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sábado, 18 de mayo de 2019

CORDURA VERSUS LOCURA, Delia Checa, Mendoza, Argentina

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CORDURA VERSUS LOCURA

En materia de amores
lo sensato es la locura
por lo que te pido no esperes
de mí amor encorsetado
pues solo soy capaz de amar
con pasión y sin límites.
Siempre entrego el sentir
antes que su fuego
me incinere.

Reservo la razón
para la ciencia
y las matemáticas
pues en ellas es necesario
manejarse con cordura
mientras entrego el corazón
ardiendo en cuestiones de amor.

©DELIA CHECA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Simplemente Pichuco, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina




















Simplemente Pichuco

Al maestro del fueye,
creador de un estilo
único, inconfundible.
Al dogor entrañable
que tenía el poder
de hacer profundo
lo que a él le era fácil.
Al que Julián Centeya
lo llamó, y para siempre,
El Bandoneón Mayor
de Buenos Aires.
Al autor de Garúa,
al de Che bandoneón
y Patio mío,
al de Barrio de tango,
al de Sur y Responso.
A ese gurú porteño
que con cara de luna
iluminando noches
llenaba el Marabú
o el Tibidabo.
Al generoso Gordo
¡Aníbal Troilo!
El que a la ciudad toda
le fraseó y le cantó
como muy pocos.
El que cuando se fue
dejó en la marquesina
del viejo Teatro Odeón
con letras de oro:
Simplemente…¡Pichuco!

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Un mártir argentino, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina


TRIBUNA – EL IMPARCIAL

Un mártir argentino
Para el papa Francisco, como lo ha señalado en su mensaje de las pasadas Pascuas de Resurrección, la santidad consiste esencialmente en una disposición del corazón que nos hace humildes y en vivir con convicción la realidad del amor de Dios; e implica, en primer lugar, la relación con el prójimo. “No es saludable amar el silencio y rehuir el encuentro con los otros, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio”. La interpretación de sus palabras, sin ningún exceso teológico, es más sencilla de lo que se cree. Y enfatiza el Pontífice. “Tan solo es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el Sermón de las BienaventuranzasBienaventurados los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos.Bienaventurados los que lloran, porque Dios los consolaráBienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierraBienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos
Si bien para el mundo cristiano la Semana Santa puede ser motivo para recordar los preceptos del hijo de Dios, también lo puede ser para evocar a los mártires de la Iglesia y reconocerlos como corresponde; aquellos que no dudaron en ofrecer su vida por la vida del prójimo. Tuve la felicidad de conocer a uno de los hombres de la Iglesia que cumplió con esos preceptos y pagó con su propia existencia por fidelidad a ellos. Me honra evocar a monseñor Enrique Angelelli, que fue obispo de la provincia de La Rioja y en estos días paradigma de los derechos humanos, asesinado por la dictadura militar (ya no caben dudas) en un simulacro de accidente de tránsito en 1976, según confirmó la Justicia no hace demasiado tiempo.
En un viaje que hice a esa provincia durante la gobernación de Carlos Menem, en 1974, fue mi admirado amigo, el escritor Daniel Moyano, que se desempeñaba como corresponsal del diario Clarín de Buenos Aires, el que me invitó una noche a comer un asado en su casa para presentarme a ese hombre sencillo y bondadoso que fue Monseñor Enrique Angelelli. El escritor y el religioso habían consolidado una honda relación de amistad, que ambos ponderaban con humor en las célebres parrilladas que, además, tenían como broche de oro las melodías que el dueño de casa arrancaba a su violín. “Los que conducimos el rebaño cristiano tenemos la obligación de estar con un oído puesto en el Evangelio, otro en el pueblo y los dos en la música que nos regala el violín de Daniel”, fueron las divertidas palabras, que con una sonrisa, prodigó como elogio a su amigo el amable obispo, y yo no vacilé en anotar. Además del gozo del encuentro, fui motivado para escribir un artículo sobre ese sacerdote sinceramente honesto y bien criollo en su generosa manera de expresarse y celebrar la vida.
Justicieramente, en la pasada Pascua de Resurrección, el papa Francisco lo elevó a la condición de “Beato Enrique”, reconociéndolo como uno de los pocos que se enfrentaron al régimen militar. Hombre de acción y pensamiento, monseñor Angelelli dividió aguas en el catolicismo, tanto en vida, como tras su muerte, y las sigue dividiendo también en la actualidad. Por eso no sorprende que esta beatificación haya provocado comentarios críticos en un editorial publicado por el diario La Nación de Buenos Aires, firmado por ex arzobispo de La Plata, de cuyo nombre prefiero no acordarme.
Pero detengámonos en unos párrafos para repasar una resumida biografía del nuevo beato de la Iglesia Católica. Enrique Ángel Angelelli Carletti nació en la provincia de Córdoba en 1923, en el seno de una familia de inmigrantes italianos, y a los 15 años se consagró a la vida religiosa, ingresando en el seminario, para ser destacado a los 22 y continuar en Roma sus estudios. Esa capital del mundo que lo emocionaba evocar. A los 26 Angelelli fue ordenado sacerdote. Después regresó a su provincia y en solidaridad con la gente humilde, empezó a visitar los barrios más pobres y a asesorar a jóvenes obreros y universitarios. En 1960 fue consagrado obispo auxiliar de Córdoba e influido por el Concilio Vaticano II y el Sínodo de Obispos Latinoamericanos de Medellín, en 1968, se propuso fervientemente trabajar por una Iglesia renovada, sin privilegios, instalada en el mundo y cercana a los más necesitados. Hacia fines de 1960 fue consagrado como obispo de La Rioja. Y apenas llegado, manifestó que su intención era convertirse en el “amigo de todos, tanto de los católicos como de los no católicos, de los que creen y de los que no creen”. Fue así que durante el régimen militar que imperó de 1966 a 1973, alentó la organización sindical de los trabajadores rurales, los mineros y las empleadas domésticas y la creación de cooperativas para producir tejidos, ladrillos, pan y agricultura, convirtiéndose en un auténtico líder social.
No faltaron, por supuesto, aquellos que lo odiaron, pues pedía “más esfuerzo en la justa repartición de los bienes, que en la inauguración de casinos y clubes nocturnos”. Su reclamó indignó al mafioso propietario de las casas de juegos, que no dudó en amenazarlo y calumniarlo; también al gobierno provincial sutilmente sobornado y al diario El Sol. Sin duda beneficiados todos por estos lujuriosos emprendimientos, que lanzaron conjuntamente una feroz campaña en su contra.
En 1973, el año que yo lo conocí en la ciudad de La Rioja, vivía acosado por sus enemigos; en Anillaco, otro pueblo vecino (la tierra de Carlos Menem), una turba liderada por el hermano del ex presidente y compuesta por comerciantes, productores agropecuarios e intermediarios lo apedreó y le boicoteó una misa. “No empezaremos la ceremonia hasta que no se vayan los comunistas”, gritó uno de los asistentes. Angelelli reaccionó con la debida indignación: “En esta misa no hay comunistas, hay pobres que reclaman justicia”, respondió. Acto seguido, no temblándole la mano, excomulgó a más de una docena de feligreses, cerrando diez parroquias y declarándolas en “custodia del pueblo”; se sumó a esa drástica medida la inhabilitación de algunos sacerdotes a los que no dudó en calificar de traidores al Evangelio. La polémica tampoco demoró en llegar al Vaticano, pero el papa Pablo VI lo ratificó y negó que fuera “comunista o marxista”, “Es nuestro representante en la provincia de La Rioja calumniada y humillada, que a través de su obispo cumple con el Evangelio y sus correspondientes valores, y está dignamente representada por MonseñorAngelelli”.
En esos convulsionados momentos, yo fui enviado nuevamente a la provincia de La Rioja para cubrir la información de la revista a la que pertenecía. El obispo Angelelli, con el valor que lo caracterizaba, había escrito una carta para advertir a sus pares argentinos: “No dejemos que generales del Ejército usurpen la misión de velar por la fe católicaDos meses después sobrevendría el golpe militar de 1976 y en julio los sacerdotes Longueville, Murias y Pedernera, alineados con el obispo, fueron detenidos y llevados a la base de Chamical, donde los torturaron durante días y luego los fusilaron; sus cuerpos fueron hallados días después por unos obreros ferroviarios junto a las vías del tren.
Amenazado, monseñor Angelelli sabía que el próximo podía ser él. Empezó, no obstante, a investigar los crímenes ocurridos en las bases militares de la provincia y a reunir documentación como prueba de la brutal represión. En un viaje, de regreso del interior de La Rioja, acompañado por el sacerdote Ángel Pinto, uno de sus colaboradores, en una curva en Punta de los Llanos, perdió el control del auto y murió en el vuelco; Pinto, sin embargo, sobrevivió, pero por un largo tiempo fue acallado por la propia Iglesia y la amenaza de los militares. Al regresar la democracia el sacerdote confesó que “dos coches los perseguían; uno de ellos se les cruzó en el camino y entonces el obispo no pudo controlar el automóvil y derrapó cayendo al vacío”. Pinto también contó que llevaban con ellos la carpeta con la documentación reunida, que nunca apareció.
Para el juicio posterior, el entonces cardenal Jorge Bergoglio, amigo y compañero de ideas del obispo Angelelli, se documentó y presentó pruebas con archivos del Vaticano que pusieron al descubierto la escabrosa trama y luego, ya consagrado papa Francisco, reveló una carta y un informe que el obispo había enviado allí y en la que contaba que se había reunido con el general Luciano Benjamín Menéndez, famoso represor de la dictadura (condenado por el crimen) para advertirle de la persecución que sufrían él y otros sacerdotes. El militar, por su parte, siempre había negado conocer al obispo e incluso insistió con cinismo ante la versión en el alegato final del juicio. “Mi sueño era poder recibir de mi obispo diocesano la investidura de cruzado de la fe y poder empuñar en una mano la espada y en la otra la cruz de Cristo para eliminar a los enemigos de Dios y de la Patria”. Todo esto aparece además en otra carta de monseñor Angelelli dirigida al entonces nuncio apostólico en Buenos Aires, el italiano Pio Laghi. Sin embargo, Laghi, fallecido en 2009, siempre negó que hubiese recibido mensajes de Angelelli. Según el sacerdote Pinto el Obispo desconfiaba del Nuncio y eso hizo que enviara también copias de sus cartas a la Santa Sede. “Estamos permanentemente obstaculizados para cumplir con la misión de la Iglesia. Personalmente, los sacerdotes y las religiosas somos humillados, requisados y allanados por la policía con orden del Ejército”, revelaba en un tramo de su texto.
El otro de los condenados, el vicecomodoro Luis Fernando Estrella, cometió un lapsus en el alegato del juicio al declarar: “Todos los testigos convocados por la fiscalía dijeron que la escena del crimen no cambió… -para después corregirse-: perdón, la escena del accidente”.
También en la Iglesia Argentina tardaron décadas en reivindicar la figura de Monseñor Enrique Angelelli. El papa Francisco lo ha hecho ahora reconociendo el aberrante crimen y beatificándolo. Por su parte, el actual Obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida, así recuerda a su antecesor: “Angelelli fue un obispo ejemplar que vivió plenamente el Concilio Vaticano II (1962-65), esa experiencia de participación y de búsqueda que culminó en la expresión de que la Iglesia sea servidora del mundo, donde todos puedan participar en sus estructuras, donde el servicio tiene que ser particularmente hacia los más pobres. Cuando a Enrique Angelelli le tocó ser Obispo de esta diócesis, lo trató de aplicar. Recibió ayuda de laicos y religiosos, y también ataques despiadados. Busco que las personas fueran promocionadas y pudiera crecer, siendo protagonista de su desarrollo. Por eso es que su camino terminó siendo martirial. Su vida terminó truncada, como las de otros. Y muchos tuvieron que huir del país para salvar su existencia. Él fue fiel a la Iglesia y al tiempo en que vivió”.
Braida admite que quizá el ahora elevado a Beato Enrique provocó divisiones: “Aquello le tocó vivirlo en una época demasiado compleja y de mucho riesgo, en la que estas situaciones eran identificadas como actitudes políticas, que tenían incluso otra metodología y se podían pagar muy caras. De ese modo, a personas que estaban acomodadas a un estilo de vida las movilizó, las interpeló, y muchos buscan opacar ese mensaje y cortar estas iniciativas…”.
En lo personal, mi recuerdo de este hombre de Dios es entrañable. Me honra haberlo conocido y tratado casi familiarmente gracias a Daniel Moyano, que como ya señalé era su amigo. Entre mate y mate, ese “calumet de la paz”, como lo menciona Rubén Darío, conversé mucho con él. Recuerdo que los que lo seguían y amaban le llamaban también, cariñosamente, “el Pelado”. Monseñor Angelelli vivía entregado a la misión evangelizadora, ayudando a su prójimo y no rehuyó nunca el encuentro con todos. Su vocación de servicio fue admirable. La respuesta a esta consideración de los que lo conocieron, es más sencilla de lo que se cree. Y fue resumida con sabias palabras por el papa Francisco: “Tan solo es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el Sermón de las Bienaventuranzas”. A costa de su vida, el valiente monseñor Enrique Angelelli cumplió con ese imperativo del Evangelio.


©ROBERTO ALIFANO, periodista, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


RECOGIENDO LÁGRIMAS, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

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RECOGIENDO LÁGRIMAS

Mis pasos en la penumbra
¿te han despertado?
Porque tus sollozos entrecortados
me han alarmado
cálmate, duerme, sueña.

Cuando mañana despiertes
te hablaré de muchas cosas
de todas las que he sentido
de algunas que he imaginado
y de las pocas que he guardado

Mis manos están heladas
cógelas entre las tuyas
acércalas a tu rostro
déjalas que acaricien tus ojos
que recojan tus lágrimas
para que yo pueda absorberlas
con amor, todas ellas.

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL OJO, Teresinka Pereira, Ottawa, Usa.

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EL OJO
          
El ojo no puede ocultar
nuestra subjectividad,
pero es un invisible faro
por el cual percibimos
la supremacia de la naturaleza,
el misterio de la humanidad
y la hermosura de las flores.
El ojo tiene el poder
de hacernos soñar
con la libertad
en el firmamento.
......................

O ÔLHO
       
O ôlho não pode esconder
nossa subjetividade,
mas é um farol invisível
pelo qual percebemos
a supremacia
da natureza,
o mistério da humanidade
e a beleza das flores.
O ôlho tem o poder
de nos fazer sonhar
com a liberdade
do firmamento.

.........................

THE EYE

The eye cannot hide
our subjectivity,
but it is an invisible
beacon by which
we perceive
the supremacy of nature,
the mystery of humanity
and the beauty of flowers.
The eye has the power
to make us dream
with the freedom
of the firmament.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



sábado, 11 de mayo de 2019

EN POLVO ME CONVERTIRÉ, Alejandra Zhari, Santiago Chile



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EN POLVO ME CONVERTIRÉ

Mi duende,
mira lo que me han hecho,
debo partir más lejos.
Internarme en un manto
oscuro y callado.
¿Por qué todo me lo arrebatan
en un momento?
¿Dónde voy a encontrarte, hermano
cuando la duda me invada
y piense que todo ha muerto?
¿Cómo escucharé tu sabia palabra
de aliento?
Tu inagotable luz,
alumbrando mi vida
desconsolada.
¡Cuán inquieta me transformo.
Quiero convertirme
en suave perdón,
quiero mi corazón compungido
tu sonrisa de amistad.
Polvo fui
y en polvo me he de convertir.
Pero antes quiero ver el desierto,
floreciendo con mi alegría,
como una flor.

AL ESCRITOR ANDRÉS SABELLA

©ALEJANDRA ZARHI, poeta y escritora chilena (Desde el recuerdo)
EX PRESIDENTE DE ASOLAPO CHILE



ENTENDIENDO EL TIEMPO, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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ENTENDIENDO EL TIEMPO

 Del ensayo: Visión de la eternidad
Guillermo Fernández Del Carpio


Si hubo un hecho sucedido ayer, ese hecho solamente lo puede conocer un ser o
nadie. Si el hecho ya lo sabe un ser, entonces ese hecho es de origen eterno,
solamente que se ha cumplido. ¿Cuándo el hecho se ha cumplido deja de ser
eterno?. Nosotros, seres tangibles e intangibles: ¿Somos eternos?. Si sigo por un
momento  la lógica de Sartre, Nietzche, Camus,…cuando en el tiempo de nuestro
mundo dejamos de respirar, entonces no existe eternidad, nunca la hubo. Somos
seres finitos. Si no hay eternidad no existe ese ser y solamente somos seres
tangibles. Pero, Sartre, Nietzche, Camus,…tenían mente, memoria,
psique,…entonces eran seres intangibles. Un apologético de Camus, refutaría con
inmediatez, soslayando que somos seres intangibles en tiempo finito. Yo refutaría,
también con inmediatez, al apologético de Camus con una pregunta: ¿Quién ha
creado el tiempo?
Entiendo que las horas, los minutos y los segundos, son una traducción humana de
nuestro tiempo: La medición azteca, incaica, mesopotámica, cualquiera que
fuese…,no coinciden. El tiempo de Oriente no es el mismo de Occidente, el tiempo
del norte no es el mismo tiempo del sur. Existen diferentes mediciones del tiempo
creadas por un hombre tangible e intangible. Este tiempo creado no coincide en
diferentes espacios del mundo. Infiero, que el tiempo terrenal es diverso, que de
existir la eternidad, no hay relación entre el tiempo humano  y el eterno, ya que la
eternidad carece de espacio.
La Teoría de la Relatividad de Albert Einstein  en sus dos obras, la de 1905 y 1915,
argumentan que a mayor concentración de energía, mayor  será el tiempo en que se
mueven los objetos y los seres. Si el tiempo lo midiese en un  reloj, sería el mismo
en cualquier lugar del mundo, solamente cambiarían noches por días y días por
noches. Si el tiempo mido bajo  la Teoría de Einstein el tiempo es mayor  o menor,
en relación  a cantidad de masa y energía:  ¿Cuánto sería ese tiempo?. Desconozco
estimado lector. Debe existir alguna medición cuántica, pero imperfecta, porque
tiene el criterio de teoría, no de ley, como la Newton. Entonces el tiempo es incierto
y lo incierto puede ser inmensurable.
Ya que en el párrafo anterior he mencionado a Newton, la Teoría de la Gravedad
soslaya que los cuerpos son atraídos por una fuerza gravitatoria. Esos cuerpos caen
en un determinado espacio y tiempo. ¿Cómo medimos ese tiempo? Pudiera ser a
través de minutos o segundos, pero si retomamos la Teoría de la Relatividad,
dependería del nivel de masa que tenga el cuerpo y del espacio, aquí cuánticamente,
también desconozco la medición.
Hasta aquí he presentado dos maneras de medición: la humana y la de una teoría.
Pero deben existir otras teorías y conjeturas para entender el tiempo. Muchas
presunciones se han realizado basándose en teorías y conjeturas, y no se han
cumplido, como por ejemplo el día final.
De aquí al día final no hay medición alguna; ni cuántica, ni  astrofísica, ni filosófica,
ni teológica.,…ninguna. Los hagiógrafos escribieron al conocedor del juicio final,
pero no el día. La lógica me indica que de aquí al día final el tiempo es eterno, como
es eterno el tiempo del origen del universo (cosmogonía) hasta el día de hoy, como
es también eterno el tiempo del día final hasta la misma eternidad. Entonces la
eternidad se define a sí misma: “Lo eterno es eterno”.  Pero, mis conjeturas deben
continuar  para reafirmar este pensamiento.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA      



DESDE LA PENUMBRA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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DESDE LA PENUMBRA


a Juan Lacalle 

“...y es la pobreza esa mirada desde la penumbra
de los espíritus condenados por el desamor”
Alejandro Rivier 

Esa programación mental de la pobreza
que enferma al espíritu débil y dormido.
“Antes de ser pobre fui ignorado”
y el golpe marcó a fuego la consigna:
¡nada vales y el sol hoy no te alumbra
ni es tuyo el respirar! ¡Cuánta tragedia
del alma en el baldío de las horas!
Mi soledad en medio de la mesa
ni un solo pan de amor, así empezamos.
Después, triste palabra del esclavo,
me robaron el hoy y hasta la calma.
Lo permití, mis padres me entrenaron
para la humillación y el espejismo.
Quise volar un día cual gaviota
y a la playa del mal volví caído
¡es que cargar en vuelo tanto olvido
terminó con mi aire en pleno cielo!
Canté con esa voz herida y barro
alfarero de todo hice mi nido
para enseñar entonces la pobreza
heredero del mal y tuve al hijo.
No me lloro tal vez porque no tengo
lamentaciones ni ruegos escuchados.
No me creo infeliz porque no creo
ni siquiera en mis ojos desdichados
que miran desde la penumbra
la vereda del sol como a un pecado. 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL DOLOR, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

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Imagen de: Pippo Bunorrotri 



EL DOLOR

Yo confieso el dolo. Yo lo confieso
porque es justo y humano, y nos parece
que sin él cuanto vive y cuanto crece
no nos fuera posible. Tal por eso

no me calla el amor, aunque su peso
quiera hollar la ternura que acontece,
porque siento que amaina, hasta fenece
si me das tu mejillas y te beso.

Si es dolor por dolor infinitivo,
lleno está el universo por doquiera
circundando las mieses y el olivo.
Si es dolor por amor, la verdadera
razón que tuvo el Cristo sensitivo,
¿Quién de nuevo, bendito, la tuviera?

©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DESIGUALDAD Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

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DESIGUALDAD.

Los de arriba, té en taza de oro,
los de abajo ni té, ni taza alguna;
los premios, dirá la vida, para los que adoro,
para los demás, nada que a la felicidad los una.

Así se creó la infamia y la injusticia,
la desigualdad, el odio, la arrogancia,
el abuso del poder y la jactancia,
el derecho al amor, la salud y la caricia.

Con la oración tampoco se hizo nada;
la oración del poderoso siempre fue bien recibida,
la del pobre infeliz no fue reconocida,
porque a pesar de su esfuerzo la vida no lo amaba.

Pero el día que la muerte llega
y arroja a la injusta vida,
es la muerte la que manda, la que juega,
es la muerte la que iguala, y no hay salida.

Agosto 13 de 1999.

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA