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miércoles, 6 de marzo de 2013

ESPINAS Y ROSAS

ESPINAS Y ROSAS


a Facundo Cabral
in memorian

Al alba un cielo en sombras 
Cernía el espesor del grito
un 9 de julio día de tu Patria.

La cobardía. La barbarie,
hasta cesar el aire.

Con mirada de grande
aprehendió desde niño
cuando el vino es vino.
cuando el hambre, es hambre.

Estalló en las conciencias
tus hurgadoras y justas palabras,
en el denso horror que enlazó
tu universo en el revuelo de tus
mundos de espinas y de rosas.

Sólo me basta tu nombre: Facundo
Sólo sé, que la espina sólo crece en la rosa.

Sin ser de aquí. Sin ser de allá...
tu corona es de espinas, tu victoria es de rosas!

© Lidia Cristina Carrizo


Publicado en México  13th July 2011  por Carmen Amato Tejeda

LIDIA CRISTINA CARRIZO, poeta y escritora argentina
Miembro Directivo de Asolapo Argentina

ROSAS ROJAS

ROSAS ROJAS


En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que le aplicaban en el rostro.
Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz que por su ropa parecía ser el taxista le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.
Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.
Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.


Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho.
Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes...
Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.
Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada.
Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.
Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.
Habló como si estuviera leyendo mi mente.
No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.
Se desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.
Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.
En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba.
Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.


Ya en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.
Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.
Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.
Pero no iba a poder hacerlo.


Unos minutos más tarde estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.
Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.
Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.
Les agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.


Después de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas.
Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.


Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.
Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.
Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.
Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.
Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.
Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que acepte.
Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…
Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo.
Nos refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.
No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.
Caí sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.


GONZALO SALESKY
http://gonzalosalesky.blogspot.com.ar

domingo, 3 de marzo de 2013

HACIA LA VIDA

HACIA LA VIDA
El asombro en la emoción sublime 
saliendo de tu rostro, tus palabras.
Las preguntas que no hice a tiempo.
Artos de no decirnos, cerrar puertas,
cuando fuiste volando hacia la vida

¿Nos importe que dejemos de amar, 
y reflejemos cierto brillo, preguntar
con los ojos que borran su nitidez ,
y te extravías temblando en mi piel?

                  Intentar borrar viejas huellas pasadas,
mientras me haces el amor, sin saber,
que no sé tu nombre, y supe entonces,
que nunca seríamos felices, tus ojos
lo decían con reflejos desesperados de
los míos, entendí entonces, que así, no
debíamos mentirnos, aunque los rostros
confundan, el pasado se va hacia la vida.
No es fácil descubrirse, recomponerse
el alma herida, al amanecer ser la otra.
la de labios dulces y complaciente, así,
florecida, como amor de último verano.
Estremecernos aún por las cosas plenas de ternura,
Por soñar en blanco y negro, ser apenas maravilla!

Y nos creíamos tan absolutos, dueños del amor!
Desnudos, cuando nos vestimos de los mismos 
Espejos, nos asombramos por gozar los mismos, 
como hojas libres, creciendo, ensoñadas a la vida!

Pero…te fuiste libre al más allá… hacia el amor!

LIDIA CRISTINA CARRIZO, poeta y escritora argentina,
Miembro fundador y Gobernadora de Asolapo Argentina


CUANDO ME HABLAS DE AMOR

CUANDO ME HABLAS DE AMOR

Cuando hablas de amor
oigo el susurro
del viento que besa
... la muralla de mis ojos
con tibieza.
Sensación de letargo
adormecido...
en un verano que comienza.
El alma se ensancha
para anidar recuerdos
que tatuados
no se pueden borrar
aunque lo quiera.
Cuando hablas de amor
me envuelve olor a tierra
mojando mi trinchera.
Y en esa simbiosis
me mantengo
en pie de alerta
pues si sufro muero
y si muero de amor
en tu memoria
seré eterna.


©LIBIA BEATRIZ CARCIOFETTI, poeta y escritora Argentina
Canciller Gobernadora Cultural de Asolapo Argentina en Santiago del Estero, Argentina


sábado, 2 de marzo de 2013

MI SILLÓN

MI SILLÓN

Todos tenemos un sillón amigo que nos protege
como un genio bueno.
A él acudimos cuando el cansancio obliga,
cual el saco que tiramos a la noche
sobre el respaldo de una vieja silla.
La espalda doblegada por horas de trabajo
encuentra en ése apoyo el anhelado alivio,
Cuando el domingo agranda el bache de los solos,
desde el sillón amigo se buscan las pantuflas
y algún programa absurdo
que haga olvidar las horas y convierta al silencio
en un tiempo con voces que ya no dicen nada.
El sillón que conoce nuestras risas y lágrimas,
que aporta su presencia, deja de ser el mueble
para ser el amigo que no tiene ni nombre.
Mi sillón está frente a una simple ventana.
Rectángulo de cielo contemplo día tras día
y no sé si es el mismo o se muda en mi anhelo.
                     Pienso que en él me dormiré algún día
como dormí las horas más tibias de mis siestas,
no podrán despertarme, estaré lejos, lejos,
la mirada hecha tiempo y el alma en una estrella.

ZULMA NICOLINI, Canciller Gobernadora de Asolapo Argentina
en la provincia de Entre Ríos, Argentina





LÁGRIMAS NEGRAS


El poema Lágrimas Negras de la escritora y poeta Mary Acosta y que está basado en el dolor de la guerra, merece dar la vuelta al mundo. Ayudémoslo, va en siete idiomas. Gracias.   
                   
 Raúl Lelli

(Escritor, Narrador oral)
Córdoba, Pcia Bs. As. - Argentina



   
 

Traducción : Raúl Lelli

   LÁGRIMAS NEGRAS

Lágrimas negras 
se ahuecan como piedras  
en rostros dormidos.
Sus cuerpos se extienden como raíces
sobre la enlutada tierra.
La sangre regada inútilmente
se desborda,
por el cántaro manso del tiempo.
El espacio llora lágrimas negras
y hoy se esparcen múltiples cenizas,
sobre almas quebradas.
Por el rincón de la luz
llueven lágrimas negras,
cristalizando la memoria de un tiempo volcánico.
Tras crujidos dolorosos, nacen pétalos marchitos
rogando dignidad.
Vidas sin corazones.
Corazones arrojados al sepulcro.
Y tras la realidad trágica,
un fuerte pestañeo:
Dios llorando.


BLACK TEARS

Black tears
 they swagger like stones
 in sleepy faces.
 Their bodies extend like roots
 on the enlutada earth.
 The uselessly watered blood
 it is overflowed,
 by the tame pitcher of the time.
 The space cries black tears
 and today ash-gray manifolds are scattered,
 on broken souls.
 By the corner of the light
 black tears rain,
 crystallizing the memory of a volcanic time.
 After crujidos painful, are born withered petals
 requesting dignity.
 Lives without hearts.
 Hearts thrown to the tomb.
 And after the tragic reality,
 a strong blinking:
 God crying.


ROTTURE DEL NERO

Rotture del nero
 swagger come le pietre
 in fronti sonnolenti.
 I loro corpi estendono come le radici
 sulla terra di enlutada.
 L'anima inutile innaffiata
 è traboccata,
 dal lanciatore addomesticato del tempo.
 Lo spazio grida le rotture nere
 ed oggi i collettori cenere-grigi sono sparsi,
 sulle anima rotte.
 Dall'angolo della luce
 il nero strappa la pioggia,
 cristallizzazione della memoria di un tempo vulcanico.
 Dopo i crujidos dolorosi, sono i petali appassiti nati
 richiesta della dignità.
 Vite senza cuori.
 Cuori gettati alla tomba.
 E dopo realtà tragica,
 un forte lampeggiamento:
 Gridare del dio.


 LARMES NOIRES

Larmes noires
 ils sont creusés comme pierres
 dans des faces dormies.
Ses corps sont étendus comme racines
 sur la terre enlutada.
 Le sang arrosé inutilement
 il est débordé,
 par la cruche apprivoisée du temps.
 L'espace pleure larmes noires
 et on disperse aujourd'hui de multiples cendres,
 sur les âmes cassées.
 Par le coin de la lumière
 pleuvoir des larmes noires,
 en cristallisant la mémoire d'un temps volcanique.
 Après crujidos pénibles, naissent des pétales fanés
 en demandant de la dignité.
 Vies sans coeur.
 Coeurs faits apparaître à la tombe.
 Et après la réalité tragique,
 un fort pestañeo :
 Dieu en pleurant.


 SCHWARZ-RISSE

Schwarzrisse
 sie swagger wie Steine
 in den schläfrigen Gesichtern.
 Ihre Körper verlängern wie Wurzeln
 auf der enlutada Erde.
 Das unbrauchbar gewässerte Blut
 es wird übergelaufen,
 durch den zahmen Krug der Zeit.
 Der Raum schreit schwarze Risse
 und heute werden Asche-graue Verteilerrohre zerstreut,
 auf defekten Seelen.
 Durch die Ecke des Lichtes
 Schwarzes zerreißt Regen,
 Kristallisierung des Gedächtnisses einer vulkanischen Zeit.
 Nach den schmerzlichen crujidos, sind geborene verwelkte Blumenblätter
 Forderung von Würde.
 Leben ohne Herzen.
 Herzen geworfen zum Grab.
 Und nach der tragischen Wirklichkeit,
 ein starkes Blinken:
 Gottschreien.


RASGOS DO PRETO

Rasgos do preto
 swagger como pedras
 nas caras sonolentos.
Seus corpos estendem como raizes
 na terra do enlutada.
 O sangue inùtil molhado
 é transbordado,
 pelo jarro doméstico do tempo.
 O espaço grita rasgos pretos
 e os distribuidores cinza-cinzentos são dispersados hoje,
 em almas quebradas.
 Pelo canto da luz
 o preto rasga a chuva,
 cristalizando a memória de uma estadia vulcânica.
 Após os crujidos dolorosos, são as pétalas withered nascidas
 pedindo a dignidade.
 Vidas sem corações.
 Corações jogados para o túmulo.
 E após a realidade trágica,
 piscar forte:
Grito do deus.


РАЗРЫВЫ ЧЕРНОТЫ

Разрывы черноты
 они хорохорятся как камни
 в сонных сторонах.
 Их тела удлиняют как корни
 на земле enlutada.
 Безполезно намоченная кровь
 она переполнена,
 прирученный питчером времени.
 Космос плачет черные разрывы
 и сегодня зол-серые коллекторы разбросаны,
 на сломленных душах.
 углом света
 чернота срывает дождь,
 выкристаллизовывать память вулканического времени.
 После crujidos тягостных, рожденные ые лепестки
 спрашивать сан.
 Жизни без сердец.
 Сердца брошенные к усыпальнице.
 И после трагичной реальности,
 сильный моргать:
 Плакать Бог.


MARY ACOSTA, poeta y ecritora Argentina.
Miembro Fundador de Asolapo Argentina

miércoles, 27 de febrero de 2013

CLAUDIA PANNONE EN LA TV PUBLICA

DAMA DE LA NOCHE

DAMA DE LA NOCHE

Luna
prostituta de cada noche
que iluminas
la esquina de la calle
mujer fácil que te entregas
a los paseantes que
cobijados con tu luz
salen en busca de placeres y amantes

Luna
reflejada en crapulosas aguas
te ufanas de tu narcótica belleza
escrita en los versos de famélicos amores
con tu caminar errante
nadie sabe de dónde vienes
ni adónde vas
te muestras lujuriosa en el firmamento
bajas a la tierra a enseñar
tus obscenos encantos
sobre la diamantada laguna

Mágica prostituta que envileces
mis pensamientos los que por ti
se han perdido en lodazales de pasión
y mi cordura deslumbrada por tu espectro
                                    no la reconozco ya

Dama ebria de la noche
llévame contigo
por esas calles perdidas y oscuras
donde recrear tu embeleso
llévame contigo puttana que quiero perderme
en tus noches de placer
y de irresistible lujuria.

RUTH PÉREZ AGUIRRE, poeta y escritora de México
Miembro Honorífico de Asolapo Argentina



VIVIR CON MIS RECUERDOS

VIVIR CON MIS RECUERDOS


Cuando cese mi tiempo de nombrarte
porque la muerte me haga entre sus sombras,
conmigo golpearán en sus alfombras,
vestuarios de las noches al buscarte;

y obteniendo en mi afán el baluarte,
la arritmia de lo bello si me nombras
y en párpados de miel me desescombras,
¡que largo corredor para adorarte¡

¡que túnica de fiesta aquel aparte
sin pena, sin dolor, donde inventarte
como un sueño que llega en algarada,

y en celo de unos versos confesarte,
que quiero madrugar volviendo a amarte
muy antes que nos muera la alborada!

ESTHER GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Vigo-España
Miembro Honorífico de ASOLAPO ARGENTINA