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jueves, 20 de octubre de 2016

GRANDES POETAS Y ESCRITORES ARGENTINOS, Seleccionamos: Jorge Luis Borges; Oliverio Girondo; Silvina Ocampo; Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte); Juan Gelman, Conrado Nalé Roxlo


GRANDES POETAS Y ESCRITORES ARGENTINOS


Seleccionamos: Jorge Luis Borges; Oliverio Girondo; Silvina Ocampo; Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte); Juan Gelman, Conrado Nalé Roxlo


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ARGENTINA

Jorge Luis Borges




“EMMA ZUNZ”
El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.
Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.
En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”, recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.
El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.
Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova… Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.
¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como esta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia.
Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día… El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.
Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer -¡una Gauss, que le trajo una buena dote!-, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.
Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando este, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado (“He vengado a mi padre y no me podrán castigar…”), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.
Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…
La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.-

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986) Escritor argentino considerado una de las grandes figuras de la literatura en lengua española del siglo XX. Cultivador de variados géneros, que a menudo fusionó intencionadamente.
Parte de su obra la constituyen: Ficciones (1944), El Aleph (1949) y El Hacedor (1960) tres de sus colecciones de relatos de mayor proyección. A pesar de que su obra va dirigida a un público comprometido con la aventura literaria, su fama es universal y es definido como el maestro de la ficción contemporánea.


Oliverio Girondo



APARICIÓN URBANA”

¿Surgió de bajo tierra?
¿Se desprendió del cielo?
Estaba entre los ruidos,
herido,
malherido,
inmóvil,
en silencio,
hincado ante la tarde,
ante lo inevitable,
las venas adheridas
al espanto,
al asfalto,
con sus crenchas caídas,
con sus ojos de santo,
todo, todo desnudo,
casi azul, de tan blanco.

Hablaban de un caballo.
Yo creo que era un ángel.


Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1881 - 1967) Poeta argentino que revolucionó la estética de su país, pertenece a la vanguardia poética argentina, junto a Jorge Luis Borges y Raúl González Tuñón. Parte de su obra: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922), Calcomanías (1925) y Espantapájaros (1933) A continuación publicó Plenilunio (1937), Persuasión de los días (1942) y Campo nuestro (1946). Su última obra, En la masmédula (1954), es quizás la más arrojada de todas por el caos verbal y alucinatorio que propone.


Silvina Ocampo

“ENVEJECER”

Envejecer también es cruzar un mar de humillaciones cada día;
es mirar a la víctima de lejos, con una perspectiva
que en lugar de disminuir los detalles los agranda.
Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida.
Envejecer transforma a una víctima en victimario.
Siempre pensé que las edades son todas crueles,
y que se compensan o tendrían que compensarse
las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo?
Espero una revelación. ¿Por qué será que un árbol
embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse
sólo con los despojos de la juventud.
Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios,
una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón.
Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez
es un disfraz con aditamentos inútiles.
Si los viejos parecen disfrazados, los niños también.
Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta
ser viejo porque nadie sabe serlo,
como un árbol o como una piedra preciosa.
Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas.
No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente.
Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar,
porque todo lo que hago lo hago doblemente.
El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece
que lo que quedó atrás tiene más realidad
para reducir el presente a un interesante precipicio.
Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1906 - 1993) poeta Escritora argentina.  En su obra aparecen con carácter de importancia: Viaje olvidado (1937). Enumeración de la patria (1942).  Espacios métricos (1945). Poemas de amor desesperado (1949). Los nombres (1953).  Pequeña antología (1954).  Lo amargo por lo dulce y Amarillo celeste. Ocampo colaboró con el dramaturgo Juan Rodolfo Wilcock en la redacción del drama titulado Los traidores (1956).


Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)


¡AVANTI!
Si te postran diez veces te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas...
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
Se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura

que se rompen las garras de la suerte...
¡todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

¡PIU AVANTI!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer, que nunca reza,
o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua y no la implora...
¡Qué muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo tu cabeza!


Pedro Bonifacio Palacios, poeta consagrado, usó el seudónimo Almafuerte, nació en la ciudad de San Justo, Provincia de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1854. Falleció el 28 de febrero de 1917, a los 62 años de edad en la ciudad de La Plata, donde pasó gran parte de su vida. Las referencias de este poeta, sus obras, manuscritos, dibujos, se conservan en esta ciudad, en un museo que lleva su nombre.
Parte de su obra:
1906 Lamentaciones
1907 Siete sonetos medicinales
1917 Poesías
1918 Nuevas Poesías
1919 Discursos



Conrado Nalé Roxlo



“EL GRILLO”
Música porque sí, música vana
como la vana música del grillo;
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!...
Pero no es son de flauta: en un platillo
de vibrante cristal de a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quién tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

Conrado Nalé Roxlo (Buenos Aires, 1898 - id., 1971) Escritor argentino. Cultivó todos los géneros con un amplio registro que, en su poesía, va desde la ternura y el humor (El grillo, 1923) hasta la melancolía y la reflexión (Claro desvelo, 1937; De otro cielo, 1952). Sus dramas recrean poéticamente argumentos de origen legendario: así, en La cola de la sirena (1941), El pacto de Cristina (1945) y Judith y las rosas (1956). Fue autor de escritos humorísticos, publicados bajo el seudónimo de Chamico, que tuvieron una gran aceptación y algunos de los cuales se recogieron en colecciones de cuentos. Junto con M. Mármol escribió las biografías de Amadeo Villar (1963) y Alfonsina Storni (1965).




Juan Gelman



“CONFIANZAS”


se sienta a la mesa y escribe
“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
se sienta a la mesa y escribe


Juan Gelman, poeta y periodista argentino, nace Buenos Aires, Argentina el 3 de mayo de 1930 y muere en México DF el 14/01/14.

Publicó casi 30 poemarios, entre los que se pueden subrayar: "Velatorio del solo", "Hechos y relaciones", "Salarios del impío" y "El emperrado corazón amora".

miércoles, 19 de octubre de 2016













 

Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016

“Rebelde de la música, dotado de místico magnetismo, este talentoso trovador representa la conciencia de la juventud, de los hombres que se sienten confusos y de, los que buscan la luz”.

John Reddy, periodista especializado, firma una nota sobre Bob Dylan que se publica en la revista Selecciones del mes de noviembre de 1970.
Llevado por mi curiosidad de saber quién es y quien fue Bod Dylan, y por haber leído varias criticas-protestas y opiniones de diferentes grupos literarios del mundo, algunas firmadas por literatos de nombre, comienzo a investigar sobre este asunto para informarme con alguna exactitud sobre la obra y vida de este artista premiado y discutido.
Entonces, en una larga noche de insomnio, tomo al azar una vieja revista Selecciones y descubro en sus páginas aquello que, sin duda, me estaba dado en conocer. Nada más preciso, aclaratorio y contundente.

¿Premonición o predicción?

La nota se titula:
“Un poeta de la música folklórica”
“La enorme muchedumbre, de unos 200.000 jóvenes llegados de todas partes del mundo, esperaba el momento desde hacía tres días. Reunidos en la isla de Wight, frente a la costa de Inglaterra, aquellos jóvenes habían pasado las noches durmiendo al abrigo de setos vivos y bajo una lluvia intermitente. Durante el día escucharon con bondadosa atención a varios intérpretes de la música, pero entonces llegaba el momento de presentarse el artista que había venido a ver y escuchar.
Bob Dylan salió a escena ya bien entrada la tercera noche. Delgado de cuerpo, barbado el rostro, vestido con un traje de color crema y una camisa amarilla, y con su figura parecida a la de Charles Chaplin, ofrecía un aspecto angelical. Acompañado por un pequeño conjunto musical, que lleva el sencillo nombre de “The Band”, empezó a cantar con una voz que hacía, según comentó algún crítico, “el efecto de una inhalación de amoníaco para desahogar la cavidad nasal”. Cuando concluyó, la enorme multitud estalló en una ovación sin precedente, sin duda la más grande que se haya tributado jamás a cantante alguno en Gran Bretaña.
La magnitud de la concurrencia reunida en esa ocasión fue una nueva muestra de afecto singular, casi místico, que en la nuevas generaciones viene obrando Bob Dylan, ídolo del rock’n’roll folklórico norteamericano. Para los jóvenes de hoy (Año 1970), Bob Dylan es la encarnación misma del legendario flautista Hamelín. “Para los de mi generación, es una mezcla de Shakespeare y Judy Garland”, explica un joven crítico. “Lo que él nos dice, nos merece crédito”.
Leyenda errante. En el campo de la música popular, que varía constantemente y en el que tanto la fama como la indiferencia pueden arrollar a un artista de la noche a la mañana. Bob Dylan ha destacado, notable aunque nebulosamente, desde hace ya casi diez años, y su popularidad sigue en aumento, como aumenta por intensificación electrónica, el número de decibelios producidos por un conjunto de rok’n’roll. Visto ya como personaje de leyenda a los veinticinco años, hoy, a los veintinueve, es multimillonario” -Bob Dylan aparece como un joven de veintinueve años en el año 1970, actualmente estamos en el 2016, de manera que su edad sumaría en la actualidad setenta y cinco años-
“Solamente en los EE.UU se han vendido más de diez millones de álbumes fonográficos suyos, además de muchos millones de discos sueltos. Docenas de grupos de músicos y cantantes ha grabado las canciones de Bob Dylan, tales como Blowin’ in the Wind, It Ain’t Me, Babe y Mr Tambourine Man. Dylan cobra los honorarios más elevados en las muy raras ocasiones en que ofrece un concierto. Por su participación de una hora en el festival del verano de 1969 en la isla de Wight, recibió 80.000 dólares.
Alguien le preguntó una vez:
-¿Quién te corta el pelo?
Y él respondió jocosamente:
-Mi banquero.
De Bob Dylan, hombre esquivo, de imprevisible modo de ser, podría decirse que tropezó con el triunfo.
En su voz hay un áspero acento que hace pensar en el aullido de “un perro que se engancha una pata en una alambrada de púas”, como ha dicho alguien. Bob Dylan evita las entrevistas periodísticas y es poco comunicativo en lo que toca a su persona. Tan hermética es su vida privada, como la letra (vaga y antigramatical) de algunas de sus canciones. Con todo y aunque resulte extraño, ese aire de misterio que rodea su vida y sus canciones no ha irritado, sino cautivado, a sus admiradores.
Bob Dylan (cuyo verdadero nombre es el de Robert Zimmerman) nació en Duluth (Estado de Minnesota) en 1941 y se crio en Hibbing, villa minera de hierro situada a unos 100 kilómetros de la frontera canadiense. El padre de Bob, vendedor de aparatos eléctricos para uso doméstico, compró un piano al tímido regordete Bob y a David, su hermano menor. Bob aprendió por sí solo a tocar el instrumento, como también la guitarra y la armónica. “Yo no hacía más que escribir y cantar, dibujar algo, disolverme en situaciones en me sentía invisible”, contaría Bob tiempo después.
Ya en la escuela de segunda enseñanza, organizó su propia banda de música, para tocar rock’n’roll, género que a la sazón comenzaba a popularizarse.
Al salir de la escuela de segunda enseñanza se cambió el nombre por el de Dylan y comenzó a recorrer el país. Más tarde ingresó en la universidad de Minnesota donde mostró menos interés por sus cursos que por cantar y rasguear la guitarra en las cafeterías del lugar. Abandonó la universidad a los pocos meses y empezó entonces a viajar, a pie o pidiendo transporte a los choferes que pasaban, y cantaba y tocaba donde podía. De tiempo atrás le había conmovido hondamente la música del cantante negro Woody Guthrie, quien por entonces se hallaba incurablemente enfermo en un hospital de aquella zona. El cancionista moribundo y el muchacho de alicaído aspecto trabaron íntima amistad. Parece que Bob Dylan tomó de Guthrie su estilo vacilante y declamatorio, e incluso el pausado dejo popular.
Bob Dylan llegó a Nueva York en 1961. De rostro fino, intenso, de abundante cabellera revuelta y delgada figura, tenía el aire de un maizal de las praderas. Al principio actuaba en los cafés de Greenwich Village (el barrio bohemio de la ciudad), cantando sus propias canciones y acompañándose solamente con su guitarra, o bien arrancando a su armónica un lamento tan triste como el silbido de un tren. La letra, de índole folklórica, era una melancólica mezcla de soledad y cólera expresada en un gemido rustico, pero Bob le comunicaba tal vitalidad que en breve el muchacho se ganó un circulo reducido de admiradores. Uno de los jefes de la empresa Columbia Records lo oyó cantar y lo contrató para hacer con él varias grabaciones.
El joven cantor no tardó en perfeccionar un estilo personal, al dar expresión a los sentimientos de la juventud, de los hombres que se sienten confusos y de los que buscan la luz. Por los días en que los artistas populares norteamericanos difundían canciones huecas e insulsas, aunque ruidosas, Dylan supo reflejar el sentir de la juventud con vibrantes canciones de protesta, tales como: The Times They Are A Changin, Masters of War y Who Killed Davey Moore? Sin embargo, Bob Dylan no conquistó la atención pública hasta 1962, año en que compuso Blowinn’ in the Wind. Como número culminante del famoso Festival Folklórico de Newport, del mismo año, salieron a la escena en unión de Bob Dylan brillantes estrellas, tales como Joan Baez y Pete Seeger, para cantar con él las obsesivas melodías de su canción Blowin’ in the Wind. Fue un momento inolvidable, recuerda el director del Festival, George Wein.
Esa canción fue el primer gran éxito de Bob Dylan. No había pasado mucho tiempo sin que ya la hubieran grabado más de 50 cantantes o conjuntos. A la vez que We Shall Overcome, la composición de Dylan había de convertirse en el himno extraoficial del movimiento norteamericano en favor de los derechos civiles. Dylan mismo tomaba parte activa en esta lucha, marchando en manifestaciones públicas y asistiendo a reuniones celebradas en diversos lugares del Sur, y actuando gratuitamente en funciones para beneficio de la causa. Al poco tiempo ya se presentaba ante crecidos públicos en muchos lugares del mundo.
Su programa de trabajo era agobiador, pues debía viajar en avión de una ciudad a otra de su país, y su abigarrada compañía de músicos, con el equipo que llevaba, ofrecía la apariencia de una caravana de gitanos transportada por aire. Tan frenética actividad no pudo menos que tener adversos resultados, y el mismo Dylan confiesa que tuvo que refugiarse en las drogas para sostener aquel furioso ritmo. El notable folklorista Alan Lomax predecía: “A mi parecer, Bob Dylan pasará a la historia como uno de los grandes poetas de su tiempo… si es que antes no muere de agotamiento”.
Cantos de libertad. A pesar de su creciente fama, Dylan Dylan se mantenía obstinadamente independiente, cultivando su pasión por el aislamiento. Dylan no abriga simpatía por las causas organizadas, y dijo: “No formo parte de ningún movimiento: son lo mismo que la política. No puedo tragar ninguna organización”.
Su música fue evolucionando en forma imprevisible. Cada nuevo álbum de sus canciones seguía un rumbo diferente de los anteriores y le ganaba nuevos admiradores, aunque también le restaba algunos. En el Festival Folklórico de Newport, en 1965, el público obligó a Bob a dejar la escena al abuchearlo por cantar sus composiciones populares acompañándose de una guitarra eléctrica y prestándoles un exagerado ritmo de rock’n’roll. No obstante, supo atraerse un público mayor entre la gente joven, capaz de identificarse con aquel original acento y aquella fantasía “psicodélica”. El enorme éxito alcanzado en 1965 por el número de Dylan Mr. Tambourine Man, estableció, literalmente al son de los timbales, la modalidad del folk-rock, o rock’n’roll folklórico. La nueva música de Dylan no tardó en hacer sentir su influencia en otros intérpretes distinguidos de la música popular, y el éxito que alcanzó contribuyó a formar gran número de cantantes de folk-rock famosos en el decenio último.
Consecuencia de un accidente. En 1966 el cancionista estuvo en un tris de matarse en la motocicleta, y todas las radiodifusoras de música popular interrumpieron sus programas para transmitir noticias del accidente. Con una vértebra rota y varias lesiones internas, Dylan pasó muchos meses encerrado, “con los ojos clavados en el techo”. Su prolongada recuperación dio origen a un torrente de rumores. Se decía que estaba moribundo, o que había quedado paralitico o desfigurado, y que ya no se ocuparía en la música. Cuando al fin le preguntaron cuál de esos rumores era fundado, Dylan replicó jocosamente: “Todos ellos lo son”.
Los largos meses de convalecencia solo sirvieron, por irónica circunstancia, para intensificar la mística que envuelve a Dylan. Se hizo al artista objeto de culto popular y aparecieron admiradores suyos que se ocupaban en examinar la personalidad del poeta y cantor con la pasión que muestran los especialistas en la política del Kremlin o de la China roja. Los álbumes de Dylan se vendían más que nunca. Transcurrieron cerca de dos años antes de que Dylan saliera de su retiro para participar en un concierto de beneficencia celebrado en el Carnegie Hall de Nueva York, en memoria de Woody Guthrie.
Héroe folklórico. No deja de ser una ironía que este artista, flaco y de estridente voz, cuyas canciones de censura contra los males de la sociedad han hecho de él la conciencia de toda una generación, se encuentre convertido hoy en un multimillonario. (“No sé cuánto gano”, dice, “y no quiero llegar a saberlo nunca”.) Se propone seguir escribiendo canciones y ofrecer de vez en cuando algún concierto, no con la furiosa actividad de sus primeros años, pero tampoco con la parquedad de los últimos. Dylan anduvo en gira durante cinco años, y hoy asegura que aquellas fatigas, así como las drogas que tomaba, agotaron sus fuerzas. “No quiero llevar otra vez una vida así”, dice. “La gente no necesita drogas ni cigarrillos. Hay que librar al organismo de todo eso”.
En la actualidad, Bob Dylan lleva una existencia tranquila y retirada, en compañía de su esposa Sarah y sus cinco hijos, en una casa de Greenwich Village, en Nueva York. Graba en Nashville (Tenesí), población considerada como La Meca de la música rural y del Oeste norteamericano. “Durante mucho tiempo viví deprisa”, comenta, “y lo lamento. Cuando va uno de prisa, no tiene conciencia como debiera de las cosas”. Hace poco el crítico Alfred Arnowitz sintetizaba el asombroso efecto del arte e Dylan en estos términos: “Casi por sí solo Dylan ha transformado la música popular norteamericana. Ha dado origen a una nueva generación de poetas y es probable, gracias a él, que la música contemporánea se convierta en la literatura de nuestra época”.
Todo esto escribía el crítico John Reddy en la revista Selecciones de noviembre de 1970.

¿Premonición o predicción?


Bob Dylan, premio Nobel de Literatura 2016
Diario El País, España
Por primera vez en la historia del Nobel de Literatura, la gente no correrá a las librerías sino a las tiendas de discos. Cuando la secretaria de la Academia Sueca Sara Danius ha pronunciado el nombre, han retumbado todos los cimientos. Bob Dylan (1941, Duluth, Minnesota), premio Nobel de Literatura. La sorpresa en los mundos de las letras y la música solo puede ser comparable a la que seguro ha sido una legendaria, hipnótica, imbatible sonrisita pícara del galardonado al enterarse, perdido como siempre en su gira interminable alrededor del mundo, al margen del mito. Era el eterno aspirante, así como un recurrente chiste entre los más escépticos y, sobre todo, más ortodoxos. ¿Un músico, cuya única obra en prosa fue un fracaso, cosechando el mayor de los premios literarios? Imposible. Pero lo imposible –y vivir a contracorriente- es lo que mejor se le ha dado a este compositor que cambió como nadie el concepto de canción popular en el siglo XX, añadiendo una particular dimensión poética a la música cantada. Y tan importante como ese determinante hecho: su influencia, reconocida por los Beatles, los Rolling Stones, Bruce Springsteen y cualquier icono del rock y el pop que venga a la cabeza, no ha hecho más que crecer a medida que ha pasado el tiempo. Ahora, con este premio, y tras haber recibido antes el Pulitzer o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, la onda expansiva da para otro siglo.

¿Premonición o predicción?

Recopilado por Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina, octubre de 2016



sábado, 15 de octubre de 2016

NADIE, María Teresa Bustos, Argentina

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NADIE

Dejó de llover y el abril se mece
entre melenas ocres.
Desde la glorieta sombras oscilantes
curiosean, luego parten.
El tiempo crueles arabescos
esculpió en las lajas
y como si fuera un dios pagano
silente y desamparada
la fuente en el jardín aguarda.
Ayer cómplice del sol trenzaba amor,
con su boca abierta y transparente oía
los cándidos secretos que le contaba.
Por arterias amarillas ha regresado
a contarle mi desdicha
a lavar las heridas que aún sangran
a confesarle que las promesas de él fueron
aves sin rumbo, descarriadas,
entonces no sabía que el amor clava puñales
entonces no sabía que el amor también engaña.
Hemos envejecido
huellas profundas nos delatan
como herencia del amor tenemos
las bocas secas, agrietadas.
Abril se mece, las nubes corren desquiciadas
nadie entona un himno al paisaje
que quiebre el frío de esta nada,
ni una hoja ha caído a recibirme,
la fuente, calla.

©MARÍA TERESA BUSTOS, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




SI, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

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SI  

Si acaso alguna vez te viera
alzando la cruz de mis sentidos,
habré de concluir por darme cuenta
que, sin dudas, por cierto te he querido.

Si en la profunda vaguedad del sueño,
tintando mis silencios anduvieras
con la espléndida gama del sonido
y el hermoso pincel de la quimera;

habré de  concluir por darme cuenta
que, sin dudar, por cierto te he querido.

© NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino.

De su libro: “Poemas de barrio”


© NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino.
De su libro: “Poemas de barrio”


ESE RELOJ, Cynthia Rascovsky, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Pinterest


ESE RELOJ

Ese reloj me corta el tiempo
    no deja de pegarme en el ojo.

Ese reloj me corta el tiempo
      no deja de rasgarme la cara.

Ese reloj me corta el tiempo
no deja de encorvarme los huesos.

Ese reloj me corta el tiempo
      no deja de comerse mi piel.

Ese reloj me corta el tiempo

                          … y yo he decidido 

   Simplemente, seguir mirando al sol.


                                              Esencia de amor


Me desvalijo de tu nombre.
Me desnudo de tu nombre.
Me separo de tu nombre.
Me independizo de tu nombre

para renacernos 
                                       infinitos.

Me acuno en tus ojos.
Me acuno en tus latidos.
Me acuno en tu gemir

para arrullarnos

                                   inmortales.

© CYNTHIA RASCOVSKY, poeta y escritora argentina.
MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


AMO, María Antonia Serrano González, La Habana, Cuba

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AMO
 
Preguntando cual puede ser el espacio
Preguntando hasta donde puede ser el tiempo
Amo a los que me conocieron, y no lo recuerdan
amo a los que me conocieron y no me aman o no me recuerdan
amo a los que no me conocerán,
amo y me amo
amo el mundo aquí adentro
amo a aquellos que no conozco y que me cuentan cómo es otro mundo allá afuera
amo la semilla,
amo la hoja
mi pequeño jardín
amo como Inanna Kryia de la Luz Azul Celeste de Nibiru
como Adhara mirando a Sirio, viendo Las Pléyades, Betelgeuse y Antares
descarto el ego que es un grano de arena en la arena
desde el espacio de un único código y un juego
con el libro de "Los sabores del tiempo"
hoy como una crepuscular común mujer de este planeta
evitando la jugada final
conociendo que Adhara es como se llama mi corazón
permeado de una gota bien fina y pura, interestelar
Preguntando amo la paz
Defiendo la sonrisa de Malala
Que ama las olas viejas y repiensa las olas nuevas
Otra educación de mujeres y hombres unidos en pareja
amados
Soy la crepuscular mujer que no predica por su piel
que no se hunde en un velo
Amo a Atlántida e Hiperbórea
no bajo reyes terrenales y si con reyes celestiales
lejos de las ilusiones y del reflejo
Una foto fija se borra y entra con su paso la memoria vieja
20-12-2012 con la fecha y la flecha en mi corazón
Y cualquier otra fecha futura y presente
Queriendo ascender mi evolución
Justo de donde soy
Desde donde está el flujo de la fuente
Con un único abrazo de luz
Donde no existe un tablero de ajedrez.

© MARÍA ANTONIA SERRANO GONZÁLEZ poeta y escritora de La Habana, Cuba.
MIEMBRO EMBAJADOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA en LA HABANA, CUBA.