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sábado, 5 de abril de 2025

ESPERA, PADRE -Carlos Penelas- Buenos Aires, Argentina

 











ESPERA, PADRE


Desde que te alejaste vienen los recuerdos.
Ese leve olor de tabaco recorriendo la casa
evocando al niño que dejó su aldea
el árbol familiar, la iglesia románica, el jardín
donde la voz del abuelo llamaba siempre igual.
Aquí, en esta soledad, están los dominios,
la humedad en los pies furtivos, la escarcha,
mudas escaleras, lápidas que yacen
amparadas entre hierbas y aves.
La niebla donde la tierra palpita un mar.
¿Por qué vuelves esta noche
en un paisaje donde moran otros cielos,
otros cuartos en silencios obstinados?
Espera, espera padre.
Es un sueño reciente donde de pronto
entró tu voz a mi cuarto rozando agua y muro.
Una historia, una misma soledad que me visita
entre alucinaciones y olvidos.
(Es sólo eso, nada más).
Ahora miro mis manos que envejecen.
Mientras, continúo buscando tu mirada
con avidez, desde el instinto del desorden.

Extraño destino es este esplendor
cuando todo se transparenta y huye.



CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL - Rodolfo Leiro y Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 



EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL

Un cuento de Rodolfo Leiro y Norberto Pannone


            Alberto Inocencio Calvo, había asumido su temprana viudez con crecidos vestigios de ufanías no fácilmente disimulables. Sus cincuenta vigorosos años. Lo encontraron en los senderos de la vida, todavía transitables, con ciertos apetitos que suelen consumir las impaciencias. No había ya necesidad de ocultarse tras los vastos tapices de los amores disimulados y las flamas impetuosas del deseo, podrían encenderse sin tapujos.

Él había aceptado con subida complacencia, la fresca y esbelta figura de su secretaria, Alicia Cándida Bueno.

Ella, disfrutando de sus recientes veintidós años, especulaba con los regalos y con un sueldo nada despreciable, que por otra parte, hubiese correspondido a una empleada de alto rango y altamente eficiente.

Sin embargo, la impaciencia, el mal humor y la insatisfacción, estaban consumiendo aquellas inefables horas de placer. En la oficina habían comenzado a ocurrir bastantes problemas con el funcionamiento de la computadora y el carácter de Alberto había comenzado a desnivelarse. Desde algunos días a esta parte, hubo que rehacer varias veces una serie de importantes archivos de clientes que, misteriosamente, se borraban del disco rígido.

La primera vez los tomó de sorpresa y el trabajo de reconstrucción fue muy arduo. Hubo que acudir a la joven memoria de la eficiente secretaria. Aconsejados después por el técnico en computación, comenzaron a realizar copias de seguridad y, gracias a ello, podían, reconstruir, aquello que, inevitablemente, al otro día, aparecía borrado de la PC.

-¡Maldita computadora! –Rezongaba Alberto con justificada impaciencia y enojo.

-¿Qué ha dicho esta vez el técnico, Alicia?

-Que cambió el antivirus. Que si hay problemas lo llamemos de nuevo.

Al día siguiente, se repitió el problema. La pantalla se puso azul y luego negra. Resetearon el CPU y nada. Todo se había vuelto a perder.

-¿Has llamado al técnico, Alicia?

-Vendrá hoy después de las quince, Alberto.

A Alberto Inocencio Calvo, se le habían comenzado a caer los pocos pelos que le quedaban en su declarada calvicie. Por un designio inevitable, su cráneo, parecía cumplir un destino en concordancia con su apellido.

Cuando el reloj había sobrepasado la esperada cronología de las tres de la tarde, Alberto le preguntó a su secretaria:

-¿Está lista la computadora, Alicia?

-Si, Alberto –Respondió su atrayente colaboradora.

-¿Qué ha dicho ahora ese aprendiz…?

-Que ha colocado un nuevo antivirus. Lo más efectivo que existe en plaza.

-Veremos…

A las dieciocho horas, poco tiempo antes de cerrar el estudio, el problema volvió a manifestarse… Ahora, Alicia, que estaba operando la PC, sintió una leve angustia que oprimió su garganta. Por un instante, perdió la visión. Pestañeó varias veces, tomó una bocanada de aire y todo volvió a la normalidad, excepto la computadora que se había “tildado” nuevamente. Algo no andaba bien. Alguna cosa en la oficina había cambiado. Alicia tuvo un presentimiento y la angustia volvió a clavarle sus garras en el secreto recinto de su pecho. Llamó a Alberto y juntos convinieron en llamar nuevamente, a primera hora del día siguiente, al técnico.

La “cosa” escapó de la pantalla con una velocidad imposible de calcular. Invisible al ojo humano. Desde un vértice de la pantalla, erupcionando el demiurgo de su incomprensible mecanismo, atisbaba las pupilas de la armoniosa secretaria. ¡Qué hermosos que eran aquellos ojos! ¿Y si pudiese entrar en ellos? ¿Anidar allí su maligna presencia? Decidió  que mañana lo haría sin falta. Necesitaba adaptarse al nuevo mundo, demasiado agreste y hostil. Se quedó agazapada en un rincón del cielo raso. ¿Y por qué no ahora? –Decidió.

Alberto, desorbitaba la sátira feroz del improperio  desde el podio de su rabia esmerilada por la pérdida de tiempo y la manifiesta incapacidad de aquel técnico escudado en la ambigüedad de explicaciones no fácilmente comprensibles. Mañana pondría las cosas “en su lugar” y llamaría a otro, pero no sin antes descargar su no disimulada dosis de febril contrariedad. ¡Lo llamaría apenas abriera su negocio y le diría que era un inútil! ¡Mañana sabría ese imbécil quien era don Alberto Calvo!

Caprichosamente, decidió que esa noche “metería manos” por su cuenta en la maldita computadora.

Cuando Alicia se hubo marchado, acomodó unos papeles de su escritorio, llamó al bar de la esquina, pidió algo para comer y se instaló frente a la pérfida máquina.

Eran cerca de las veinticuatro. Llovía y el vidrio de la ventana se había empañado. Un bocinazo que vino de la calle lo trajo a la realidad. Se levantó, encendió un cigarrillo y se dispuso a relajarse por un rato. Se acercó a la ventana y escribió con su índice el nombre de “Alicia” en el vidrio empañado. Avergonzado, lo borró rápidamente con la palma de la mano.

El problema del “Cuelgue” de la PC lo volvió a atormentar. Tornó a sentarse frente al monitor e, inconciente escribió “Alicia”. ¿Sería posible? , al escribir aquel nombre la máquina se reseteó sola y todo volvió a la normalidad. ¡Lo descubrí! Casi gritó de alegría. “¡La clave es Alicia!” Apagó el equipo y lo volvió a encender varias veces. ¡El problema había desaparecido! Con alegría por haber descubierto la causa, apagó el CPU y se dispuso a irse a su casa a descansar. “Mañana me escuchará el imbécil del técnico” –Se dijo. Y apagando las luces, se marchó.

Haría cinco minutos que se había ausentado cuando imprevistamente, la pantalla se encendió y se puso de un color azul intenso. Permaneció encendida hasta las seis de la mañana y luego se apagó.

Al día siguiente, Alberto llegó más temprano que de costumbre, esperaba el arribo de Alicia para contarle lo que había descubierto. A las ocho y veinte, recibió una llamada de la madre de su secretaria informándole que esta se encontraba enferma y que no acudiría ese día al trabajo. Asintió de mala gana, recordando que igual llamaría a la casa del técnico para cantarle cuatro frescas e informarle que él había solucionado el asunto por sus propios medios.

Lo atendió una voz de mujer informándole que era la vecina que estaba al cuidado de la casa. El técnico había sufrido un infarto y había fallecido en la madrugada.

En todo el día no encendió la PC ocupado en diversos asuntos que tenía pendientes en su escritorio. Cerca del mediodía llamó a la casa de Alicia para informarse sobre su estado de salud. El hermano le contestó diciendo que se había agravado y la habían internado en una clínica neurológica. Amnesia. Por unos días no iría a trabajar.

Pasó la tarde muy angustiado. Eran demasiadas cosas negativas. Cerró temprano. Se refugió en su casa y esa noche no pudo dormir. Algo extraño roía su plexo solar. Una extraña vibración le recorría la boca del estómago…

A las tres de la mañana, le avisaron que Alicia había muerto de un accidente cerebro-vascular. La negra sensación en la boca del estomago se le hacía cada vez mas frecuente y más agresiva… Temió por su corazón. Ingirió un sedante y se vistió para salir.

La empleada de la funeraria donde velaban los restos de Alicia, encendió la computadora para introducir los datos de la infortunada mujer y enviarlos a la obra social. Le pareció ver un destello en el vértice izquierdo de la pantalla que atribuyó al reflejo del sol. Después que la PC acabó de cargar toda su configuración, tipeó el nombre “Alicia”. La pantalla del monitor se “tildo”  y se puso toda azul… Intensamente azul…

RODOLFO LEIRO Y NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina


EL PACTO - Mónica Gómez- Santiago, Chile















EL PACTO


Anoche me visitó La Muerte, se sentó en mi cama, me miró con sus cuencas vacía
y me comentó sobre su gran cercanía hacia mí, la que con el tiempo se había
transformado en una sana simpatía.
No me intimidó su presencia, sabía que al mismo tiempo, era su ausencia,
Entendí - sin palabras (su lenguaje)- que éramos conocidas desde hacía mucho,
mucho tiempo
Que nos habíamos encontrado cada vez que murió alguien por mí amado y ella
había estado allí presente, esperando el deceso final con su guadaña implacable y
aterradora
Y que de tanto encontrarnos ya nos unía ese instante profundamente
desgarrador.
La recibí como a una amiga, amablemente.

¡Vine -dijo sin palabras- a proponerte un pacto, el que tú quieras, en recompensa
por haber escrito tanto y tan bien sobre mí y haberme inmortalizado en poemas,
cuentos y novelas!
Me sorprendió su generosidad – no era algo común en nuestro mundo.
Y súbitamente supe mi deseo más profundo y que sólo ella podría concederme.
¡Conocer la fecha de mi muerte! - le respondí- sin palabras.
En un susurro - sin palabras- me lo concedió.
Y extendió su mano – huesuda y fría – la que estreché con fuerza
Era sin lugar a duda el más extraordinario pacto jamás pensado y nada menos que
con ella, la inmortal- mortal, gran señora del tiempo, la venerada y temida, la
única, la sin par y la más poderosa interlocutora que una escritora como yo - sin
Nobel - hubiese podido desear.
Y puntualmente la fecha se cumplió.
En mi agonía, comprobé la honestidad de la Muerte y el cumplimiento a
compromiso dado a la palabra -sin palabras- cualidad que había buscado toda mi

vida en los humanos y que jamás había logrado encontrar.


MÓNICA GÓMEZ – Santiago, Chile
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

sábado, 29 de marzo de 2025

ALZO MI COPA - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 








ALZO MI COPA


Alzo mi copa.
En mi vino sin matiz
galopa el verso.
Busca la región de lo sublime.
Colisiona el límite
fatal de la poesía
y el cristal se rompe,
derramando la vid.
Mi sueño permanece
aún austero.
Me requiebran
de ausencias
tus recuerdos.
…y bebo.



NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina


ALCE LA MEUA COPA

Alce la meua copa.
En el meu vi sense matís
galopa el vers.
Cerca la regió del sublim.
Col·lisiona el límit
fatal de la poesia
i el cristall es trenca,
escampant els ceps.
El meu somni encara
segueix auster.
Em llagotegen
d’absències
els teus records.
…i bec.



NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina

Traducción al Catalán de Pere Bessó (Valencia, 1951). Profesor de Literatura, traductor, crítico, poeta.

A LUZ SAMANEZ PAZ, Poeta fundadora de Asolapo Internacional - Carlos Ascencio Barillas - Poeta Salvadoreño











A  LUZ SAMANEZ PAZ - Poeta peruana fundadora de Asolapo Internacional


Ella es un manantial de dulcera que guardo en mi corazón
Su poesía es la luz bella de los amaneceres
Sus versos es el agua cristalina de los arroyos

Yo, quise ser el cóndor flamante
Emperador de la ciudad del sol

Yo quise estremecerla en mi riachuelo
Y ver la sonrisa de su hermoso rostro

Yo, vi desde mis ojos la belleza que cautivo
Sus grandes ideales

Ella es la dulce poetisa de los mágicos poemas
Y la sabiduría que enciende la antorcha de la humanidad

Y su voz escarlata es el regio amanecer
Cuando vuele la alondra hacia su morada

Yo, vi su majestuosa silueta esculpida
Por grandes soñadores

Y en los bosques, ríos, y en los verdes mirtos

Ella es la joya que abrasa mi corazón,

Y las aguas que bajan de sus montañas,
Fluyen abundantes estrellas en sus ojos,
Bella poetisa del Cusco Inmortal

Yo, quise atrapar su exuberante realeza
Sacerdotisa de los incas en el templo
Sagrado del Machupicchu,

Y en Talavera de la Reina, vivirás con los siglos de las estrellas

Yo, contemplaba tus lindos ojos pensadores
Que estremecen los imponentes valles del Cusco

Y, vi que tu corazón imperial es el fulgor de los astros
Que brillan en el firmamento

Eres la gran poetisa que le da vida
A los poetas que para el corazón
El alma esta muerta

Yo, siempre te quise hermana poetisa de los Andes

Y a los ancestros que habitan en tus raíces


Yo, vi tus ilusiones que se unían con las mías
Y tus bellos versos, son suspiros del corazón
Tus manos son las margaritas del campo
Y tu sonrisa es la eterna fuente de poesía
Eres la excelsa delicia de tus viñedos
Y tus ojos luceros encendidos,

Y yo, te esperare junto al riachuelo
Y las aguas que mitigan la sed en mi garganta

Yo, vi el amor de tus entrañas
En las bellas mañanas

Y los años de nuestras vidas
Abrigaran la esperanza de la ilusión

Aunque llore de tristeza mi corazón
Aunque mis lágrimas se derramen en mis ojos

Y la fuente de tu poesía, lleve una suave brisa
hacia las cañadas de tus encantos

Yo, recordare el canto de la sirena
Con las alas poderosas del viento
Así llevare tus versos a la luz de los poetas


Yo, amaré los versos de una gran diva
Y el estilo peculiar de sus palabras
Y su vida es la vida de la naturaleza

Y la primavera de todos los amores
Yo, le diré siempre lo que pienso,
En los umbrales del ocaso

Yo, escuche los suspiros de su corazón

Yo, la esperare por toda la eternidad

Yo, la recuerdo en el crisol de mis ojos
Y su talento lo llevo en mi memoria
Ella es la bella sacerdotisa del templo mayor
Donde los Apus* hablan con el tiempo
Para encontrar su eterno destino.



*Espíritus protectores de las montañas incas



CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS
- Poeta Salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


RECUERDOS DE ACTIVIDADES DE ASOLAPO ARGENTINA - Kiyu- San José , Uruguay

 





RECUERDOS DE ACTIVIDADES DE ASOLAPO ARGENTINA



COMISIÓN DE PREMIOS Y MEDALLAS DE  ASOLAPO INTERNACIONAL 2015


 
      ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA DE POETAS, ESCRITORES Y ARTISTAS (ASOLAPO)
 
Como Presidente de la Comisión de Premios y Medallas de ASOLAPO INTERNACIONAL, hacemos llegar a la Presidenta Lic. LUZ SAMANEZ PAZ, este COMUNICADO:
 
Que en mérito a la brillante trayectoria cultural y connotación internacional, es un verdadero honor contar en ASOLAPO, con tan distinguidos intelectuales y artistas, que serán CONDECORADOS, en el marco del II Encuentro Internacional de Escritores y Artistas "Refugio de Belleza", a realizarse del 23 al 26 de abril de 2015, en KIYÚ (San José-Uruguay), en el 60 Aniversario, del mágico y encantador Balneario de KIYÚ.

 
Con la Medalla al Mérito Internacional "MARIO BENEDETTI" a:
 
*  NORBERTO PANNONE, Presidente de ASOLAPO-ARGENTINA y Miembro de la Comisión de Organización de ASOLAPO Internacional.
 
*  BELTA DÍAZ DE TONNA, Presidenta de ASOLAPO-URUGUAY.
 
^ ALMA DEL CAMPO, Directivo de ASOLAPO-URUGUAY.
 
* LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta Fundadora de ASOLAPO INTERNACIONAL.
 
Con la Medalla al Mérito Internacional "LEONARDO DA VINCI", al gran pintor costumbrista: 
 
* ENRIQUE MUÑANTE ROMÁN, Canciller Cultural Latinoamericano de ASOLAPO y Directivo de ASOLAPO-ICA. 
 
Atentamente:
 
MARIO MARTINELLI (Italia)
 
GUSTAV DE LA FONTAINE (Francia)
 
LUIS PLA BENITO (España)




ENTRE OCRES Y OLVIDOS - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina





LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA



ESTO - Fernando Pessoa - Portugal

 









ESTO

 

Dicen que pretendo o miento
En cuanto escribo. No hay tal cosa.
Simplemente
Siento imaginando.
No uso las cuerdas del corazón.

Todo cuanto sueño o pierdo,
Que pronto cae o muere en mí,
Es como una terraza que mira
Hacia otra cosa más allá.
Esa cosa me arrastra.

Y así escribo en medio
De las cosas no junto a mis pies,
Libre de mi propia confusión,
preocupado por cuanto no es.
Sentir? Dejemos al lector sentir!

FERNANDO PESSOA- Portugal

Traducción de Rafael Díaz Borbón


ENTRE PERRO Y LOBO - Olga Orozco - La Pampa, Argentina


ENTRE PERRO Y LOBO


Me clausuran en mí. 
Me dividen en dos. 
Me engendran cada día en la paciencia 
y en un negro organismo que ruge como el mar. 
Me recortan después con las tijeras de la pesadilla 
y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada 
            lado: 
una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la 
furia a solas, 
y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes 
manadas. 
No consigo saber quién es el amo aquí. 
Cambio bajo mi piel de perro a lobo. 
Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas 
            las planicies del porvenir y del pasado; 
yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños 
            muertos entre celestes pastizales. 
Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera 
            que vaya, 
o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la 
invasión del enemigo. 
Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al 
            corazón, 
y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia 
            en el lomo. 
Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara, 
y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los 
            hombres un aterciopelado veneno de piedad que raspa 
            en las entrañas. 
He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería: 
he ganado mi cetro de bestia en la intemperie, 
y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo. 
Pero ¿quién vence en mí? 
¿Quién defiende de mi bastión solitario en el desierto, la 
 sábana del sueño? 


¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde 
            mis propios dientes?

 

OLGA OROZCO – La Pampa, Argentina 

EN VANO - Arturo Capdevila - Córdoba, Argentina

 











EN VANO

¡Cuánto verso de amor, cantado en vano!
¡Oh, cómo el alma se me torna vieja
cuando me doy a recordar la añeja
historia absurda del ayer lejano!

¡Cuánto verso de amor gemido en vano!
Primero, fué el nectario, y yo la abeja...
Después mi corazón halló en tu reja
la amarga nieve que lo ha vuelto anciano.

¡Cuánto verso de amor perdido en vano!
—Hoy están mis ventanas bien abiertas;
hay sol... hay muchas flores... y es verano...

Pero da pena ver, junto a mis puertas,
en un montón de mariposas muertas,
tanto verso de amor llorado en vano.

 

ARTURO CAPDEVILA – Córdoba, Argentina.  (14/03/1889 – 20/12/1967)