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sábado, 22 de mayo de 2021

El ridículo lenguaje inclusivo, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 



El ridículo lenguaje inclusivo

 

Nuestro mundo es un orbe de palabras. Somos inseparables de las palabras. Ellas son nuestra única realidad o, al menos, el único testimonio de nuestra realidad. No hay pensamiento sin lenguaje. Lo primero que hacemos frente a lo desconocido es nombrarlo, bautizarlo, buscar las palabras que lo definan. Lo que ignoramos es lo innombrado. Pero el lenguaje es también un hecho estético, una experiencia poética. Cuando estudiamos un idioma estamos obligados a ver las palabras de cerca, las sentimos hermosas o no. Esto significa que el lenguaje está dado a la sensibilidad; lo cual obedece a que en el origen del lenguaje los hombres quisieron expresar con palabras la experiencia cercana que tenían con la naturaleza y las cosas.

Todo período de crisis coincide con un conflicto de lenguaje, lo más corriente y usual, lo que más tenemos al alcance de las ideas; lo más contradictorio y polémico a su vez. Todo símbolo es lenguaje, aun los más abstractos y puros, como los de la lógica y la matemática. Además, los signos deben ser explicados y no hay otro medio de explicarlos que a través de la palabra, lo que construye el lenguaje. Quizá la historia del hombre podría reducirse a la relación (al eterno conflicto) entre ideas y palabras.

El idioma español o castellano es uno de los cinco ilustres dialectos del latín que se habla y se lee en buena parte del planeta (los otros son el portugués, el francés, el italiano y el rumano). Originario de Castilla, es una lengua romance que pertenece al grupo ibérico y evoluciona y se sostiene gramaticalmente a través de las investigaciones a cargo de los lingüistas de La Real Academia de la Lengua Española (RAE).

Como todo idioma vivo, el español nunca dejó ni dejará de evolucionar; tampoco de ampliar su espacio de desarrollo. Tan es así que hoy el español es la segunda lengua del mundo por el número de hablantes nativos de la América Hispánica; vale decir, que es una de las cuatro lenguas -junto al inglés, el chino mandarín y el hindi- más habladas, y la tercera en comunicación internacional. Por consiguiente, el español posee la tercera población alfabetizada del mundo, siendo una de las lenguas más utilizadas para la producción de información en los medios de comunicación; como también la tercera lengua con más usuarios de Internet, junto al chino y el inglés.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE), con sede en Madrid, es la Institución que tiene como misión principal supervisar y velar por los cambios que experimenta el idioma española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes; eso sí, siempre que no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico a través de las academias correspondientes de cada país. En definitiva, el idioma es algo vivo, en permanente evolución, lo que hace que en ocasiones la RAE, deba mediar ante las complejidades que se plantean en cada región.

En el primer capítulo de su “Manual” expresa su rechazo unánime al lenguaje inclusivo, un snobismo de reciente data. Agreguemos que esta obra de la RAE es una especie de guía práctica para resolver las dudas ortográficas, fonéticas o gramaticales que se dan en la evolución del idioma. De esta manera se considera innecesaria la inclusión del doble género. El “todos” y “todas”, que pretende utilizar “x”“@” (arroba) o “e” en lugar del correspondiente plural. Aparece así el “todxs”“tod@s” o el ridículo “todes”, que nadie sabe de dónde salió ni a quién se le ocurrió, y cuesta imaginar a Cervantes, a Lope o a Quevedo, usándolo.

Además, la RAE subraya con claridad que el género masculino, “por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en diversos contextos debidamente especificados en dicho Manual”. Por lo tanto el plural es masculino e implica a ambos géneros gramaticales; así que al dirigirse al público no es necesario ni correcto decir “hermanos y hermanas, españoles y españolas, argentinos y argentinas, ustedes y ustedas”.

Sin embargo, hoy en día, por grotescas razones de contenido ideológico, o por un simple capricho, un creciente grupo de ignorantes políticos y desinformados comunicadores, continúan con el error y pretenden imponerlo por vías de un absurdo cargado de excesivo feminismo. Aclaremos entonces que decir “ambos géneros” es correcto solo cuando el masculino y el femenino son usados como palabras diferentes; verbigracia, “damas y caballeros”, “toros y vacas”. Ahora bien, es correcto o incorrecto decir “presidente o presidenta”. En español existen los principios activos de la lengua, usados como derivados verbales; así, el participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, es sufriente y el de cantar es cantante.

El rechazo de la RAE a las expresiones del lenguaje inclusivo se entiende a las referencias que se llevan a cabo únicamente a través de palabras de género femenino, como sucede en los grupos nominales coordinados con sustantivos de uno y otro género. Desde este punto de vista, sería posible la expresión los españoles y las españolas, y no lo sería, en cambio, la expresión “todos los españoles”; menos aún “todes”, en especial cuando el contexto dejara suficientemente claro que abarca la referencia a las mujeres. También se considera “inclusiva”, en esta misma interpretación del término, la estrategia de emplear sustantivos colectivos de persona, sean femeninos (la población española), sean masculinos (o el pueblo español), así como la de usar términos nominales que abarquen en su designación a los dos sexos (como en toda persona española, en lugar de todo español). Estas formas o aplicaciones intentan evitar el sesgo hacia un sexo o género social en particular, que resultaría excluyente de otro. Por otro lado, si miramos el asunto desde una posición imparcial, nadie necesita proteger a las mujeres si hay igualdad de derechos.

A este respecto se pueden observar expresiones como Homofobia, Transfobia y Obesofobia, que aluden a lo expresado; así como evitar la cosificación de las personas. A tal efecto, es mejor decir que “los pueblos nómadas se trasladaban con sus enseres de un lugar a otro”, y no que “los pueblos nómadas se trasladaban con sus enseres, mujeres y niños de un lugar a otro”. Evitando de esta manera el uso de la palabra mujer como sinónimo de esposa para evitar el uso de señora o señorita, o señora de..., o viuda de... y utilizar el apellido de las referidas mujeres. Al nombrar a Juan Pérez y María García, y no al Señor y la señora Pérez, que suponen heterosexualidad y prefiriendo formas neutras como pareja, relación, o cónyuge en lugar de novio o novia; marido, esposo o esposa, haciendo que en tales casos, es correcto decir: “El alumnado puede asistir con sus parejas”, en lugar de "los alumnos pueden asistir con sus novias".

En la segunda interpretación, la expresión lenguaje inclusivo se aplica a los términos en masculino que incluyen claramente en su referencia a hombres y mujeres cuando el contexto deja suficientemente claro que ello es así, de acuerdo con la conciencia lingüística de los hispanohablantes y con la estructura gramatical y léxica; en concreto, en seis de las lenguas románicas. Es esto lo que sucede, por ejemplo, en expresiones como el nivel de vida de los españoles o Todos los españoles son iguales ante la ley.

El problema, en mi humilde opinión, es confundir la gramática con un machismo excedido de abusivo feminismo por razones ideológicas o pretendiendo ignorar estas normas debidamente estudiadas por los académicos. Ante la solicitud y rechazo reiterado del lenguaje inclusivo, la RAE ya se había manifestado en contra del uso de “x”“e” o “@” como marcas de género. Ya que, “el masculino gramatical funciona en nuestra lengua como en otras; es decir, como término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”. Algo que, según han subrayado en diversas ocasiones la RAE, no tiene “intención discriminatoria alguna”.

Para disipar dudas, aconsejo también la lectura del libro Estilo de la lengua española según la norma panhispánica. Este texto se refiere a dudas que surgen de una vida cotidiana asociada ahora a la extendida tecnología que nos abarca. El lenguaje no es una mera herramienta mediante la cual expresamos y comunicamos nuestras ideas, sino que tiene la intención de hacerse pensamiento valorando las palabras; se supone que se piensa cuando se habla y, al mismo tiempo, esto representa y construye realidad. Es, además, el sentido y medio central mediante el cual entendemos el mundo y construimos la cultura.

El debate en torno al lenguaje inclusivo ha tomado mayor fuerza en el último tiempo, producto de las discusiones de las organizaciones sociales feministas y de mujeres que han vuelto a cuestionar el sentido común de la sociedad; pero resulta inadmisible que ignorantes políticos para diferenciarse y quedar bien con su electorado deformen nuestra bien estudiada lengua. La discusión acerca de cómo incorporar a todas las identidades en nuestro español no es algo nuevo, ya estaba presente y se ha profundizado en el último año gracias a diversas intervenciones de los espacios sociolingüísticos públicos y privados.

Si revisamos los prejuicios existentes que se suman en torno a nuestro ilustre idioma, uno de los primeros es la idea de la deformación del lenguaje; esto es, la concepción de que la lengua es un ente rígido o manuable y sin conexión con los cambios socio-históricos. A pesar del empeño de los académicos por rechazar su uso o minimizar sus alcances, el frágil lenguaje inclusivo se afianza en los intercambios coloquiales y se instala en organismos públicos, a la vez que estos avances parecen empujar los argumentos para avalar su aceptación; también instalan el riesgo de transformarlo en un gesto de corrección política sin impacto para corregir las desigualdades de género.

Hoy, en una nueva etapa evolutiva de la discusión, sin tener en cuenta las argumentaciones de la RAE, ya son muchos los organismos públicos que, de manera inquietante, lo incluyen en sus protocolos de comunicación. Esta institucionalización a contrapelo, tiene en la Argentina un correlato alarmante en las frecuentes apelaciones del profesor Alberto Fernández, presidente de la Nación (persona con formación universitaria), que se ha aficionado al “todes” y también al “amigues”, seguramente por obsecuencia a su verborrágica vicepresidenta y al osado economista que gobierna la provincia de Buenos Aires.

 

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA VIDA COMO LA BOLSA DE VALORES, Francisco Henríquez, Miami, USA

 







Imagen de: tramitesyrequisitos.com


LA VIDA COMO LA BOLSA DE VALORES 

 

Yo creo que mi mal ya tocó fondo

me lo dice la imagen del instinto,

ya todo me parece más distinto,

como este fondo nada verás hondo.

 

Ya me debo subir hacia el redondo

brocal del que caí en el laberinto,

éste que fue tan mísero recinto

que no fue para mi lo más orondo.

 

Somos como la bolsa del mercado  

hoy pierdes, pero ves multiplicado

mañana, con dinero, a tu acomodo.

 

Nada importa que seas hombre ducho,

quizá durante un mes te ganes mucho  

y llega un día en que los pierdes todo.

 

Mayo, 2021

 

©FRANCISCO HENRÍQUEZ, poeta y escritor cubano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

http://www.micartalirica.blogspot.com

 http://www.micartalirica.org 

 


sábado, 15 de mayo de 2021

OY, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 








OY


Oy un buzón fue echado en una carta.

Oy a mi mano la desgarró un guante.

Oy un jarrón se marchitó en la rosa.

Oy salió el sol, y fue en cuarto menguante.

 

Oy un boliche me cerró la noche.

Oy una nube se cubrió de cielo.

Oy un papel se derramó en la tinta.

¡Oy es un Yo marchando a contrapelo!

26  de  mayo  de  1978

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

Del libro "Con un Cacho de Nada", poemas. L. A. - Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1986.  Segunda  edición,  Ed.  Corregidor,  Bs.  As.  2001.


LA MIGRACION COMO CONSTANTE VITAL, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 


Imagen de: la.netword


LA MIGRACION COMO CONSTANTE VITAL

Podríamos pensar, sin peligro de equivocarnos, que en la evolución del ser humano ha tenido valor permanente, su instinto migratorio.

Los antropólogos calculan que el hombre se asentó a los bordes de los ríos, para un mejor aprovechamiento de los recursos, y emprender con la agricultura una nueva era, hace más de diez mil años, pero antes, vagó por todo el planeta muchos miles de años más, lo que nos hace pensar, que llevamos en nuestros genes el espíritu viajero que tanto ha guiado nuestros sueños y nuestro afán aventurero.

Resultaría vertiginoso pensar, después del descubrimiento de América, los millones de personas que se aventuraron a ir  a tierras extrañas en busca de una mejor ocasión en que satisfacer sus esperanzas de progreso, de mejoras materiales, políticas y sociales. Porque nadie renuncia a mejorar su situación a todos los niveles y en toda circunstancia.

Durante los últimos años, España ha sido un país de acogida; muchas pateras con personas de África llegan a nuestras costas en condiciones lamentables, personas que suelen ser devueltas a sus países de origen.

Vemos con sumo espanto los inmigrantes muertos que arroja el mar. El horror de Lampedusa no será fácil de olvidar. De 520 personas que viajaban en el barco naufragado, se salvaron poco más de cien. El dolor de estas personas no nos deja indiferentes, porque no hace mucho, dos millones de españoles dejaron el suelo peninsular camino de Argentina, Francia, Alemania... El progreso económico de nuestro país, se debe en gran medida, a las aportaciones económicas que trajeron los emigrados.

Se compraron muchos pisos, la vivienda soñada, un pequeño local donde abrir un pequeño negocio. Las hipotecas que complementaban la adquisición duraban cuarenta años, pero los intereses iban decreciendo y, al contraste del nivel de vida que iba subiendo, en poco tiempo esa angustiosa hipoteca se volvía menos gravosa y más fácil de pagar, hoy es todo lo contrario. El desahuciado pierde la vivienda pero se le queda la deuda. ¿Qué tipo de clausula se les obligó a firmar que lleva a las personas a la desesperación y a algunas al suicidio?

Terminada la II Guerra mundial los países aliados castigaron al dictador Franco con el aislamiento total, para hacerle pagar su adhesión a los países del Eje, pero en realidad, fue el pueblo español el que sufrió las terribles penurias que tal castigo imponía.

El primer país que ayudó con su enorme generosidad a este maltrecho pueblo fue la República Argentina, su trigo salvo muchas vidas, porque esas hermosas tierras, que tan mal trataron los europeos, son y han sido, una fuente permanente de acogida. Basta visitarlos para constatar la enorme generosidad con la que te reciben.

Los que fuimos emigrantes en Europa, en París en mi caso personal, hemos podido comprobar la distinta acogida de un país a otro, porque cuando en 2005, pise suelo argentino, por primera vez, invitada para la presentación  del libro de una amiga, me sentí, no diré como en casa, me sentí mucho mejor que en casa propia. Y posteriormente, al ir a presentar mi libro “Retazos históricos de la posguerra 1939-1953” en que he repetido el viaje,  he vuelto a sentir la calidez, la cortesía y el cariño de los argentinos, sobre todo gozamos mi hijo y yo, de ser alojados en casa de Norberto Parrone, y de su humanismo. Por eso, me gustaría que mis compatriotas no olvidases, la generosidad con la que han sido tratados y sepamos a nuestra vez, acoger al inmigrante que tanto nos puede enriquecer sin olvidar que ahora nuestros hijos, la generación mejor preparada de nuestra historia, emprende de nuevo el éxodo (aunque de momento todo está parado por el coronavirus que nos devora,) a la búsqueda de trabajo, como lo hicieron sus padres y abuelos hace unos cincuenta años atrás.

 

Andamos desenfrenados resguardando el feudo europeo, que como muralla infranqueable se levanta ante todo intento migratorio y lo que más cerca tienen los desesperados tunecinos, egipcios, libios, sirios, es precisamente el sur de Europa, que hace poco, por no decir nada ,para socorrerlos. Nos viene a la memoria cuando leímos en la prensa que el Sr. Obama exigía que cese el “uso escandaloso de la violencia”(algo que el sr. Trump ni menciona, por no decir que está más inclinado a una postura contraria),  que no se usen armas químicas y nos preguntamos ¿hay algún uso violento que no sea escandaloso? Para algunos tanta hipocresía nos tiene también muy hartos.

                                                                                                                                                                                                                                                          

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


EL POEMA PROMETIDO, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 

Imagen de: poematrix.com


EL POEMA PROMETIDO

 

 PROSA POÉTICA

 

Autor Favio Ceballos con epígrafe de Ester Matellicani

 

"no tengo en mi mente la noción de cuánto dolor causa el no saber comprender el valor de mostrar lo que somos"

 Ester Matellicani

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A vos amiga....

y gracias a Dios por brindarnos a todos esa oportunidad de reivindicarnos en el compartir.

Ni me quiero imaginar lo que sería el mundo sin el amor de tantos y tantos.

Y a pesar de las fake news falsas noticias, a pesar de las psicopatías generadas por los medios de incomunicación: maestros, religiosos, científicos, políticos etcétera. Nada ha podido detener el avance de la salud germinal que Dios ha plantado en nosotros por derecho y por herencia genética.

 Él así lo ha decidido y ha sido contemplativo incluso con los más perversos de la tierra.

También me he dado cuenta de que alguien sembró en la genética lo que los libros de Veritas llaman cizaña, más temprano que tarde se limpiará, lo sé por mi sueño.

También nos dieron dogmas engañosos.

Por algún pacto espurio que desconocemos el mal se ensaña con la belleza, la bondad y lo sutil.

La paz de nuestro corazón dice que los amadores triunfaremos.

Con defectos y todo el mundo es bueno y la tierra maravillosa.

Es verdad querida Ester lo que provocan en el alma estas palabras de tu carta. Siento igual que vos, cuando decís: "¡cuántas verdades nos faltan por desenroscar!"

También agradecerte ahora vía ésta brevedad de esquela cibernética, por los olvidos que mutuamente nos hemos dispensado.

Como dijera Jorge Luis Borges ¡oh Dios gracias por el olvido que me rescata de lo que he sido!

Lo que nos falta es lo que no es nuestro y nunca lo será.

Y me provocas amiga la comprensión interior de que ya todo tenemos.

Te cuento que desde niño vivía en la calle jugando, esto no lo sabías, trepado de los árboles jugando a la pelota con lo demás niños del barrio, juntando tréboles de cuatro hojas, enamorado de las flores de todos los jardines de esas calles que cargaban con mi mirada inquieta, desde la casa paterna hasta la escuela.

Cuentan los compañeros que me quedaba más de media hora mirando una flor que me gustaba en el jardín vecino. Ellos seguían camino y yo me quedaba absorto contemplándola.

 -¡Vamos, vamos! decía Rubén otra vez a Favio le dio la chiripiorca.

-¿Qué decís, que le pasa? Le preguntó Fernando

-¡¿No ves?, se queda como estúpido mirando la flor! Le contestó Rubén.

Observaba el ritual acompasado de la abeja que día tras día era el mismo. Intuía que algún código secreto escribe, en el aire de la flor, esa abeja.

El color y la forma que impactantes al principio iban dejando paso al perfume. Perfume que poco a poco dialogaba con mi sangre. Observaba la acción de esa abeja para conquistar a la flor. Algo hacía volver a la abeja a la misma hora. En ese tiempo mis ojos detectaban avizores lo pequeño y lo grande, un instrumento perfecto para el tamaño de mí curiosidad (1). El insecto lograba que le diera su néctar. Caí en conciencia que aquella flor, de alguna secreta manera, se había percatado de mi presencia durante varios días de observación y había tejido en el perfume un extraño lazo que nos ataba a los dos.

Como todo lo incomprensible ese lazo ya estaba en mi sangre. En pocos minutos la fragancia había sido detectada por algo en mi cuerpo, algún órgano invisible más allá del olfato que me vinculada misteriosamente con aquela simple y colorida. Ella, un ser que flotaba en el aire sujetada por un tallo.

La simpleza de la flor me atraía, 

En la aceptación total de ella, estaba la clave del juego que los demás no comprendían. Me recibía completo, tal como era, completamente única, y yo totalmente verdadero.  Fluir hacia ese abrazo maternal de la flor me daba más vértigo que un tobogán.  Tan pequeña y frágil, podría haber cabido en la palma de mi mano. aún así detentaba un poder inconmensurable. Se arrojaba al acto magnánimo de contenerme. ¿En dónde estaba, yo cuando?

Lo recuerdo perfectamente, mis dos pies sobre la vereda, mis rodillas apoyadas sobre la reja baja del jardín, levemente inclinado para poder observarla de cerca y la flor espléndida flotando en el aire.

Ya había viajado hacia su interior y en un tris me mostró otro mundo, su mundo. Te anticipó que ese mundo estaba construido con luces.

 Viajaba hacia la flor.

Claro que en aquel tiempo me concebía solamente desde el cuerpo, cómo lo hace todo niño, experimentando sus alcances, fuerzas y adaptándome a las reglas del mundo. Pero también tenía noción de que preexistía. Ir y volver por ese túnel guiado por el lazo de su perfume era la prueba que necesitaba mi infantil razón para comprender la sinrazón de una existencia sin tiempo.

A las pocas semanas habíamos establecido un diálogo donde no mediaban las palabras. Surgió súbitamente y entre los dos desdibujamos las barreras entre los reinos.

El humano y la flor vegetal eran ahora un solo reino gobernado por el perfume en la eternidad de las luces y las sombras.

Por aquel entonces no escribía, vivía la poesía en mí y yo la adoraba.

El tiempo y la misma curiosidad, pero esta vez guía da por los micromiedos del sistema educativo y todos los demás acuerdos del despojo gobernados por lo absurdo, sumado a los macrosustos seudoprotectores que niegan el Ser y esa superficialidad que usurpa lo trascendente, imponían por la escuela burdas y pesadas palabras, toneladas de palabras sin perfume.

Hoy, gracias a tu mirada buena, he vuelto a recordar mi promesa, y por fin le escribo a la flor el poema que le prometí.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 

PD.

(1)(Ya me dijera el viejo Pablo cuando le pregunté: ¿por qué usaba unos lentes con unos vidrios tan gruesos? y él me respondió: "ya no soy tan curioso como antes")

Cuando pierdes la curiosidad ya no queda mucho por ver y los ojos van perdiendo sus poderes.


RETORNAR, Ady Yagur, Israel

 







Imagen de: batiburrillo.net


RETORNAR

 

Retornar a la casa linda 

sin balcones desolados,

entre aromas renovados 

que son nostalgia divina.

 

Pueblos amantes de la paz 

banderas de vivos colores,

un coro de ángeles canta

sin murallas que separan.

 

Esperanza en los senderos

anhelo de tiempos nuevos, 

sin pandemia  que limita

 la vida con buen destino.

 

Tierra que llora de pena

entre lágrimas calladas,

parece que las miradas  

acercan a los hombres..

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  


CANDOR, POEMAS, PLACERES, Miriam Fernández, Mar del Plata, Argentina

 











Imagen de: pinterest


CANDOR, POEMAS, PLACERES

 

Un suave viento matinal,

menea sus hojas verdes

y prontamente las muerdes,

sospechando ese final.

Con aroma mentolado,

brillante sol acaricia.

Presurosa la noticia,

sabroso ese helado.

Un ensueño uniforme,

gran pereza acuñada.

Culmino aprisionada,

sutilmente muy conforme.

Reales atardeceres,

un buen clima acompaña.

Vislumbra la telaraña,

candor, poemas, placeres.

 

 ©MIRIAM FERNÁNDEZ, poeta y escritora argentina

Mar del plata


Diario, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 






Imagen de: swimag.com

Diario


No soy escritor pero debo redactar mi biografía, debo contar cosas fundamentales, acontecimientos significativos. Tal vez para el lector resulten palabras vacías, sin sentido, recuerdos absurdos. ¿Obstinación, estupidez? ¿Qué tipo de lector? ¿Emocional y ecléctico, vocacional, medio? Debo desnudar lo que se oculta, aquello que no se dice, esa suerte de hipocresía naturalizada en cada individuo, en cada familia, en cada sociedad. Hablar de cómo ahoga sus gritos, su histeria, la irracionalidad. Como se fue transformando en víctima, en una persona donde la fatalidad ocupó sillones, muebles, sábanas. Y también del desenlace trágico, de la muerte de mi padre, de la amada que volví a encontrar después de quince años en un café de Montevideo, del tedio que me invade. Del insomnio, del incidente infausto de mi tío -el incidente del cual discutí en terapia durante meses-, de mi época de estudiante, de la percepción fantasmagórica de una aldea. No quiero ser desmesurado ni trasmitir odio al hablar de las mujeres que conocí. Deduzco que debería escribir del exilio, de las paredes curvadas, de las plazas, de la imposibilidad de tener hijos, de una carta de mi madre, de aquella foto de la infancia, del olor a manzana en el ropero de una prostituta, de la mirada y sordidez de mendigos durmiendo en la calle, de la trivialidad de mi cuñado. No sé cómo empezar.

Buenos Aires, abril de 2019 

 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


María de Maeztu, una emblemática mujer, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 


María de Maeztu, una emblemática mujer

 

Según Schopenhauer la realidad deriva de las biografías individuales y, por lo tanto, los hechos de la historia son meras configuraciones del mundo aparencial. Esas biografías individuales, sin embargo, nos aproximan a las vidas de aquellas personas que han incidido sobre la cultura, el desarrollo y la integración de la humanidad. Otro pensador, el áspero Owald Spengler, sostenía, en cambio, que la historia es periódica y proponía una técnica de los paralelos históricos; es decir, una suerte de morfología del continuo devenir de las culturas. Aunque, quizá, más generoso y práctico en sus elucubraciones, fue el genial escritor y periodista Thomas De Quincey quien afirmaba que la historia es inagotable y posibilita permutar y combinar los hechos registrados, lo cual equivale a un número infinito de hechos superpuestos. Es decir que en algún aspecto creía, como Schopenhauer, que interpretar la historia no es menos arbitrario que imaginar figuras sugeridas por las nubes en una tarde tormentosa.

Esta introducción, con alguna abundancia de relaciones, se me ocurre al indagar sobre el perfil de la mujer que predominó en España a lo largo del siglo XX, muy a pesar de ciertas reformas políticas y sociales, que alentó el gobierno de la II República y de la lucha feminista instalada desde finales del siglo XIX hasta 1936. Aquella mujer fue educada en la rígida moral cristiana, dirigida por el patriarcado y en algún modo sometida a él. Aquella mujer, como la de este lado del Océano, sin duda resignada ante la del otro lado, vivió asfixiada por sus deberes como esposa y madre; limitada, además, por leyes paternalistas que, en muchos sentidos, la sometían. Esa mujer se levantó en pie de su liberación y sigue construyendo su presente y porvenir.

Recuerdo ahora que en una audiencia que dio Mussolini a Victoria Ocampo y ya he referido en otro texto, nuestra valiente escritora se atrevió a discrepar nada manos que con el arrogante Duce, cuando de manera terminante dictaminó que la mujer debía someterse al hombre. También como su amiga Victoria, que fuera un arquetipo de valentía y de lucha por la igualdad de la mujer en nuestra América, la española María de Maeztu, asilada en la Argentina y sumada al reino de los del silencio en la ciudad de Mar del Plata, en 1948, fue una de las mujeres más libres y formadas de su época. Acaso no nos equivocamos al afirmar que dedicó toda su vida a luchar por conseguir la emancipación y el protagonismo de la mujer a través de la educación: “La primera tarea a realizar es la de preparar a nuestras mujeres y claro está que confío como único y exclusivo medio en la educación, que le dará fuerza para descubrir nuevos mundos, no sospechados hasta ahora”, dictaminó convencida.

Nacida en el País Vasco, María de Maeztu y Whitney llegó a este mundo el 18 de julio de 1881. Era hija de Juana Whitney y del ingeniero Manuel de Maeztu y Rodríguez, un hacendado cubano de ascendencia navarra nacido en Cienfuegos. Sus padres se conocieron en París y se dice que su madre, hija de un diplomático inglés educada en Francia, fue para María el mayor ejemplo de mujer fuerte e independiente. Al enviudar, doña Juana se instaló con sus cinco hijos en Bilbao y abrió una Academia anglo-francesa para señoritas, a las que enseñaba cultura general e idiomas. Aquí fue donde María tuvo su primer contacto con el mundo de la docencia y la pedagogía. En 1902 obtuvo el título de maestra, trabajó en una escuela pública de un barrio obrero de Bilbao y allí llevó a la práctica los principios de la Institución Libre de Enseñanza (una rama de la filosofía krausista), la cual defendía la coeducación y apostaba por una enseñanza activa, laica, apolítica, sin exámenes ni castigos; es decir, que educar a la futura ciudadanía era más importante que enseñar. Este principio estuvo vigente en España entre 1876-1936; fue un proyecto -si se quiere- muy vanguardista, pero recordemos que muchos de estos preceptos fueron reivindicados incluso por los estudiantes franceses de Mayo de 1968.

Convengamos, sin embargo, que las políticas educativas de esa época eran completamente deficientes para la mujer española, pues la tasa de analfabetismo femenino superaba el 70 por ciento, y acaso en medios rurales era incluso superior. Inculcada por su madre, también una pionera, esto fue algo contra lo que María quería luchar decididamente; un texto suyo de esa época, señala con valentía: “La mujer debe tener las mismas opciones culturales que su compañero. De ir al matrimonio con igualdad de derechos y deberes. Es preciso que se abran a la mujer horizontes para vencer, en iguales condiciones que el hombre, en la lucha por la vida, sin que tenga que depender de él.”

Debido a que la mujer no podía matricularse libremente en la universidad sin un consentimiento previo de las autoridades, su formación como alumna oficial no pudo ser reconocida hasta 1910, cuando fue profesor y decano de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, el grande don Miguel de Unamuno, amigo personal de la familia Maeztu, que ejerció una gran influencia sobre ella.

Luego de su paso por Salamanca, María empezó a interesarse por la carrera de Derecho, pero esa no era una profesión para mujeres, así que el Colegio de Abogados de Bilbao acordó cerrarle las puertas en el caso de que obtuviese el título ¡Qué injusticia! Finalmente, decidió trasladarse a Madrid y matricularse en la primera promoción de la Escuela Superior de Magisterio, en la que impartía clases don José Ortega y Gasset. Allí María se recibió como la primera de su promoción entre las alumnas de la “Sección de Letras”. Gracias a la Junta para Ampliación de Estudios, con la cual entra en contacto gracias a su amistad con Ortega, pudo viajar pensionada al extranjero, donde conoció de primera mano los métodos pedagógicos europeos, los cuales trataría de implantar en España y romper con un sistema educativo heredado del conservador siglo XIX.

En 1915 tiene lugar la apertura de la Residencia de Señoritas (la versión femenina de la Residencia de Estudiantes), donde María de Maeztu es elegida Directora por su gran valía profesional. Desde allí impulsó el modelo de los Women Colleges norteamericanos, más liberales que los College ingleses, muy ligados a la Asociación Nacional de Mujeres. El sitio era, además, un albergue para las estudiantes españolas y extranjeras. El espacio completaba, entre otras referencias de estudio, la formación universitaria a través de tertulias, lecturas, conferencias, exposiciones, conciertos, etc. También fue lugar de referencia para el movimiento feminista internacional. La Residencia daba facilidades a aquellas mujeres (en aquel momento eran una minoría) que querían ejercer su derecho a acceder a estudios superiores, lo que les daría una mayor libertad frente al hombre, ya que podrían conseguir trabajos cualificados y, por lo tanto, no depender económicamente de sus maridos.

María fue durante casi 30 años la representante oficial de España en “Congresos Pedagógicos internacionales”, en los que difundía sus ideas feministas, defendiendo la educación como el eje rector de la lucha contra la marginación social de la mujer, que había comenzado a conquistar espacios de la vida pública, y empezaba a trabajar fuera de casa y concurría a la universidad; aunque las leyes, por el contrario, seguían siendo discriminatorias con el sexo femenino. No obstante, María alcanzó niveles profesionales impensados en aquel momento para una mujer, como, por ejemplo, el “Doctorado Honoris Causa”, que en 1919 le concedió el Smith College.

En 1926 ocupó el cargo de Directora del Lyceum Club Femenino, fundado sin ayuda oficial, por ella y un grupo de mujeres pertenecientes a la élite cultural, pioneras en la defensa de los derechos de la mujer, entre las que se encontraba la primera abogada española Victoria Kent, la escritora y diplomática Isabel Oyarzabal, la lingüista Zenobia Camprubí Aymar (esposa del poeta Juan Ramón Jiménez), y la escritora María Lejárraga. Era un club que seguía el reglamento del primer Lyceum inaugurado en Londres en 1904 por la escritora Constance Smedley, cuyo objetivo principal era defender los intereses morales y materiales de las mujeres. El lugar pretendía ser aconfesional y apolítico, los requisitos para ingresar en el club eran, por supuesto, ser mujer, tener trabajos literarios, artísticos o científicos o, si no, poseer algún título universitario o en su defecto participar en obras sociales.

Gracias a los cursillos que impartieron las abogadas Victoria Kent, Matilde Huici y Clara Campoamor, se consiguió que el gobierno escuchara alguna de sus peticiones, como, por ejemplo, cambiar el artículo 57 del Código Civil Español, que rezaba concretamente: “El marido debe proteger a la mujer y ésta obedecer al marido”, para sustituirlo por “El marido y la mujer se deben protección y consideraciones mutuas”. Agreguemos que uno de los enemigos más obstinados del Lyceum fue la Iglesia, que en un artículo publicado en la revista religiosa Iris de Paz, un clérigo bajo el seudónimo de Lorent, afirmaba que: “La sociedad haría muy bien recluyéndolas como locas o criminales, en lugar de permitirles clamar en un club contra las leyes humanas y divinas. El ambiente moral de la calle y de la familia ganaría mucho con la hospitalización o el confinamiento de esas féminas excéntricas y desequilibradas”.

En 1926 invitada por el Instituto de Cultura Hispánica llegó a Buenos Aires María de Maeztu para ofrecer una serie de conferencias. En esa oportunidad se conocieron con Victoria Ocampo, la fundadora y directora de la famosa revista Sur. María, como Victoria, se diferenciaba claramente de las mujeres de su época. Ambas, habían tenido en su infancia una situación social privilegiada y, aunque luego de la muerte de su padre la familia de María había sufrido limitaciones económicas, pudo recibirse de maestra y posteriormente doctorarse, como ya señalamos, en la Universidad de Salamanca. Ambas, con propósitos comunes, se entendieron de maravilla. “Fue Ortega y Gasset, el primero en hablarme de María de Maeztu”, recordaba Victoria Ocampo. “Es, como tú, me había anticipado don José, una defensora del derecho de las mujeres a la educación y, también como tú, se declara feminista”.

Esa amistad se iría consolidando hasta volverse entrañable. Victoria, le dedica varias páginas de sus memorias. “Tuve la oportunidad de mantener largas charlas con María sobre los derechos relegados de las mujeres, en especial, sobre el derecho a la educación”. Esas conversaciones le dieron a Victoria la posibilidad de definir con mayor claridad su posición sobre el tema y la comprometieron con los principios de la lucha por los derechos de las mujeres.

En diciembre de 1934, en Madrid, en la casa de María de Maeztu, Victoria Ocampo conoce a la poeta y educadora Gabriela Mistral que, en ese momento, representaba a Chile como cónsul en España. “Recuerdo que en esa oportunidad, María nos dijo: Soy feminista, y me avergonzaría de no serlo, porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar, como persona, en la obra total de la cultura humana. Y esto es lo que para mí significa, en primer término, el feminismo; es, por un lado, el derecho que la mujer tiene a la demanda de trabajo cultural, y, por otro, el deber en que la sociedad se halla de otorgárselo (…) Negarlo sería inmoral, sería tratarla como a cosa, como a ser extrahumano, indigno de trabajar…

En 1939 el gobierno de la dictadura franquista eliminó el Lyceum y lo convirtió en su némesis; es decir, el Club Medina perteneciente a la Sección Femenina de la Falange. La represión de la mujer fue total, se destruyó en tiempo record los avances que con tanto esfuerzo habían conseguido María de Maeztu y sus compañeras, se recluyó a la mujer de nuevo en el hogar, donde quedó silenciada y aislada, volvía a ser un simple apéndice del marido, al que debía respetar y obedecer desde su posición de mujer sumisa. Demás está decir que La Sección Femenina del Club se encargaba de inculcar valores como la entrega, la abnegación, la sumisión, todo ello sumado a una labor de reeducación cristiana, la mujer feminista-laica debía ser reemplazada por la mujer femenina-católica, sumisa y obediente. Debían trabajar en una nueva identidad de género para las futuras generaciones, y lo consiguieron; sin embargo, hoy en día todavía arrastramos estigmas de la educación diferenciada por sexos.

Con el estallido de la Guerra Civil y el duro golpe del fusilamiento de su hermano Ramiro, María emigró a Buenos Aires, donde obtuvo la cátedra universitaria de “Historia de la Educación”. España se convirtió en un país peligroso para ella, sus ideas feministas y su trayectoria profesional eran diametralmente opuestas al ideario nacional-católico del Nuevo Régimen. Regresó a España en 1947 por la muerte de su hermano, el pintor Gustavo de Maeztu, pero volvió a Buenos Aires para instalarse en la ciudad de Mar del Plata, donde vivió hasta su último suspiro.

Amigas entrañables y compañeras de lucha, María de Maeztu y Victoria Ocampo, como también Gabriela Mistral, fueron pioneras y enjundiosas activistas de la historia de la educación y la lucha feminista de España y la Argentina, y ya toda Hispanoamérica, aunque esa labor forme parte de una lamentable historia olvidada.

 

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA