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sábado, 29 de noviembre de 2025

SIN REGRESO - Germain Droogenbroodt - Altea, españa

 









SIN REGRESO


Pero qué quiere decir el río

que no conoce ni silencio

ni tranquilidad

y murmura sin cesar

qué más quiere decir

sino que para todo lo que vive

no hay ni parada ni retorno.


Del libro "Reflexiones poèticas", España 2023


GERMAIN DROOGENBROODT - Altea, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ALZO MI COPA - Norberto Pannone - Argentina

 
















ALZO MI COPA


Alzo mi copa.
En mi vino de gris
galopa el verso.
Busco la región de lo sublime
y colisiono con el límite
fatal de la poesía.
El cristal se rompe
derramando la vid.
Mi sueño permanece
aún austero.
Me requiebran
de ausencias
tus recuerdos,
…y bebo.


NORBERTO PANNONE - ARGENTINA

TRADUCCIÓN AL POLACO

Wznoszę Swój Kielich

Wznoszę swój kielich.
W moim winie, bez wyraźnego smaku,
galopuje wiersz.
Poszukuje strefy wzniosłości,
ale zderza się z nieszczęsną
granicą poezji,
i kryształowe szkło pęka,
rozlewając wino.
Mój sen trwa
ciągle wyrazisty.
Dręczą mnie
wspomnienia
twoich nieobecności
... i piję.

Norberto Pannone, ArgentYna
Przekład na angielski: Germain Droogenbroodt – Stanley Barkan

Przekład na polski: Anna Maria Stępień – Mirosław Grudzień


SIN TITULO - GLORIA NISTAL - Madrid, España

 










SIN TÍTULO


El bullicio alocado se vació
por el sumidero de la ignominia.
Quedaron las construcciones
silenciosas, secas, asoladas.
En la mente se empecinaban
los recuerdos.

Aún flotaba oleante
una sospecha lejana
de sonrisas anchas.

¿Cabrían de nuevo miradas
felices, nuevas
algarabías?



GLORIA NISTAL – Madrid, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

TENEBROSIDAD DEL ALMA - Hilda Augusta Schiavoni - Inriville, Córdoba, Argentina

 







TENEBROSIDAD DEL ALMA


Quiero escribir en un libro
la soledad que siento
la cual taladra mis vértebras
y cada uno de mis sueños
los que roen mis entrañas
y electrizan mis nervios.
Tengo el pecho ansioso
de un cariño sincero.
Nada ni nadie
acaricia mis desvelos
y tú
sólo piensas en mi cuerpo
cuando mis fibras se desgajan
de tanto desasosiego.



HILDA SCHIAVONI – Inriville, Córdoba, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA - Jaime Sabines - México

 







TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA

 

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?


JAIME SABINES – México

Jaime Sabines Gutiérrez fue un poeta y político mexicano, reconocido como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX.​ Wikipedia

Nacimiento: 25 de marzo de 1926, Tuxtla Gutiérrez, México

Fallecimiento: 19 de marzo de 1999, Ciudad de México, México


DESILUSIÓN SUPREMA - Liana Friedrich, Villa Regina, Argentina

 







DESILUSIÓN SUPREMA


Irredento protoplaneta.
Traspasado de todas
las inconsciencias del desamor,
arrasado por ígneas maldiciones
y abisales contiendas desatadas
en diversos frentes de la sin razón.
Abismales diatribas ideológicas
te sumergen en océanos de violencia.
Desesperanza. Desaliento. Desunión.
Nada resulta ya: ni rezos, ni conjuros.
Tampoco los exorcismos calmarán
el ardor de las furias...


LIANA FRIEDRICH - Villa Regina, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


PIEDRA LIBRE – Antonio Requeni – Buenos Aires, Argentina

 



 





PIEDRA LIBRE


El padre juega con sus criaturas.
La cara vuelta contra la pared
y el brazo levantado hasta los ojos,
está contando como si llorara.
Y mientras cuenta sus criaturas crecen,
van por el mundo, suben escaleras,
se enamoran o estudian geografía.
Cuando termina de contar, el padre
entra en los cuartos y revisa muebles.
Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?
Su voz, que ha enronquecido, los invita
a dejar de una vez sus escondites.
Y los hijos regresan, jubilosos.
¡Cómo han crecido! Son casi tan altos
como los sueños que en su juventud
solían desvelarlo dulcemente.
¡A contar! ¡A contar! –exclama el padre.
(Los grandes siempre vuelven a ser niños.)
Y los hijos se apoyan contra el muro,
hunden la frente entre los brazos. Cuentan.
Y mientras cuenta –once, doce, trece…-
el padre se va haciendo pequeñito.
Cuando terminan de contar lo buscan.
Lo buscan pero el padre no aparece.
Se ha escondido debajo de la tierra.


ANTONIO REQUENI - Buenos Aires, Argentina 

ACERCA DE UN FRANCÉS A QUIEN GARDEL LE SALVÓ LA VIDA - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina










Luis Alposta y Tomás Barna junto a la tumba de Paul Eluard

en el Cementerio de Père-Lachaise - París 1986

 

ACERCA DE UN FRANCÉS A QUIEN GARDEL LE SALVÓ LA VIDA

 

                Considero innecesario relatar circunstanciadamente los datos biográficos de mi amigo Tomás Barna, y destacar que fue escritor, poeta, ensayista, crítico literario, dramaturgo, conferencista, productor de programas culturales en radio y televisión de la UNESCO, en París, ciudad en la que vivió durante veinticuatro años. Y recordar que fue co-fundador y asesor artístico de la legendaria tanguería “Trottoirs de Buenos Aires”. De hacerlo, aunque ya no esté con nosotros, creo que, igualmente, llegaría a esgunfiarlo en su recato.

            Pero, lo que sería imperdonable, es que dejase de contar la historia, real, auténtica, que él nos refiere en su libro “Fascinación del misterio”, donde nos habla de Charles, Carlos (¡Carlitos!), su amigo francés, a quien su admiración por Carlos Gardel lo llevó a ponerse a estudiar nuestro idioma siendo casi un niño.

            En 1943, Charles (Carlitos), con sólo 17 años, abandonó su casa paterna para ir a luchar por la liberación de su país que había caído bajo las garras del nazismo.

              Entró a formar parte del denominado “Ejército de las Sombras” o ”Maquis”, es decir la resistencia contra el ocupante nazi.

            Fue saliendo de una zona boscosa, en Saulieu, cuando él y tres amigos fueron hechos prisioneros. “Enjaulados”, entre salvajes gritos de mando y ladridos de perros, fueron interrogados, torturados, y comenzaron a ser brutalmente ejecutados uno a uno. Él buscó evadirse, aunque fuera mental, imaginariamente, de ese infierno. De pronto, sin saber cómo ni por qué, sólo atinó a ponerse a cantar el tango “Como abrazao a un rencor”. Cuando fue su turno, los alemanes lo oyeron cantar y no precisamente en francés.

            Alguien dice que se trata de un español enloquecido y, a patadas, lo “devuelven” al encierro.

            Veinticuatro horas después fue la Liberación.

            ¡Pero el que le salvó la vida fue Gardel!

 

LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

"Como abrazao a un rencor" - tango

Letra: Antonio Miguel Podestá - Música: Rafael Rossi - Canta Carlos Gardel 

https://www.youtube.com/watch?v=PWsRbfeIcqk&t=4s


LA INTRUSA - Jorge Luis Borges - Buenos Aires, Argentina

 



LA INTRUSA

2 Reyes, i, 26.

         Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nilsen, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido. La segunda versión, algo mas prolija, confirmaba en suma la de Santiago, con las pequeñas variaciones y divergencias que son del caso. La escribo ahora porque en ella se cifra, si no me engaño, un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos. Lo haré con probidad, pero ya preveo que cederé a la tentación literaria de acentuar o agregar algún pormenor.

         En Turdera los llamaban los Nilsen. El párroco me dijo que su predecesor recordaba, no sin sorpresa, haber visto en la casa de esa gente una gastada Biblia de tapas negras, con caracteres góticos; en las últimas páginas entrevió nombres y fechas manuscritas. Era el único libro que había en la casa. La azarosa crónica de los Nilsen, perdida como todo se perderá. El caserón, que ya no existe, era de ladrillo sin revocar; desde el zaguán se divisaban un patio de baldosa colorada y otro de tierra. Pocos, por lo demás, entraron ahí; los Nilsen defendían su soledad. En las habitaciones desmanteladas durmieron en catres; sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hoja corta, el atuendo rumboso de los sábados y el alcohol pendenciero. Sé que eran altos, de melena rojiza. Dinamarca o Irlanda, de las que nunca oirían hablar, andaban por la sangre de esos dos criollos. El barrio los temía a los Colorados; no es imposible que debieran alguna muerte. Hombro a hombro pelearon una vez a la policía. Se dice que el menor tuvo un altercado con Juan Iberra, en el que no llevó la peor parte, lo cual, según los entendidos, es mucho. Fueron troperos, cuarteadores, cuatreros y alguna vez tahúres. Tenían fama de avaros, salvo cuando la bebida y el juego los volvían generosos. De sus deudos nada se sabe ni de dónde vinieron. Eran dueños de una carreta y una yunta de bueyes.

         Físicamente diferían del compadraje que dio su apodo forajido a la Costa Brava. esto, y lo que ignoramos, ayuda a comprender lo unidos que fueron. Mal quistarse con uno era contar con dos enemigos.

         Los Nilsen eran calaveras, pero sus episodios amorosos habían sido hasta entonces de zaguán o de casa mala. No faltaron, pues, comentarios cuando Cristián llevó a vivir con Juliana Burgos. Es verdad que ganaba así una sirvienta, pero no es menos cierto que la colmó de horrendas baratijas y que la lucia en las fiestas. En las pobres fiestas de conventillo, donde la quebrada y el corte estaban prohibidos y donde se bailaba, todavía, con mucha luz. Juliana era de tez morena y de ojos rasgados, bastaba que alguien la mirara para que se sonriera. En un barrio modesto, donde el trabajo y el descuido gastan a las mujeres, no era mal parecida.

         Eduardo los acompañaba al principio. Después emprendió un viaje a Arrecifes por no sé que negocio; a su vuelta llevó a la casa una muchacha, que había levantado por el camino, y a los pocos días la echó. Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián. El barrio, que tal vez lo supo antes que él, previó con alevosa alegría la rivalidad latente de los hermanos.

         Una noche, al volver tarde de la esquina, Eduardo vio el oscuro de Cristián atado al palenque. En el patio, el mayor estaba esperándolo con sus mejores pilchas. La mujer iba y venia con el mate en la mano. Cristián le dijo a Eduardo:

         —Yo me voy a una farra en lo de Farias. Ahí la tenes a la Juliana; si la queres, úsala.

         El tono era entre mandón y cordial. Eduardo se quedó un tiempo mirándolo; no sabía qué hacer, Cristián se levantó, se despidió de Eduardo, no de Juliana, que era una cosa, montó a caballo y se fue al trote, sin apuro.

         Desde aquella noche la compartieron. Nadie sabrá los pormenores de esa sórdida unión, que ultrajaba las decencias del arrabal. El arreglo anduvo bien por unas semanas, pero no podía durar. Entre ellos, los hermanos no pronunciaban el nombre de Juliana, ni siquiera para llamarla, pero buscaban, y encontraban, razones para no estar de acuerdo. Discutían la venta de unos cueros, pero lo que discutían era otra cosa. Cristián solía alzar la voz y Eduardo callaba. Sin saberlo, estaban celándose. En el duro suburbio, un hombre no decía, ni se decía, que una mujer pudiera importarle, mas allá del deseo y la posesión, pero los dos estaban enamorados. Esto, de algún modo, los humillaba.

         Una tarde, en la plaza de Lomas , Eduardo se cruzó con Juan Iberra, que lo felicitó por ese primor que se había agenciado. Fue entonces, creo, que Eduardo lo injirió. Nadie, delante de él, iba a hacer burla de Cristián.

         La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto.

         Un día, le mandaron a la Juliana que sacara dos sillas al primer patio y que no apareciera por ahí, porque tenían que hablar. Ella esperaba un dialogo largo y se acostó a dormir la siesta, pero al rato la recordaron. Le hicieron llenar una bolsa con todo lo que tenia, sin olvidar el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre. Sin explicarle nada la subieron a la carreta y emprendieron un silencioso y tedioso viaje. Había llovido; los caminos estaban muy pesados y serian las cinco de la mañana cuando llegaron a Morón. Ahí la vendieron a la patrona del prostíbulo. El trato ya estaba hecho; Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro.

         En Turdera, los Nilsen, perdidos hasta entonces en la maraña (que también era una rutina) de aquel monstruoso amor, quisieron reanudar su antigua vida de hombres entre hombres. Volvieron a las trucadas, al reñidero, a las juergas casuales. Acaso, alguna vez, se creyeron salvados, pero solían incurrir, cada cual por su lado, en injustificadas o harto justificadas ausencias. Poco antes de fin de año el menor dijo que tenia que hacer en la Capital. Cristián se fue a Morón; en el palenque de la casa que sabemos reconoció al overo de Eduardo. Entró; adentro estaba el otro, esperando turno. Parece que Cristian le dijo:

         —De seguir así, los vamos a cansar a los pingos. Más vale que la tengamos a mano.

         Habló con la patrona, sacó unas monedas del tirador y se la llevaron. La Juliana iba con Cristián; Eduardo espoleó al overo para no verlos.

         Volvieron a lo que ya se ha dicho. La infame solución había fracasado; los dos habían cedido a la tentación de hacer trampa. Caín andaba por ahí, pero el cariño entre los Nilsen era muy grande —¡quién sabe que rigores y qué peligros habían compartido!— y prefirieron desahogar su exasperación con ajenos. Con un desconocido, con los perros, con la Juliana, que había traído la discordia.

         El mes de marzo estaba por concluir y el calor no cejaba. Un domingo (los domingos la gente suele recogerse temprano) Eduardo, que volvía del almacén, vio que Cristián uncía los bueyes. Cristian le dijo:

         —Veni; tenemos que dejar unos cueros en lo del Pardo; ya los cargué, aprovechemos la fresca.

         El comercio del Pardo quedaba, creo, más al Sur; tomaron por el Camino de las Tropas; después, por un desvío. El campo iba agrandándose con la noche.

         Orillaron un pajonal; Cristián tiró el cigarro que había encendido y dijo sin apuro:

         —A trabajar, hermano. Después nos ayudaran los caranchos. Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no hará mas perjuicios.

         Se abrazaron, casi llorando. Ahora los ataba otro vinculo: la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidarla.


JORGE LUIS BORGES – Buenos Aires, Argentina

(1899–1986)


EL CANTOR DE LOS CIEN BARRIOS PORTEÑOS - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 



EL CANTOR DE LOS CIEN BARRIOS PORTEÑOS


Quizá el asunto no está en encontrarnos a nosotros mismos, sino eninventarnos a nosotros mismos,y el verdadero valor para trascender con nuestra personalidad está enese secreto. “Mis viejos fueronde los muchosinmigrantes venidos de Italia con la ilusión de hacer la América y volver triunfadores a sutierra. El propósito era ese, pero mirálo que es el destino, que contradicción, ché; aquí les iba bien, nacían los hijosy algunos de aquellos inmigrantes hasta cumplieron con la ilusión de “mi hijo, el doctor, como en mi caso“, me contó sonriendo con su bonhomía habitual aquel filósofo popular bautizado con el nombre de AlbertoSalvador de Luca, reconocido médico; pero, famoso, muy famoso, como “Alberto Castillo, el cantor de cien barrios porteños”, nacido en 1914 en Parque Avellaneda,uno de los tantosarrabales de nuestra Buenos Aires querida, a la que él le cantó con su voz inimitable.

Cien barrios porteño

Cien barrios de amor,

Cien barrios metidos

En mi corazón...

Buen estudiante, Alberto se recibióde médico siendo muy joven (apenas cumplidos los veintidós años); pero su pasión era el tango, que cantabapara los compañeros de la facultad y para seducir muchachas. Con una voz muy personal y arrabalera, impecable y entonada.Única, que no demoró en hacerse famoso.

Sucedió queimpulsado por un músico al que conoció en un café, secretamente le cambió la vida. Ya era médico, se probó y rindió bien ese otro examen que lo llevó a debutarcomo vocalistade una de las fundacionales orquestas típicas, la del maestro Julio De Caro.Hasta ese momento se podía ver en la puerta de su casa una pulida chapa de médico que enorgullecía a la familia.

No demoraron sus padresenescucharlo cantar en la radio y casi no lo pudieron creer.De inmediato, su entusiasmo pudo más que la profesión académica. “Mis viejos,menos entusiasmados que indignados,me reprendieron, temerosos de que abandonara el consultorio. Ni qué decir queme amonestaron severamente. Y no era para manos, yo era el hijo médico que con un acento bien porteño entonaba tangos y valses de corte orillero que alentabanla danza:

Así se baila el tango sintiendo en la cara

la sangre que sube a cada compás;
Así se baila el tango mezclando el aliento,

cerrando los ojos para escuchar mejor…

Aquí está la elegancia, qué pinta, qué silueta,

qué porte, qué arrogancia, qué clase pa'bailar…

Ahora una corrida, una vuelta, una sentada;
así se baila el tango, un tango de mi flor…

Para algunos estudiosos dela música de Buenos Aires, el caso de Alberto Castillofue único. Su innato sentido del ritmo y su ductilidad para engolar la voz, proponíanun estilorupturista al modelo del vocalistatradicionalde tangos,destacado, sobre todo, porun sentimentalismoexagerado de resignación, cuando no patético, menos arrabalero que operístico; mezcla dedramatismo dulzón ycon un esfuerzo que se notaba cuando impostaban la voz.Pero este cantor, en cambio,con eseestilo absolutamente propio e inimitable, a veces vinculados con un aire humorístico, mostraba en su decir una capacidad para abordar la interpretación de temas de lo más diversos, mediante una voz con afinación perfecta y magistral, alabada por el mismo maestro Aníbal Troilo, que celebróen él la más conmovedora ternura,sinexagerar eldramatismo que otros cantores requerían.

Por supuesto. Todo era distinto desde el mismo instante queAlberto Castillo pisaba el escenario y se posesionaba de él caminándolocon el micrófono en su mano,que hacía que desde ese momentoempezara el espectáculo. Siempre impecable,conun florido pañuelo que se agitabadesde el bolsillo del saco y hacía juego con la corbata floja, apenas anudada, pisaba como si estuviera en la calle, con ademanes y un modo muy especial para caminar el tango, entonado porperfectas vocales de tono agudo. De allí, su particular fraseo que era lo que los bailarines necesitaban y apreciaban, ofreciéndoloél naturalmente teatralizado, a la que su voz ponía ritmo desde los pies a lagarganta. Lo que otros cantores resignaban al acompañamiento de instrumentos como el piano,los bandoneones o los violines. Alberto Castillo lo decía con una caricia al oído. Verlo entonar su reportorio era el otro espectáculo.

Fue una sorpresa para toda mi familia y agreguemos también que una cierta amargura-recordaba-. No sabía que yo me había lanzado como artista; eso lo hice siendo médico y sin abandonar mi trabajo en el consultorio. Para eso había estudiado y con gusto cumplía con el mandato”. De hecho, se cuenta que un día, mientras lo escuchaban en su casa cantar por la radio sin saber que era él, el padre comentó: “Se parece al Albertito cuando canta en el baño”.

En 1938, sin embargo, un poco presionado por la familia, que ya sabía que era él, decidió dejar de lado los micrófonos para abocarse de lleno a su profesión de médico ginecólogo. Conformándose con cantar solo para su barra de amigos, muchos de ellos ex compañeros de la facultad. Tenía que convertirse en “el doctor” con el que sus padres habían soñado, lo cual, por aquellos años representaba un ascenso en la escala social. “Y empecinado como yo era, no iba a darme por vencido hasta lograrlo. Sin embargo, un año antes de recibir mi título, el tango volvió vibrar por mis venas cuando acepté unirme a la “Orquesta Típica Los Indios”, que dirigía otro profesional, el dentista y pianista Ricardo Tanturi. Juntos grabamos mi primer disco. Eso fue en 1941, donde yo figuraba con mi pseudónimo qué, con el tiempo, me convertiría en una figura del tango y del cine”. Y así, el famoso Alberto Castillo Consagrado fue consagrado como el cantor de los “cien barrios porteños”.

He querido rendirle a los barrios

Un sincero homenaje de amor,

Y no encuentro motivo más lindo

Que brindárselo en una canción.

Cada uno me trae un recuerdo

Cada uno me dio una emoción,

He querido rendirle a los barrios

Un sincero homenaje de amor.

Barracas, La Boca, Boedo,

Belgrano, Palermo,

Saavedra y Liniers,

Urquiza, Pompeya, Patricios,

San Telmo y Flores,

Mis barrios de ayer;

Caballito y Mataderos

Balvanera y Monserrat,

Villa Crespo, Almagro y Lugano

El Retiro y la Paternal...

Cien barrios porteños

Cien barrios de amor,

Cien barrios metidos

En mi corazón...

Conocer a ese prócer del tango y acompañarlo durante una temporada como su presentador fue algo muy grato para mí. Tuve la felicidad de viajar con él y “los pibes de la orquesta” en una gira que realizó por la provincia de Buenos Aires. Siempre risueño, amable y humilde, era un privilegio estar a su lado. La generosidad de Alberto hacía que lo recaudado se repartiera en partes iguales con sus músicos y colaboradores. Fue enriquecedor estar a su lado durante toda una temporada. Nunca deje verlo para conversar con él y evocar maravillosos momentos que agradezco a la vida.


ROBERTO ALIFANOBuenos SAires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 22 de noviembre de 2025

SERÉ - Martha Inés Vélez - Medellín, Colombia

 















SERÉ


Seré el clavel o la rosa de un vergel olvidado
Seré relámpago o lluvia sobre un humilde tejado
Seré la luz o el rocío que acaricia la mañana
Seré la paz del vacío que busca espacio en el alma.
Seré el viento que estremece los cristales de mi casa
Seré el eco de un suspiro del que dice que me ama
Seré la fuga del río que sin temores se escapa
Seré el brillo de una estrella o el simple color del agua
Seré el silencio en la noche que de apacible se calla
Seré sombra de mi misma vestida de saya larga
Seré la brisa en susurro que entra por mi ventana
Seré un reflejo de sol sobre la arena mojada
Seré palabra en el verso o tañido en la campana
Seré lumbre de una hoguera o huella del ser, del tiempo o la nada
Seré la nota de un son cuando rasga la guitarra
Seré gorrión o jilguero que trina de madrugada
Seré polvo en el camino adherido a mi sandalia
Seré vuelo de gaviota que surca toda distancia
Seré la voz de mi misma que en sarcófago descansa.


Birmingham, 2 de noviembre de 2019


©MARTHA INÉS VÉLEZ, Medellín, Colombia
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MUNDO AMOR - Hugo Luis Bonomo - Santa Fe, Argentina

 











MUNDO AMOR


Conozco tu mundo
Lo tengo en la mano
Es tan diminuto
Que cerré los dedos
y quedó encerrado
Entre los resquicios que forman mis dedos
Asoman tibiezas
Y colores áureos
Columnas de amor
Ternura y pureza
Quedan en mi cuerpo
Me atacan
Me amarga
Me hieren
Me besan

Me encanta mirarlo
Y al verlo tan quieto
Con sus ojos fijos
Sin una palabra
Sin un solo gesto
Me siento canalla
Me siento muy sucio
Maldigo lo hecho

Lo sigo mirando
Me sigo tentando
Me encierro en mi mismo
Pienso solo en mi
Grito que el amor es solo egoísmo

Ya me sobrepongo
Pienso en el pasado
Pienso en el infierno
También pienso en Dios
Y sigo pensando

Dejo de pensar
Y vuelvo a mirarlo
Dejo de mirarlo
Pienso más en Dios
Y miro mi mano
Me miro los dedos
Y los veo manchados
Espío por ellos
Y veo tu mundo
Sumiso y callado

Pienso más en Dios
Y sigo pensando

He abierto la mano.



HUGO LUIS BONOMO – Santa Fe – Argentina

CREÍA YO - Macedonio Fernández - Buenos Aires, Argentina

 







CREÍA YO


No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

 

MACEDONIO FERNÁNDEZ – Buenos Aires, Argentina

Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1 de junio de 1874-ibidem, 10 de febrero de 1952) fue un escritor, abogado y filósofo argentino. Célebre por su novela experimental Museo de la Novela de la Eterna, publicada póstumamente en 1967, ejerció gran influencia sobre la literatura argentina posterior, especialmente en Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

CUARTETOS PARA UN AHORCADO - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

AZAR - Alcira Cufré - Buenos Aires, Argentina









AZAR

Quiso la vida que te viera

Por azar, me cediste el paso.

Fue necesaria tu mirada

para hacer florecer los rosales

en mi corazón.

 

ALCIRA CUFRÉ – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

HILACHAS - Ana Romano - Buenos Aires, Argentina

 









HILACHAS


Aciagos murmullos
alfombran las hojas

En el barro
desplumados recuerdos

Entre tules
sucumben
las hilachas.


ANA ROMANOBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


“POESÍA MERIDIANA, ll “ - Rafael Mérida Cruz-Lascano - Guatemala

 








“POESÍA MERIDIANA, ll 

 

Por: RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO  

poeta y escritor guatemalteco

Hombre de Maíz” 2009

SELAE, Italia: Premio Mundial a la Trayectoria, 2011.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Redondillas octosilabas

A misión sin resistencia,
se responde con un sí
compromiso que antes di
seguro de mi carencia.

Mi vocación no es completa
en mi vida consagrada
siento no me faltó nada
en Dios, llena mi faceta.

Se denomina REDONDILLA meridiana, A LA ESTROFA CREADA POR EL POETA GUATEMALTECO, Rafael Mérida Cruz-Lascano. 20, marzo, 2025, Que, cumpliendo con sus normas clásicas, el cuarto verso en la última palabra… abraza, empala, asocia, vincula (en la última palabrea del primer verso.
Reacias/resistencia, = carencia/ no es completa, = mi faceta/ apostólico/ = católico/Jesucristo,= Cristo/Espíritu Santo.= 
TANTO/Inmaculada,= Llamada/Escuchad.