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sábado, 30 de septiembre de 2023

EL ESPEJO MÁGICO - César Tamborini Duca, León, España










EL ESPEJO MÁGICO

(cuento infantil)

En una época ya muy lejana de cuyos años no quiero acordarme para no descubrir la edad de mis hijas –que como buenas féminas tal vez no quieran se deduzca- escribí para leerles a ellas por las noches este cuentito. Hoy, pasados los años, deseo que mis nietitos lo escuchen por la noche, contado por sus papis. Pero también se los ofrezco a mis familiares y amigos para que lo cuenten, según el caso, a hijos o nietos pequeñitos, los reyes de la casa. A la niñez, que es lo más maravilloso de la vida, pues como decía una vieja canción: “Dichoso el tiempo aquél de la niñez maravillosa / el mundo era un Eden en donde el bien reinaba / y lleno de ilusión era feliz el corazón”
-Papito, papito, ¿qué me trajiste?- preguntaron al unísono Verónica y Andrea al verme llegar con un gran paquete.
-Es un espejo. Un espejo mágico- les respondí.
Las dos vinieron corriendo a mi encuentro con los brazos tendidos para que las levantara y besara. A continuación, con sus manitas de 3 años Verónica y año y medio Andrea, intentaron deshacer el envoltorio.
-No puedo, papá- dijo Verónica.
-Papá- acompañó Andrea recalcando las sílabas.
-Bueno, está bien, yo lo abriré. Acá está ¿ven?, es un bonito espejo. Mírense.
Una y otra daban vueltas alrededor del espejo, con coquetería.
-¡Qué lindo!- exclamó Verónica; -¿lo compraste para mí?
-Es para las dos. Es un espejo mágico. Por las noches, juntos los cuatro con mamá, nos miraremos al espejo y emprenderemos largos viajes a lugares de maravilla.
-¿Vamos a Villa Gesell?- me interrumpió Verónica. Yo reí de su ocurrencia.
-No hijita- le respondí; -a Villa Gesell iremos durante las vacaciones. En cambio, con este espejo, podremos viajar todas las noches, antes de dormirnos, a lugares inesperados, de ensueño.
-Yo quiero ir- dijo Verónica.
-Nena, nena- decía Andrea señalándose la pancita con ambas manos
-Ahora vamos a cenar, y después de la cena viajaremos.

* * *

-Ya estamos preparados, no necesitamos valijas. Mamá se sienta allá, papá acá, y ustedes dos, una de cada lado de mamá y papá. Todos frente al espejo. ¿Ya está?
-Sí papito- respondió Verónica.
-Bueno, cuando yo descubra el espejo, nos miraremos en él todos juntos y entonces lo atravesaremos como si fuese una puerta al universo y podremos dirigirnos en muchísimas direcciones, un poco a la izquierda, más al centro, o a la derecha, más arriba o más abajo.
Según la dirección que tomemos, llegaremos al país de hermosos pájaros cantores, de plumaje multicolor y sedoso, que construyen sus nidos en árboles bajitos porque nadie los molesta. Si llegamos antes de la medianoche tendremos oportunidad de escuchar la orquesta más maravillosa que puedan imaginar, componiendo dulces melodías con trinos armoniosos y suaves en un principio, para luego, sin perder el encanto de la armonía, llegar a las notas más estridentes de la escala en un crescendo vigoroso que nos emocionará; llegado a este punto, paulatinamente se irán suavizando las notas hasta lograr los acordes iniciales. Todo será seguido con atención por los pajaritos-espectadores los que, en determinado momento, se sumarán al conjunto como si fuesen el coro de la orquesta. Cuando termine el concierto, todos los pájaros irán ordenadamente a sus niditos y nosotros deberemos emprender el regreso a casita para no molestar su sueño. Es mejor si nos quitamos los zapatitos para no hacer ruido al caminar.
Si en cambio tomamos esta otra dirección, nuestros pasos nos llevarán al paraíso de las flores.
-¿Hay muchas florcitas?- me interrumpió Verónica.
-…cita,…cita- dijo encantadoramente Andrea.
-Muchas y hermosas flores; sus pétalos enormes, mojados con lágrimas de risa, forman arcos-iris que se extienden de unas flores a otras, constituyendo senderos transitados por incansables picaflores. Sus tallos, finos y flexibles, se mecen acompasadamente por efecto de una suave brisa. Si las observamos en conjunto, veremos el ballet más fantástico que ojo alguno pueda imaginar. Al finalizar este ballet, sacuden de sus pétalos las gotas-lágrimas-de-risa y desaparecen los senderos de arcos-iris; pliegan sus pétalos y se cubren con los sépalos del cáliz. Cuando inclinan sus cabecitas, es porque están dormidas y debemos regresar, en puntas de pie para no despertarlas. ¿Les gustan estos viajes?
-Sí, ¿adónde vamos ahora? ¡Qué lindo espejo!
-Ahora emprenderemos viaje a un mundo de fantasía. Como tenemos que recorrer un largo camino, preparé estas cometas de papel, una para cada uno. Agárrense fuerte porque son muy veloces y vuelan muy alto. El espejo ya está bien ubicado. Cuando mamá apague la luz lo atravesaremos con nuestras cometas. Ya está, Presten atención con qué facilidad nos deslizamos, y qué andar suave. Estamos atravesando las nubes, ¿ven? ¡Parecen capullos de algodón! Miren cómo se prenden y apagan las lucecitas del cielo, las estrellas. ¡Y qué grande se ve la luna! Allá a lo lejos, en la línea del horizonte, ese resplandor rojizo es del sol. Es el sol nocturno, del animado mundo de la noche de los duendes y las hadas que les permite ver en la oscuridad; como vemos nosotros ahora, gracias al espejo mágico que inundó de luciérnagas nuestro sendero.
¿Ven esa enorme montaña a nuestra derecha? Desde aquí parece un enorme cucurucho de chocolate, con crema en la punta. Vamos a acercarnos. Ahora alcanzamos a divisar una casita blanca de tejas rojas. Ese humo que sale por la chimenea nos indica que sus moradores están despiertos. Se ve luz a través de las ventanas. Miremos. ¡Oh, qué sorpresa más agradable! ¿Saben lo que estoy viendo?
-¿Qué?
-Muñecos, muchos muñecos. Muñecos de trapo rellenos de alpiste, aserrín y estopa; muñecos de madera con brillosas bisagras en sus articulaciones y zapatones de lana para evitar el tac-tac de sus pisadas resecas; muñecos de barro cocido; muñecos de porcelana; muñecos de paja. Miren sus vestidos qué cuidados, pues, aunque remendados algunos y lujosos los otros, todos denotan prolijidad. ¡Y qué colores! Si parecen vestidos con los arcos-iris formados por las gotas-lágrimas-de-risa del país de las flores. En este momento, están todos sentados, quietitos, a lo largo de una enorme mesa, con tazones humeantes. Por el aroma, debe ser una infusión muy rica; además, todos la beben de muy buena gana. Ahora se levantan todos al mismo tiempo, y se dirige cada uno a una puertita de ese enorme ropero.
¡Ellos también tienen cometas de papel! ¡Miren! ¡Cada uno saca su cometa del ropero! ¿A dónde irán? ¿Los seguimos con nuestras cometas?
-Sí, sí- contestaron Andrea y Verónica.
-Pues entonces, vamos detrás de ellos. ¡Cuántas cabriolas! ¡Cuántas marchas y contramarchas! Y ¡Cómo se divierten los muñecos con sus travesuras en el aire! Se enfrentan varios a toda velocidad y, cuando parecen próximos a chocar, se desvían unos hacia un lado, otros hacia otro, en todas direcciones, conformando hermosos fuegos de artificio. ¡Qué maravilla! Creo que ahora van a jugar a las escondidas. Sí, y se esconden detrás de las estrellas, pero las estrellas se corren y los dejan al descubierto. Entonces los muñecos las atan a sus cometas con hilos de luz, para mantenerlas fijas.
Esa estrella parece que se enojó, porque se aleja a toda velocidad; tan rápidamente, que en pocos segundos desaparece de nuestra vista. ¡Qué susto se llevó el muñeco que la mantenía atada! ¡Le faltó poco para caerse de la cometa! Menos mal que pudo deshacer a tiempo el hilo de luz. ¡Cómo se rieron los otros muñecos! Pero, por las dudas, todos desataron sus cometas y se alejaron, comentando entre ellos lo sucedido. Escuchen, uno de los más traviesos está preguntado a qué juegan ahora. ¡A la Ronda de San Miguel!, responden todos, como si estuviesen de acuerdo. ¡Qué ronda más extensa! Ocupan casi todo el cielo. Parece la Vía Láctea de los muñecos. ¡Cómo se divierten! Después de tanto corretear, se los ve un poco cansados. ¿Qué hacen ahora? ¡Ah! ¡Están cantando el arrorró a los muñecos más pequeños! ¡Oiganlos!: Arrorró mis niñas / arrorró mi sol / arrorró tesoros / de mi corazón.

Chist, mamá, no prendas la luz. Las nenas se durmieron.



CÉSAR TAMBORINI DUCA, León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Académico Correspondiente para León
Academia Porteña del Lunfardo

Este cuento fue finalista en un concurso organizado por una radio de Argentina, en la cual fue leído. Hace muuuuuchos años. (30 septiembre, 2012)

YO LE ESCRIBO - Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 










YO LE ESCRIBO



Yo le escribo a la vida, porque tengo deuda con ella,
también le escribo al tiempo porque a él le debo cada
momento.
Le escribo con privilegio a todo ser que tiene amor y dolor,
porque merece el más bello de los versos.

Aunque yo escriba, prosa y verso con toda imperfección.

Yo le escribo al Creador, descifrando
en casi nada, el Génesis y el Apocalipsis,
la misericordia y la parábola, en el Antiguo y Nuevo
Testamento.
Eso intento, con lo que Tú Creador, a mi alma cada día le
dices.

Aunque yo siga escribiendo, prosa y verso con toda
imperfección.

Escribo de lo que vivo y he vivido;
pero mi prosa y verso, tienen el silencio definido de lo que
viviré.
En la poquedad de mi narrativa y lírica escrita,
está la felicidad: aquélla, que luego conoceré.
Y solamente sé, que he escrito hasta hoy prosa y verso, con
toda imperfección.

Le escribo a las estrellas que tengo en mi vida.
Por el día escribo frases a un mundo que ya no gira,
más tarde, le escribo al rostro del tiempo, que me mira.
Hay como yo, millones de seres, que también tienen deuda
con la vida.

Te seguiré vida, osadamente escribiendo, con alegría y con
toda imperfección.


GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


UN ÁNGEL -Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 

















UN ÁNGEL


Es un ángel creado por Botticelli.

Es un ángel que se traslada del pincel de Botticelli
hasta la rama más gruesa del árbol caído,
donde se mantiene apoyado, expectante.
Lánguida es su figura sutil y sensible.

Es un ángel pintado por Botticelli mirando…
Ojos melancólicos que evocan distancias.

Es un ángel misterioso, pleno de sabiduría.

Su piel se extiende desde el lienzo hasta cubrir mi alma.



ANTONIO LAS HERAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

EXTRAÑO AMOR POR UN NEGRO FRANCÉS - Mónica Gómez, Santiago, Chile

 












EXTRAÑO AMOR POR UN NEGRO FRANCÉS                                                                                                                                                                                  

PRIMERA PARTE

Ni siquiera la infusión de gálbula para anular el veneno lograba matar el amor de la escritora por el negro francés.

Lo había intentado todo.

Humillar su belleza comparándola con la imagen de una máscara de oro.

Deshacer el hechizo de su eterna presencia, aún en los momentos de ausencia, pronunciando la palabra mágica Kaulakau, llave universal de las puertas del cielo.

Hasta, repetir en sentido inverso tres veces su nombre, para hacerlo desaparecer de todo lugar en la tierra, el alma y el pensamiento.

Pero nada.

Se habían conocido en la casa de antigüedades de Leopoldo Vial Jones, en el tercer remate de la temporada de invierno.

¡Premiêre partiè et contre partiè perfecto! –Pensó la mujer– admirando el hermoso cuerpo negro en el cual el blanco semejaba una armonía similar y contrastante.

Él en cambio no la vio, con dificultad la logró confundir con una clepsidra, escasísimo reloj de agua, antiguo, transparente y puro, que podría reflejarle su imagen.

SEGUNDA PARTE

El segundo encuentro había sido en el mismo lugar.

Aunque esta vez a solas, sin público que entorpeciera las miradas, la escritora impúdica lo miró fijamente, ofreciéndole todo, absolutamente todo, lo que quisiera, cualquier cosa.                         

Él, feral, le pidió su imaginación.

La mujer se retiró del lugar pensativa, su imaginación era lo único que realmente poseía, su más preciado tesoro.

Y la escritora se sintió perdida, tanto, que llegó a pensar que el error había sido (al parecer) la obnubilación de pensamiento que tuvo al enamorarse cuando lo vio por primera vez, sin entender que era un imposible, un absurdo en su esencia misma, no un amor sino una idea del amor propia de una imaginación idealista (la influencia de Kandinsky y el alma de todas las cosas sería siempre su perdición) ahora ante esta solicitud –pensó- debía tener cuidado.

A él en cambio, sólo el hecho de haberla hecho dudar lo dejó satisfecho.

La crueldad era algo que le producía hondo placer, su larga vida se fundamentaba en esta implacable acción y la muerte prematura de jóvenes enebros.

A los nueve días la escritora regresó.

Él impasible…esperaba.

La mujer traía una propuesta, la había pensado muy cuidadosamente, sabía que no podía cometer errores.

Le ofrecía la inmortalidad, ejercer su reconocido arte e inmortalizarlo en una historia que lo reflejara con iridiscencia de nácar, opacidad veteada de carey y majestuosidad de bronce.

Indudablemente la propuesta era interesante y habría sido la adecuada si él no hubiese sido legítimo.

Ella no sabía (jamás podría haber imaginado encontrar uno verdadero tan lejos de su lugar de origen) la inmortalidad era algo que él tenía por derecho propio desde hacía años, muchos años.

TERCERA PARTE

Él se sintió ganador desde un principio. No podía ser de otra manera, tenía a su favor una gran experiencia de vida, enormemente mayor que la de ella.

Con el propósito de provocar aún más la confusión de la escritora, decidió por unas horas, unicamente unas horas –la idea que fuera definitivo lo sacaba de quicio- abandonar su egoísmo de artista, de obra de arte viviente y convertirse en ser humano.

La noche, la verdadera noche, solamente tenía unas cuantas horas, entre la medianoche y las tres de la madrugada, tiempo suficiente para visitarla.

El espacio del sueño, segunda oscuridad, sería el lugar donde podría actuar.

Así, y sin dificultad entró lentamente en el sueño de la mujer que en esos momentos, como desde hacía nueve noches, soñaba con él.

No lo sorprendió verla desnuda, le pareció que siempre la había visto así.

Ella se movió inquieta al sentirlo en este sueño más cerca de lo acostumbrado y palpar una textura diferente, menos fría y más suave al tacto.

Le recorrió el cuerpo subiendo sus manos hasta encontrarse con una boca que la desconcertó y que acarició primero con sus dedos y luego con la lengua, sintiendo un vértigo que la arrastró hacia un lugar donde únicamente era una hembra sin otro deseo que ese hombre oscuro que entraba en sus sueños.

Él, sabedor de sus deseos más íntimos, de sus sueños, la acarició sabiamente, lamiendo sus pezones.

Rendida, Loreto lo reconoció en el dulce aroma de enebro que había sentido cuando lo vio por primera vez y que entró por su garganta invadiéndola.

Toda ella era ya una parte de él.

Él tomó lo que por derecho le pertenecía, ella lo cobijó entre sus piernas, entregrandose...

Se amaron.

El secreto los unió.

CUARTA PARTE

“Efectivamente es un auténtico Boulle, llamado así por ser obra del reconocido ebanista francés Charles André Boulle, pintor, grabador y arquitecto, el más importante artista de su época quien vivió entre 1642 y 1732 y trabajó el bronce, carey y nácar sobre los paneles taraceados de sus muebles negros de madera de enebro enriqueciendo fastuosamente y convirtiéndolos en auténticas obras de arte” –dijo el anticuario a la escritora Loreto Lo.

- ¡Pero yo como amigo! –Aconsejó en voz baja- no te recomiendo comprarlo, se dicen muchas cosas sobre Boulle y su obra!

- ¡Una... que fue tal la pasión con la que este ebanista elaboró cada una de sus piezas, que –cuentan- todas tienen ese aliento vital que lo poseyó y que las hace casi humanas!

¡Existen algunas piezas impecables, cuyo lacado alcanza una perfección casi metálica, este negro acerado que te tiene seducida, por ejemplo! –concluyó el hombre.

EPÍLOGO

 Ha sido un largo, difícil y laborioso camino –dijo Loreto Lo al periodista que la entrevistaba por el éxito de su reciente novela “Extraño Amor por un Negro Francés” –mientras acariciaba sobre su hombro izquierdo el bellísimo tatuaje con reflejos de iridiscencia de nácar, opacidad veteada de carey y majestuosidad de bronce, regalo de un hombre oscuro que la visitó una noche en sus sueños con la intención de arrebatarle su mundo, el mundo de la imaginación, y que había perdido en este encuentro cuidadosamente urdido por ella, escritora onírica de principios de milenio quien sacrificaba todo por la creación.

     Todo.

      Incluso.

     Su más hermosa historia de amor.


MÓNICA GÓMEZ, Santiago, Chile

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

Mónica Gómez, poeta, narradora y agente cultural, hizo estudios de periodismo en la Universidad de Chile, comenzó en la literatura en el Taller del escritor argentino Humberto Costantini, participó del curso de cuento fantástico de Oscar Hahn y realizó su Diplomado en la Escuela de Escritores de la Sociedad de Escritores de México.

Información completa en

 www.Wilipedia.cl,

 moigomez.blospot.com y monicagomezc.wordpress.com


PÁJAROS - Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

 

PÁJAROS

A los que nunca dejarán de intentarlo...

En especial, a los escritores santafesinos: Académicos Argentinos de Letras, Dres. Gastón Gori, Jorge Taverna Irigoyen y Julio Luis Víttori; Profs. Lics. En Letras Miguel Ángel Zanelli, Lermo Rafael Balbi y Jorge Alberto Hernández; Escritores Edgardo A. Pesante y Ángel Balzarino: Señores de los Pájaros. In memoriam…

“En los brazos de la Poesía, el alma se eleva sin que las realidades la puedan encarcelar”

(Isabel Verdecia, Hialeah, FL, Estados Unidos, 2014).

 

Plano por plano. Pieza por pieza. Piso por piso. Cueva por cueva. Nicho por nicho. Nido por nido. Y he ahí un nuevo, flamante rompecabezas urbano recortando el tiempo y el espacio. Oficio por oficio. Herramienta por herramienta. Eran como pájaros aquellos seres de alas invisibles trepados solazmente a los andamios celestiales...

   Y preparaban, en las extremas nubes de argamasa, la torre de agua de otra delgada y cristalina esfinge o templo pagano floreciendo en el vientre ciudadano de esta oxidada Babel contemporánea: hablo de ella, de mi santafesina (argentina) ciudad de la Vera Cruz, a la sazón ya sin fe y ya sin cruz...

   Templo donde ellos no sabían –ni querrían saber- sobre su suerte de tórtolas y pichones para el holocausto que, ocultos sacerdotes obispales de escritorio, mitra, báculo, casulla, manípulo, dalmática, tunicela, estola, alba, cíngulo y sandalias de astutos comerciantes letrados, urdían a diario con su vidas a modo de impiadosa ofrenda, desalmado sacrificio y rendido tributo -a cualquier costo- en honor al más “poderoso caballero” de este mundo: Don (su dios) dinero.

   A unos cincuenta metros de mi oficina, por sobre el tráfico y la indiferencia absoluta de mis pares, aquellos pájaros humanos construían nidos de cemento, acero y plástico reforzado, como nidos de lujo para otros pájaros humanos... Ah, si éstos supieran el precio al que ellos debían sujetarse para...

   Yo los miraba, absorto y demudado, admirándolos en sus vuelos de correas endebles y gastadas, en su pura valentía de equilibristas del aire con urgido ánimo de supervivencia –“porque de algo hay que vivir, y no le tengo asco a las alturas”-, y me preguntaba, cuánto alpiste comerían por su trabajo de navegantes aéreos. De controladores aéreos. De cosmonautas vernáculos sin escafandra... Cuánto alpiste arrojarían sus dueños -aquellos avaros y engordados (para el Apocalipsis) patrones de las bellas arquitecturas que sólo “ellos” moldeaban y modelaban con la sencilla sabiduría del oficio idóneo- a esas bocas hambrientas y chillonas... Cuánto alpiste darían -aquellos avaros propietarios de la empresa inmobiliaria que administraría las rentas del futuro edificio en torre “Campanario 100”-, a esas bocas cantoras y desdentadas por el viento y el sol, como efímero premio a la audacia y pericia de su cabalgadura a destajo por sobre las riesgosas rutinas de intemperie en las que  moraban como horneros deportados, pero siempre llenos de orgullo, sin embargo, como pájaros, porque lo importante era ser “eso”, pájaro, y volar, saber volar y vol...

   De pronto, el chirrido de los frenos de un automóvil justo en la esquina donde emergía el gigante constructivo, me desvió la mirada. Pero no más para volver a levantarla y presenciar, yo también, lo que sería el último vuelo, absurdo y desaforado, de uno de aquellos precoces –casi un niño por lo joven que parecía- pájaros sin módulo espacial, obnubilados por la falta de oxígeno, o el exceso de confianza en su pericia, o el fallo de un material de seguridad, o el pensamiento extraviado en las paredes a medio levantar de su casulla del Barrio La Lona -porque hoy es día de cobro de quincena-, y el descuido fatal o el golpe artero y sin aviso de una polea tonta y torpe en la cabeza vanamente enroscada ahora en un cuello roto, giratorio y mortalmente desgajado de aquel cuerpecito histriónico aunque inanimado...

   Entonces, sucedió.

   Y niego que todo fuera producto de la imaginación; de mi imaginación, o, mejor, de la indignación que había venido acumulando mientras comparaba la responsabilidad y destreza que ameritaba semejante oficio con el de otras profesiones quizás -como la mía- más cómodas, burocráticas, climatizadas y un tanto vanas –por la corrupción institucionalizada-, y la miserable ración de alpiste con la que esos pobres pájaros eran motivados a jugarse la vida en cada asiento de ladrillo que plantaban sobre aquel muro voraz que crecía y crecía, veloz, sin detenerse jamás...

   Niego eso y afirmo con certeza que, por un lado, una lustrosa bandada de golondrinas  turistas –abanicando el verano que ya se despedía de la ciudad-, y, por otro, una bandada de chijíes de pechos fundidos como en oro y plata, antes de que el plumaje pálido de su congénere fuera parte del sangriento guiñapo de un títere aplastado contra el insensible pavimento de concreto asfáltico -como una granada de carne y huesos-, lo alzó en precipitado auxilio, elevándolo hacia el más allá de los allá, sin relieves ni repliegues, sin molduras ni arabescos, sin pórticos ni galerías, sin impostas ni rosetones, sin pilares ni contrafuertes, sin columnas ni parapetos, sin escaleras ni ascensores, sin bóvedas ni subsuelos, sin puertas ni candados, sin ventanas ni antepechos, sin cañerías ni conductos, sin puentes ni cables, sin techos ni alfombras, sin tejas ni chimeneas, sin terrazas ni baldosas, sin aleros ni cobertizos, sin rejas ni barrotes, sin celosías ni listones, sin claraboyas ni buhardillas…, en un abierto, rasante y plano y recto cortejo como de ángeles luminosos que se fundieron en el crepúsculo de aquel atardecer inolvidable, mientras entonaban silbando como el viento del sur: “Sólo el verdadero amor tiene el poder de dulcificar nuestras amarguras y poetizar nuestras miserias…" Plano por plano. Pieza por pieza. Piso por piso. Cueva por cueva. Nicho por nicho. Nido por nido. Oficio por oficio. Herramientas por herramienta. Fue así, créame. Ninguno de los otros encontró sus plumas derrapadas, ni en la vereda ni en la calle contigua donde yo lo viera flotar y volar, como un pájaro con otros pájaros en un vuelo de especie que se perdió, como pájaro, hacia el reino de los pájaros... Justo el día en que debía recibir su apretada ración de alpiste.-


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 23 de septiembre de 2023

LAS CEIBAS ME HICIERON FELIZ - Gloria Nistal, España

 












LAS CEIBAS ME HICIERON FELIZ



Nunca después lo he sido tanto.
Acércate a su tronco,
Escucha sus ramas,
Te hablarán de mí,
De mi alegría incontestable.

De Yucatán a Brasil
Conectando el trópico
Por tus raíces
Me regalaste en África
El placer de ser y estar,
De reír entre tus pliegues gigantes.

Acogedora
Ceiba infinita,
Árbol sagrado,
Divino símbolo de vida,
Enriqueciste la mía
En mil tardes de deseos cumplidos.

Ceiba, lugar del gozo.



GLORIA NISTAL, España

LEER DE ARRIBA HACIA ABAJO; DESPUÉS, DE ABAJO HACIA ARRIBA – Anónimo

 



 








LEER DE ARRIBA HACIA ABAJO; DESPUÉS, DE ABAJO HACIA ARRIBA

                                                                                                                                              

>En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos.

>Solo los necios pueden creer que

>no lucharemos contra la corrupción.

>Porque si hay algo seguro para nosotros es que

>Ia honestidad y la transparencia son fundamentales

>para alcanzar nuestros ideales

>Demostraremos que es una gran estupidez creer que

>Las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos 

>Aseguramos sin resquicio de duda que

>Ia justicia social será el fin principal de nuestro accionar.

>Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean -o añoran- que

>se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política. 

>Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que

>se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.

>No permitiremos de ningún modo que

>nuestros niños mueran de hambre.

>Cumpliremos nuestros propósitos, aunque

>Ios recursos económicos se hayan agotado

>Ejerceremos el poder hasta que

>Comprendan desde ahora que

>Somos la nueva política.


ANÓNIMO

DEL VIEJO, EL CONSEJO - José María Gabriel y Galán – 28 / VI / 1870 – 6 / I / 1905 – España.

 







José María Gabriel y Galán

 

 

DEL VIEJO, EL CONSEJO

Deja la charla, Consuelo,
que una moza casadera
no debe estar en la era
si no está el Sol en el cielo.

Tu hogar tendrás apagado,
y al mozo que habla contigo
le está devorando el trigo
la yunta que ha abandonado.

Mira que está oscureciendo,
que en las riberas lejanas
ya están cantando las ranas,
ya están las aves durmiendo.

Que tocan a la oración,
y hay gentes murmuradoras
cuyos ojos a estas horas
cristales de aumento son.

Y es que los oscureceres
son unas horas menguadas
que han hecho ya desgraciadas
a muchas pobres mujeres.

Mira, muchacha, que ha sido
la tarde muy bochornosa
y va a ser fresca y hermosa
la noche que ha producido.

Mira que son muy contadas
las fuerzas de la memoria;
mira que huelen a gloria
las mieses amontonadas.

Y está tu galán delante,
y está tu hermanillo ausente,
y está el amor en creciente
y está la Luna en menguante.

Y a luz tan débil yo creo
que sola a salir no atinas
del laberinto de hacinas
donde metida te veo.

Tal vez si el mozo me oyera
pensara que esto es perfidia,
creyera que tengo envidia,
que tengo celos dijera.

Pues con la venda de amor
no viera que soy un viejo
que solo con un consejo
puedo acercarme a tu honor.

Vete, muchacha, y no quieras
llorar prematuros gozos,
que sé lo que son los mozos
y sé lo que son las eras.

Y en tales oscureceres
pláticas tales de amores
dicen los murmuradores
que son de tales mujeres...

Y tienen razón, Consuelo,
que una moza casadera
no debe estar en la era
si no está el Sol en el cielo.

 

JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN, España


ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ – José Ángel Buesa - (Cruces, Cuba, 2 / IX / 1910 - Santo Domingo, República Dominicana, 14 / VIII / 1982)

 








 José Ángel Buesa


ELEGÍA PARA TI Y PARA MÍ


Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y tú te irás borrando lentamente en mi sueño.
Un año y otro año caerán como hojas secas
de las ramas del árbol milenario del tiempo,
y tu sonrisa, llena de claridad de aurora,
se alejará en la sombra creciente del recuerdo.

II
Yo seguiré soñando mientras pasa la vida,
y quizás, poco a poco, dejaré de hacer versos,
bajo el vulgar agobio de la rutina diaria,
de las desilusiones y los aburrimientos.
Tú, que nunca soñaste más que cosas posibles,
dejarás, poco a poco, de mirarte al espejo.

III
Acaso nos veremos un día, casualmente,
al cruzar una calle, y nos saludaremos.
Yo pensaré quizás: "Qué linda es todavía".
Tú quizás pensarás: "Se está poniendo viejo".
Tú irás sola, o con otro. Yo iré solo o con otra.
O tú irás con un hijo que debiera ser nuestro.

IV
Y seguirá muriendo la vida, año tras año,
igual que un río oscuro que corre hacia el silencio.
Un amigo, algún día, me dirá que te ha visto,
o una canción de entonces me traerá tu recuerdo.
Y en estas noches tristes de quietud y de estrellas,
pensaré en ti un instante, pero cada vez menos...

V
Y pasará la vida. Yo seguiré soñando;
pero ya no habrá un nombre de mujer en mi sueño.
Ya yo te habré olvidado definitivamente
y sobre mis rodillas retozarán mis nietos.
(Quizás, para entonces, al cruzar una calle,
nos vimos frente a frente, ya sin reconocernos.)

VI
Y una tarde de sol me cubrirán de tierra,
las manos para siempre cruzadas sobre el pecho.
Tú, con los ojos tristes y los cabellos blancos,
te pasarás las horas bostezando y tejiendo.
Y cada primavera renacerán las rosas,
aunque ya tú estés vieja, y aunque yo me haya muerto.


JOSÉ ÁNGEL BUESA
, Cuba

ACERCA DE LOS VERSOS MÁS POPULARES DEL SIGLO XX – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 




 

     




José Piñeiro

 


ACERCA DE LOS VERSOS MÁS POPULARES DEL SIGLO XX

 

Durante casi todo el siglo pasado circuló entre nosotros una copla que llegó a ser más popular que las letras de Yira Yira y Mano a Mano juntas. Cuatro versos octosílabos que, de tan populares, se llegaron a folklorizar, dado que no había argentino que no los supiera de memoria, ni existía memorioso que supiese el nombre de su autor.

 Pero lo cierto es que del autor de la cuarteta de marras, no sólo se conoce el nombre sino también algunos otros datos. Se llamaba José Piñeiro, quien había nacido en Pontevedra (España) en 1879, y a los quince años llegó a Buenos Aires, ciudad en la que falleció en 1967. De él se sabe que trabajó como cadete de almacén; que fue mayoral de tranways; que fue dibujante y calígrafo y que llegó a jubilarse como técnico de FFCC del Sud.

 La otra historia, la que nos interesa, es la que nos cuenta que en 1901, estando de visita en casa de su prima, Generosa Piñeiro de Dopazo, en La Paz (Entre Ríos), ante el pedido de su sobrinita de cuatro años (llamada Carmencita Dopazo), improvisó una cuarteta para que ésta la recitase en un acto del 25 de Mayo en la Escuela General San Martín:

 “En el cielo las estrellas,

 en el campo las espinas

 y en el medio de mi pecho

 la República Argentina”.

 

LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA