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sábado, 2 de abril de 2022

“LURCA”, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 




“LURCA”

 

Corrí desesperado. No había duda de que el propósito de aquellos hombres era detenerme. Cuando di la vuelta a la esquina vi que otros estúpidos como yo corrían la misma suerte. Un joven y atlético camarada tropezó en la vereda y cayó en las redes asesinas. El pobre tenía tanta mala suerte como yo, pensé que, siendo tan ágil dada su juventud, no le fue suficiente para sustraerse a la detención. ¡Qué podía pretender yo entonces!-Renegué. Seguro que al primer intento me atraparían a pesar de que aún mis piernas respondían bastante bien. Noté que mi respiración se estaba volviendo agitada y ansiosa. Tenía la boca y la garganta secas. Quise tragar saliva y me dolió  por el esfuerzo, era como si mis viejos pulmones se estuviesen irritando para quemarse en el pecho. Varios de mis compañeros ya habían sido detenidos. En un último esfuerzo me arrojé a un zaguán buscando la acción de ocultamiento, pero eso sólo sirvió para que el uniformado y el otro, de civil, me tomaran por la fuerza y me arrojaran en el habitáculo donde algunos de mis cómplices mordían su rabia y su miedo.

Tres días habían pasado desde aquella fatídica mañana. Tres días y tres noches de pesadilla. Pocos logramos dormir algún rato en el piso sucio y mugriento. Algunas pilchas viejas y olorosas hacían las veces de camastro. Casi no nos daban de comer y el agua escaseaba. Era sucia y caliente. Yo, a pesar de toda mi bronca y mi tristeza, aún comía de aquella porquería que nos daban. Algunos, hacía ya tres días que no lo hacían.

No entendía el por qué. Más adelante habría de comprender lo que pasaba. Al cuarto día, varios de los presos más viejos fueron reubicados quien sabe donde. Eran del grupo de los que ya no comían ni bebían. Pensé que irían hacia algún tipo de tortura o alguna cosa parecida y que más tarde volverían. Nunca los volví a ver.

Un “niño bien”, que pasaba todo el día llorisqueando, me dijo que estaba esperando que alguien lo viniera a buscar. Estaba seguro de que responderían por él y tendría la libertad, pero ya habían pasado veintisiete días y nadie había llegado para liberarlo. Esa noche dejó de comer y a los tres días se lo llevaron casi a la rastra.

Aquellos “traslados" comenzaron a inquietarme, principalmente cuando había comprobado que ya no regresaban. Cuando el “quejoso” dejó de comer y llorisquear, se lo llevaron. No me olvidaré nunca de aquella mirada desesperada y de miedo que me tiró por la cara, era como si me hubiese arrojado toda su incomprensión, su decepción y su tristeza.

Por supuesto, tampoco lo volví a ver.

Una noche, mientras simulaba dormitar, oí murmurar a los malditos carceleros. Uno de ellos dijo algo de:“Treinta días”, también me pareció que escuchaba mi nombre. Lo de los “treinta días” no lo entendí muy bien, pero estaba convencido de que me habían nombrado. Había perdido mucho peso y me estaba poniendo cada día más débil. Me hallaba seguro de que alguien vendría por mí y me sacaría de aquella puerca prisión donde los barrotes  oscuros y lúgubres que nos separaban del mundo, se asemejaban a garras asesinas cerrándose cada vez con más fuerza y rapidez sobre los infelices que nos hallábamos allí, sin poder saber siquiera cual había sido el delito que habíamos cometido. Esa noche me tiré sobre el piso y tuve una revelación: ¡Ya se! ¡Doña Carmen me conoce y ella firmará con gusto la caución sobre mi honestidad! Además, ella fue la única que siempre me alcanzó un plato de comida y nunca me hizo un reproche! ¡Claro!: ¡Doña Carmen...! ¡Cómo no me di cuenta antes! ¡Seguro que ella vendrá de un momento a otro y me iré de esta maldita pocilga! ¡Todavía hay tiempo! ¡Me parece verla entrando con su documento en la mano!

Pero las horas, con su cadencia inexorable fueron rolando ocultas entre los ruidos de la calle triste! Pasaron los días y Doña Carmen no apareció. Perdí la cuenta del tiempo que había transcurrido desde nuestra detención. Los que ingresamos el mismo día todavía estábamos allí.

Una mañana, sin saber por qué, sentí que la tristeza más profunda me invadía, que mis ojos estaban opacos. Un gran cansancio se había apoderado de mí.

Ese día dejé de comer.

No tenía apetito ni sed y pensé que me había contagiado de aquella rara enfermedad que, poco a poco, se iba apoderando de todos nosotros. Me asusté. Un guardia me trajo agua y vi mi rostro reflejado en ella: flaco, con la mirada muerta y sin brillo. Solo eso. No tenía sed y no bebí una gota. ¡Aquel maldito líquido sólo me sirvió de espejo! Tres días después vinieron a buscarnos y, junto con los compañeros que habíamos sido detenidos en la misma oportunidad, partimos desolados, con el paso lerdo hacia lo desconocido. Miré al guardia y supe de su miedo y de su angustia. No se por qué, pero vi tanta zozobra en aquel rostro que sentí un nudo en la garganta y tuve ganas de llorar, por mí, y por aquel infeliz con cara de magro asalariado. Me dio lastima el pobre hombre… Partimos en silencio. Atravesamos una inmensa sala mirando el piso, decepcionados de todo; por esta perra vida y este puerco destino que nos tocaba vivir.

De todos nosotros ninguno tuvo la “suerte” de que alguien viniese por ellos, a “sacar la cara”, como quien dice… a ofrecerse como testigo y garante. ¿Garante de qué? ¿Qué habíamos hecho? ¿Sólo por vivir en libertad? ¿Sólo por vivir de cara a la intemperie y pedir a veces algo de comida? ¿Sólo por ser tan pobres e indefensos? ¿Sólo por saber mirar a todos con la pureza y el amor con el que nacimos? ¿Por ser apolíticos y ateos…?

        Una gruesa señora entrada en años traspuso sudorosa la puerta principal y con ansiedad interpeló al guardia que con aspecto de hastío estaba apoyado en el mostrador tratando de releer un diario Clarín de la semana anterior. -¡Soy la Señora Carmen, la del Kiosco que está frente a la plaza San Martín, ustedes me conocen! Vengo por Lurca. ¡Espero haber llegado a tiempo! Firmaré la garantía y se irá conmigo. ¡Yo me hago cargo!

-Lo siento señora…Ayer se cumplieron los 30 días, esa es la disposición.-respondió lacónicamente el empleado.

        La pobre y buena mujer miró con rabia hacia la pared mientras secaba una lágrima amarga y rebelde que escapó de su roto corazón. En el tabique que daba hacia la parte más luminosa del lugar había un cartel que decía:

“SEÑORES PROPIETARIOS, SI PASADO LOS TREINTA DÍAS NO RETIRAN A SUS MASCOTAS, ESTOS SERÁN SACRIFICADOS SIN EXCEPCIÓN”.

“DIRECCIÓN DE ZOONOSIS”

MUNICIPALIDAD de...

 

 Norberto Pannone ©2013, poeta y escritor argentino

 


1982, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

PARES O NONES, Ernesto Luis Rodríguez, Venezuela

 








PARES O NONES

           

Miro tus manos tranquilas
y que los pozos más claras.
¡Tan negras las paraparas
relucen cual tus pupilas!
Tú las recoges. Vacilas
mientras la risa despuntas;
tu voz me tira sus puntas
y a pleno sol meridiano
cerrando toda la mano:
«Cuántas habrá?», me preguntas.

Clavel de trémulos dones
pone a sangrar tu corpiño,
y hasta mi propio cariño
juegas al pares y nones.
Quiza te muevan razones
que confesar no has querido;
por eso al verme perdido
dices con aire señero:
«Si tengo pares, te quiero;
si tengo nones, te olvido.»

Tiras mi suerte en azares
que son un grave tormento;
tus dedos cuento y recuento
y van saliéndome pares.
De dos en dos tus lunares
llevan atrás mis antojos.

Pares tus ósculos rojos
que le robé a la fortuna,
y como aljibes con luna
me dicen pares tus ojos.

Hasta los dengues sencillos
en ti son mimos ardientes,
y pues son pares tus dientes,
pares también tus zarcillos,
pares los blancos tobillos,
pares los senos saltones;
pienso por muchas razones
que tu cariño me gano.
Pero al abrirte la mano,
tu corazón dice «¡nones!»

 

©Ernesto Luis Rodríguez

         (Venezuela 1916 – 1999)


DIFERENTES, Ady Yagur, Israel









DIFERENTES

 

Las primaveras son diferentes

también el rocío entre petalos,

como lágrimas entre las rosas

ellas brindan cierta nostalgia.

 

Hay seres de muchos colores

entre pueblos muy diferentes,

algunos sufren con las guerras

otros siembran en la tierra.

 

Bardos llaman en sus poemas

a la paz que acercan de alma,

ellos son flores en las colinas

brindando aromas  diferentes.

 

En estos tiempos de pandemia

cuando el cielo se vuelve héroe,

canto a la tristeza del alma

acariciando a  niños con hambre.

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Esperanzas, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 







Esperanzas

 

Alguna vez volveré a despertar

temprano, en la madrugada,

para soñar con la aventura

que aguarda, oculta, en la jornada.

 

Seré joven en la mirada curiosa

deseosa por conocer el horizonte

buscando que el Sol aturda el rostro

mientras se ofrece el camino polvoriento.

 

Alguna vez volveré a ser sólo espíritu.

Pernoctaré en el tiempo de la poesía.

Dejaré que el aire acaricie el cuerpo.

No tendré otra meta que la vida.

 

©Antonio Las Heras, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Los Olivos, provincia de Buenos Aires, 13 de octubre de 1994.

 

 


CICATRICES DE LA HUMANIDAD, Rafael Mérida Cruz-Lascano Guatemala CA

 










CICATRICES DE LA HUMANIDAD

Espinelas.


Conmemorando

27 de enero

Día INTERNACIONAL DEL OLOCAUSTO


El Quetzal botó el plumaje

signo en luto permanente

masacre que aún se siente

la matanza no es lenguaje.

El criminal personaje

con aberrante segrego

no alcanza vivir, reniego

masacre  no cicatriza

humarada paraliza

cual  “sacrificio por fuego”


Un niño suplica al cielo,

la madre grita en lamento

al ver el fusilamiento

desde un feto hasta el abuelo.

Del racismo me congelo

esa extinción repetida

mente criminal vendida

fue la causa de exterminio

de mujer, anciano, ninio,

de ejercito fratricida.

.

Quiero no sea recuerdo

y NUNCA MAS  se repita

aun hoy la humanidad grita

hay entes, peor que un cerdo.

No puedo narrar, me  pierdo

cada campo es una cripta

allí su alma  fue proscripta

donde se husmea el silencio

por funeral, es conciencio

El  campesino la encripta


Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano

Guatemala, C. A.

 MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

.

Segrego: Marginar a personas por motivos políticos.

sacrificio por fuego: Holocausto.

Exterminio: Crimen de vida.

Ninio:  Niño.

Fraticida: Matar. Todos los humanos somos hermanos.

Cripta: Tumbas, Zanjas, cueva, fosas.

Proscripta: Expulsada de su ambiente

Conciencio: Se obligo, al campesino al conocimiento de su situación después de su terrible aniquilación.

Encdripta: Frase, escrito.-

 Figuras retóricas:

Aliteración: Masacre, matanza, sacrificio, fusilamiento, extinción, exterminio.

Anáfora, en primera estrofa,. Masacre

Anticlímax: Desde un feto hasta el abuelo.

Paralipsis: Quiero, no sea recuerdo.

Prosopopeya: El quetzal boto su plumaje. (Guatemala está en calamidad)

Anagrama: Ninio, de forma Sirve que resulte Niño. -Elipsis o Zeugma-.

Sinécdoque: Hay entes, peor que un cerdo. (personajes muy sucios)


«Piu Avanti», Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte), San Justo, Pcia. de Buenos Aires, Argentina

 








«Piu Avanti»

«¡Avanti!»

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obcecación asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte…

¡Todos los incurables tienen cura
cinco minutos antes de su muerte!

¡Più Avanti!

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
 

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo,
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…

¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

¡Molto Più Avanti!

Los que viertan sus lágrimas amantes
sobre las penas que no son sus penas;
los que olvidan el son de sus cadenas
para limar las de los otros antes;

los que van por el mundo delirantes
repartiendo su amor a manos llenas,
caen, bajo el peso de sus obras buenas,
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes.

¡Ah! Nunca quieras remediar entuertos;
nunca sigas impulsos compasivos;
ten los garfios del Odio siempre activos
y los ojos del juez siempre despiertos…
 

¡y al echarte en la caja de los muertos,
menosprecia los llantos de los vivos!
 

¡Molto Più Avanti Ancora!

Esta vida mendaz es un estrado
donde todo es estólido y fingido,
donde cada anfitrión guarda escondido
su verdadero ser tras el tocado:
 

No digas tu verdad ni al más amado,
no demuestres temor ni al más temido,
no creas que jamás te hayan querido
por más besos de amor que te hayan dado.

Mira cómo la nieve se deslíe
sin una queja de su labio yerto,
cómo ansía las nubes el desierto
sin que a ninguno su ansiedad confíe:

Maldice de los hombres, pero ríe;
vive la vida plena, pero muerto.

¡Moltíssimo Più Avanti Ancora!

Si en vez de las estúpidas panteras
y los férreos, estúpidos leones,
encerrasen dos flacos mocetones
en la frágil cárcel de las fieras:
 

No habrían de yacer noches enteras
en el blando pajar de sus colchones,
sin esperanzas ya, sin reacciones,
lo mismo que dos plácidos horteras;

Cual Napoleones pensativos, graves,
no como el tigre sanguinario y maula,
escrutarían palmo a palmo su aula,
buscando las rendijas, no las llaves…

¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
a escrutar las rendijas de tu jaula!

©Pedro Bonifacio Palacios

Pedro Bonifacio Palacios, conocido por el seudónimo de «Almafuerte», nació en San Justo, La Matanza, Pcia de Buenos Aires, Argentina el 13 de mayo de 1854 en el seno de una familia muy humilde. Todavía niño, perdió a su madre y fue abandonado por su padre, por lo que fue criado por sus parientes. (Wikipedia)
Maestro y político, además de poeta, publicó sólo dos libros en toda su vida, los suficientes para que su obra sea juzgada positivamente por personalidades de la talla de 
Jorge Luis Borges 
Rubén Darío

Murió en La Plata, Argentina, el 28 de febrero de 1917.


TIRAR LA MANGA , César Tamborini Duca, León, España

 


TIRAR LA MANGA   (“El origen de las palabras”)

 

Resulta fascinante y estimulante la búsqueda del significado de una palabra o una frase de origen desconocido, y una gran satisfacción nos embarga si el cometido resulta exitoso. Otras veces la satisfacción proviene al comprobar que alguien se nos adelantó, pero no sólo eso sino que hace una descripción tan minuciosa y realista que no podemos menos que sonreír como si estuviésemos presenciando una escena. Al menos eso me ocurrió en ocasión de leer “Tratado   de delincuencia” (Aguafuertes inéditas) de Roberto Arlt, y me motivó para transcribir su jocundo sainete, que hace de la frase una recreación más allá de su conocido significado: el mendigo que a la salida de una iglesia, para llamar la atención de su ‘candidato’ le tiraba de la manga.                                                                    

Pero antes me parece conveniente hacer una muy breve semblanza del personaje, para que aquellos que no conocen quién fue Arlt en las letras argentinas, tengan una síntesis biográfica del escritor, que nació en el barrio de Flores en 1900 con el nombre de Roberto Godofredo Christophersen Arlt; claro que nacer de padre alemán y madre italiana justifican tan rimbombantes nombres.

Decían de él que era un escritor semi analfabeto –crítica fomentada por él mismo- con una “abrumadora carga de una bastante completa (sic) falta de cultura y la obligación saturadora de ganarse el pan incómodamente en las redacciones de los diarios”. Pero tampoco Arlt se queda corto al señalar los defectos de escritores argentinos a los que califica de inútiles y anti democráticos; con este calificativo engloba a escritores por él considerados como frívolos y elitistas porque en sus obras no se ocupan del proletariado, catalogando de esta manera a Hugo Wast (Gustavo Martínez Zubiría), Arturo Capdevila, Leopoldo Lugones, Enrique Larreta.

Escribió crónicas policiales en el diario Crítica, y su columna más famosa diariamente en el diario El Mundo, donde era Director Alberto Gerchunoff; esas “Aguafuertes porteñas” se publicaron desde 1928 hasta 1933, y fueron editadas posteriormente en un libro. Algunas de sus obras son El juguete rabioso (1926); Los siete locos (1929); Los lanzallamas (1931); Aguafuertes españolas (1936). Murió de una crisis cardíaca muy joven, el 26 de julio de 1942. Veamos entonces lo que nos dice de El inefable deporte de tirar la manga, en el que encontrarán algunas palabras del lunfardo, como era habitual en su manera de escribir:

CÓMO DESCUBRÍ EL ORIGEN DEL VOCABLO. Una vez me encontraba yo en un restaurante. De pronto se acercó a mi mesa uno de esos bergantes(*)  vergonzantes. Un bergante vergonzante es el sujeto que hace diez malandrinadas por día, pero las hace con timidez, con el recato seguido del arrepentimiento que un joven seminarista, en día de asueto, mira, en el tranvía que lo conduce a la casa de sus padres, a una mocita de grandes ojos y de silueta de figurín de modas. El tal bergante de mi historia se acercó a mi mesa, se sentó a ella y, después de decirme que tenía algo muy serio que comunicarme, me habló de esta manera:

-No sé qué pensará usted de mí pero, joven amigo, le voy a hacer una dolorosa confidencia.

Yo lo miré con piedad y con desconfianza. En primer lugar, porque la cara del sujeto inspiraba lástima y, en segundo lugar, porque yo, que apenas había cumplido los diez y siete años y que ya gozaba de una bien ganada fama de irresponsable, no era candidato para que nadie me tomara por blanco de sus confidencias. El hombre continuó:

-Me hallo en una situación verdaderamente angustiosa. Al salir de casa dejé la cartera en el otro traje. Vine a comer a este restaurante y en el momento de pagar me doy cuenta de que no tengo un centavo.

Le miré la cara y luego le miré el traje. Ese no tenía cara de tener otro traje que el que llevaba puesto. Quise escurrirme. No había caso.

-¿Se da cuenta de mi situación? ¿Qué hago?- y lanzó un suspiro profundo como el rebuzno de burro bien alimentado. Yo me acordé de lo que solía hacer un amigo mío, que era corredor de conservas en latas y comía en fondas y restaurantes.

-Firme la adición- le dije. El hombre de las dos caras y del único traje, movió negativamente la cabeza.

-No, no hay caso. No me conocen lo bastante. ¡Si encontrara quien me prestara un par de pesos!...  Me puse pálido. El tiro iba para mí. Yo tenía un par de pesos pero eran para pagar mi comida. Se lo dije.

TRABAJITO FINO.  El hombre se acercó aún más y, suavemente, sentí que su mano se posaba sobre mi brazo y su voz se hacía cada vez más temblorosa.

-Sálveme, joven amigo, de esta situación. Usted me los presta ahora y yo se los devuelvo mañana. O ¿por qué no hacemos una cosa? Usted me pasa su par de nacionales; yo pago y salgo a buscar plata. Es cuestión de cinco minutos. ¿Qué le parece?- 

Y yo sentí que su mano ya no se apoyaba en mi brazo. Sus dedos, con la presión de un ahogado que ya se ha ido debajo del agua por segunda vez, estaban prendidos a la manga de mi saco y tironeaban nerviosamente. ¡El hombre me estaba “tirando la manga”! Comprendí entonces dos cosas importantes; se develaron ante mis ojos dos misterios profundos: me quería sustraer mis dos únicos pesos y había descubierto el origen de esa popular expresión “tirar la manga”. Se puede tirar la manga sin tocar siquiera esa parte de la vestimenta masculina. Yo he visto tirarla a tipos en trajes de baño. Los que aplican como los que sufren ese procedimiento algunas veces infalible, saben eso. Porque “tirar la manga” ha tiempos significaba “pechar”. Pero cuando la víctima se niega rotundamente a aflojar la plata que honesta o deshonestamente le cayó en el bolsillo, el aspirante a ella, temeroso de que el candidato se le escape y no animándose a tomarlo francamente de un brazo, lo agarra de la manga.

 (*) bergante: persona que actúa sin escrúpulos, sin honradez; bribón.

 ©CESAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 26 de marzo de 2022

DIOSA DE SENSIBILIDAD, Carlos Benítez Villodres, Málaga, España

 










DIOSA DE SENSIBILIDAD


Amazona del cielo,

cantora de las flores...,

¿Dónde puedo encontrar tu mirada de agua

que nutre la belleza?

Desgrano los susurros

del silencio, la voz de aquello que no cambia,

pero la imagen de tus rosas cósmicas

no me muestra su rostro.

Eres diosa del hombre

ramificado, esencia de la vida

que vuela por los besos en plena floración.

Ante ti, las tinieblas

pierden su inspiración y aletean los versos

que nunca se desploman.

Diosa del sentimiento más sagrado.

Ábreme la alborada

que dirige tus pasos y tus sueños

con hambre de jardines

labrados con palabras, sembrados de sonrisas.


(Del libro AMANTES. Editorial Emboscall, Vic, Barcelona 2005)

                         

©CARLOS BENÍTEZ VILLODRES, poeta y escritor español

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


CUANDO ÉRAMOS NIÑOS, Mario Benedetti, Uruguay

 









CUANDO ÉRAMOS NIÑOS


Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.


Mario Benedetti