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sábado, 19 de octubre de 2019

PIOVE EN SAN TELMO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina















PIOVE EN SAN TELMO

      (tango)

Piove en San Telmo
dulce percanta
y al sol no brilla
la rosa blanca.

Piove en el barrio
en la cheno oscura.
Nubes de atorro
cubren la luna.

Juná la lluvia en la yeca,
estrilando en la ventana.
Juná al viento y la neblina
que al ancho río deschavan.

Que al ancho río deschavan.
San Telmo, minga de sol.
Garúa de un tiempo viejo
cayendo en mi corazón.

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

            Música y canto: “Tata” Cedrón
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            Canto: Lidia Borda
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sábado, 12 de octubre de 2019

EL DESAMPARO…, Yolanda Elsa Solís Molina, Barcelona, España




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EL DESAMPARO…

APARTE DEL DOLOR UNIVERSAL QUE ESTÁ DESGASTANDO EL TESORO ESPIRITUAL, DE TODOS QUIENES PADECEN INJUSTICIAS, POBREZA, DISCRIMINACIÓN… SE AGREGAN ESOS DOLORES QUE TRAEN EL ARREPENTIMIENTO, EL DOLOR DE LOS FRACASOS PARTICULARES, LA SENSACIÓN DE HABER SIDO INJUSTOS, LA DESAZÓN AL COMPRENDER LOS PROPIOS EGOÍSMOS Y MISERIAS…

ES EL DOLOR TAMBIÉN DE NO TENER FUERZAS PARA EMPRENDER UNA NUEVA ETAPA, QUE CONLLEVA UNA FUERZA SUPLEMENTARIA, UNA DECISIÓN INQUEBRANTABLE, UN DECIDIDO PASO A UNA  FLAMANTE VIDA DESDE OTRA VISIÓN DE LOS OTROS Y DE UNO MISMO… Y ESTO NO ES UNA UTOPÍA… SE PUEDE.

ES ESA SENSACIÓN DE DESAMPARO QUE REQUIERE, MÁS CONFIANZA EN LAS PROPIAS FUERZAS, MÁS DECISIÓN DE VIVIR CON LOS DEMÁS, MENOS EGOÍSMO  Y MÁS PAZ EN EL ALMA, MENOS CONFIANZA EN LO MATERIAL Y MÁS ESPERANZAS  DESDE LA GENEROSIDAD,  AL JUZGAR A LOS DEMÁS…

HEMOS NACIDO, PARA VIVIR EN RACIMO, DENTRO DE UNA SOCIEDAD EN QUE SEAMOS ÚTILES AL CONJUNTO, EN QUE PERDAMOS PROTAGONISMO, PARA ENGROSAR LAS FILAS DE LOS QUE SE SIENTEN PARTE DE UNA COMUNIDAD
GENEROSA Y ENTUSIASTA, PARA REVERTIR SITUACIONES CADA VEZ MÁS CAÓTICAS,
EN LIBERTAD PERSONAL.  ABIERTA Y PRODUCTIVA.

©YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



SEGURAMENTE HABRÁ OJOS DESPIERTOS, Beatriz Arias, Buenos Aires, Argentina


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SEGURAMENTE HABRÁ OJOS DESPIERTOS

Seguramente habrá ojos despiertos
para descifrar un poema
en la mitad de la noche.
Yo bailaré en los rincones de la casa
para volver en la oración del grillo
o en el libre resplandor
de una luciérnaga,
o en los húmedos pétalos
recién nacidos del geranio.
El invierno
derramado de aves amarillas
abrirá sus dos alas de hielo.

©BEATRIZ ARIAS, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Guillermo Enrique Hudson, nostálgico de la pampa, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina



Guillermo Enrique Hudson, nostálgico de la pampa 
la prensa, carlos penelas



EL GRAN ESCRITOR Y CIENTÍFICO NOTABLE EVOCO CON ROMANTICISMO LA TIERRA QUE LO VIO NACER
Pocos hombres como Hudson son recordados con afecto. En sus páginas se admira a un observador inteligente y apasionado. La obra de Hudson representa el amor a la naturaleza y a la libertad. Todo en él conduce a la sabiduría de la vida, al misterio y al prodigio. Nos dijo: "He pasado noches en el desierto, y al despertar allí, en los amplios espacios abiertos y llanos, la primera claridad del cielo por oriente, el grito del tinamú y el perfume del campo, me han parecido siempre una especie de resurrección".
Guillermo Enrique Hudson es un escritor reconocido como excelente prosista, pero además tiene que ser considerado como un científico. Fue conservacionista, y sin duda alguna un pionero de la ecología.
Hudson nació el 4 de agosto de 1841. Fue el cuarto hijo de Daniel Hudson y de Carolina Augusta Kimble, quienes se casaron en Boston en 1827. Llegaron al Río de la Plata en el vapor Potomac en 1833. La primera Iglesia Metodista -está aún en Corrientes y Maipú- tiene un registro de bautismos. Allí están registrados Daniel Augusto, Edwin Andrews, Carolina Luisa y Guillermo Enrique. Más tarde nacen Alberto Merriam, en 1843 y María Elena Harris en noviembre de 1846.
En junio de 1846 la familia se traslada a Chascomús. Hudson describirá la época del gobierno de Rosas, el paso de las fuerzas derrotadas por Chascomús. Luego volverá a Los Veinticinco Ombúes, previamente deberá hacer el servicio como soldado de la Guardia Nacional. Inicia también una importante correspondencia con el Instituto Smithsoniano en Washington y con la Sociedad Zoológica en Londres. 
LA PATAGONIA

De su viaje al norte de la Patagonia nacerá su libro Días de ocio en la Patagonia. Cerca de la costa de Patagones el barco en que viaja naufraga, pero se salva la tripulación. Hudson viaja entonces al Valle del Río Negro y describe con su característico estilo el paisaje y los pájaros de la región. En 1868 cuando muere su padre -su madre había fallecido en 1859- Hudson viaja al Uruguay. De ese viaje nacerá su novela La tierra purpúrea.
En 1871 fue nombrado miembro correspondiente de la Sociedad Zoológica de Londres. Es cuando resuelve viajar a Inglaterra. Un vapor equipado también con velas, el Ebro, lo llevará en 1874. En Inglaterra se dedicará al estudio de pájaros británicos. Será el naturalista más destacado de Gran Bretaña.
Hudson se casa con Emily Wingrave, su casera, una mujer que le lleva varios años, en 1876. Administrarán una casa de huéspedes en Londres. Es un momento muy difícil para el escritor pues carece de dinero. Lord Gray de Falloden, admirador de la obra de Hudson, le otorga una pensión. Hudson puede mejorar un poco su situación económica por algunas lecciones de canto de su esposa y pequeños ingresos que le producen sus publicaciones.
Una muestra de la ética de este hombre es que renuncia a la pensión. Alega que no puede ser una carga para el pobre contribuyente británico. Funda la asociación para la defensa de los pájaros y escribe folletos en defensa y la protección de la población avícola. En 1921 muere su esposa y en 1922 Hudson fallece en una guardilla de la calle St. Luke, en Londres. Creemos que es importante recordar el epitafio que se encuentra en su tumba en Worthing: "Amó a los pájaros y a los sitios verdes, y el viento en los matorrales y vio el brillo de la aureola de Dios".
Hudson no solamente es un caso original sino tal vez único. Nacido en Quilmes, de estirpe inglesa, de padres norteamericanos, permaneció en esta tierra hasta los treinta y tres años. Escribió siempre en inglés y murió octogenario. Su gran amigo Roberto Cunninghame Graham dijo: "Sí que era argentino y lo fue hasta el último día de su vida". Más adelante añade: "Hasta en el físico conservó el tipo del gaucho; su hablar lento y su acento de la pampa, siempre me hacían pensar que tenía ante mí a un gaucho de viejo cuño". Hudson solía declarar a sus íntimos: "Mi verdadera vida terminó cuando dejé las pampas".
LLANURA INFINITA
Añoró hasta el momento de su muerte las lejanías, los horizontes ilimitados. Todos los parajes que tanto amó en Inglaterra, las claras praderas de Sussex, el campo de Salisbury, llano y sin árboles, le recordaban la llanura infinita donde pasó su juventud. Con escaso dinero -casi siempre sólo para la cama y la merienda frugal- montado en su bicicleta, escapaba de la ciudad en cuanto le era posible. Nos dice Enrique Williams Alzaga: "Contempló Hudson con ojos realistas el mundo que describe -hombres, cosas, paisajes-. Pero es un realismo romántico, en rigor el suyo. (No olvidemos que rememora mucho después y desde lejos los acontecimientos: hay una indefinible melancolía, una onda a nostalgia en sus evocaciones)".
Nacido y criado en la pampa, Hudson retrata en su obra el ambiente y los hombres que le eran familiares.
En su Hudson a caballo, Luis Franco dice: "Hudson ha aprendido como nadie que el camino de nuestra armonía con la Naturaleza es el sentido de lo bello, presente en nosotros, porque es el espíritu mismo de lo creado. Aprehender su belleza, es fecundar la nuestra y realizarla humanamente. El arte es sólo la traducción de esa felicidad".
Pero Hudson ve también ciertos aspectos de la sociedad de su época. "El gaucho carece o carecía en absoluto de todo sentimiento de patriotismo y veía en todo gobernante, en toda autoridad, desde la más alta hasta la más baja, a su principal enemigo y el peor de los ladrones dado, que no sólo le robaban sus bienes, sino también su libertad".
Hudson se interesa por la vida, por la idiosincrasia del aborigen, por el amanecer y el canto de los pájaros. La vida es en sí mucho más misterio y maravilla: "La sensación de lo sobrenatural en las cosas naturales".
Para terminar citaremos una vez más al poeta catamarqueño: "Su atisbo de los infinitos aspectos de las cosas, su contemplación en intuición del todo, su pensamiento y su sentimiento de lo que vive, desde la hierba al hombre, forman un mensaje de belleza y sabiduría sin par para el que debemos a toda costa aguzar nuestros oídos".
© CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




REENCUENTRO, Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

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REENCUENTRO


Las aguas que incansables fluyen
hoy detienen su pulso afiebrado,
al conjuro de una naciente primavera...
en ese cruce exacto de caminos...
Porque hoy, después de andar la vida,
y de abrir tantas ventanas en el viento,
en el abrazo apretado de un sol  niño
es posible desandar los pasos del destino
para reverdecer pequeños triunfos,
ganados en el espacio de estos muros.
Tantas hebras el recuerdo hoy entreteje
tenues hilos de dolor,  a veces...
otros de gozo... que a esta hora,
como canción de gloria y plenitud
ovillan la soledad en retirada...
Porque siempre habrá una puerta abierta
que conduzca hacia el "nosotros",
con un jubiloso regreso de pájaros al nido,
en un batir de alas y de trinos...
Porque existe la magia del reencuentro
en el instante supremo de la gracia...
(con esa mansa manera de la lluvia
o el estruendo fecundo de los truenos
abriendo cascadas gualdas en el alba...).
Porque será nuestra victoria enorme  
recomponer la suma de todas las historias,
rehaciendo claves y señales
en la lenta trama de los días,
con el impulso rompiente de una ola
que estalle ramalazos de espumas
en la playa febril de los recuerdos...
....Para que la vida renazca en un instante,
ayer, hoy, mañana: de una vez y para siempre,
más allá de los miedos y el olvido,
con las alas del adiós, desplegadas en el tiempo.

 ©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                      


EL ÚLTIMO ÁRBOL , Ady Yagur, Israel

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EL ÚLTIMO ÁRBOL 

Todo parece un gran lamento
ramas  parece  brazos caídos,
hojas han perdido  su verdor
en el sendero ahora amarillo.

El último árbol carece de paz
los otros  son solo  cenizas,
entre lenguas de fuego vivo 
que se beben mil  lágrimas.

Las llamas tienen resonancia
entre  cenizas de piedra  vieja,
Los trinos se escuchan lejanos
en el bosque que  fue  alegre.

El último árbol tiene mi verso
con sus huellas que son canto,
por eso  llamo  en mis días 
a los pueblos que los amen.

Que será del planeta amado
de la esperanza  en lo verde ,
de bosques que se mueren
aunque sigamos cantando.

El ultimo árbol tiene  gajos
que miran hacia las cimas
elevo mis brazos al cielo
pintándolo de colores.. 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



CAMINÉ TRAS LAS SOMBRAS, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia


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CAMINÉ TRAS LAS SOMBRAS


Caminé tras las sombras
sin encontrar la razón.

Los mimos del amor
no fueron mimos.
Del trino armonioso de las aves,
a mi oído sólo llegó el rumor.

El perfume de agradable aroma
dejó nada más la sensación.
Las flores tan hermosas
muy poco mostraron su color.

Diciembre 31 de 1993

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




“CADENAS”, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina








La Esclavitud o El Esclavo:

Obra en bronce realizada en 1881 por el escultor fundacional argentino, Francisco Cafferata.
            
Emplazada en Parque 3 de Febrero (plaza Sicilia), Barrio de Palermo, Buenos Aires.



“CADENAS”
(ango-tango)

Nostalgia, saudades, banzo
banzo, tristeza, dolor…
dolor, pena y sufrimiento
mar por medio y sin  amor.

Entre grillos y cadenas…
sin congas ni batucadas…
él baila a látigo y viento…
¡A lé, calunga musanga!

Rema y rema sin destino, entre oleaje y vientos
que borrando su pasado hoy son su tormento
Boga y boga entre las sombras, el dolor y el llanto
Desarraigo y banzo, soledad, quebranto.

Dolor, ausencias y penas
sabe que no ha de volver
llanto, cadenas y banzo
un modo de enloquecer.

Entre grillos y cadenas…
sin congas ni batucadas…
él baila a látigo y viento…
¡A lé, calunga musanga!

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

            Música y canto: Pablo Banchero 
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EL SABIO, Ángel Medina, Málaga, España
















EL SABIO                                      

Estaba absorto en la lectura de un librito (por su brevedad) existencialista, titulado “Las Moscas”, y justo entonces sonó el teléfono confirmándome la entrevista. Meditaba el diálogo entre la criatura Orestes y el dios Júpiter, cuando el hombre, no es que cuestione la existencia de los dioses, sino que no quiere admitir su potestad sobre los humanos.
Aquel hombre era una celebridad. No alcanzaba a saberse si brillaba más como filósofo o como científico. Como pensador le daba vueltas a su testa tratando de comprender la autonomía del hombre, buscando el nudo gordiano donde acababa el teocentrismo y comenzaba el antropocentrismo. Como investigador trabajaba en un proyecto para confirmar o refutar sus ideas.
Me habían hablado de manera inquietante acerca del profesor Theodor August, neurocirujano y eminente experto del cerebro, y en mi calidad de periodista acudí a la cita.
Lo primero que hice fue observar su apariencia. Su aspecto era el de un hombre enjuto, casi enfermizo, ojeroso, en cuyas cuencas se movían como bolitas dos ojitos brillantes, lo cual me inquietaba. Su presencia se me antojó un tanto siniestra, por la tersa calva que me recordaba a los antiguos transmutadores de metales del Medioevo, con barbita de chivo blanca y apariencia de distraído.
Le pregunté por sus investigaciones, a lo cual accedió amablemente.
-          Como usted sabrá- anticipó- mi disciplina se mueve a caballo entre lo empírico y lo sensorial, y la otra ciencia, nunca experimental, que es el mundo de la trascendencia. Para ello, necesito impregnarme en qué consiste la sustancia de lo humano. No me basta con lo que veo en un microscopio, sino que debo proceder a la verificación física antes de plantearme la deducción de lo anímico.
Escuchándole este aserto, se me escapó un tic.
-          ¿Puede el hombre emanciparse de la creación y seguir siendo hombre? ¿Dónde reside lo humano en última instancia? La impresión que tenemos del hombre es la de que es una sustancia pensante.   Luego, de ello se colige que ha de tener un cuerpo y un cerebro. Por mis deducciones, algunos científicos me consideran un perturbado. Pero, ¿qué es un demente sino la expresión de la razón universal cuando reside en una sola persona? Mas, basta de palabras. Venga conmigo- me invitó.
En el laboratorio observé una amplia mesa con probetas y retortas, serpentinas de vidrio, tablas de disección y algunos microscopios electrónicos. Escrutando la sala me fijé en algo que, confieso, no supe a ciencia cierta der qué se trataba, diciéndome que sería una de esas sesadas que son mostradas en las carnicerías, altamente alimenticias, pero ricas en colesterol.
-          Puede que le resulte horripilante, pero eso mismo tiene usted dentro de su cráneo. Así de hermoso y así de feo. En principio, diríamos que es la esencia del ser, pero precisamente por eso lo estoy investigando. Para averiguar cuál es el lugar que le corresponde. Por supuesto- continuó, observando la cara de lelo que se me había puesto- previamente he debido ir eliminando el resto de lo que antes se constituyó en un hombre completo.  Así, debí amputarle cada una de sus extremidades: brazos y piernas, tronco, órganos y vísceras, esto es, el corazón, pulmones, hígado, vértebras, etc…y una vez quedó sólo el cráneo, abrirlo por la mitad y deshacerme de la caja ósea, quedándome con el encéfalo.
Al oírle, no pude evitar un repelús que me sacudió como una descarga eléctrica.
-          Mis investigaciones precedentes me hicieron concebir que podría llegar más lejos. Logré fabricar un cerebro en miniatura, conseguido a base de neuronas de ratas, en número aproximado al medio centenar. Para ello pegué a un disco de silicona una capa de proteínas y añadí células cerebrales de embriones de roedores. Las neuronas se unieron a las proteínas y empezaron a realizar sinapsis, conectándose unas con otras. Al estimular las neuronas con electricidad, el micro cerebro reaccionaba durante unos segundos. Partiendo de ahí, desarrolló su propio sistema de memoria, emulando la actividad de un cerebro auténtico. Para que termine de hacerse una idea, el cerebro humano que tiene ante usted posee la incalculable cifra de cien mil millones de neuronas.
Mi curiosidad era superior a la ignorancia. Por eso, le pregunté directamente:
-          ¿Le importaría ser más explícito, profesor?
-          Las neuronas son células del sistema nervioso encargadas de propagar la excitación   a otras neuronas, enlazadas unas con otras por billones de conexiones llamadas sinapsis. A partir de esos impulsos se transporta de una parte a otra del cerebro la información y se transmite las órdenes al organismo. Es así como se controlan nuestras emociones y pensamientos. Pero, no quisiera desviarme. Volvamos a este momento. Al cerebro humano que tiene ante usted y que vive, como lo hace el suyo o el mío.
Volví a mirar aquella “cosa” y se me atiesó la vellosidad.
-          Observe estos cables-señaló- Uno sirve para conectar el cerebro a la computadora; por el otro extremo está impregnado de un gel para acoplarse a las membranas de las células cerebrales y así transmitir las señales eléctricas. Aquél lo conecta al procesador, de forma que mediante este micrófono puedo hablarle, y él, a través del circuito, responderme, transmitiéndome sus impulsos y convirtiéndolos en voz el ordenador.
Absorto en sus explicaciones, le miré con fijeza, y al parecer, él me entendió sin hablarle.
-          La sustancia de lo humano de la que le hablé antes, ¿no? Verá. Los hombres disponemos de un cuerpo visible y sensible, que recibe las órdenes de un órgano que no ve, pero sabemos que es tangible, cual es el cerebro. A través del cuerpo siente y extrae la información de lo exterior. Yo lo he despojado de los órganos sensoriales externos para aislarlo. Sabemos que lo que oímos, vemos, gustamos, olemos o tocamos es procesado por él. Pero, ahora, le faltan el oído para oír, los ojos para ver, el paladar para saborear, la nariz para olfatear y carece de extremidades para el tacto. Ahora no puede ser mediatizado por nada que venga desde fuera para responder a los estímulos. En consecuencia, es su propìa libertad. Está completamente solo en lo que es en sí mismo.
Es por el cuerpo por donde entra lo bueno y lo malo. A través de él percibe las emociones: amor, odio, miedos y alegrías. En lo que a lo ético se refiere, los ojos son la avanzadilla y nos guían hasta la tentación más horrenda. Por los oídos se escuchan los cantos de sirena que nos seducen. El olfato husmea el aire y esnifa la dirección desde donde brotan el viento de las pasiones. Con el gusto nos deleitamos en los placeres prohibidos, bebiendo el veneno de su jugo. Y finalmente, el tacto completa la tentación, haciendo que la recorra y sea transitada por la excitación.
Pero, también lo he inmunizado a las enfermedades. Ahora, las neurotoxinas no pueden afectarle, al estar privado de boca, de sangre o de piel. No podrá degenerar con el Parkinson, ni sufrirá esclerosis o Alzheimer, ni tampoco sufrir cambios bruscos que se conviertan en esquizofrenia o depresiones, puesto que no tiene corporalidad.
He de admitir que me encontraba embobado escuchándole.
-          En este momento mi cerebro es inmaculado, física y moralmente. Pero, mi finalidad no es sólo científica; es también teológica. Al quedar privado de su manifestación mundana ha dejado de pertenecer al mundo y no puede practicar ni el mal ni el bien. Luego, ¿dónde reside en última instancia el sustrato del alma?
Aquellas palabras llegaron hasta el cerebro, apareciendo en la pantalla del ordenador unas señales eléctricas impulsadas por sus neuronas, convirtiéndolas en voz el procesador.
“No busquéis más. Si antes dudabais dónde colocar la esencia que define lo que realmente es una persona humana, porque el cuerpo estaba subordinado al cerebro, y éste, sin él se reduce a millones de neuronas incapaces de hacerse imponer fuera de su misterioso paquete celular, ahora, reducido a lo que es en sí mismo, sin sensibilidad externa, podéis aceptar que yo soy esa sustancia, la nueva criatura creada por el hombre, que con el paso del tiempo llegará a sustituirlo. Un nuevo ser sensible, vivo, inorgánico, pero que no tendrá las limitaciones impuestas por la naturaleza en lo que al sufrimiento se refiere, y que llegará a ser verdaderamente libre, independizado de su creador.”
Una vez fuera, cuando me hube repuesto del pasmo, me asaltó una duda ¿Era esta la emancipación del hombre que perseguía el filósofo-científico? ¿El ser humano reducido a una máquina? ¿Un hombre sin sensibilidad, y por tanto carente de alma? ¿Una cosa…?
Al llegar a casa retomé la lectura y ahondé en la frase:” Apenas me has creado, he dejado de pertenecerte”. Al punto, eclosionó en mi testa una tormenta anímica y visceral, gritándome y retumbando como un trueno ¡No! ¡No puede ser! Son sólo ideas de hombre. Pero, lo que había visto y escuchado en el laboratorio no eran meras palabras, más o menos ilustradas. Era locura. Yo, al menos, me propuse seguir integrado en   la raza de los hombres a la que pertenecía. Esto es, con cuerpo y alma.

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA