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sábado, 12 de abril de 2025

LUNA ROSA DE ABRIL - Clotilde Soriani Tinnirello - Mirella Tinnirello- Rawson, Chubut

 









LUNA ROSA DE ABRIL


El cielo en su magia luce
la floración de la flor
simbolizando el amor
que a la humanidad seduce.

Luna romántica, induce
con su rosado esplendor
el espiritual candor
que en el corazón produce.

Imagen inspiradora
luna rosa, luna llena,
sutil musa bienhechora.

Meliflua, es del Ser colmena,
con su dulzura enamora
cuando amores concatena.

¡Luna, lunita gentil,
perla rosada de abril!!!


Letra: CLOTILDE SORIANI TINNIRELLO-
Música con IA: MIRELLA TINNIRELLO-
Rawson- Chubut, Argentina

MIEMBROS DE HONOR DE ASOLAPO ARGENTINA


EL 21 DE JUNIO DE 1905 –EN PLENO SOLSTICIO DE VERANO– NACÍA EN PARÍS JEAN-PAUL SARTRE. Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 




EL 21 DE JUNIO DE 1905 –EN PLENO SOLSTICIO DE VERANO– NACÍA EN PARÍS JEAN-PAUL SARTRE.

Se están por cumplir 120 años de aquel acontecimiento. Falleció (también en París) el 15 de abril de 1980. Estamos próximos a los 45 años de ese acontecimiento. Tiene, entonces, sentido volver a su legado para extraer aquellas consideraciones filosóficas que siguen siendo de valía cuando estamos concluyendo la primera cuarta parte del siglo XXI.

Hay dos frases que –con sólo oírlas– ya recordamos que remiten directamente a Sartre. Son las conocidas: "Estamos condenados a ser libres." “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”.

La idea completa se encuentra en su obra El existencialismo es un humanismo (1946) donde explica: “(…) el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace.”

Aquí aparece un Sartre al cual puede entenderse como convencido de que cada una de las cosas que la persona hace es producto de su propia decisión. No habría elementos ajenos intervinientes y condicionantes. Ya veremos que, a sus 70 años pensaba diferente y hasta admitía una “destinación”, llamémosle.

EL NOBEL

También es recordado por haber rechazado el Premio Nobel de Literatura, que recibió en octubre de 1964 “por su obra que, rica en ideas y llena del espíritu de libertad y la búsqueda de la verdad, ha ejercido una influencia de gran alcance en nuestra época.”

Sartre afirmó toda su vida que un intelectual no debía poseer nada propio (siempre vivió en departamentos alquilados) y no aceptar premios de ninguna índole, pues estas cosas habrían de condicionar su libertad en la toma de decisiones.

En un primer momento, afirmó que no hay un destino preestablecido, y que somos libres para elegir nuestros caminos, así como crear nuestro propio significado en la vida.

Pero, ¿qué pensaba este filósofo cuando ya había cumplido los setenta años de edad? ¿Cómo entendía el proceso para que un humano pudiera ejercer esa libertad que lo llevara a convertirse en quién él mismo debía ser?

En los diálogos que dieron lugar al libro Autoretrato a los 70 años (Situaciones X) encontramos útiles datos al respecto. Sobre todo, para indagar en relación a su idea del concepto de “destino.” ¿Hay una real posibilidad del ejercicio pleno de la libertad personal… o estamos condicionados por aspectos que resultan invariables y anteriores a cualquier decisión consciente?

“En cierto sentido –explica Sartre– todos nacemos predestinados. Somos llevados a cierto tipo de acción desde el origen, por la situación en que se encuentran la familia y la sociedad en un momento dado.”

Y agrega: “… considero que no somos libres –por lo menos provisoriamente, hoy– porque estamos alienados. Nos perdemos siempre en la infancia: los métodos educativos, las relaciones padre-hijo, la enseñanza, Etc.; todo esto otorga un yo, pero un yo perdido.”

Esto implica que Sartre considera que la libertad humana, en cuanto absoluto, es algo del orden de lo imposible. Existe una “predestinación.” Y ese concepto está muy vinculado a las lecturas que –durante años– realizó de las obras del psicoanalista Jacques Lacan, como él mismo lo admitiera.

“Esto no quiere decir que tal predestinación –explica Sartre– no admita ninguna elección, pero se sabe que al elegir no se realizará lo que se ha elegido; es lo que llamo la necesidad de libertad.”

LA INFANCIA

Y ya nos adentramos en un pensamiento sumamente influenciado por el Psicoanálisis cuando nos dice: “Todo viene de la infancia, pero en un sentido mi proyecto actual no tiene ya nada que ver con el que tenía entre los doce y los quince años, cuando quería ser novelista y estaba influido por el arte por el arte, vagamente teñido de humanismo, de mi abuelo.”

Muy diferente a lo expresado en otros tiempos cuando sostenía que los procesos mentales inconscientes no pueden ser decisivos en la vida humana y señalaba: “Un ser humano adulto no puede ni debe estar defendiendo sus defectos en hechos ocurridos durante su infancia, eso es mala fe y falta de madurez”.

Lo mismo se advierte cuando señala: “El que quiere ser célebre no es eso lo que quiere: lo quiere todo.” O lo que es lo mismo, regresa a los deseos de la infancia cuando se ilusionaba en que sus padres podrían otorgarle todo cuánto ese niño pudiera desear. El autor va más lejos en su precisión: “Creo que uno llega a ser célebre si se lo propone, no por dones o disposiciones innatas.”

Al comentario: “En el fondo, las personas por las que siente gran estima, ¿no son las que tienen una ‘sed de absoluto’, como se decía en el siglo XIX?”, Sartre responde de manera concluyente: “Si, por cierto. Los que quieren todo. Es lo que yo mismo he querido. Naturalmente, no se lo alcanza, pero hay que quererlo todo.”

En lo que hace a su historia personal, la resume así: “Todo aquello con lo que soñé de chico, en cierto modo lo he conseguido. Pero lo que deseaba era otra cosa; no sé demasiado bien qué. Y eso no lo tengo…”

 

ANTONIO LAS HERASBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Email: alasheras@hotmail.com


LAS PERDURABLES SERIES DE TELEVISIÓN - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 



LAS PERDURABLES SERIES DE TELEVISIÓN

 

El hombre es un niño que nunca termina de crecer”, conjeturó con buen sentido de la observación alguien que ahora no recuerdo quién era. Por su parte, nuestro siempre recordado Pablo Neruda escribió en sus memorias: “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hace mucha falta”. También están los que dicen, con un criterio práctico y no menos buen humor, que “en la vejez hay un volver hacia aquellos primeros tiempos, ya que asumimos nuestras obligaciones reconociendo que hemos crecido y acumulado experiencias para llegar a lo que se llama (acaso irresponsablemente) la edad adulta”.

Tras esas reflexiones y las inmensas ganas de seguir disfrutando los placeres simples que nos ofrece la vida, se esconden, además, los temores a la soledad y a la inapelable muerte. Pero dejemos a un lado lo patético y vayamos hacia lo reconfortante. “Nada se pierde, todo se transforma”, ilustró el sabio Antoine de Lavoisiere; y ahora, por qué no adosarle los estímulos que nos propone el trovador uruguayo Jorge Dexle: “Cada uno da lo que recibe / y luego recibe lo que da. / Nada es más simple, / no hay otra norma. / Nada se pierde, / todo se transforma…”

Ambas reflexiones nos hacen sentir la generosa prolongación épica del asombro; tampoco debemos olvidar las andanzas del tan entrañable Don Quijote y su escudero Sancho Panza; y por qué no recuperar como otra forma de nuestra nostalgia las famosas series de televisión y su cariñoso costado, para volver a ser niños.

Empiezo este resumen evocatorio con “Los Locos Adams”, serie de la otrora televisión en blanco y negro, que ya ocupa la categoría de clásico. Tanto es así que cada vez que se los menciona, no faltará alguien de la guardia vieja que con un chasquido de dedos cerrará los ojos para cantar el pegadizo “tara-ra-rá” de la presentación musical, que iba seguida de aquel sonar de dedos de todos los integrantes mirando la cámara. Raúl Rafael Carlos Juliá Arcelay, nacido en San Juan de Puerto Rico, fue el actor que caracterizó al personaje y alcanzó fama internacional en la divertida saga de la extravagante familia en la que una mano cobraba vida para intervenir sensatamente en los actos más audaces. A Juliá Arcelay lo secundaba la seductora Carolyn Jones, bajo el nombre de Morticia, su amorosa y enamorada esposa.

Otra serie que se niega a ser archivada por la moderna televisión, es la de “El Zorro”, que bajo el sello de Walt Disney, protagonizara el actor Armando Joseph Catalano, nacido en el Sur de Italia, criado en Nueva York y conocido artísticamente como Guy Williams. Este galán, que el destino trajo a la Argentina, falleció de un fulminante paro cardiaco, el 30 de abril de 1989. Williams era, además de una bellísima persona, un habilísimo esgrimista.

Ya retirado de la actuación, había decidido vivir en Buenos Aires. Guy Williams fue famoso especialmente por interpretar al aristócrata personaje justiciero de la clásica serie. Posteriormente, apareció en algunos episodios de “Bonanza”, interpretando a uno de los personajes y fue el eje central de “Perdidos en el espacio”, donde era al profesor John Robinson, un honorable padre de familia; pero, sin duda, Guy Williams ya era para siempre el justiciero “Zorro”.

Este emblemático actor durante la segunda mitad de su carrera, residió y trabajó mayormente en la Argentina, donde se lo llegó a considerar un ídolo popular y uno de los galanes que más ha logrado cautivar a las mujeres. En la década de los sesenta, muchas madres de Hispanoamérica bautizaron con el nombre de “Diego” a sus hijos debido a la fuerte atracción que despertaba en ellas su célebre personaje.

Aquí, con otro actor argentino, Fernando Lupiz, daban públicamente clases magistrales de esgrima, atrayendo multitudes en sus presentaciones. Yo, gracias al locutor y periodista Antonio Carrizo, conocí al inmortal Guy Williams. Antonio era vecino de él y cada tanto nos encontrábamos en un restaurante de Buenos Aires para compartir una cena. Guy era un hombre amable, encantador y lleno de anécdotas. Vivió sus últimos años en la Recoleta, un exclusivo barrio de la ciudad de Buenos Aires, donde lo encontraron muerto inesperadamente a los sesenta y cinco años.

Queda otro personaje famoso de aquella época, que también me complace recordar. El talentoso antihéroe Peter Falk, intérprete del detective “Columbo”, personaje central de una serie de televisión estadounidense creada por los famosos productores Richard Levinson y William Link. La serie se emitió regularmente entre 1971 y 1978, y esporádicamente entre 1989 y 2003, hasta un total de casi setenta episodios, regresando cada tanto a la televisión argentina.

Se sospecha que su nombre se debe a una parodia del físico-culturista y luchador Franco Columbu debido a su parecido con el actor (a su cara por supuesto, ya que Falk era más bien gordo y bizco). Algunos aseguran que el nombre del personaje es Frank Columbo, pero en ninguno de los episodios se le llama por su nombre, y él siempre se presenta a sí mismo como el “teniente Columbo”. Los propios creadores han aclarado que nunca se le dio un primer nombre; también su esposa en la ficción, que nunca apareció ante las cámaras, y era referida por él como la señora Columbo.

Esta famosa serie es considerada un caso particular en el sentido de que no hay créditos comunes a todos los episodios y cada uno de ellos son una suerte de largometrajes creados en especial para la televisión. Siempre pacífico, sin escenas de violencia, a través de sus brillantes deducciones, el teniente “Columbo” resolvía los casos. Mi amiga, la poeta Silvina Ocampo nunca dejó de agradecerme que le revelara a este personaje del que se hizo adicta. “Columbo es una de las genialidades que le debemos a la televisión”, me confesó.

También destaco la muy divulgada serie de “El Super Agente 86”, una serie estadounidense emitida originalmente entre 1965 y 1970 que parodiaba a las películas y series de espías internacionales; una mezcla de James Bond y el inspector Clouseau, creada por Mel Brooks y Buck Henry, y protagonizada por Don Adams, como Maxwell Smart, el legendario “agente 86”, con Barbara Feldon, como la “agente 99”.

La trama se basaba en los personajes que operaban para CONTROL, una supuesta agencia secreta de espías del gobierno de los Estados Unidos. Al parecer la idea de la serie vino de una propuesta que Daniel Melnick hizo a un productor para sacar partido de los dos personajes más importantes del mundo del entretenimiento: los inefables y ya citados James Bond y el inspector Clouseau. Brooks dijo, un poco de broma, que se excedían en la crítica, ya que “era una combinación demencial y acaso más exagerada que la de James Bond y la comedia de Mel Brooks.

Esa ecuménica serie se emitió en la NBC entre 1965 y 1969. Después se trasladó a la CBS, donde se completó la última temporada, en 1970. La serie fue muy popular y un clásico de la televisión en la década de 1960, siendo repuesta en diversas ocasiones en todo el mundo vía satélite. Ganó siete Premios Emmy y fue nominada para otros catorce y para dos Globos de Oro. Es enternecedor ver durante la última temporada, ya mayorcitos, a Bárbara Feldon y Don Adam representando sus gloriosos papeles.

Agreguemos que se han hecho tres largometrajes basados en la serie: primero, uno con parte del reparto original en 1980, titulada The Nude Bomb (La bomba nudista), también conocida como The Return of Maxwell Smart o Maxwell Smart and the Nude Bomb. Después de éstos, se estrenó un especial hecho para la televisión llamado ¡Get Smart, Again! en 1989. Y también Superagente 86, tomados de películas, protagonizada por Steve Carell, Anne Hathaway y Alan Arkin. Una de ellas se difundió en 2008 en España, con el título de El Súper Agente 86 en Hispanoamérica.

En tanto en los Estados Unidos se estrenó una serie derivada de esta película, titulada Get Smart´s Bruce and Lloyd: Out of Control y una secuela en 1995 protagonizada por Adams y Feldon, con Andy Dick en el papel de su hijo, Zach, uno de los gemelos Smart.

La serie, como siempre, se centra en las aventuras del agente secreto Maxwell Smart (Don Adams), proclive a cometer grandes torpezas a cada momento; conocido también como “Agente 86”. Su compañera (y, más tarde, esposa en la vida real) es la “Agente 99”, la bellísima y carismática Bárbara Feldon, cuyo verdadero nombre nunca se revela. Así, Max y “99” prosiguen trabajando para CONTROL (parodia de la CIA, localizada en Washington D. C. Ambos se embarcan en numerosas misiones alrededor del mundo, entre ellas la Argentina, donde la incompetencia de Smart siempre causa complicaciones.

Sin embargo, Smart nunca falla en sus misiones especiales y gracias a su casual suerte y la imprescindible ayuda de “99”; contando, además, con su infalible “zapatófono”, (un avanzado teléfono celular de la época adosado al zapato, con un disco rígido, es de suponer, en la suela).

No está de más agregar que el superior de Max y su compañera es el sufrido Jefe de CONTROL (famoso Edward Platt), conocido simplemente en ese papel como “El Jefe”. Recuerdo que en un capítulo un juez, encargado de un implacable juzgado, lo intima para que diga su nombre de pila. La respuesta es Tadeo.

La némesis de CONTROL es KAOS (parodia de la KGB), “la organización internacional del mal”, que una igualmente inepta organización de un país desconocido perteneciente al Bloque del Este. CONTROL y KAOS siempre aparecen en mayúsculas, y no son siglas ni acrónimos. El otro dato divertido es el hecho de haber utilizado estos dos conceptos antónimos para definir a las dos organizaciones rivales.

En sus cinco temporadas los creadores se dieron el gusto de parodiar filmes o series como Casablanca, El fugitivo, La gran evasión, Bonnie y Clyde, La ventana indiscreta, Goldfinger, El tesoro de Sierra Madre, Ironside, Asesinato en el Orient Express, Agente 007 contra el Dr. No y hasta a su indirecta competencia, la no menos famosa serie de Los vengadores.

Esta reseña demuestra que la pantalla de TV atesora cosas buenas y cada tanto las revive con generosidad. Se han sucedido décadas y las mencionadas series siguen vigentes. Felizmente no se las echó al olvido. Quizá como yo, un niño que no ha terminado de crecer, otros nostálgicos disfruten de estos personajes inmortales que siguen encantándonos la vida.


ROBERTO ALIFANO – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFCO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 5 de abril de 2025

SMART PHONE- Germain Droogenbroodt - Altea, Alicante, España

 








SMART PHONE 

En la sala de espera,
un gran número de pasajeros sentados
con una notable excepción
están todos ocupados
con una cosita llamada smart phone
y que les fascina sin cesar.

 

Con dos pulgares a la vez
escriben sus “relatitos”,
sensatos o no, están escritos,
y enviados al mundo

Sólo una persona no escribe, pero lee,
lee un libro.

¿No tendría nada que decir?

del poemario el Camino del Ser

Germain Droogenbroodt, Altea, Alicante, España.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DESDE LA VENTANA - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 


LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

MUNDO EN RUINAS Y LUCES NUEVAS – Xiul Lasopat – Pokresville – Buenos Aires, Argentina



    








Xiul Lasopat – grabado

de Ana María Moncalvo


MUNDO EN RUINAS Y LUCES NUEVAS


El mundo gira, herido, inquieto,
con voces rotas y pasos huecos.
Las sombras crecen en los espejos,
y el hombre avanza, ciego y sin tiempo.

Gritan ciudades con torres mudas,
plomo en el aire, verdades crudas.
Se compra el alma, se vende el miedo,
y todo es saldo, y todo es juego.

Pero en las ruinas aún hay fuego,
un niño ríe, un sueño es cierto.
Brotan palabras, mueren imperios,
nacen imperios, y un verso humilde
vence al silencio.



XIUL LASOPAT – Buenos Aires- Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DELIRIOS DE GUERRA - Ceferino Daniel Lazcano - Olavarría, Buenos Aires, Argentina

 











DELIRIOS DE GUERRA

(Haikus)


Si el ser humano
destruye su confort
con sus delirios

¿Ya no hay esperanza
Crea, destruye y crea
cielos y abismos

Construimos para
destruirnos, paradoja
cruel, en la sangre

llevamos, odio
amor y odio...tanto odio
ensombrecido:

Si en luz se apaga
¿Dønde iremos con nuestros
torpes delirios?

Naturaleza
infinita, materna
bombardeada.

En fuego y humo, arde
la conciencia, incendiada
la razón huye

Y un colibrí
vuela sobre un misil:
trae la paz.


CEFERINO DANIEL LAZCANO - Olavarría, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO COORDINADOR DE ASOLAPO ARGENTINA EN ZONA SUR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA

EPÍLOGO DE LA GOLONDRINA - Antonio Esteban Agüero - San Luis, Argentina

 








EPÍLOGO DE LA GOLONDRINA

Fragmento

La golondrina no me invita
Al viaje.
La golondrina me invita
A quedarme.
Aquí, en la tierra cansada,
En este aire,
Con estos pájaros dulces,
Con esta tarde,
Que bien sabemos se tiñe
De mi sangre.
No Golondrina: es mejor
Quedarse.
¿Qué cosa bella en el mundo
grande, grande,
habrá mejor que estos montes
en la tarde?
¿Mejor que ser lo que somos?
Si, golondrina, es mejor
Quedarse,
Gastar la vida en un sitio.

Es mejor quedarse,
Es mejor llorar en las cosas
Familiares,
Mejor reír entre ellas
Y lamentarse
Y recibir lo que nos dan
Y darse.

(1939)

ANTONIO ESTEBAN AGÜERO – Piedra Blanca, San Luis, Argentina

·         Piedra Blanca, cerca de Merlo, el 7 de febrero de 1917 - San Luis el 18 de junio de 1970 


NIEVE Y LUNA - Alfredo Bufano - Mendoza, Argentina

 










NIEVE Y LUNA


Sobre el valle de Uspallata,
en esta noche de junio,
un obsesor plenilunio
su cabellera desata.
Mi alma no sabe decir
frente a tanta maravilla,
si es la nieve la que brilla
o es el celeste zafir.

¡Oh roja luna serrana!
¡Oh valle dulce y profundo!
¡Todo el silencio del mundo
se ha dormido en mi ventana!

 

ALFREDO BUFANO – Mendoza, Argentina


Nacimiento: 22 de agosto de 1893, Apulia, Italia
Fallecimiento: 31 de octubre de 1950, San Rafael

AQUÍ ESTÁN TUS RECUERDOS -Olga Orozco- Toay, La Pampa, Argentina

 








AQUÍ ESTÁN TUS RECUERDOS

Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra.

Todo siempre es igual.
Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro:
todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!
Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho
y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro.

¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo,
por algún paisaje que he querido?
¿Recuerdas todavía la nevada?

¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes,
tu morada de hierros y de flores!
Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo,
extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados,
tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitaran cenicientos pétalos
después de haber mirado pasar, ¡tanto tiempo!,
la paciencia inacabable de la hormiga entre sus solitarias ruinas.

Espera, espera, corazón mío:
no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente.
Otra vez, otra vez, corazón mío:
el roce inconfundible de la arena en la verja,
el grito de la abuela,
la misma soledad, la no mentida,
y este largo destino de mirarse las manos hasta envejecer.

OLGA OROZCOToay, La Pampa, Argentina