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sábado, 17 de agosto de 2024

EL BARQUITO - Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 


EL BARQUITO


Como encargada de la administración de la empresa donde
trabajaba tenía como misión, además de muchas otras, de ir a recoger el importe semanal para pagar a las esposas de los montadores de las máquinas que durante varios meses estaban efectuando su labor en cualquier parte del mundo.
El señor que me recibió, me hizo pasar a su despacho, una sala en donde las paredes eran en realidad una enorme biblioteca aunque lo que más me sorprendió, fue ver sobre una mesa, casi en el centro de la habitación, un acuario, pero sin agua, mejor dicho una botella, sin agua y en el centro de la misma, un pequeño barco, con sus velas, una diosa griega en la proa, redondeada la popa. Mientras esperaba que el Sr. Tomás sacara el dinero de la caja fuerte, yo me preguntaba como era posible hacer un barquito tan pequeño, tan perfecto, tan hermoso dentro de una botella, cuando el cuello de esta botella era estrecho, por allí no podía caber casi nada.
.-Sí, me llevó mucho tiempo – me dijo al observar la forma en que miraba aquella bella obra – pues para poder colocar cada pajita e ir montando ese barquito, me costó lo suyo, vaya que si! 
No dije nada, pero me abrió a una reflexión muy importante y es que muchas veces menospreciamos a las personas que no responden al esquema social que nos domina, y poco reparamos en que hay personas que consideramos insignificantes, pero cuando intentamos ir más allá de lo “socialmente correcto” como se suele decir, descubrimos un mundo sumamente importante de personas que llevan una vida interior muy rica y creativa, un mundo que les ayuda a sobrellevar los desencantos, los problemas, los inconvenientes, así como un tubo de escape.Y en estos tiempos de desencantos, tan largos, que los podemos dividir por varios más, descubrimos el inmenso sentir creativo de muchas personas y me pregunto si no será que todos llevamos dentro, una parte artística que desconocemos.


SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


CONATO DE ANALOGÍA - Rolando Revagliatti, Buenos Aires, Argentina











foto flavia Revagliatti

 

CONATO DE ANALOGÍA

Cómo orbitar a la mujer y no perder la Luna en el intento

Simón Esain

A mediados del S. XX algunos muchachos aprendimos qué es orbitar, qué sería un satélite y qué es lo artificial. Y algunos otros muchachos aprendieron psicología. La mujer ya estaba alta ante nuestro deseo, una mitológica Luna irresistible para nuestra cohetería en ciernes.

De algún modo descubrimos que unas fuerzas entran en pugna para que un satélite alcance su órbita y se mantenga en ella, tanto como pretendiéramos cuando pretendíamos acariciarnos contra la anhelada. Cualquiera fuera el modo, pasábamos a preguntarnos de cuántas vueltas requiere una mujer. ¿Y de algunas volteretas? ¿Y qué pasa cuando ella te da vuelta? ¿O cuando se desenrosca? O peor, ¿cuando se desenvuelve?

De esto no enseñaban mucho los tangos que llegaban vivos a aquella época. Hablaban de no ovillarse, de desenvoltura, nada de amar desorbitadamente, esa cualidad sólo apreciada en la flamante escuela de aspirantes a astronautas.

Un tanguero Revagliatti se lo dice de entrada, diseñando un portal: ella y yo, socios de una aventura poética, limítrofe, liquidatoria.

Caía bien la psicología al corazón de una ciudad obsedida por la conquista, una otra conquista, la de acá y hasta acá, había sido y sería remedo callejero, propia de patios y veredas, baile nocturno y versos populares.

Era típico de los primeros satélites que se enroscaran y enroscaran hasta reventar. Nuestra generación ignoraba a qué altura había que colocarse para nunca caer.

Si la Luna es irresistible ¿por qué nos era tan injustamente complicado llegar a ella? Hasta a lo largo de una década entera había mucho que aprender para poder estudiarlo. Con cuánto intento y cuánto fracaso. Cuánto proyecto desechado. Cuánto de muchachada insaciable en esta conquista del espacio. Cuánto de simple muchachada al mirarse en el espejo de la Luna y creerselá. Si no se trata de llegar a la Luna, poco vale la pena. Y si se trata de llegar a ella, lo que sea resulta necesario, en Cabo Cañaveral o acá. De cara a ella, el poeta se ofrece voluntario para la conquista; sueña lograr ilusionarla con un hombre, con que el máximo aventurero la haga soñar mirando de cerca las baldosas.

Día tras día, kilómetro a kilómetro, nos fuimos enterando de cuánto sucede alrededor de la base de lanzamiento, proyecto ambicioso siempre listo y argollas orbitales a diversas alturas y velocidades. Lo previo a cualquier lanzamiento es un laberinto de preparativos. El combustible que se descongela impone su nota paradójica. Hacerte el nudo de la corbata y agregarte agua de colonia equivale a que te calcen la escafandra, o dar unos nuevos pasos ya conectado al tubo de oxígeno. El lanzamiento es un acontecimiento, sobre todo en sí mismo, ese momento de furia, esa maldita eyaculación preconizada. Cada aspirante es un toro que se pretende novio, que es un navío que llega y entra a puerto, ¡y cómo festeja esa entrada! La órbita va estableciendo los rastros del semental, y salpica y mancha. Sucede algo que es un montón de cosas simultáneas, una nave en órbita con la humanidad abajo, los parientes próximos, los interlocutores, los observadores, los calculadores, los escépticos, los de enfrente. Y esa comunión allá arriba que nadie, salvo ellos mismos, puede atestiguar, en la que todos se regodean. Porque todo era en equipo, pero a último momento estás solo al tope de los trámites. Siempre te dejan solo frente a ella, tu pretensión. Y Revagliatti nos recita la afamada cuenta invertida de los últimos diez segundos, cargada con el racconto de éxitos y fracasos, como si cada vez fuera del todo preliminar.

Los candidatos a astronautas hacen fila. Los primeros entrenamientos los conducen a soportar la soledad; los primeros trajes protegen del vacío, las primeras mochilas ayudan a respirar. Borracheras, vómitos. Insomnios y desvelos para convocar al sueño, al sueño de conquista. Cuánto de lance, cuánto de aquellas justas cachetadas en estos poemas.

La Tierra sueña con la Luna, ese tire y afloje que no te despierta. Sus puntos neutros, equidistantes, equilibrantes y el punto de no retorno, el buscado punto G.

Selene es la amante perfecta porque no puede mandarse hacia atrás. Alta y desnuda, a la vista de todo el mundo, así es la lejana, la inalcanzable. Orbitar ¿es otra mujer? Orbitar ¿es femenino? Es muy femenino, pensará un flamante psicoanalista.

Todos los poemas son dichos, en primer lugar, a la Luna.

Pero cuanto la Luna es, resulta que no es ella; más bien parece ser uno. Es distancia, es imprecisión, es inexperiencia, es vaciedad, inseguridad, precauciones, miedo a morir del peor modo: vivos en el alto abandono. Igual a como ella flota, mientras suspiramos. ¿Flota? ¿Y si ya ha sufrido Selene ese pavoroso abandono que amenaza al comedido espacial?

Pero, en cuanto la mujer es, resulta que no es ella, no flota ni vuela, ni se queda quieta para apuntar adónde darle. Los poemas de Infamélica exponen cada circunstancia. Revagliatti es capaz hasta de pedirle que tengan una noche ridícula, casi una lápida para la humanidad.

La que ha sido mujer de astronauta orbita alrededor de su posible viudez. Mientras tanto, en su gran espacio interior el astronauta no copula, comprimido. Se prepara para atropellar (y sin quererlo) una sarta de elucubraciones medievales a cuál más escandalosa y afamada. No copula porque va en procura de establecer y alcanzar una ventana de lanzamiento. Se realizan y preservan los registros, las tablas comparativas, la homologación; todo eso que acá arriba no es orgásmico.

Aquel teatro del embutido en su nave espacial no puede ser expandido al gran escenario. Aquella almohada atormentada del que repasa sus cantidades no puede ni debe ser expuesta bajo fanales. El relato es un susurro íntimo (poético) bajo la escafandra. Al menos, podremos acceder a la versión legendaria del que viajó a la conquista de Selene a bordo del diván. Los retortijones del combustible que lo impulsa no sirven como música de fondo. En el intenso silencio cósmico, códigos, escafandra y almohada son irreemplazables. En Infamélica asistimos a varias amargas confesiones: caeremos.

Al fin y al cabo, la famosa ella es una muerta de hambre, una posible paciente más.

Dice el poeta que dice el facultativo, que dice el astronauta:

No hay modo de conocerte

en el sentido de que no hay modo de atesorarte

si es que sólo accederé a conocerte

El que llega a la Luna ¡cuánto descarna y puede! Cuánto apetito nos mata el masticar a la blanca muerta de hambre. Cuán descarnados nos vuelven los procedimientos del retorno desde el épico acontecimiento. Retornar a través de los modos de describir una historia tan íntima.

La única coherencia nos la dio el propósito. La sujeción al logro nos antepuso hasta el agotamiento. Y todos llegaremos sin haber dejado de pelear por el orden de prevalencia.

Ella… ella ennegrecida (el éxito destruye, ennegrece al deseo), es ahora el objeto poético de siempre, multiplicadas sus facetas por el desvelamiento de una sola. Sobrepasadas las terapias, faces, fases y apogeos, deslumbrado el alumbramiento, expuesto el tabú más inviolable. Porque la fuente de luz dispuso que los hombres teman diluirse en tanto ella recupere su plenilunio.

Habrá que seguir alzando la cabeza en la vereda, en la almohada o el diván. Revagliatti, poeta alunado, obtiene este su tiempo suplementario, y presume en él:

Ya no me alcanza mi víctima

por más que corra

o vuele

hacia mí.


“Infamélica”, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 98 páginas, 2022

ROLANDO REVAGLIATTI – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 10 de agosto de 2024

LA POMPA DE JABÓN - Gilberto Owen, México

















LA POMPA DE JABÓN


1
Aquel rostro, aquel libro, aquel paisaje,
y todo el iris y yo mismo, todo,
todo en tu agua sedienta de imágenes.

2
Te saludan los pájaros, las cosas
todas afinan para ti
su mejor alba de sonrisas.

Y recuerdan tus viajes, cuando ibas
como un poco de río
redondo y frágil, por el cauce
innúmero del viento.

Y te recuerdan, Arca de Noé,
porque las regalabas a los niños,
transmutando en juguetería
de Noche Buena, el Mundo.

3
Y la vida niña soplándote,
oh pompa, oh árbol de cristal de alma,
por aquella raíz
que te ocultó en su seno Poesía,
y te era, en el cielo, rama en flor
y pájaro en la rama.

Y la vida, sin fin, soplándote,
sin fin, sin fin, burbuja de emoción,
hasta tu fin sin ruido ni violencias
-cuando mucho con un rocío amargo
y trémulo, como de lágrimas.

Y pensar, corazón…

¡Y pensar, conmovido corazón,
que algún día nefando, los gusanos
han de roerte tus orgullos vanos
y emponzoñar tu fuente de emoción…!

Saber la vida tránsfuga, y saber
el fracaso de todo en un minuto:
toda tu heroica fiebre de absoluto
(náufraga en unos labios de mujer)

y todo tu dolor, y tu sensual
podredumbre obcecada, y tu efusiva
devoción a la Amada primitiva
de alma jocunda y clara de cristal.

Aún no habrás logrado modelar
tu poema mejor, cuando la pálida
Intrusa llegue, y tu Poesía, inválida,
interrumpa su lírico volar

Saber que un día, trémulo rubí,
leal y atormentado, solamente
polvo inmóvil será tu carne ardiente,
sin nada de lo noble que hay en ti.

Cuánto mejor sería, corazón,
que te agotaras, trágico y canoro,
en este amor vernal de fuego y oro,
en una fervorosa combustión.


GILBERTO OWEN - México

Gilberto Owen Estrada
Nacimiento: 13 de mayo de 1904, El Rosario, México

Fallecimiento: 9 de marzo de 1952,
Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos

AMANECER - Adela Zamudio, Cochabamba, Bolivia

 












AMANECER


Mundo carnal, la primavera,
resina en los dedos, pegajosos
después de abrazar el árbol de palma y
la corteza pegada,
su opresión débil que despierta
con un toque de rojo y los ojos
velado por la tristeza, la prohibición
se puede descubrir el centro
del corazón.
¿Cuál fue mi volunta
pero subir a los árboles,
llegar a la cima
y ver las estrellas por la noche
brillando en silencio?

Se despertó en el mundo, ahora amanece
y sin su voluntad se queda atónito,
la pereza infinita, la soledad
de nuestro manantial infinito
alegría que exhala esta amenaza,
esta melancolía.



ADELA ZAMUDIO – Cochabamba, Bolivia

Adela Zamudio Rivero (Cochabamba, 11 de octubre de 1854-Cochabamba, 2 de junio de 1928) fue una escritora, pionera del feminismo en Bolivia.


ARMADURA DE PAPEL - Marian Muiños, España

 

Armadura de papel












ARMADURA DE PAPEL



Armadura de papel
para quebrar palabras
partirlas en silencios
rasgarles confidencia
batallar contra ellas
silábicas
esdrújula
tan agudas
y punzantes palabras.
Sostienen teoremas
enarbolan sentencias
y engañan
o ultrajan
gravemente
mi armadura de papel.



MARIAN MUIÑOS – España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL SOL DE LOS AMANTES - Lêdo Ivo, Brasil

 
















EL SOL DE LOS AMANTES


El oficio de quien ama es ver
un sol oscuro sobre el lecho,
y en el frío, nacer al fuego
de un verano que no dice su nombre

Es ver, constelación de pétalos,
la nieve caer sobre la tierra,
algodón del cielo, aire del silencio
que nace entre dos espaldas.

Es morir claro y secreto
cerca de tierras absolutas,
del amor que mueve las estrellas
y encierra a los amantes en un cuarto.


Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres


LÊDO IVO - Brasil

Nacimiento: 18 de febrero de 1924, Maceió, Alagoas, Brasil
Fallecimiento: 23 de diciembre de 2012, Sevilla, España

AÑORANZAS - Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 











AÑORANZAS


Retruécano de olvidos
resuena en mis noches;
como el filo de una llaga
rasga el papel del poema
Desnutrido alimento,
sutilmente condimentado
con zumo de lágrimas
abarca la dimensión
despareja de latidos.
Unísono de canto soñoliento
verdea el agua embrujada
en el estanque del recuerdo.


LIANA FRIEDRICH – Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

¿QUIÉN ESCUCHÓ ESA VOZ? - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 







¿QUIÉN ESCUCHÓ ESA VOZ?


Se mezclaban golondrinas
en la inquieta memoria de los ventanales.
Había un texto de Martín Códax,
el tablero de ajedrez que aún espera,
el soneto de Quevedo, una fotografía de Estambul,
un levantarse de la tarde medida
que roza y vuela la urgencia de los labios.
Y un film con Louise Brooks en el altillo.
Se escucha el ocio recogido de las aves
en un bosque de cedros.
O en los manteles con sus vinos solitarios
que parecen regresar en balandras,
con los marineros de las ráfagas y de la fugacidad.
Allí la rosa azul de Novalis,
las caracolas de los pastores,
el desvelo de la madrugada en el dosel.
Ahora nombro a la doncella en el lecho.
Y rodeo la insolencia de sus caderas.

 

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

--
www.carlospenelas.com


ACERCA DE ALCOHOL Y DROGAS EN LOS TÍTULOS DE ALGUNOS TANGOS Y ALGO MÁS – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina




     

 ACERCA DE ALCOHOL Y DROGAS EN LOS TÍTULOS DE ALGUNOS TANGOS Y ALGO MÁS


     La adicción al alcohol y a las drogas no sólo han generado, y siguen generando, patologías, marginalidad, miserias, dólares y delitos, sino, también, palabras, modismos, y hasta títulos de memorables tangos. Entre otros, recordemos Whisky, de Héctor Marcó; El encopao, de Osvaldo Pugliese y Enrique Dizeo; El opio, de Francisco Canaro;  Los mareados, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo; La cocaína, de Juan Viladomat Masanas (el autor de "Fumando espero") y Gerardo Alcázar (tango español); Tango de la cocaina, de Juan Viladomat Masanas y Josep Amich Bert ('Amichatis'); Morfina, de José M. López García; Metele morfina, de C. de León Belloc; Morfinómano, de M. Dorly y Una droga, de Juan Carlos Cobián. 

         Entre las muchas historias sobre drogas y drogadictos que en el mundo han sido, está la que nos cuenta que, en la tarde de un lluvioso domingo, un joven entró en una botica de la londinense calle Oxford y adquirió un frasquito de tintura de opio para calmar su dolor de muelas. Fue así como comenzó para Thomas De Quincey un hábito que habría de atormentarlo la mayor parte de su vida. El uso prolongado de la droga produciría en él lóbregas visiones, horribles pesadillas y períodos de postración física y mental. Y de tales experiencias, De Quincey extrajo su obra clásica, Confesiones de un opiómano inglés. 

Y ahora, vaya esta otra historia, pero en cumbia:


“EL AVIADOR”

Letra: Luis Alposta

Música: Acho Estol




Sin saber nada de aviones
y pretendiendo volar
se le vino a dar la cosa
cuando se acercó al hangar.

El debut lo hizo de un saque.
Le metió para adelante
y sin pensarlo dos veces
se mandó un vuelo rasante.

Cuando consiguió el brevet,
tras pocas horas de vuelo,
era difícil hallarlo
con los dos pies en el suelo.

Y así, volando… volando…
con maquinaria caduca,
perdió brújula una noche
y terminó de la nuca.

Y al igual que el Principito,
hoy vive en otro planeta,
no quedando rastro alguno
ni de él ni de su avioneta.


LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

"El aviador" (2008) - Letra: Luis Alposta - Música: Acho Estol - Canta: Acho Estol

https://www.youtube.com/watch?v=HbYp3HQHak8&t=2s


SAMANIEGO Y EL VINO - César Tamborini Duca, León, España

 



SAMANIEGO Y EL VINO


Debo confesar que me gusta catar vinos, siendo mis predilectos los nacidos en la Denominación de Origen Riojana; y -próxima ya la vendimia, aunque haya pasado cuando lo publique- se me ocurrió entrelazar a mi artículo y la poesía de Samaniego, estos versos pareados dedicados a la vitivinicultura. El Naufragio de Simónides, publicado hace un tiempo en mi página, lo pueden leer, los que no tuvieron ocasión de hacerlo, en el enlace siguiente:

El Naufragio de Simónides Pampeando y Tangueando

Vendimia en Samaniego
En la Rioja Alavesa me encontraba
con amigos, cuyos vinos yo cataba.
Por eso, como amante del buen vino
ser devoto de Baco fue mi sino.
De los vinos prefiero el tempranillo
que me inspira en el juego del codillo.
Pese al grado de alcohol, él es muy sano
si lo bebo por placer, no con engaño;
si supiera que bebiendo me hace daño
sería el beber vino un vicio vano.

Samaniego, Samaniego es la gran cita
de vendimias que merecen la visita.
Félix “eme” fue el poeta, en Samaniego
cuyos méritos y sus fábulas no niego.
Amo el vino, amo el verso, amo a Elisa,
y en todas estas cosas, voy sin prisa.











CÉSAR JOSÉ TAMBORINI DUCA – León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Académico Correspondiente para león
Academia Porteña del Lunfardo