PARA SIEMPRE MADRE
A la memoria de mi santa madre
En el recóndito de mi vida
un nombre agobia mis días,
cinco letras embelesan
y apaciguan mi alma,
con caricias de mujer tierna
y con besos de mujer perfecta.
Estrofas aterciopeladas,
canciones de cuna,
lágrimas con mis primeras caídas,
sonrisas abiertas con mis primeros síntomas de triunfo,
noches enteras a mi lado
para cobijarme del frío,
susurros al oído
que estremecían mis sentimientos.
No puedo olvidar a aquella mujer
que lo dio todo,
que me enseñó a llorar,
a reír,
a suspirar,
a ser valiente,
a servir a la gente,
a estremecer mi ser.
Que no cambiaría este bisoño hijo tuyo
porque aquellos tiempos
volvieran a empezar,
porque en sus brazos
soy su niño
y toda su ilusión.
Madre,
quiero que mis versos
encandilen tu saber,
que mi compañía en la adultez,
mi energía y mi mente
sean los frutos legítimos
de tu dedicación maternal.
Algún día en esta tierra nuestra unión se romperá
y sé que aquel día llegará,
desde allí habré perdido y ganado la mitad y mitad de mi vida.
Una parte habitará la tierra
y la otra el reino de los cielos, donde duermes.
La soledad me embargará
y no le reprocharé a Dios
por haberte llevado.
Madre,
inmenso jardín de amor,
compañera inseparable de mis días,
un ejemplo de valor,
mi pequeño carmín,
mi gran debilidad y gran inspiración.
Ya que estás allá en lo alto,
sepárame un lugar en tus brazos,
déjame acurrucarme en ellos.
Con quien aprendí a jugar
y a caerme varias veces.
¿Cómo olvidarla?
¿Cómo no olvidarla?
Escribiendo estos versos a la elegía,
hincándome ante tu imagen,
besando tu dulce frente,
pienso en seguir de pie
contra todo aquello que tenga que luchar;
hay alguien que nos unió para siempre madre,
para siempre.
GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO – Arequipa, Perú
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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