Bienvenidos

sábado, 27 de marzo de 2021

Cumpleaños, Ángel González, Buenos Aires, Argentina

 









Cumpleaños

 

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

 

(1925 - 2008)

©ÁNGEL GONZÁLEZ, Buenos Aires, Argentina

Taller Literario / Carlos Penelas / Poema de Ángel González--
www.carlospenelas.com

sábado, 20 de marzo de 2021

JACK THE RIPPER, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 








JACK THE RIPPER

 

Soy fino, pulcro y muy ordenado.

Visto de oscuro y salgo los martes.

Sólo Picasso me ha interpretado:

yo a las mujeres las quiero en partes.

 

Mi gran orgullo es mi maestría

(que no se dio por casualidad ).

Yo fui ayudante de anatomía.

¡Lo mejorcito en la Facultad!

 

Por lo que sigue no se me asuste.

Soy Jack the Ripper pa´ lo que guste.

Ya pasó un siglo y de cuando en cuando

 

si vuelvo al yeite de destripar,

es porque busco seguir zafando

y hacerle un corte a la Scotland Yard.

 

Soy fino, pulcro y muy ordenado.

Visto de oscuro y salgo los martes.

Sólo Picasso me ha interpretado:

yo a las mujeres las quiero en partes.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Musicalizado y grabado por Daniel Melingo,

https://www.youtube.com/watch?v=3O864ApFjvI

 https://youtu.be/3O864ApFjvI

 

 


Convivencia, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 






Imagen de: otrasvoceseneducacion.org


Convivencia

 Crear conciencia ¿De qué? se dirán muchos, del bien y del mal, se suele responder; dos conceptos inequívocos, pero ¿qué es el bien y qué el mal?

Seguro que podemos encontrar infinidad de personas, que lo que unas consideran buenas, para otras no lo son y viceversa, pues eso, lo bueno no es forzosamente el bien. Si agrupamos los conceptos, tenemos que lo bueno es lo que me gusta, lo que me da placer y satisfacción y lo que me causa dolor y frustración es lo malo. Adentrándonos en el tema la cosa no está tan clara, porque si analizamos el sadomasoquismo, vemos como el marqués de Sade, nos dice sentir placer a través del dolor ¿o era ya la sinrazón y la locura?

Han pasado muchos años y nos preguntamos si al día de hoy cuando ya gozamos de una plena “democracia”, (queda entre comillas, expresando duda), hemos avanzado cultural y técnicamente, si todos estos avances han mejorado nuestra existencia, nuestra vida cotidiana. Aquella noticia de “la ballena azul” que pienso que las autoridades habrán mediado ante tamaña aberración y hoy nos volvemos a sorprender al ver a unos muchachos que se echan cubos de agua hirviendo ¿cómo es esa gente? En realidad, esa juventud ¿es el caldo de cultivo para crear fanáticos de toda grey?

Los acontecimientos ocurridos en Barcelona últimamente, nos hacen abrigar una gran preocupación y por supuesto desencanto, ahora no hacen más que acusarse mutuamente los dos gobiernos y nadie responde a las preguntas que creo importantes de quién finanza a los terroristas, cómo se forman para llegar a estos extremos. Supongo que los padres llevaran a las mezquitas a sus hijos y escucharan igualmente los discursos radicales y ¿no interfieren cara al orador?

Una democracia responderá siempre a los tres conceptos que ya la revolución francesa puso en marcha: Liberté, empezando la tuya al término de la mía, Fraternité, “autant que possible” como dicen los franceses a lo que yo añadiría, y Egalité, con el máximo respeto a las diferencias que nos asisten y que tenemos que respetar con gran voluntad. La convivencia es un gran valor que nos incumbe a todos.


©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA                    

 

 


PERDURABLE Y DESLUMBRANTE, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala C.A.

 










Imagen de: Wix.com


PERDURABLE Y DESLUMBRANTE

Soneto épico

 

A: Mi musa y maestra
Amparito de León Barrios
En su noveno mes de
partida a su casa Celestial
19 Junio-19 marzo 202l

 

Ay tormenta de flores en mi pecho

marcado va, tu antes, y mi después

aun no puedo arreglarte mis buqués

celebro tu cumpleaños, arrecho.

.

Supiste, a tus sueños sacar provecho

que deslumbran, estés en donde estés,

afligido no indago los porqués

la misericordia todo lo ha hecho.

.

Mi lobreguez renace diariamente,

cada festejo tuyo, es poesía,

desnuda mi pena, aviva mi mente.

.

Te deseo, cuando me llegue el día

tu purga, cual garúa pertinente

ya el rezo, alivie en cada Ave María.

.

.

La  espiritualidad que concibiere

Señalan, hoyuelos en su mejilla

revelan dulzura,  mujer sencilla

que  la  franciscana entrega prefiere.

.

La vida es, perdurable cuando muere

bajo la sombra del ciprés  aun brilla

lo puro, en tu risa me maravilla,

y deslumbra a todo el que bien te quiere.

.

Le pido a Dios la calma que no tengo

desliz humano, a mi virtud impide,

por no ver su fosa, llorando vengo.

.

Destrozado, no pidan que la olvide

se fue con Dios sin mi fúnebre arenga,

digo si a Su laudo, solo Él decide.

 

 

 Buqués: Ramitos de flores.

Lobreguez: Mi sombra

Garúa: Llovizna

Arenga: Discurso, oratoria.

Laudo: Decisión, voluntad.

 

©RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO, poeta y escritor guatemalteco

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano. OFS

Guatemala, C. A.

 


YO, JOB, Ángel Medina, Málaga, España

 











Imagen del autor


YO, JOB                                     

(Ensayo)

 

“Del Océano inmenso es entregada la gota, y volatilizada por el sol viene a caer en la tierra para acrisolarse, trasladándola el río nuevamente al mar del cual procede”.  

Por brutal que sea lo que me muestran los ojos, permanezca la ilusión en mi mirada. Me aferro a aquello que no pudiendo demostrar, sin embargo, presiento. Pues, existen en el hombre dos percepciones: la que entra por la razón y la que se filtra a través de la sensibilidad.

Recibí una educación basada en dos pilares. Uno, la triple contemplación del poeta: nacer para vivir, vivir para morir, morir para la vida, lo cual viene a exigir la entrega de la confianza, sin apartar la vista de la materialidad. El otro, procurar para los demás lo que para mí pudiera desear. Decálogo primero.

En tanto todo es provechoso puede sentirse la bendición que viene de lo alto, pues, ¿no ha de proceder todo bien del que a todo dio la existencia? Mas, cuando esto medito llueve sobre el universo de mis neuronas lo que está inscrito en el reverso de la moneda de la realidad ¿Y qué decir del sufrimiento? Siendo que, de la fuente del mal brotan tres caños que vienen derramarse sobre el bienestar, los sentimientos o dolor psíquico y la salud o mal físico.

Entonces, contemplando el prólogo del libro del protomártir tengo la impresión de que las letras escritas pretenden alzarse y escapar del papel ante la propuesta provocadora del tentador, retando a que le sea permitido poner su mano en el hombre a fin de probarlo en el infortunio.

“¡Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes! ¡Toca sus huesos y su carne; verás si no te maldice a la cara!” 

Pensamientos infaustos, aunque no me afectasen. Tenía yo familia. Tenía posición. Tenía amigos. Tenía vitalidad. Asimismo, era dueño de una inteligencia preclara que me permitía razonar hasta el límite de lo razonable, sin abismarme en el pensamiento, además de ser criatura crédula, con lo cual vivía sin el temor al incierto porvenir que se sitúa al borde del filo de la navaja, entre la vida y el fin. No obstante, reconozco que cuando lo que se tiene se pierde, y peor aún, la salud se quiebra como una caña cascada, el hombre puede preguntarse acerca de la razón de su existir, preñando el juicio la vacilación ante lo desconocido.

Un día todo cambió para mí. Las fichas de dominó que se sostenían unas a otras empezaron a caer en cascada. El estornudo en Norteamérica acarreó la pulmonía económica al resto del mundo, derrumbándose la bolsa de la noche a la mañana, y yo encontré la ruina. Entonces, invoqué al cielo y me propuse comenzar nuevamente desde cero. Aquellos que me halagaban y vivían a mi costa, al no tener con qué agasajarlos fueron abandonando el barco, como las ratas que me demostraron ser. Supe rearmarme en la confianza y aceptarlo con resignación.

Mi mujer sufrió un infarto cerebral y vino a quedar postrada en un sillón de ruedas, falleciendo pocos meses después. Mi espíritu se tornó gacho por primera vez, sin ánimo para levantar la mirada arriba. La vida me reservaba nuevos infortunios. Esta vez fueron mis hijos. Cinco hermosas criaturas que perecieron en un accidente de carretera. A la sazón, me pregunté: ¿Por qué yo? Por vez primera, desbordado por la situación me rebelé contra la fatalidad, interpelándome del porqué de aquellos males.

¡Ahimé, hombre, insignificante gusano que has de reptar por una orografía plagada de dolor para tu subsistencia! Y es que cuando el mal se ceba en el cuerpo corruptible, se hace pesada el alma, asomando la desconfianza hacia todo aquello que se ha creído fielmente hasta entonces.

No habían terminado ahí mis desventuras. Me desperté sin recordar qué me había pasado. Me encontraba en la cama de un hospital, y me dijeron que semanas atrás había sido atropellado por un tren, teniéndoseme que amputar brazos y piernas. Y no concluyó aquí mi viacrucis, pues, una infección afectó mis ojos, oídos y garganta y hubieron de extirparme los órganos, quedando reducido a un “no-hombre”. A “algo” encerrado en su propia cárcel, sin posibilidad de comunicarse ni moverse.  Para mi desgracia, lo único que permanecía intacta era la testa, con lo cual era consciente de cada instante de mi existir. Y en ese estado, los pajarracos más siniestros iban y venían picoteando la pureza de mi credulidad.

Se me antojaba ser la moderna versión de Job. Una pregunta comenzó a flotar en la niebla que me rodeaba. ¿Por qué existe el mal, si todo ha de proceder del bien? Y a esto, añadíale: ¿Qué sentido tiene la vida, si el hombre ha sido arrojado a ella sin contarse con él, debiendo experimentar los tormentos más crueles? ¿No ha de haber alguna razón superior que   pueda responder? Yo había sido probado con dureza. De la felicidad a la nada, sólo un paso. Había sido despojado de mi fortuna; de los seres queridos, derrumbándose mi mundo emocional. Y finalmente desposeído incluso de la representación del cuerpo. ¿Qué quedaba, pues, de mí?

Sólo podía hacer una cosa: meditar. Las razones del viejo Epicuro me asaltaban de continuo. Si no puede evitar el mal es porque no ha de ser omnipotente. Y si lo ha creado, es porque no es bueno. Contradicción. Mas, ¿Qué argumentar contra esto? Una cosa es la entrega confiada de la fe, y otra la conciliación de la inteligencia con la esperanza. Todo lo cual ha de pasar por el filtro del hombre que se piensa. Y como no tenía la posibilidad de esconderme del raciocinio, empecé a creer que me invadiría la locura. Pero, por más que rumiaba estas ideas para regurgitarlas y hacérmelas entender, la empresa era vana. De repente, una tímida lucecita se adentró en mi ignorancia. El camino emprendido no era el correcto.

Debía abandonar mis cavilaciones trascendentes y partir de la inmanencia humana. Yo mismo. ¿Quién soy? A lo que me respondí: un hombre. ¿Y qué es un hombre? Un ser que ha de moverse entre el bien y el mal. ¿Y por qué no ha sido creado― para evitársele el sufrimiento― de otra manera, por ejemplo, como un ser angélico que se ve forzado a tender hacia la armonía y la perfección? ¿O también, por así decirlo, nacer programado hacia la mansedumbre y la clemencia, a modo de una computadora, de tal forma que únicamente puede actuar ejecutando el programa que se le ha introducido?

Vueltas y más vueltas al meollo. Y un nuevo destello que vino a abrirse camino en mi oscuridad.

¿Puede un hombre serlo sin albedrío? Ciertamente, no. De lo contrario, carecería de libertad. Por eso, el trigo y la cizaña crecen juntos; finalmente serán separados, y uno se convertirán en gavilla para el granero y el otro arrojado a la lumbre. Luego―me dije― el mal ha sido puesto para poder decidirse libremente qué camino seguir. Decidir desde la emancipación.

Pero, todavía me quedaba algo para completar mi puzzle mental. Respondiendo a Epicuro, entendí por qué del bien absoluto puede brotar alguna suerte del mal. E incluso constituirse en algún momento en caos en la creación, ya que todo se rige por una única Ley que obedece a la suprema libertad, encaminado todo a un fin.

Exprimí las neuronas tanto como pude. Y finalmente conseguí― al menos para mí―encajar la pieza que restaba. Sí. Era la pregunta del para qué se nace, a pesar del calvario del mundo. Y entiendo que me alivió reparar en la respuesta.

Si lo que no es no puede darse existencia a sí mismo, y el hombre “es”, habré de admitir que esa existencia le ha sido dada. Como el azar no responde a nada, ha de haber, pues, una causa eficiente. Esto es, no necesitada y sí necesaria. Pero―nueva interpelación― si es eficiente, ¿para qué crea al hombre? ¿Cuál es la razón? Y exprimiendo la sesera, sólo conseguí entender de una cosa: el amor. Porque el amor no se retiene, sino que se comunica gratuitamente. Es puro don. Todo lo que procede de él es dádiva. Creacionismo por puro amor que comparte lo que es. Con una única condición, y de ahí la libertad, que es la de aceptarlo libremente aquél al que se le ofrece.

Por eso―concluyo aquí―razono y me hago entender que la existencia es dada para vivirse más allá de la muerte. La vida es tránsito para la elección. El sufrimiento, el precio de la libertad, y, en consecuencia, el mal que aflige al hombre será superado. Yo, a pesar de mi Getsemaní, en esa esperanza deposito el sudor de la sangre que dejo en el camino. Y como aquel doliente que encarna todo padecer, decir, desde mi postración ―que en cualquier caso puede ser la de todo hombre― aquello de:” Mi aliento se ha agotado, se apagaron mis días; sólo me queda el cementerio” (Jb 17).  Aquí remata el razonamiento humano. Pero, más allá, entiendo el por qué, y hago mío lo que me invita y reta a la confianza: “Los sufrimientos presentes no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rm 8,18).

Por analogía, me hago entender que el Océano es el Misterio. La gota, el hombre. El sol la vida. La tierra el tiempo. El dolor su purificación. El río el barquero Caronte que la traslada a la fuente de la que procede para integrarla de nuevo a lo infinito.

 

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

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LA MAGIA DEL CAMBIO, Lola Benítez Molina, Málaga, España

 







Imagen de: Televen.com


LA MAGIA DEL CAMBIO

 

Hace escasos días leí la siguiente reflexión del periodista David Cantero sobre la libertad de expresión en nuestro país: “No nos falta la libertad de expresión, lo que realmente escasea es el sentido común y la educación y la cultura y la sensatez y la decencia y la sensibilidad y el respeto y la responsabilidad y la dignidad y la humildad y la coherencia… No sé a dónde va el mundo al que trajimos a nuestros hijos, y eso da mucho miedo…” Me sentí tremendamente identificada con su preocupación y comprendí el alcance de sus palabras. Está totalmente en lo cierto. Se puede ejercer la libertad de expresión, pero una máxima debería ser “no faltar el respeto a nadie”. La sinrazón no conduce a nada positivo, pero en nuestras manos está buscar soluciones haciendo uso de esa coherencia.

            Hemos experimentado, con las circunstancias actuales, cómo puede cambiar todo en segundos, lo que nos hace comprobar la vulnerabilidad del ser humano. Las metas o sueños forjados se ven alterados porque nada es como anhelamos. Sin embargo, la conocida frase: “No hay mal que cien años dure” nos aferra a la superficie de salvación, ante el naufragio aparente. Es la magia del cambio, también, la que nos hace avanzar y vislumbrar, en el lejano horizonte, las luces de que a buen puerto avanzamos. Que no decaigan las fuerzas que, con esperanza, el cambio llegará y tocaremos la tierra, llenos de gozo, tras habernos encontrado perdidos en nuestro propio interior. Ardua lucha que habrá merecido la pena, pues volveremos a sentir la mano amiga que nos abraza y besa sin temor. Todo lo inefable quedará atrás para mostrarnos que, en nuestro mundo real, que palpamos y sentimos, vale la pena vivir. Ese cambio será mágico y nos hará despertar del yugo que nos somete. Radiantes saldremos una vez más, triunfantes, por haber ganado la partida al enemigo infatigable. El cansancio y la espera habrán merecido la pena en el camino para nuestra propia redención.

            A ese enemigo invisible venceremos. Que no decaiga el ánimo. La alegría volverá a reinar en las profundidades y el letargo de los naufragios hará latir el corazón con la intensidad y la fuerza que lo hace en un niño, que aún no ha conocido lo que significa la palabra “incertidumbre”. Derrotaremos al pesimismo aferrados a quien todo lo puede.

            Hace falta coherencia y creer que se puede conseguir lo propuesto con tesón y sin faltar a ese respeto y dignidad que cada uno merece.

            Para Sócrates “el secreto del cambio es enfocar toda tu energía, no en la lucha contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo”.

 

©LOLA BENÍTEZ MOLINA, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


GLORIA DE LA PAZ, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 








Imagen de: lafuente.org


GLORIA DE LA PAZ

 

"Colisiona el límite

fatal de la poesía

y el cristal se rompe,

derramando la vid.

Mi sueño permanece"

                     Norberto Pannone

__________________

 

Estamos en comunión.

Celebrando el misterio.

La alegría de la unión

Sin el yugo del imperio.

 

Alegría te ha librado

De ese lazo frío y serio

y conciencia otorgado:

Nunca más un cautiverio.

 

Canto, río, juego, sueño

por tu sonrisa que pura

en la cruz de mutuo empeño

Es la fe que el alma jura.

 

Ya la presencia aparta

La neblina de la historia.

Antes que el cielo se parta

Triunfo de Paz trae Gloria.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA