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sábado, 30 de mayo de 2026

DOÑA NOCENTA Y EL ZAPATITO DE LA SUERTE - Gladys Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 




DOÑA NOCENTA Y EL ZAPATITO DE LA SUERTE


Doña Nocenta Turra de Pisetta llega a nuestro país como la joven esposa de un viudo 40 años mayor que ella, don Carlos Pisetta, inmigrante también, pionero de la vitivinicultura y uno de los bodegueros más prominentes de la provincia de La Rioja.

Corría el año 1930 y don Carlos, de 65 años viaja a Trento, Italia, en busca de nueva esposa. Joven y bella, Nocenta se deja cautivar por este importante señor. Oriunda de un hogar humilde, campesina y de fuerte personalidad, entiende que debe enfrentar grandes cambios en su vida, la barrera idiomática, las costumbres, la diferencia de edad. Pronto inicia su propio crecimiento intelectual y cultural desafiando la distancia y el aislamiento del medio donde vive. Casi analfabeta, logra formar una importante biblioteca con cuantiosos volúmenes, puerta de entrada al conocimiento, al arte en particular, la cultura universal y las relaciones humanas. Estudia Historia del Arte, se interesa por el Renacimiento, lee la Divina comedia de Dante Alighieri escrita en italiano y castellano e ilustrada por Gustave Doré (ilustrador de la Biblia). Aficionada a la fotografía encarga una cámara de Italia para retratar a su hijo y a su obra. Inicia lazos de comunicación con importantes personalidades y mandatarios del mundo quienes responden a su solicitud a través de cartas y banderines de cada país. Nocenta se convierte en apasionada coleccionista y crea un álbum testimonial. Mujer inquieta y ambiciosa de saber, genera una verdadera revolución cultural propia.

Su deseo de ser madre se concreta al quinto año de matrimonio. Tras largas promesas y oraciones, Dios le concede la gracia del hijo y Carlitos Pisetta viene al mundo en Nochebuena. En agradecimiento promete entregar en cada Navidad un pesebre al niño Dios alcanzando estos una fama inusitada entre 1930-1940. Mientras tanto el destino le deparaba una amarga sorpresa. Su hijo fallece trágicamente a los 31 años como consecuencia de un enfrentamiento por conflictos familiares. La considerable fortuna amasada con tanto esmero por don Carlos Pisetta había sido dilapidada por la vida ostentosa de un familiar dejando a Nocenta en la bancarrota. El hecho luctuoso de proporciones inmensurables, más la viudez y el ocaso de una vida cimentada en la fastuosidad, despiertan en ella a una nueva mujer. Para no morir ante la pérdida irreparable de su único hijo se reinventa y nace la artista plástica que, con el tiempo, descollaría con su obra amasada en arcilla dando pruebas de su capacidad de resiliencia y auto-superación. Su espíritu combativo le ayuda a vencer las adversidades, desafía la soledad y diseña una nueva vida, traza planes, inicia una búsqueda espiritual y pone toda su libido en el arte.

Autodidacta por antonomasia comienza una dura tarea, la de desarrollar el arte en arcilla. Para ello debía perfeccionar el dibujo, luego el modelaje y finalmente el manejo del fuego en horno a 600 grados de temperatura. Ella fue su propia escuela, obstinada, creativa, inteligente. Entregada a una vida de sacrificio y trabajo, se levantaba a las 4 de la mañana a preparar el horno para la cocción de las piezas en arcilla. Así nacen sus primeras creaciones, pequeñas figuras que luego se irían convirtiendo en otras más logradas de singular belleza y complejidad. El fracaso se presentaba a diario. Cada pieza rota o defectuosa significaba para ella el desafío, redoblar esfuerzos y superarse. Lo más difícil fue dominar la técnica de cocción, con los riesgos que ello demanda.

En su mente inquieta un proyecto pretencioso se abre camino, el de construir un pesebre de imponentes dimensiones. Era necesario disponer de un espacio donde albergar sus piezas, y surge la luminosa idea de fundar El Templo del Niño.

Lo lleva a cabo con ayuda de los gobiernos y de la gente. No sólo fue un proyecto de grandes dimensiones y grandes pretensiones, sino también de inusual originalidad. Una de las obras más destacadas es La Última Cena, un despliegue de talento y exquisitez en cada detalle de este magnífico grupo escultórico. Su gran inspiración se manifiesta en una obra única en su género, Jesús sosteniendo el cáliz, impartiendo la bendición a sus doce discípulos. De una expresividad conmovedora, los rostros parecen hablar.

Doña Nocenta encaró su travesía con rudimentarios elementos, un pedazo de cuchillo, un trozo de cuchara y la arcilla extraída de Los Colorados.

Junio de 1969, fecha cumbre de la historia: el hombre llegaba a la luna en el Apolo XI y Nocenta quiso estar presente. Decide enviar a los tres astronautas, Armstrong, Aldrin y Collins, tres zapatitos “de la suerte” dedicados a cada uno, hechos en arcilla con una carta de buenos augurios y la leyenda de que la ofrenda les traería suerte en la expedición. La respuesta no se hizo esperar, una carta con membrete de la NASA y firmada por el comandante Neil Armstrong, la colmó de felicidad.

Un gesto más de que Doña Nocenta no era una mujer común.

En 1990, a los 86 años fallece trágicamente como consecuencia de un accidente doméstico.

2 de junio de 1969

Nocenta de Pisetta

C.C. No. 12

Chilecito Pcia. de la Rioja Rep Argentina

Estimada señora:

Quiero agradecerle mucho por enviarnos los zapatos de arcilla hechos a mano en conmemoración de nuestro vuelo este verano. Su consideración al compartirlos con nosotros es sinceramente apreciada.

Le deseo lo mejor

                                 Atentamente

                             Neil A. Armstrong

                         Commander Apollo XI

GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


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