Bienvenidos

sábado, 23 de noviembre de 2024

DESGARRO INTERIOR - Kazimierz Burnat - Polonia

 

















Pintura: ETSY - ZannsOriginalArt


DESGARRO INTERIOR

Su amor
se hunde por el crecimiento
de expectativas irreales
intensificando la sed
el flujo de la conciencia
efímero como un arco iris
humedece el reino de la insuficiencia
Su corazón arrítmico
escribe el último poema
lleno de inexpresables
dudas
¿te hará feliz
o se irá insatisfecho?
Cuerpo deprimido
mente animada
(tal vez recupere el ritmo cardíaco)
tal vez una sorpresa divina
desde el paladar del cielo
traerá la muerte a la agonía
dando la oportunidad de alcanzar el Origen.
Durar es sufrir
partir un aparente alivio.


KAZIMIERZ BURNAT - Polonia 
Traducción del inglés Germain Droogenbroodt – Rafael Carcelén

de “Sycenie nieznanym” (2da edición, extendida) [“Savoring the Unknown”],
Eurosystem Publ. House, Wrocław 2018, Polonia.



YA NO ESTÁS PARA LA CONGA - Clotilde Soriani de Tinnirello - Mirella Tinnirello - Rawson, Chubut, Argentina

 














YA NO ESTÁS PARA LA CONGA


Letra Clotilde Soriani Tinnirello
Música y canto en IA Mirella Tiinirello


Terminá con la milonga,
guardá el jopo en el ropero,
y el pasito de canchero
que gustaba a la mistonga.

Ya no estás para la conga
ni para el giro ligero
esa pinta de tanguero
no hay forma que se reponga.

Me da pena hacerte ver
estás cosas buen amigo
pero soy el fiel testigo

que observa tu decaer
intentando aquel placer
que compartías conmigo.

Cuando veo en el espejo
lo que se llevó la vida,
soy un matungo en caída
es esto lo que reflejo.

Así me quedo perplejo
por la pintusa perdida,
preparando la partida
hoy de la farra me alejo.

Mejor jugar a las bochas
como los octogenarios,
y no noches que derrochas

con ruegos innecesarios,
es hora de madres chochas
protegiendo sus canarios.


CLOTILDE SORIANI TINNIRELLO – Rawson, Chubut, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MISTERIOS INSOSPECHADOS… - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 








MISTERIOS INSOSPECHADOS…



Ese sereno brillo del Sol reflejándose
en las aguas que llegan a la costa
dan cierto refugio a mi mente
mientras olvido el fluir de la mirada.

El silencio transmite que no hay pausa,
que todo continúa, secretamente, más allá
de cualquier intento por seguro razonamiento.

Misterios insospechados superan el entendimiento.
Es entonces, donde surge, repentina, la guía real
señalando al humano, ya iluminado, el sendero
por el cual ocurre la vida creativa y trascendente.


ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 


JARDINERO - Olga Hernández Osorio - Medellín, Colombia

 














JARDINERO


Jardinero de todos mis días otoñales,
de muchos vendavales, inviernos y veranos,
llenando mi vida de esencias florales,
ambientador sereno de aires lejanos

Cultivas las semillas de ternura y amor,
abonas los surcos con esmerada pasión,
eres regador cotidiano de besos en flor,
regando mi alma con esperanza y perdón

Tus lotos son veleros de sublime oración,
lirios, azucenas de pureza angelical,
las rosas y claveles son cantos del corazón,
todas compañeras amables hasta el final

Jardinero complaciente adornado de fervor,
con jardines coloridos llenos de fragancia,
quiero tus ramos y macetas con suave olor,
regálame tu presencia, calidez y constancia

No olvides que fuiste jardinero de amor
generoso con tus manos y con el corazón,
regaste mis jardines llenándolos de color,
nunca abandones mis flores, quiérelas con pasión.


©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO
- Medellín, Colombia.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BONIFACIO I.A. - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 



BONIFACIO I. . A

     Una de mis carencias es ser poco fisonomista. Veo hoy los rasgos de una persona y quizá mañana los haya olvidado casi por completo. Como político resultaría un fracaso, ya que una de las eficacias de esos impostores públicos, por lo general incompetentes y tramposos, es memorizar nombres y caras; además de mostrarse todo el tiempo con dentifricadas sonrisas cautivadoras mientras aprueban aumentos de impuestos, fomentan convocatorias a elecciones y la división entre compatriotas. Sin embargo, es justo que me reconozca una memoria literaria para nada lábil ni perentoria, y hasta envidiable ya que puedo recitar poemas enteros en diversos idiomas y traer a una conversación frases célebres de remotos personajes. Tengo, además, una sobrada ductilidad para correlacionar de modo espontáneo circunstancias y hechos inverosímiles. Minucias que por supuesto me enorgullecen.

Pero a pesar de mi olvido de caras y de nombres, tengo grabada en mi mente como si ahora mismo la estuviera viendo, y creo que no se borrará nunca de mi visión, la imagen y los rasgos del  carismático joven que llegó a la fiesta de graduación acompañando a la profesora Rosarito Buenaventura, mi seductora colaboradora en el Colegio Superior de Internet, del que ejerzo la dirección.

    -Profesor, he venido acompañada de Bonifacio I.A., el primer cyborg de fabricación nacional -me dijo entrecerrando los ojos y apoyando su mano en mi brazo con un excitante gesto de coquetería-. Se lo quiero presentar; estoy segura de que le causará muy buena impresión. Es, por otro lado un perfecto caballero y para nada se le nota su condición cibernética, que establece una comparación entre el funcionamiento de un ser humano vivo y el de una máquina.

     -Un perfecto caballero con inteligencia artificial -comenté con gesto de asombro- ¿Usted me está tomado el pelo Rosarito?

­­­­­­­     Aclaro que yo, además de considerarme un hombre moderno y bien de mi tiempo, soy un profesional de la ciencia que vive bastante al día con los avances de la tecnología y sus portentosos inventos. El cyborg (o el supuesto cyborg, porque bien podía ser un impostor), se había quedado un poco rezagado; lo cual, aunque a la distancia y con algo de duda, me permitió observarlo de reojo con el debido interés.

     No sin fatuidad, un poco receloso (o mejor dicho celoso por mi interés sentimental hacia Rosarito), atiné a decir visiblemente confuso, pero con mi mejor sonrisa:

     -¡Bueno, bueno, un cyborg!  Si bien es una categoría que se ha empezado a expandir en el mundo, no estaba enterado de que hubiera uno entre nosotros, con rasgos tan diferenciados del Frankenstein de Mary Shelley, y con inteligencia artificial. Ese joven parece más un galán de cine que un robot. ¡Usted se relaciona con personajes increíbles, Rosarito!

     Con decisión ella lo tomó del brazo y lo plantó ante mí.

     -Le presento a Bonifacio, profesor.

     Me resultó extrañamente familiar el personaje. Conjeturé de inmediato que era alguien que no superaba los treinta años; se lo veía viril y rozagante. Tenía facciones recias, a la vez que gratas y sutiles. Repito que no tengo ninguna capacidad para retener los rasgos de una cara; sin embargo, la presencia de Bonifacio me dejó estupefacto. Sus manos fueron otras de las cosas que me llamaron la atención. Cuando extendió la izquierda (no la derecha como es costumbre) para estrechar la mía, noté que estaba decorada por anillos de diamantes y rubíes, quizá de altísimo valor. De cerca y en  contacto directo, esas manos parecían menos humanas que artificiales; digo esto por el estremecimiento frío que me produjo al estrecharla. Eran extremadamente pálidas y transparentes como las manos de un muerto.

     Confieso que después del saludo me sentí confuso y por un instante se me borró la imagen de Bonifacio, impidiendo que me formara una idea más o menos cierta de quién tenía frente de mí; además del lugar y el tiempo en el que se estaban desarrollando los hechos. Todo me pareció irreal, como soñado. Soy nervioso y un poco neurasténico; un defecto de familia, que no he podido superar y hace que a la menor apariencia de confusión caiga en un estado de agitación a veces incontrolable.

     Comprendí que Rosarito y Bonifacio advertían mi zozobra y convencido de que más allá de su condición de hombre-máquina podía ser un impostor, un colega que estaba fingiendo; y volví a preguntar de un modo vago, tratando de disimular mi perplejidad:

     -¿Adónde dicta clases, profesor

     -No dicto clases ni soy profesor -respondió con firmeza torciendo la cabeza-. Quizá nuestra amiga le informó mal. Soy un cyborg y desde mi condición intento ser alguien común y corriente.

     Dada esta vaga explicación, Bonifacio sonrió entrecerrando sus ojos y esbozando un irónico gesto de indulgencia. Yo señalé una sala que estaba detrás nuestro para conversar en privado. Atravesamos un breve corredor con puertas laterales, que dan al auditorio y lo invité a sentarse en uno de los sillones. Una alumna del colegio, bandeja en mano, nos siguió para convidarnos los tentadores sandwichitos de jamón y queso; otra muchacha nos ofreció una copa de champagne. Con excesiva cortesía, Bonifacio se disculpó por no beber alcohol y escogió un vaso de bebida gaseosa.

     Los rasgos de nuestro visitante eran menos agudos que amables y su mirada tenía mucho de recóndito y secreto. A pesar de mi negada capacidad para recordar los rostros, repito, creo que en este caso no olvidaré su mirada severa, intensa e inquisidora. No gesticulaba al hablar; aunque de un modo elegante, con cierta gracia, uno de sus brazos se aquietaba al costado del cuerpo.

     -Permítame informarle, estimado profesor -dijo de súbito-, que el incorporado registro Broxing Plus Taimatus, de memoria selectiva para analizar personas que llevo instalado en mi cabeza me ha dado en este preciso instante excelentes referencias de usted, ampliatorias de las ya dadas por Rosarito, que lo aprecia y admira. Otro dispositivo, el 33 hp vis / GZN,  me acaba de brindar, a su vez, su detallada biografía. Le confieso que me halaga estar ante un hombre de su prestigio no solo en el medio educativo y científico, sino también en el virtual; sé que es uno de los profesionales que más saben de cybernetis personae elevada al dominio comunicacional Premium superabulis. Sin embargo, usted se asombrará cuando le revele algunas singularidades de mi caso. A través de nuestra amiga y de la Conection Royal, también estoy enterado de que usted es una noble y respetuosa persona, de buenos sentimientos, comprensivo y dotado de gran erudición sobre los fenómenos humanos y sobrenaturales. Sé que algunas de sus teorías, además de ser estudiadas en las universidades, son tenidas en cuenta por hombres del nivel de Bill Gates y Mark Zuckerberge, y que, sin duda, causarían el asombro de mentes tan extraordinarias como la del mismo Einstein. Por esta razón me siento muy honrado de conocerlo.

     -Agradezco sus palabras, quizá un poco exageradas -respondí con orgullo, casi disculpándome-. Pues bien, aquí me tiene, humildemente dispuesto a escucharlo y conversar sin ningún impedimento; aunque no sé si es el sitio más adecuado.

     -Para mí cualquier sitio lo es -contestó Bonifacio apoyando su mano sobre mi brazo-. Tengo incorporado un elemento JVU-riki versatil de privacidad esencial y empezaré por decirle algo que quizá usted ya sabe: soy un robot a imagen y semejanza de un hombre superior, constituido de órganos sintéticos combinados con los naturales. Es decir que, desgraciadamente, no soy la consecuencia del encuentro amoroso de dos seres humanos que definimos como padres. Estoy instrumentado para moverme en este mundo con dispositivos propios de una inteligencia artificial denominada I.A. protocolaris hueste comunication, con acoples sentimentales e hipersensibles que atesoran todas las historias amatorias, todas las geografías y todas las experiencias vividas en el planeta desde su inicio hasta este momento. Y especifico diciéndole que el concepto del híbrido H.M. hombre-máquina, tan generalizado en la ciencia-ficción, se da en mí de un modo amable y casi natural aunque específicamente virtual y secreto en mi interior. Sin duda lo sorprende esto que le informo y tal vez le produzca algún rechazo, pero esta es mi condición y sin ocultarle nada me identifico ante usted como el simple Bonifacio.

     -Por lo que estoy oyendo, yo diría el incomparable y espléndido Bonifacio; usted es una suerte de Superman -deslicé quizá en un tono vulgar, bastante confundido.

     Como un versado en la materia, completo diciendo que en este siglo vivimos la extensión de un uso que ha modificado los modos de representarnos, generando nuevos códigos comunicacionales y estructurales. La masificación del uso de redes sociales humanum etentialis, ha introducido y difundido singulares y variados sistemas de interacción; sobre todo entre la gente joven, que es la que más abusa de las posibilidades tecnológicas, generando nuevos elementos masivos; a esto se suma la imponente producción y el consumo de tales objetos diseminados por todo el planeta. En esta era de masificación vía internet, la Web se utiliza cada vez más para evadirnos de la realidad o sumergirnos en esta otra forma establecida sobre “códigos virtuales”, un uso on-line vastamente difundido al que se entrega muchísima gente con afán de aventuras y posibilidad de participación 3K software, consolidados ya en todos los órdenes de la vida. Es necesario aceptar que existen posturas enfrentadas respecto de si la identidad que se construye a través del universo cibernético se considera una simple extensión de la realidad cotidiana o un espacio de falsedad. La polémica, aún no resuelta y sigue abierta.

     En el caso de Bonifacio, una sombra de duda me seguía confundiendo; de manera que se cruzó otra vez por mi mente, que podía encontrarme ante un impostor, que había empezado por engañar a mi amiga y que ahora intentaba convencerme a mí con un relato afín a la profesión que me ocupa. Con un poco de suficiencia de mi parte, se lo hice saber acompañando mis palabras con una sonrisa y un gesto de amable desconfianza. En especial porque había una notable dicotomía (acentúo “notable dicotomía”, aunque el término es quizá muy débil para expresar plenamente lo que quiero dar a entender), que se presentaba ante mí asumido como un cyborg con modos estudiadamente naturales.

     -¿No sé por qué me hace depositario de su secreto? -atiné a balbucear evidenciando mi desconfianza-. Y así, tan de golpe, como usted se presenta. La verdad, le confieso que... aún sigo confundido.

     Bonifacio sonrió con indulgencia. Su naturalidad era impresionante y perfecta a primera vista; digna, además, de un genuino modelo de varón seductor. Tenía una altura de más de un metro ochenta y su aspecto, como ya creo haber señalado, era imponente. Se notaba en él, lo que yo llamaría en términos acaso tan cursis como académicos una distinguished aristocratic air very Harvard, que daba a entender una refinada cultura de base universitaria y hasta de altísimo academicismo. De estar programado en este sentido, su caracterización era impecable.

     Sobre este tema, el de la presencia física de Bonifacio, siento una especie de melancólica satisfacción al intentar ser minucioso y prosigo con aquello que considero imperdonable en mi descripción, que se limita (valga la redundancia) a una superficial descripción. Su cara, de rasgos agradables, lucía los dientes más regulares y más blancos que se puedan concebir. En cada ocasión apropiada nacía de aquella boca de labios carnosos y sensuales una frase melodiosa, rítmica y bien timbrada, acompañada de gestos amables y precisos. Con respecto a sus ojos (vuelvo a insistir) eran de un celeste estridente y llamativo, con un brillo penetrante como el de diamantes alumbrados por un sol pleno de mediodía; pero cuando clavaba sus ojos sin pestañear su mirada cobraba la firmeza de un Julio César o de un Napoleón y cada uno de esos ojos valía por un par de órganos oculares inteligentes, que imponían respeto desde la más espontánea oblicuidad.

     En cuanto a su abundante cabellera, tirando a rubia, con rizos apenas luminosos, imagino que hubiera hecho la delicia de las masculinas estrellas de Hollywood, pues ondulaba de una manera sutil y cadenciosa como los del adolescente James Dean de “Rebelde sin causa”, o los de Robert Redford de “La jauría humana”, o del enigmático Marlon Brando de “Un tranvía llamado deseo”; eran, asimismo, impactantes sus distinguidas patillas afrancesadas, que no superaban el lóbulo de sus delicadas orejas. Su cuello era firme y, sin embargo, se expresaba sutilmente sobre el cuerpo como una cascada de pétalos; a su vez el pecho se imponía soberbio y avasallante, augusto y majestuoso, proporcional a las extremidades. Diría que nada tenía que ver con el exagerado pectoral de los fisicoculturistas, ni tampoco con el de los atletas de las pruebas olímpicas. En vano se hubiera querido encontrar alguna falla en sus maravillosas proporciones. Tan rara peculiaridad ponía de manifiesto, muy ventajosamente, unos hombros que hubieran provocado el rubor y la humillación de Miguel Ángel al esculpir el David. Subyugaba, también, la danza elegante de sus brazos que se adivinaban musculosos y perfectamente modelados debajo de su chaqueta. Puedo decir, con total seguridad, que jamás había visto perfección semejante en un ser humano. En cuanto a sus miembros inferiores no les iban en zaga en lo específico de su simetría. Eran realmente el nec plus ultra de las hermosas piernas de un Apolo de carne y hueso.

     Cuando se sentó y cruzó las piernas (todo conocedor de estética podría coincidir conmigo) mostró y reafirmó, lo que ya he expresado, pues sostenían con vigor y compensada fortaleza la elegancia de un cuerpo que parecía tallado por los buriles de Fidias, Miguel Ángel o Auguste Rodin. Sus extremidades, no menos sutiles que notables, presentaban una musculatura ni demasiado delgadas ni frágiles. En fin, imposible imaginar una curvatura más graciosa que la de esos femoris; ni siquiera faltaba la suave prominencia de la parte posterior de la fíbula, que contribuye a la conformación de unas pantorrillas que pueden adivinarse debidamente proporcionadas.

     Esas dotes corporales bien pueden relacionarse con el je ne sais quoi francés de muy exquisitas personas, estructurado de un modo afín con los dones espirituales, que tiene origen en las actitudes caballerescas; a veces afectado y sujeto a cierto estiramiento, por no decir rigidez, para expresarse con exagerada cortesía y (si se me permite decirlo de un modo más contundente), concebido o bien estudiado para cada movimiento. Una forma de expresión alejada de toda fatuidad, que en ciertas personas se convierte en lamentable afectación o pomposidad; pero que en un varón cyborg de las dimensiones de Bonifacio no podía atribuirse más que a la humana palabra “perfección”; vale decir, el loable sentido de lo que corresponde también a la dignidad legendaria de las proporciones colosales que viene de los griegos y se caracteriza en el “hombre de Vitruvio”, perfeccionado por la imaginación y el arte de Leonardo da Vinci.

     Creo que se advierte en mi descripción un apasionado e indisimulado  entusiasmo. Concluyo afirmando que Bonifacio parecía incomparable con cualquier humano, y era superador de cualquier hombre que ha pisado y pisa sobre la tierra. Después de mi acaso aburrida descripción, afirmo sin titubear bajo mi condición bien varonil, que era el más hermoso hombre que he visto bajo el sol en mi terrenal existencia.

     Bonifacio no dejó, como es lógico, de llamar la atención de todos los presentes que empezaron a rodearlo como si espontáneamente hubiesen descubierto en él a un famoso actor del cine o de la televisión; esto, sin saber, por supuesto, que se trataba de un robot. En algún momento Rosarito se acercó a mí de manera muy cauta para decirme al oído algunas frases elogiosas sobre su amigo, que yo aprobé sin disimular mi celosía, ampliándolas inclusive. Para ella, me lo confesó buscando complicidad al tocarme con su codo, Bonifacio era la persona más perfecta y brillante que había tenido el privilegio de conocer.

     -Para mí también -asentí de inmediato cuando lo deslizó en mi oído, casi como un susurro-. Lo acepto sin discrepancias, es el perfecto arquetipo del homme séduisant anticipado por Gustave Flaubert.

     -¡Cuánto me alegro, que Bonifacio lo haya deslumbrado y que se hayan entendido! -me susurró al oído Rosarito-. Él es una muestra de la perfección del universo cibernético, ¿no le parece?

     -Sí, un fabuloso arquetipo -asentí-. Y lo demuestra en cada gesto y en cada palabra que pronuncia.

     Lamenté que nos hubieran interrumpido cuando yo empezaba a profundizar sobre ese ser nacido del universo científico, dueño de un presente mágico y probablemente aterrador por ser un producto de la llamada inteligencia artificial. La deliciosa y brillante conversación de Bonifacio no había demorado en disipar completamente cualquier sombra de disgusto que yo sintiera en un comienzo.

     Nuestro amigo se evaporó de pronto, según nos anticipó por ineludibles compromisos que lo esperaban. Cuando quedamos solos con Rosarito, la abrumé de inquisidoras preguntas que no vienen al caso sobre nuestro hombre-máquina, y no sólo quedé muy complacido sino que aprendí muchas cosas sobre las que ella me aleccionó, y que yo decididamente ignoraba.

     -Le debo confesar, mi admirada y querida Rosarito, que jamás había oído a un narrador más fluido, ni a un hombre más informado -me sinceré-. Bonifacio se comunica con su sola presencia.

     Rosarito, con hábil prudencia, se abstuvo de tocar el tema que secretamente más me inquietaba; diría que lo eludió hábilmente. De mi parte, con una delicadeza que considero oportuna, me contuve de mencionar la cuestión de su -digamos-  “atractivo de naturaleza virtual” (si cabe el adjetivo calificativo en este caso), pese a que me sentía muy tentado de hacerlo. Noté asimismo que Bonifacio había preferido orientar su conversación hacia tópicos de interés filosóficos y generales, y que se había complacido especialmente en comentar muy al pasar el rápido progreso de las invenciones robóticas.

     -Profesor, me alegra mucho que piense así de nuestro Bonifacio -comentó Rosarito con alegre convicción-. Habitamos un mundo asombroso y transitamos la época más maravillosa de la historia de la humanidad. Fíjese, celulares y computadoras por todos lados y para todos los gustos; además de aviones, satélites, televisores, automóviles voladores, micros-sistemas que nos asisten todo el tiempo y nos rodean de confort y, como si fuera poco, también un cyborg perfecto que nos deslumbra y nos colma de orgullo.

     -¿Espero que usted no esté enamorada de Bonifacio? -pregunté de pronto con una sonrisita, sin poder contener mis impulsos sentimentales-. Tamaña perfección quizá no da oportunidad para que en el plano amoroso un humano rivalice con él.

     -¡Profesor, cómo se le ocurre! -se sorprendió Rosarito-. Nuestro virtual Bonifacio es el hombre súper perfecto y lo perfecto no funciona en el amor. Solamente somos amigos.

ROBERTO ALIFANO – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


REBUSCANDO EN EL PASADO - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 



REBUSCANDO EN EL PASADO

 

Se supone que cuando se llega a la jubilación se tiene tiempo para todo, pero la verdad es que sientes un vacío en tu interior que te empuja a hacer muchas cosas a la vez, y así vamos abriendo armarios, que teníamos cerrados desde hace mucho tiempo y descubrimos aquella chaqueta que me hacía sentir tan elegante, más abajo unos viejos guantes, incluso un sombrero. Este sombrero que llegué a ponerme, pensé, es muy viejo, seguramente era de mi madre o quizás de mi abuela que el tiempo corre que no veas.

Y que más puedo hallar en estos viejos cajones y aquí en el desván, llenos de polvo a no parar, me preguntaba a mi misma.

De repente me causa mucha atención una caja pequeña y al abrirla veo folletos que anunciaban las películas que proyectaban los cines. En el cine Colón sobre todo. Y es que entonces, no había televisión, ni internet ni, nada de nada.

¿Cómo lo pasábamos la gente joven de aquel tiempo ya lejano cuando sólo habían autobuses y unos cuantos coches? El domingo en la piscina municipal, por la tarde bailábamos y oíamos las maracas de Antonio Machín con “Dos gardenias para ti….”

Anthony Quinn, en “Los cañones de San Sebastián, y La hora 25” más tarde admiramos la interpretación de este magnifico actor “Zorba el griego” ¡vaya! y “Les parapluies de Cherbourg” con una espléndida actriz Cathérine Deneuve, película cantada que disfrutábamos con el corazón en un puño. “Un tranvía llamado deseo” con un gran actor  Marlon Brando y volviendo a la rutina, pues

Alcoy, no es muy grande y las personas mayores, hacen el mismo recorrido a diario, y claro cuando ves sólo a un miembro de la pareja que todos los días iban a dar la vuelta a los puentes como es habitual, es que unos de ellos ya nos “ha dejado” como solemos decir.

.-Vaya, te voy leyendo en “El Nostre”, gracias por acordarte de los viejos” me dice, un conocido, bueno todos recorremos el mismo camino, ya me lo decía mi abuelo “En cien años todos calvos”

SALOMÉ MOLTÓAlcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

                                                                                                                                             

LA MIRADA DE MARIANNA - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 



La mirada de Marianna

De niño crucé la mar muchas veces. Deslumbrado descubrí a un escritor nacido en Verona en 1862, a piratas, a islas habitadas por salvajes. De niño soñaba en el patio de mi casa con bucaneros, con barcos ingleses, con abordajes. Recorría mapas, estudiaba cielos, miraba la Cruz del Sur pensando en libros de navegación, garfios, luces marineras, hombres con patas de palo, tempestades. Con estos ojos que han de comer la tierra he visto a los malvados thugs, adoradores de la diosa Kali. Era un niño valiente y decidido; era un hombre de mar.

Con los años comprendí de a poco el significado de la palabra inmigrante, del inmigrante gallego en particular, pero también del italiano, del belga, del judío, del polaco… La inmigración es un tema. De adolescente escribí sobre el amor a una tierra lejana, casi sin saber, como un impulso que venía de muy lejos y de muy dentro. Con el tiempo decidí homenajear a esa gente. Mi padre me hablaba de su aldea, de ovejas, de montes, de rías. Y mis tías fabulaban historias, mitos, creencias. Había magia, supersticiones, inocencia. De a poco, ese niño fue entendiendo universos, mundos del otro mundo, universos individuales que eran parte de mi historia, de mi vivencia. Lentamente fui desgranando recuerdos.

Mis compañeros de la escuela primaria fueron el portugués Yañez de Gomara, el bengalí Tremal-Naik y un marahato cuyo nombre era Kammammuri. Todos sabían mi devoción por lady Marianna Guillonk, la Perla de Labuán. También sabían de mi gran amor, mis padres y hermanos. En esa casa había una biblioteca poblada en su mayoría por autores clásicos españoles. Y consignas a la hora de la cena: “no se apoyan los codos en la mesa al comer”, “ayudar en las tareas de la casa”, “no humilles ni te dejes humillar”, “el enemigo del Rey eres tú”…

Cuando viajé por primera vez a Galicia regresé con ellos. Iba por callejuelas, por senderos intentando ver con los ojos de ellos, con los ojos de don Manuel, con la voz de mi madre – María Manuela- y canciones con voces galegas en una casa de Piñeyro, Avellaneda. El asombro me impedía dormir, obcecado por una idea, por un sentimiento difícil de entender, Era gente trabajadora, humilde, honesta. Mi familia era así, rechazaban dictaduras y la hipocresía del poder. Mi corazón latía sin parar. Tocaba muros, rejas, árboles. Buscaba sin saber. Mariana debía estar en el bosque de Espenuca. Eso me dijeron mis amigos de Compostela y de Ourense. Yo pensaba que caminaba a mi lado.

Me había enamorado de Mariana. Sabía que debía regresar para buscarla. Era uno de Los tigres de Mompracem. Amaba a Marianna y ella a mí. En esos años supe que la encontraría, que la felicidad nos esperaba, pues su mirada lograba agitar mi corazón. Le había escrito cartas, le había prometido luchar contra la injusticia y la maldad.

“En la noche del 20 de diciembre de 1849 un violentísimo huracán azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de temibles piratas situada en el mar de la Malasia, a pocos centenares de kilómetros de las costas occidentales de Borneo”. Así comienza la novela Sandokán y los tigres de la Malasia (1900), obra legendaria del escritor y marino italiano Emilio Salgari. Admirado, recuerden, por millones de lectores. Entre ellos Umberto Eco y Juan Marsé.

Había un universo de fantasía. Lo lúdico y lo etéreo rodeaban mi vida, mi infancia y mi adolescencia. Hace años escribí un artículo referido a Coirós, el lugar en el mundo de mi padre. Allí, entre otras cosas, dije: “Hay nombres que llegan de la infancia. Nombres cargados de afecto, de mitos. Palabras que navegan en esa niebla del ensueño, en la niebla de los hijos de la diáspora. Podemos levantar la cabeza y decir verraco vetton. Y es hermoso el término, bella la imaginación, utópico el pronunciar. Pero eso es parte de la inteligencia emocional. En cambio si decimos casi balbuceando, casi como un rezo pagano, si decimos digo, Betanzos de los Caballeros, Espenuca o Coirós, hablamos de la infancia, de nuestros padres. Es así como vemos sus manos, sus caricias, sus miradas. Y escuchamos sus voces”.

La poesía sucede en la intimidad. Intimidad procede del latín intimus, el superlativo de interior, «lo que está más dentro, más al fondo». Lo secreto, lo de uno. Es cuando nos preguntamos: ¿Qué tradición o mito nos oculta el tiempo, la distancia, la incertidumbre, la ensoñación? Aquí estamos, entre los incensarios de oro y la mirada de los bueyes. Sólo conozco partidas, no sé del retorno.

De adulto uno descubre otras cosas. Tal vez más reales, tal vez cercanas a una verdad. Pero no sé, de verdad no sé. Se trata del pasado, de un pasado que avanza a medida que recorro la nostalgia, la textura del alma, los olores de la tierra y del pan, el reconocimiento de los heraldos invisibles. De niño había cruzado el mar. De adulto entendí el destino.

Buenos Aires, 17 de noviembre de 2024

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 16 de noviembre de 2024

EL SOBRIO Y EL GLOTÓN - Concepción Arenal - España

 








EL SOBRIO Y EL GLOTÓN

 

Había en un lugar
Dos hombres de mucha edad,
Uno de gran sobriedad
Y el otro gran comilón.

La mejor salud del mundo
Gozaba siempre el primero.
Estando de Enero a Enero
Débil y enteco el segundo.

« ¿Por qué el tragón dijo un día
Comiendo yo mucho más
Tú mucho más sano estás?
No lo comprendo a fe mía.»

«Es, le replicó el frugal,
Y muy presente lo ten,
Porque yo digiero bien,
Porque tú digieres mal.»

Haga de esto aplicación
El pedante presumido
Si porque mucho ha leído
Cree tener instrucción,

Y siempre que a juzgar fuere
La regla para sí tome:
No nutre lo que se come
Sino lo que se digiere.

 

CONCEPCIÓN ARENAL - España

Concepción Arenal -  (Ferrol, 31 de enero de 1820-Vigo, 4 de febrero de 1893)

fue una experta en derecho, pensadora, periodista, poetisa y autora dramática española encuadrada en el realismo literario y pionera en el feminismo español. Además, ha sido considerada la precursora del trabajo social en España. Perteneció a la Sociedad de San Vicente de Paul, colaborando activamente desde 1859.

 


UNA DE LAS TANTAS FORMAS DE ESCRIBIR UN POEMA - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

INALCANZABLE - Gabriella Bianco - Venecia, Italia

 












INALCANZABLE
 

Me encantó la tristeza,
Y me encantó la alegría repentina, 
 reconociéndola en los ojos del otro.

Me encantó el regreso y aún más
me encantaron las salidas,
en busca del ser humano.

Viví con sueños y deseos.
Todas mis nostalgias
ahora brillan en el horizonte.

He amado lo inalcanzable.



GABRIELLA BIANCO – Venecia, Italia

PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA – MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



IRRAGGIUNGIBILE


Ho amato la tristezza,
e ho amato la gioia improvvisa,
riconoscendola negli occhi dell’altro.

Ho amato il ritorno e ancor più
ho amato le partenze,
alla ricerca dell’essere umano.

Ho vissuto di sogni e desideri.
Tutte le mie nostalgie
ora scintillano all’orizzonte.

Ho amato l’irraggiungibile.


©GABRIELLA BIANCO, 2024 – Venecia, Italia

PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA – MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA