Bienvenidos

sábado, 23 de julio de 2022

BAJO TIERRA ESTARÁS, SAFO, poeta griega

 








BAJO TIERRA ESTARÁS


Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá

ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;

ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,

y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.

 

SAFO, poeta griega

Safo de Mitilene, también conocida como Safo de Lesbos o simplemente Safo, fue una poeta griega de la época arcaica. Más tarde los comentaristas griegos la incluyeron en la lista de los «nueve poetas líricos». Platón la catalogó como "la décima Musa".​ 

Lugar de nacimientoLesbos, Grecia, 650/610 ac

Lugar de la muerteLéucade, Grecia, 580 ac

WIKIPEDIA


AGUJAS DEL TIEMPO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LA COPA, Leopoldo Díaz, poeta argentino - (Chivilcoy, Argentina, 1862 – Buenos Aires, 1947)

 











LA COPA


Burila de ancha copa sobre metal sonoro
con lenta y dócil mano, triunfal alegoría:
una danza de Ménades -una blanca theoría
de vírgenes- o Europa robada por el Toro.

Un delicado símbolo graba en sus flancos de oro
para que el labio colme su sed en la alegría,
y la visión ahuyente de la melancolía
como de dulces flautas el invisible coro…

Con grácil movimiento de lánguidas sirenas
inclinarán el cuello las ánforas de Athenas
sobre la esbelta copa que cinceló tu mano.

Se escucharán los himnos de los vendimiadores,
y las agrestes ninfas deshojarán sus flores
sobre la cabellera de Anacreonte anciano.


Leopoldo Díaz, poeta argentino

 (Chivilcoy, Argentina, 1862 – Buenos Aires, 1947)


Sobre las ruinas, Arturo Capdevila, Córdoba en 1889 / Buenos Aires en 1967.

 









Sobre las ruinas

Ayer pasó la muerte por mi casa...
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las picas
desmoronó el hogar. Así fue cómo
se desplomaron los antiguos muros,
y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

Un agrio ruido de hachas rechinaba
en el huerto infeliz. Tronco por tronco,
los árboles cayeron en un vasto
montón sobrío de ramajes rotos.

Noctívagos murciélagos, rondando
por el húmedo ambiente borrascoso,
con sus alas de trapa y de tiniebla
marcaban el compás de mis sollozos.

Unos búhos graznaban en la sombra...
Transido de terror, clamé socorro...
Dos búhos de la sombra me escucharon...
Se asentaron los dos sobre mis hombros.

Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
a los recuerdos del ayer me acorro;
y cuando nadie mis angustias sabe,
doblo la frente, y por mis padres lloro.

Arturo Capdevila, poeta, escritor e historiador argentino nacido en Córdoba en 1889 y fallecido en Buenos Aires en 1967.


Para este día, Olga Orozco, poeta argentina

 







Para este día


Reconozco esta hora.
Es esa que solía llegar enmascarada entre los pliegues de otras horas;
la que de pronto comenzaba a surgir como un oscuro arcángel detrás de la neblina
haciendo retroceder mis bosques encantados,
mis rituales de amor, mi fiesta en la indolencia,
con sólo trazar un signo en el silencio,
con sólo cortar el aire con su mano.
Esa, la de mirada como un vuelo de cuervo y pasos fantasmales,
que venía de lejos con su manto de viaje y las mejillas escarchadas,
y se iba bajando la cabeza, de nuevo hasta tan lejos
que yo buscaba en vano la huella del carruaje en el pasado.
Hora desencarnada,
color de amnesia como dibujada en el vacío del azogue,
igual que una traslúcida figura enviada desde un retablo del olvido.
¿Y era su propio heraldo,
el fondo que se asoma hasta la superficie de la copa,
la anunciación de dar a luz las sombras?
No supe descifrar su profecía,
ese susurro de aguas estancadas que destilan a veces los crepúsculos,
ni logré comprender el torbellino de plumas grises con que me aspiraba
desde un claro de ayer hasta un vago anfiteatro iluminado por lluvias y por lunas,
allá, entre los ventisqueros del irreconocible porvenir;
aquí, donde ahora se instala, maciza como el demonio del advenimiento,
en su sitial de honor en medio de la asamblea de otras horas, pálidas, transparentes,
y me dice que mis bosques son luces extinguidas y aves embalsamadas,
que mi amor era erróneo, como un espejo que se contempla en otro espejo,
que mi fiesta es un cielo replegado en el sudario de mis muertos.
Y se queda esta vez, sin bajar la cabeza.

Olga Orozco, poeta argentina

17 de marzo de 1920, Toay, La Pampa

15 de agosto de 1999, Buenos Aires


A UN OLMO SECO, ANTONIO MACHADO, 26 de julio de 1875, Sevilla, España / 22 de febrero de 1939, Colliure, Francia,

 







A UN OLMO SECO,

 

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.


¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.


No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.


Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.


Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.


ANTONIO MACHADO, España

26 de julio de 1875, Sevilla, España / 22 de febrero de 1939, Colliure, Francia, Wikipedia


LA GENEROSIDAD, (algunos aspectos), SALOMÉ MOLTÓ, Alcoy, Alicante, España

 



LA GENEROSIDAD, (algunos aspectos)

  

Dice el proverbio que la generosidad bien entendida empieza por uno mismo, posiblemente sea verdad, sobre todo, cuando buscamos un equilibrio social, y nuestra posición en ella.

Meditando un poco habría que buscar en este noble sentimiento algunas connotaciones que le añaden valor y otras que se lo restan.Como instinto, la generosidad, es algo que aflora en las relaciones humanas cuando se observa algún que otro motivo de injusticia; este es el motor que la pone en marcha; querer subsanar una injusticia cuando detectamos que alguien no goza de un bien universal como es la justicia, la equidad, la igualdad, cualidades éstas, que a fin de cuentas son matices de un mismo aspecto, el sentir humano de solidaridad hacia los demás.También puede tratarse de una disposición personal, e incluso un medio de afirmar el ego de cada cual.

Ejercer la generosidad es una labor delicada que requiere mesura, razón y sobretodo, oportunidad.

El que ofrece sin medida puede causar dos resultados diferentes y diferenciados: herir la sensibilidad del receptor, ya que éste puede interpretar que se menoscaba su valía, o bien empujarlo a una comodidad superficial que limita su reacción ante la adversidad y obstruye su capacidad para hacer frente a los problemas, que sin duda la vida presenta.

Frecuentemente la generosidad se convierte en invasión del terreno ajeno, de lo personal del otro, donde no vale ni la espontaneidad ni la abundancia. Se impone, más bien, el ser comedido y discreto. Practiquémosla en la intimidad, sin luces ni taquígrafos, con suavidad y con compostura y sin retención de memoria, porque nunca pasaremos factura de un acto de generosidad a menos que queramos frustrarlo, para convertirlo en mera especulación.

Los que pueden dar y lo hacen deberían reflexionar antes, hasta donde les lleva su actitud, ya que, se puede nutrir al aprovechado, al oportunista en vez de ayudar al necesitado.

Leí en un artículo de “Cenit”, una hermosa expresión, que según su autor la escribió Alberto Carsi Lacase, cuñado de V. Blásco Ibañez, decía así: ”El agua es la única divinidad que vemos bajar del cielo”. Viene a colación por esa disposición que mucha gente viene esperando resolver sus problemas económicos por la “generosidad divina”, por los juegos de azar, loterías, boletos de múltiples rifas. Se sigue esperando una generosidad y la unimos a una fantasía creciente, a un capricho del destino.

En las familias es frecuente comprobar que no todos son generosos con los demás y es a menudo la madre la que está en mejor disposición para darlo todo por los otros, no sólo en lo material, también en lo moral, en sacrificio, en lo que sea.. Otras veces es el padre, que después de muchas horas de trabajo sólo lleva en su pensamiento qué ofrecer a los suyos para que no carezcan de nada

La generosidad puede ser, y a veces, lo es un “parche” necesario de una sociedad en evolución, ya que si justicia hubiere la generosidad estaría demás.

 

SALOMÉ MOLTÓ, Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA           


Desde la soledad de París, Graciela Brizuela, San Miguel deTucumán, Argentina

 



Desde la soledad de París

 

     " Cada vez iré sintiendo 

        menos y recordando

        más..."

                      J. Cortázar


Solo, en París estoy,

frente a un café que se enfría,

añorando las tardes, las calles,

tus ojos de espera, 

allá en Buenos Aires.

Amontono tus palabras en los recuerdos

y acumulo estas tristezas

sin esperas, sin mañanas

buscando preguntas,

adivinando ausencias

sin acordar el olvido

de tu suave piel que mojas...

en el cielo de París la lluvia

también cae muy sola.

Quizás el tiempo detenga las alas,

el vuelo se vuelva silencio

y aprisione también las horas,

o quizás escape por las veredas

la melancolía de los patios

con malvones

cruzando zaguanes, cerrando puertas,

besando tu boca y no otras

y encontrar el cielo de tu mirada

en la magia de una rayuela.

Del libro Más Allá del Instante

 

Graciela Brizuela, San Miguel deTucumán, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TROVAS POR LA AMISTAD, LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 









TROVAS POR LA AMISTAD


Dos caras tiene el destino
como la efigie de Jano.
Dos cruces tiene el camino
para encontrar al hermano.

Celebremos este día
amigos hijos del alma
con mucha fe y alegría
dándonos consuelo y calma.

 

Ofrezco un montón de versos/
y mi musa de quebranto/
para espíritus conversos/
que los alumbre de encanto.

Gracias Espíritu Santo
por tu magnífico amor,
porque el Rayo de tu encanto
me infunde eterno candor.

Antes soñé que dormía.
Y en el sueño tú me amabas
Mientras tanto tú decías
esas mágicas palabras.

La brisa lleva la esencia
de los azahares en flor...
Ojalá que su presencia
te cuente sobre mi amor...

 

LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


MATAR A UN INOCENTE, Ángel Medina, Málaga, España

 



MATAR A UN INOCENTE     

 

“Non invenio in eo culpam”

 

No encontró culpa, y sin embargo lo mandó ajusticiar de manera ignominiosa.

Hace algún tiempo se comentó en un periódico norteamericano la noticia de que un grupo de israelitas pretendía revisar el proceso al que fue sometido Jesucristo. Un procedimiento plagado de fallos y en el cual, el reo fue ajusticiado sin condena. Aquello quedó finalmente en aguas de borrajas, pero si se hubiese celebrado ante un tribunal legalmente constituido, sin duda el fallo habría sido absolutorio. Aquella causa adoleció de garantías legales. También de autoridad competente y defensa. Estaba claro que lo que de antemano se pretendía era ajusticiarlo como fuese.

 

Leonardo Castellani, jesuita, hondo pensador, teólogo y poeta, apartado de la Compañía y posteriormente readmitido, prolífico escritor, citando al S.J Luis de Palma en su obra clásica “Historia de la Pasión” reseña en su “El evangelio de Jesucristo” una cantidad de ilegalidades de tal magnitud, que si se hubiesen tenido en cuenta habría necesariamente concluido el veredicto con el resultado de nulidad por las irregularidades jurídicas que contenía.

El Sanedrín o Tribunal Supremo se reunió durante el tiempo de la Pascua, cosa que no le estaba permitido. Asimismo, se reunieron testigos contradictorios y el reo no tuvo defensor, tomándose una respuesta suya como prueba, convirtiéndose el juez en fiscal. La resolución del Sanedrín no se dio por votación y se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal que debía darse entre la audición y la sentencia.  El acusado fue diferido a la autoridad romana, que los judíos no reconocían como legítima y que no entendía jurisdiccionalmente de delitos de índole religiosa, con lo cual, la acusación de “Éste se ha hecho Dios y deberá morir por ello”, no era un delito ante aquel tribunal. Ni siquiera el delito que promovieron después para acusarlo, alegando que conspiraba contra el César era pasible de crucifixión; es más, tampoco de muerte, como sí lo era el de sedición a mano armada, algo que manifiestamente no hizo Cristo y sí Barrabás. En suma, Pilatos no profirió una sentencia oficial, diciendo: “Ibis ad cruce”, sino que dijo “Haced lo que queráis con él”, cosa que de manera alguna puede hacer un juez, porque es abdicar de su oficio.

Así, más tarde, no hallando culpa se los entregó diciendo “Non invenio in eo culpam” y lo mandó al patíbulo, una suerte de muerte de extremada crueldad, siendo ultrajado y apaleado antes de ser colgado del madero, hasta que el peso de los tormentos, y desgarrándose el cuerpo en la cruz acababa por sobrevenir la muerte por asfixia.

Sus palabras como enjuiciador proclamaron la inocencia, pero como mandatario sucumbió al temor de una revuelta.

¿Qué fue lo que pasó por la cabeza de Pilatos para que la historia fuese cómo fue?

La recta conciencia del hombre tiende a la justicia. Sólo el malvado disfruta haciendo el mal. Y por lo general, en aras a satisfacer sus propios intereses. Pilatos era un político y disfrutaba del privilegio del poder. Pero el poder tiene un precio: la sumisión. Quien quiera salir en la foto no tiene que moverse. Y al Procónsul trataron de moverle la silla los que mangoneaban la Ley echándole sobre sus hombros la responsabilidad de una revuelta. Si actuaba según derecho, ajustándose no sólo al derecho romano, del cual era representante, habría de ponerlo en libertad­ (no es necesario insistir en lo anteriormente dicho acerca de la ilegalidad del procedimiento y él lo reconoció así). Era eso lo que barruntaba en su interior, e incluso tuvo el apoyo de su mujer, Claudia Prócula. Mas, ante el giro de acusación de ser rey, y por tanto enemigo del César, debió de pensárselo.

El historiador Flavio Josefo nos dice que el gobernador mantenía una antigua relación con Sejano, amigo del emperador, que acabó siendo ejecutado ante la sospecha de conspirar contra él, temiendo, pues, enemistarse con Tiberio, alarmado no solo por su carrera, sino incluso por su vida.

Hasta aquí la situación de la Historia. Ahora, la moraleja.

¿Hasta qué punto llevamos un Pilato dentro de cada uno? Porque, en esencia, lo hasta aquí dicho acerca del personaje se concreta en la tibieza y el miedo.

El tibio es el indeciso. El hombre que se queda atrapado en la duda. Mejor dicho, en la indecisión. Sabe qué debe hacer, `pero vacila. No avanza. Se detiene y es incapaz de tomar una decisión. Y mientras, los que procuran hacerse con su voluntad se mantienen en su demanda, gritando ¡Hazlo! ¡Si no, atente a las consecuencias! Entonces, siente la amenaza de aquello que le provoca escuchar los cantos de sirena que se le ofrecen en las mundanas tentaciones: dinero, prestigio, poder y hedonismo. Todo puedes perderlo. Todo a cambio de una “minucia”: desentenderse de su deber. ¿Cuántos han de caer? ¡Qué más da! ¡Tú, piensa en ti, Poncio!  

Hoy día se siguen dando en nuestra sociedad situaciones en las que se ejecuta a inocentes sin derecho a defensa alguna. No hace falta recordar la condena a Sócrates ni a Miguel Servet. Haber, hay muchas más. Pero todavía es mucho más injusta la inhibición de mirar hacia otra parte cuando la víctima no es un uno, sino legión, a sabiendas que es totalmente imposible hacer recaer sobre ellos culpa alguna. Y para mayor injusticia, exonerando al culpable.  ¡Y encima, hablan de derechos! Conviene traer a colación las palabras del historiador Huizinga, cuando dice” Curioso es el sentir de todo un pueblo al estimar que una acción intrínsecamente perversa puede convertirse en buena, porque una mayoría así lo quiera”.

¿Cuántos millones de no nacidos son condenados a muerte cada año? Un holocausto cuya recompensa es ofrecer que prive el hedonismo a la vida, brindando una cultura de muerte. A cambio, el Pilato político espera recibir la recompensa del voto, mientras que la sociedad mira hacia otra parte. Al grito de “¡Crucifícalo!” del populacho, se consuma el genocidio. Indiferencia y miedo, anulándose la responsabilidad que se contrae y que conlleva a responder de aquello que libremente se hace. Cuando la sociedad recupere el sentido de humanidad y justicia podrá revisar las leyes permisivas. Entonces, ¿cuál será el veredicto? O más aún, ¿cómo devolver la vida a aquellos inocentes a los que se les privó de ella?

¿Y yo, hacia dónde miro…?

 

·       Ángel Medina, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

       

Blog <autor:    https://www.facebook.com/novelapoesiayensayo

Últimas publicaciones

https://www.amazon.es/Vaticano-III-Rustica-ANGEL-MEDINA/dp/8416611912

https://www.amazon.es/EL-HOMBRE-QUE-PENSABA-MISMO-ebook/dp/B0859M82YW