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sábado, 31 de enero de 2026

EL LÚCIDO Y SIEMPRE PRESENTE GEORGE ORWELL - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 




EL LÚCIDO Y SIEMPRE PRESENTE GEORGE ORWELL


 

En un texto autobiográfico, Eric Arthur Blair, famoso en el mundo literario como George Orwell, (nacido en la India en 1903, cuando su padre era funcionario del gobierno británico, y fallecido en Londres en 1950), considerado hoy como uno de los críticos más lúcidos e implacables del imperialismo, imaginó en sus fábulas a un siniestro personaje omnipresente y solapado, que bautizó como Gran Hermano (o Hermano Mayor), que actúa reduciendo y manifestándose desde una forma represiva, forjadora de un léxico diseminado por el mundo bajo el principio intelectual de que “Lo que no forma parte de la lengua no puede ser pensado”.

En “Rebelión en la granja” y en “1984”, sus dos últimos y famosos libros, la visión profética de George Orwell, se centra en los avances de una sociedad totalitaria situada en un futuro cercano a la época que él vivió. Allí describe un mundo distópico, empobrecido y dividido por guerras permanentes y sin tregua entre grandes superpotencias que ejercen un control absoluto sobre los pueblos; en especial sobre los más débiles e indefensos. La metáfora deja al descubierto la hipocresía de las dirigencias totalitarias que someten a la gente mediante la vigilancia policial permanente con ambiciones “cesarista”, dando señales de fortaleza, cuando en verdad muestran es una ignorancia extrema, brutal en algunos casos, con resultados que son sometidos al criterio del Gran Hermano Mayor, representado por poderosos grupos financieros protegidos por fuerzas militares y bajo, tutela policial. Para Orwell la historia enseña que cuando se apela a la coerción los alcances pueden ser impredecibles y terroríficos.

Es así como los Estados Unidos, Rusia y China, han dado un puntapié a la historia y ponen al descubierto el verdadero rostro dando los primeros pasos de un cambio mundial, sostenido por intereses imperialistas más allá de cualquier ideología política. Para violar esos derechos internacionales de convivencia entre países, como en el caso de los Estados Unidos, utilizan el fantasma de la droga; aunque nadie desconoce que de lo que se trata puntualmente es de la explotación y del dominio del petróleo y toda la energía, junto al manejo territorial. 

Lo cierto es que cada día las potencias son más ricas y los países pobres, cada vez más pobres. La revuelta insustancial del mundo que estamos viviendo es dramática y sus manejos corporativos se han transformado en un horror cotidiano. Los poderes imperialistas constituidos, que pretenden poner límites, muestran a su vez una mayor pretensión de dominio; aunque sin grandes elementos de fuerzas para concretarlo. Casi impunemente el caradurismo de los que manejan el mundo se ha convertido en un grotesco maquillaje, que para nada puede disimular los ambiciosos propósitos que persiguen.

Desde esos conceptos, la comprometida posición política y literaria de George Orwell, sigue provocando en el Occidente, incomodidades, pues la sociedad que él describe plantea cuestiones inherentes a la vigilancia y la manipulación: temas que, aunque centrados en el régimen comunista, son cada vez más aplicables en los sistemas falsamente democráticos. En especial cuando derivan en medidas autoritarias.

George Orwell fue un observador, un hombre comprometido y sensible a las injusticias que lo llevaron a exponerse como soldado en la Guerra Civil Española; representado por sus escritos, que abarcan el género de la novela, el ensayo y el reportaje, tendientes a indagar en la naturaleza del poder y la libertad humana. Con un estilo directo y sin concesiones, junto a una capacidad asombrosa y profética para anticipar futuros sombríos, hicieron de sus obras referencias fundamentales de la historia contemporánea.

Cuando Orwell escribió 1984, el mundo se encontraba devastado por la Segunda Guerra Mundial, pero con una perspectiva hacia un futuro que lamentablemente no se cumplió. Con su lucidez habitual, en esa novela, nos traslada a una sociedad totalitaria donde el Estado vigila cada aspecto de la vida de sus ciudadanos mediante un sistema opresivo encabezado, como se ha señalado, por el Gran Hermano, una suerte de Donald Trump de nuestros días. En su ficción la historia da lugar a Winston Smith, personaje que trabaja falsificando registros históricos en el Ministerio de la Verdad y cuyo pensamiento crítico lo convierte en un enemigo del Estado, que aborda conceptos como el “doble pensamiento” y la “neolengua”, que explora una realidad moldeada al servicio del poder. Desde entonces, 1984 se ha convertido en una advertencia persistente sobre los riesgos de la sociedad sin libertad ni privacidad.

La obra es una crítica abierta a cualquier régimen totalitario, aunque en especial al modelo soviético de aquella época, manejado por el dictador Stalin. No obstante, también llegó a provocar incomodidad fuera de ese régimen, ya que el poder de la sociedad que Orwell describe tiene el propósito de controlarlo todo hasta el punto de hacer de la privacidad un elemento sometido a la vigilancia y la manipulación -temas que, aunque centrados en los regímenes comunistas, también son aplicables a los sistemas democráticos-. La pobreza y la violencia en dos capitales europeas, junto al despojo de la dignidad humana hacen descender a Orwell a las profundidades de una marginalidad que condena subrepticiamente a los invisibles; tan poderosos como los otros. Llamados abiertamente servicios de espionaje.

Con un tono de denuncia y reflexión, George Orwell expone las injusticias de un sistema que empuja a los individuos a la miseria; es decir, una sociedad en la que sobrevivir se convierte en una lucha diaria controlada por una mirada sin filtros hacia las clases más bajas; todo, por parte de este agudo observador, el gran hermano que marca también el resto de su obra.

Tras la Segunda Guerra Mundial, varios países de Europa del Este y el Asia, donde los gobiernos comunistas estaban en auge, prohibieron sus libros por considerarlos subversivos; así como en la llamada Unión Soviética, Inglaterra, España y otros estados satélites, sin excluir a los norteamericanos. Peligrosa para ambos poderes, su célebre Rebelión en la granja y 1984 fueron vistas como propaganda anticomunista, con el temor de que socavara la imagen del socialismo soviético.

Con el paso del tiempo, la influencia de George Orwell ha sobrepasado sus propias obras para integrarse al lenguaje cotidiano. En el presente, el adjetivo “orwelliano” se emplea para describir situaciones de control opresivo, vigilancia masiva y manipulación de la realidad. Esto refleja la capacidad de Orwell para observar con precisión los peligros que entrañaban las ideologías totalitarias y los abusos de poder.

Quizá la fundamental conclusión es que, entre otras cosas, la obra de George Orwell perdura como una reflexión sobre el poder; es decir, de cómo se adquiere ese poder, cómo oscuramente se mantiene y cómo, de un modo terrible, destruye la esencia de la libertad humana.

Frases como “Gran Hermano”, “doble pensamiento” y “neolengua” son términos que en los tiempos actuales prosiguen resonando en debates sobre el control digital de nuestro tiempo, la censura y el uso de la propaganda política como manuales de resistencia para los que buscan entender y confrontar esos mecanismos de opresión.

En el contexto global que estamos viviendo, acaso no esté mal remitirnos una vez más al añejo refrán español: “el mundo es un pañuelo”, que significa que el mundo es ahora más sorprendentemente pequeño, y que suele usarse para expresar sorpresa al encontrarse con alguien conocido en un lugar inesperado o al descubrir conexiones insospechadas entre personas o lugares, como la hace el espionaje, en un tiempo donde el uso de la tecnología se aplica para monitorear impunemente a las personas y a los Estados, junto al abuso de datos privados en el orden individual, que son temas cada día más inquietantes. Todas las advertencias de George Orwell se vuelven actuales y son como una brújula que orienta sobre los peligros de perder la libertad individual y territorial.

Tan así que el avance de los imperios sobre países libres y los actuales casos como el de Venezuela y Groenlandia, que pretende extenderse a otros países democráticos, junto al impacto cultural que esto produce, preocupan ya que las advertencias de George Orwell, han escalado a la categoría literaria como otra genuina distopía que amenaza con convertirse en la peor e inquietante realidad de nuestros días.

ROBERTO ALIFANOBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


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