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martes, 21 de julio de 2015

PEREGRINAR, Susana Roberts, Chubut, Argentina.



PEREGRINAR


Eran dóciles como corderos
eran Luz amanecida brillante flor
eran caminantes de la lumbre
en los recodos del tiempo
cuando los tiempos eran de Paz
aún en tiempos de guerras
Y ultimaban los detalles
Como celosos escarabajos
atravesaron  desiertos y  mares
Y en turbias aguas daban amor
Y en desconcertados daban ideas de paz
Y en desesperación daban calma

¡Quedó la estela!
Quedó la siembra en despreocupados hombres
quedó la fe para ser manipulada
 quedó el camino evocando el regreso
Y quedó la imagen en cada uno
un sello en el alma
para abrir el surco
desde el infinito azul.

© SUSANA ROBERTS, poeta y escritora argentina.

GOBERNADORA CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN CHUBUT

lunes, 13 de julio de 2015

NO SERÉ YO, Cynthia Rascovsky, Buenos Aires, Argentina



NO SERÉ YO

Jamás diré tu nombre
ni del peso del cielo sobre mi nuca.
El tiempo se yergue en su idioma
y con dignidad, desolada
guardaré la otra mitad de mi.
Pesa la máscara y el universo del que huyo.
No diré adiós
ni siquiera me extenderé en la nostalgia.
Intentaré proyectar raíces
y volver a creer
en los volcanes.
Habían cosas bellas
un descifrado esplendor.
Soy testigo
hasta suelo creer
que no fueron alucinaciones.
Ya nada puedo forjar
y a medida que avanzo
procuro olvidar la tristeza
y darme una pausa
en las Magnolias.
Aquí en la ventana
entre paredes de negruras
a veces tortura la piel
y quiere hacerse dominio de la sombra
mientras yo
me abrazo al humo de la llamarada.
Todo ha sido arrasado
pero no seré quien se desangre.

©Cynthia Rascovsky. Poeta y escritora argentina
MIEMBRO HORNORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



ODA A MI PADRE, Delia Checa, Mendoza, Argentina



ODA A MI PADRE

Te veo a través de los años…
sufrido, aguerrido,
tus pies firmes sobre la tierra,
voluntad siempre presta…
Llegaste de tierras lejanas
atravesando un mar sin límites,
a echar raíces en ésta, tu otra patria,
a este país del sol,
de las grandes extensiones,
de las llanuras infinitas
y cumbres mágicas…
Recuerdo tu rostro adusto,
los ojos claros
que la ternura hacía brillar,
reluciendo, entonces,
aquel como el sol cuando
asoma en el horizonte.
La sonrisa luminosa
destinada a los que amabas,
las espaldas anchas
y el brillo de tu inteligencia…

Y te veo, indefenso, pequeño,
entregándote a la muerte,
con todo tu esplendor apagado,
con tus manos suaves y blancas,
palomas dormidas,
cruzadas sobre el pecho,
en vano intento de impedir
que tu alma escape del cuerpo.
Los párpados ocultando
las cuencas de los ojos,
todas llenas de luz negra.
Yacente, preparado ya,
 para ese viaje a lo sutil;
a ese territorio del silencio,
del que ya no volverás…
Quedaste habitando el corazón,
último reducto en el que te llevaré,
en ese inagotable suceder de días y noches…
en esa ausencia infinita,
más inmensa que la muerte…

©DELIA CHECA, poeta y escritor de Mendoza, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DULCE AROMA, de Rosmary Nogales, Argentina



DULCE AROMA

SON LAS MANOS DE TALLA ESTIRPE
SON LAS MANOS DE MI PADRE

el taller derrama sus aromas
el roble ,el cedro, el peteribí
con luz brillante o en penumbras
se observan herramientas bien pulidas 
muestran su orden, sus mangos bien lustrados 
Apoyó sus manos en el banco 
son las manos del artista
curtidas por el frío y el calor 
y se van acentuando los olores 
dejando su huella impresa
en cada tablón en cada madera 
Con gotas de sudor y sangre 
fundidas en resina y savia
Como conjuro gitano 
Lisas sus yemas de tanto lijar 
sus venas henchidas, 
poseídas de misterio 
tallan las manos de mi padre 
QUÉ MURIÉRON JÓVENES 
SIN LLEGAR A VIEJAS

©ROSMARY NOGALES, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

COSMOVISIÓN DE LAS PLAZAS, de Víctor Velázquez, de Lascano, Dto. Rocha, Uruguay



COSMOVISIÓN DE LAS PLAZAS

Parece de una obviedad total, pero no por eso es menos cierto: la gente, los hombres, las mujeres, han sido quienes han dado vida a las plazas, en todo tiempo y lugar.
Pocas cosas tan intrínsecamente unidas al pasaje vital del hombre por la Historia como las plazas. Desde el fondo de los tiempos.
La libertad -¡nada menos!- se ha propuesto, peleado, conseguido y consolidado en las plazas.
Sus primos hermanos -democracia y derechos humanos- han sido conquistas de las plazas. Desde ellas -llevadas en andas por el pueblo- llegaron a los foros.
La cultura fue (es) pura efervescencia en las plazas.
Lo lúdico, lo recreativo, lo identitario son causas comunes a las plazas. En una tarde encendida de plaza de toros o en la ignota feria de la más recóndita villa de cualquier lugar caído del mapa.
La fe ha sido cuestión afín a las plazas (y no solamente en San Pedro y La Meca), para los de la cruz, la media luna y para todos, que no creer en nada también es creer.
La ternura se ha dado cita en las plazas, de un extremo al otro de la vida, en los vacilantes primeros pasos de un niño y en las manos abiertas de un anciano dando de comer a una paloma.
A la hora del desamparo, recovas, bancos y canteros de cualquier plaza han sido improvisados dormitorios a la intemperie de aquellos a quienes el resto mira con general indiferencia.
Juglares, románticos, bohemios, cirujas, anarquistas, feministas, hippies, descamisados, indocumentados, ahora los indignados, todos han encontrado en las plazas casi un hábitat natural.
El amor (clandestino y del otro) se ha refugiado en las plazas cuando se ha sentido acorralado en lugares más convencionales y por los convencionalismos sociales.
Tras las guerras cruentas, la paz ha sido celebrada en las plazas, al son de patrióticas músicas e inflamadas arengas.
En las plazas andan de la mano lo universal y lo aldeano, lo igual y lo distinto, lo común y lo diverso, los tonos y los matices, lo popular y lo elitista, lo sacro y lo profano, lo de aquí y lo de allá.
Las hay abiertas, cerradas, enormes, pequeñitas, policromas, verdes, grises, marmóreas, de zócalos, adoquinadas, embalastadas, de tierra, oscuras, luminosas, en forma de damero y en las más variadas otras formas.
Las ornamentan: fuentes, ánforas, glorietas, rosaledas, juegos infantiles, bustos, monumentos, relojes; las alegran: retretas de bandas, pájaros de los que se pida, risas infantiles; las hacen diferentes: subsuelos, terrazas, desniveles.
Ya no se escucha en ellas el piropo sutil y elegante, ni están los clásicos fotógrafo y lustrabotas; también faltan el voceo del canillita y el varita parado en la esquina, en su rutinaria tarea de ordenar el tránsito.
En cambio están los artesanos, los dibujantes al carbón, los titiriteros, los que pasan porros (y los que los consumen), las (y los) que venden placer sexual, los repartidores de volantes y -en muchos casos- verdaderos “mercados de pulgas”.
No siendo de nadie, son de todos.
¿Por qué las plazas tienen que tener nombres?
Para mí, si fuera necesario que alguno llevara, no debiera ser otro que “Del Encuentro” o “Del Reencuentro”.
Sin embargo, tienen la más surtida galería de nombres que imaginarse pueda: personales, impersonales, de héroes, de villanos, de sabios, de “sabiondos”, de demócratas, de tiranos, de líderes, de pusilánimes, grandilocuentes, intrascendentes, patrióticos, inmerecidos, justísimos, fáciles y difíciles de olvidar, en reconocimiento a, para quedar bien con.
Muchas veces -casi siempre- el pueblo las bautiza de otra manera, y por tal son mucho más conocidas.
Trato de no ser tan soberbio como para creerme que lo sé todo.
Sin embargo no recuerdo ninguna plaza que se llame “La Gente”, “El Hombre” o “El Pueblo”.
Dicho como al descuido, ¿será ésta una de las escasas veces que los humanos obviamos nuestra natural tendencia al narcisismo?
¿O será una omisión más de la especie para con la especie?
¿Sabe una cosas?: Tal vez sea un “involuntario olvido”, nada más.
Tengo para mí que -eufemísticamente- así debe ser.
A veces lo pienso.


(Víctor Velázquez)



LA PLAZA DE CUALQUIER PARTE

Patrimonio de la gente,
del pueblo centro del centro,
lugar de encuentro y reencuentro,
campana y cruz a su frente.

Memoria fiel del abuelo,
horas felices del nieto,
mundo bullicioso y quieto,
concierto de alas en vuelo.

Son de retreta a la luna,
“vuelta del perro”, fortuna
del tiempo que se comparte;

la historia en un monumento,
glorieta y carrusel lento,
la plaza de cualquier parte.

© VÍCTOR VELÁZQUEZ, poeta y escritor de Lascano, Dto. de Rocha, Uruguay.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 20 de junio de 2015

A BALBINO: MI PADRE, de Mirtha Gaitán, Argentina



A  BALBINO: MI PADRE

Privada de tu presencia,
de tu silueta protectora,
de tu afecto no demostrado
con abrazos y besos,
sí con mirada sensible
y  desvelo paternal.
Tu  palabra contenedora,
tus actos honestos,
tus valores manifiestos,
dejaron huellas en mí.
Los días de invierno,
silbabas bajito,
como acompañando,
con ritmo, el frío pasar.
Presidías con orgullo,
la  numerosa mesa,
tus hijos te recuerdan,
así con amor.
Las enseñanzas sabias,
marcaron nuestra vida,
con voluntad férrea,
te hacías valer.
Un padre del siglo pasado,
traje, corbata, calzado,
sombrero de pana,
todo un señor.

La época marcaba distancia,
te privaste de mimos y besos sin fin,
te llevaste la euforia escondida,
las lágrimas humedecieron
mi contenida emoción.

© MIRTHA GAITÁN, poeta y escritora Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                         


CELEBRAMOS EL DÍA DE NUESTRA BANDERA ARGENTINA

LA SILLA VACÍA, de Norberto Pannone, Argentina





LA SILLA VACÍA

Hoy hubiese deseado
que a mi mesa llegaras.
Que mis hijos dijeran
para ti, dos palabras.

Hoy hubiese deseado
compartir con tu “mate”,
esa mesa temprana
que dejara mi madre.

Hoy hubiese deseado
repartir nuestro vino;
platicar con mis hijos;
del ayer, cuando niño.

Hoy hubiese deseado
no dejar estas flores
en la seca gramilla;
ni llorar por la ausencia
que dejó tu partida;
ni advertir esa silla,
que has dejado vacía.

© NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
MIEMBRO FUNDADOR DE ASOLAPO ARGENTINA