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domingo, 8 de julio de 2018

EL PASADO, Yolanda Elsa Solis Molina (Naló), Barcelona, España




























Imagen: Pintura de la autora (Naló)

EL PASADO

Me encanta divagar desde el desván al que solo yo tengo acceso, recrear esos episodios únicos y de vez en cuando, borronear los recuerdos...Es positivo ir sacando
Conclusiones aún de los ingratos y evaluarlos con sinceridad y madurez. Supongo que esa será la misión de los años vividos...¡Y son tantas las ilusiones descartadas que allí se encuentran, que se hace necesario, al menos, rescatar  las reciclables....Así encuentro nuevas ideas, propósitos que irán madurando, que como el  reflejo maravilloso del  mar, espuma y movimiento, tiene el poder de estimular a nuestra  imaginación a ese paseo por el desván de los recuerdos....¡Y me ilusiona , vivir un nuevo día...!La vida, así, no tendrá fin, aunque se acabe!!!

©YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   


TÚNICA NEGRA…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina





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Imagen de:  Pngtree 



TÚNICA NEGRA…

Sombras, bastón con estoque y pipa encendida
sostenida con la mano rigurosa, imperturbable,
esperando como corresponde a correcto caballero
que encuentra conveniente elegir el buen momento.

Whisky escocés en aquel vaso tallado, legado
por la familia que tuvo a ese padre, atrevido, capaz
de surcar el Atlántico en busca de horizontes nuevos
llevando, apenas, lo que en un liviano morral cabe.

Allí está él enfrentando con la vista elevada
a la figura desafiante de cierta túnica negra,
rostro esquelético y guadaña escondida
engañando incautos que no han de esperarla.

Se trata de un caballero, lo hemos dicho y reiteramos,
no teme lo que, por usual, asusta a los mortales
puesto que ha conocido el verdadero Amor
arma con la que atraviesa horizontes y eternidades…

Frente a la tenebrosa opaca figura de la guadaña
ni se conmueve, ni se molesta, ni se extraña…
Es un hombre convencido de la Eternidad del Alma.
Por eso enfrenta, mira atento y emprende la batalla
aunque, claro está, como es una persona inteligente
tiene plena consciencia que toda lucha con la Muerte
antes de emprenderla, siempre, está ya determinada.


El Castillo, medianoche del sábado al domingo 24 de junio de 2018

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


LA PREGUNTA, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

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La pregunta

¿Tú sabes de qué va la vida? me preguntó mi padre

cuando aún soñaba en el jardín de la infancia.

Ya no recuerdo su voz ni su mirada.

No recuerdo mi aliento, mi mano tomada de la suya.

Sé que más tarde me habló de su aldea,

del sur, de una beatitud atea, de mi madre.

(Un día me reveló las nubes y un reloj de sol.

Lo recuerdo, por lo visto todavía es posible).

También en mi juventud me supo hablar

de abominaciones, de campanas, de codicias.

Luego descubrí vestigios, arenas, el fulgor

en la confusa pena del mar y de la muerte.

Y el silencio, el amor, el aire libre.

¿Cómo contestar esa pregunta ahora

que tengo casi su edad y su sonrisa

cuando partió en ese batir de alas, en sombras?

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
 
Buenos Aires, mayo 27 de 2018




Ernesto Sabato, un escritor entre fantasmas, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina


TRIBUNA
Ernesto Sabato, un escritor entre fantasmas
Sábado 28 de abril de 2018, 19:39h
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Roberto Alifano
Escritor y periodista
Mi amistad con Ernesto Sabato, que fue hombre de difícil trato, atravesó diversas etapas. Fui primero su deslumbrado discípulo y lo visitaba con reverencia acompañando algunas veces a Miguel Briante, Abelardo Castillo y Vicente Batista; fui luego su crítico inflexible y, finalmente, su amigo. Durante una época, que se midió por años, conversábamos casi cotidianamente; discutíamos también y nos peleábamos (¿por qué no?) como infantiles cómplices en nuestras conversaciones telefónicas que se daban entre dos empecinados madrugadores.
Habiéndoselo propuesto empecinadamente, don Ernesto fue una parte necesaria y preciosa de nuestra literatura argentina. Sin supersticiones, de manera clara y valiente, acometió en sus escritos la historia argentina. Sobre héroes y tumbas, su libro emblemático, es espejo de una época sustancial. La novela comienza con una breve reseña preliminar, la que introduce inmediatamente al último episodio del drama familiar de los Vidal Olmos, esa familia argentina emparentada con la rancia aristocracia criolla. Alejandra, la muchacha melancólica y abúlica, hija de un pintor fracasado y de una mujer de la calle, sentada en un banco del Parque Lezama, al lado de la estatua de Ceres, cuenta la historia de la tortuosa relación de amor-odio con Fernando; también revela el desprecio por ese padre que la violaba desde niña, y además por su madre, que lo permitió.
“¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?”, es la inquietante pregunta con el que comienza uno de los capítulos de Sobre héroes y tumbas; precisamente el Informe sobre ciegos, que dada su particular escritura puede leerse por separado, sin detrimento del sentido general de la novela. Este texto es, sin duda, el más estremecedor, oscuro y significativo; quien nos narra es Fernando Vidal Olmos, uno de los personajes centrales, remplazándose la tercera persona que Sabato utilizaba hasta el momento por la potencia íntima de la primera, cedida nada menos que a este ser extraño, paranoico y sorpresivo que, hasta el momento, venía sobrevolando el argumento como una alimaña que espera la muerte de su víctima.
Fernando, que participa de otros vínculos familiares con ciertos personajes fundamentales de la historia, se sitúa fuera de toda relación afectiva hacia éstos, omitiendo cualquier vínculo o actitud que no se relacione con la particular obsesión que lo desvela: relatar el informe sobre un extraño complot demoníaco y milenario, regido desde la Secta Sagrada de los Ciegos, desde la cual, según él, se tejen los hilos que gobiernan el sentido del mundo y de los hombres.
Quizá fue exagerada la interpretación que se le ha querido dar al Informe sobre ciegos, en virtud del carácter esencialmente onírico y alucinante que encierra. Es, sin embargo, una secreta metáfora de algo más recóndito, acaso más profundo y misterioso. Allí están el subterráneo de Buenos Aires y los túneles secretos que, en teoría, unen el Colegio Nacional Buenos Aires con la antigua Aduana de la ciudad; también otros pasadizos nacen en los flancos de la Iglesia de la Sagrada Concepción del barrio de Belgrano, ensanchándose luego hasta conformar inconmensurables cavernas que conducen al protagonista hasta el centro mismo de su propia perdición. Todos esos elementos son íconos subjetivos, pero persistentes de esta metáfora ontológica del hombre y su soledad ante la muerte, del misterio de la existencia y el antiguo conflicto entre el bien y el mal.
En 1961, al momento de publicar Sobre héroes y tumbas (pero en especial lo referido al Informe sobre ciegos), tampoco ralearon las críticas y objeciones que recibió su autor por parte de ciertos organismos e instituciones sociales. Hasta se lo llegó a tildar de racista. Sin embargo, una profunda relectura de esta obra nos revela un universo vasto y extraordinario en donde las dimensiones históricas, metafísicas y existenciales del hombre se apoderan de nuestra reflexión. A pesar del criterio de ciertos puristas del idioma, creo que no es exagerado considerarla una de las mejores novelas argentinas publicadas en el siglo XX y una de las obras cumbres de nuestra literatura hispana.
Defendiendo su novela, recuerdo que Ernesto Sábato enfatizaba en una entrevista que le hicieron por aquellos días: “También puede haber belleza en el horror…”. Quizá porque del horror se aprende y acaso porque desde las tragedias ajenas podemos extraer esa estética que nos ayuda a vernos y comprendernos como personas humanas y condenadas, tarde o temprano, a la catástrofe insuperable de nuestra propia muerte.
De esta manera, desde un aparente desinterés por lo mundano, orillando el nihilismo, empiezan a manifestarse los actos de nuestro escritor, que no obstante su reserva, salpicada de inteligente aspereza, nos permitieron descubrir al artista que había en él con rasgos profundos, quizá menos científicos que literarios. Con todo ese bagaje, los frutos de su imaginación no dejan de ser admirables y la creación literaria se alza triunfante en las páginas de sus libros. Sabato fue a todas las luces un pensador y su humanismo proviene del íntimamente dolorido Dostoyevski, quizá su principal modelo, que procuraba ver a la sociedad como un recóndito llamado a la redención por parte de réprobos, místicos y asesinos.
Todos esos elementos, entremezclados con un saber alquímico y fantasmal, propio de quien ha renunciado a las ciencias físico-matemáticas para predicar la ficción, no dio resultado en su novela Abaddón el exterminador, medio por el que también pretendió intervenir en las opciones militantes de los jóvenes. Es probable que esa densa novela, pueda ser calificada con las palabras usadas por Virginia Woolf al referirse al Ulyses de Joyce: “Un espléndido fracaso”. Controvertido y polémico, casi un profesional de la melancolía, durante los últimos años de su vidas, don Ernesto vivió enojado con quienes no creían en su soledad de monje refugiado en la cartuja de los Santos Lugares, donde decía estar retirado del mundanal ruido, sufriendo por el género humano. Una forma más de patetizar su genuino desencanto, que se le escapó de las manos para transformarlo en literatura. No dudo, que de habérselo propuesto con otra distopía hubiera quedado como nuestro gran escritor maldito.
Como señalé al comienzo, tuve una intermitente amistad con Ernesto Sabato, apoyada esencialmente en el afecto, que me llevó a acompañarlo en fechas fundamentales de su vida, como lo eran sus cumpleaños, que festejaba a la mejor usanza renacentista con familiares e íntimos. Cuando cumplió los noventa, con la ayuda invalorable de la entrañable periodista Julia “Chichita” Constenla, le dedicamos un número completo de la revista Proa (también con nuestra común amiga, fuimos los encargados de llevar la torta con las correspondientes velitas). Ya había muerto Matilde, su mujer y compañera de vida y además su hijo Jorge, en un horrible accidente; pero la fiesta fue alegre y familiar.
Tengo muchísimas anécdotas de este maestro de la literatura argentina que no agotaré en esta breve reseña. Conservaba unas cartas de don Ernesto, enviadas a mí, que perdí en una mudanza, donde siempre se pierde algo y se dejan jirones de vida; quizá fue para ventaja de él, pues a veces su vanidad lo excedía y lo dejaba mal parado. Como me sucedió con Borges, nunca nos tuteamos; no obstante que, en común acuerdo, convinimos varias veces en practicarlo. Nunca funcionó. Lo evoco a don Ernesto con su sonrisa contenida, nervioso, vital, en algún momento hosco, a la vez que afable y tierno. Conservo sus libros con cariñosas dedicatorias, pruebas invariables del afecto que me entregó.

© ROBERTO ALIFANO, Buenos Aires, Argentina

UN SUEÑO PERMANENTE, HOY REALIZADO, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

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Imagen de: Mexican Times
Foto: pzc-pics.blogspot.com



UN SUEÑO PERMANENTE, HOY REALIZADO


 Miro a través del ventanal para salir del hotel, el jardín de enfrente, es hermoso y observo el cielo todo azul, ni una nube asoma, en un París, siempre tan lluvioso, es sorprendente, pero seguro que antes o después de salir del metro caerá un lluvia tenaz, pero no, me equivoco, el sol ha llegado a París para quedarse, le digo a un funcionario que los franceses nos han robado el sol. “Pues sí, (On va vous le rendre) pero lo vamos a devolver” aunque parezca extraño no cumplen su palabra, el sol se queda, insiste en que volvamos a casa, morenos como… Bueno llevamos paraguas. Había pedido al grupo que me acompaña, un año más, que: “no olvidéis el paraguas en París siempre llueve”, me equivoqué, esta vez ni una gotita, todo sol, pero sol de agosto, cuando tienes más ganas de ir a la playa que a visitar la ciudad Luz, así que el paraguas nos ha servido de sombrilla.
Esta mañana he telefoneado a los amigos que, una vez más me han acompañado, para preguntarles que para cuando pensaban fusilarme, todavía se están reponiendo. He tenido suerte, son gente estupenda y creo que van a perdonarme mis insensateces.
El paseo desde la Place de la Concorde, subiendo les Champs Elysées, pues (tres kilómetros), nos pareció la maratón, no llegábamos nunca. Al revés, bajando desde l’Arc du trionphe de l’ Etoile, pues lo mismo, el Louvre está a años luz, quizás no, será que estábamos muy cansado. Recuerdo haber pasado dos años, todos los sábados visitando un museo impresionante y no creo haberlo visto todo. El Hermitage de Rusia, creo que es más grande que el Louvre, quizás.
Las dos horas de cola para entrar a Versaille ya nos dejó quao, el maravilloso palacio, el jardín, el lago, las fuentes con bellas imágenes con la música y los chorros de agua bailando al son de una música clásica, pues sí, algo único.
Napoleón sigue su eterno descanso, allí en la tumba color granate, no nos ha dicho ni pum, seguimos, hay militares que entran y salen en este palacio-museo militar y tumba de Napoleón llamado “Les Invalides”, bueno no queda muy lejos de la place de la Concorde, antes de la Revolución, donde infinidad de cabezas rodaron al suelo, en aquellos tiempos de la Revolución, donde La fraternité, la solidarité la liberté, cambiaban el orden mundial.
He decidido presentar una demanda a Monsieur Macron, más escaleras mecánicas en el metro y más bancos para sentarse antes de caer de agotamiento. Veremos si me atiende.

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LOS MUERTOS SALEN DE DÍA, Clara Lecuona Varela, La Habana, Cuba





















Los muertos salen de día

Jim Morrison murió un mes antes de yo nacer.
Le cantó a una mujer llamada Clara.
Quiero pensar lo hacía para mí.

El Papa se voló la cabeza.
Al final fue sólo un hombre destrozado.

Colgó los guantes,
dijo Adiós a las Armas.
Excepto a la única que necesitó.

Quiero pensar estoy junto a él.
para decirle:

Es mentira, Ernesto.
Es mentira.
Guarda el arma.
En cualquier caso separa muchas balas
no sea toquen a la puerta.

Silvia Platt decidió introducir su cabeza en el horno.
El mismo donde se deleitó
haciendo confituras de manzana.

El viejo Tolstoy también nos visita
y sonríe
mientras
Edgar se despide sobre un charco.
Un pequeño charco de agua

Un día comprendí que estaba sola.
midiendo hacia atrás las horas.
Como un laberinto.

No sé si al final alcanzaré a ver algo más.
Por el momento.
Jim Morrison y yo coleccionamos muertos.
Cierro los ojos
Él acaricia mi pelo, lo cubre
con unas extrañas flores que se me antojan violetas.
y canta:  Clara.
Un mes antes de yo nacer.

Del libro: Del cotiano vacío. Editorial letras cubanas. 2018.

©Clara Lecuona Varela, poeta y escritora cubana
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

domingo, 17 de junio de 2018

EL NARANJO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina



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EL NARANJO

El naranjo está en celo.
Mañana,
el azahar le perfuma la cama
y septiembre
le clava los dientes
al  redondo y amarillo seno.
Llueve esta tarde.

Esta noche, no sé cómo haré
para huir del recuerdo.

Dejaré la luz encendida,
que atraviesa los miedos

© NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino





COPLAS DE PAZ, Favio Ceballos, Cnel Baigorria, Santa Fe



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Imagen de: Google Plus
COPLAS DE PAZ, Favio Ceballos, Cnel Baigorria, Santa Fe, Argentina



COPLAS DE PAZ


A estas playas desiertas
donde muere tanta gente
hemos llegado a nacer
para vencer a la muerte.

Del tamaño de tus egos
altos muros construirás
desconfía de tus apegos
y a ser libre volverás.

No hinques diente de pecado
en la fruta del que manda
que es tiranuelo asustado
en la cruz de su demanda.

Si no traen tus alforjas
el sino de la verdad
ese destino que forjas
hará crecer la maldad.

Ante el silencio del mundo
que se sumerge en la guerra
este perro vagabundo
ladra rezos de la Tierra.

Sobre Barquillo pequeño
que carga la luz del cielo
viene Cristo real dueño
con paz a cumplir tu anhelo.

Duerme la aldea y disfruta
donde el sueño se hace uno
la poesía es esa fruta
que no hace mal a ninguno.

He venido a rescatarte
del sueño de vanidad
más que a venir, a escoltarte
al Sendero de amistad.

Si pasas por mí poblado
a la vera del camino
tu nombre estará grabado
en la flor de los espinos.

Ellos cuidan y perfuman
el aire que va pasando
tus palabras ya se esfuman
pues silencio está llegando.

En una Vera del Río
donde a cantar nos juntamos
con la voz "en vos confío"
encontré a mis Hermanos.

Unos traían incienso;
otros cabellos dorados,
otros ramas del olivo
en la palma de su mano.

Mañana, que es hoy, la estrella
enjoyada en sus fulgores
trae la música bella
para matar los temores.

En este río que es vida
un zarcillo de pureza
Sujeta así nuestra viña
y libra de la pereza.

La pequeñez y la fuerza
el fino bucle contiene
el racimo y lo que versa
vino y poesía sostiene.

La vanidad no es mi asunto
por estas pampas desiertas
no cargo ningún difunto
quiero cantar coplas ciertas.

Vine a vencer a la muerte
no para hablar cosas muertas
Y tú alegría es la suerte
Y es tú presencia "abrepuertas".

Donde la Paz siembra nido
la abundancia busca a la sana
copla triunfal te convido
de un Latinoaméricano.

Mañana cuando me vaya
para no volver jamás
la sombra dirá a mi sombra
¡hasta siempre! ¿A dónde vas?


©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINO