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sábado, 12 de abril de 2025

LAS PERDURABLES SERIES DE TELEVISIÓN - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 



LAS PERDURABLES SERIES DE TELEVISIÓN

 

El hombre es un niño que nunca termina de crecer”, conjeturó con buen sentido de la observación alguien que ahora no recuerdo quién era. Por su parte, nuestro siempre recordado Pablo Neruda escribió en sus memorias: “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hace mucha falta”. También están los que dicen, con un criterio práctico y no menos buen humor, que “en la vejez hay un volver hacia aquellos primeros tiempos, ya que asumimos nuestras obligaciones reconociendo que hemos crecido y acumulado experiencias para llegar a lo que se llama (acaso irresponsablemente) la edad adulta”.

Tras esas reflexiones y las inmensas ganas de seguir disfrutando los placeres simples que nos ofrece la vida, se esconden, además, los temores a la soledad y a la inapelable muerte. Pero dejemos a un lado lo patético y vayamos hacia lo reconfortante. “Nada se pierde, todo se transforma”, ilustró el sabio Antoine de Lavoisiere; y ahora, por qué no adosarle los estímulos que nos propone el trovador uruguayo Jorge Dexle: “Cada uno da lo que recibe / y luego recibe lo que da. / Nada es más simple, / no hay otra norma. / Nada se pierde, / todo se transforma…”

Ambas reflexiones nos hacen sentir la generosa prolongación épica del asombro; tampoco debemos olvidar las andanzas del tan entrañable Don Quijote y su escudero Sancho Panza; y por qué no recuperar como otra forma de nuestra nostalgia las famosas series de televisión y su cariñoso costado, para volver a ser niños.

Empiezo este resumen evocatorio con “Los Locos Adams”, serie de la otrora televisión en blanco y negro, que ya ocupa la categoría de clásico. Tanto es así que cada vez que se los menciona, no faltará alguien de la guardia vieja que con un chasquido de dedos cerrará los ojos para cantar el pegadizo “tara-ra-rá” de la presentación musical, que iba seguida de aquel sonar de dedos de todos los integrantes mirando la cámara. Raúl Rafael Carlos Juliá Arcelay, nacido en San Juan de Puerto Rico, fue el actor que caracterizó al personaje y alcanzó fama internacional en la divertida saga de la extravagante familia en la que una mano cobraba vida para intervenir sensatamente en los actos más audaces. A Juliá Arcelay lo secundaba la seductora Carolyn Jones, bajo el nombre de Morticia, su amorosa y enamorada esposa.

Otra serie que se niega a ser archivada por la moderna televisión, es la de “El Zorro”, que bajo el sello de Walt Disney, protagonizara el actor Armando Joseph Catalano, nacido en el Sur de Italia, criado en Nueva York y conocido artísticamente como Guy Williams. Este galán, que el destino trajo a la Argentina, falleció de un fulminante paro cardiaco, el 30 de abril de 1989. Williams era, además de una bellísima persona, un habilísimo esgrimista.

Ya retirado de la actuación, había decidido vivir en Buenos Aires. Guy Williams fue famoso especialmente por interpretar al aristócrata personaje justiciero de la clásica serie. Posteriormente, apareció en algunos episodios de “Bonanza”, interpretando a uno de los personajes y fue el eje central de “Perdidos en el espacio”, donde era al profesor John Robinson, un honorable padre de familia; pero, sin duda, Guy Williams ya era para siempre el justiciero “Zorro”.

Este emblemático actor durante la segunda mitad de su carrera, residió y trabajó mayormente en la Argentina, donde se lo llegó a considerar un ídolo popular y uno de los galanes que más ha logrado cautivar a las mujeres. En la década de los sesenta, muchas madres de Hispanoamérica bautizaron con el nombre de “Diego” a sus hijos debido a la fuerte atracción que despertaba en ellas su célebre personaje.

Aquí, con otro actor argentino, Fernando Lupiz, daban públicamente clases magistrales de esgrima, atrayendo multitudes en sus presentaciones. Yo, gracias al locutor y periodista Antonio Carrizo, conocí al inmortal Guy Williams. Antonio era vecino de él y cada tanto nos encontrábamos en un restaurante de Buenos Aires para compartir una cena. Guy era un hombre amable, encantador y lleno de anécdotas. Vivió sus últimos años en la Recoleta, un exclusivo barrio de la ciudad de Buenos Aires, donde lo encontraron muerto inesperadamente a los sesenta y cinco años.

Queda otro personaje famoso de aquella época, que también me complace recordar. El talentoso antihéroe Peter Falk, intérprete del detective “Columbo”, personaje central de una serie de televisión estadounidense creada por los famosos productores Richard Levinson y William Link. La serie se emitió regularmente entre 1971 y 1978, y esporádicamente entre 1989 y 2003, hasta un total de casi setenta episodios, regresando cada tanto a la televisión argentina.

Se sospecha que su nombre se debe a una parodia del físico-culturista y luchador Franco Columbu debido a su parecido con el actor (a su cara por supuesto, ya que Falk era más bien gordo y bizco). Algunos aseguran que el nombre del personaje es Frank Columbo, pero en ninguno de los episodios se le llama por su nombre, y él siempre se presenta a sí mismo como el “teniente Columbo”. Los propios creadores han aclarado que nunca se le dio un primer nombre; también su esposa en la ficción, que nunca apareció ante las cámaras, y era referida por él como la señora Columbo.

Esta famosa serie es considerada un caso particular en el sentido de que no hay créditos comunes a todos los episodios y cada uno de ellos son una suerte de largometrajes creados en especial para la televisión. Siempre pacífico, sin escenas de violencia, a través de sus brillantes deducciones, el teniente “Columbo” resolvía los casos. Mi amiga, la poeta Silvina Ocampo nunca dejó de agradecerme que le revelara a este personaje del que se hizo adicta. “Columbo es una de las genialidades que le debemos a la televisión”, me confesó.

También destaco la muy divulgada serie de “El Super Agente 86”, una serie estadounidense emitida originalmente entre 1965 y 1970 que parodiaba a las películas y series de espías internacionales; una mezcla de James Bond y el inspector Clouseau, creada por Mel Brooks y Buck Henry, y protagonizada por Don Adams, como Maxwell Smart, el legendario “agente 86”, con Barbara Feldon, como la “agente 99”.

La trama se basaba en los personajes que operaban para CONTROL, una supuesta agencia secreta de espías del gobierno de los Estados Unidos. Al parecer la idea de la serie vino de una propuesta que Daniel Melnick hizo a un productor para sacar partido de los dos personajes más importantes del mundo del entretenimiento: los inefables y ya citados James Bond y el inspector Clouseau. Brooks dijo, un poco de broma, que se excedían en la crítica, ya que “era una combinación demencial y acaso más exagerada que la de James Bond y la comedia de Mel Brooks.

Esa ecuménica serie se emitió en la NBC entre 1965 y 1969. Después se trasladó a la CBS, donde se completó la última temporada, en 1970. La serie fue muy popular y un clásico de la televisión en la década de 1960, siendo repuesta en diversas ocasiones en todo el mundo vía satélite. Ganó siete Premios Emmy y fue nominada para otros catorce y para dos Globos de Oro. Es enternecedor ver durante la última temporada, ya mayorcitos, a Bárbara Feldon y Don Adam representando sus gloriosos papeles.

Agreguemos que se han hecho tres largometrajes basados en la serie: primero, uno con parte del reparto original en 1980, titulada The Nude Bomb (La bomba nudista), también conocida como The Return of Maxwell Smart o Maxwell Smart and the Nude Bomb. Después de éstos, se estrenó un especial hecho para la televisión llamado ¡Get Smart, Again! en 1989. Y también Superagente 86, tomados de películas, protagonizada por Steve Carell, Anne Hathaway y Alan Arkin. Una de ellas se difundió en 2008 en España, con el título de El Súper Agente 86 en Hispanoamérica.

En tanto en los Estados Unidos se estrenó una serie derivada de esta película, titulada Get Smart´s Bruce and Lloyd: Out of Control y una secuela en 1995 protagonizada por Adams y Feldon, con Andy Dick en el papel de su hijo, Zach, uno de los gemelos Smart.

La serie, como siempre, se centra en las aventuras del agente secreto Maxwell Smart (Don Adams), proclive a cometer grandes torpezas a cada momento; conocido también como “Agente 86”. Su compañera (y, más tarde, esposa en la vida real) es la “Agente 99”, la bellísima y carismática Bárbara Feldon, cuyo verdadero nombre nunca se revela. Así, Max y “99” prosiguen trabajando para CONTROL (parodia de la CIA, localizada en Washington D. C. Ambos se embarcan en numerosas misiones alrededor del mundo, entre ellas la Argentina, donde la incompetencia de Smart siempre causa complicaciones.

Sin embargo, Smart nunca falla en sus misiones especiales y gracias a su casual suerte y la imprescindible ayuda de “99”; contando, además, con su infalible “zapatófono”, (un avanzado teléfono celular de la época adosado al zapato, con un disco rígido, es de suponer, en la suela).

No está de más agregar que el superior de Max y su compañera es el sufrido Jefe de CONTROL (famoso Edward Platt), conocido simplemente en ese papel como “El Jefe”. Recuerdo que en un capítulo un juez, encargado de un implacable juzgado, lo intima para que diga su nombre de pila. La respuesta es Tadeo.

La némesis de CONTROL es KAOS (parodia de la KGB), “la organización internacional del mal”, que una igualmente inepta organización de un país desconocido perteneciente al Bloque del Este. CONTROL y KAOS siempre aparecen en mayúsculas, y no son siglas ni acrónimos. El otro dato divertido es el hecho de haber utilizado estos dos conceptos antónimos para definir a las dos organizaciones rivales.

En sus cinco temporadas los creadores se dieron el gusto de parodiar filmes o series como Casablanca, El fugitivo, La gran evasión, Bonnie y Clyde, La ventana indiscreta, Goldfinger, El tesoro de Sierra Madre, Ironside, Asesinato en el Orient Express, Agente 007 contra el Dr. No y hasta a su indirecta competencia, la no menos famosa serie de Los vengadores.

Esta reseña demuestra que la pantalla de TV atesora cosas buenas y cada tanto las revive con generosidad. Se han sucedido décadas y las mencionadas series siguen vigentes. Felizmente no se las echó al olvido. Quizá como yo, un niño que no ha terminado de crecer, otros nostálgicos disfruten de estos personajes inmortales que siguen encantándonos la vida.


ROBERTO ALIFANO – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFCO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 5 de abril de 2025

SMART PHONE- Germain Droogenbroodt - Altea, Alicante, España

 








SMART PHONE 

En la sala de espera,
un gran número de pasajeros sentados
con una notable excepción
están todos ocupados
con una cosita llamada smart phone
y que les fascina sin cesar.

 

Con dos pulgares a la vez
escriben sus “relatitos”,
sensatos o no, están escritos,
y enviados al mundo

Sólo una persona no escribe, pero lee,
lee un libro.

¿No tendría nada que decir?

del poemario el Camino del Ser

Germain Droogenbroodt, Altea, Alicante, España.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DESDE LA VENTANA - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 


LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

MUNDO EN RUINAS Y LUCES NUEVAS – Xiul Lasopat – Pokresville – Buenos Aires, Argentina



    








Xiul Lasopat – grabado

de Ana María Moncalvo


MUNDO EN RUINAS Y LUCES NUEVAS


El mundo gira, herido, inquieto,
con voces rotas y pasos huecos.
Las sombras crecen en los espejos,
y el hombre avanza, ciego y sin tiempo.

Gritan ciudades con torres mudas,
plomo en el aire, verdades crudas.
Se compra el alma, se vende el miedo,
y todo es saldo, y todo es juego.

Pero en las ruinas aún hay fuego,
un niño ríe, un sueño es cierto.
Brotan palabras, mueren imperios,
nacen imperios, y un verso humilde
vence al silencio.



XIUL LASOPAT – Buenos Aires- Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DELIRIOS DE GUERRA - Ceferino Daniel Lazcano - Olavarría, Buenos Aires, Argentina

 











DELIRIOS DE GUERRA

(Haikus)


Si el ser humano
destruye su confort
con sus delirios

¿Ya no hay esperanza
Crea, destruye y crea
cielos y abismos

Construimos para
destruirnos, paradoja
cruel, en la sangre

llevamos, odio
amor y odio...tanto odio
ensombrecido:

Si en luz se apaga
¿Dønde iremos con nuestros
torpes delirios?

Naturaleza
infinita, materna
bombardeada.

En fuego y humo, arde
la conciencia, incendiada
la razón huye

Y un colibrí
vuela sobre un misil:
trae la paz.


CEFERINO DANIEL LAZCANO - Olavarría, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO COORDINADOR DE ASOLAPO ARGENTINA EN ZONA SUR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA

EPÍLOGO DE LA GOLONDRINA - Antonio Esteban Agüero - San Luis, Argentina

 








EPÍLOGO DE LA GOLONDRINA

Fragmento

La golondrina no me invita
Al viaje.
La golondrina me invita
A quedarme.
Aquí, en la tierra cansada,
En este aire,
Con estos pájaros dulces,
Con esta tarde,
Que bien sabemos se tiñe
De mi sangre.
No Golondrina: es mejor
Quedarse.
¿Qué cosa bella en el mundo
grande, grande,
habrá mejor que estos montes
en la tarde?
¿Mejor que ser lo que somos?
Si, golondrina, es mejor
Quedarse,
Gastar la vida en un sitio.

Es mejor quedarse,
Es mejor llorar en las cosas
Familiares,
Mejor reír entre ellas
Y lamentarse
Y recibir lo que nos dan
Y darse.

(1939)

ANTONIO ESTEBAN AGÜERO – Piedra Blanca, San Luis, Argentina

·         Piedra Blanca, cerca de Merlo, el 7 de febrero de 1917 - San Luis el 18 de junio de 1970 


NIEVE Y LUNA - Alfredo Bufano - Mendoza, Argentina

 










NIEVE Y LUNA


Sobre el valle de Uspallata,
en esta noche de junio,
un obsesor plenilunio
su cabellera desata.
Mi alma no sabe decir
frente a tanta maravilla,
si es la nieve la que brilla
o es el celeste zafir.

¡Oh roja luna serrana!
¡Oh valle dulce y profundo!
¡Todo el silencio del mundo
se ha dormido en mi ventana!

 

ALFREDO BUFANO – Mendoza, Argentina


Nacimiento: 22 de agosto de 1893, Apulia, Italia
Fallecimiento: 31 de octubre de 1950, San Rafael

AQUÍ ESTÁN TUS RECUERDOS -Olga Orozco- Toay, La Pampa, Argentina

 








AQUÍ ESTÁN TUS RECUERDOS

Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra.

Todo siempre es igual.
Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro:
todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!
Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho
y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro.

¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo,
por algún paisaje que he querido?
¿Recuerdas todavía la nevada?

¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes,
tu morada de hierros y de flores!
Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo,
extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados,
tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitaran cenicientos pétalos
después de haber mirado pasar, ¡tanto tiempo!,
la paciencia inacabable de la hormiga entre sus solitarias ruinas.

Espera, espera, corazón mío:
no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente.
Otra vez, otra vez, corazón mío:
el roce inconfundible de la arena en la verja,
el grito de la abuela,
la misma soledad, la no mentida,
y este largo destino de mirarse las manos hasta envejecer.

OLGA OROZCOToay, La Pampa, Argentina


ESPERA, PADRE -Carlos Penelas- Buenos Aires, Argentina

 











ESPERA, PADRE


Desde que te alejaste vienen los recuerdos.
Ese leve olor de tabaco recorriendo la casa
evocando al niño que dejó su aldea
el árbol familiar, la iglesia románica, el jardín
donde la voz del abuelo llamaba siempre igual.
Aquí, en esta soledad, están los dominios,
la humedad en los pies furtivos, la escarcha,
mudas escaleras, lápidas que yacen
amparadas entre hierbas y aves.
La niebla donde la tierra palpita un mar.
¿Por qué vuelves esta noche
en un paisaje donde moran otros cielos,
otros cuartos en silencios obstinados?
Espera, espera padre.
Es un sueño reciente donde de pronto
entró tu voz a mi cuarto rozando agua y muro.
Una historia, una misma soledad que me visita
entre alucinaciones y olvidos.
(Es sólo eso, nada más).
Ahora miro mis manos que envejecen.
Mientras, continúo buscando tu mirada
con avidez, desde el instinto del desorden.

Extraño destino es este esplendor
cuando todo se transparenta y huye.



CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL - Rodolfo Leiro y Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 



EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL

Un cuento de Rodolfo Leiro y Norberto Pannone


            Alberto Inocencio Calvo, había asumido su temprana viudez con crecidos vestigios de ufanías no fácilmente disimulables. Sus cincuenta vigorosos años. Lo encontraron en los senderos de la vida, todavía transitables, con ciertos apetitos que suelen consumir las impaciencias. No había ya necesidad de ocultarse tras los vastos tapices de los amores disimulados y las flamas impetuosas del deseo, podrían encenderse sin tapujos.

Él había aceptado con subida complacencia, la fresca y esbelta figura de su secretaria, Alicia Cándida Bueno.

Ella, disfrutando de sus recientes veintidós años, especulaba con los regalos y con un sueldo nada despreciable, que por otra parte, hubiese correspondido a una empleada de alto rango y altamente eficiente.

Sin embargo, la impaciencia, el mal humor y la insatisfacción, estaban consumiendo aquellas inefables horas de placer. En la oficina habían comenzado a ocurrir bastantes problemas con el funcionamiento de la computadora y el carácter de Alberto había comenzado a desnivelarse. Desde algunos días a esta parte, hubo que rehacer varias veces una serie de importantes archivos de clientes que, misteriosamente, se borraban del disco rígido.

La primera vez los tomó de sorpresa y el trabajo de reconstrucción fue muy arduo. Hubo que acudir a la joven memoria de la eficiente secretaria. Aconsejados después por el técnico en computación, comenzaron a realizar copias de seguridad y, gracias a ello, podían, reconstruir, aquello que, inevitablemente, al otro día, aparecía borrado de la PC.

-¡Maldita computadora! –Rezongaba Alberto con justificada impaciencia y enojo.

-¿Qué ha dicho esta vez el técnico, Alicia?

-Que cambió el antivirus. Que si hay problemas lo llamemos de nuevo.

Al día siguiente, se repitió el problema. La pantalla se puso azul y luego negra. Resetearon el CPU y nada. Todo se había vuelto a perder.

-¿Has llamado al técnico, Alicia?

-Vendrá hoy después de las quince, Alberto.

A Alberto Inocencio Calvo, se le habían comenzado a caer los pocos pelos que le quedaban en su declarada calvicie. Por un designio inevitable, su cráneo, parecía cumplir un destino en concordancia con su apellido.

Cuando el reloj había sobrepasado la esperada cronología de las tres de la tarde, Alberto le preguntó a su secretaria:

-¿Está lista la computadora, Alicia?

-Si, Alberto –Respondió su atrayente colaboradora.

-¿Qué ha dicho ahora ese aprendiz…?

-Que ha colocado un nuevo antivirus. Lo más efectivo que existe en plaza.

-Veremos…

A las dieciocho horas, poco tiempo antes de cerrar el estudio, el problema volvió a manifestarse… Ahora, Alicia, que estaba operando la PC, sintió una leve angustia que oprimió su garganta. Por un instante, perdió la visión. Pestañeó varias veces, tomó una bocanada de aire y todo volvió a la normalidad, excepto la computadora que se había “tildado” nuevamente. Algo no andaba bien. Alguna cosa en la oficina había cambiado. Alicia tuvo un presentimiento y la angustia volvió a clavarle sus garras en el secreto recinto de su pecho. Llamó a Alberto y juntos convinieron en llamar nuevamente, a primera hora del día siguiente, al técnico.

La “cosa” escapó de la pantalla con una velocidad imposible de calcular. Invisible al ojo humano. Desde un vértice de la pantalla, erupcionando el demiurgo de su incomprensible mecanismo, atisbaba las pupilas de la armoniosa secretaria. ¡Qué hermosos que eran aquellos ojos! ¿Y si pudiese entrar en ellos? ¿Anidar allí su maligna presencia? Decidió  que mañana lo haría sin falta. Necesitaba adaptarse al nuevo mundo, demasiado agreste y hostil. Se quedó agazapada en un rincón del cielo raso. ¿Y por qué no ahora? –Decidió.

Alberto, desorbitaba la sátira feroz del improperio  desde el podio de su rabia esmerilada por la pérdida de tiempo y la manifiesta incapacidad de aquel técnico escudado en la ambigüedad de explicaciones no fácilmente comprensibles. Mañana pondría las cosas “en su lugar” y llamaría a otro, pero no sin antes descargar su no disimulada dosis de febril contrariedad. ¡Lo llamaría apenas abriera su negocio y le diría que era un inútil! ¡Mañana sabría ese imbécil quien era don Alberto Calvo!

Caprichosamente, decidió que esa noche “metería manos” por su cuenta en la maldita computadora.

Cuando Alicia se hubo marchado, acomodó unos papeles de su escritorio, llamó al bar de la esquina, pidió algo para comer y se instaló frente a la pérfida máquina.

Eran cerca de las veinticuatro. Llovía y el vidrio de la ventana se había empañado. Un bocinazo que vino de la calle lo trajo a la realidad. Se levantó, encendió un cigarrillo y se dispuso a relajarse por un rato. Se acercó a la ventana y escribió con su índice el nombre de “Alicia” en el vidrio empañado. Avergonzado, lo borró rápidamente con la palma de la mano.

El problema del “Cuelgue” de la PC lo volvió a atormentar. Tornó a sentarse frente al monitor e, inconciente escribió “Alicia”. ¿Sería posible? , al escribir aquel nombre la máquina se reseteó sola y todo volvió a la normalidad. ¡Lo descubrí! Casi gritó de alegría. “¡La clave es Alicia!” Apagó el equipo y lo volvió a encender varias veces. ¡El problema había desaparecido! Con alegría por haber descubierto la causa, apagó el CPU y se dispuso a irse a su casa a descansar. “Mañana me escuchará el imbécil del técnico” –Se dijo. Y apagando las luces, se marchó.

Haría cinco minutos que se había ausentado cuando imprevistamente, la pantalla se encendió y se puso de un color azul intenso. Permaneció encendida hasta las seis de la mañana y luego se apagó.

Al día siguiente, Alberto llegó más temprano que de costumbre, esperaba el arribo de Alicia para contarle lo que había descubierto. A las ocho y veinte, recibió una llamada de la madre de su secretaria informándole que esta se encontraba enferma y que no acudiría ese día al trabajo. Asintió de mala gana, recordando que igual llamaría a la casa del técnico para cantarle cuatro frescas e informarle que él había solucionado el asunto por sus propios medios.

Lo atendió una voz de mujer informándole que era la vecina que estaba al cuidado de la casa. El técnico había sufrido un infarto y había fallecido en la madrugada.

En todo el día no encendió la PC ocupado en diversos asuntos que tenía pendientes en su escritorio. Cerca del mediodía llamó a la casa de Alicia para informarse sobre su estado de salud. El hermano le contestó diciendo que se había agravado y la habían internado en una clínica neurológica. Amnesia. Por unos días no iría a trabajar.

Pasó la tarde muy angustiado. Eran demasiadas cosas negativas. Cerró temprano. Se refugió en su casa y esa noche no pudo dormir. Algo extraño roía su plexo solar. Una extraña vibración le recorría la boca del estómago…

A las tres de la mañana, le avisaron que Alicia había muerto de un accidente cerebro-vascular. La negra sensación en la boca del estomago se le hacía cada vez mas frecuente y más agresiva… Temió por su corazón. Ingirió un sedante y se vistió para salir.

La empleada de la funeraria donde velaban los restos de Alicia, encendió la computadora para introducir los datos de la infortunada mujer y enviarlos a la obra social. Le pareció ver un destello en el vértice izquierdo de la pantalla que atribuyó al reflejo del sol. Después que la PC acabó de cargar toda su configuración, tipeó el nombre “Alicia”. La pantalla del monitor se “tildo”  y se puso toda azul… Intensamente azul…

RODOLFO LEIRO Y NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina