Bienvenidos

sábado, 10 de octubre de 2020

AMOR, Carlos Ascencio Barillas, El Salvador

 









AMOR

 

Tú fuiste mi bella ilusión  

en la lejana niñez,

y en mis noches de soledad,    

fuiste mi triste pesar.

cuando te vi por vez primera,

un inmenso cariño nació entre los dos,

con la esperanza que abrazaba mi alma,

el tierno cariño,        

que un día me hizo sufrir

después que el tiempo acabo

de un amor sin final

el primer beso que recuerda

que junto a ti juramos vivir

el primer amor.

y aquella caricia

que recuerda  mi cariño,

que siento por ti,

porque pasaron los años,

que solo fueron engaños

y que me enseñó a sufrir,     

en ausencia de mi verdadero amor,

que fue una estrella fugaz,

porque  no encontré  el sueño anhelado,

y no volví a las lluvias de ayer  

que  me hicieron soñar,

mi bella ilusión de ensueños

porque nunca se encuentra

el primer amor,

cuando al fin halle su beso mortal

que mató la hermosa primavera,

pero que hoy renace con gran esplendor,

en mi solitario

 

en la lejana ilusión…

 

©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


sábado, 3 de octubre de 2020

IDEALISMO, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

 








IDEALISMO

 

Enmudecido quedo ante el asombro

con que mis ojos ven del universo

la síntesis del hado en su disperso

itinerario afín llevado al hombro.

 

Rehago el mundo desde cada escombro

con la única herramienta en el reverso

de una insana pasión por este verso

que me otorga el sentido que aquí nombro.

 

Cuando por fin supongo que está abierto

el indecible mundo de la esencia

donde recurro insomne o ya despierto,

 

yazgo envalentonado en la conciencia

de haber hollado acaso mi desierto,

sin saber los alcances de esta ciencia.

 

©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

EL PORTATOLDOS, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

 










EL PORTATOLDOS

 

Al Compromiso…

En especial, a Norberto Pannone, audaz militante de verdades...

 

   Sucedió hace unos días.

   Venía de formalizar una gestión para la oficina pública donde trabajaba, cuando aquello llegó.

   Con la psiquis difuminada en la exégesis de sus (habituales) pensamientos (místicos) quijotescos (cada vez más obsesivos, hasta un cierto grado de paranoia leve si se quiere, pensarían ellos), estaba parado –o creyó estarlo- en esa esquina céntrica, revisando papeles de trabajo mientras oraba (sí, claro, oraba) mecánicamente, cuando aquello llegó.

   Y lo golpeó.

  Tal vez una alucinación de ese mediodía mesopotámico argentino (santafesino, quiero decir), enfermo de calor y de gentes nerviosas que flotaban como nubes eléctricas de sudor, maquinando ansiosas tormentas de negocios con destino de frustración, o apresurando el paso en busca de un ambiente hogareño acogedor, donde hacer realidad la promesa de saciedad asegurada por un energizante jugo de fruto estrujado (exprimido), o entonada por el rojo elixir de un vino tinto fresco (más bien helado y embriagador), que les madurara la resignada expectación de las últimas malas noticias radiales por escuchar (la de las 13:00 horas, por supuesto) –porque las buenas, las buenas noticias siempre se archivan en las oficinas de la Redacción-, y rodeados (algunos de ellos, de esas gentes, al menos) por la atrevida locuacidad de sus hijos todavía en vacaciones, disputándoles sin querer a ellos (a algunos de ellos, de esas gentes, al menos) sus más íntimos espacios de atención frente al egoísta, necesario y ácido comentario de otra sufrida jornada laboral, sólo morigerada por la atenta cocina de ellas (para ellos, para esas gentes, al menos) con sus ensaladas y hamburguesas Mac Donald al paso (todo un lujo, porque algo es algo, carajo, y es que el juguete pone contento a los chicos, y muchos de ellos todavía -en el fondo- lo son), carne embutida con papas fritadas en aceite viejo, o microondeadas al seco, y servidas en una ruda mesa sin mantel, a todo vapor (porque no hay tiempo, ¿no hay?, no hay tiempo que perder, no hay…)…

   Es que son tiempos difíciles. Como siempre y, para ellos, más aún; esas gentes nerviosas, flotantes y rumiadoras, apresuradas y ansiosas, insatisfechas y casi (casi) resentidas, como él... (No, como él no, se dijo).

  Hasta que llegó.

   Llegó y lo golpeó. Eso sí, brutalmente, lo golpeó.

   Vino volando y agitándose quién sabe desde qué manos invisibles desenredadas por el karma siniestro del Urbano Caos Municipal, y lo golpeó con dureza ahuecándole la frente en todo el diámetro de su tubo blandido y amenazante...

    “Un portatoldos, carajo (volvió a repetir como exabrupto probado y gustado). ¡Un portatoldos! Común y corriente. ¿Pero cómo no lo ví?”. Y el ruido feroz de los automóviles se acalló, por un instante, en su mente embotada por el dolor...

   Y fue entonces cuando el portatoldos erecto, con aquella sangre distraída goteándole como una baba sanguinolenta por su boca de hierro macizo, no dejó que reaccionara; y, en seguida del golpe, con igual contundencia y el eco de una voz ronca -reflejada en la vitrina del negocio de ropas custodiado de la húmeda torridez del ambiente- le espetó, sin vueltas, que dejara de ser rebelde y de protestar contra cualquier cosa y de luchar contra todo el mundo y de pelearse con el mundo. ¿Qué? Que era un reverendo cabeza dura y que golpes como ese iba a recibir de aquí en más, todos los días, si no cesaba con su ingenua prédica en favor de la Verdad, la Rectitud, el Compromiso y la Honestidad, y en contra de la mentira, lo indebido, la mezquindad y el oportunismo de los que viven -a causa de su mediocre existencia inimputable (a veces, y sólo a veces)-, usando como trapo sucio a los demás… Eso, entre otras cosas que el Portatoldos juzgaba fuera de moda o de una lógica trasnochada propia de un perfeccionista (idiota) -como él-, de un nimbado moralista e insano intelectual -como él-, perdido en la extravagancia revolucionaria e ignorado de plano por el exitismo concupiscente de un orbe impío y mercantilista... Sí, que Dios, y la Justicia, y la Solidaridad, y la Paz, y la Responsabilidad y la Responsabilidad; sí, y la Reponsabilidad, la Responsabilidad, la Responsabilidad... Y que la Fe, y la Esperanza, y la Caridad, y que... ahora, ahora (no después, no mañana, no nunca) era la Hora Que Había Sido Anunciada, el momento de comenzar a edificar la Nueva Sociedad...

 

   ¡Que a vino nuevo, odres nuevos!, se escuchó gritarle, de pronto, a la desafiante mirada de aquellos rostros de gente estupefacta (de aquella gente, al menos), que por allí pasaba, y que le perforara otra vez, a pura indiferencia nomás, su cabeza partida, como desorbitada... Henchidos como sapos barrosos y plenificados en la inconsciencia de sus pecados capitales, fueron como una turba ciega que no pudo o supo verlo arrojado impunemente al piso, sin prestarle la más mínima atención… 

   Después, no sabe qué pasó.

   Pero algo debe haber pasado. “Primero”, porque los que criticaban su conducta (demasiado) idealista y poco práctica, al verlo tan cambiado y parecido a ellos, se desorientaron.

   No podían criticarlo más. ¡No podrían criticarlo más! Y lo que es peor, es decir, “Segundo”, ahora, ahora le pedían -¡por favor!- que no exagerara, que en realidad eran ellos los que se habían ensañado con él, que en verdad era un buen tipo y que no pasaba nada, que por favor -¡por favor!- volviera a ser como antes, que no se fuera al otro extremo, que personas como él eran necesarias para la humanidad, que etcétera, etcétera, y etcétera...

   Pero no puede. Roto el encanto, por el hueco de su cabeza deben habérsele ido todos los ideales de nobleza y perfección. Su alma; eso. Y ahora es -¡por fin!-, íntegramente de este mundo, de este maravilloso, inaudito, impío y mercantilista orbe planetario: y sólo de carne y hueso. Tan sólo de carne y hueso. Como la de ellos. Tan de carne y huesos como la de aquellas gentes (como la de ellos), que seguirían nerviosas, flotantes y rumiadoras, apresuradas y ansiosas, insatisfechas y resentidas, ahora, ahora también como él...

 

   Por eso se ha permitido advertirles a sus amigos, que dejen de pensar sobre él como lo hacían hasta ahora. Ahora, que no traten de hacerle sentir y actuar como antes...

   No sea que el Portatoldos se enfade con ellos ahora, y venga, y los golpee y, al revés de su caso, por el hueco de sus cabezas aturdidas penetre y se estacione (enroscado en la dura cerviz que los corona) el nimbo de la Santidad.

   Sería terrible.-

 

©ADRIAN NESTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL POETA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 















EL POETA

 

            Ese "huésped desconocido"

 

Se instala en su vigilia

Como un sueño

Se acurruca en silencio

Hurga entre sus recuerdos

Escoge las palabras

Y en medio del asedio

Va en busca del poema.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

“Otro él”, poemas.  Ediciones del Valle, Buenos Aires, 2000.

 

 


LA MANCHA VICTORIOSA, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 









LA MANCHA VICTORIOSA

 

"vivos en la esencialidad del Ser y del Estar, del Único que Es y Hace Ser" 

 César Actis Brú

 

En el postrer instante de partida

el mal será ceniza y su veneno

espuma de la playa, y el más bueno

sentido amor, la vara que decida.

 

Desde que es mundo al mundo en su caída

sólo la Luz de Dios le ha puesto freno

con su Faz de Verdad y Voz de trueno

resucitando al hombre y dando vida.

 

Dictóle a Sancho así y a los caminos:

universo verbal y candoroso,

grimorio que florece los destinos,

 

negado a los profetas y adivinos

si latía en el justo… ¡el glorioso

Quijote venciendo a los molinos!

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TE BUSQUÉ, Lidia Cristina Carrizo, Buenos Aires, Argentina

 











TE BUSQUÉ

 

Con mi razón suficiente te busqué.

Junté mis manos entonces como nunca,

en un suspiro tangencial, porque todo es

tan allá de la tierra, del sol, del infinito.

 

Sin entender, que mi mirada receptiva, nutrida,

prodigiosa, llegaba sin golpear al mismo tiempo.

Porque si fuimos esparcidos, en instantes

tan allá, para olvidar mi fatídica ignorancia.

 

Busqué entre ojos y cosas que no ven,

ni están, para escucharlas cuando gritan

incontenibles, sin importar el porqué.

 

Te busqué en mi memoria

capaz de hacer la estela más profunda.

 

©LIDIA CRISTINA CARRIZO, poeta y escritora argentina

MIEMBRO EMBAJADOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


SIN MIEDO, Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 












SIN MIEDO 

 

Seré capaz 

de vivir a cielo abierto, 

sin protección frente al abismo, 

con la certeza profética del monje 

absorto ante lo efímero del tiempo. 

Seré capaz, sí, 

de enfrentar las muecas del destino, 

desde el agónico gesto de los siglos, 

y de perderme, sin temor, 

entre crisálidas sonámbulas de olvido. 

Porque mi credo 

es alquimia perfecta 

de blancas cicatrices; 

deviene  

de profundos laberintos, 

abiertos 

en el fragor de cada herida... 

allá, 

donde las nubes se tocan 

y desembarca el recuerdo... 

allá, adentro, 

donde el llanto y la risa 

sueltan amarras 

para cruzar misterios 

navegando a barlovento... 

allá, muy adentro, 

donde es posible 

contar las estrellas una a una, 

sólo a fuerza de silencios. 

 

 ©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


AMOR TRASCENDENTE, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 









AMOR TRASCENDENTE

 

Realidad nacida  de la Magia Blanca

que toda Ella emana de entre los vórtices.

Cada mirada, el sutil movimiento de labios

o la expresión del rostro, son acabado ritual.

 

Ella es la Caverna de la Transmutación

capaz de convertir al hombre en Héroe Solar.

Mujer que, poseedora de la Piedra Filosofal,

conoce los Misterios Sacros de la Inmortalidad.

 

Sus palabras son el abracadabra intransmisible

por el cuál se atraviesan, sin peligros,

el serpenteante abismo que lleva al Amor.

Amor trascendente. El que resucita almas.

 

 ©ANTONIO LAS HERASpoeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


LA PRISION, Ady Yagur, Israel

 










LA PRISION 

 

Como una sombra inquieta

que  me llena de incógnita,

anhelo  la luz de la aurora

sin esta prisión de  horas.

 

Monotonía  de la realidad

acuarelas de pensamientos,

el tiempo juega a lo perdido 

ante el riesgo  de  la vida.

 

Quiero beber de la libertad

del cielo  sereno que mira,

hijo de esta melancolía

que  acaricia  mis anhelos.

 

El virus ataca  de improviso

con sus alientos malignos,,

cabalgando con el dolor

asombrando a los vivos.

 

Hay versos  que  nacen

entre voces que callan,

a pesar de los ladridos 

que eclipsan las calles.

 

Noche de ojos  cansados

palabras se vuelven canto,

la prisión tiñe su tiempo 

en esta húmeda hojarasca.

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA