Bienvenidos

sábado, 31 de enero de 2026

¿SON LO MISMO TODAS LAS RELIGIONES? - Ángel Medina - Málaga, España

 



¿SON LO MISMO TODAS LAS RELIGIONES?

 

Fue elegido como su Pueblo y durante siglos se manifestó por la voz de los Profetas y custodiado en el Tabernáculo como representación de su Omnipotencia. Sin embargo, su desvelarse fue parcial y sujeto a la interpretación humana. Al consumarse el tiempo vino al mundo, pero no le reconocieron los suyos.

Procedía de una rica familia arruinada y fue uno de los pensadores más importantes de la Historia, aunque fue criado en la pobreza. Con el paso del tiempo llegó a ser nombrado gobernador de una ciudad y ascendido al cargo de Ministro, muriendo en edad avanzada para aquellos tiempos del tercer milenio anterior a nuestra era por causas naturales. Sus restos reposan en la ciudad de Shandong. Predicó la benevolencia, la lealtad y el respeto entre la especie humana. Guía para muchos hombres, Confucio supo advertir a sus discípulos: “Yo no soy el camino”.

El despertar viene cuando es trascendido el deseo, el odio y la confusión. El buddha es aquel que conoce sus existencias anteriores, lo cual nos lleva a plantearnos: si el hombre es tal en tanto que dispone de libertad, ¿a quién pertenecerá el espíritu que renace en un cuerpo diferente? ¿Cómo tendrá consciencia de ser él mismo? El budismo es una religión no-teísta, luego, el religarse (= religión) es con el propio hombre, llámesele como quiera, una suerte de humanismo no- trascendente. Por eso, el Buda dijo “Buscad la verdad”

Existe un solo Dios (esto es característico de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam) y él es su Profeta. Siguiendo la tradición, a él le fue revelado por el arcángel Gabriel en una cueva la visión divina y redactada su ley (Corán). Al despertar, las palabras reveladas aparecieron talladas en su corazón. Supo reunir a los nómadas y conquistar en vida toda Arabia guerreando hasta someter a los enemigos, y aquellos que eran apóstatas fueron muertos. Tuvo trece esposas, sin saber cuál era el propósito de la vida.

Moisés predicó la validez absoluta de la Ley

Buda predicó el retiro ascético

Mahoma conquistó el mundo en su lucha contra los infieles, creando una Estado teocrático.

Confucio predicó la ética aristocrática.

Pero, hubo uno que dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

 Confucio, Buda y Mahoma reposan en sus tumbas. Moisés vivió 120 años y murió entre los suyos a las puertas de la Tierra Prometida. Buda durmió el sueño eterno con 80 años. Confucio llegó a la vejez rodeado por sus discípulos. Mahoma expiró en los brazos de su mujer favorita en su harén

El que dijo “yo soy” murió joven, con poco más de 30 años, vituperado, calumniado, martirizado, desasistido de sus discípulos y seguidores, e incluso experimentó el abandono de Aquel al que había anunciado al costo de su vida. Sin embargo, la Historia se dividió en un antes y un después, porque fue resucitado como primicia de los hombres. No fue ante su final sujeto pasivo, sino que lo provocó con sus palabras y su vida predicando un Reino de humanidad ahora, que concluiría en el reino de la eternidad, sosteniendo lo que decía y hacía con gestos portentosos, que ni siquiera sus enemigos acérrimos negaban, si bien decían que podía realizar los milagros en nombre de Belcebú. Puro fanatismo para no aceptar la evidencia de lo que oían y veían. Pudo evitar su muerte no subiendo a Jerusalén, que era donde únicamente podrían matarle, pues los judíos no podían ajusticiar a nadie, pero sí los romanos. Sin embargo, quiso hacerlo para que todos pudieran entender que la entrega de su vida avalaba su predicación.

El sabio Ratzinger, el Papa Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazaret” escribe en pocas líneas lo que vale por todo el libro, cuando hace una pregunta: “¿Qué trajo realmente al mundo, si dos mil años después el mundo sigue igual o peor que cuando estuvo entre los hombres?”, para a continuación ofrecer la respuesta: Trajo a Dios. Reveló su rostro y cómo es. El Misterio se hizo carne y anunció al mundo que el hombre no es una causa perdida, sino que el Eterno no es el ausente lejano que está fuera del mundo, sino que está dentro del mundo y con el hombre. Por eso dijo esa frase que representa la impotencia de los creadores de otras religiones o doctrinas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

No, no son lo mismo todas las religiones, y eso sin necesidad de no reconocer la parte positiva que encierra cada una de ellas. Porque el confucionismo predica el bien entre los humanos, pero reconoce que por sí mismo no puede liberar al ser humano del pecado estructural y personal, ni prometerle vivirse eternamente. El budismo desea alcanzar la purificación en la reencarnación, pero esa libertad no es posible lograrla contando sólo con el deseo del hombre. El islam sitúa al Altísimo en el infinito como Ser superior al que el hombre ha de dirigirse, pero ignora que el hombre no puede alcanzar el cielo por su esfuerzo por más que quiera empinarse.

El cristianismo se enraíza con el humanismo en su sentido más profundo. De una parte, digámoslo ya, el cristianismo, más que una religión lo es, porque religa lo humano a lo divino― es un humanismo, al vincular el sábado al hombre y no el hombre para el sábado. Al no poder el hombre subir hasta el Creador, éste se abaja hasta el hombre para dejarse conocer. Así, se convierte en un humanismo que reta al hombre a abandonar lo más posible su evolución desde un mono para ir ascendiendo hasta convertirse en un Hombre (con mayúsculas), debiendo para ello salir de su “ego” y tender la mano a su prójimo. De otra, este humanismo superar a cualquier y a todos los humanismos humanos, porque no sólo eleva la categoría del hombre al haber sido creado a imagen divina (esto ha de entenderse en su justa medida), sino que le abre las puertas a la trascendencia, al mismo Dios que lo ha creado, satisfaciendo el deseo que late dentro de él de vivirse eternamente, esto es, la eternidad.

 

ÁNGEL MEDINA Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


No hay comentarios:

Publicar un comentario