Bienvenidos

sábado, 10 de junio de 2017

NOTA RECIBIDA de la Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete, desde Cartago Valle, Colombia




















NOTA RECIBIDA
de la Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete
desde Cartago Valle, Colombia, a la que agradecemos profundamente porque nos impulsa a seguir en nuestro camino.
¡Gracias amiga! Y Felicitaciones por tu extensa actividad cultural!
Norberto Pannone

Valioso Presidente de ASOLAPO, muy buena tarde.
Desde mi amada Colombia, agradezco de manera especial tener el Privilegio de conocerlos y Admirar en toda su plenitud la invaluable labor que cumplen en su Organización.
Ya tendré tiempo de Admirar vuestra labor Literaria escrita y aprender de todos.
Soy Miembro activo de varias redes Internacionales
como: UHE, SVAI, PARNASUS, y UNILETRAS Bogotá Colombia.
Lo más importante es fundar y dirigir desde hace cinco años 
una  Asociación de Mujeres Escritoras que han ido formando sus alas de colores con su valiosa inspiración y su don de ser.
Nuestro Nido se llama "CRISÁLIDA” le he añadido Poética.
Tenemos en nuestro haber dos bellas Antologías:
"ALAS AL VIENTO" 2012 (Nuestros primeras creaciones e ilusiones de poemas) y “ÁNFORA DE VERSOS " 2016.
Varias de mis mujeres en la Asociación ya tienen igual, publicado su primer hijo Literario.
Soy una mujer de 76 años Pensionada por el Magisterio como Educadora de Español y Literatura, me agrada pintar al óleo, Tejer, bordar y ser voluntaria para dar Talleres Literarios y Prevención del Cáncer.

Desde mi alma Agradezco poderme nutrir de vuestra labor y poder crecer en mi escritura.
Vivo en Cartago Valle; Colombia y cuido de mi amado esposo 
cuya unión cumplimos este 24 de Junio próximo 50 bellos años.
Reciba mi abrazo en nombre del manojo de Mujeres Poetas (15) que son mi fortaleza.
Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete



MUJER ARQUETÍPICA…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: www.liveinternet.ru


MUJER ARQUETÍPICA…

Por Antonio Las Heras

Está más allá de todo; y sigue aquí.
Ilumina cielos nunca vistos,
mientras su mirada acaricia.
Atraviesa cada alma con presteza
haciendo sentir aquello soñado.

Es parte de la arquitectura universal,
piedra angular, energía clave, esencial.
Obra en plena armonía… fluyendo oculta
hasta aparecer en el momento inesperado.

Vuelve a mirarte, con esa expresión que dice:
“Atrévete a ser tú mismo
porque así siempre serás amado”.


Península de Yucatán, 17 de abril de 2017

©Prof. Dr. ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA en BUENOS AIRES


DÉCIMA MERIDIANA, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala


















Décima meridiana
.
.
En espíritu pensar:
y letrarse en mandamiento.
.
Es la vida al comenzar
Espíritu de verdad
benignamente nombrar
y con pureza, bondad.
.
Humanitario  alimento
con GRACIA abundantemente
de arriba primeramente
“Misericordia” Fomento.
.
.

©Dr. RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO “Hombre de Maíz 2009”
Guatemala, C. A.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Letrarse: Adquirir conocimiento.
Décima meridiana,
La décima meridiana, estrofa de mi autoría, se divide en tres grupos. Consta de un dístico, un cuarteto serventesio y un cuarteto estrofa: AB.ACAC.BDDB; El ritmo primer verso agudo, inclina al cuarteto serventesio agudo y el segundo verso, llano inclina al “Cuarteto estrofa”.- La exigencia de su rima, acepta arte mayor. y MAYOR



sábado, 3 de junio de 2017

SEMBRADORES DE ESPERANZA, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina













Imagen provista por el autor.

Sembradores de esperanza
A los Embajadores universales de la Paz

Camino por los campos de la tierra,
en cuenco el delantal con mi semilla,
que  luce  bajo el sol su maravilla
de vida y esperanzas¡ No más guerra!

Atenta a lo que ocurre, a pie o en silla,
te espero en cada duda que te aterra
¿No ves que  la violencia nos destierra
de nuestra humanidad con sus  rencillas?

¡Sembremos entre todos, de rodillas,
sobre el planeta entero, mar y sierra,
su fresca conjunción   de campanillas!

¡Mientras la Paz al  odio desentierra,
lo  lleva a curación en angarillas,
y purifica el humus  que lo encierra!

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                                                             


EL TÍO, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Pisos.com

EL TÍO

Mamá insistía en que nos quedaríamos en casa de los tíos. Y yo comenzaba a sentir estertores instantáneos. Mi cuerpo entero gritaba que no. No. No. En casa de los tíos no. Nadie comprendía la negativa constante a ir con ellos, dado que mis primas eran muy queridas y amistosas. Juntas pasábamos tardes enteras saltando a la soga o corriendo en escondidas fantásticas que podían durar varias horas. Carcajadas, alegres canciones y abrazos de total camaradería eran habituales. La risotada de Mimí, franca y estruendosa me producía una felicidad indescriptible. Amaba a mis primas.  Pero la casa…
Imposible hoy en día precisar el número de la calle Winter en la que vivían, pero puedo describir al detalle la cuadra entera y el frente en particular. Era una vivienda en espejo de los años cuarenta o cincuenta, tenía paredes solidas de estuco grisáceo y zócalo alto y negro. Una puerta principal y un par de ventanas con celosías que chirriaban hacia la derecha. Si te abrían la puerta, el frío y oscuro pasillo envolvía una a una las partes de cuerpo y se apoderaba de vos cierto temblor que nunca, pero nunca más te abandonaba. Tendría unos seis metros ese pasillo, interminable y macabro como pocos.
Promediando los tres metros, un crucifijo gigante de bronce colgaba presagiando la necesidad de protección, y cuando te acercabas al estar te esperaba El entierro del conde de Orgaz, del Greco, en la pared con la que chocabas antes de abrirse la habitación donde por lo general, el resto de la familia estaba reunida. Ellos, mis tíos y primos no parecían reconocer ningún signo extraño, y trascurrían el día con naturalidad. Juegos, lecturas y algún reto de la tía Mona, porque corríamos los muebles formaban parte del murmullo cotidiano. Todos eran felices. ¿Es que no veían la oscuridad de la casa? ¿No caían en cuenta los continuos alaridos apagados y opacos que se oían?
La única ventana del living, estaba cubierta por una cortina pesada de terciopelo azul noche y no era habitual que se corriera. Era imposible saber cómo era esa ventana, si me permitiría escapar, hacia donde daba. Mi tarde se diferenciaba de la descripción del resto de la familia. Aletargada y temblando, parecía participar de todo pero en realidad iba hilando conjeturas y sintiendo cada vez más anticipación y ansia.
Mi pequeño primo Javier, llamado así por el arcángel, presumía volar y se lastimaba a diario en sus intentos, y Lili, otra de las chicas, pálida y ojerosa, sostenía un arpa gigante que tocaba sin cesar. Mis hermanos desoían lo que les contaba, y me trataban de miedosa.
A las diecinueve, nos llamaban a todos y debíamos rezar el rosario completo, en voz alta, arrodillados en línea que el tío Orlando, recién llegado de su empleo, trazaba en tiza y controlaba con el atizador de la chimenea. Yo no sabía todo el rosario y temblaba, mirando el piso, pensando que se iba a dar cuenta y a azotarme. Nunca lo había hecho, pero era capaz.
Medía un metro noventa y debía pesar unos cien kilos, su cabellera espesa y blanca no era la de un hombre de treinta y seis años, y sus enormes manos, te aplastaban las tuyas al saludar. Su voz me sonaba gutural y pastosa y las pisadas del tío reverberaban por largo rato en el piso de cedro oscuro y antiguo de la casa.
Después de la comida de la noche, frugal y escasa, la casa caía en una oscuridad total y debíamos repetir una rutina severa de higiene, que siempre tenía muchas risas de los demás y un silencio espectral de mi parte. Venía lo peor. Lo temido.
Cuando las campanas del reloj marcaban las nueve, todos debíamos arrodillarnos, ya higienizados, derredor de la cama, y con las manos juntas comenzar las oraciones que nos iban a proteger en el sueño posterior. Primero el credo, luego el sálvame, seguía el padre nuestro y el ave maría. Si te equivocabas, el atizador de Orlando te señalaba y era probable que te golpeara. Mis primos y hermanos se reían mucho. ¿Es que sabían todas las oraciones?  No creo que vieran a los querubines del conde de Orgaz que venían cada noche a guardarnos. Ni que conocieran a la virgen tanto como para que los perdonara. Yo directamente estaba helada, con nueve años, perdida en un día trágico y lleno de peligros, uno de los tantos que viví en la calle Winter.  Me arrodillé antes de tiempo, el tío me miró, Me espantó su frialdad y su rechazo.
Por ansiosa, me dijo
Espera a las campanadas, me dijo.
No respondí, pero mis entrañas entraron en guardia y cuando sonaron seguía arrodillada. Una rodilla me dolía, apretada contra la junta del parquet, de la que salía una pequeña astilla, que se iba clavando en mí. Podía oler el momento, oler las transpiraciones de todos, oír cada bocanada de aire, cada ruido de la casa, la ventana chirriando, la pesada cortina susurrando, sentía aletear a los del cuadro cuando salieron hacia aquí.  Giraban entre nosotros riendo y murmurando oraciones confusas. El tío dijo:
Comencemos con el credo, creo en dios padre…
No supe cómo seguir, sentí sus pasos, de reojo su sombra se acercó, me rozó levemente, tomé el atizador, y lo hice.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MI SOMBRA, Alfredo Torres, Rufino, Santa Fe, Argentina

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Imagen de: Vivir Agradecidos


MI  SOMBRA

Esa que va conmigo por la acera
De la calle dormida y desolada
Se abriga con mi poncho y emponchada
Suele cruzar una ciudad cualquiera/

Esa que ya perdió su primavera
Y sin embargo da como si nada
Con su lábil silueta aletargada
Contra el muro invernal de la tapera/

Esa es la hermana fiel del andariego
Que desanda la noche casi ciego
Por una soledad que no lo nombra

Por mi agosto la luna le da vida
Es mi otredad insomne malherida
De amor y alcohol igual que yo mi sombra//

©ALFREDO TORRES, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SOLEDAD, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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SOLEDAD

Estoy enfrente mío
en el paraíso del silencio.
La soledad hace su trabajo
y yo le permito.

Solamente hay un mundo; el mío.

Hay ruido, mucho ruido en el enigma
que envuelve al día.
La soledad y el ocaso son preludio de noche
y en ella vuelvo a estar enfrente mío.

Búscame soledad cuando haya ruido,
búscame en la brisa o al pie de un río,
búscame en la alegría o en la melancolía.
Porque deseo encontrarte para encontrarme
y ser quien deba ser, en mis finitos días. 

No te alejes, quédate donde sueles estar.
¿Sabes?
Hay mucho ruido soledad.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



VEJEZ, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador

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Imagen de: Rostros de viento - blogger

VEJEZ


Los inviernos pasaron con sus nieves, canos,
y mis ojos nebulosas golondrinas adormecidas,
y en mi vejez humillado en la crueldad indiferente
que me impone la gente víctima de dolor, y desprecio
y he esperado, esperando con el corazón marchito
la mirada destrozada con mi despotrica  senectud
sigo esperando con la esperanza de tu alerto recio
y los sueños que se disipan en mi almohada,
siempre quise ver más allá de mis oscuridades
y nunca pensé que los años acumularan tanta pena          
y llegar a la vejez el alma herida  un rayo truena
y las flores de tu boca mi aliento enaltece.
Soy montaña de los inviernos que permanece
un día como ayer la ilusión también  envilece        
para que quiero la vida que al final  entristece
¿Por qué el hombre nació para volver a morir?
no basta vivir, multiplicar, llorar y sufrir
en los mares, en la peñas y en los torbellinos,
cuando, yo quiero redimir la  oscuridad de mis pupilas
y el pecado que la sonrisa dibuja mis ocasos
Nunca pensé llorar en el presentimiento de mi vejez                                                                            ¿quiero morir, quiero gritar, soñar en mi atardecer?
¡Donde está el Hombre? ¿Dónde están sus sueños?                       
¿Dónde está la paz?  ¿Qué fue del sol ferviente?
De que nos sirve la vida consiente que nos despoja
si muere la fe en el lecho moribundo de la mirada hiriente
se va con la soberbia y el orgullo en pos de la tumba fría
y de los atavíos unidos a las revelaciones venideras,
¿Quién escuchara el tormento de mi voz furibunda?
¿Quién se acordará de mis inciertas compulsiones?
¿ y de aquellas cuitas que lloraron con mi alma?
¿Dónde estará la juventud de mi luna azul?
¿Dónde está mi enfadadísima madre que me vio nacer?
¿Dónde está mi queridísimo padre que me engendró?
Todo pasó en un día, nacieron y expiraron,
florecieron y se marchitaron los altos robles de mi porfía
derribadas las piedras se quedaron en el río
la casa  quedo solitaria, y los viejos recuerdos
se olvidaron junto al brillo de las estrellas,
solo quedó el despojo que se llevan los cementerios
y las fúnebres flores que gritan el silencio de mi garganta
es una vejez despótica, y que lentamente va pujando
cual si fuera Longino con la lanza en el costado de odio
caminando hacia el sepulcro de las olvidadas voces
con la suerte que el agua vierte para despertar
en el infinito laberinto de la muerte.
                                                              
© CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



domingo, 28 de mayo de 2017

ALAS MUSTIAS, Mara Sorbello, CABA, Argentina


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Imagen de: yura la mejor - blogger



ALAS MUSTIAS

Uní cada letra con hilos de oro
y formé tu nombre...
Cada letra la pronuncié en sagrado silencio...
Y vos?
Te perdiste entre las alas de una mariposa.

Y yo sigo aquí mirando el mar...
y ya nada es igual...
Volverás, yo lo sé, como siempre.
Pero...
ya nada será igual...

Se terminó el tiempo del amor.
Se terminó el tiempo de nuestro amor.
Y mañana cantarán los Ángeles
y veré renacer a mi corazón...

Y tú...
como siempre encontrarás mustias,
las alas que te cautivaron...
Mariposa fugaz,
mariposa de un día...
Pero a mí ya no me hallarás.

©MARA SORBELLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



HERMANA POETA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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Imagen de: Revista Literaria "Pluma y Tintero" - blogger



HERMANA POETA 

          a Yolanda Solís, Naló


La poesía es una sola,
nos visita a cada instante
A unos deja verso amante
A otros río que se inmola.

En la cresta de una ola
Trae un verbo tan profundo
Que al más sabio de este mundo
Guarda en una caracola.

Y ese que genial se crea
Por su estro adamantino
No adivina su destino
Hasta que su alma no vea.

Su música es una escuela
Dónde a bailar nos invita
A aquel que grita lo evita
Y se entrega a quién la anhela.

La veo todas las tardes
La oscuridad iluminar
Y por los campos pasear
Recatada y sin alardes.

Pobre aquel que nunca ha visto
Su proverbial cabellera
Al instante que Ella quiera
Te envuelve cual niño Cristo.

Y del año la primera
Flor que baña con su luz
Es la frente de Jesús
Que transmuta en primavera.

He visto a un escarabajo
Que se hace decir maestro
Y para el mal se hace diestro
Apestando a los de abajo.

Ese su inmundo trabajo
Derméstido y coprófilo
Triste lunúleo anisófilo
Es poetizar de un badajo.

La sublime mariposa
También supo ser gusano
Y diferente a su hermano
Aprendió a besar la rosa.

La poesía primorosa
No le hace caso a ninguno
Vuela en su sino oportuno
Como si cualquier cosa.

Esperándote auspiciosa
En el filo de una rama
En la lágrima del que ama
Con gesto de buena diosa.

Por si quieres ser poeta
Ni se te ocurra buscarla
Ni a maestro le oigas charla
Ni copies de su libreta

Nadie ha podido encontrarla
Por mucho que la han buscado...
Ella estará a tu lado
Si te dignas a escucharla.

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA