DOÑA NOCENTA Y EL ZAPATITO DE LA SUERTE
Doña Nocenta Turra de Pisetta llega a nuestro país como la joven esposa de un viudo 40 años mayor que ella, don Carlos Pisetta, inmigrante también, pionero de la vitivinicultura y uno de los bodegueros más prominentes de la provincia de La Rioja.
Corría el año 1930 y don Carlos, de 65 años viaja a
Trento, Italia, en busca de nueva esposa. Joven y bella, Nocenta se deja
cautivar por este importante señor. Oriunda de un hogar humilde, campesina y de
fuerte personalidad, entiende que debe enfrentar grandes cambios en su vida, la
barrera idiomática, las costumbres, la diferencia de edad. Pronto inicia su
propio crecimiento intelectual y cultural desafiando la distancia y el
aislamiento del medio donde vive. Casi analfabeta, logra formar una importante
biblioteca con cuantiosos volúmenes, puerta de entrada al conocimiento, al arte
en particular, la cultura universal y las relaciones humanas. Estudia Historia
del Arte, se interesa por el Renacimiento, lee la Divina comedia de
Dante Alighieri escrita en italiano y castellano e ilustrada por Gustave Doré (ilustrador
de la Biblia). Aficionada a la fotografía encarga una cámara de Italia para
retratar a su hijo y a su obra. Inicia lazos de comunicación con importantes
personalidades y mandatarios del mundo quienes responden a su solicitud a
través de cartas y banderines de cada país. Nocenta se convierte en apasionada
coleccionista y crea un álbum testimonial. Mujer inquieta y ambiciosa de saber,
genera una verdadera revolución cultural propia.
Su deseo de ser madre se concreta al quinto año de
matrimonio. Tras largas promesas y oraciones, Dios le concede la gracia del
hijo y Carlitos Pisetta viene al mundo en Nochebuena. En agradecimiento promete
entregar en cada Navidad un pesebre al niño Dios alcanzando estos una fama
inusitada entre 1930-1940. Mientras tanto el destino le deparaba una amarga
sorpresa. Su hijo fallece trágicamente a los 31 años como consecuencia de un
enfrentamiento por conflictos familiares. La considerable fortuna amasada con
tanto esmero por don Carlos Pisetta había sido dilapidada por la vida ostentosa
de un familiar dejando a Nocenta en la bancarrota. El hecho luctuoso de
proporciones inmensurables, más la viudez y el ocaso de una vida cimentada en
la fastuosidad, despiertan en ella a una nueva mujer. Para no morir ante la
pérdida irreparable de su único hijo se reinventa y nace la artista plástica
que, con el tiempo, descollaría con su obra amasada en arcilla dando pruebas de
su capacidad de resiliencia y auto-superación. Su espíritu combativo le ayuda a
vencer las adversidades, desafía la soledad y diseña una nueva vida, traza
planes, inicia una búsqueda espiritual y pone toda su libido en el arte.
Autodidacta por antonomasia comienza una dura tarea,
la de desarrollar el arte en arcilla. Para ello debía perfeccionar el dibujo,
luego el modelaje y finalmente el manejo del fuego en horno a 600 grados de
temperatura. Ella fue su propia escuela, obstinada, creativa, inteligente.
Entregada a una vida de sacrificio y trabajo, se levantaba a las 4 de la mañana
a preparar el horno para la cocción de las piezas en arcilla. Así nacen sus
primeras creaciones, pequeñas figuras que luego se irían convirtiendo en otras
más logradas de singular belleza y complejidad. El fracaso se presentaba a
diario. Cada pieza rota o defectuosa significaba para ella el desafío, redoblar
esfuerzos y superarse. Lo más difícil fue dominar la técnica de cocción, con
los riesgos que ello demanda.
En su mente inquieta un proyecto pretencioso se abre
camino, el de construir un pesebre de imponentes dimensiones. Era necesario
disponer de un espacio donde albergar sus piezas, y surge la luminosa idea de
fundar El Templo del Niño.
Lo lleva a cabo con ayuda de los gobiernos y de la
gente. No sólo fue un proyecto de grandes dimensiones y grandes pretensiones,
sino también de inusual originalidad. Una de las obras más destacadas es La
Última Cena, un despliegue de talento y exquisitez en cada detalle de este
magnífico grupo escultórico. Su gran inspiración se manifiesta en una obra
única en su género, Jesús sosteniendo el cáliz, impartiendo la bendición a sus
doce discípulos. De una expresividad conmovedora, los rostros parecen hablar.
Doña Nocenta encaró su travesía con rudimentarios
elementos, un pedazo de cuchillo, un trozo de cuchara y la arcilla extraída de
Los Colorados.
Junio de 1969, fecha cumbre de la historia: el
hombre llegaba a la luna en el Apolo XI y Nocenta quiso estar presente. Decide
enviar a los tres astronautas, Armstrong, Aldrin y Collins, tres zapatitos “de
la suerte” dedicados a cada uno, hechos en arcilla con una carta de buenos
augurios y la leyenda de que la ofrenda les traería suerte en la expedición. La
respuesta no se hizo esperar, una carta con membrete de la NASA y firmada por
el comandante Neil Armstrong, la colmó de felicidad.
Un gesto más de que Doña Nocenta no era una mujer
común.
En 1990, a los 86 años fallece trágicamente como consecuencia de un accidente doméstico.
2 de junio de 1969
Nocenta de Pisetta
C.C. No. 12
Chilecito Pcia. de la Rioja Rep Argentina
Estimada señora:
Quiero agradecerle mucho por enviarnos los
zapatos de arcilla hechos a mano en conmemoración de nuestro vuelo este verano.
Su consideración al compartirlos con nosotros es sinceramente apreciada.
Le deseo lo mejor
Atentamente
Neil A. Armstrong
Commander Apollo XI
GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO
DE ASOLAPO ARGENTINA

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