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sábado, 28 de abril de 2018

HAMBRE, Ady Yagur, Isarel

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HAMBRE


Que será de los niños
mundo que habitamos,
de los huérfanos de alma
en las fronteras del presente,
entre ausencia de miradas
que han partido al infinito.
Que será de los pueblos
que lloran a sus muertos
heridos por las balas...
ay
Que será vida de nosotros
en este mundo de violencia
el hambre es un eco sonoro
que llama con su dura pena
a seres huérfanos de padres.
Qué sentido es vivir sin saber
adónde vamos…


©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


ELLA ESTÁ… , Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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ELLA ESTÁ…


… en cada amanecer
es el primer pensamiento que arrebata
con la fuerza de los siete primeros rayos del Sol.

… en la soledad del invierno
mientras pasan las horas consumidas por el fuego
que brota del cálido hogar iluminado.

… en este mismo momento de inspiración
mientras escribo con lágrimas que caen por las mejillas;
esa creatividad surge nunca sabremos de dónde.

… en cada momento cuando una de sus miradas
revela, con su silencio, más de mil palabras
transportando a aquellos intuidos horizontes
que desafían todo conocimiento, toda razón.

Ella está siempre. Presente o ausente, ella está.
Tiene la condición misteriosa de toda mujer auténtica.


©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

viernes, 20 de abril de 2018

A MANOS LLENAS, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina


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A MANOS LLENAS

Así como la luna asciende majestuosa
para insuflar misterio  en la noche que asoma,
aunque duerman los hombres,  una nívea paloma
interroga señales  que ausculta, presurosa.

Un acuerdo posible, una alianza en boceto,
una caricia ignota , gestos hacia los otros,
la certeza creciente que “ sin ti no hay nosotros”,
van hilando  un tejido vigoroso y secreto.

En el tenso y dolido transcurrir de los días,
entre guerras y hambrunas, migraciones y penas,
se abren paso los seres que buscan  armonías.

Se suman, poco a poco, liberan las cadenas
de las incomprensiones y abren  cauce a las vías
hacia mundos  soñados  de Paz ¡a manos llenas!

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFCO DE ASOLAPO ARGENTINA



NADIE SABE, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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NADIE SABE

A todo aquel que sabe poco de sí mismo

Nadie sabe cuándo nació ni cuándo murió. De él se sabe que conocer el origen
del universo y el escribir poesías y relatos eran una sola vocación. El destino prosperó y en poeta se convirtió. Nadie sabe cuántos libros leyó ni cuántos poemas escribió en su enfermedad, de la cual nunca se curó. Intentó enlazar las letras a la filosofía, teología, economía,… a todo saber que leyó. Un biógrafo dijo que en algunos años, se sabría de él y que quedarían en la antología relatos breves y versos que vienen desde la primavera de su niñez. Del biógrafo nadie sabe cuántas vidas escribió. Algún olvidado citadino del sur del Perú, dedujo que el biógrafo y el escritor eran el mismo. Los años, a lo dicho de tal citadino, le otorgaron razón. Nadie sabe si conoció una mañana a Sócrates o una noche a Vallejo. Sí se sabe que los admiró y también que de la esperanza no se alejó. Se sabe que contrastó varias ideologías: Marxismo, Capitalismo, Cristianismo,…, y con una sola de ellas se quedó. El mismo citadino del sur del Perú, dijo que cuatro vidas lo acompañaron siempre; pues día tras día, él siempre las recordó. Por unos libros suyos, se sabe que el saber lo apasionó y que no era ajeno al dolor. Por las noches solía mirar las estrellas y admirar el firmamento con detenimiento. Creía que un ser habitaba en cada estrella. Sabía que tendría una vida breve, pero aquello los demás desconocían. En silencio escribía, meditaba, rezaba y leía. Quizás leyó mucho, quizás leyó poco, pero lo leído estaba en su mente y releía los relatos, ensayos y poemas de su predilección. Tenía la certeza de que toda persona en algún momento de su vida es creyente. Aquello lo constató en las biografías de célebres autores que leyó. No se sabe cuánto sufrió, ni cuánto se alegró. Se sabe que murió un domingo, despierto y feliz. Quizás este hombre en el futuro pueda ser yo, nadie sabe. Del libro inédito de relatos “Historias breves”.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


YO EL VERSO Y LAS SALES DE MIS PÁRPADOS, George Reyes, Ciudad de México



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YO EL VERSO Y LAS SALES DE MIS PÁRPADOS

Yo el verso,
en el mar del colmo;
marejada me disuelve en letanía,
las piedras que me rozan me silencian el valse de tu voz.

Yo el verso,
vuelo en aire humedecido de pasión y de porfía;
me atrinchero en los dinteles
del cincel agrietado de iracundia.
Yo el verso,
a la muerte al dulce acorde del poema bato
injuriado del misterio de vitrales de la nada.

Yo el verso,
vi llorar a las metáforas al tantear tu nombre
desterrado en mil penumbras anidadas en la lengua.
También lloré abrazado a mi idilio arrastrándose en andrajos
sobre cobertor escéptico y de polvo;
de un dedal que borda y suda la esperanza
humeó incienso que horadó tu tímpano con la bulla de la pena.

Y yo el verso,
contigo tiendo paso firme al verbo que desdeña,
zumba y baja las sales de mis párpados.

©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano
del poemario "Filosofía risueña".
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


CONFIESA UN MARGINADO…, Delia Pilar Checa, Mendoza, Argentina

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CONFIESA UN MARGINADO…

Yo nací, Señor juez, en el suburbio,
suburbio triste de la enorme pena,
en el fango social donde una noche
asentara en su rancho la miseria…
Esteban Celedonio Flores

Como un expósito sin cuna
siento que este mundo burgués
sin conocerme me desprecia
tratándome como un desecho.

Masco la áspera corteza
de mi propio odio indefinible
mientras los sollozos me ahogan…
y pienso que la misma antorcha
que la noche alumbra
sirve para el incendio
o el estrago.

¿Qué pone de diferente
un jardinero de otro?
Los dos dejan la siembra
en la tierra fecunda…
uno cosecha lirios,
el otro una serpiente.

“La musa
de lo eterno y cósmico
cerró sus alas”
para mí y me dejó
sin hogar, ni ley,
ni patria…
con destino incierto
como la hojarasca
del bosque;
como una palma
desafiando los vientos,
“irreverente Leviatán”…

Fui grande en el soñar,
perezoso en la acción.
Alcé mi frente mustia y lapidada
esgrimiendo mi trágica energía…
¿quizás en aquella luzco
la infame marca de Caín?

No me guío por la razón.
Yo vivo de los impulsos
y ellos constituyen mi verdad.

Codicia, doblez y astucia
como mi sombra
me acompañan.

Mi pecho yerto
es una tumba
donde mueren las aves
y las flores cierran
sus corolas.

©DELIA PILAR CHECA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA CASA DEL POETA, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala

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LA CASA DEL POETA

MUSA
.
.
LOS BARDOS son los  pistilos
de género, plectro, dones,
allí calma de pasiones
Hogar de varios estilos.
POEMA en los corazones
de  deseo  enamorado
es el jardín floreado
aromado de ilusiones.
Pared de letra han creado
álamo dorado intenso
que ilumina lo que pienso
la inspiración se esclarece
y cada vez que amanece
sobre una mesa de  amor
oyendo en el comedor,
umbría de pajaritos…
Irán  solfeando en gritos
Arias  nido de escritor.
.
.
© Dr. RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO, poeta y escritor guatemalteco.
“Hombre de Maíz, 2009”
Guatemala, C. A.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Jorge Luis Borges, un artista de la lectura, Fernán Medrano, Colombia

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Jorge Luis Borges, un artista de la lectura.


Cuando por primera vez leí a Jorge Luis Borges experimenté la sensación de que el autor argentino era el colmo de la literatura, de que no había nada más allá de la estética de lo precioso y de la estética de lo repugnante hechas letras. Non plus ultra. Y, como es de suponerse, deseé contagiarme de su genialidad, incluso de sus fealdades. Pero en el acto comprobé que nunca me sería dable escribir lo mismo que él. Por eso, tomé la decisión de que tenía que resignarme con aspirar a ser, en el mejor de los casos, un artista de la lectura. Porque como viajero de las páginas de todos los libros del universo, nuestro creador ingenió un arte alterno: el arte de la lectura, que puede prefigurar el arte de la escritura. Nos legó el consejo de que para ser un gran escritor hay que ser mil veces un gran lector.
Borges imaginó que el paraíso debía de poseer la forma de una biblioteca bien nutrida. Su vida eran sus libros, sus demasiados libros, aun cuando leer no se cuente dentro de los intereses de millones de analfabetos (de analfabetos hasta con doctorado y todo). Sintió además que podía enorgullecerse de los libros que alguna vez leyó, antes de que sus ojos fueran socios de lo oscuro. Al autor de Fervor de Buenos Aires no le gustó lo que escribió ni cómo lo escribió. El suyo era un nivel de autocrítica elevado. Prefería a otros autores. Recomendaba que nos olvidáramos de él; nos sugirió que leamos a Thomas De Quincey, Robert Louis Stevenson, Charles Dickens. Rafael Cansinos-Asséns lo deslumbró con su mucha luz libresca. Y lo vio al sevillano como la encarnación de todas las bibliotecas del Viejo Continente.
En cierta ocasión, durante una de esas conversaciones similares a las que sucedían en el Monte Olimpo, cuenta Jorge Luis Borges que le preguntó a Rafael Reyes por qué publicamos, a lo que el autor mexicano le respondió que publicamos para no pasarnos la vida corrigiendo. El erudito bonaerense no publicó una novela memorable, acaso porque se pasó la vida puliéndola en su memoria justa. O porque no quiso exponer carne en la parrilla de la crítica cavernícola. O porque seguramente acató a pies juntillas la recomendación de su padre, en el sentido de que escribiera mucho, rompiera casi todo y, sobre todo, no se apresurara a publicar. 
Borges supo todos los trucos con los que la literatura postula la recreación del cosmos. Se divirtió cantidad jugando con los artificios de la magia literaria y a continuación los despreció. A propósito del autor de la Historia de la eternidad se ha declarado de todo. Por ejemplo, que es un dinosaurio político. Sí pero no: lo de posponer las elecciones durante doscientos años y lo de proponer un gobierno meramente municipal vale la pena analizarlo y, si es preciso, considerarlo.
Hubo quien escribió un prólogo para afirmar que Jorge Luis Borges es tal vez en lengua castellana el único autor a quien el Premio Nobel de Literatura no lo merece. A no dudar, yo me adhiero a esa opinión en su conjunto. El capricho rencoroso de los referees de otras latitudes no es digno de aprecio. Tampoco estoy convencido de que los premios y autoelogios curen la depresión de los que fracasan al triunfar. Es un contrasentido consagrar la vida a la persecución del éxito. Además, Borges descreyó del fracaso y del éxito. Y a despecho del Premio Nobel de Literatura secuestrado, los cuentos y poemas borgianos siguen escribiéndose en la memoria de las gentes. 
La vida de todos los seres humanos transcurre con normalidad durante el día, pero la de nuestro buen amigo Raúl Gómez Jattin era una existencia nocturna de poeta bendito, más que la del típico modelo de marihuanero maldito con cabellos sin recortar y la cara sucia. Incluso más que el esnobismo de cualquier generación de poetas. Su aliento era el de un lírico capaz de componer poesía como la de la inspiración de Dios y hacerse pordiosero; no tener más que el día y la noche, sobre todo la noche ajena. Vivió sumergido en sí mismo como un personaje kafkiano, dantesco. Raúl fue él y su propio adversario. Ser autodestructivo. Contrario y contradictorio. Constituir la habitación de la oscuridad brillante. Ser un absurdo cual la flor de fango, que es bella a pesar de su contexto de hedor. O tal vez gracias a su fea verdad.
A ratos parece que el mar anhelara ser la esencia de un poema de Raúl, o por lo menos el material para tejer una metáfora o un verso suyo; por su ímpetu, por impredecible. A veces amable, admirado, y otras veces no tanto. En cierto modo, peligroso, pero con un corazón de mango cultivado en un patio del Sinú. Tierno. Por sus venas fluía una cultura milenaria y de primer orden. Raúl Gómez Jattin pudo haber nacido a orillas del Caribe, por allá en Cereté o en Cartagena de Indias o en el Oriente Próximo. Sin embargo, él mismo era de ascendencia semita y era un importante lector de Constantino Kavafis.
Para las personas normales sería escandaloso y protestarían si sus torpes ojos pudieran ver los fantasmas que lograba distinguir Raúl Gómez Jattin. Huelga decir que él iba más allá, porque en realidad Raúl los inventaba para luego asesinarlos con sus manos. Este hecho por sí solo nos revela la robusta imaginación con que fue provisto el vate, su costado todavía infantil e inocente.
Mi Raúl Gómez Jattin es alguien apenas personal y subjetivo. Es un poeta que desbordó la vida que lo contenía, ese envoltorio frágil, además de horrible. Fue su actor principal y su libreto. Existió como se lo dictó su soberana voluntad. A Raúl es difícil atraparlo y recluirlo en un escrito con paredes de voces. Es prácticamente imposible de comprimirlo en un texto de más o menos 500 palabras. Fue un insondable creador y destructor de habitantes de la imaginación, con un corazón dulce. Es un seductor lírico de mujeres y de hombres, el propietario de una poesía feliz, muy a pesar de toda su gran tragedia humana. También fue una persona a quien la visitó el estremecimiento y la alta sensibilidad que produce la áspera realidad, el cruel mundo y el peligro que significa estar vivo, como canta Fito Páez.
Si yo no hubiera leído el libro lloroso de Rimas y Leyendas, del autor español Gustavo Adolfo Bécquer, seguramente habría seguido creyendo lo que me enseñaron cuando estaba pequeño: que las palabras son de origen material, por lo tanto, habían sido inventadas para nombrar lo tangible, y no servían para expresar las cosas inmateriales como, por ejemplo, los sentimientos, las emociones, la alegría, la tristeza o la sed de ser querible. Y, sin embargo, las palabras están como rodeadas de una atmósfera emocional. A las  palabras debemos consentirlas, tenemos que saborearlas, pronunciarlas cuidando su fragilidad. Los coleccionistas de palabras, sonidos, imágenes, acciones, experiencias e ideas lo saben mejor que yo.
Bécquer desacreditó con su poesía quejumbrosa aquella enseñanza primaria antedicha, pues la plenitud de la obra poética citada hállase recorrida de un largo gemido causado, sobre todo por el amor, el desamor y la tuberculosis, que lo mandó a yacer acostado durmiendo para siempre en el regazo del sueño profundo, asilo fúnebre.
La poesía fue un analgésico para las dolencias más antiguas de su alma, para la agonía y el desespero existenciales. En Bécquer pervivía un sentimiento de orfandad, de búsqueda del tibio afecto de las mujeres; no obstante, la palabra escrita parece que obró en él lo mismo que una poderosa herramienta de tratamiento psicoanalítico.
Probablemente el escritor sevillano quiso aprovechar las propiedades curativas de desahogarse por medio del arte poético; la lírica es un oasis para descansar del crudo destino; hay quienes la sienten similar a una salida de emergencia para huir hacia adelante, como diría Alberto Manguel. Bécquer derramó el dolor en el crisol de los poemas. Hizo catarsis mediante el llanto de las rimas mojadas. Así tramitaría su desgarramiento.
La susodicha obra de arte es arduamente patética, dosificada en su justa proporción; la labró de magistral modo, casi perfecto; por eso el defecto en Gustavo Adolfo Bécquer es una virtud. Conjugó el vivir como se conjuga el padecer. Cinceló su lamento hasta convertirlo en deleite de sus admiradores; es una sugerencia de lástima. La suya era una tristeza que fascinaba más bien que fastidiaba. Mi imaginación resultó humillada por la belleza de los versos lacrimógenos de Bécquer. Soy capaz de permanecer despierto durante todos los días de mi vida con el fin de encontrar el sueño de ser heredero de la fragancia de tal lírica. Permutaría mi vida por un instante de inspiración con generosidad, por dominar un campo mental.
Absorto en sí mismo así como aquel personaje Iván Ilich del magnífico León Tolstói, Bécquer contemplaba su mundo interior desde adentro y desde afuera para terminar elevándose por encima de su angustia. Definió la poesía de un modo lírico y filosófico: los poetas sin la poesía son unos don nadie, son nada, mas la poesía sin los poetas sigue siendo la poesía.
Ya no interesa que Gustavo Adolfo Bécquer haya sido una muñeca lloricona, que dijo el poeta León de Greiff refiriéndose a los poetas, porque el poeta es, en el mejor de los casos, un poema de su propia inspiración. Muchos días después del día siguiente de su muerte, sigo acordándome de su paso por el mundo. Como un ser humano envuelto en las llamas de la pasión, de la sensualidad diligente, hombre cardíaco por excelencia, romántico a carta cabal, de heridas abiertas, de remordimiento, culpable; pero al fin de cuentas era un individuo de sensibilidad poética en alto grado, pienso que así fue Bécquer.

© FERNAN MEDRANO, poeta y escritor colombiano.


ANGUSTIA DEL POETA, Pascua Aloi, Mendoza, Argentina


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ANGUSTIA DEL POETA 

(Poesía Libre)

Sangrante el triste corazón vencido,
el dolor abre llagas encendidas,
mustio el ser, el alma siempre herida…
lágrimas cual torrente embravecido.
El pasado presente inclaudicable,
furia de un ayer que nunca acaba,
dura repetición del mal mutable
escondidos recuerdos malolientes.
Abismo del ayer, vacío del hoy
que oscurece el día sin horizonte
y tenebrosas sombras por donde estás,
que nunca se van y nunca terminan.
Será el dolor, el compañero aciago
y la soledad, permanente vigía?
camino oscuro desesperanzado,
destino incierto de paisajes negros.
Duerme entristecido poeta por hoy,
mañana al despertar estará la luz
que ilumina el corazón y la mente,
espera, a los ángeles que traen paz.


   
©PASCUA ALOI, poeta y escritora argentina
Diciembre de 2015