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sábado, 14 de marzo de 2026

VEAMOS EL JUEGO DE LOS GAUCHOS - LA TABA - César Tamborini Duca - León España

 



VEAMOS EL JUEGO DE LOS GAUCHOS

La descripción del gaucho fue realizada en el parágrafo correspondiente https://pampeandoytangueando.com/pampeando/el-gaucho/ por lo que sería reiterativo efectuar en este lugar una reseña del personaje. Sí en cambio podemos detallar el aspecto lúdico, el de los juegos que practicaban cuando las duras tareas campestres le dejaban un tiempo libre. Así, era habitual jugar a la taba como complemento final a la ardua tarea de marcar animales (yerra). Jugar a los naipes, preferentemente el truco casi en cualquier circunstancia: dentro del mismo rancho acompañados del infaltable mate, a la sombra de un árbol, debajo del piso de las carretas en los polvorientos caminos pampeanos, en la pulpería acompañados por la ginebra o la caña, en los galpones de maquinarias y herramientas. Realizar ese ejercicio llamado visteo para cuando las circunstancias hicieran necesario llevar la mano al cinto para ‘pelar el facón’ en un duelo criollo. No podían faltar juegos en los que participaran caballos, pudiendo remarcarse 3 de ellos: las cuadreras, las carreras de sortija, y el pato; la mencionada en primer término ya ocupa un capítulo propio en pampeando y a él nos remitimos.

1)    TABA

La taba es un antiquísimo juego que ya practicaban los griegos y llegó a América de la mano de los españoles, jugándose predominantemente en la Argentina y la República Oriental del Uruguay, aunque también se practica en algunas regiones de Chile, Paraguay y sur de Brasil. Con las características especiales que le imprimieron los gauchos, claro.

Para el juego se utiliza un hueso de las extremidades posteriores del vacuno, el astrágalo, conocido comúnmente como “garrón”. En el patio de un rancho criollo de tierra apisonada regada previamente, se delimita una cancha de aproximadamente 2 metros de ancho, en cuyos extremos se trazan dos líneas a 6 o7 metros de distancia una de otra; cada jugador se ubica detrás de una de ellas, enfrentados entre sí. Al tirar la taba ésta debe sobrepasar la línea marcada, pero si no lo hace o la taba cae de costado se repite la jugada.

   








Taba en posición de suerte

Una cara del hueso tiene una depresión y en ésta cara la plancha de metal o calza que la recubre sobresale en un extremo aproximadamente 1 cm, siendo filosa. La otra cara es más lisa y la calza termina en el mismo perímetro del hueso; cuando ésta cara queda hacia arriba es suerte y gana la apuesta el que la tiró, como así también los que ‘de afuera’ apostaron por él, mientras los que coparon la apuesta pierden.

A la inversa si queda arriba la otra cara que se llama culo, pierde el jugador que la hizo caer en esa posición y los que apostaron por él. El jugador pierde su turno y participa otro.



       





Taba en posición culo.

Cuando la taba cae de modo tal que queda oblicua porque la parte mencionada con filo (o hacha) se incrusta en la tierra quedando la suerte hacia arriba se llama clavada: gana el jugador que realizó el tiro y los que apostaron por él, pudiendo cobrar el doble si así se estipuló previamente.

 Taba en posición clavada. La parte inferior, con filo, se clava en la tierra manteniéndola en esta posición.

Apuestas: puede haber un juez, llamado canchero, que controla las apuestas. Éstas se realizan de viva voz, poniendo el dinero en el suelo a un costado de la cancha, apoyando algún cascote sobre los billetes, tanto de unos como de otros apostadores.

Taba culera: se denomina así aquella que está cargada y que tirada por el jugador hábil y tramposo que la conoce resulta suerte, mientras que cuando la tira el contrincante resultará culo.

 

CÉSAR J. TAMBORINI DUCA – León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Académico Correspondiente para León

Academia Nacional del Tango

Academia Porteña del Lunfardo


sábado, 7 de marzo de 2026

SE DESCOLGÓ EL SILENCIO - Olga Orozco - Toay, La Pampa, Argentina

 













SE DESCOLGÓ EL SILENCIO


Se descolgó el silencio
sus atroces membranas desplegadas como las de un murciélago anterior al diluvio,
su canto como el cuervo de la negación.
Tu boca ya no acierta su alimento.
Se te desencajaron las mandíbulas
igual que las mitades de una cápsula inepta para encerrar la almendra del destino.
Tu lengua es el Sahara retraído en penumbra.
Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y de rostros.
Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces modelos de este mundo.
Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se ahoga el tiempo.
Tu cuerpo es una rígida armadura sin nadie,
sin más peso que la luz que lo borra y lo amortaja en lágrimas.
Tus uñas desasidas de la inasible salvación
recorren desgarradoramente el reverso impensable,
el cordaje de un éxodo infinito en su acorde final.
Tu piel es una mancha de carbón sofocado que atraviesa la estera de los días.
Tu muerte fue tan sólo un pequeño rumor de mata que se arranca
y después ya no estabas.
Te desertó la tarde;
te arrojó como escoria a la otra orilla,
debajo de una mesa innominada, muda, extrañamente impenetrable,
allí, junto a los desamparados desperdicios,
los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el poniente,
que oscila, que se cae,
que se convierte en nube.



OLGA OROZCO – Toay, La Pampa, Argentina / 17 de marzo 1920 - 15 de agosto 1999

SUSPICACIA - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

CUESTAS - Rodolfo Leiro - Buenos Aires, Argentina

 










Imagen: Walltpappers.com

CUESTAS


Trepé sobre montañas desoladas,
anduve entre los cerros olvidados,
caminé mil senderos empinados
fui arteria de dunas extraviadas.

Sobre navas no siempre caminadas
brindé ritmo de cantos pergeñados;
en torrentes de ríos alocados
arrojé ciertas rimas depreciadas.

En las cumbres bravías, apresadas
entre vuelos de águilas soñadas
planté grito virtual de mi albedrío,

y al amparo de luces sosegadas
en lágrimas doloras derramadas
me vi como un otoño en el estío.



RODOLFO LEIRO – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y FUNDADOR DE ASOLAPO ARGENTINA

CANCION PARA UN SUEÑO EN LA NOCHE - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 
















CANCION PARA UN SUEÑO EN LA NOCHE


Vuelvo en la luz de la luna
para anidar en tu pelo.
Quiero ser plata que lame tu piel,
río y pedregal

Por la quietud del camino
se va alejando mi sueño
mientras me atrapa, otra vez,
la soledad.

Recuerdos que no han dormido
en el jergón del ayer;
noche de largas horas
y de tardo amanecer.



NORBERTO PANNONE
- Buenos Aires,  Argentina

APACIBLE MAÑANA EN EL HIMALAYA - Germain Droogenbroodt - España

 








APACIBLE MAÑANA EN EL HIMALAYA

Parece
como si la noche anterior
hubiera saciado toda sed
el día llega pleno de luz
y voces de pájaros
extraños al oído
a lo lejos
el sonido vacilante de una flauta
un rezo matinal
para Shiva, para Buda
o para cualquier otro dios
tan apacible parece esta mañana
como si después de tantos siglos
alcanzase la humanidad
finalmente la paz
finalmente tranquilidad.

de
“En la Corriente del tiempo, Meditaciones en el Himalaya”

GERMAIN DROOGENBROODTAltea, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


INFIERNO - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 







INFIERNO


Veremos, si podemos,
evitar la tragedia
del cada día,
de la incomprensión,
del egoísmo, del ego exacerbado.
Que con ello seguro, al infierno
no iremos…

El suave aire que llega
me hace ver a lo lejos
los rayos del sol
que pronto nos acariciaran
y mucha felicidad espero…
alcanzar.



SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

GAVIOTA - Adrián Néstor Escudero - Santa Fe, Argentina

 









GAVIOTA 


Ahora amanezco crispado de azul
Las plumas blancas recién estrenadas
Me alzan en vuelo sideral
Hacia el otro lado.

Dejo la alborada
Y me sumerjo
En el torrente arenoso de la vida
En busca de una miga de pan.
Pronto vendrá la tarde
Y el maná de los turistas y de los pescadores
Será más sabroso.

Simple vivir en simple vuelo
El mío.
Y mi destino de gaviota
Temblando en la pureza del aire
Pronto se irá como el día
E iré a confundirme
En las arenas sin nombre
De la blanca lejanía de una Luna ciega.


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDEROSanta Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



(*)Adrián Néstor Escudero (Santa Fe, Argentina), 04-01-2026.-

   Propalado el 04-01-2026 por vídeo grabación para el LXIIIº ENCUENTRO POÉTICO INTERNACIONAL Y PUENTE DE PALABRAS. Responsables: Prof. Ramón Pulido Rodríguez, de Ciempozuelos, Madrid – España y Prof. Gladys López Pianesi, de Rosario – Argentina). 

  Publicado el 10-01-2026 en el Blog “ASOCIACION LATINOAMERICANA DE POETAS, ESCRITORES Y ARTISTAS” (ASOLAPO) – Filial Argentina (Buenos Aires) – Presidente y Director de Organización Internacional: Norberto Pannone.

 Publicado el 22-01-2026 en el Magazin Virtual HOJAS DE PALABRAS Nº 166 – Año XIII - Enero 2026 (GRUPO CULTURAL AMIGOS DEL ARTE GRADA).


ENCUENTRO CON LA NADA - Favio Cevallos - Baigorria, Santa Fe, Argentina

 











ENCUENTRO CON LA NADA


El laberinto, la seda fina que el viento teje en el aire,
nuestros pasos dibujan huellas que el tiempo borra
con gotas de soledad frente al espejo que dejó de mirarnos.
Las sombras del pasado, semillas de un jardín que ya no florece
Mi otro yo camina sendas que el sueño sacrifica a la imagen,
memorias esquivas, humo en espiral que mi voz deshace
y el ojo cifra en arenas del reloj que llora lágrimas de cristal,
cada grano, ese instante del vacío que soslayamos.
La nada perdida en el laberinto que somos… inabarcables.
Un tapiz antiguo, la diadema inmaculada y el silencio
que aterroriza a las almas extranjeras en la patria del espíritu
la otra cara de la soledad del mar que en el náufrago emerge.
El patio viejo hablando en los ecos de las paredes dibujadas
por mi otro yo, mirando desde un pimpollo de rosa amarilla
esa historia inexplicable de la realidad esquiva
nutre con paciencia infinita la esperanza gratuita del instante
sus pétalos de estrellas que el abismo teme
la oquedad de su centro creando allí donde todo se anuda.
El miedo entre cercos se disuelve con la transparencia del día,
soledad ese puente que el viento ha derribado,
para que el pasado no nos robe el hoy de sueño y vigilia.
Aquel niño se emancipa de la sombra, entra en la flor y ve,
un río que se pierde en el mar y no encuentra su montaña perdida
mientras los vasos de sílice contienen la caída
la nada es el laberinto que inventamos sin saber cómo,
mi encuentro con la flor golpeó sobre el cuero del vacío
solo un recuerdo increado… y el tiempo nunca nos alcanzará.


FAVIO ANDRÉS CEBALLOS – Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL DÍA QUE MURIÓ BORGES - César Tamborini Duca - León, España

 




EL DÍA QUE MURIÓ BORGES

http://pampeandoytangueando.com/relatos-y-critica-literaria/el-dia-que-murio-borges-4/

Este es un relato en el que conviven la realidad y la fantasía, al más puro estilo del “realismo mágico”. Realidad representada en las personas del mismo Borges, del autor del relato y de su propia familia. La magia surge a través de los personajes ficticios creados por el mismo Borges en algunos de sus cuentos. Fue publicado como FINALISTA en el “XXIV Premio de Relatos Breves” del Diario de León, en el Suplemento “El Filandón” del 17 de mayo de 2009.

Vivía en ese entonces  en Parque Leloir, un bucólico sitio de las afueras de Buenos Aires donde así como la población escaseaba sobraban los metros de terreno en cada vivienda. En nuestra manzana sólo vivíamos en forma permanente 3 familias (las restantes viviendas se ocupaban los fines de semana o en el verano) con la inmensa felicidad de estar en contacto con la naturaleza y sintiéndonos libres luego de la jornada laboral para disfrutar plenamente el ocio que un lugar así nos deparaba. Ocio matizado con las tareas de jardinería o la lectura, que es una de mis pasiones: en los anaqueles de mi biblioteca se acumulaban y mezclaban Erich Fromm, Ortega y Gasset, Nietzche, Alexis Carrel, Cortázar, Emilio Mira y López, Jacques Maritain, Roberto Arlt, ¡Borges!. Tenía todas sus obras, hasta esos 3 pequeños libros de ensayo que había preterido: “Inquisiciones”, “El tamaño de mi esperanza” y “El idioma de los argentinos”, que últimamente hizo reeditar su viuda (pese a que él lo había prohibido). 

Debo confesar que hubo un cambio en la percepción de la realidad en mi vida desde el sábado 14 de junio de 1986, el día que murió Jorge Luis Borges en Ginebra.

Solía quedarme hasta tarde viendo la televisión mientras Patricia y Juan Manuel (mi mujer y mi hijo de 6 meses) dormían. Como a los 2 o 3 días de la muerte de Borges se borró la pantalla mientras inquietantes rayas la cruzaban en distinto sentido; luego se aclaró totalmente y apareció en letra catástrofe el título de una de sus poesías, “El General Quiroga va en coche al muere”. Luego una y otra vez se repite la escena en que una partida detiene un lujoso carri-coche tirado por cuatro briosos corceles. Por la ventanilla aparece la imagen de alguien con tupida barba, renegridos y centelleantes ojos, que con su mirada torva y vozarrón potente pregunta y reclama “¡qué significa esto!”; alguien (Santos Pérez) se acerca en su cabalgadura y le da su respuesta en forma de pistoletazo en el rostro que queda destrozado, y la figura de la ventana en el carruaje cae muerta. Este incidente se reproduce algunas noches y después todo vuelve a la normalidad.

Como a los 15 o 20 días ocurre algo similar, pero el titular reza “La viuda Ching, pirata” y aparece una armada de seis escuadrillas, cada una con banderas de distintos colores y en una, con una serpiente como distintivo, iba una mujer que aparentemente comandaba las acciones que sucedían posteriormente en la pantalla: el ataque a un convoy de mercancías, el abordaje de las naves, la muerte bajo una tempestad de espadas de  aquellos que resisten, la celebración con aguardiente y blasfemias. Como en el caso anterior se repetía una y otra vez y después de algunas noches desapareció.

Y luego aparece un nuevo título, “El proveedor de iniquidades Monk Eastman” y la imagen muestra sucesivamente los relucientes “Colt” en los puños de los hombres de su banda en la batalla con la banda rival de Paul Kelly bajo los arcos del “Elevated” en el Distrito de Rivington.

Cuando imaginé que todo había concluido, pensando que quizás se debía a una broma alucinada de alguien con los suficientes conocimientos técnicos y medios para interferir las transmisiones y emitir imágenes a su gusto, pues habían pasado ya un par de meses sin novedades, una noche que estaba ensimismado en la contemplación de la televisión en mi butaca preferida de la biblioteca, sucesos posteriores llevaron inquietud a mi ánimo. Y no era para menos pues esa noche vi descender de los anaqueles, desde el sector correspondiente a las obras de Borges, a 36 capitanes transportando en bandeja de plata e incrustaciones de jade la cabeza degollada de Kotsuké no Suké, penetraban en la pantalla de televisión y la transportaban hasta la tumba del Señor de la Torre de Ako.

No comenté nada a Patricia para no inquietarla pero la noche siguiente me encerré en la biblioteca provisto de una enorme hacha, pues presentía que algo grave estaba por suceder. Ya me vencía el sueño sentado en mi butaca, con los ojos entrecerrados, cuando percibí ruido. El primero en bajar de los anaqueles fue Bill Harrigan (Billy the Kid) con su cara de niño; no le tuve piedad y le sacudí un hachazo, pero como comprenderán, con estas apariciones eso no tiene ninguna efectividad, y además no se puede reescribir la historia y no era yo el destinado a acabar con la vida del legendario pistolero.

De modo que para aligerarme ante la previsible huída dejé el hacha a un lado y ahora sí que el pánico se aposentó en mi cuerpo pues desde los estantes bajaban en tropel Don Illán de Toledo y el déan de Santiago (aquel con su magia hacía aparecer y desaparecer una enorme espada toledana en su puño izquierdo); Hakim que sin sus cuatro velos mostraba su monstruosa cara leprosa; Francisco Real (el “Corralero”) y Rosendo Juárez (el “Pegador”) y entre ellos dos “La Lujanera”.

Cuando los vi acercarse amenazadores decidí que la velocidad de mis piernas era la mejor arma de que disponía para contrarrestar las nefastas intenciones que adivinaba en el rostro de los mentados personajes; el “Corralero”, con su enorme cicatriz marcándole el rostro y con su facón  amenazante tejiendo filigranas en el aire es el que me inspiraba mas temor, si cabe, que los demás (mas aún porque yo siempre creí y sostuve que a él lo mató Borges -locuras de juventud- y tal vez se quería vengar en mí).

Al correr tropecé con una mesita donde reposaba una lámpara de kerosene que encendía todas las noches para sentir mas acogedora la estancia; se derramó el líquido y el incendio comenzó voraz alimentado por el combustible material que ahí se hallaba. Lo último que alcancé a ver fue a los personajes trepando a los anaqueles, penetrando en los libros que serían luego pasto de las llamas. Recuerdo haber escuchado   alaridos sobrecogedores, pero no sé si en realidad era yo el que gritaba.

Cuando desperté en el hospital con quemaduras en todo el cuerpo, Patricia me anotició* que “sólo” se había quemado la biblioteca (y debo reconocer que ese “solo” que sabía a gloria dadas  las circunstancias, me resultaba por otra parte tremebundo pues había perdido algunas obras que me resultaron difíciles de encontrar, entre otras “La Tierra Cárdena”, de H.W.Hudson y un tomito que estaba siendo objeto de estudio, el “Manual de la Lengua Pampa” de Federico Barbará), y todavía tengo la duda si lo que aconteció fue tal como yo lo percibí, o estuve soñando antes del incendio o si fueron delirios de mi imaginación cuando estaba postrado y con fiebre alta en la cama del hospital.

Ahora, miro a través del ventanal con rejas y veo la gente que pasa caminando por la calle –según me dijo la enfermera se trata de la calle Vieytes**-  algunos apresurados, otros detienen su marcha y observan con curiosidad hacia el hospital; eso no lo entiendo, porqué se detienen a mirar con curiosidad. Y otra cosa que no entiendo es porqué me mantienen con esta camisa, atada con dos tiras por la espalda que me impiden el movimiento de mis brazos.


CÉSAR J. TAMBORINI DUCA – León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Académico Correspondiente para León

Academia Porteña del Lunfardo

*”anotició”: manera coloquial de expresarse el hombre de campo en la Argentina que resulta contradictoria, pues el prefijo “a” de raíz griega denota negación a la palabra a la cual va unida, por lo que etimológicamente significa “no dar la noticia”, cuando en realidad se está diciendo lo contrario.

**Vieytes: calle de Buenos Aires donde se encuentra el principal instituto para enfermos mentales de la Argentina.