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sábado, 9 de septiembre de 2023

VISITAS - Octavio Paz, México. Nacimiento: 31 de marzo de 1914, Ciudad de México, México Fallecimiento: 19 de abril de 1998, Ciudad de México, México

 









VISITAS

 

A través de la noche urbana de piedra y sequía
entra el campo a mi cuarto.
Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,
con pulseras de hojas.
Lleva un río de la mano.
El cielo del campo también entra,
con su cesta de joyas acabadas de cortar.
Y el mar se sienta junto a mí,
extendiendo su cola blanquísima en el suelo.
Del silencio brota un árbol de música.
Del árbol cuelgan todas las palabras hermosas
que brillan, maduran, caen.
En mi frente, cueva que habita un relámpago...
Pero todo se ha poblado de alas.

 

OCTAVIO PAZ, México

 

Octavio Irineo Paz Lozano​ fue un poeta, ensayista y diplomático mexicano. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1990 y el Premio Cervantes en 1981. Se le considera uno de los más influyentes autores del siglo XX y uno de los más grandes poetas de todos los tiempos.​ Wikipedia

Nacimiento: 31 de marzo de 1914, Ciudad de México, México

Fallecimiento: 19 de abril de 1998, Ciudad de México, México


CONFIANZAS - Juan Gelman, Buenos Aires, Argentina

 












CONFIANZAS


Se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe.

 

JUAN GELMAN, Buenos Aires, Argentina


LA NOCHE - Guy De Maupassant - (Francia, 1850-1893)

 



LA NOCHE

Amo la noche con pasión. La amo, como uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo, profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos, que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara. El búho huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro, y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito vibrante y siniestro.

El día me cansa y me aburre. Es brutal y ruidoso. Me levanto con esfuerzo, me visto con desidia y salgo con pesar, y cada paso, cada movimiento, cada gesto, cada palabra, cada pensamiento me fatiga como si levantara una enorme carga.

Pero cuando el sol desciende, una confusa alegría invade todo mi cuerpo. Me despierto, me animo. A medida que crece la sombra me siento distinto, más joven, más fuerte, más activo, más feliz. La veo espesarse, dulce sombra caída del cielo: ahoga la ciudad como una ola inaprensible e impenetrable, oculta, borra, destruye los colores, las formas; oprime las casas, los seres, los monumentos, con su tacto imperceptible.

Entonces tengo ganas de gritar de placer como las lechuzas, de correr por los tejados como los gatos, y un impetuoso deseo de amar se enciende en mis venas.

Salgo, unas veces camino por los barrios ensombrecidos, y otras por los bosques cercanos a París donde oigo rondar a mis hermanas las fieras y a mis hermanos, los cazadores furtivos. Aquello que se ama con violencia acaba siempre por matarlo a uno.

Pero ¿cómo explicar lo que me ocurre? ¿Cómo hacer comprender el hecho de que pueda contarlo? No sé, ya no lo sé. Sólo sé que es. Helo aquí.

El caso es que ayer -¿fue ayer?-. Sí, sin duda, a no ser que haya sido antes, otro día, otro mes, otro año -no lo sé-. Debió ser ayer, pues el día no ha vuelto a amanecer, pues el sol no ha vuelto a salir. Pero, ¿desde cuándo dura la noche? ¿Desde cuándo…? ¿Quién lo dirá? ¿Quién lo sabrá nunca? El caso es que ayer salí como todas las noches después de la cena. Hacía, bueno, una temperatura agradable, hacía calor. Mientras bajaba hacia los bulevares, miraba sobre mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el cielo por los tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros. Todo se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las farolas de gas. Brillaban tantas luces allá arriba y en la ciudad que las tinieblas parecían iluminarse. Las noches claras son más alegres que los días de sol espléndido.

En el bulevar resplandecían los cafés; la gente reía, pasaba o bebía. Entré un momento al teatro; ¿a qué teatro? ya no lo sé. Había tanta claridad que me entristecí y salí con el corazón algo ensombrecido por aquel choque brutal de luz en el oro de los balcones, por el destello ficticio de la enorme araña de cristal, por la barrera de fuego de las candilejas, por la melancolía de esta claridad falsa y cruda.

Me dirigí hacia los Campos Elíseos, donde los cafés concierto parecían hogueras entre el follaje. Los castaños radiantes de luz amarilla parecían pintados, parecían árboles fosforescentes. Y las bombillas eléctricas, semejantes a lunas destellantes y pálidas, a huevos de luna caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los hilos del gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de cristales coloreados.

Me detuve bajo el Arco del Triunfo para mirar la avenida, la larga y admirable avenida estrellada, que iba hacia París entre dos líneas de fuego, y los astros, los astros allá arriba, los astros desconocidos, arrojados al azar en la inmensidad donde dibujan esas extrañas figuras que tanto hacen soñar e imaginar.

Entré en el Bois de Boulogne y permanecí largo tiempo. Un extraño escalofrío se había apoderado de mí, una emoción imprevista y poderosa, un pensamiento exaltado que rozaba la locura.

Anduve durante mucho, mucho tiempo. Luego volví.

¿Qué hora sería cuando volví a pasar bajo el Arco del Triunfo? No lo sé. La ciudad dormía y nubes, grandes nubes negras, se esparcían lentamente en el cielo.

Por primera vez sentí que iba a suceder algo extraordinario, algo nuevo. Me pareció que hacía frío, que el aire se espesaba, que la noche, que mi amada noche, se volvía pesada en mi corazón. Ahora la avenida estaba desierta. Solos, dos agentes de policía paseaban cerca de la parada de coches de caballos y, por la calzada iluminada apenas por las farolas de gas que parecían moribundas, una hilera de vehículos cargados con legumbres se dirigía hacia el mercado de Les Halles. Iban lentamente, llenos de zanahorias, nabos y coles. Los conductores dormían, invisibles, y los caballos mantenían un paso uniforme, siguiendo al vehículo que los precedía, sin ruido sobre el pavimento de madera. Frente a cada una de las luces de la acera, las zanahorias se iluminaban de rojo, los nabos se iluminaban de blanco, las coles se iluminaban de verde, y pasaban, uno tras otro, estos coches rojos; de un rojo de fuego, blancos, de un blanco de plata, verdes, de un verde esmeralda.

Los seguí, y luego volví por la calle Royale y aparecí de nuevo en los bulevares. Ya no había nadie, ya no había cafés luminosos, sólo algunos rezagados que se apresuraban. Jamás había visto un París tan muerto, tan desierto. Saqué mi reloj. Eran las dos.

Una fuerza me empujaba, una necesidad de caminar. Me dirigí, pues, hacia la Bastilla. Allí me di cuenta de que nunca había visto una noche tan sombría, porque ni siquiera distinguía la columna de julio, cuyo genio de oro se había perdido en la impenetrable oscuridad. Una bóveda de nubes, densa como la inmensidad, había ahogado las estrellas y parecía descender sobre la tierra para aniquilarla.

Volví sobre mis pasos. No había nadie a mi alrededor. En la Place du Château-d’Eau, sin embargo, un borracho estuvo a punto de tropezar conmigo, y luego desapareció. Durante algún tiempo seguí oyendo su paso desigual y sonoro. Seguí caminando. A la altura del barrio de Montmartre pasó un coche de caballos que descendía hacia el Sena. Lo llamé. El cochero no respondió. Una mujer rondaba cerca de la calle Drouot: «Escúcheme, señor.» Aceleré el paso para evitar su mano tendida hacia mí. Luego nada. Ante el Vaudeville, un trapero rebuscaba en la cuneta. Su farolillo vacilaba a ras del suelo. Le pregunté:

-¿Amigo, qué hora es?

-¡Y yo que sé! -gruñó-. No tengo reloj.

Entonces me di cuenta de repente de que las farolas de gas estaban apagadas. Sabía que en esta época del año las apagaban pronto, antes del amanecer, por economía; pero aún tardaría tanto en amanecer…

«Iré al mercado de Les Halles», pensé, «allí al menos encontré vida».

Me puse en marcha, pero ni siquiera sabía ir. Caminaba lentamente, como se hace en un bosque, reconociendo las calles, contándolas.

Ante el Crédit Lyonnais ladró un perro. Volví por la calle Grammont, perdido; anduve a la deriva, luego reconocí la Bolsa, por la verja que la rodea. Todo París dormía un sueño profundo, espantoso. Sin embargo, a lo lejos rodaba un coche de caballos, uno solo, quizá el mismo que había pasado junto a mí hacía un instante. Intenté alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las calles solitarias y negras, negras como la muerte.

Una vez más me perdí. ¿Dónde estaba? ¡Qué locura apagar tan pronto el gas! Ningún transeúnte, ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de un gato en celo. Nada.

«¿Dónde estaban los agentes de policía?», me dije. «Voy a gritar, y vendrán.» Grité, no respondió nadie.

Llamé más fuerte. Mi voz voló, sin eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esta noche impenetrable.

Grité más fuerte: «¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!»

Mi desesperada llamada quedó sin respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tic-tac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva. Me encontraba menos solo. ¡Qué misterio! Caminé de nuevo como un ciego, tocando las paredes con mi bastón, levantando los ojos al cielo, esperando que por fin llegara el día; pero el espacio estaba negro, completamente negro, más profundamente negro que la ciudad.

¿Qué hora podía ser? Me parecía caminar desde hacía un tiempo infinito pues mis piernas desfallecían, mi pecho jadeaba y sentía un hambre horrible.

Me decidí a llamar en la primera casa. Toqué el timbre de cobre, que sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera el único del edificio. Esperé. No contestó nadie. No abrieron la puerta. Llamé de nuevo; esperé… Nada.

Tuve miedo. Corrí a la casa siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o mis manos todas las puertas obstinadamente cerradas.

Y de pronto, vi que había llegado al mercado de Les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto.

Un espantoso terror se apoderó de mí. ¿Qué sucedía? ¡Oh Dios mío! ¿Qué sucedía?

Me marché. Pero, ¿y la hora? ¿Y la hora? ¿Quién me diría la hora?

Ningún reloj sonaba en los campanarios o en los monumentos. Pensé: «Voy a abrir el cristal de mi reloj y tocaré la aguja con mis dedos.» Saqué el reloj… ya no sonaba… se había parado. Ya no quedaba nada, nada, ni siquiera un estremecimiento en la ciudad, ni un resplandor, ni la vibración de un sonido en el aire. Nada. Nada más. Ni tan siquiera el rodar lejano de un coche, nada.

Me encontraba en los muelles, y un frío glacial subía del río.

¿Corría aún el Sena?

Quise saberlo, encontré la escalera, bajé… No oía la corriente bajo los arcos del puente… Unos escalones más… luego la arena… el fango… y el agua… hundí mi brazo, el agua corría, corría, fría, fría, fría… casi helada… casi detenida… casi muerta.

Y sentí que ya nunca tendría fuerzas para volver a subir… y que iba a morir allí abajo… yo también, de hambre, de cansancio, y de frío.

“La Nuit”, 1887

GUY DE MAUPASSANT - (Francia, 1850-1893)


EN AQUELLA CASA - Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 



 









EN AQUELLA CASA

 

En aquella casa todo era brilloso.

En aquella casa la yerba y sus infusiones estaban prohibidas.

En aquella casa nadie jugaba al ajedrez.

En aquella casa, su dueño había adiestrado

a un doberman, de tal manera…

que toda vez que oía la palabra “mate”, obedecía.

 

LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

·        De su libro "Trece Historias a Muerte" (para leer de un saque), cuentos breves, 1° Ed, La Casona de Iván Grondona, Buenos Aires, 1978; 2da. Ed. El lunfa, Buenos Aires, 1982.


GLOSA A LA SOLEÁ - Rafael De León - (Sevilla, 6 de febrero de 1908 -Madrid, 9 de diciembre de 1982), España

 












GLOSA A LA SOLEÁ



¿Te acuerdas de aquella copla
que escuchamos aquel día
sin saber quién la cantaba
ni de qué rincón salía?
Pero qué estilo, qué duende,
qué sentimiento y qué voz;
creo que se nos saltaron
las lágrimas a los dos.
"Toíto te lo consiento
menos faltare a mi mare
que a una mare no se encuentra
y a ti te encontré en la calle".

No vayas a figurarte
que esto va con intensión.
Tú sabes que por ti tengo
clavao en mi corazón
el queré más puro y firme
que ningún hombre sintiera
por la que Dios uno y trino
le entregó por compañera.
Pero es bonita la copla
y entra bien por soleares:
"Toíto te lo consiento
menos faltare a mi mare..."
Y me enterao casualmente
de que le fartaste ayé
y nadie me lo ha contao,
nadie, pero yo lo sé.
Yo tengo entre dos amores
mi corazón repartío
si le encuentro a uno llorando
es que el otro le ha ofendío;
y mira, nunca me quejo
de tus caprichos constantes.
¿Quiere un vestío? ¡catorse!
¿quiere un reló? ¡de brillantes!
Ni me importa que la gente
vaya de mí murmurando
que si soy pa ti un muñeco,
que si me has quitao er mando
que en la diestra y la siniestra
tienes un par de agujeros
por donde se va a los baños
el río de mis dineros...
¡Y a mí qué...?

Con tal de que de mi lao
tú nunca te desepares
toíto te lo consiento
menos faltarle a mi mare.
Porque esa mimbre de luto
que no levanta la voz
que no ha tenío siquiera
contigo ni un sí ni un no;
que anda como una pavesa,
que no gime ni suspira,
que se le llenan los ojos
de gloria cuando nos mira;
que me crió con su sangre;
que me llevaba la mano
para que me santiguara
como todo fiel cristiano
y en las candelas del hijo
consumió su juventú
cuando era cuarenta veses
mucho más guapa que tú.
Tienes que hacerte a la cuenta
que la has visto en los artare
y jincarte de rodillas
antes de hablarle a mi mare;
porque el amó que te tengo
se lo debes a su amó,
que yo me casé contigo
porque ella me lo mandó.
Conque a ver si tu consiensia
se aprende esta copla mía
mu semejante a aquer cante
que escuchamos aquer día
sin sabé quién lo cantaba
ni de qué rincón salía.

"A la mare de mi arma
la quiero desde la cuna;
por Dios, no me la avasalles
que mare no hay más que una
y a ti te encontré en la calle".


RAFAEL DE LEÓN, España

 *“Glosa a la soleá” · Pepe Pinto Éxitos de Quintero, León y Quiroga, Vol. 3

Click: https://www.youtube.com/watch?v=tqwQ-fqb29Y


NOCTURNO - Conrado Nalé Roxlo, Buenos Aires, Argentina

 










NOCTURNO

 

El bosque se duerme y sueña.
El río no duerme, canta
Por entre las sombras verdes
el agua sonora pasa
dejando en la orilla oscura,
manojos de espuma blanca.
Llenos los ojos de estrellas
en el fondo de una barca
Yo voy como una emoción
por la música del agua.
Y llevo el río en los labios
Y llevo el bosque en el alma.


CONRADO NALÉ ROXLO, Buenos Aires, Argentina

OTARIÓN - César Tamborini Duca, León, España

 












OTARIÓN


Tenía el berretín de ser diquero
arranyando vitrolas en taller
no miraba su presente, ni su ayer:
de bacán, chiqué y escolasero.
Fue gavión pa’ una sola garabita
que atorraba en su cotorro; sin la guita
de la canflia, adormecida en sus laureles
de las noches ya sin minga de milonga.
Campaneaba al jailaife y al mishé
y embrocaba un futuro de ilusión;
era un merlo, no era pierna. Ni purriá
con la púnguia conseguir algún morlaco.
Era un misho pastenaca, un engrupido
que quiso gambetear la mishiadura;
se pensaba farolear en las alturas
y el taquero lo volvió a la realidá.


León, 5 de septiembre de 2023

Otarión: en este caso el sufijo on es intensificador, tal como en otros casos el prefijo re.


CÉSAR TAMBORINI DUCA, León, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



DÍA DEL LUNFARDO – 5 de septiembre

A veces uno se va sorprendiendo al encontrar algunas palabras que no constan en los diccionarios, y va haciendo acopio de ellas. En mi caso, como ‘cofrade del lunfardo’
aprovecho que hoy se conmemora el día del lunfardo para incluir unas de esas palabras, de origen algunas veces incierto.
GURRUMIN/NA: de uso habitual en Argentina, puede considerarse un argentinismo en el habla coloquial; también se lo puede incluir dentro del lunfardismo, y su significado es el siguiente: Bajo, petizo, persona muy pequeña y flaca / niño, chiquilín, pebete.
Era muy habitual en mis pagos pampeanos al menos durante mi permanencia en mi pueblo, que cuando llegaba algún familiar a mi casa y me acercaba a saludarlo, solía decirme -¡qué hacés, gurrumin!
Si bien está relacionado con personas también puede aplicarse a objetos. Podemos encontrar su procedencia en el léxico llionés y en su “PALLABREIRU” encontramos lo siguiente:
GURRISMÍN: pequeña cantidad de un líquido cualquiera 1 . Si bien el lliones lo relaciona con un líquido no creo haya obstáculos para aplicarlos a otras cosas o personas.
Tenemos otro ejemplo de la procedencia leonesa en la palabra lunfarda “tamango”.
TAMANGO: pudo provenir de Brasil o de dialecto leonés; proviene del kimbundu Tama-ngo
(según el diccionario de africanismos de Néstor Ortíz Oderigo). Seguramente fue llevado desde Angola a Portugal, y desde allí a Brasil y a las provincias leonesas limítrofes, desde donde llegó a la Argentina. Significa calzado.
(“Cada Tango es una Historia”, de César Tamborini).
GARÚA: vemos que la palabra vasca correspondiente a rocío es garúa. Esta misma palabra, garúa, en quechua significa “llovizna” y fue adaptada al español a partir de esa lengua amerindia 2.
Un par de palabras en España que se asimilan al lunfardo, que obtuve de un libro 3 , son:
BOFIAS: se refiere a un cuerpo policial, a un oficial o agente de la policía.
DAIFAS: concubina o prostituta. Proviene del árabe “DÁYFA” (señora) o “DAYFAH”
(visitante, en femenino).



1 En periódico “El Buscador”, Agosto 2023, página 21, “PALLABREIRU”
2 En “Misterio de la Atlántida”, de Charles Berlitz, pág. 167
3 En ”Maigret viaja”, Simenon, Editorial Casal I Vall, Andorra, 1962, pág. 145

César J. Tamborini Duca

Académico Correspondiente para León
Academia Porteña del Lunfardo

SUPER-EGO VIRTUAL - Teresinka Pereira, Ottawa, Canadá

 













SUPER-EGO VIRTUAL
 

Digitando, caminamos mundos.
De reojo pasamos del tercer mundo
a la potencia que lidera el planeta.
Hacemos textos con sueños vivos
desnavegando el pasado silencioso
y pobre de historia y discursos.
Cada Ipad presenta un superhombre
con dulces mensajes amorosos
que la mujer lectora intuye como
soledad emocional, profanando
la realidad cotidiana.
Los textos son interminables,
el face-book es un mercado
de ambiciosas invenciones personales.
A mí me queda un secreto nocturno
que ocultaré entre mis dedos
o en el rincón de la pantalla
para salvar mi ego virtual
del consumismo de los blogs ajenos.

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SUPER-EGO VIRTUAL

Digitando, intercambiamos mundos.
De soslaio passamos de terceiro
à primeira potência, lider mundial.
Com os dedos no teclado
fabricamos textos com sonhos vivos,
desnavegando o passado silencioso,
pobre de história e discursos.
Cada Ipad apresenta um super homem
com doces mensagens amorosas
que a mulher leitora recebe
intuindo uma solidão emocional,
profanando a realidade do quotidiano.
Os textos são intermináveis,
o face-book é um mercado
de ambiciosas invenções pessoais.
A mim me resta um segredo noturno
que ocultarei entre os dedos
ou no caminho da tela
para salvar o meu super ego virtual
do consumismo de blogs alheios.

..................

SUPER-EGO VIRTUAL

Texting, we change worlds.
Sideways we go from a third world
to a first potency leader
with fingers on the keyboard.
We write texts with live dreams
unraveling through a silent past
poor in history and speeches.
Each Ipad screen presents
a superman with sweet love messages
which gives the woman reader
the intuition of his emotional loneliness.
It is a profanation of the daily reality
because the texts are endless.
Facebook is a market
of political ambitions and
home made inventions.
I can still hide a nocturne secret
which I keep between my fingers
or maybe at a corner of the screen
in order to save my virtual super-ego
from stranger's internet blogs.
...................


TERESINKA PEREIRA, Brasil

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

RETAZO DE GRANDEZA - George Reyes, México

 













RETAZO DE GRANDEZA


Haciéndome eco de Jhoannes Bobrowski, poeta alemán


Tú,
desgajada sombra del inicio:
abecé de rosas,
abecé de espinas.

Donde abunden rosas,
que se calle el signo.

Donde calle el signo
que las rosas digan su secreto azul,
que a la sinfonía de este recuerdo
le solfea su brisa,
le solfea su olor.

del poemario Filosofía risueña


©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

CALIDOSCOPIO - LIANA FRIEDRICH, Santa Fe, Argentina




CALIDOSCOPIO


A veces los hombres se creen dioses, pretenden ser los dueños del universo, y entonces juegan a apoderarse de las vidas de los más débiles, en una inacabable sucesión de efectos en serie eslabonados, paradójicamente, por obra y gracia de la bipolaridad guerra-paz (demostrándose, finalmente, que el poder y la gloria solamente conducen a la tumba...).

   ¿Hombres?... ¿Dioses?... ¡Pobres seres miserables creados para el aburrimiento!... ¿Es que la mariposa sabe algo sobre la inmortalidad, si apenas nace y muere en un día?... Somos objetos en un mundo cambiante, condenados al código de barras perversamente cifrado por las estrellas. (Tan sólo ellas conocen la clave del destino). Y nosotros, simples mortales, condenados a esta dimensión terrena, somos incapaces de seguir el más mínimo rastro de un cometa, o de sopesar apenas un miligramo de asteroide... ¡Ni qué decir con soñar acaso en abarcar la eternidad!...

   Apretó fuertemente el cristal entre sus manos, hasta sentir que un tibio hilo carmesí manchaba el suelo gota a gota..."El sangrado debilita la carne y favorece la transposición"- recordó que decían las viejas escrituras... Dio un paso - el corazón dio un vuelco- y otro paso... hasta sentirse arrastrado por el torbellino, centrándose ya dentro del círculo cabalístico que hilvana el heptagrama de la vida y de la muerte.(*) Una explosión poderosa como bomba neutrónica pareció estallar dentro de su ser, convocando la sangre en un mismo punto, filtrando todos los pensamientos  en una única idea, simple y pura como la luz...Entonces los objetos de la habitación comenzaron a girar, cada vez más vertiginosamente. Era el día siete, durante el séptimo mes, en el año número siete de la nueva era... El viejo mundo se hallaba definitivamente en decadencia: peligros sin fin -como la guerra química y otros avatares mayores- pronosticaban un destino incierto para el género humano.  Por eso ya era hora de atravesar la barrera... Las manecillas del reloj marcaban exactamente las siete horas, siete minutos...

   ¡La profecía se ha cumplido! Estoy al final del callejón, en una ciudad donde las casas crecen hacia abajo...Un fuerte viento sopla, arreciando a mis espaldas, con ramalazos de luz fría como cuchillos. Entonces intento girar la cabeza, pero una voz atruena en mi mente, aconsejándome que no lo haga. Sé que hay alguien detrás de mí, pero, inexplicablemente, siento que esa persona está dentro de mi ser, y que yo dejo de pertenecerme para ser el otro... ¿O acaso estoy loco?...La respuesta no atina a aflorar dentro de mi nuevo yo... ¿O es que mi otro yo no quiere saberla?

  - Sólo cuando las ráfagas de luz se detengan, podrás dar la vuelta. Pero hazlo con cuidado, porque podrías salir de tu interior de regreso al exterior, abruptamente, y caer en otra dimensión más primitiva que esta, peor que otras que hayas conocido...

   ¿Otras?...Entonces, ¿cuántas dimensiones existen?

   -Tantas como facetas tenga ese cristal que aprietas en tu mano.

   Es entonces cuando algo, como un relámpago, centellea entre mis dedos: siento que los pedazos dispersos de mi yo se reúnen otra vez en un punto. Los ramalazos incandescentes, misteriosamente, se han aquietado. Con temor, doy la vuelta lentamente... ¡Y como en un espejo veo la imagen ante mí! ¡Sorprendente!  Al fin puedo comprobar de quién proviene la voz del callejón: se trata de un ente gemelo, que me mira expectante, casi con aires de suficiencia...

   -Estás en la cuarta dimensión; has logrado atravesar el vórtice del tiempo. Ya es hora de que alguien como tú conozca las reglas del cosmos, para que al fin pueda llevar orden al caos que reina en tu mundo. ¿Para qué seguir viviendo y muriendo por causas perdidas? Los falsos dueños del planeta hace tiempo que dejaron de ser humanos: se apoderaron de las almas hasta convertirlo prácticamente en un desierto...Alguien tiene que luchar para que nos devuelvan -a los verdaderos dueños-   el poder creador de la palabra, el perfume agreste de la naturaleza, el sabor auténtico de los frutos, el azul sin mácula del cielo...para que todo retorne al equilibrio original.

   (Esto no es real.- atino a pensar- No, no existe... Es una pesadilla). Pero entonces la voz atruena nuevamente, poderosa, en mi cerebro:

   -Debes creer en este sueño con todas tus fuerzas. Sólo así cambiará la suerte de tu universo tridimensional...

   Yo intento alargar, inútilmente, mis manos hacia ese ser intangible... ¿inmaterial?  (Tan semejante a mí en apariencia, pero tan distinto en realidad)...  

   ¡Cuidado!-me contiene- No salgas desde dentro del círculo; corres el riesgo de caer fuera del tiempo y ya no podrías ingresar en ninguna dimensión...Vagarías eternamente sin rumbo... (Me pareció aterrador pensar en ese infinito, sin barreras físicas ni límites carnales...) .Cuando regreses a tu mundo, habrá transcurrido medio siglo, según la unidad cronométrica que ustedes utilizan convencionalmente. Verás la vida agonizante y los muros en ruinas. Si acaso eres de los que creen que las almas sobreviven más allá de la muerte, entonces no tendrás problemas en superar el trauma de un nuevo alumbramiento. Pero esta vez llevarás el mandato de una nueva alianza, impreso en la luz de tus ojos, en las acciones de tus manos y en la rectitud de tus ideas. Con este perfume recibirás la unción mística, y no sufrirás ningún peligro en el momento de la transubstanciación.

   ¡Al fin el mundo semítico podría conocer al tan esperado Mesías!...El hemisferio occidental sabría de su regreso triunfal (para juzgar a los vivos y a los muertos). Y en oriente el estado de "bardo" -iluminación- sería un continuo presente...Nostradamus habría estado en lo cierto al pronosticar que con el segundo milenio el viejo mundo llegaría a su fin...pero no para desaparecer, sino para dar a luz a otro, donde un único mandamiento se hiciera carne y habitara entre los hombres...por obra y gracia del amor.

     Los espejos permanecían cubiertos y los cirios, recientemente apagados, aún humeaban. Un perfume penetrante, extrañamente dulzón, parecía provenir del sudario mismo. Inexplicablemente, un rastro de marcas rojas como sangre ensuciaba las baldosas, en dirección al centro mismo de la estrella de siete puntas que ornaba, con ostentación barroca, el piso de la sala en semi penumbras...Me quedé pensativo mirándolas... (Parecen espesas gotas de sangre, aún fresca...-entonces pensé- ¿O acaso sería una alucinación, producto de mi mente agitada por el cansancio y la forzosa duermevela?)

     Voces quedas se escuchaban en el corredor:

    -Dicen que su muerte no fue tan natural...Es que él nunca fue muy normal que digamos...

   -Este reloj le pertenecía. Ahora es tuyo. Sé que fuiste su mejor amigo.-dijo alguien, alcanzándomelo.

    -Pero no anda- repuse al examinarlo-.Está detenido...

   (Las manecillas marcaban exactamente las siete horas, siete minutos).


 LIANA FRIEDRICH, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA