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sábado, 8 de mayo de 2021

DEL DIARIO DE VÍCTOR FRANKENSTEIN, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 









DEL DIARIO DE VÍCTOR FRANKENSTEIN

 

Escribo  esto  en  una  siniestra  noche 

en  que  mi  obra  ya  está  lista  y  mi  sueño 

ha  perdido  todo  atractivo.  Una  repulsión

invencible  se  apodera  de  mí.

                                                                                              V. F.

 

En  la  bulliciosa  calma

de  un  mundo  que  ahora  es  mi  celda

se  escucha  un  trueno  que  suelda

la  tierra  con  lo  infinito.

Luego  el  viento  como  un  grito,

como  un  divino  reproche,

pone  a  la  calma  su  broche

y  anuncia  la  tempestad

vejando  a  la  claridad

que  se  enluta  con  la  noche.

 

Dejo  constancia  en  mi  diario

que  en  éste,  mi  consultorio,

que  ahora  es  un  laboratorio,

hecho  de  humanos  despojos

acaba  de  abrir  sus  ojos

quien  con  tan shiome  figura

nació  de  una  sepultura.

Mi  nombre  no  le  daré.

De  aquí  en  más  lo  llamaré:

¡La  Criatura!

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

(Con música de Acho Estol – Canta Dolores Solá)

Click:

https://www.youtube.com/watch?v=j85Baj7IaRo

 Ver “5 Tangos góticos”

http://mosaicosportenos.blogspot.com/2021/03/5-tangos-goticos.html


EL SEÑOR ARMANDO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 


Imagen provista por Luis Alposta


EL SEÑOR ARMANDO

Esa mañana me habían llamado por teléfono para la entrevista con el señor Armando. Y allí estaba, a la espera de ser atendido por él.

Su secretaria me había hecho sentar en un comodísimo sillón, señalándome algunas revistas a fin de que atemperara la espera.

Transcurridos escasos diez minutos, la empleada abrió la puerta de un despacho y dijo ceremoniosamente:

                -El señor Armando lo aguarda.

                Me levanté de un salto y entré. La mujer salió cerrando la puerta con exagerada delicadeza.

Un hombre, de alrededor de cuarenta años me tendió la mano y luego me indicó un sillón para que me sentase. Hojeó unos papeles que estaban sobre el escritorio y me dijo:

                -Tengo aquí toda la información sobre su vida. ¿Está seguro que quiere el puesto vacante?

                -¡Nunca he deseado algo con tanta impaciencia! Respondí.

                -Bien, dijo. Sígame…

                Lo seguí por un pasillo muy largo y estrecho, al final del mismo, entramos a un cuarto pequeño, ¡y allí estaba! Se trataba de un habitáculo, al parecer, de acero inoxidable, similar a una cápsula espacial. En su interior había una butaca. Me invitó a entrar al compartimento y me instó a sentarme. Me senté y el señor Armando, me ayudó con el cinturón de seguridad.

                -¡Buena suerte! Me dijo el señor Armando cerrando herméticamente la puerta de aquel insólito artefacto.

La máquina comenzó a girar alcanzando una velocidad ciertamente asombrosa. No sé cuánto tiempo pasó, finalmente, el artilugio detuvo sus giros. Después de algunos momentos pude abrir la puerta desde el interior y salí.

Me hallaba en medio de una plaza desierta. Caminé una cuadra y me encontré en pleno centro de la ciudad, creo que estaba justo en la esquina de Sáenz Peña y San Martín. Detuve a un hombre que transitaba por la acera y le pregunté:

                -¿Sabría usted decirme dónde están las oficinas del señor Armando?

                -Ahí enfrente. Me dijo con cierta molestia.

Crucé la calle y entré al lugar.

Me atendió la secretaria del señor Armando y me dijo que debería esperar unos cinco minutos. Aproveché para terminar de leer el artículo de una revista especializada en psiquiatría que había tenido que interrumpir en la visita anterior.

Cumplido dicho plazo, la secretaria me hizo saber que el señor Armando me esperaba.

Entré al despacho que me indicó la señorita y allí estaba el señor Armando.

Me dio la mano de forma muy cordial y se puso a examinar un informe que tenía en su escritorio que, seguramente, era una fábula de mi propia vida, o lo que muchos llaman: “Currículum vitae”.

Me preguntó de manera contundente y sin preámbulo alguno: -¿¡si de verdad, deseaba el puesto que había quedado vacante!?- Le dije que sí. Sonrió y me condujo por un pasillo largo y estrecho hasta la cápsula. El Sr. Armando aseguró el cinturón de la butaca, cerró la puerta y el cacharro comenzó a girar despiadadamente hasta que se detuvo. Abrí la portezuela y salí al mundo exterior.

Me hallaba en una calle asfaltada que parecía desierta. Esperé a que alguien pasara por allí y cuando acertó a pasar un joven, le pregunté por las oficinas del señor Armando:

                -Aquí, a la vuelta. Me respondió.

Di vuelta a la esquina y, en efecto, allí estaban las oficinas del señor Armando.

Entré y la secretaria me saludó con una sonrisa:

                -¡Buenos días señor Armando! El elegido para el puesto lo está esperando. ¿Lo hago pasar a su despacho?

                -Sí, por favor. Le contesté.

Un hombre de unos veinticinco años se asomó detrás de ella y ésta, lo hizo pasar.

Le extendí la mano sonriente y le indiqué un asiento. Recorrí atentamente las hojas del informe que estaba sobre el escritorio y le pregunté imprevistamente si de verdad deseaba el puesto. Precipitadamente, como si fuese un decreto, me dijo que sí.

Entonces, le dije que me siguiera.

Recorrimos el largo y estrecho pasillo hasta llegar a la cápsula. Una vez allí, hice que entrara y se sentara en la butaca de la misma, ayudándole a colocarse el cinturón de seguridad.

Cerré la puerta y el ingenio comenzó a girar.

 

 ©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

Buenos Aires, Argentina

De su libro “Cuentos invernales” ed. 2010

EL 

De 

EL HOMBRE DE LA TRISTEZA, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 







Imagen de: Pinterest.com.mx


EL HOMBRE DE LA TRISTEZA

 


El hombre tenía la tristeza de las tardes marinas,

mirada indiferente, llanto en el corazón,

no gustaba la vida, no gustaba el amor;

lo vi más de una noche murmurar su canción.

Su canción? cuál era su canción?

la canción del destierro, la canción del dolor,

su fondo lo tenía el murmullo del viento,

la lluvia de la tarde, la lágrima al caer.

A veces no dormía esperando el amanecer,

meditaba en la muerte, meditaba en el ser,

en las angustias vanas, en el correr, correr,

en la esperanza inútil y el ansia de no ser.

Su rutina fue la misma que el año treinta y seis,

le tocó el viaje a la luna y el cometa Kohutek,

y ni siquiera Europa lo pudo convencer

que la vida era buena y bueno el amanecer.

Una noche de tantas sin luna y sin estrellas,

se apagó dulcemente como se apaga el sol,

el hombre que tenía la tristeza marina,

mirada indiferente y llanto en el corazón.

 

Diciembre 18 de 1973

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 


DEFINIENDO AL AMOR, Francisco de Quevedo, aporte de Carlos Penelas

 







DEFINIENDO AL AMOR

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, este es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

©Francisco de Quevedo

 www.carlospenelas.com


Soy el agua, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 






Imagen de: caracteristicas.co


Soy el agua

 

Soy el agua de tu selva y tu ciudad

sonora vida que cantando siempre voy

soy parte del río y del inmenso mar,

alimento la vida, muy constante soy

 

cristalina cuna, verde tropical

pequeña y frágil inicio mi cantar

soy cantarina y amiga del zorzal,

que orgullosa emprendo mi caminar.

 

Vida sonora desde mi seno maternal

nube sonriente con gotas de amor

cascada inmensa, suave manantial,

oasis ferviente, de grato sabor.

 

Medicina constante, sana el dolor,

clara fuentecilla calmando la sed,

solaz en el camino de ardiente calor,

pródiga serena, de dicha y placer.

 

Amiga de la montaña y su verdor,

fertilizo la pradera en su soñar

riego las semillas, amiga del sol

alegro al campesino en su trasegar

 

Soy la reina universal de la vida

fiel compañera de todas las comarcas

soy de cuidados, nací muy consentida,

quiéreme, soy, de tus mejores arcas.

 

Febrero 23 de 2018

 

©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


IN MEMORIAM A CÉSAR VALLEJO, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas

 







Imagen de: usat.edu.pe


IN MEMORIAM A CÉSAR VALLEJO



Escuche don César Vallejo,
es usted poeta de poetas,
ilustre, insigne, perínclito, inmensurable,
y recuerde el laberinto de la vida,
que deja huellas imborrables en el mundo.

¡Oh don César Vallejo!
Es usted la lumbrera cobriza de mis atardeceres
y corren acuarelas en la tinta de sus crepúsculos.
¡Oh poeta de la inmortal llanura!,
le recuerdo en la luz de sus iluminadas devociones
y en el perenne sol de sus sensaciones.

Le buscaré en los arcoíris de sus profundas convicciones
y en los encantos que desbordan sus manantiales
y en el pesar que vuelan hacia el fugaz viento.

Óigame don César Vallejo
y despierte para ver su gloria
y contemple los rosales de sus reflexiones
y las maravillas de sus constelaciones.

Allá en los universos extraviados
y en el excelso calendario de su pecho
y en la grandeza de sus oceánicas conclusiones
y las revelaciones en los ecos de su aliento
y en la desnudez de sus majestuosas rimas.

Con el caldo veraz de sus denuestas seducciones
usted impregnó el verbo en las montañas
y las olas que estremecieron los mares.

Usted fue un gran soldado de la paz,
quiso dar un beso a las injusticias pecaminosas
y logró yacer en el corazón de hierro
y en la ignorancia que abraza el frío de la noche
y penetró en el tuétano de las raíces inciertas
aunque tuvo implacables espinas
que hieren las fibras en los costados de las hojas;
allá, en su tierra descalza, Santiago el Chuco.

Vive usted en la cima de la sabiduría
y en la brisa que llega hasta mi oído
y el pensamiento que abriga el invierno
usted, mi don César Vallejo.

Dígame de dónde viene su inspiración infinita
de dónde provienen sus imaginaciones
y su extraordinaria visión del tiempo
es usted el ocaso de los mares profundos
y la nieve que se desliza en los copos anidando su pecho.

Dígame quién fue el mañana que le vio nacer
y la luna que brilla en sus riachuelos
¿Quién le dotó para ser un gran maestro?
¿Quién le inspiró en el olimpo de su mirada?
Fue la divina palabra del cielo
y el eterno río de sus compulsiones,
pero hoy alguien pensará en usted
y dirá las grandes verdades azules de su boca
y viajará en el tranvía de sus razones
y anunciará su voz en todo el mundo,
y su paso veloz por las estrellas…

 

©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   


CUANDO EL CRISTO NOS SALVA, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 







Imagen de: diocesistanger.org


CUANDO EL CRISTO NOS SALVA

 

Montado en un borriquito

fue Jesús, ya grande un día,

a llevar sabiduría

del Espíritu Infinito.

 

Entrando a Jerusalén,

los mantos pisaba el burro,

palmas al viento en susurro

y en los brazos el sostén.

 

¡Amamos al enviado

que trae la Luz del Cielo!

y salva a aquel condenado...

 

sanó al mendigo lisiado,

al ciego descorrió el velo

y por Él estoy salvado.

 

 ©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   


..."et in pulverem reverteris". Liana Friedrich, Santa Fe, Argentina

 






Imagen de:elespañol.com


..."et in pulverem reverteris"

         Es evidente que no puedo hacerme responsable de mis actos. Pero existe una razón. La agresión verbal sólo sirve para avivar más mi herida. Ella sí que sabe tocar mi vulnerabilidad con su desprecio medido ...Día por día. Noche tras noche... (Aún siento su expresión burlona rehuyéndome. Sus palabras, provocándome. Mecánica, milimétricamente intencionadas...)

¿Tan desesperado tiene que estar alguien para llegar a planear una muerte?

Detrás de sus espaldas, una rosa roja de tallo largo pugna por salirse del marco majestuoso de orla dorada. Un escalofrío le recorre sutilmente la espina dorsal... Casi siente el suave roce sobre el hombro. Pero no, ¿para qué inquietarse? Si ella ya no está aquí, realmente. Es sólo una imagen petrificada sobre la pared la que retiene el tallo flexible y desencadena el recuerdo.

La tarde desembarcaba en el macizo verde con un perfume definido. Eran los primeros retoños -y risas- de marzo... Desde el rectángulo de luz veía tus manos, alargando fugaces destellos, apartando diestras el pimpollo más perfecto, casi sin espinas... Pero... ¿Acaso sólo lo bello vale?  Si el estigma del dolor no existe... Solamente la magia radiante de los días. La tersa tibieza de la sangre, envolviendo entre sus pétalos concéntricos el corazón naciente del otoño...

La extraño tanto...Extraño tanto esa felicidad suave de los primeros meses...Sin embargo aún no sé qué hacer con la caja gris del tiempo, que impasible aguarda sobre el escritorio de caoba tibia.

             Un rosal por cada año de felicidad, mi amor...Y al despertar esta mañana el olor a tierra removida entró por la ventana abierta a los pies de la cama. Entonces, creía que la felicidad era un estado de eterna infinitud...

 Un testigo solo no basta para condenarlo. Aunque... ¿acaso exista testimonio más elocuente que esa urna gris?

Decir: Yo amo a María. Yo extraño a María, ahora no basta.

Sé que es posible anular el conflicto abruptamente. Suprimiendo toda emoción hago que los sentimientos negativos se muevan sólo en la superficie, sin dolor... (Si logro aceptar definitivamente mi conducta, habré dejado de juzgarme). El deseo que alumbra mi mente es desplazado hacia mis manos. Ellas no preguntan qué quiero hacer. Sólo obedecen ciegamente.

Pero hoy, que tomé una decisión, ya no me atemoriza el vacío del silencio. (¡Ja! Sospecho que estarás aburrida, ahí encerrada, viviendo una vida diferente...) A solas, conmigo mismo, descubro aliviado que ya nada me falta, porque estoy completamente en paz. Porque ya sé cuál será su último destino. Nada ni nadie puede existir aisladamente...  (No estarás más sola ni aburrida. Te lo prometo, mi amor...).

 Disimulando, desvía sus ojos del pequeño contenedor gris... (para que el lector no logre asomarse a su secreto y hasta quizás se atreva a preguntarle: ¿qué guarda usted ahí, tan celosamente, que no quiere mostrarnos?).

 No niego la perspectiva de lo monstruoso. Puedo decir que existe incluso cierta grandiosidad en el sentimiento de lo ruin, de lo deforme...Hasta puedo llegar a idolatrar ese oscuro túmulo...

Ya es hora de dejarnos de personalizar en el yo o en el tú, esas palabras atroces, que deterioran minuto a minuto nuestro matrimonio, con peleas constantes.

En todo caso, ahora le puede resultar más fácil comunicarse con ella... ¡Ahora que tengo oportunidad de ser tomado en cuenta, ahora que puedo ser yo mismo!... único cenobita en esta habitación...

 Nadie sospechará... que los rosales podrán, desde mañana, abrevar en ubérrima esencia, y marcar, retoñando en tus pimpollos rojos -sin espinas- cada año de amor.


©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


REFLEXION, Agustina Argiz, Buenos Aires, Argentina

 







Imagen de: cronica.com.ar


REFLEXION

 

Se había visto reflejada de muchas maneras: detrás de los frascos de perfume y cremas, censurada por la húmeda bruma en la mañana, enmarcados su boca o sus ojos en una cajita acrílica policromática que guardaba en su mochila; desfigurada en las atracciones de un parque de diversiones que no le resultaba tan divertido; traslúcida y fantasmal en un lago nocturno; etérea e inalcanzable en un río de deshielo; irritada en una pileta veraniega; cubierta en lágrimas en la mirada de un amor que no era; artificial y estática en una pantalla de celular; atemporal en un álbum polvoriento; incluso, había visto su interior en placas oscuras de acetato.

Lo que no llegó a ver es su cuerpo censurado en los medios; su boca reflejada en la sangre, sus ojos, en el vidrio astillado; desfigurada en el cromo del parachoques; traslúcida, fantasmal, etérea y cubierta de lágrimas en el recuerdo; artificial y estática en un informe; su interior, en el parabrisas del auto.

 

©AGUSTINA ARGIZ, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

Basado en un cuento que pudo ser verdad, Francisco Henríquez, Miami, USA

 








Imagen: es.zenit.org


Basado en un cuento que pudo ser verdad 


A don Guillermo, el de la esclavitud,
mucho  esclavo fingía estar enfermo: 
"yo sentirme muy mal amo, no duermo,
angustia horrible  quiebra mi salud .

Un sanitario ordenó que un  ataúd 
se colocase afuera, en patio yermo,
y le dijo en voz alta a don Guillermo:
mañana a los más graves de actitud

los mata y hace un caldo bien caliente  
y alimenta a los sanos. Muy paciente
todos o cada cual llevóse al hombro  

su apero de trabajo. En poco  tiempo  
todos estaban bien, sin contratiempo 
y la hacienda creció con gran asombro.

 Mayo, 2021


©FRANCISCO HENRÍQUEZ, poeta y escritor cubano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA.

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