UNA SOMBRA FURTIVA
Al Pecado.
En especial a H.P. Lovecrafht, con admiración…
(… Cuentan que… Sí, que promediaba el verano cuando la sombra apareció en la ciudad. El cielo se mostraba
diáfano y azul, y el canto de las cigarras era un sonido agudo e incesante que
ganaba las playas de las inmediaciones, desbordadas por aquellas gentes felices
-en su desnuda palidez- que festejaban al Sol. La Ciudad, mientras tanto,
obligaba a otros seres a mantener el frenesí de sus costumbres, pero en el
perfecto equilibrio con que los dones de la inteligencia, la libertad y la
voluntad eran virtuosamente empleados para el bien común… Un mundo ideal, sin
dudas. Pero la sombra no atacó, en principio, a toda la Ciudad. Prefirió a una
de sus casas para dar el primer paso: aquella que había elegido para realizar,
de a poco, su maldita tarea de hechicera…).
I
La casa era grande y estaba en las afueras. Era como parte de un
desmembrado pueblo estirado sobre las vías de arribo a la metrópoli. Una brisa
cálida resecaba el verdor de los geranios del parque, y oxidaba sus malvones y
hamacas (hasta ayer lustrosas, hoy sin niños).
Su puerta está cerrada. La sombra, que volvía desde sí misma para
completar y contemplar su obra, se filtró, furtiva, por debajo de una vasta
hendija, aunque sólo hubiera necesitado el ojo de bronce de la cerradura para
entrar en ella.
Era una sombra diminuta, pero nada tímida. Y conocía bien la casa.
La casa almacenaba todavía setenta y dos rayos que el Sol había
abandonado allí, voluntariamente, en los flancos no agrietados de las paredes
del living, y en algunos rincones de sus seis dormitorios, sin contar el Cuarto
de Huéspedes (donde habitaba…). Pero
los rayos, estremecidos por la sombra, se turbaron primero para luego
aquietarse y permanecer tiesos, como momificados…
La bruja no necesitó andar mucho para darse cuenta que, tal como lo
pensara, la casa (desde largo tiempo) estaría vacía. Y, más que vacía,
desierta. Sus cálculos habían sido por demás acertados.
Los muebles y adornos estaban… pero sus dueños no.
Una insospechada rencilla (imposible, ¡qué lástima!, bromeó jocosa),
pero de cruenta y incomprensión mutua (¡ejemplar!; ah, vasallos de Mi
orgullo…), los había alejado de su sueño tibio, rivalizados por algo que, más
adelante, psicólogos y filósofos humanos calificarían de odio u aborrecimiento,
según la escala de maldad protagonizada, en este caso, por la Familia de Sir
Evadán…
No habían logrado entenderse entre sus miembros, aunque lo habían deseado en vano y sin esforzarse mucho; excepto por algunas noches de pasión incontenible en las que, los esposos, llamaron a “eso”, equívoca y neciamente, amor…
La sombra embrujada sonrió, alzó sus brazos sin distancias, y comenzó a
pintar de verde moho y negro-noche las paredes de la casa. Pero antes, tiznó el
cielorraso de sus seis habitaciones, e incluso, la que habían construido
arriba, a nivel de la Conciencia, en aislada arquitectura del conjunto espacial
(… y donde, Ella, había permanecido
cohabitando al acecho desde que llegaran, hasta finalmente lograr que se fueran
y poder desperezar una risotada de triunfo y locura, para huir luego de allí en
busca de otro hogar al que…).
Porque sus amigos nunca habían visitado ni ocupado aquel privilegiado sitio, tan acogedor en su ambiente climatizado y ricamente ornado al estilo francés. Es que no tenían amigos ni los tuvieron jamás, en verdad; ergo, tampoco habrían podido venir en ayuda y dar sentido así al huérfano Cuarto de Huéspedes. Sólo Sir Nadie y Ella, que lo habían disfrutado a su antojo, viendo a mil cochinas mujercitas cabalgar a diario los muslos varoniles de Caín, uno de los hijos de Sir Evadán…
II
A medida que la mano oscura terminaba escondiendo el color de sus
recintos, los escaparates anudados a su cuerpo, el moblaje neoclásico y las
alfombras turcas que cubrían el piso, fueron adquiriendo una ominosa tonalidad
hasta desaparecer, de pronto, en las entrañas desabridas de las –ahora-
lúgubres paredes…
Cuando la sombra concluyó la tarea, solo restaban aquellos rayos
temerosos y no tan inmóviles ya, sino impasibles, vacilantes y entrecortados,
que eran como inútiles alardes de un fuego ceniciento.
La sombra los miró, y los rayos temblaron aún más. Sin compasión, su
mano negra se estiró y unos dedos de muerte ciñeron la luz que habitaban, haciendo
de ésta un ramillete sombrío de flores vacuas, que una boca siniestra acabó por
devorar.
Entonces, las paredes abandonaron su mutismo de siglos y profirieron un
atronador grito de espanto al sentirse contraídas, como desintegradas o
absorbidas por esa boca voraz…
… Y después del terror, reinó el silencio.
Es que la sombra ya no era pequeña. Había crecido. Y era tan grande y
magnífica (aunque repugnante) como antes lo había sido la casa.
Imponente.
Su coraje había aumentado; por ende, su ambición también.
Fuera de ella, una hedionda morada (antes blanca, purísima y con doce
arcadas romanas frontispicias), lloraba su ruina como una mujer ultrajada.
En su interior, una cosa oscura, agorera y llena de presagios absurdos, temblaba de gozo como una niebla de gas tóxico que se agita y explota, volteando de un lado a otro su bestial cabeza, y presta a continuar su raudo cometido contra la ciudad toda…
Al cabo de un mes, media urbe crujía en ruinas.
El verano y sus playas habían desaparecido, y la niebla crecía y crecía
como una esfera fecunda de inmisericordia que topaba, arrastraba y arrasaba
muros y empalizadas, y desplomaba techos y sacudía la tierra como un terremoto
incontenible… Enfurecida y golosa.
Al final del segundo mes, la ciudad no era más que un montículo
desdibujado, un despojo material y espiritual desarticulado de formas.
Los hombres y su desnuda palidez, ya no existían.
III
Sin embargo, el Sol seguía allí, firme en lo Alto, difuminado en el día
por el poder de la niebla, pero oteando a la sombra bruja -aún desde la noche-
y enviando como mártires sobre ella unas angélicas plegarias de luz…
Jaqueada por la imprevista andanada de estrellas fugaces, a cuyos
resplandores unió el suyo la mágica revelación de la Luna y tras el polvo
aquietado de la ciudad muerta, la sombra, extenuada, disipó su nube protectora
y se durmió.
Durmió un tiempo de sangre y de carne arrebatada por las Furias.
Vengativa, ardiente en su despecho, soñó entre pesadillas ser el Origen: ser el Único, el Todo y el Señor de Todo y de todos; Ella, tan grande y magnífica, la Summa Concupiscente, aunque repugnante como una Medusa; como una asquerosa y sabia bruja marginada por los Ancestros.
Al despertar, eufórica su mente por el canto
de las sirenas de lo Fatuo, dirigió su amenaza al cielo tratando de asfixiar
también a Dios… Recobrada sus fuerzas, pero ciega y envuelta en una loca
tiniebla de sinrazones, olvidó la espada que el Sol, desde lo Alto, atento y
prevenido, hacía centellear… Y que enfiló como un rayo y sin dudar sobre
aquella mole de Hiedra malvada, fulminándole de un golpe el cuello en el que
enarbolaba, aceitosa, una especie de corrupta cabellera de Tentaciones…
Batido su estandarte de guerra, una danza de gusanos se agitó entre sus
pliegues. Y una gruesa máscara, fétida, negra y sanguinolenta, se resquebrajó
junto al rostro de los Pecados que ocultaba.
Así, la sombra, y su herida mortuoria, trató en vano de protegerse del
filo implacable y sostenido por la Justicia, pero no había nada que quedara en
pie para ocultar su agonía…
Lo había destruido todo. Y había quedado sola.
Al fin, como un gusano más de los que bailoteaban entre sus vestiduras de espectro, la sombra se devoró a sí misma y cayó exánime, disolviéndose en el aire -otra vez, sorpresivamente puro-, de la mañana del Génesis...
(… Y
cuentan también que, después, en ese día nuevo, los nuevos Hombres –que nacieron-,
no lo fueron solo del polvo de la tierra; también del ladrillo y del plástico y
del acero que, los Primigenios, habían inventado como cultura y enterrado bajo
sus huesos… Fuertes e invencibles, ya sobre la Roca de Sabiduría donde habían
sido sembrados, permanecieron de pie cuando la bruja y su sombra, dieron el
último suspiro). [1]
[1] ADRIÁN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Su versión original integró la primera
edición del Libro “Breve Sinfonía y
Otros Cuentos”. Edic. Colmegna S.A. Santa Fe, Argentina), Marzo de
1990, págs. 45/47. .T.a. 18-09-2020 - Versión
e-book – Edic. Mis Escritos (CABA, Argentina, 2020). Asimismo, integra los Libros “Doctor de Mundos III – Mystagogia Narrativa o El Legado de Juan
(Colección de Ficción Conjetural y Metafísica). Inédito. La Botica del
Autor, Santa Fe-Argentina, 2009-2026; y “Desde
el Umbral (Terrores Cotidianos y de los Otros) – Colección de Horror.Inédito.
La Botica del Autor. Santa Fe (Argentina), 2018/2026. Publicado entre 1979/2026
en Foros Virtuales, Magazines Virtuales y Gráficos, Contactos E-mails,
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