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sábado, 13 de noviembre de 2021

EL GRILLO, José Pedroni, Santa Fe, Argentina

 








EL GRILLO



Un grillo manso que te quiere, amiga,
Y que en quererte vanamente insiste,
Cada vez que el silencio rehace
Te silabea su reclamo triste.

Abre los ojos. No te duermas. Ponte
Bien cerca, amiga, de mi pecho añoso;
Y así, callados, escuchemos juntos
La campanita del cri-cri amoroso

Entre las gentes del camino, siempre
Un hombre humilde me propongo ser,
Como el grillito que te quiere tanto
Y que te canta sin dejarse ver.

 

©JOSÉ PEDRONI, poeta argentino

Santa Fe, Argentina

Wikipedia  

Nacimiento21 de septiembre de 1899
Bandera de Argentina Gálvez, Argentina
Fallecimiento4 de febrero de 1968, 68 años
Mar del Plata


“EL DOLOR”, Carlos Ascencio Barillas, El Salvador

 












“EL DOLOR”

 

VOY EN LA CONGOJA DEL DESTINO CONVINCENTE

EN LA PRISTINA PLANICIA DE MIS CONCLUSIONES

ESTRAFALARIA RAZON DE MIS TRISTES DECISIONES

QUE MUERE ATROZ EN MI FUGAZ ILUSION PENITENTE

 

MI DOLOR ES EL FUEGO CONSUMADO  DERREPENTE

EN LA CARICIA DE MIS  SARCASTICAS EMOCIONES

NO QUIERO DEBER LAS ATREVIDAS PRETENSIONES

NI  EL DESQUICIADO JUICIO DE MI LECHO IMPONENTE

 

SE ALEJA CON EL ALBA, CUAL VIENTO CONSISTENTE

SEDIENTO DE PODER YACE  CON SU PAZ RECURRENTE

Y ME DUELE EL RECUERDO QUE  HOY ESTA SANGRANDO,

 

YO QUIERO CAMINAR CON LA HERIDA INSIGNIFICANTE

Y PROPICIAR LA MONTAÑA DE UN SUEÑO AMBULANTE

CON ESPINAS  QUE ATACAN LA CALMA DESPERTANDO…



©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


RUGIDO DE AUSENCIA, Norberto Barleand, Buenos Aires, Argentina

 




 






RUGIDO DE AUSENCIA

 

Amanece

y aún es fuego la espesura de la noche.

 

Amanece

un sol con magia de arlequines.

 

Invade el ventanal

tu cabellera de sombra transparente.

 

Está intacto el jarrón sobre la mesa,

posado de calas esparcidas

en el rojo perfume de los cuerpos.

 

Amanece

un rugido de canarios.

entre la música y el sonido del viento.

 

La silla se hamaca sin tu ropa,

permanecen el espejo,

la mirada,

              el celeste pañuelo de la niebla.

 

 

El reloj marca la hora

                                  en que amanece,

la cómoda

el vidrio

la alcoba,

y mucho espacio para tu

                                        ausencia.

 

 

©NORBERTO BARLEAND, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


VISITA A MI PADRE, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

 



VISITA A MI PADRE


A mi padre, José Manuel Agustín (1929-1992, recordando la efemérides de

su nacimiento (19 Setiembre 2021).

Con devoción. In memoriam.

 

 

 Ayer no había podido ir a visitarlos. Estaban juntos como en la vida. El hueco de la Esperanza los tenía juntos. Papá y mamá.

 Pero hoy pensaba especialmente en él. Era su aniversario. Porque ayer, que no había podido ir (venir) a visitarlo, al menos lo homenajeó en plena Feria del Libro de su ciudad plantada a orillas de la Laguna Setúbal, muy cerca de la confluencia de los ríos Salado y Paraná. Feria librera anual donde presentaba su cuarto libro de cuentos: El Emperador ha muerto; vaya título, y dedicándole el relato aquél, “Adiós al amigo”, donde disfrutaba de un helado de vainilla frente a la Costanera Este, el último día del verano. Su padre y el verano eran lo mismo o la misma cosa.

 Auto, nafta, Carolina (hija) que llama. Necesita apoyo, y Teresita (esposa) se queda. Tiene que ir solo. Auto limpio. Auto con olor a menta o, mejor, a jazmín. Solo. Visita a Lar de Paz. Visita a su padre. (A su también, tierna y generosa madre). Pero hoy era su día. El de papá. Alguien dirá, visitarás a los restos de tu (del) viejo, muchacho. Pero es que si “donde hubo fuego, cenizas quedan”, que más propicio tal aserto para el caso.

 Calle Obispo Gelabert y Crespo (el Obispo), Avda. Urquiza (el Federal), Calle Santiago del Estero (Santiago apóstol), Calle Rivadavia (el Bernardino, invasor), enlace con Aristóbulo, Aristóbulo del Valle (el Radical). Siempre hacia el norte. Desvío por Aldao (Ricardo Aldao, el Gobernador) para empalmar luego con un giro y dos cuadras antes, con Hernandarias: padre adoptivo y consentido, don José Francisco (confesión: no le gusta que le digan “don”, porque aún siendo español, le suena ya como muy “feudal”; pero yo le explico que en estas tierras, el “don” es otra cosa, es un apreciativo afectuoso, un sustantivo que denota tiernamente a una persona mayor, sin decirle viejo, porque ”viejos son los trapos”)… Luego, comentario con él de los actos de la Feria del Libro (acotándole la ausencia imprevista, por razones políticas, quizás, de las dos librerías más importantes de Santa Fe) y selección de dos artículos periodísticos para pasar en limpio y remitir luego al vespertino local.

 Luego, despedida. El viejo lo llama “hijo”. Pero no es su padre. El verdadero está allá. Y Más Allá. Toma Hernandarias y nuevamente Aristóbulo, cruce con Galicia (ah, maravilloso paraíso de Santiago de Compostela), rumbo a la ruta de Altos del Valle, camino a Monte Vera, ciudad. Desvío. Rotonda. El cielo celeste. Luminoso. El verano sin nubes y con un sol arrasador. Rotonda. Doblar. Elegir. A la derecha, Ángel Gallardo (El Irigoyenista y su localidad santafesina, del Departamento La Capital, sobre Ruta Provincial 4). Rotonda. A la izquierda, Lar de Paz. A 800 ms. A la izquierda. Un trecho que deja atrás una verdulería al por mayor muy visitada. Luego, a la derecha. No hay izquierda sin derecha ni derecha sin izquierda. El tránsito mueve autos y políticos.

 Ahora sí: Lar de Paz. Arribo. Flores. No hay flores. Hubiera deseado ofrecerle un ramo de fresias, clavelinas y conejitos, sus flores preferidas en primavera. Pero no hay flores. Aunque sea primavera. El mes de su nacimiento. Ayer, el día de su nacimiento. Y cuando se fue, era verano. Era el estío. Diciembre. La pucha, tenía solo 62 años. Pero una vida ruda y servicial atravesada por el cigarrillo y el alcohol que le calmaban los nervios. No había tanta ciencia sicológica en aquellos tiempos. Y quién lo pensaría. Él, preparador técnico de farmacia. Conocía de qué se trataba, y sin embargo... ¿No se cuidó? ¿Podía hacerlo? El sueldo nunca alcanzaba. Y tres hijos lanzados a carreras universitarias. Tiempos en que los viejos pensaban, soñaban con “M´hijo, el Doctor”. Pero las tensiones (el estrés, decimos ahora) del trabajo, del sindicato, de la política y del comedor escolar de “la Arzeno”…

 Diálogo con el vendedor. Sol luminoso. Sobre marrón A4 con relatos breves para pa (papá). Este se llama Pájaros. Cuenta del amor de ambos por esa creación que recrea la vida y se junta con el horizonte para ofrecérsela, alborada tras alboradas, al Autor de la vida. Le gusta llevar a su humus los escritos que elabora. No todos. Algunos.

 Hoy no hay flores. Ahhh, qué sorpresa, muchacho. No hay flores. Su vendedor ha dado cerrada la venta. No importa, fabricará un ramo con el olor a jazmín pegado a su cuerpo desde el habitáculo de su auto limpio, recién lavado y lustrado, con olor a menta o, mejor, a jazmín precisamente, recortando cada hoja de aquel otro relato dedicado llamado… Pájaros. Y que también llevaba como espiritual regalo hasta su placa granítica y grabada con su nombre en bronce.

 No te pongas celosa ma (mamá). Se parte y comparte. Pájaros o la historia de un obrero de la construcción que, trabajando en las alturas como tales, se cayó del andamio justo el día del cobro de su quincena, y cuyo cuerpo nadie pudo encontrar; porque ellos, los gorriones de lo Alto, como ángeles de Dios se lo habían llevado en celestial vuelo.

 Ya está listo. El ramo. El ramo fabricado con uno de los dos relatos que le había traído. El Niño del Mar se le quedó apretado en uno de los entre brazos mientras hacía añicos las alas del llamado Pájaros: ese cuento que sabría volar como las aves desde la tumba al Cielo. Un ramo de flores pergeñado con ojos de cuento. Y cuerpo de tinta y papel. Con ese olor agridulce a la savia del capuz de un árbol, de sus venas y de su sangre. De su corteza.

 Camina. Son apenas hasta… Solo veinte metros desde el camino donde estacionara ya dentro del cementerio reverdecido. El solar tiene nombre. Solar de los Recuerdos. Camina. No puede evitar un mareo intentando llegar hasta el lugar donde… Alrededor, las tumbas sin flores pedían las suyas… Se disculpó. No habría para todos. Y ahí están: mamá y papá. El bronce reluce con aquel sol tibio atravesando de perfil los pinos que circundan el camposanto. Sol de tardecita húmeda. Viva. Se detiene. Hola pa, hola ma. Oraciones. El gesto adusto. Tiembla. Luego…

 Y esparce como pétalos los retazos de las hojas de papel recortado y entintado. Las esparce sobre la tumba doble. Mamá también podrá leerlo. Sonríe. Todavía es un niño travieso. El que se cayó de un árbol y se asomó a los dientes de la boca de la Muerte. Y supo que estaba vivo. Todo cambió desde aquel día. Las travesuras también. Más controladas y supervisadas.

 Ahora, de súbito, es como si se hubiera nublado. Como si cayeran finas gotas de lluvia sobre el ramo de flores de papel con olor a menta, o mejor a jazmín. Las fresias, clavelinas y conejitos, habrían sido más vistosas. Pero… el jazmín. Qué profundo olor a alma pura. Reza de nuevo. El olor a jazmín tiene un raro olor como a madera quemada, a incienso, vaya a saber de dónde. Sigue rezando. Por su padre, un lejano setiembre inaugurado a la existencia, y en diciembre, nacido a un Cielo redivivo.

 Pero hoy no es diciembre. Es día 20 y de setiembre. Brindo por ayer, dijo. Ayer hubiera cumplido los… (como los que casi tiene el José Francisco, su amigo, el gran poeta y periodista sevillano). Y también por su madre nacida en marzo y un enero cercano al mismo Cielo y rediviva, recostada con él en el mismo reposo hondo y terráqueo.

 Cuando se levanta, casi tambaleante y luego de apoyar sus manos sobre el suelo verde para acariciar, por última vez, las doradas placas mortuorias que tallan los nombres de sus padres, deja de ser niño. El niño travieso. El niño del mar. El sol sigue suspendido en lo alto. Había sido su alma la tarde nublada, y, la lluvia, el rocío de su llanto leve y aleteante. Como el de un pájaro…

 

©ADRIAN NESTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


Profundos mares…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 







Profundos mares…

  

No sé. No la conozco. Aunque

estoy cierto de haberla hallado,

antes, unos años antes, en mi vida.

 

Tiene que ver con la luz, el Sol

de las tardes más que tibias

y esos cielos diáfanos, despejados,

que tan sólo existen en los sueños

o después de haber llovido la noche entera.

 

Quizás haya surgido de lo profundo,

de lo profundo de los mares de mi mente,

de lo que ocurrió en un pasado incierto,

durante otras reencarnaciones y, ¿será posible?

también en el presente.

 

Pero no. No fue así. Estaba construida.

Es real y verídica. Caminaba. Sonreía.

Espantaba la tristeza del camino.

Los ventanales de luz eran su marco.

 

 

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


¿QUÉ ES LO QUE VALE?, Elías Galati, Buenos Aires, Argentina

 



¿QUÉ ES LO QUE VALE?

 

Tratemos de entender esta pregunta, despojada del sentido económico, del valor pecuniario y de lo material.

Analicemos el valor, desde lo anímico, desde lo espiritual y desde los valores, es decir aquello que nos marcan y señalan el rumbo existencial.

Qué es lo que vale, ante nosotros mismos, cuando tenemos que tomar una decisión, elegir un rumbo o proyectar el futuro.

¿Cuál es nuestro orden de prioridad, y que es aquello que predomina en nuestras decisiones?

Esta dimensión tiene que ver en primer lugar, por la postura existencial, si procedemos con egoísmo o con altruismo.

Además tiene que ver con la comprensión de aquello que es un axioma y a veces no se comprende, “el hombre sólo termina de constituirse en la alteridad”, como principio psicológico.

Esta comprensión hecha por tierra cualquier conclusión a que pueda arribar el sujeto, desconociendo al otro, a la relación que tiene, no sólo con quienes son sus próximos, sino con el hombre en sí, como el otro en cualquier relación personal, social, práctica o teórica

Porque el valor fue pensado para considerar  la utilidad o el precio de los bienes materiales, pero también es todo objeto de preferencia.

Es con los estoicos que el valor se incorpora a la ética y es considerado como objeto de las selecciones morales.

El sentido filosófico era considerar toda contribución a la vida conforme a la razón.

La elección era por aquello que era digno, es decir tomar en cuenta la virtud, era valioso lo virtuoso.

Hobbes entiende el valor como una relación del hombre; que precio tiene el hombre, cuánto sería dado por él.

Entonces no es absoluto, sino una relación de la necesidad y del juicio del otro.

Kant identifica el valor con el bien, y señala que se denomina bien a lo que se aprueba o aprecia, es decir aquello en lo que existe un valor.

Esta es la cuestión. La valoración que hemos aceptado racionalmente en nuestro interior, se expande hacia nuestros sentimientos y hacia nuestra voluntad.

Entonces nuestro comportamiento va a estar determinado por ese valor relacional al que hemos adherido en principio.

Por eso la pregunta ¿Qué es lo que vale?

Cuál es el valor que hace que nuestra conducta derive hacia ciertas condiciones que normal y racionalmente no aceptaríamos, pero el valor de las personas o los objetos que nos rodean nos llevan a adoptarla.

Hay un poder implícito y específico, en el valor al que hemos adherido y a veces es más fuerte que el poder consolidado.

A veces ese poder se manifiesta y otras es entendido por nosotros aún antes de manifestarse.

Cuántas cosas hacemos nosotros, por aquellos que queremos, sobre todo los más débiles, sin que sea solicitado por ellos, y sólo por ser percibido por nosotros, y deseamos agradarle y hacerle la vida mejor.

Cuántas conductas no son fruto de nuestra racionalidad, sino de la emoción que provoca la valoración de un ser o un objeto que apreciamos o amamos y que en función de ese amor hacemos.

Entonces lo que está valiendo en nosotros es el sentimiento que provoca esa relación y la necesidad, primero nuestra, antes que la del otro, de satisfacerla como una forma de sentirnos bien y conformar nuestro emoción, que se transforma en el deseo de agradar y ayudar al otro.

Esta valiendo el otro en nosotros.

Es la maravilla del sentimiento humano.

Por encima de toda racionalidad, por encima de toda utilidad o conveniencia, el mayor valor, es esta relación con el otro, que se imposta en nosotros, porque nace en nuestro corazón, y permite que ese dar, esa conformidad con el deseo del otro, nos satisfaga, nos haga felices, nos colme, porque es también nuestro deseo.

Por eso lo que vale, es el amor, que expresamos en nuestro conducta hacia el otro, en función de él, y de nuestra relación íntima y espiritual que hace que seamos mejores y logremos armonizar nuestras relaciones con los semejantes.

 

©Elías D Galati, Buenos Aires, Argentina


viernes, 5 de noviembre de 2021

LO EXTRAORDINARIO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA 

SEGURAMENTE HABRÁ OJOS DESPIERTOS, Beatriz Arias, Buenos Aires, Argentina

 










SEGURAMENTE HABRÁ OJOS DESPIERTOS

 

Seguramente habrá ojos despiertos

para descifrar un poema

en la mitad de la noche.

Yo bailaré en los rincones de la casa

para volver en la oración del grillo

o en el libre resplandor

de una luciérnaga,

o en los húmedos pétalos

recién nacidos del geranio.

El invierno

derramado de aves amarillas

abrirá sus dos alas de hielo.

 

©BEATRIZ ARIAS, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SEGUIMIENTO, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

 









SEGUIMIENTO

 

Sé de la palabra golpe a golpe,

sueño a sueño.

Sé del verbo merodeando;

sé del eco,

y además de esta impotencia clandestina

que subleva

los últimos misterios.

 

¿Dónde la fuente de razón existe?

¿Dónde el credo?

 

Más allá de la pupila

aguarda un sueño,

y una noche revienta en pesadillas

de loco desenfreno,

flagelando purezas y latidos,

sonrisas de vírgenes maléficas,

estatuas de mancebos,

porque conoce la materia circunscripta,

la evolución del casto miedo,

y se abalanza, sueño desbocado,

para asestar al verso

su lucidez enferma

y sin remedio,

su tenebrosa cumbre de razones

para este casi cuerdo,

que todavía busca en la figura

y en la mención del canto

su pasaporte al cielo.

 

©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino (Desde el recuerdo)

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL RETO, Teresinka Pereira, Ottawa, Canadá









EL RETO

 

La idea de la muerte

tiene sus raíces

en las sombras

que avanzan en la noche

dentro de los sueños.

 

Allí, cada palabra

se hace líquida

y se contiene

en la fiebre del poeta.

 

El aire somete el abismo

a sus ganas.

Me atrevo a retar

al que quiere criticarme:

¡Lance la primera piedra

quien no haya jamás

soñado con la muerte!

 

 

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA