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sábado, 2 de mayo de 2026

“CAMINITO” - Glays Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 



“CAMINITO”

Crónica de un amor prohibido

La historia del tango “Caminito” mundialmente famoso nació en un pequeño pueblo de La Rioja llamado Olta. Pintoresca localidad de Los Llanos situada a 170 kilómetros de la capital provincial con más de siete mil habitantes, aunque solo contaba con unos quinientos pobladores cuando el joven poeta Gabino Coria Peñaloza nacido en Mendoza en 1881 se deslumbró con una señorita de buena familia del lugar. Allí se gesta el diario de una pasión que inspiraría el mítico poema y más tarde famoso tango musicalizado por Juan de Dios Filiberto.

Los Llanos de La Rioja se caracteriza por ser una región árida y pobre, pero Olta difiere de otros pueblos de la zona porque está en un valle rodeado de montañas bajas con cierta vegetación y además recibe el agua pura que baja de las quebradas. Sus primaveras son un júbilo de aromas y colores provenientes de plantas nativas que exaltan sus virtudes.

En Olta nació la madre de Gabino, doña María Natividad del Señor Peñaloza, descendiente del caudillo federal Ángel Vicente Peñaloza, Chacho, general de las Montoneras federales, cuya cabeza fuera enclavada en la plaza de Olta sobre una pica luego de ser decapitado en 1863 por los coroneles de Bartolomé Mitre. Su padre, Eusebio Coria, era mendocino.

Corría el año 1902. La joven se llamaba María. El poeta, Gabino Coria Peñaloza. Para que sus destinos se cruzaran la naturaleza se involucró. Gabino viajaba desde Chilecito hacia San Luis cuando una gran crecida del río lo dejó varado en Olta por varios días. Alojado por sus familiares recibe la invitación para una tertulia en casa de las niñas Córdoba, una distinguida familia del lugar. Allí había un piano de cola, un Steinway & Sons, el primero de la provincia que llegó desde Chile a lomo de mula. El poeta, sensibilizado ante el majestuoso instrumento le pidió a la anfitriona que tocara algo. Le respondieron que la pianista estaba de luto y no podía ejecutar el instrumento. En aquellas épocas el luto era riguroso. Ante su insistencia mandaron a llamar a una discípula. Y vino María, maestra, profesora de música y también integrante de una familia destacada; una bella joven de 18 años que desplegó su arte en el blanco teclado del Steinway. El encantamiento mutuo fue inevitable y desencadenó en pasión. Transcurrieron unos días y el “caminito amigo” fue testigo de aquel tórrido y furtivo amor. Ese caminito es el que transitaba Gabino para encontrarse clandestinamente con María y el que acunó su ardiente y frustrado romance a la vera de una acequia. Cuando el río volvió a su cauce, el muchacho siguió viaje y, por cierto, prometió volver para casarse con ella.

 Al cabo de ese tiempo regresó pero María ya no estaba. Su familia se oponía rotundamente a esa relación porque la niña estaba prometida para un militar de Olta y había decidido mudarla a otro lugar. Dicen que llevaba un hijo en su vientre. Gabino la buscó sin pausa, preguntó a cada vecino, a cada lugareño, pero ante el escepticismo de la gente por develar su paradero abandonó Olta rumiando su tristeza. Desgarrado por la pena, su alma de poeta vuelca en el mítico poema toda su desdicha, legando a la humanidad, más tarde y sin imaginarlo, el tango “Caminito”, en humildes, sencillos e imperecederos versos, en el año 1903. El poema permaneció guardado durante veinte años en el baúl de sus recuerdos.

El caminito de Coria Peñaloza era un sendero rural de 2 kilómetros que nacía en Olta y moría en el pueblo de Loma Blanca.

Antes de descollar con su talento poético, Coria Peñaloza que amaba la música, la poesía y el periodismo, había sido recaudador de impuestos en el sector vitivinícola de Cuyo. 

A los quince años movido por la inquietud de su alma bohemia, decide dejar su hogar para instalarse en Buenos Aires. Allí empezó a trabajar para diversas revistas, entre ellas, El Mundo, Atlántida, Las Letras, Nativa, de la que fue cofundador y en el diario La Nación. Publicó sus poesías en la famosa revista Caras y Caretas; tres libros de poemas, “Cantares”, “La Canción de Mis Canciones” y “El Profeta Indio”.

Culto y sociable, en sus años de bohemia, comparte en ese mundo artístico y tanguero, a inicios de 1920, cafetines y tangos con Carlos Gardel, Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Francisco Canaro, José Razzano, Homero Manzi, Pascual de Rogatis, Luis Teisseire y otros príncipes de la noche porteña. En 1927 partió a la provincia de La Rioja y se radicó en la ciudad de Chilecito.

Fue Quinquela Martín quien, en 1920, presentó a Gabino y Filiberto en plena calle Florida haciendo posible el milagro poético-musical, 20 años después de ser escrito. El mismo se estrenó en 1926 en el Concurso de Canciones Nativas del Corso Oficial de Buenos Aires.

Primero lo interpretó Carlos Gardel sin éxito alguno y luego lo consagró Ignacio Corsini.

Una callejuela del barrio de La Boca lleva el nombre de “Caminito” en homenaje al tango, actualmente preservado como patrimonio cultural. Gabino Coria Peñaloza no aprobó el evento. En Olta y muy lejos de allí, estaba el verdadero caminito que inspiró sus versos. Muchos creen que el poeta se refería al sendero de La Boca. Fue Juan de Dios Filliberto el verdadero motivado en ese caminito. Solía transitarlo diariamente para ir al trabajo.

Después de muchos años de una intensa y agitada vida en la gran ciudad, Gabino decide retirarse a Chilecito junto a su esposa, ciudad que lo cautivó con esa magia perpetua con la que atrapa al artista que pisa su suelo. Allí vivió hasta los 95 años.

 “Desde que se fue, nunca más volvió,/ caminito amigo, yo también me voy”.

 

GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


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