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sábado, 9 de octubre de 2021

EL MERCACHIFLE, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 


EL MERCACHIFLE    

 

Había sido una noche de perros. Los álamos desnudos, míseros esqueletos vegetales, tiritaban arqueándose como pidiendo clemencia desde sus crestas estremecidas.  Cuando amainó el viento helado del sur, una fría llovizna se descolgó de la bóveda gris del firmamento, cerrando aún más la escasa visibilidad de la madrugada.

            Dentro de poco, despuntará el día. Un pálido resplandor a lo lejos, por el oriente, anunciaba una triste jornada invernal para aquellos pobres habitantes del lugar.

            La escalera del infortunado albergue crujió funestamente al peso de los pasos taciturnos del hombre.

            -¡Qué buscas levantándote tan temprano, turco, estás loco muchacho! -rezongó desde el lecho la dueña de la pensión.

            -¿Es que hoy no se come, Mariana? Alá me asista. ¡Siempre adelante Ibrahim!

Y con esta respuesta, entre lo desolador y lo burlesco de su porte; metido dentro de sus suecos de madera y dobladas sus espaldas bajo la pesada carga de las mercancías, se calzó el sombrero de paño negro y salió para enfrentar la oscuridad. La lluvia y el viento helado de la madrugada herían su carne a través de su vestimenta gastada y deshilachada en partes. Su chaleco, aún conservaba la humedad del día anterior.

-¡Señora… Peine, peinetas, ropa para la casa..! -grita aquel mártir cuando pasa frente a la primera casa, desde donde escapa una tímida columna de humo. Nadie responde. Aún duermen o recién están saliendo de sus camas.

-Todavía duermen. ¡Adelante Ibrahim! ¡Adelante! -se da coraje el hombre, murmurando entre dientes aquel imperativo.

A medida que se acerca el día, la tormenta crece en intensidad. “El Turco” no se acobarda. Aunque se congelen las gotas de transpiración, aunque se hiele el vapor de su aliento, el pobre sube la loma aplastado por el peso y el diabólico escarpado del camino.

-¡Adelante! ¡Adelante!

El andar se convierte en un peligro a causa del barro y la resbalosa greda de la loma.

Comienza la mañana.

-Doña: Peines, peinetas, peinetón. Telas de Francia. Casimires Ingleses… Jabones con olor…

-¿Llevas algún perfume, Turco? -pregunta una mujer a través de una ventana entreabierta.

-Sí, aún agitado por las olas del mar.

-¿De lavanda o jazmín?

-También ese. Especialidad de la casa. Producto de París.

            Después de un cuarto de hora, la primera venta estaba hecha y el “Turco” retomó el camino acomodando en su bolsa los dos pesos y una docena de huevos. La luz del día, finalmente, había aparecido; una luz blanca y difusa como noche de luna. La llovizna había casi cesado, pero el viento se desencadenó más endemoniado que nunca. El frío se hizo más intenso todavía. Desde el entrecejo del “mercachifle” bajaba el sudor que, corriendo por su rostro, venía a congelarse en la extremidad de su barba. ¡Adelante! ¡Adelante!  Si sigue lloviendo, el agua, mojará el fardo que carga sobre la espalda y este caerá pesado sobre el barro del camino arruinando su mercadería, pensaba con disgusto el mercachifle. -¡Alá me asista! ¡Siempre adelante Ibrahim! Era su grito de guerra favorito. Pero aquella invocación se dispersó en la nada. Nadie le escuchaba a causa de las voces de la tormenta que, después de una breve calma, había comenzado a crear un torbellino amenazante alrededor del pobre hombre.

            Se detuvo un rato al costado del camino al reparo de un terraplén y de unas ramas desnudas de algarrobo. Su agitada respiración se incrementó cuando buscó acomodar aquel desalmado fardo de porquerías sobre unas ramas. Se sentó a un costado y las imágenes de su Líbano querido llegaron hasta él como un bálsamo templado. El sol maravilloso contrastando con el verde color de la pradera y la arena caliente del camino. El perfume de los cipreses mezclado con el aroma del incienso y de la menta. ¿Cuándo volvería? ¿Podría alguna vez? ¿Qué estaría haciendo ahora su familia? ¿Estarían sus hermanos junto al fuego de la casa paterna, dispuestos a cenar? ¿Y las estrellas? ¿Y los perros…?. Se mojaron sus ojos y su boca se llenó de saliva cuando recordó los frutos de la higuera que había en el patio… Tenía hambre…

            Anduvo todo el día, haciendo sentir en cada casa su grito: ¡Peines, peinetas, jabón de París… A medida que pasaban las horas, su grito, lastimoso decrecía poco a poco. Se sentó junto a un tronco de sauce masticando el único trozo de pan que traía. Lo empujó con un poco de agua limpia de un charco. -Señora… peine, peinetas…señora, vende-todo…

            Se había hecho la noche, la dueña de la pensión, donde se alojaba el “Turco” y un grupo de clientes estaban sentados a la rústica mesa delante el fuego de la cocina hablando descuidadamente de sus propias cosas. Necesidad de contar para recordar. A veces, cada uno se hundía en sus propias ideas y estallaba un largo silencio, entonces, la tapa de la olla de aluminio donde se cocía la sopa, victoriosa, hacía escuchar su canto de vapor.

            -¡Allí está! -gritó la patrona. 

-¡Es él, es él!

-¡Esta vez sí! ¡Son sus pasos! -gritaron los hombres.

Silencio… el viento había volcado una maceta que estaba en el corredor. Los perros, acurrucados debajo de la mesa, ni siquiera movieron las orejas.

Cuando dieron las doce campanadas en el reloj de la iglesia, uno a uno, se fueron levantando para irse a dormir.

La patrona mintió al decir que el “turco” se había quedado en alguna chacra. Ella sabía que su intuición nunca le había fallado, además, el “turco” siempre volvía a la pensión. Se quedó dormida en la cocina y despertó sobresaltada a las dos de la mañana. Con la espalda dolorida y con preocupación caminó hasta su cuarto.

En el fogón, las brasas se habían apagado. El perro de la casa de enfrente aulló lastimosamente.

 

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

Del libro “Cuentos Invernales”


POEMA LA POESIA, Ricardo Palma, Perú

 








POEMA LA POESIA

 

¿Es arte del demonio o brujería
Esto de escribir versos? – le decía,
No se si a Campomar o a Víctor Hugo
Un mozo de chirumen muy sin jugo.

Enséñame maestro, a hacer siquiera
Una oda chapucera.

“Es preciso no estar en sus cabales,
Para que un hombre aspire a ser poeta,
Pero en fin, es sencilla la receta.

Forme usted líneas de medidas iguales
Luego en fila las junta
Poniendo consonantes en la punta”.

-¿Y en el medio?- “¿en el medio?
¡Ese es el cuento!
Hay que poner talento”.

 

©RICARDO PALMA


CARICIA, Gabriela Mistral, Chile

 








CARICIA

 

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar...

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar...

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar...

 

©GABRIELA MISTRAL

SENSIBILIDAD, Lola Benítez Molina, Málaga, España




SENSIBILIDAD

 

 

Hace relativamente poco tiempo que se viene hablando de la sensibilidad como un rasgo de la personalidad. Pero en un mundo cruel, con demasiados egoísmos, envidias y dobles intenciones, donde se establece la ley del más fuerte, la sensibilidad parece que no tiene cabida, sin embargo, es la que hace que la belleza y el altruismo continúen imperando a pesar de todo. Hay quien dice que es un don, un   sexto sentido, un detectar sentimientos, sensaciones que otros son incapaces de percibir.

Científicamente hablando, se sabe que es la parte derecha de nuestro cerebro la que está más desarrollada, la relativa a la sensibilidad y a la creatividad. Un 20% de la población dispone de las características básicas que definen la sensibilidad (cerebro emocional dotado de una gran empatía y orientados plenamente a la sociabilidad y a la unión con sus semejantes), pero en innumerables casos las personas con alta sensibilidad pasan gran parte de su vida sin ser conscientes de ello, es decir, sin saber que pertenecen a ese grupo de privilegiados, personas estas que viven con unas “gafas invisibles”, que les hacen ver el mundo de otro modo y con un corazón más abierto a sus coetáneos y a todo aquello que sobre nuestro planeta existe, pero también más vulnerable a la realidad de la época en la que palpita.

 Es evidente que ese hondo sentir, siendo consciente o no del mismo como ya expresé en el parágrafo anterior, se expresa con el alma inundada de una viveza y una armonía sumamente exuberantes. Obviamente, esa sensibilidad se puede también manifestar con profundo pesar que derrama lágrimas que quedan intactas sobre el papel, solidificándolo. Eso, precisamente, podría decirse que le ocurrió a la poeta americana Sylvia Plath, mujer extremadamente inteligente y sensible, cuya biografía me sobrecogió, ya que tras perder a su padre a temprana edad y unas relaciones difíciles con su madre, no soportó el abandono del marido, el también poeta Ted Hughes. “Para un hombre, refiere Bhagwan Shri Rashnísh, el amor es parte de su vida… para una mujer, el amor es su vida entera”. Entre otras parejas célebres que nos ha dejado la literatura podemos mencionar a Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Octavio Paz y Elena Garro o F. Scott Fitzgerald y Zelda.

La sutileza, que se genera en el interior de una persona altamente sensible, necesita salir a borbotones por las rendijas que se abren en su corazón, unas veces, desbordante de exaltación, otras maltrecho por el avasallante dolor. Ciertamente, “las palabras, dice Julio Cortázar, nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma”. Existen lugares que para nosotros también encierran esa alma y duende que acompañan al poeta, que tiene la particular capacidad de utilizar el lenguaje como si se tratara de una paleta de colores, con la cual puede crear imágenes que la gente de otros campos jamás podría imaginar, es decir, el poeta altamente sensible aprovecha las palabras de infinitas formas, las renueva, les brinda una vida y un color que nunca habían tenido y las pone al servicio del arte poético. Concluyo este breve artículo con unas palabras de Mario Benedetti: “Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz, es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida”. Esa alma gemela es la de un poeta, la de “una persona común y corriente, continúa Benedetti, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo”.

 

 

©LOLA BENÍTEZ MOLINA, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL INTRUSO, Delmira Agustini, Uruguay

 







EL INTRUSO

 

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera!

 

©DELMIRA AGUSTINI


PERLAS NEGRAS, Amado Nervo, México

 




PERLAS NEGRAS

 

¿Ves el sol, apagando su luz pura
en las ondas del piélago ambarino?
Así hundió sus fulgores mi ventura
para no renacer en mi camino.

Mira la luna: desgarrando el velo
de las tinieblas, a brillar empieza.
Así se levantó sobre mi cielo
el astro funeral de la tristeza.

¿Ves el faro en la peña carcomida
que el mar inquieto con su espuma alfombra?
Así radia la fe sobre mi vida,
solitaria, purísima, escondida:
¡como el rostro de un ángel en la sombra!

 

©AMADO NERVO


DEL "MAR DE LOS SILENCIOS", Soledad Slaiman, Mar del Plata, Argentina

 








DEL "MAR DE LOS SILENCIOS"

 

 

RELAMPAGOS TEÑIDOS DE BRONCE

SUENAN LAS CAMPANAS PARTEN

TU NOMBRE AHORA EN ADELANTE ES SOLEDAD

LA MADRE SUFRE LA AUSENCIA

CON SONRISA TRISTE, COMO SIEMPRE

LA PROSECION VA POR DENTRO

EL YA ES CENIZA, EL AMOR ETERNO LO ABRAZA TODO

EL GRITO EN TU MIRADA EL MAR TODO LO AHOGA

VIAJE EN CREPUSCULOS AZULES

MOMENTO DEL MISTERIO ASOMBRA LA PARTIDA

DOLIDO SURCO EN EL ROSTRO

DOBLADO PESO EN LA CINTURA

EL SILENCIO TE LLEVA DISTANTE

EN LA AUSENCIA DE TU TERNURA

CUANTOS SIGLOS EN EL PECHO

CUANTAS ARRUGAS GANADAS

CUANTO PELO PLATEADO POR LA LUNA

CUANTA BRISA Y AGUA SALADA

TU ALMA RESPIRA A MAR

SOS PESCADOR ESTANDARTE DE LIBERTAD.

 

©SOLEDAD SLAIMAN, poeta y escritora argentina

MIEMBRO EMBAJADOR DE ASOLAPO ARGENTINA EN MAR DEL PLATA, ARGENTINA


ALCACHOFA, Nora Salgueiro, Buenos Aires, Argentina

 


ALCACHOFA

Pasar por loco a tiempo, es el colmo de la

sabiduría.

Erasmo

 

               Convertir luces en sombras, sombras en luz, buscar la realidad encubierta. Revelar es tarea delicada. Paciencia, concentración, medida, tiempos precisos para que los ácidos   no resulten inoperantes o demasiado abrasivos. Poco a poco afloran las imágenes.  La técnica, estudiada en la Facultad, le parece mágica. Pero en los tiempos que corren las fotos digitales no requieren ni tanto tiempo ni mucha paciencia.  Se arriesgará.

              Voy a estafarte, le dijo su analista al cabo de algunas sesiones. Se trata sólo de palabras. No tocamos el cuerpo, no manipulamos consistencias, pero verdades y palabras son tan reales como el abrigo que te quitás para recostarte en el diván. Además…

No será estafa, se apresura a responder la joven sintiendo que dialoga con un filósofo. Si acepto no será engaño, sino acuerdo.

              Piensa que ha elegido al profesional adecuado. Su intuición no falla.

              Una angustia visceral, honda, le impide hablar.  Llora como nunca ha llorado en su vida. Transcurrido un tiempo él interrumpe: No, no, así no es. Vení mañana: una sesión para llorar, otra para hablar. Obedece, aliviada. Él sabe lo que hace.

              Estarás mejor si te descalzás, sugiere ¿u ordena? otro día.

              Quitarse los zapatos le resulta tan cómodo como liberador. Sueños, recuerdos, odios, amores, pasado, presente, fluyen en su relato. A cambio, por fin, se llevan tanta desazón.  Un muy buen… hombre, con notable experiencia, a pesar de ser poco mayor que ella.

              No comprende cuando lo escucha murmurar: como capas de cebolla, al observarla quitarse el sweter demasiado pesado para la primavera que parece asomar también en el consultorio. ¿A qué se refiere?  “El amor es una alcachofa que va perdiendo sus enigmas”, “El amor es una palabra”, los versos la atraviesan como un rayo. Benedetti -su preferido- logra inquietarla: “Hasta que queda una zozobra una esperanza un fantasmita.”  Comprueba -por su mirada- que jean y musculosa, elegidos especialmente, logran su cometido.

              Pleno verano. Satisfecho con la mejoría lograda, agrega complacido: Hoy comienza el análisis. Hemos ido revelando tu alma. En la próxima sesión quitaremos el último velo. Por último, bajando la voz, tal vez demasiado cerca de su oído: lo disfrutarás tanto como yo.  

              Al despedirse aspira una vez más su perfume con fruición contenida: tabaco y limón la asaltaron tantas veces en cualquier momento, en todo lugar, dejándole una sensación agridulce… Paga honorarios, se marcha. 

                 No regresa a la próxima sesión.

 

                                                                                         Nora L. Salgueiro

domingo, 3 de octubre de 2021

Amor perdido, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 










Amor perdido

 

Amor perdido entre las brumas del olvido,

envuelto en las blancas neblinas del ayer,

eres recuerdo borroso ensombrecido,

hoy en el horizonte te veo palidecer.

 

Palidecer como débil luz en el ocaso,

que muere sola y triste con el atardecer,

solo fuiste del lúcido arrebol un pedazo

tiempo pasado que jamás logrará volver.

 

Te perderás en los horizontes más lejanos,

el camino estará lleno solo de soledad,

de rosas mustias y jardines muy ancianos,

solitarias aves allá en la inmensidad.

 

Amor sin contexto, fuera de la realidad,

fue efímera tu existencia, perfume sin aromar,

volátil, sin frescura, carente de calidad,

sin armonía, perdido siempre en alta mar.

 

Amor perdido, solitario en el arenal,

solo quedas en las alas rotas del recuerdo,

dormido por siempre bajo un hielo fantasmal,

amor perdido, solo taciturno y lerdo.

 

©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Medellín septiembre 18 de 2021


POLÍTICA , Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 










Ilustración: Horacio Castro


POLÍTICA

 

Condición de plural

arquitectura

el trazo de un espacio

el del discurso

una manera en fin

de procesar lo múltiple.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

De su libro “En esta hora”.