Bienvenidos

domingo, 21 de diciembre de 2025

CONTAGIEMOS LA PAZ - Lola Benítez Molina - Málaga, España

 








CONTAGIEMOS LA PAZ

Ahora que es época de Navidad, 
de luces que se encienden, 
de reuniones de hermandad, 
para festejar el nacimiento del niño Jesús, 
es hora de comenzar a contagiar la paz, 
es hora de erradicar la maldad, 
de comenzar a ver una nueva mañana 
y así sembrar un mundo de esperanza. 
Unamos la alegría, 
contagiemos la paz 
y veremos germinar la semilla de la felicidad. 



LOLA BENÍTEZ MOLINA -
Málaga (España)

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 13 de diciembre de 2025

COPLAS DE VINO - Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina




 

 

 




COPLAS DE VINO

(cueca)

Vino que a mi copa vino
de tan hermoso parral,
miralo por el cristal,
mirá cómo me lo empino.

¿Que de qué nace el amor?
De un roce, de una mirada,
muchas veces de un error
y casi siempre de nada.

Yo fui como el picaflor
que pica a la flor volando
y hoy soy canario enjaulado
que se la pasa cantando.

Al separarnos los dos
fue mucho lo que sufrí.
Cuanto más lejos de vos
más contigo y más sin mí.

Vino que a mi copa vino
de tan hermoso parral,
miralo por el cristal,
mirá como me lo empino.


LUIS ALPOSTA
– Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

“COPLAS DE VINO” – cueca – Canta: Aldo Videla
https://www.youtube.com/watch?v=2ilhe_Otckc

LO FUGAZ - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 








Lo fugaz

Es el aire ligero, abandonado.

El alma sobre un cielo inmóvil

- donde fingimos la ventura -

con un viento insomne sumergido en la mar.

Y la llovizna en una tarde eminente

Buenos Aires, 12 de diciembre de 2025

CARLOS PENELASBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

PELOTA DE TRAPO - César Tamborini Duca - León, España

 












PELOTA DE TRAPO
 

Como “Pelusa” en bolsiyo usado
Te metiste a la hinchada futbolera,
Gambeteabas el hambre y la friolera
Con la alegría de un balón pausado.
Pensado para el pase al compañero
Con la pelota dirigida al hueco
-y el rival, parado, es un muñeco-
Cuando la pared da el rebote señero.
Hoy el fobal se debate triste
La pelota hoy no corre, no se viste
Por la alegre caricia de una mano;
esa mano de Dios, para un hermano,
que es el arco rival ya perforado
y por el ímpetu genial, muy contrariado.



CÉSAR J. TAMBORINI DUCA – León, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UN LUCERO Y TRES ESTRELLAS - Clotilde y Mirella Tinnirello - Rawson, Chubut, Argentina

 







UN LUCERO Y TRES ESTRELLAS.


-Tango de Buenos Aires
Letra: Clotilde Soriani Tinnirello
Música con IA: Mirella Tinnirello


Cuando la noche acontece
con los compases de un tango
cómo si fuera un milagro
amarrado al bandoneón
enamora el corazón
porteño de Buenos Aires.

La voz del Zorzal Criollo
con su garganta canora
en su esencia natural
está en el mundo encendida
con remembranzas y acordes
del rioplatense arrabal.

Las canciones atesoran
las melodías tangueras
que traspasaron fronteras
con su don atemporal,
Carlitos en su cantar
tiene el trino del zorzal.

Las guitarras armonizan
en el devenir del tiempo
al trío del instrumento
que acompañaba a Gardel,
ellas se fueron con él
al altar del firmamento.

En el podio de la gloria
el arte dejó grabado
un lucero y tres estrellas
con los laureles dorado
del talento irrepetible
en ingenio consagrado.

La voz del Zorzal Criollo
con su garganta canora
en su esencia natural
está en el mundo encendida,
con remembranzas y acordes
del rioplatense arrabal.


CLOTILDE Y MIRELLA TINNIRELLO
– Rawson, Chubut, Argentina
MIEMBROS HONORÍFICOS DE ASOLAPO ARGENTINA

AGNUS POPULI: CORDERO DEL PUEBLO - Favio Ceballos - Baigorria, Santa Fe, Argentina

 












AGNUS POPULI: CORDERO DEL PUEBLO


En campos de verde, ilusión temprana,
pacen los siervos bajo el sol dorado,
creyendo en pastos de eternal mañana,
sin ver el lazo que les han atado.

El pastor guía con voz melodiosa,
promete futuro mostrándose fiel,
mientras la sombra se hace más odiosa,
mientras les prepara un destino cruel.

Comen el pienso de la servidumbre,
nutren su fe con ciega devoción,
ignoran la fatal incertidumbre,
que les aguarda al fin de su sumisión.

Borregos mansos, de mirar sereno,
que adoran a su amo, pasión pastoril,
es vil religión su bondad veneno,
sofocan latido de sangre viril.

La esquila duele, mas ellos soportan,
piensan que es regalo por su bien obrar,
y esas cadenas que al cuello portan,
creen: son adornos que deben amar.

Mas llega el día, la hora postrera,
cuando el pastor revela su intención,
y el matadero, boca negra fiera,
devora los sueños pierden la razón.

Agnus Populi, triste su destino,
corderos ciegos de fatalidad,
son cómplices de un embuste mezquino,
en la eterna rueda de la crueldad.

¿Cuándo abrirán los ojos al engaño,
y romperán las cadenas del confiar?
¿Cuándo verán que su amo es el extraño,
y es el pastor quién los va a sacrificar?

Despiértate ya, dormido en el ego,
Mírate al espejo y ve el plan social
tus dientes de lobo disfraz de borrego
Esa es la mentira principio del mal.


FAVIO ANDRÉS CEBALLOS – Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UN JUGUETE ROTO EN EL BASURAL - Raúl González Tuñón - (1905-1974) - Buenos Aires, Argentina

 


 




UN JUGUETE ROTO EN EL BASURAL


Un poema está en el sueño. También fuera del sueño.
A veces está allí donde el poeta mira.
Y nada más poético que ese juguete roto
—extraña flor brotada a la intemperie—
que junto a los residuos de los inquilinatos
grises y fraternales
y la hierba menuda del baldío
recatado en el bosque de cemento
piensa cuando jugaba con él un dulce niño
que después fue soldado.

Nunca vuelven.
Y un poema está allí, donde no está el poeta.



RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN - Buenos Aires, Argentina

CUENTO MI EDAD - Gloria Nistal - Madrid, España

 









CUENTO MI EDAD


Por las expulsiones del paraíso,
Por los múltiples sueños
Incumplidos,
Estrellados contra el asfalto
De la realidad,
Que sonríe altiva y compasiva.

Las muescas en la culata
De mi historia
Son los fracasos obtenidos.
La herida de hoy es grande y profunda.

Cada año al dejar Galicia
Lloraba,
El día que dije adiós a Guinea
Una punzada certera
Me atravesó las vísceras.

Ahora, hoy, treinta y seis años después
De vivir veranos irresistiblemente sonrientes
Soy consciente de que el pasado,
Si pleno,
No debe cambiarse,
No debe olvidarse,
Aunque el presente vuele
Por otras atmósferas.

Volveré a las alturas de las aguas,

Volveré al verde fortuna y esperanza.
Aún no renuncio a la agitación del bosque.

Sigo, tantos años después,
Dibujando una sonrisa abierta
Ante los impagables soplos
De la felicidad afable y fugaz,
Tal vez inmerecida.



GLORIA NISTAL
– Madrid, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA... - Ángel González - España

 











ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA...


Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.



ÁNGEL GONZÁLEZ - España

Ángel González (Oviedo, 1925-Madrid 2008)
Con una obra poética que comenzó en 1956 con Áspero mundo, González fue miembro de la Real Academia Española y recibió –entre otros reconocimientos– el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996.

DOCTOR DE MUNDOS: EL REGRESO - Adrián Néstor Escudero - Santa Fe, Argentina

 




DOCTOR DE MUNDOS: EL REGRESO

      No había sido buena la bienvenida. De ahí la necesidad de provocar aquella lluvia para rasgar la burbuja molecular que precintaba la atmósfera, luego de fallar por enésima vez la comunicación con algún centro espacial o aeródromo del mundo.

Dedicó pues unos segundos a meditar sobre el hecho de no contactar con alguna otra nave, habiendo sido tan magnífica su lejana partida. Partida decorada por entonces por un cortejo zumbador de aviones de última generación, con los que Ellos habían saludado su histórico despegue con el Gran Cohete; Cohete al que íntimamente bautizaría como El Sillón de los Sueños.

      (…) Por entonces, el detalle le había parecido reconfortante. Además, la Estación de Lanzamiento le había brindado el emérito homenaje titulándolo, por ende, Abogado Cósmico, y logrando simular en un amplio espectro del espacio de lanzamiento, la bandera del Gobierno de Transición de la novísima Federación Estelar mediante el empleo de algorítmicas redes eléctricas satelitales. Un formidable trabajo de programación computarizada, unido a los efectos del disparador iónico de defensa.

      Dejó de pensar. Sus pies se ahogaban en el lodo amarronado del avanzado atardecer. A cinco minutos de la noche esperada y del Oso Polar. Comparó, sí, la sensación de este descenso con el de otros mundos, y no dudó en caracterizarlo como "extraño". Porque extraña era la sensación que lo había invadido, una especie de íntimo terror, de miedo a los desvaríos del desarraigo, como si en aquel instante hubiera sido el único e irrepetible ser humano del planeta...

      No estaba tan equivocado. La falla estaba en que el lugar de arribo se había prefijado, y nadie había venido a recibirlo. Sólo la tierra. La tierra lo recibió húmeda y llagada... La lluvia le cruzó el rostro amoratado y barbijo, y lo enredó como de lágrimas azules (despojos de un cielo enmascarado). Y la noche fue más negra y siniestra en el desierto aquél, que en todo el Universo. Sin estrellas. Tosió. Al cabo de cien (diez) años, tosió. Pesadas las manos y los pies, apretando el cuerpo contra el barro cenagoso…

      Recordó la pesadilla aquella donde había sido devorado por un Planeta al que había bajado en busca de agua. La similitud lo estremeció. ¿Qué buscaría en realidad?

      DON 'C - TRIFUS y VIEJO-LIDIUS habían llegado. Y algo buscaban. Algo buscaba.

      ¿Lo encontrarían o serían devorados por su propio Planeta? ¿Agua? Lluvia. ¿Lluvia? Sueños. ¿Sueños? Sueños. Todavía no lo sabía. Tenía que caminar. Y llegar a la ciudad. Y encontrar a la gente en la lluvia. Y hablar con ellos, pues de seguro tardaría en acostumbrarse a muchas cosas…

      Dejó de pensar. Tosió. No estaba tan equivocado. Miró hacia atrás. DON ' C cuidaría del cohete hasta que pudiera dar aviso y vinieran a buscarlo. Ahora bien, parte de su mente y de su cuerpo habían quedado atados también por un indescifrable circuito de sentimientos a la estrecha cabina que lo había cobijado durante el extenuante periplo. Entonces, como una horda de hormigas gigantes o de microbios sigilosos que corroen la vida de una vida, la melancolía se apoderó de él. Y sufrió. Y en una sola lágrima se deslizó, entre las demás gotas de lluvia, su incontrolable y súbita desesperanza... Es que sólo conocía las preguntas conocidas. Así, de pronto. Como antes de la Partida.

      Las respuestas habían quedado dentro del cohete y en el corazón metálico de DON' C., la I.A. que dirigía la nave… Las preguntas y las respuestas de Mercurio, Venus y la Tierra; Marte, Júpiter y Saturno; Urano, Neptuno y Plutón. Y las de cada Enviado, visible o invisible, que habitaba aquella delgada porción cósmica llamada Vía Láctea. Dos bolsos pendían de sus hombros. Desacostumbrado aún a la enérgica gravedad terrestre, sus primeros pasos fueron lentos, duros y torpes, como el de un autómata industrial. Un improvisado impermeable lo protegía del agua que caía y caía desde las cascadas relampagueantes que habían brotado con su reentrada térmica en el oxígeno estandarizado del mundo. El contorno fugaz de las figuras eléctricas que poblaban aquel cielo negro, lo cautivó, y detuvo su andar de huellas de botas de gigante para pronosticar una semana de continuo temporal. Luego, prosiguió su marcha pesada y aceitosa.

      Se lanzó hacia el este en busca de hogar. Una ciudad tan importante como la suya no podía estar a más de treinta kilómetros de donde se encontraba ahora, aunque algunas cosas habrían cambiado con seguridad. (Todavía no sabía ¡cuánto!). Además, confiaba en ser recogido por algún vehículo o encontrar alguna estación de aprovisionamiento o granja de luz encendida donde pernoctar. Así que,  en tanto la lluvia acompañaba sus pasos y jugaba con su barba de algas y cenizas,  y formaba anillos en la tierra con globos de cristal de adivinanzas,  y sus ojos trazaban la redondez del horizonte en tinieblas,  y volvía a sentir la pulsación reanimada de su cuerpo otra vez en su hábitat,  con las coyunturas doloridas por aquel avance rígido y moroso, Memo volvía a estar allí diciéndole: "Abuelo, regresa pronto", y su mano de astronauta escondiéndolo de  un golpe de ternura y magia en el regazo, porque cuatro años es bueno para soñar...

      "Abuelo, cuéntamelo". El cuento del viejo y del cohete. "¿Otra vez?". "Sí, otra vez, otra vez, abuelito, otra vez...". Y llovía, como ahora, ¿recuerdas? Como hoy. Ah, la lluvia; siempre ella. Marcando hechos y actitudes muy íntimas, purificando o ahogando la tierra, destruyendo o encendiendo los sueños, los sueños de la vida... Como ayer. Como hoy. Cuéntame ese cuento, Abuelo. El del viejo y el cohete. Claro, pequeño. Sí. Sí. (…) (…) Señor comandante, repórtese a chequeo final. Ya es la hora. Cinco minutos para el lanzamiento. ¿Lista la rampa? Bien. Todo bien. Tranquilos muchachos. Todo saldrá bien. Acompáñame, Memo. Vamos a las estrellas. Sí. Sí. Oficial, acérquelo después junto a sus padres. Adiós. Cuídense mucho. ¡Papá! No llores, hija. ¿No es mejor este tipo de partida? ¿Mirándonos a los ojos? ¿Conversando? La muerte también es un viaje, pero de ojos cerrados. Así es mejor. Yo me cuidaré. DON' C me cuidará. ¡Es el mejor de su clase! Ahora, Memo, escucha: "Había una vez un viejo y un... cohete”. (…)

      Cuando estuvo de vuelta, ya no era el mismo. Había llegado finalmente a la Ciudad. Y había visto "todo". Y a duras penas había conseguido volver al cohete sin ser atrapado. Estaban como locos. Estaban TODOS como extraviados. Los niños, los grandes y los viejos. Sin... ¿remedio?

      ¡DONC' C! ¡Tienes razón! Pero, ¿te sacrificarías, así, por nosotros? ¡Te llevaré como una Cruz por el desierto! ¡Y no me importará ¿Morirías, así, por nosotros? Amigo, oh amigo...

      “Ah, viejo, viejo perfecto y bondadoso. Es tu destino y el mío. No te preocupes por mí. Mas bien, llévate mi cerebro y los sueños que has almacenado en él. Yo viviré de otra forma. Y a ti te escucharán. Verás; finalmente lo harán... Todo comienzo, todo buen comienzo es el de unos pocos. Y empezarás de nuevo. No temas, por favor. Quizás seas un Elegido. Quizás Alguien te ha dispuesto para esto. Y pase lo que pase, que nada acobarde el intento. Llévate también mi corazón... Con él fabricarás un Sillón: puedes llamarlo… Sillón… Sillón de los Sueños, si te parece. Con él dotarás de vibraciones estelares a los hombres enfermos y los devolverás a la vida. Serás ahora y para tu propia gente, lo que fuiste para tanas especies cosmogónicas conocidas: un auténtico... Doctor de Mundos. Y nada será en vano. Aunque lo parezca… Ahora basta. Desármame. Tengo en mi consola las instrucciones que necesitas para ello. Pero antes, una cosa. Lubrica mis sentidos con una estupenda lata de “gameplás”. Estoy inspirado, y quiero grabar mi último suspiro en la memoria:

      “Claves de sol para la música / insondable del Misterio // Partes de un Dios de metal y fuego (en su vientre, Yo), / que no quema, pero alumbra. // Cálido en la vejez de mil estrellas, / Es espléndida la muerte bajo tus manos. // En tanto, pregunto, ¿qué o quién soy yo, sino apenas, un Computador que se desconecta… / (Como los hombres quebrados por la siega, y vueltos a nacer desde la tierra madre en festiva primavera) / y para… vida nueva a la existencia?”

      Y al segundo día, con su Sillón de los Sueños a cuestas, el Doctor de Mundos bajó del cohete, lo difumó antes con un haz de energía telequinética, y cruzó aquel ignoto desierto, regresando esta vez y para siempre a su terráqueo planeta -como el Abogado Cósmico que era-, más para enfrentarse a su ahora desconocido y trasvertido Mundo de los Hombres Clónicos.


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO - Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA