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sábado, 11 de abril de 2020

EL ÚLTIMO RELEVO, Oración a los Soldados yacentes en Malvinas de Orlando Mario Punzi




















Oración a los Soldados Yacentes en Malvinas
de  Orlando Mario Punzi

EL ÚLTIMO RELEVO

“Están allí, tallados en la roca
por el recio buril de la tormenta,
con un poncho de nieve cenicienta
y un jadeo de escarchas en la boca.

Sobre las crestas del paisaje ciego
--detrás de los helados panoramas--
danzan entre relámpagos y llamas
los monjes demoníacos del fuego.

Están allí, clavados en la cita
con los místicos dioses irredentos.
La borrasca les da su rompevientos,
la cruz del Sur les sirve de garita.

Deflagran en el aire como teas
flores de horror, luciérnagas impuras,
y les lamen las rojas mordeduras
los lebreles de sal de las mareas.

Contra los vidrios del turbal inerte
y en conjunción de lábaro y espada,
están allí, la piel descascarada
de cuarto vigilante con la muerte.

El agua cenital de los riscales
--espuma, bajamar, onda, reflujo--
multiplica su trágico dibujo
de cósmicos menhires ancestrales.

Están allí, marcados en la frente
por el duro vector de la pelea,
mientras la rosa del amor flamea
tal un guijarro más en la rompiente.
Un holocausto de clarines puebla
los ecos de las viejas generalas,
y abaten entre líquenes sus alas
los arcángeles negros de la niebla.

Están allí, flanqueados por el genio
del rayo, la pasión, los vendavales,
plantados como tótemes astrales
en el mítico fondo del milenio.


Tras un cielo de láminas ustorias
--perfil contra perfil, peña por peña--
el sol de medianoche les diseña
su pátina de musgos y de glorias.

Están allí, ya nada los arredra
--brumas, alarmas, nevazones, miedos--
oxidada la costra de los dedos,
las raíces hundidas en la piedra.

Y al mandato final del hombre nuevo,
el alto mar, preñado de futuro,
grita con un dramático “¡sí, juro!”
la consigna del último relevo.


Aporte de: CÉSAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


A RAFAEL JIJENA SÁNCHEZ, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

























Rafael Jijena Sánchez y Luis Alposta - Año 1974

A RAFAEL JIJENA SÁNCHEZ

Fue en la década del setenta. Se trataba de un grupo de amigos que, periódicamente, se reunían para hablar de poesía y literatura. Quien presidía “El Laberinto”, tal el nombre adoptado por los contertulios, era el poeta Rafael Jijena Sánchez.
Alguien dijo que “el despliegue de la dramática humana bajo la pluma de un gran escritor -en este caso de un poeta- toca siempre puntos esenciales de la subjetividad”. Y eso en Rafael, se daba plenamente.

Llegaba
como un poeta y un duende
mensajero de la amistad y la alegría.
Cuando lo sorprendíamos con alguna novedad,
solía contestar con su admirativo más en uso:
¡Qué curioso!
Un modo de iniciar su plática,
de la que luego brotaban los recuerdos,
las anécdotas,
las observaciones y reflexiones intencionadas,
la cita oportuna
o el retruécano regocijante.
Siempre la palabra sobria y el adjetivo único,
el que no podía ser otro.
Todo en él era una mezcla mágica
de hidalgo español y jefe indio.
Su voz era sonora y bien modulada.
Su dicción perfecta.
Era serio y vehemente,
sin dejar de ser jocundo y parsimonioso.
También era proclive a lo jocoserio,
y era entonces cuando reía.
Reía e incitaba a reír,
pensando con Rabelais
que la risa es lo propio del hombre.
Fue siempre el buen amigo
y el cacique del grupo.
Fue esencialmente un romántico
y un ser piadoso
en el que vibraban en yunta
lo sacro y lo profano.
El suyo fue un romanticismo superior,
lleno del sentimiento de lo infinito,
de lo trascendente,
de lo espiritual y lo inefable.
Era un buscador de belleza.
En su último libro
-tan último que ha sido póstumo-,
sin olvidar las coplas,
ni a su Virgen del Valle,
escribió sus poemas
con aparente desaliño
y versos no sujetos a medida.
Son versos conversados
que sin embargo cantan.
Vivía rodeado de libros
y de objetos primitivos
en los que siempre venían a cuento
lo ancestral y lo mágico.
La imagen del misterio.
Fue un iniciado
en antiguos rituales de la tierra
y supo ser también un frecuentador
de los santuarios laicos
de los cafés y las peñas.
Todo en él era una mezcla esencial
de hidalgo español y jefe indio.
Fue un poeta
y vivió como un poeta.

©Luis Alposta, de su libro “Otro  él”- poemas -  Ed. del  Valle, Bs.  As., 2000.

LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

                Lectura del poema y fotos

Rafael Jijena Sánchez nos dice su poema "Plaza de Santa Marta" 



A LA PESTE, José de Guardia de Ponté, Ciudad de Salta, Argentina

SHARED. Los cuatro jinetes del Apocalipsis. STUDY by Fabian Massa.

A LA PESTE


Caminas oronda a toda suerte,
y recaes caudalosa en las heridas
eres una de los cuatro jinetes
el hambre, la guerra y la muerte.
Cada caballo es oscura sombra
salvo el blanco de la calavera,
cortejo fúnebre y desgarrado
que siembra todas las penas.
Maldita por todos los hombres
pérfida en sus callares silencios
dejas regueros de sangre negra
y en los cajones los muertos.
Peste fétida y maligna
te embriagas con el dolor ajeno
abres en las doloridas carnes
surcos de tumbas y de veneno.
Te venceremos como siempre
fiera descomunal y hambrienta,
por más que acompañada vengas
desaparecerás en la sórdida niebla.
Caminas triunfante con la muerte
te nutres de todos nuestros miedos
y aunque eres de los cuatro jinetes
te irás con nada entre los dedos.

©JOSÉ de GUARDIA de PONTÉ, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA BALSA DE LA MEDUSA, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina


















LA BALSA DE LA MEDUSA

Estoy en mi biblioteca.
Por la pequeña ventana miro una pared.
Sobre mi escritorio una cita de Dante,
un conjuro de la fugacidad y de la muerte.
Sé de la desolación en las calles,
de cisnes en canales venecianos,
y zorros deambulando en Trafalgar Square.
La aflicción ensombreció los caminos del Apóstol,
divinidades de invisibles designios.
Delfines en Cerdeña, miles de ciervos en Nara.
En Nueva York un fanático delirio
abandona voces impasibles.
Se cierran fronteras, laberintos, puertos.
En las villas miserias no hay agua
ni pianos ni magnolias.
Sólo desamparo y miradas tribales.
Me dicen que patrullan barrios,
que acecha el miedo, el suicidio, la bruma,
que el dolor habita en mezquinos lechos,
huérfanos de belleza y de estrellas.
Por la pequeña ventana de mi biblioteca
miro el velamen de una barca.
Buenos Aires, 25 de marzo de 2020
©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  


ALBORES DE UN NUEVO DÍA, Joseph Berolo, Bogotá, Colombia


amanecer-en-tolu - Viajar por Colombia



ALBORES DE UN NUEVO DÍA

Dejad que llegue la estación de las sonrisas
con su destello tibio de nuevas alboradas
a poblar de luces la existencia y de brisas
suaves el rumbo de todos los mañanas.

No olvidéis mirar partir ese ayer que muere
en el pálido reflejo de las cosas que trajera
ni creer que nada queda de su paso ni sugiere
regresar-¡todo queda y nada queda de su era!

Revivid todo lo vivido, nada en vano fue, abrojos
quizá- y los recuerdos-el aliento de la llama,
el silencio que abrumó la soledad, el vano arrojo
de los bríos, el esquivo abrazo de la dicha vana.
  
¡Dejad que asome el día y canten las alondras!
Que si el ayer fue triste y se llenó de sombras,
la Fe, el sueño, la vida, sus retoños, sus ardores,
todo ES y habita en este amanecer de amores.

JOSEPH BEROLO, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



CUARENTENA GLOBAL, Jorge Ariel Redini, Guaymallén, Mendoza, Argentina

Una ola de frío polar se mantiene sobre Santa Fe : : El Litoral ...

CUARENTENA  GLOBAL


Los que tenemos casa
o un lugar bajo techo y entre cuatro paredes
acá estamos
guardados
precavidos
confinados y más o menos cómodos
mirando dentro de las alacenas
o en las estanterías
y calculando si nos van a alcanzar
las provisiones varias que hemos acumulado.

Los otros
los demás
los de afuera
los de la intemperie
los que no tienen dónde ni lavarse las manos
ni alcohol en gel
ni barbijos ni nada
ni menos alacenas
ni algo para mañana
y si tuvieron suerte
algún poco tal vez han tenido para hoy
no sé en qué pensarán
ni qué calcularán
ni de qué manera se estarán precaviendo.

Nosotros que tenemos dónde caernos muertos
acá estamos
tratando
de evitar a la muerte.

Los otros
los demás
los de oscuros zaguanes
o portales de iglesias
o abajo de los puentes
o en sus tiendas precarias
o en remotos rincones
o vaya a saber dónde
tal vez estén tranquilos
esperando a la muerte y si la muerte llega
hasta tal vez la abracen
como a una vieja amiga.

Y así gira la Tierra
alrededor del Sol.

Mendoza, 28 de marzo de 2020

©JORGE ARIEL REDINI, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  


domingo, 29 de marzo de 2020

LA CAÍDA, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

Proyecto en Diputados para bajar el arancel de Policía en el ...



LA CAÍDA

Se alzó cuidadosamente, ensayó algunos pasos, trotó y luego, sin molestia alguna, comenzó aquella maravillosa carrera.  Sus piernas, pesadas al comienzo, parecían tan livianas como las alas de un colibrí.
Corrió, corrió, corrió… Corrió hasta que la ardiente tarde de verano le mojó el cuerpo de sudor y la respiración se le hizo dificultosa y jadeante.
El suelo, a veces llano y suave, le permitía adelantarse con increíble levedad. La blandura de la hierba amortiguaba el apoyo de sus pasos sobre el piso, dejándole una fresca y agradable sensación de renovada alegría. Su corazón latió rebosante al recibir el líquido vital que llegó limpio y vigoroso hasta la aurícula y el ventrículo izquierdo.
Su cerebro, embebido de endorfinas, activó sus recuerdos de niño, allá, en los terrenos del barrio donde correteaba con sus amigos en busca de las mariposas y los duendes propios de la niñez.
Los recónditos caprichos del soñar lo llevaron a otro plano dimensional y pudo oír claramente los vítores de los partidarios cuando pateó aquel tiro libre en el minuto final del encuentro. Evocó detalladamente con que precisión colocó el perfil interno del empeine de su pie derecho bajo la curva inferior de la pelota a fin de obtener la comba precisa y la fuerza necesaria en el puntapié genial. Con orgullo de líder, le pareció escuchar otra vez los rugidos de la hinchada del club.
Con su patada magistral, la pelota, en una trayectoria prodigiosa, entró sin dificultad en el ángulo superior derecho del arco contario.

Ahora, en los meandros del sueño, el terreno se puso escabroso y algunas piedras dificultaban su avance, más, aquella levedad de sus extremidades le permitió esquivarlas con saltos precisos y elegantes. De pronto, en un tonto descuido, no pudo advertir el montículo de tierra y se torció el tobillo derecho. Cayó retorciéndose por el dolor. Miró su pierna y vio espantado la fractura expuesta de peroné.
Se sintió caer pesadamente sobre el piso y la crueldad del sufrimiento acabó con su conciencia. La noche del dolor terminó oscureciendo la tarde de sol.

-¡Basta por favor! ¡No aguanto más el dolor! ¡Mi pie, mi pie! -Gritó al despertarse después de tantos días de coma-
-¡¿Dónde te duele?!
-¡El pie derecho! ¡Creo que me lo he fracturado! ¡Llamen al médico por favor!!!
-¡Basta de moverte!, quédate quieto que ya pasará…
-¡Por favor, no doy más! ¡Hagan algo! ¡Mi pieeee! ¡Me duele hasta el alma!! ¡No puedo parar de moverlo, si lo dejo quieto siento que los garfios del demonio me lo destrozan!!! ¡Traigan hielo que me quema!!!

Una de las asistentes lo miró compasivamente; en un curso de capacitación, había oído de aquel asunto del “del síndrome del miembro fantasma”.

Mientras las enfermeras luchaban para inyectarle la morfina, su mujer, que lo estaba cuidando desde el principio, se levantó de la silla que ocupaba al lado de la cama y se acercó a la ventana de la habitación desde donde se divisaba el enfermizo parque del hospital.
Dos silentes y amargos lagrimones se deslizaron por sus mejillas. Recordó el maldito cigarrillo. la gangrena y el diagnóstico fatal y definitivo del cirujano cuando, un mes atrás, le comunicó que la única solución era la amputación de la pierna a la altura de la rodilla. 
Estuvo largo rato allí, hasta que los gritos de dolor que profería su marido fueron decreciendo hasta transformarse en una exigua queja de un adagio angustiante. Sin volver la cabeza, imaginó que el pobre se estaría adormeciendo y que su dolor menguaría en unos instantes más.
Afuera, debajo del viejo roble que crecía en el parque, dos chicos jugaban con una gastada pelota de fútbol.

Norberto Pannone© Octubre de 2015

HOY DÍA, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

Hoy amaneció un nuevo día en nuestra ciudad, Barcelona. - Blog de ...


HOY DÍA

Hoy día, he extrañado mucho y nada el ayer,
ni tampoco he elucubrado lo que pudiera suceder mañana.
Hoy día, he visto nuevo sol y nueva luna;
por la noche vi mi estrella, solo una.

He recordado que fue un domingo el día que desperté
por vez primera,
cerré mi mirada y recordé que fui aquel inquieto niño,
recordé quién era.

Hoy día, anduve por lugares que quisiera olvidar,
también anduve por sitios que la memoria desea siempre recordar.
Por instantes me olvidé de toda mi enfermedad
y disipé la nostalgia,  cuando vino a mí  la soledad.

Hoy, deseo vivir en la ansiada tranquilidad
y quisiera escribir muchos versos, que viven
en mi memoria.
El último será escrito muy temprano,
cuando mi alma haga en este mundo su último silencio.

Hoy quiero que sea domingo,
el día que a Cristo vea.
Ya anhelo tener mi sueño.
Mañana, es otro día; nuevo sol y nueva luna, nueva poesía.

Hoy día,…

©GUILLERMO FERNANDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA