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sábado, 23 de julio de 2022

Desde la soledad de París, Graciela Brizuela, San Miguel deTucumán, Argentina

 



Desde la soledad de París

 

     " Cada vez iré sintiendo 

        menos y recordando

        más..."

                      J. Cortázar


Solo, en París estoy,

frente a un café que se enfría,

añorando las tardes, las calles,

tus ojos de espera, 

allá en Buenos Aires.

Amontono tus palabras en los recuerdos

y acumulo estas tristezas

sin esperas, sin mañanas

buscando preguntas,

adivinando ausencias

sin acordar el olvido

de tu suave piel que mojas...

en el cielo de París la lluvia

también cae muy sola.

Quizás el tiempo detenga las alas,

el vuelo se vuelva silencio

y aprisione también las horas,

o quizás escape por las veredas

la melancolía de los patios

con malvones

cruzando zaguanes, cerrando puertas,

besando tu boca y no otras

y encontrar el cielo de tu mirada

en la magia de una rayuela.

Del libro Más Allá del Instante

 

Graciela Brizuela, San Miguel deTucumán, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TROVAS POR LA AMISTAD, LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 









TROVAS POR LA AMISTAD


Dos caras tiene el destino
como la efigie de Jano.
Dos cruces tiene el camino
para encontrar al hermano.

Celebremos este día
amigos hijos del alma
con mucha fe y alegría
dándonos consuelo y calma.

 

Ofrezco un montón de versos/
y mi musa de quebranto/
para espíritus conversos/
que los alumbre de encanto.

Gracias Espíritu Santo
por tu magnífico amor,
porque el Rayo de tu encanto
me infunde eterno candor.

Antes soñé que dormía.
Y en el sueño tú me amabas
Mientras tanto tú decías
esas mágicas palabras.

La brisa lleva la esencia
de los azahares en flor...
Ojalá que su presencia
te cuente sobre mi amor...

 

LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


MATAR A UN INOCENTE, Ángel Medina, Málaga, España

 



MATAR A UN INOCENTE     

 

“Non invenio in eo culpam”

 

No encontró culpa, y sin embargo lo mandó ajusticiar de manera ignominiosa.

Hace algún tiempo se comentó en un periódico norteamericano la noticia de que un grupo de israelitas pretendía revisar el proceso al que fue sometido Jesucristo. Un procedimiento plagado de fallos y en el cual, el reo fue ajusticiado sin condena. Aquello quedó finalmente en aguas de borrajas, pero si se hubiese celebrado ante un tribunal legalmente constituido, sin duda el fallo habría sido absolutorio. Aquella causa adoleció de garantías legales. También de autoridad competente y defensa. Estaba claro que lo que de antemano se pretendía era ajusticiarlo como fuese.

 

Leonardo Castellani, jesuita, hondo pensador, teólogo y poeta, apartado de la Compañía y posteriormente readmitido, prolífico escritor, citando al S.J Luis de Palma en su obra clásica “Historia de la Pasión” reseña en su “El evangelio de Jesucristo” una cantidad de ilegalidades de tal magnitud, que si se hubiesen tenido en cuenta habría necesariamente concluido el veredicto con el resultado de nulidad por las irregularidades jurídicas que contenía.

El Sanedrín o Tribunal Supremo se reunió durante el tiempo de la Pascua, cosa que no le estaba permitido. Asimismo, se reunieron testigos contradictorios y el reo no tuvo defensor, tomándose una respuesta suya como prueba, convirtiéndose el juez en fiscal. La resolución del Sanedrín no se dio por votación y se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal que debía darse entre la audición y la sentencia.  El acusado fue diferido a la autoridad romana, que los judíos no reconocían como legítima y que no entendía jurisdiccionalmente de delitos de índole religiosa, con lo cual, la acusación de “Éste se ha hecho Dios y deberá morir por ello”, no era un delito ante aquel tribunal. Ni siquiera el delito que promovieron después para acusarlo, alegando que conspiraba contra el César era pasible de crucifixión; es más, tampoco de muerte, como sí lo era el de sedición a mano armada, algo que manifiestamente no hizo Cristo y sí Barrabás. En suma, Pilatos no profirió una sentencia oficial, diciendo: “Ibis ad cruce”, sino que dijo “Haced lo que queráis con él”, cosa que de manera alguna puede hacer un juez, porque es abdicar de su oficio.

Así, más tarde, no hallando culpa se los entregó diciendo “Non invenio in eo culpam” y lo mandó al patíbulo, una suerte de muerte de extremada crueldad, siendo ultrajado y apaleado antes de ser colgado del madero, hasta que el peso de los tormentos, y desgarrándose el cuerpo en la cruz acababa por sobrevenir la muerte por asfixia.

Sus palabras como enjuiciador proclamaron la inocencia, pero como mandatario sucumbió al temor de una revuelta.

¿Qué fue lo que pasó por la cabeza de Pilatos para que la historia fuese cómo fue?

La recta conciencia del hombre tiende a la justicia. Sólo el malvado disfruta haciendo el mal. Y por lo general, en aras a satisfacer sus propios intereses. Pilatos era un político y disfrutaba del privilegio del poder. Pero el poder tiene un precio: la sumisión. Quien quiera salir en la foto no tiene que moverse. Y al Procónsul trataron de moverle la silla los que mangoneaban la Ley echándole sobre sus hombros la responsabilidad de una revuelta. Si actuaba según derecho, ajustándose no sólo al derecho romano, del cual era representante, habría de ponerlo en libertad­ (no es necesario insistir en lo anteriormente dicho acerca de la ilegalidad del procedimiento y él lo reconoció así). Era eso lo que barruntaba en su interior, e incluso tuvo el apoyo de su mujer, Claudia Prócula. Mas, ante el giro de acusación de ser rey, y por tanto enemigo del César, debió de pensárselo.

El historiador Flavio Josefo nos dice que el gobernador mantenía una antigua relación con Sejano, amigo del emperador, que acabó siendo ejecutado ante la sospecha de conspirar contra él, temiendo, pues, enemistarse con Tiberio, alarmado no solo por su carrera, sino incluso por su vida.

Hasta aquí la situación de la Historia. Ahora, la moraleja.

¿Hasta qué punto llevamos un Pilato dentro de cada uno? Porque, en esencia, lo hasta aquí dicho acerca del personaje se concreta en la tibieza y el miedo.

El tibio es el indeciso. El hombre que se queda atrapado en la duda. Mejor dicho, en la indecisión. Sabe qué debe hacer, `pero vacila. No avanza. Se detiene y es incapaz de tomar una decisión. Y mientras, los que procuran hacerse con su voluntad se mantienen en su demanda, gritando ¡Hazlo! ¡Si no, atente a las consecuencias! Entonces, siente la amenaza de aquello que le provoca escuchar los cantos de sirena que se le ofrecen en las mundanas tentaciones: dinero, prestigio, poder y hedonismo. Todo puedes perderlo. Todo a cambio de una “minucia”: desentenderse de su deber. ¿Cuántos han de caer? ¡Qué más da! ¡Tú, piensa en ti, Poncio!  

Hoy día se siguen dando en nuestra sociedad situaciones en las que se ejecuta a inocentes sin derecho a defensa alguna. No hace falta recordar la condena a Sócrates ni a Miguel Servet. Haber, hay muchas más. Pero todavía es mucho más injusta la inhibición de mirar hacia otra parte cuando la víctima no es un uno, sino legión, a sabiendas que es totalmente imposible hacer recaer sobre ellos culpa alguna. Y para mayor injusticia, exonerando al culpable.  ¡Y encima, hablan de derechos! Conviene traer a colación las palabras del historiador Huizinga, cuando dice” Curioso es el sentir de todo un pueblo al estimar que una acción intrínsecamente perversa puede convertirse en buena, porque una mayoría así lo quiera”.

¿Cuántos millones de no nacidos son condenados a muerte cada año? Un holocausto cuya recompensa es ofrecer que prive el hedonismo a la vida, brindando una cultura de muerte. A cambio, el Pilato político espera recibir la recompensa del voto, mientras que la sociedad mira hacia otra parte. Al grito de “¡Crucifícalo!” del populacho, se consuma el genocidio. Indiferencia y miedo, anulándose la responsabilidad que se contrae y que conlleva a responder de aquello que libremente se hace. Cuando la sociedad recupere el sentido de humanidad y justicia podrá revisar las leyes permisivas. Entonces, ¿cuál será el veredicto? O más aún, ¿cómo devolver la vida a aquellos inocentes a los que se les privó de ella?

¿Y yo, hacia dónde miro…?

 

·       Ángel Medina, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

       

Blog <autor:    https://www.facebook.com/novelapoesiayensayo

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sábado, 16 de julio de 2022

ÉXTASIS, José Rafael Pombo y Rebolledo (Bogotá, 7 de noviembre de 1833 - Bogotá, 5 de mayo de 1912)

 













ÉXTASIS

 

¡Gran noche!… ¡Tanta majestad me aterra
tanta sublimidad me causa espanto!
Dios cobija el misterio de la tierra
con el misterio augusto de su manto.
Al son de aquella mística armonía
la inmensa tierra estático contemplo
como un cadáver, lívida, sombría,
bajo la santa bóveda del templo.
Esta sublime paz que me estremece
este silencio asombrador, profundo,
mas bien que una hora mundanal, parece
la víspera imponente de otro mundo.
Como una tregua entre la culpa inerme
y el rayo que se apronta a fulminarla,
cuando la pobre humanidad se duerme
Dios desciende en secreto a visitarla.

 

Rafael Pombo, poeta y escritor colombiano

José Rafael Pombo y Rebolledo (Bogotá, 7 de noviembre de 1833 - Bogotá, 5 de mayo de 1912)  


De espaldas al pecho, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


SONETO I, Michelangelo Buonarroti- MIGUEL ÁNGEL- (Caprese, 6 de marzo de 1475-Roma, 18 de febrero de 1564),

 












SONETO  I

 

Nada crea el artista en su portento,

que ya no esté en el mármol contenido,

y sólo arrancará forma y latido

la mano que obedezca al pensamiento.

 

El bien que amo y el mal del que me ausento

en ti, soberbia diva, han hecho nido;

y a fin que no prolongue lo vivido,

el arte contradice lo que intento.

 

No lo culpo al amor de mis heridas,

ni al desdén, ni al rigor ni a tu belleza;

tampoco a la fortuna ni a la suerte,

 

si la muerte y piedad llevas reunidas,

y mi ardoroso ingenio, en su llaneza,

no sabe conquistar más que a la muerte.

 

Michelangelo Buonarroti

- Michelangelo Buonarroti- MIGUEL ÁNGEL- (Caprese, 6 de marzo de 1475-Roma, 18 de febrero de 1564),


Del Árbol, LEOPOLDO MARECHAL, Buenos Aires, Argentina

 











Del Árbol

 

Hay en la casa un Árbol
que no plantó la madre ni riegan los abuelos:
solo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recién nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruza las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendio la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

 

LEOPOLDO MARECHAL, Buenos Aires, Argentina

Leopoldo Marechal fue un poeta, dramaturgo, novelista y ensayista argentino, autor de Adán Buenosayres, una de las novelas más importantes de la literatura argentina del siglo XX.​ Wikipedia Nacimiento: 11 de junio de 1900, Buenos Aires

Fallecimiento: 26 de junio de 1970, Buenos Aires


Vago recuerdo de un insomnio, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 











Vago recuerdo de un insomnio

 

Me llega su voz, errátil.

Palabras salidas de la tarde,

palabras como un largo silencio

en mitad del silencio.

Nada se mueve.

Veo la luna del ropero,

un café frente a la Basílica de Guadalupe.

Siento la aguda nostalgia de los hijos,

una callecita flotante

con luces como lluvias, brumosa.

Creo  ver una estrella sostenida en su mano,

una nube tenuísima, un designio efímero,

una isla que crece y se desliza.

Ahora un poema de Pessoa sobre la mesa

en la falible memoria del conjuro.

También la bajamar, orillas tornasoleadas,

la espalda de una mujer en el beso del aire.

Es difícil  imaginar en estos días

la beatitud de la infancia.

 Buenos Aires, 12 de abril de 2020

 

Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EN BÚSQUEDA DE LA PAZ, NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

 



EN BÚSQUEDA DE LA PAZ 

 

Escribiré aquí algunos furtivos conceptos sobre el tema, conceptos que no pretendo se conviertan en “verdades absolutas” sino que deseo puedan contribuir a clarificar, en teoría, un poco más el sentido de este arcano tan difícil de comprender. El lector percibirá que, este breve aporte, sólo viene a expresar algunos meros puntos de vista.

 Desde el comienzo de su existencia, el hombre, viene hablando de la paz pero, aún, desde que tiene noción de su existencia y en los albores del tercer milenio de la era en que vivimos, no ha conseguido doblegar con su “racionalidad” al dragón de la beligerancia; del odio; del rencor; de la incomprensión; de la imposición de creencias; del hambre, de la conquista…

 Sinceramente, no he hallado en ningún texto religioso, ni filosófico, fuere el que fuere: la total ausencia del encono, la traición y el conflicto, como tampoco he encontrado la deserción del “Poder”.

De manera que, creo que la paz, vendría a ser una triste utopía de la humanidad. Y el ser humano, casi siempre, presiona donde no le duele, Ya lo decía Gracián, el célebre filósofo y escritor español allá, por el 1650.

¡Paremos de buscar la paz donde no sabemos que está!

Nuestro transcurrir en este sistema se rige por la ley incuestionablemente universal de la dualidad absoluta: la ley de los opuestos: blanco-negro; frío-calor; malo-bueno, guerra-paz, etc., etc. Un principio del griego Heráclito dice: “Aquello que llega a su límite se convertirá automáticamente en su opuesto”. Bajo este concepto, cabe preguntarse: ¿la guerra, es un opuesto necesario para que ocurra la paz?

El dilema que nos ocupa es incuestionable e ineludible y el hombre-ego, colabora en el mismo por designio natural.

Se dice que: La paz es la tranquilidad que procede del orden y de la unidad de voluntades; la serenidad existente donde no hay conflicto. ¿Es esto cierto? Aquel que reflexione sobre este axioma, verá como el orden y el conflicto van de la mano del poder, sea del que fuere: Político; eclesiástico; castrense; legislativo; de la riqueza; de la ambición; de la xenofobia, del constante tropismo consumista y necesario para la conservación de las especies, etc., etc.

¿Tiene paz el pequeño pez frente al fatalismo que lo convierte inevitablemente en alimento del más grande? Si estaríamos convencidos de que el pez piensa, diríamos entonces: que simplemente se somete al destino. ¿Cómo podemos aceptar entonces que el hombre pensante y racional no pueda ser el artífice de su propio su destino?

¿Habrá paz en la escasez de la mesa de un pobre? ¿Habrá paz en la almohada del rico, donde moran los miedos de perder su fortuna? ¿Tiene paz el hombre? ¿Qué es paz?

¿Cabe indagarse, a la sazón: por qué el hombre no tiene paz? ¡Hagámoslo!

Juan Pablo II, en su actitud de pensador modernista dijo que: “Paz, es hacer todo lo posible para superar la lógica de la estricta justicia para abrirse también a la del perdón. De hecho, (afirmó) ¡No hay paz sin perdón!”

Esta magnífica definición nos deja un colofón: Mientras el hombre no se indague ni se perdone, será infructuosa su búsqueda de Paz.

            Cuando el hombre deje de auto flagelarse dibujando las blancas palomas que portan olivos de paz; deje de rasgarse las vestiduras proclamando mensajes que predican la paz y se dedique a construirla en lugar de vitorearla, seguramente hallará la panacea que acabe con la utopía que persigue.

            Los hombres, para hablar de paz debemos de huir de los templos de la soberbia, de los egos y las vanidades, debemos dejar en el camino los odios, los rencores y las envidias, principales cualidades que nos convierten en dañinos, perversos, violentos y belicistas: Somos corruptos y endiosamos la ambición.

Este ser humano que representamos porta en sus genes el virus incurable de la hipocresía pero, por sobre todas las cosas, algo supimos acomodar a nuestro favor: la habilidad de ocultamos en las sombras de la ignorancia. El hombre no se indaga, no comprende que la especie que ostenta es aún más pequeña que un quark-todo; que un Nano (T); que un Amstrong; que un Pico (P); que un Fempto (F); que un Ato (a); que un Zepto (z); o un Yocto (y)*; contenidos en El todo total de los totales. Quizás, alguna vez, cuando entienda su tremenda pequeñez y tenga consciencia de su finitud temporal, ya no hablará de paz, porque entonces, nada existirá para turbar su pávida inquietud.

Por lo tanto: ¡A la paz hay que construirla en lugar de proclamarla!, de lo contrario, siempre seremos como la analogía del arquitecto que muere después de finalizar sus planos, sin saber que, todavía, no se han fabricado los ladrillos y el mortero.

El que habla de paz sin ninguna culpa, “que arroje la primera piedra”.

*Fuente de información científica

Fuente(s):http://209.85.215.104/search?q=cache:Jph...

 

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino