓN DEL 27 - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 




RAFAEL DE LEÓN, POETA Y MAESTRO DE LA GENERACIÓN DEL 27

 

 


Ojos verdes, verdes, verdes como el trigo verde
y el verde, verde limón.
Ojos verdes, verdes, con brillo de faca,
que están clavaítos en mi corazón.
Pa mí ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay más que unos ojos que mi vía son…

                                                           R. de L.

El melancólicamente alegre Miguel de Molina, famoso en España como “El Faraón de la copla”, fue un artista que alcanzó en los años treinta una gran popularidad y luego, como buen comprometido con los republicanos, debió huir de la dictadura de Franco para vivir su tristeza de exiliado en Buenos Aires. Dicharachero, siempre amable y predispuesto, hacia mediados de los años ’70, nos ayudó a organizar unas jornadas sobre el cante jondo en la Sociedad de Distribuidores de Diarios y Revistas, y fue él quien me recomendó que cuando yo pasara por Madrid no dejara de conocer al poeta Rafael de León. “¡Hombre -me entusiasmó don Miguel-, que no te vas a arrepentir, Rafael es el continuador de Federico García Lorca y el autor de muchas de las canciones que yo e cantao, como Ojos verdes y A la lima y al limón!”.

Don Rafael vivía en Majadahonda y no me fue difícil dar con él que era una de las personas más queridas y admiradas de Madrid. Tenía razón Miguel, conocerlo fue toda una experiencia. Era famoso, pero accesible y amigable, tan contagiosamente alegre y comunicativo que al estrechar su mano parecía que uno lo conocía de toda la vida. Descendía de una familia noble de Andalucía y su nombre completo era Rafael de León y Arias de Saavedra, primogénito de los diez hijos de los Condes de Gómara: don José María de León y Manjón, marqués del Valle de la Reina, y doña María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, marquesa de Moscoso y Condesa de Gómara. Siendo, además, una casa de notable tradición cultural, pues su abuela, de formación humanística, ya hablaba inglés a los 12 años, y su tía-abuela, Doña Regla Manjón y Mergelina, ilustre Condesa de Lebrija, fue la primera académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y gran defensora del patrimonio artístico e histórico de la ciudad de Sevilla. Todos estos ilustres antepasados hicieron que Rafael pasara muchas horas leyendo en la espléndida biblioteca de doña Regla y luego dedicara un poema a la casa-palacio de Lebrija, donde ella residía y él ayudó en la restauración.

A poco de cumplir los veinte años, Rafael (o Rafaelillo, como lo llamaban sus amigos) abandonó las comodidades de Sevilla para viajar a Madrid con lo puesto, excusándose ante sus padres por ausentarse para rendir unas oposiciones que, en verdad no era más que su decisión para incorporarse a la vida bohemia, donde se colaba de pianista en un café cantante para pasar la gorra y sobrevivir con libertad, ganando unas escasas pesetas cada noche. Federico García Lorca, haciendo los recitados lo secundaba. Allí, mientras tocaba una hermosa y nostálgica canción que él había escrito y musicalizado, le escuchó casualmente, el célebre Manuel López Quiroga, que ya comenzaba a triunfar en Madrid. El maestro Quiroga vio en el poeta pianista un talento natural y le animó para colaborar con él. Rafael ya lo había hecho escribiendo sus primeras canciones para García Padilla (a la sazón el padre de Carmen Sevilla). Con esos dos padrinos, no demoró en cobrar popularidad.

Con el maestro Quiroga, Rafael alcanzará en 1933 un gran éxito, al estrenar aquellas canciones popularmente conocidas como “Las Tres Marías”, el pasodoble; “¡Ay, Maricruz!”, y las zambras “María de la O” y “María Magdalena”. Buen precursor de cosas lindas y muy inquieto, tampoco demoraron en fundar con el maestro Quiroga la Academia de Madrid y luego, en Barcelona, la Academia de Arte, donde empezó a popularizar su poesía y encontrar un sitio para vivir allí, sin tener en cuenta que la Guerra Civil estallaría muy pronto de estallar tomándolo por sorpresa en la Ciudad Condal, donde había conocido al poeta mozuereño Xandro Valerio, con él que había colaborado en canciones como “Dolores”, “La Petenera” y “La Parrala”, inmortalizadas después en obras teatrales y en películas de Almodóvar, algunas con el mismo título, protagonizadas por la actriz y cantante malagueña Maruja Tomás y la entonces jovencísima Conchita Piquer, que venía de las variedades madrileñas acuñadas por el “Tango de Tatuaje”.

Fue así que merecidamente el triunfo y el clamor popular empezaron rodear al virtuoso poeta; pero, un sevillano conocido y envidioso, del que nunca quiso revelar su nombre. “De los que nunca faltan, hijo -como recordaba con tristeza Rafael- me denunció y dio mi nombre acusándome de monárquico, liberal, capitalista y noble, hijo del marqués del Valle de la Reina, yendo a dar yo con mis huesos a la cárcel, donde estuve preso desde 1936 a 1939. ¡Años durísimos niño, para qué te cuento…!”.  Durante ese tiempo en prisión, el poeta vivió ansioso por leer, pues allí no había libros, hasta que un día, otro recluso puso uno en sus manos que, por desgracia era de cocina. “¡Terrible contraste, como tú imaginarás! -empezó a reír con ganas-. Pero nada viene mal. Sobre todo por el hambre que se pasaba en prisión y aquel manual era un consuelo…”.  Sin embargo, lo leyó completo y cuando iba a visitarle Xandro Valerio, le pidió que le llevara botellas de leche condensada, junto con pliegos de romances y canciones, que él condimentaba con versos propios y notas musicales. “Fueron, como tú imaginarás, mis reconfortantes tiempos de cocinero de palabras y melodías” -bromeaba don Rafa, haciendo un gesto de dulzura con su mano-. “Por esa época escribí sonetos, imaginando una libertad que se me negaba”. Y entre alegre y nostálgico como un susurro recita con elocuente alegría:

Me tropecé contigo en primavera,
una tarde de sol, delgada y fina,
y fuiste en mi espalda enredadera,
y en mi cintura, lazo y serpentina.

Me diste la blandura de tu cera,
y yo te di la sal de mi salina.
Y navegamos juntos, sin bandera,
por el mar de la rosa y de la espina.

Y después, a morir, a ser dos ríos
sin adelfas, oscuros y vacíos,
para la boca torpe de la gente....

Y por detrás, dos lunas, dos espadas,
dos cinturas, dos bocas enlazadas
y dos arcos de amor de un mismo puente.

Como ya he señalado, el enorme Rafael de León perteneció a “la Generación del 27”, desde los 18 años hasta su muerte, siendo fiel al mensaje lírico andaluz de su maestro Federico, dándole a sus versos una bravura muy suya y una personal musicalidad. El duende que tiene Andalucía en sus coplas es único y contagioso. Pero Rafael no fue un imitador de García Lorca, sino su seguidor y el más fiel captador de su espíritu lírico y sensual. Su poesía, aunque de filiación lorquiana, se salva por una nota de probada autenticidad, por su conocimiento y por su particular inspiración.

De su amistad con Lorca, han quedado testimonios directos; principalmente los del mismo Federico y de comunes amigos como Sebastián Gasch, que durante el paso de Federico por Barcelona, en 1935, para el estreno de Doña Rosita la Soltera, recuerda que cuando fue a saludarle en el camerino de Margarita Xirgu. Federico daba nerviosas y precipitadas instrucciones a su íntimo amigo Rafael de León, quien al día siguiente había de ponerse en camino para regresar a con él a Granada. Sin duda a Lorca le debe Rafael, aparte de su lealtad, su pasión por la Poesía y el Teatro, que ya llevaba él en su pecho desde niño… Y, sobre todo, la honda admiración y la profunda amistad, sólo truncadas una triste madrugada de agosto de 1936, con la muerte del querido Federico.

En 1940, se crea el más universal de los tríos de la Canción Folklórica, de la Canción Andaluza, el famosísimo “Quintero, León y Quiroga”, que afianzándose su enorme popularidad dos años después, con el soberbio espectáculo “Ropa tendida”, ambientado en el Madrid popular del siglo XX. Se marca entonces el punto de partida de la Canción Folkiórica Andaluza y el primer espectáculo de este género.

Como fanático de la música española, me atrevo a decir que sin el poeta Rafael de León, el dramaturgo Antonio Quintero y el entonado maestro Quiroga, no hubiese existido la Canción Folklórica Andaluza. Ellos la crearon, la dignificaron, la sublimaron, amparándose en la copla flamenca y en la honda tradición lírica andaluza y dándole esa mágica alma de nardo, herencia del árabe español, que repica en la preciosa y contagiosa melodía música del genial maestro Quiroga.

Cabe agregar que también contribuyó muchísimo el cine de la época, para el que el famoso trío compuso abundantes canciones; valgan las películas de Conchita Piquer, Juanita Reina, Lola Flores, Antoñita Moreno, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Rocío Jurado, Manolo Caracol, Manolo Escobar, Luis Buñuel, Pedro Almodóvar y Carlos Saura, entre otros, así como en los más prestigiosos espectáculos que triunfaron en los mejores Teatros de España, del que quien escribe, fue fanático concurrente y admirador.

Llegados ya los años sesenta, nuestro Rafael de León hizo también diversos espectáculos para Los Vieneses, con música de Augusto Algueró, así como para La Scala de Barcelona, y se consagró definitivamente en el ámbito popular con la canción melódica y ligera, componiendo temas cantados por Charles Aznavour, y Salvatore Adamo, Rocío Durcal y Nino Bravo. En 1961 fue premiado con el disco de oro en el “Festival de Benidorm” por su poema “Te quiero, te quiero”, un éxito cantado por su compatriota Raphael.

También participó como autor en la creación de numerosas canciones sevillanas con Manuel Pareja-Obregón y Manuel Quiroga Clavero, así como con la muy conocida Salve Rociera.

El poeta Rafael de León y Arias de Saavedra nació el 6 de febrero de 1908 en el número 14 de la calle San Pedro Mártir, en Sevilla y murió en Madrid el 9 de diciembre de 1982. Cuando estoy en esa ciudad siempre me hago un tiempo para llevarle un ramo de rosas blancas a su tumba, en el cementerio de La Almudena.  


ROBERTO ALIFANOBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 9 de agosto de 2025

DESPUÉS DE TODO - Jaime Sabines - México

 










DESPUÉS DE TODO


Después de todo -pero después de todo-
sólo se trata de acostarse juntos,
se trata de la carne,
de los cuerpos desnudos,
lámpara de la muerte en el mundo.

Gloria degollada, sobreviviente
del tiempo sordomudo,
mezquina paga de los que mueren juntos.

A la miseria del placer, eternidad,
condenaste la búsqueda, al injusto
fracaso encadenaste sed,
clavaste el corazón a un muro.

Se trata de mi cuerpo al que bendigo
contra el que lucho,
el que ha de darme todo
en un silencio robusto
y el que se muere y mata a menudo.

Soledad, márcame con tu pie desnudo,
aprieta mi corazón como las uvas
y lléname la boca con su licor maduro.


JAIME SABINES
- México

Jaime Sabines Gutiérrez fue un poeta y político mexicano, reconocido como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX.​ Wikipedia
Nacimiento: 25 de marzo de 1926, Tuxtla Gutiérrez, México
Fallecimiento: 19 de marzo de 1999, Ciudad de México, México

CON HILOS DE HUMO - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

AMANECER - Germain Droogenbroodt - Altea, Alicante, España

 







AMANECER

 

Lentamente
igual como se escribe un poema
surge de la nada
el amanecer

se desprende del silencio
y otorga luz

por todas partes aparece el verde
viático para el sol

que de la tierra
no aparta otra oscuridad

salvo la noche.
de “Contraluz”

 

 GERMAIN DROOGENBROODT, Altea, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TE HE SENTIDO ENTRE MIS MANOS - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 










TE HE SENTIDO ENTRE MIS MANOS


Tu suspiro de placer
en mi alma se quedó,
los pensamientos a mil
invadieron mi sentir
y cuando mis labios acariciaron
con dulzura tu rígida espalda
comprendí, con placer,
que mucho podemos hacer
que allane el dolor y frustración
que nos gobierna e impone el desamor
y aprendamos así que,
otra forma de hacer, de amar y crear
sera extender la comprensión el cariño y el amor



SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ES UNA DIOSA… - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 














ES UNA DIOSA…


Es una Diosa…
Ella lo sabe, mas aún no tomó consciencia.
Lleva en la sangre la fertilidad de la Tierra.
Tiene la sabiduría de tantas generaciones.
Conoce el dolor acaecido en cada tiempo.

Es una Diosa…
Los hombres se reúnen a su lado,
buscan la forma de llegar a ella.
Acaso, cada uno, tiene la certeza
de que eso es un deseo vano
pues una Diosa tan real no se entrega.

Es una Diosa. Ilumina las tinieblas del camino.
Cada quién, habrá de elegir su propio destino.

Cancún (México), 6 de febrero de 2017


ANTONIO LAS HERAS
– Buenos Aires , Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

HISTÓRICA REFLEXIÓN - Marian Muiños - España

 










HISTÓRICA REFLEXIÓN


A la Historia la inventan las palabras.
Volubles y ambiguas,
dependen de cuál boca las desata,
de cuál mano dibuja pinceladas.
Todos se adueñan
de recuerdos salidos de un espejo:
la Historia la perfilan los opuestos.
Sean buenos, malos,
idealistas, guerrilleros, cobardes
dictadores, mafiosos o corruptos:
en un mismo fango van revueltos.

A la Historia la violan y pervierten,
luego la encuadernan
y la dan de comer a los hambrientos.
La verdadera historia es la que ves:
la de bolso vacío y cofre lleno,
la que clama justicia y no se moja
y la que amordaza
la conciencia y censura hasta al silencio.
Verdadera historia
es la de adentro tuyo es puro fuego
que quema odios y resentimientos.
Historia verdadera
es la que te habla y la que reclama:
“No escuches esos gritos lisonjeros;
No te escondas en tu cárcel del miedo;

sé firme y sé fiel
ante todos los derechos humanos;
no dejes que los tergiversen dedos
del que dicta sentencias ilegítimas,
del que vende a su patria indignamente.
¡No permitas que te hagan el cuento!”

¿Verdadera Historia?
¡Mírala por dentro!

Del libro: “De paso por el mundo” ©2024

MARIAN MUIÑOS – España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL CABALLO CIEGO - Aurora Suarez - Rojas, Pcia de Buenos Aires, Argentina

 










EL CABALLO CIEGO


Venía el pequeño
en un caballejo
escuálido y triste
ya ciego de viejo;
sin bozal ni riendas,
solo obedeciendo
la palmada suave
de su tierno dueño.
Hace algunos días
se fue el chacarero…
¡Dejó por inútil
al caballo ciego!
Y hoy, cuando el alegre
grupo de chicuelos
pasó en cabalgata
frente a la tapera,
como si trajera
su preciosa carga,
¡el caballo ciego
los siguió a la escuela!



AURORA SUAREZ
– Rojas, Pcia de Buenos Aires, Argentina

Aurora Suarez

Nació en Tucumán el 4 de octubre de 1905. Maestra normal, ejerció el magisterio en la provincia de Buenos Aires en una Escuela Rural en Guido Spano, de la que es como ella decía: “directora, maestra y portera”. Los niños y su “escuelita” le han inspirado muchas de sus composiciones que publicaó en la revista metropolitana “El Hogar”.