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sábado, 10 de agosto de 2024

AÑORANZAS - Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 











AÑORANZAS


Retruécano de olvidos
resuena en mis noches;
como el filo de una llaga
rasga el papel del poema
Desnutrido alimento,
sutilmente condimentado
con zumo de lágrimas
abarca la dimensión
despareja de latidos.
Unísono de canto soñoliento
verdea el agua embrujada
en el estanque del recuerdo.


LIANA FRIEDRICH – Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

¿QUIÉN ESCUCHÓ ESA VOZ? - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 







¿QUIÉN ESCUCHÓ ESA VOZ?


Se mezclaban golondrinas
en la inquieta memoria de los ventanales.
Había un texto de Martín Códax,
el tablero de ajedrez que aún espera,
el soneto de Quevedo, una fotografía de Estambul,
un levantarse de la tarde medida
que roza y vuela la urgencia de los labios.
Y un film con Louise Brooks en el altillo.
Se escucha el ocio recogido de las aves
en un bosque de cedros.
O en los manteles con sus vinos solitarios
que parecen regresar en balandras,
con los marineros de las ráfagas y de la fugacidad.
Allí la rosa azul de Novalis,
las caracolas de los pastores,
el desvelo de la madrugada en el dosel.
Ahora nombro a la doncella en el lecho.
Y rodeo la insolencia de sus caderas.

 

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

--
www.carlospenelas.com


ACERCA DE ALCOHOL Y DROGAS EN LOS TÍTULOS DE ALGUNOS TANGOS Y ALGO MÁS – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina




     

 ACERCA DE ALCOHOL Y DROGAS EN LOS TÍTULOS DE ALGUNOS TANGOS Y ALGO MÁS


     La adicción al alcohol y a las drogas no sólo han generado, y siguen generando, patologías, marginalidad, miserias, dólares y delitos, sino, también, palabras, modismos, y hasta títulos de memorables tangos. Entre otros, recordemos Whisky, de Héctor Marcó; El encopao, de Osvaldo Pugliese y Enrique Dizeo; El opio, de Francisco Canaro;  Los mareados, de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo; La cocaína, de Juan Viladomat Masanas (el autor de "Fumando espero") y Gerardo Alcázar (tango español); Tango de la cocaina, de Juan Viladomat Masanas y Josep Amich Bert ('Amichatis'); Morfina, de José M. López García; Metele morfina, de C. de León Belloc; Morfinómano, de M. Dorly y Una droga, de Juan Carlos Cobián. 

         Entre las muchas historias sobre drogas y drogadictos que en el mundo han sido, está la que nos cuenta que, en la tarde de un lluvioso domingo, un joven entró en una botica de la londinense calle Oxford y adquirió un frasquito de tintura de opio para calmar su dolor de muelas. Fue así como comenzó para Thomas De Quincey un hábito que habría de atormentarlo la mayor parte de su vida. El uso prolongado de la droga produciría en él lóbregas visiones, horribles pesadillas y períodos de postración física y mental. Y de tales experiencias, De Quincey extrajo su obra clásica, Confesiones de un opiómano inglés. 

Y ahora, vaya esta otra historia, pero en cumbia:


“EL AVIADOR”

Letra: Luis Alposta

Música: Acho Estol




Sin saber nada de aviones
y pretendiendo volar
se le vino a dar la cosa
cuando se acercó al hangar.

El debut lo hizo de un saque.
Le metió para adelante
y sin pensarlo dos veces
se mandó un vuelo rasante.

Cuando consiguió el brevet,
tras pocas horas de vuelo,
era difícil hallarlo
con los dos pies en el suelo.

Y así, volando… volando…
con maquinaria caduca,
perdió brújula una noche
y terminó de la nuca.

Y al igual que el Principito,
hoy vive en otro planeta,
no quedando rastro alguno
ni de él ni de su avioneta.


LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

"El aviador" (2008) - Letra: Luis Alposta - Música: Acho Estol - Canta: Acho Estol

https://www.youtube.com/watch?v=HbYp3HQHak8&t=2s


SAMANIEGO Y EL VINO - César Tamborini Duca, León, España

 



SAMANIEGO Y EL VINO


Debo confesar que me gusta catar vinos, siendo mis predilectos los nacidos en la Denominación de Origen Riojana; y -próxima ya la vendimia, aunque haya pasado cuando lo publique- se me ocurrió entrelazar a mi artículo y la poesía de Samaniego, estos versos pareados dedicados a la vitivinicultura. El Naufragio de Simónides, publicado hace un tiempo en mi página, lo pueden leer, los que no tuvieron ocasión de hacerlo, en el enlace siguiente:

El Naufragio de Simónides Pampeando y Tangueando

Vendimia en Samaniego
En la Rioja Alavesa me encontraba
con amigos, cuyos vinos yo cataba.
Por eso, como amante del buen vino
ser devoto de Baco fue mi sino.
De los vinos prefiero el tempranillo
que me inspira en el juego del codillo.
Pese al grado de alcohol, él es muy sano
si lo bebo por placer, no con engaño;
si supiera que bebiendo me hace daño
sería el beber vino un vicio vano.

Samaniego, Samaniego es la gran cita
de vendimias que merecen la visita.
Félix “eme” fue el poeta, en Samaniego
cuyos méritos y sus fábulas no niego.
Amo el vino, amo el verso, amo a Elisa,
y en todas estas cosas, voy sin prisa.











CÉSAR JOSÉ TAMBORINI DUCA – León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Académico Correspondiente para león
Academia Porteña del Lunfardo

EL ESCUERZO - Leopoldo Lugones, Córdoba, Argentina

 



EL ESCUERZO

Cuento de Leopoldo Lugones

Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba la familia, di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis pedradas. Horrorizábanme los sapos y era mi diversión aplastar cuantos podía. Así es que el pequeño y obstinado reptil no tardó en sucumbir a los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la vida semi-campestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio en lagartos y sapos. Además, la casa estaba situada cerca de un arroyo que cruza la ciudad, lo cual contribuía a aumentar la frecuencia de mis relaciones con tales bichos. Entro en estos detalles, para que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues. Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fui a preguntar por ella a la vieja criada, confidente de mis primeras empresas de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues, de interesarnos a ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre, sentada a la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado, la vi levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado animalejo. –¡Gracias a Dios que no lo hayas dejado! –exclamó con muestras de la mayor alegría–. En este mismo instante vamos a quemarlo. –Quemarlo? –dije yo–; pero qué va a hacer, si ya está muerto... –¿No sabes que es un escuerzo –replicó en tono misterioso mi interlocutora– y que este animalito resucita si no lo queman? ¡Quién te mandó matarlo! ¡Eso habías de sacar el fin con tus pedradas! Ahora voy a contarte lo que le pasó al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en paz descanse. Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las cuales puso el cadáver del escuerzo. ¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; un escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera pegado a ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula a un hombre de barba entera. –¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquía? –interrumpió aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años. –De ningún modo, señorita. Es una historia que ha pasado. Julia sonrió. –No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla... –Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo le pretensión de vengarme con ella de su sonrisa. Así, pues –proseguí–, mientras se asaba mi fatídica pieza de caza, le vieja criada hilvanó su narración que es como sigue: Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda población. El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo a pie la jornada de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo hacía, refirió a su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha. La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharlo, pidiéndole que por favor la acompañara al sitio, para quemar el cadáver del animal. –Has de saber –le dijo– que el escuerzo no perdona jamás al que lo ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no descansa hasta que pueda hacer con él otro tanto. El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer a la pobre vieja de que aquello era una paparruchada buena para asustar chicos molestos, pero indigna de preocupar a una persona de cierta reflexión. Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara a quemar los restos del animal. Inútil fue toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio, sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno de aquella tarde de noviembre. A toda costa quiso ir y él tuvo que decidirse a acompañarla. No era tan distante; unas seis cuadras a lo más. Fácilmente dieron con el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció. –¿No te lo dije? –exclamó ella echándose a llorar–; ya se ha ido; ahora ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare! –Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas o lo comería algún zorro hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad de los pastos es dañosa. Regresaron, pues, a la casita, ella siempre llorosa, él procurando distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo a las bromas y risas en presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron. Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente, a la luz de la luna, y ya se disponía él a tenderse sobre su montura para dormir, cuando Antonia le suplicó que por aquella noche siquiera, consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y dormir allí. La protesta contra semejante petición fue viva. Estaba chocha, la pobre, no había duda. ¡A quién se le ocurría pensar en hacerlo dormir, con aquel calor, dentro de una caja que seguramente estaría llena de sabandijas! Pero tales fueron las súplicas de la anciana que, como el muchacho la quería tanto, decidió acceder a semejante capricho. La caja era grande, y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud fue arreglada en el fondo la cama, metióse él adentro, y la triste viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida a pasar la noche en vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro. Calculaba ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba a bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro, casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia. Allí estaba, pues, el vengativo animal, sentado sobre las patas traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna, se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo. ¿Pero, si no era más que uno de los tantos sapos familiares que entraban cada noche a la casa en busca de insectos? Un momento respiró, sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dio de pronto un saltito, después otro, en dirección a la caja. Su intención era manifiesta. No se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con indecible expresión de terror a su hijo; dormía, vencido por el sueño, respirando acompasadamente. Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al pie de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos, y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó sobre la tapa. Antonia no se atrevió a hacer el menor movimiento. Toda su vida se había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente la pieza. Y he aquí lo que sucedió: el sapo comenzó a hincharse por grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fue reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó a tierra, se dirigió a la puerta y atravesando el patio acabó por perderse entre las hierbas. Entonces se atrevió Antonia a levantarse, toda temblorosa. Con un violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fue de tal modo horrible, que a los pocos meses murió víctima del espanto que le produjo. Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado y rígido bajo la triste luz en que la luna amortajaba aquel despojo sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.

 

LEOPOLDO LUGONESCórdoba, Argentina

de su libro “Las fuerzas extrañas


Leopoldo Antonio Lugones Argüello (Villa de María del Río Seco, Córdoba, 13 de junio de 1874-San Fernando, Buenos Aires, 18 de febrero de 1938) Wikipedia


3/08/1492, COLÓN INICIA SU ENIGMÁTICO PRIMER VIAJE A TRAVÉS DEL ATLÁNTICO - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 


Historia 

- 09:08

3/08/1492, COLÓN INICIA SU ENIGMÁTICO PRIMER VIAJE A TRAVÉS DEL ATLÁNTICO


Reina Isabel, la católica

¿Qué papel tuvo la Orden Templaria en la travesía de Colón? ¿Por qué no llevó ni un solo sacerdote, pero sí embarcó un traductor de hebreo? Antonio Las Heras responde esas y otra preguntas en esta investigación.

El viaje inicial a través del Océano Atlántico que inicia Cristóbal Colón, desde el Puerto de Palos, en la madrugada de aquel 3 de agosto de 1492, se encuentra –aún– rodeado de enigmas.

¿Por qué todas las velas de las embarcaciones lucían la cruz de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y el Templo de Jerusalén, más conocida como la Orden Templaria? ¿Debido a qué las naves zarpan en plena madrugada, antes de la salida del Sol, lo que era absolutamente inusual en aquellos tiempos? ¿Cómo es posible que no hubiera en ninguno de los tres navíos un solo sacerdote y sí un traductor de hebreo? ¿Pensaba Colón que se dirigía a las Indias… o tenía certeza de que marchaba hacia el Nuevo Mundo? ¿Hubo causas geopolíticas que obligaron a un “descubrimiento oficial” de América?

Es difícil afirmar sí el Almirante tenía certeza sobre a dónde se dirigía en verdad o si, como fue publicitado por siglos, estaba convencido que llegaría –por un camino diferente– al Extremo Oriente; más precisamente a la India. Se ha hecho hincapié en que como el paso habitual hacia aquellos lares estaba cortado, afectando en grado sumo al comercio, hubo que encontrar una nueva ruta. Los estudios demuestran que hubo otra razón mucho más importante por la cual los Reyes Católicos sostuvieron la operación y Colón consiguió el necesario financiamiento para hacerlo. Asunto éste que aun sigue en controversia. ¿Quiénes pusieron realmente el dinero para que Colón pudiera concretar su hazaña?

Colón y su conocimiento sobre los Templarios

Lo concreto que acontecía en Europa hacia fines del siglo XV es que numerosos y eximios navegantes hacían viajes “secretos” a lo que fuera, luego, denominado “Nuevo Mundo” contando con mapas que pasaban de mano en mano y a los que sólo los “iniciados” tenían acceso. De manera tal que se avecinaba el momento en que algún intrépido decidiría develar el secreto, clavar bandera en aquella tierra y presentarla como propia. No cabía otra cosa para España y Portugal –principalmente– que realizar el “descubrimiento oficial” de América en acuerdo con el Sumo Pontífice. De allí que es muy probable que el Almirante ni siquiera tuviera idea que marchaba hacia tierras oficialmente desconocidas así como que haya sido utilizado por Isabel y Fernando con tal objeto.

No somos pocos los investigadores que pensamos que Colón puso la cruz templaria en las velas de las tres naves por que estaba seguro que la Orden había llegado siglos antes a América y que los nativos reconocerían a dicha cruz como el regreso de gente amiga. Hay pruebas -inclusive en el noroeste argentino– de la presencia templaria durante el siglo XIII.

Sucesos extraños ocurrieron antes de la partida. Lo usual en estos casos, cuando la tripulación se hallaba a punto de iniciar un viaje prolongado, era que permanecieran hasta último momento con sus seres queridos y embarcar cuándo se estaba a punto de soltar amarras. En este caso especial, no fue así. El Almirante ordenó que todos los hombres estuvieran en las naves antes de las once de la noche del 2 de agosto. Empero no partió hasta iniciada la madrugada del 3 de agosto. En persona atendió que ésta orden fuera cumplida sin excepciones.

Imposible no asociar que a medianoche del 2 de agosto comenzaba a regir el decreto de los Reyes de España por el cuál ningún judío podía permanecer en su territorio. El mismo cazador de nazis Simón Wiesenthal, se ocupó en detalle de esto plasmándolo en el libro “Operación Nuevo Mundo. La misión secreta de Cristóbal Colon.”

El decreto real ponía como fecha final de partida de los judíos que no se hubieran convertido al catolicismo el 31 de julio de 1942. Mas por razones que se desconocen– la reina concedió una prórroga hasta el 2 de agosto inclusive. Justo el día que el calendario hebreo marcaba “el gran día de duelo de Israel, el 9 Ab, aniversario de la segunda destrucción del templo de Jerusalén.” (2.-)

 






Las tres carabelas con las que Cristóbal Colón realizó su enigmática travesía

Sin sacerdote, pero con un traductor de hebreo

Desde que se ocuparon los historiadores del tema de este viaje fundacional, advirtieron una llamativa ausencia: ni en la Pinta, ni en la Niña, ni en la Santa María fue embarcado un solo sacerdote. Difícil entender que Isabel y Fernando, conocidos como los Reyes Católicos, aceptaran tal cosa. Pero así fue. Ningún clérigo en esa travesía. En cambio, si embarcó Luis de Torres a quien –por lo usual– los escritos se refieren como “intérprete de Cristóbal Colón en su primer viaje.” ¿Intérprete de qué? ¿En cuál idioma era diestro Luis de Torres, a quien en Alcalá de Henares recuerda hoy una calle y en Bahamas dos sinagogas tienen su nombre? Pues hablaba hebreo. Y se trataba de un judío que se había convertido –como hicieron tantos otros– al catolicismo poco tiempo antes.

Algunos investigadores afirman que era un rabino; pero esto parece no ser cierto a más que el documentado y minucioso libro de Wiesenthal tampoco señala tal cosa.

Las causas por las que el Almirante embarcó a Luis de Torres como traductor de hebreo a llevado a interesantes debates. Quienes dan una respuesta moderada señalan que como en los relatos de Marco Polo se indica que en el Extremo Oriente hay grupos que hablan hebreo, se consideró necesario contar con un traductor eficaz.

Los más osados piensan que fue embarcado alguien que hablara este idioma con destreza ante la posibilidad de hallar descendientes de las tribus perdidas de Israel; hipótesis sostenida por quienes consideran que Colón tenía perfecto conocimiento de que las naves ponían proa hacia un Nuevo Mundo.

Luis de Torres fue uno de los 39 hombres que quedó en el asentamiento La Navidad fundado por Colón en la isla La Española. Allí murió en 1493. Interrogantes que aún permanecen cinco siglos después… y que, tal vez, continuarán por siempre.

(1.-) Wiesenthal, Simón. Operación Nuevo mundo. La misión secreta de Cristóbal Colón.” Aymá Editora. Barcelona, España, 1973

(2.-) Wiesenthal, S. Pág. 171

ANTONIO LAS HERASBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, historiador y filósofo. “Masonería en la Argentina: Enigma, secreto y política”, es su más reciente libro. 

www.antoniolasheras.com


sábado, 3 de agosto de 2024

CUESTIONES - Heinrich Heine, Düsseldorf, Alemania

 









CUESTIONES



A orillas del mar desierto,
Junto al piélago intranquilo,
Un joven lleno de dudas
Se detiene pensativo,
Y así a las ondas inquietas
Dice con aire sombrío:
-«Explicadme de la vida
El arcano no sabido,
Enigma que tantas frentes
Ardieron por descubrirlo;
Cabezas engalanadas
Con adornos pontificios,
Frentes con mitras hieráticas,
Con turbantes damasquinos,
Con birretes doctorales,
Con pelucas, con postizos
Cabellos, y tantas otras
Cabezas que el escondido
Enigma saber quisieron,
Decidme, yo os lo suplico:
¿Qué es el hombre? ¿De dó viene?
¿Adónde va su camino?
¿Qué habita en el alto cielo
Tras los astros encendido
-» El mar su canción eterna
Murmura triste y dormido;
Sopla el viento; huyen las nubes;
Los astros en el vacío
Fulguran indiferentes
Con sus resplandores fríos,
Y un demente una respuesta
Espera en tanto intranquilo.


HEINRICH HEINE – Alemania

Christian Johann Heinrich Heine (Düsseldorf, 13 de diciembre de 1797-París, 17 de febrero de 1856)


EL DESENTERRADO - Jorge Enrique Adoum, Líbano-Ecuador

 









EL DESENTERRADO


Escapa por tu vida: no mires tras de ti. Génesis, XIX, 17


Si dijeras, si preguntaras de dónde
viene, quién es, en dónde vive, no podría
hablar sino de muertos, de substancias hace
tiempo descompuestas y de las que sólo
quedan los retratos; si preguntas de nuevo,
diría que transcurre el cuarto al fondo
de la casa, que conserva destruyendo labios
como látigos, rostros, restos de útiles inútiles
y de parientes transitorios
en su soltera soledad.
Pero ¿quién puede todavía
señalar el lugar del nacimiento, quién
en la encrucijada de los aposentos, halla
la puerta por donde equivocó el camino?

Detrás de su ciega cerradura, el hombre
y su mujer ajena, que la tarde devuelve
puntualmente, suelen engañarse con amantes
abandonados o difuntos, desvestirse a oscuras,
cerrar los ojos, primero las ventanas, y con la voz
y con las manos bajas, incitarse a dormir
porque hace frío. Pero un día despiertan
para siempre desnudos, descubren la edad
del triste territorio conyugal, y se toleran
por última vez, por la definitiva, perdonándose
de espaldas su muda confesión de tiempo compartido.
Y a través de caderas sucesivas, volcadas
como generaciones de campanas, el seco río
de costumbres y ceniza continúa, arrastra
flores falsas, recuerdos, lágrimas usadas
como medallas, y en cualquier hijo recomienza
su antepasado cementerio.

Y es duro apacentar
el alma, y es preciso salvarla de la tenaz
familia: apártala de tu golpeado horario
y sus descuentos, defiéndela renunciando
a las uñas que ya nada pueden defender,
ayúdame arrancando las difíciles pestañas
que al sueño estorban, las ropas, las
palabras que establecen la identidad
desenterrada.
Porque desnudo y de nuevo
sin historia vengo: saludo, grito, golpeo
con el corazón exacto la vivienda
del residente, quiero tocar sus manos
convertidas en raíz de mujer y de tierra, y otra vez
pregunto si estuve aquí desde antes,
cuándo salí para volver amando este retorno,
si he llegado ya, si he destruido
el antiguo patrimonio de miedo y abalorios
por donde dios se abrió paso a puñetazos,
si cuanto tuve y defendía ha muerto
de su propio ruido, de su propia espada,
para sobre la herencia del salvaje tiempo
y sus secretos, para sobre sus huesos
definitivamente terrestres y quebrados,
sobre la sangre noche a noche vertida
en la verdura rota, en los telares,
recién nacer o seguir resucitando.


JORGE ENRIQUE ADOUM
– Líbano - Ecuador

Jorge Elías Francisco Adoum, alias Mago Jefa (10 de marzo de 1897 - 4 de mayo de 1958)​ de origen libanés, emigró a Ecuador

 


MUCHACHA - Pedro Valle- Rep. de El Salvador

 












MUCHACHA


¿Siempre habrá una muchacha
que consuele una frente pensativa
?

Roberto Armijo


Yo no sé si tu camino
viene hasta mí
para unir geografías de montaña y mar
Yo no sé si tu sueño
asciende hacia la misma estrella
para volver invictos bajo cualquier invierno
Yo no sé si tu amor
será otro río
para esta sed unánime de eternos caminantes
Yo nada más sé de tu palabrabrigo
y de tu presencia vigorosa de semilla
y de tu canto al borde del amanecer
y de tu oleaje tierra adentro del pecho
prolongado para siempre en mis venas y versos


PEDRO VALLE – República de El Salvador

A HORACIO SALGÁN - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 







Horacio Salgán

En “Caño Catorce” – 1976

 

A HORACIO SALGÁN

 

Creatividad

talento

inspiración

Pianista excepcional

que de “sonar muy raro”

devino vanguardista

Umpa umpa *

Estilo

que destila

un ritmo

una elegancia

un obstinato

y una impronta de tango

“A fuego lento”


* El “umpa umpa” es una forma de la polirritmia (que en la orquesta de Salgán se produce normalmente cuando se ejecutan en el bandoneón y piano diferentes patrones de golpe) que impuso el Quinteto Real y que debe su nombre a la onomatopeya de su estructura rítmica.

 

LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA