ESPINAS Y ROSAS
a Facundo Cabral
in memorian
Al alba un cielo en sombras
Cernía el espesor del grito
un 9 de julio día de tu Patria.
La cobardía. La barbarie,
hasta cesar el aire.
Con mirada de grande
aprehendió desde niño
cuando el vino es vino.
cuando el hambre, es hambre.
Estalló en las conciencias
tus hurgadoras y justas palabras,
en el denso horror que enlazó
tu universo en el revuelo de tus
mundos de espinas y de rosas.
Sólo me basta tu nombre: Facundo
Sólo sé, que la espina sólo crece en la rosa.
Sin ser de aquí. Sin ser de allá...
tu corona es de espinas, tu victoria es de rosas!
© Lidia Cristina Carrizo
Publicado en México
13th July 2011 por Carmen Amato Tejeda
LIDIA CRISTINA CARRIZO,
poeta y escritora argentina
Miembro
Directivo de Asolapo Argentina
|
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
miércoles, 6 de marzo de 2013
ESPINAS Y ROSAS
ROSAS ROJAS
![]() |
ROSAS ROJAS
En
la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había
una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los
dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos
que le aplicaban en el rostro.
Habían
comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los
golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos
estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo
buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que
golpeaba de manera feroz –que
por su ropa parecía ser el taxista – le
asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.
Me
pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto
antes.
Perdí
de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las
puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un
pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.
Unos
segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo
al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo
hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña
apuntó a mi pecho.
Haciendo
ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y
de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas
manchas de color oscuro. Y sus dientes...
Corrimos
un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el
revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre
desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera
un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude
soltarlo.
Subimos
a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez.
Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta
adhesiva, y me la entregó sin decir nada.
Al
detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta
el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.
Abajo,
la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me
encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo
decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.
–
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores
que yo.
Habló
como si estuviera leyendo mi mente.
No
tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta,
debajo de la nuez de Adán, y disparó.
Se
desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi
ropa, mis zapatos y el ramo de flores.
Me
lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía
ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.
En
pocos minutos llegó la policía. Tarde,
como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la
pequeña pared que nos rodeaba.
Guardé
la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en
el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se
fueran, la abriría.
Ya
en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía
asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo.
Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.
Me
senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver
si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había
muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta
mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario
a cargo de la investigación.
Sin embargo,
algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me
tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus
pertenencias.
Pero
no iba a poder hacerlo.
Unos
minutos más tarde estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas
horas.
Llegué
a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso.
Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.
Me
preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise
decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El
más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por
allí, para esperar el obvio desenlace.
Les
agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.
Después
de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De
una vez por todas.
Nunca
hubiera podido imaginarme lo que contenía.
Tenía
que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de
llevar a cabo lo que la caja pedía.
Vi
por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe
que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.
Estacionó
a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró
hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a
golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La
guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.
Tratando
de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a
buscar al próximo destinatario.
Advertí
que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía
llevar algo pesado en sus manos.
Lo
seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el
contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber
cómo iba a convencerlo de que acepte.
Se
me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con
todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido.
La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis
dientes…
Encontré
al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a
correr junto a mí, para alejarnos de todo.
Nos
refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento,
le di la caja y le indiqué:
–
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores
que yo.
No
tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta
del pequeño revólver a mi garganta y disparé.
Caí
sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus
zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos,
como si fuera un maldito trofeo.
GONZALO SALESKY
http://gonzalosalesky.blogspot.com.ar
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domingo, 3 de marzo de 2013
HACIA LA VIDA
HACIA LA VIDA
El
asombro en la emoción sublime
saliendo de tu rostro, tus palabras.
Las preguntas que no hice a tiempo.
Artos de no decirnos, cerrar puertas,
cuando fuiste volando hacia la vida
¿Nos
importe que dejemos de amar,
y reflejemos cierto brillo, preguntar
con los ojos que borran su nitidez ,
y te extravías temblando en mi piel?
Intentar borrar viejas huellas
pasadas,
mientras me haces el amor,
sin saber,
que no sé tu nombre, y supe entonces, que nunca seríamos felices, tus ojos lo decían con reflejos desesperados de los míos, entendí entonces, que así, no debíamos mentirnos, aunque los rostros confundan, el pasado se va hacia la vida.
No es fácil descubrirse,
recomponerse
el alma herida, al amanecer ser la otra. la de labios dulces y complaciente, así, florecida, como amor de último verano.
Estremecernos
aún por las cosas plenas de ternura,
Por soñar en blanco y negro, ser apenas maravilla!
Y nos
creíamos tan absolutos, dueños del amor!
Desnudos, cuando nos vestimos de los mismos
Espejos, nos asombramos por gozar los mismos,
como hojas libres, creciendo, ensoñadas a la vida!
Pero…te
fuiste libre al más allá… hacia el amor!
LIDIA CRISTINA CARRIZO, poeta y escritora
argentina,
Miembro fundador y Gobernadora de Asolapo Argentina
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CUANDO ME HABLAS DE AMOR
CUANDO ME HABLAS DE AMOR
Cuando hablas de amor oigo el susurro del viento que besa ... la muralla de mis ojos con tibieza. Sensación de letargo adormecido... en un verano que comienza. El alma se ensancha para anidar recuerdos que tatuados no se pueden borrar aunque lo quiera. Cuando hablas de amor me envuelve olor a tierra mojando mi trinchera. Y en esa simbiosis me mantengo en pie de alerta pues si sufro muero y si muero de amor en tu memoria seré eterna. ©LIBIA BEATRIZ CARCIOFETTI, poeta y escritora Argentina
Canciller Gobernadora Cultural de Asolapo Argentina
en Santiago del Estero, Argentina
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sábado, 2 de marzo de 2013
MI SILLÓN
MI SILLÓN
Todos
tenemos un sillón amigo que nos protege
como
un genio bueno.
A él
acudimos cuando el cansancio obliga,
cual
el saco que tiramos a la noche
sobre
el respaldo de una vieja silla.
La
espalda doblegada por horas de trabajo
encuentra
en ése apoyo el anhelado alivio,
Cuando
el domingo agranda el bache de los solos,
desde
el sillón amigo se buscan las pantuflas
y
algún programa absurdo
que
haga olvidar las horas y convierta al silencio
en un
tiempo con voces que ya no dicen nada.
El
sillón que conoce nuestras risas y lágrimas,
que
aporta su presencia, deja de ser el mueble
para
ser el amigo que no tiene ni nombre.
Mi
sillón está frente a una simple ventana.
Rectángulo
de cielo contemplo día tras día
y no
sé si es el mismo o se muda en mi anhelo.
Pienso
que en él me dormiré algún día
como
dormí las horas más tibias de mis siestas,
no
podrán despertarme, estaré lejos, lejos,
la
mirada hecha tiempo y el alma en una estrella.
ZULMA NICOLINI,
Canciller Gobernadora de Asolapo Argentina
en la
provincia de Entre Ríos, Argentina
|
LÁGRIMAS NEGRAS
![]() |
El
poema Lágrimas Negras de la escritora y poeta Mary Acosta y que está basado en
el dolor de la guerra, merece dar la vuelta al mundo. Ayudémoslo, va en siete
idiomas. Gracias.
Raúl Lelli
(Escritor, Narrador oral)
Córdoba, Pcia Bs. As. - Argentina
Traducción : Raúl Lelli
LÁGRIMAS NEGRAS Lágrimas negras
se ahuecan como piedras
en rostros dormidos.
Sus cuerpos se extienden como raíces
sobre la enlutada tierra.
La sangre regada inútilmente
se desborda,
por el cántaro manso del tiempo.
El espacio llora lágrimas negras
y hoy se esparcen múltiples cenizas,
sobre almas quebradas.
Por el rincón de la luz
llueven lágrimas negras,
cristalizando la memoria de un tiempo
volcánico.
Tras crujidos dolorosos, nacen pétalos
marchitos
rogando dignidad.
Vidas sin corazones.
Corazones arrojados al sepulcro.
Y tras la realidad trágica,
un fuerte pestañeo:
Dios llorando.
BLACK TEARS Black tears
they swagger like stones
in sleepy faces.
Their bodies extend like roots
on the enlutada earth.
The uselessly watered blood
it is overflowed,
by the tame pitcher of the time.
The space cries black tears
and today ash-gray manifolds are scattered,
on broken souls.
By the corner of the light
black tears rain,
crystallizing the memory of a volcanic time.
After crujidos painful, are born withered petals
requesting dignity.
Lives without hearts.
Hearts thrown to the tomb.
And after the tragic reality,
a strong blinking:
God crying.
ROTTURE DEL NERO
Rotture del nero
swagger come le pietre
in fronti
sonnolenti.
I loro
corpi estendono come le radici
sulla terra
di enlutada.
L'anima inutile innaffiata
è traboccata,
dal lanciatore addomesticato del tempo.
Lo spazio grida le rotture nere
ed oggi i collettori cenere-grigi sono sparsi,
sulle anima rotte.
Dall'angolo della luce
il nero strappa la pioggia,
cristallizzazione della
memoria di un tempo vulcanico.
Dopo i crujidos dolorosi,
sono i petali appassiti nati
richiesta della dignità.
Vite senza cuori.
Cuori gettati alla tomba.
E dopo realtà tragica,
un forte lampeggiamento:
Gridare del dio.
LARMES NOIRES
Larmes noires
ils sont
creusés comme pierres
dans des
faces dormies.
Ses corps sont
étendus comme racines
sur la
terre enlutada.
Le sang
arrosé inutilement
il est
débordé,
par la
cruche apprivoisée du temps.
L'espace
pleure larmes noires
et on
disperse aujourd'hui de multiples cendres,
sur les
âmes cassées.
Par le
coin de la lumière
pleuvoir
des larmes noires,
en
cristallisant la mémoire d'un temps volcanique.
Après
crujidos pénibles, naissent des pétales fanés
en
demandant de la dignité.
Vies
sans coeur.
Coeurs
faits apparaître à la tombe.
Et après
la réalité tragique,
un fort
pestañeo :
Dieu en
pleurant.
SCHWARZ-RISSE
Schwarzrisse
sie
swagger wie Steine
in den
schläfrigen Gesichtern.
Ihre
Körper verlängern wie Wurzeln
auf der
enlutada Erde.
Das
unbrauchbar gewässerte Blut
es wird
übergelaufen,
durch
den zahmen Krug der Zeit.
Der Raum
schreit schwarze Risse
und
heute werden Asche-graue Verteilerrohre zerstreut,
auf
defekten Seelen.
Durch
die Ecke des Lichtes
Schwarzes
zerreißt Regen,
Kristallisierung
des Gedächtnisses einer vulkanischen Zeit.
Nach den
schmerzlichen crujidos, sind geborene verwelkte Blumenblätter
Forderung
von Würde.
Leben
ohne Herzen.
Herzen
geworfen zum Grab.
Und nach
der tragischen Wirklichkeit,
ein
starkes Blinken:
Gottschreien.
RASGOS DO PRETO
Rasgos do preto
swagger como pedras
nas caras sonolentos.
Seus corpos estendem como raizes
na terra do enlutada.
O sangue inùtil molhado
é transbordado,
pelo jarro doméstico do tempo.
O espaço grita rasgos pretos
e os distribuidores cinza-cinzentos são dispersados hoje,
em almas quebradas.
Pelo canto da luz
o preto rasga a chuva,
cristalizando a memória de uma estadia vulcânica.
Após os crujidos dolorosos, são as pétalas withered nascidas
pedindo a dignidade.
Vidas sem corações.
Corações jogados para o túmulo.
E após a realidade trágica,
piscar forte:
Grito do deus.
РАЗРЫВЫ
ЧЕРНОТЫ
Разрывы
черноты
они
хорохорятся как камни
в сонных
сторонах.
Их тела
удлиняют как корни
на
земле enlutada.
Безполезно
намоченная кровь
она
переполнена,
прирученный
питчером времени.
Космос
плачет черные разрывы
и
сегодня зол-серые коллекторы разбросаны,
на
сломленных душах.
углом
света
чернота
срывает дождь,
выкристаллизовывать
память вулканического времени.
После crujidos тягостных,
рожденные ые лепестки
спрашивать
сан.
Жизни
без сердец.
Сердца
брошенные к усыпальнице.
И после
трагичной реальности,
сильный
моргать:
Плакать
Бог.
MARY ACOSTA, poeta y
ecritora Argentina.
Miembro
Fundador de Asolapo Argentina
|
miércoles, 27 de febrero de 2013
DAMA DE LA NOCHE
DAMA DE LA NOCHE
Luna
prostituta de
cada noche
que iluminas
la esquina de la
calle
mujer fácil que
te entregas
a los paseantes
que
cobijados con tu
luz
salen en busca de
placeres y amantes
Luna
reflejada en
crapulosas aguas
te ufanas de tu
narcótica belleza
escrita en los
versos de famélicos amores
con tu caminar
errante
nadie sabe de
dónde vienes
ni adónde vas
te muestras
lujuriosa en el firmamento
bajas a la tierra
a enseñar
tus obscenos
encantos
sobre la diamantada
laguna
Mágica prostituta
que envileces
mis pensamientos
los que por ti
se han perdido en
lodazales de pasión
y mi cordura
deslumbrada por tu espectro
no la
reconozco ya
Dama ebria de la
noche
llévame contigo
por esas calles
perdidas y oscuras
donde recrear tu
embeleso
llévame contigo puttana que quiero perderme
en tus noches de
placer
y de irresistible
lujuria.
RUTH PÉREZ AGUIRRE, poeta y escritora de México
Miembro
Honorífico de Asolapo Argentina
|
VIVIR CON MIS RECUERDOS
VIVIR
CON MIS RECUERDOS
Cuando cese mi tiempo de nombrarte
porque la muerte me haga entre sus sombras,
conmigo golpearán en sus alfombras,
vestuarios de las noches al buscarte;
y obteniendo en mi afán el baluarte,
la arritmia de lo bello si me nombras
y en párpados de miel me desescombras,
¡que largo corredor para adorarte¡
¡que túnica de fiesta aquel aparte
sin pena, sin dolor, donde inventarte
como un sueño que llega en algarada,
y en celo de unos versos confesarte,
que quiero madrugar volviendo a amarte
muy antes que nos muera la alborada!
ESTHER GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Vigo-España
Miembro Honorífico de ASOLAPO ARGENTINA
|
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