EN TORNO A HYPNOS
El mito no oculta nada
Roland Barthes
Dice Luis Sazatornil Ruiz,
de la Universidad de Cantabria, en su estudio sobre Hipnos y Tanatos,
el Arte, el Sueño y los limites de la consciencia que
"Hipnos es presentado como un dios de dominación,
«señor de los dioses y de los hombres» (Ilíada, 14: 233), pues nadie puede
resistirse al sueño, ni siquiera Zeus. Pero, aunque ambos son «terribles
dioses», Hipnos, a diferencia de su hermano, es «dulce para los hombres», como
afirma Hesíodo en su Teogonía (759-767)...”
Todo creador
sabe que, como Orfeo, no puede volverse hacia lo que ve. Está condenado a la
mediación. En cierto sentido, a la mentira. El creador descubre la sociedad
desde su fe, su error, su alejamiento, su intuición.
Una de las pasiones en mi
infancia fue el ajedrez. Nombres como los de Ruy López de Segura, Philidor o
Anderssen brotaron por aquellos días de mis labios. Y el de Sissa Ben Dahir, un
brahmán quien aparentemente lo inventó para distraer el aburrimiento de un
monarca soberbio. Lo jugué cotidianamente desde los cinco hasta los veinte
años. Hasta ahora sigo pendiente de partidas, de problemas, de lecturas.
El Libro de los juegos, del rey Alfonso X es un tesoro de la
humanidad. Representa una síntesis de dos mundos en guerra, un momento crucial
para la historia de la civilización. Cristianos y moros, dejan centenarias
disputas para sentarse frente a un tablero y bucear en el universo fascinante
de treinta y dos trebejos y sesenta y cuatro escaques. Debemos recordar que en
la Escuela de Traductores de Toledo – centro de irradiación de la cultura
arábigo-helénica – las obras clásicas pasaban del árabe al latín y de este a
las lenguas romances. La tarea del rey Sabio fue gigantesca. De todos los
juegos por él estudiados el ajedrez era el más noble. Establece la diferencia
en piezas mayores y menores, la ubicación en el tablero y la descripción de
cada pieza en particular. Pone un modelo de sociedad. El rey señor
de la hueste; el alferza, los elefantes preparados para el combate;
los roques que son los lanceros; los caballos, la
caballería; los peones, la infantería. Se adelanta, además, a
la creación de un modelo de piezas comunes para bajar costos y difundirlo. Esto
se concretará en el siglo XIX con los juegos Staunton, de
procedencia inglesa.
***
En Espenuca, mis abuelos y
mi padre se levantaban con el alba a trabajar la tierra de sus amos. No lejos
de allí, en Rante, Ourense, mis otros abuelos hacían lo mismo. Veían el agua de
los cántaros helados en invierno. Veían las lluvias, la nieve. Sentían lo
indispensable: el huerto, los hijos, la leña de la lumbre. Miraban el cielo, la
injusticia, la claridad traslúcida de la aldea. Contaban las cosas que sucedían
en el reino: leyendas de pastores y de dioses, el rumor de la santa
compaña, memorias de antepasados enterrados en barcas de piedra, batallas
de honda y palo. Hablaban con mi padre de las cosas del sueño, de los secretos
del universo. El abuelo Pedro sostenía: “La vida es bella. Y breve”. El abuelo
Tomás creía en los ángeles, en el espejo secreto de la rama del árbol. Mi madre
decía que debía casarme con una mujer que peinara su cabellera con peine de
plata, que susurrara palabras cálidas al atardecer, que no pisara la tierra.
Una mujer que besara la voz y el aire del amado.
***
Soy un rapsoda, el príncipe
del exilio que viene a recordar a sus abuelos, a sus padres, a esas vidas tan
ricas en derrotas. A esos analfabetos y utópicos llenos de bondad, de candorosa
esperanza, de misteriosa realidad.
La sensatez nos dice que las cosas de la Tierra bien poco existen, y que
la verdadera realidad solo está en los sueños. (Charles
Baudelaire, Los paraísos artificiales, 1860).
Buenos
Aires, 13 de junio de 2024
CARLOS
PENELAS – Buenos
Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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