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sábado, 1 de agosto de 2020

AMO, María Antonia Serrano González, La Habana, Cuba

15 Ejemplos de Amor

AMO


Preguntando cual puede ser el espacio
Preguntando hasta donde puede ser el tiempo
Amo a los que me conocieron, y no lo recuerdan
amo a los que me conocieron y no me aman o no me recuerdan
amo a los que no me conocerán,
amo y me amo
amo el mundo aquí adentro
amo a aquellos que no conozco y que me cuentan cómo es otro mundo allá afuera
amo la semilla,
amo la hoja
mi pequeño jardín
amo como Inanna Kryia de la Luz Azul Celeste de Nibiru
como Adhara mirando a Sirio, viendo Las Pléyades, Betelgeuse y Antares
descarto el ego que es un grano de arena en la arena
desde el espacio de un único código y un juego
con el libro de "Los sabores del tiempo"
hoy como una crepuscular común mujer de este planeta
evitando la jugada final
conociendo que Adhara es como se llama mi corazón
permeado de una gota bien fina y pura, interestelar
Preguntando amo la paz
Defiendo la sonrisa de Malala
Que ama las olas viejas y repiensa las olas nuevas
Otra educación de mujeres y hombres unidos en pareja
amados
Soy la crepuscular mujer que no predica por su piel
que no se hunde en un velo
Amo a Atlántida e Hiperbórea
no bajo reyes terrenales y si con reyes celestiales
lejos de las ilusiones y del reflejo
Una foto fija se borra y entra con su paso la memoria vieja
20-12-2012 con la fecha y la flecha en mi corazón
Y cualquier otra fecha futura y presente
Queriendo ascender mi evolución
Justo de donde soy
Desde donde está el flujo de la fuente
Con un único abrazo de luz
Donde no existe un tablero de ajedrez.

 © MARÍA ANTONIA SERRANO GONZÁLEZ, poeta y escritora de La Habana, Cuba.

MIEMBRO EMBAJADOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA en LA HABANA, CUBA.





EL GATO VERDE, Héctor Grillo, Junín, Buenos Aires, Argentina

11 mejores imágenes de el gato verde | Dibujos de gatos, Gatos ...


EL GATO VERDE

                                                                      

“Tenía diez años y un gato /

Peludo, funámbulo y necio /

que me esperaba en los alambres del patio /

a la vuelta del Colegio.”

                “ Mi niñez ” Joan Manuel Serrat

 

            Siempre amé a los animales. Los amo a todos, pero más a los perros y a los gatos. Los amo tan irracionalmente que suelo pensar que una persona es buena gente con solo enterarme de que trata bien a los animales. Más aun, soy de los pocos que, inútilmente, hacemos fuerza a favor de los toros en las corridas, o de las ballenas contra los japoneses o de los pingüinos contra el petróleo. Pero los demás a veces piensan distinto, y algunos hasta se ríen de mi amor. Eso me importa tan poco como le importa a mi hermana, o a mi hija; y si algo me tranquiliza es saber que lo mío es un mal de familia.

Mi madre siempre vivió rodeada de bichos. Convivió con perros, gatos, peces, tortugas, y a veces, in extremis con un borrego o algún charito. Supe de las anécdotas de dos perros que le regaló mi padre, (hombre resignado, si los hubo) el Bonzo y el Osito, y aunque no los conocí personalmente, vi sus fotos enmarcadas muchas veces. Aunque murieron hace años toda la familia los recuerda.

            Supongo que mamá tendría en su genoma algún gen zoológico. Es la única razón que me lleva a explicar la relación que tenía con los animalitos. La he visto, y oído, hablarle a un gato desconocido que merodeaba por los techos; y después lo he visto al félido bajar a sus pies. Con solo pasar a su lado los perros le movían la cola y si les hablaba, directamente la seguían.

            Y no solo eso, también la he acompañado cuando se ha quedado una noche entera haciendo masajes a la panza de una gata tricolor que no podía parir. No pudo salvarla y tampoco a su única cría, a pesar de abrigarla al lado de una bolsa de agua caliente y darle de beber leche de vaca con un gotero. Ése fue un día de congoja en mi casa.

            Durante mi niñez, quien vivió con nosotros mucho tiempo fue Batuque, un perro blanco, petiso y lanudo, que se llamaba así por el personaje de la historieta de la revista Billiken. Pero cuando Batuque se tiraba al piso panza arriba y ponía cara de poeta soñador para que mi madre lo espulgara, ella le hablaba en un murmullo y le decía amorosamente - ¡mi chulo!

             Además fue un perro de servicio, ya que le ataban al cuello mensajes escritos en un papelito, los llevaba a la casa de mi tía y volvía con la respuesta, como si fuera una paloma mensajera gigante de cuatro patas.

También vivía en casa el Chiquito, gato gris, regordete y de ojos azules. Fue traído desde San Juan, terruño nativo de mi padre siendo muy pequeño y semejante a un pompón. Pero ya crecido, de grande, fue muy vago y mujeriego. Desaparecía por días enteros y volvía en muy malas condiciones, después de librar encarnizadas batallas amorosas. Tal vez fue como Urquiza y engendró cien hijos, pero no quedaron sus huellas en la Historia. Y mamá tenía que arreglarlo y componerle todo el cuero desgarrado cuando regresaba como veterano derrotado de una guerra de maullidos, cuyo premio inalcanzable era Helena Morronga de Troya.

            En la misma época se aquerenció el Negro, un gato común, ordinario, de pelo corto y patas flacas que se desvivía por mi hermana y la amaba apasionadamente. Se subía a su falda, luego a su estómago y más y más arriba hasta que el vivaracho se acomodaba justo allí, como si fuera sobre dos mullidos almohadones, (mi hermanita tiene capacidad para dos o tres gatos cómodamente instalados) y luego le acariciaba el rostro escondiendo las uñitas. ¿Lo habrían destetado siendo demasiado pequeño? Nunca se nos ocurrió enviarlo a hacer análisis por lo tanto nunca pudimos enterarnos.

            De todo lo narrado se desprende que crecí rodeado de pelos, maullidos y ladridos. Pero hubo un amigo que siempre recuerdo con mucha nostalgia. Mi gato Miguel. O “Maicol”.

            Cuando yo tenía solo siete años mi padre logró construir una casa nueva. Cuando nos íbamos a mudar, mi madre le compró varios muebles usados a un matrimonio inglés que retornaba a su patria. Cuando concretaban el negocio apareció un gatazo en escena. Cabezón, peludo, colores a rayas, parecía un tigre anglosajón. La mujer le dijo a mi madre que lo iba a matar, ya que lo querían muchísimo, pero no lo podían llevar de regreso y creían que nadie lo iba a cuidar tan bien como lo hicieron ellos. Mamá debe haber tardado tres minutos en compadecerse, convencer a la inglesa, convencer a mi padre y convencer al felino.

            Luego empezó la ardua tarea de acostumbramiento. Lo llevaban a su nuevo hogar un ratito todas las tardes y luego todas las mañanas. Pero no había caso, el sistema no funcionaba. El matrimonio partió, y Miguel todavía estaba en la cocina como enjaulado, chillando furioso y descontento. Lo he visto saltar hacia la ventana y estrellarse contra el vidrio varias veces tratando de escapar. Dos hechos fortuitos solucionaron la situación. El primero fue un súbito ataque de duda en mi mente sagaz: sus dueños... ¿no le hablarían en inglés?... Y como yo estaba dando mis primeros pininos en ese idioma, - todavía los estoy dando - comencé: -¡Maicol, com jier! ¡Teik it isi! ¡Comón, comón!

Miguel, haciendo un notable esfuerzo mental, se tranquilizó y pudo traducir balbuceos ininteligibles a lenguaje gatuno. Pero la solución definitiva se encontró cuando el perro Batuque se acomodó para siempre en la nueva casa. Más que inquilinos amigos, perro y gato se hicieron amigotes. Solían dormir y comer uno al lado del otro y no molestarse en absoluto; pudieron vivir juntos y apacibles durante algunos años.

            Batuque era un poco callejero y partía temprano en la mañana. Pero cada vez que yo salía al patio, allí estaba Miguel, estirado al sol con los ojos semi cerrados o lavándose la cara, después de dormir. Al instante que escuchaba mi voz comenzaba a ronronear y lo seguía haciendo largo rato. Formó parte de mi vida, como mis soldaditos de plomo, el Tesoro de la Juventud, o mis anteojos de miope. Todas las veces que salía a jugar estaba a mi lado, tranquilo y sensual, haciéndome compañía y solamente sobresaltado cuando aterrizaba algún gorrión o incursionaba una mariposa lechera, muy común en esos años. Era un bravo león si yo era Tarzán, era un tigre feroz si yo Sandokán, era mi muñeco de “piel de mono” si yo estaba triste. Escuchó impasible mis secretos de púber, mis pequeños pecados de pre - adolescente; lamió la sal de mis lágrimas y el azúcar de mi sangre ante las heridas abiertas de mis fantasías. Fiel oyente de la indiferencia cotidiana de mi compañera de inglés fue mi amigo de Café, aún sin mozo ni tango ni café.

            El 25 de noviembre de 1957 fue el día de mi cumpleaños de diez. Por la mañana me fui a la escuela, contento y goloso, sabiendo que a mi regreso iba a tener sobre la mesa una torta de mil hojas y el arco infalible de Robin Hood con las flechas guardadas en un rojo carcaj orlado de flecos.

            Cuando volví, a mediodía, salí inmediatamente a buscarlo al patio. ¡Maicol! ¡Maicol!... no me contestó... Abrí la puerta del lavadero. Después revisé el galpón. No estaba en ningún lado... ¡Qué raro!... Me dio un poco de miedo infantil y comencé a sentir un dolor en la boca del estómago. Corrí a la primera terraza. - ¡Maicol! ¡Maicol! ¡Miguel!... seguía sin aparecer... ¿Dónde está ese gato? ¡Justo hoy! ¿Se olvidó que yo soplaba las velitas? El miedo se transformó en pánico. El dolor en el estómago se hizo más fuerte. Una intuición me impulsó a saltar escaleras arriba de a dos en dos. Tenía un nudo en la garganta. Subí corriendo a la última terraza como un loco... A pesar de todo la angustia pude gritar:

- ¡Miguel! ¡Miguelito! ¡Vení! ¡¡Maicol!!

Mi madre asustada corría detrás de mí: ¡Mish! ¡¡Mish!! ¡Gato, gato!

Llegué agotado, pero miré al vecino terreno baldío, lleno de cicutas y de ramas y frutos de un viejo paraíso derrumbado. Entonces, descompuesto y boquiabierto, horrorizado, lo vi.

            Estaba estirado, mi gatazo querido, como si hubiera intentado saltar a no sé dónde, al cielo, al oro del sol, al vuelo de un colibrí, a una nube con silueta de gata mimosa. Pero no llegó a destino y estaba inmóvil y frío en el suelo, definitivamente muerto. Sus patitas duras y sus manitos también. Completamente muerto y hermoso, el único gato que conocí de color verde. Nunca logré saber cómo sería su pelambre original, pero para mi mente infantil era verde y siempre lo añoro y lo sueño del más hermoso color verde.

¡Cuánta pena! ¡Cuánto dolor, mi tigrecito valiente!... me dejaste solito... ¿Y los combates con los soldados de La Legión Extranjera? ¿Y nuestro Fuerte de altas almenas y puente levadizo? ¿Y tu almohadón colorado de lujoso Maharajá?

            Mis padres no lograron hacerme comer la torta mil hojas y yo no pude parar de llorar de a ratos, durante todo el día.

            Ahora, al revivir con nostalgia historias de mi niñez, no recuerdo ningún detalle de mis cumpleaños de ocho o de nueve o de once años.

            Pero el día que nunca he podido olvidar fue el de mi cumpleaños de diez, el 25 de noviembre de 1957, cuando la Muerte me visitó por primera vez en mi vida. Me desgajó, robó una tajada grande y dulce de mi infancia y me demostró, ante mi desgarro e impotencia que me iba a visitar cada vez que le viniera en ganas; a causarme tan intenso dolor como a ella se le ocurriera.

Ni siquiera un tigre de jade me podría defender.

 

 

©HÉCTOR GRILLO, poeta y escritor argentino.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


DEL ARCHIVO DE ASOLAPO ARGENTINA




DEL ARCHIVO DE ASOLAPO ARGENTINA

COMISIÓN DE PREMIOS Y MEDALLAS DE  ASOLAPO INTERNACIONAL 2015


 
      ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA DE POETAS, ESCRITORES Y ARTISTAS (ASOLAPO)
 
Como Presidente de la Comisión de Premios y Medallas de ASOLAPO INTERNACIONAL, hacemos llegar a la Presidenta Lic. LUZ SAMANEZ PAZ, este COMUNICADO:
 
Que en mérito a la brillante trayectoria cultural y connotación internacional, es un verdadero honor contar en ASOLAPO, con tan distinguidos intelectuales y artistas, que serán CONDECORADOS, en el marco del II Encuentro Internacional de Escritores y Artistas "Refugio de Belleza", a realizarse del 23 al 26 de abril de 2015, en KIYÚ (San José-Uruguay), en el 60 Aniversario, del mágico y encantador Balneario de KIYÚ.
 
Con la Medalla al Mérito Internacional "MARIO BENEDETTI" a:
 
*  NORBERTO PANNONE, Presidente de ASOLAPO-ARGENTINA y Miembro de la Comisión de Organización de ASOLAPO Internacional.
 
*  BELTA DÍAZ DE TONNA, Presidenta de ASOLAPO-URUGUAY.
 
^ ALMA DEL CAMPO, Directivo de ASOLAPO-URUGUAY.
 
* LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta Fundadora de ASOLAPO INTERNACIONAL.
 
Con la Medalla al Mérito Internacional "LEONARDO DA VINCI", al gran pintor costumbrista: 
 
* ENRIQUE MUÑANTE ROMÁN, Canciller Cultural Latinoamericano de ASOLAPO y Directivo de ASOLAPO-ICA. 
 
Atentamente:
 
MARIO MARTINELLI (Italia)
 
GUSTAV DE LA FONTAINE (Francia)
 
LUIS PLA BENITO (España)

 

 

 

 



ANTIMITOMANÍA , Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

ANTIMITOMANÍA

 

Bajo el Arco Iris

estoy leyendo un poemario

de breves cuentos.

Alguien me lo ha cambiado

por el diario,

donde leo que el espectáculo

de la revista está en su gente

y en la Catedral,

y que los temas del hombre

son luna sin azogue,

sin tiempo,

personajes reclamando

un escenario.

Mientras tanto,

Fernanda, la horrible,

ha iniciado una nueva

cruzada literaria,

desde una nueva

tribuna literaria

con juicio de insania.

Los poemas

comienzan a zumbar

como rayos del sur

y el repertorio latinoamericano

busca los personajes

del Buenos Aires virreinal.

Los poemas siguen zumbando

buscando otros enfoques

en hojas que caminen reunidas.

Inmediatamente

se crea un Ateneo

para enviar un mensaje

a un grupo de editores

que ha recibido

una herida generacional.

Ellos contestan en clave:

“La cebra está dormida

y un ángel es poca noticia.”

 

Fernanda, la horrible,

descifra la respuesta:

 

“Leyéndolos desde afuera

estos poemas

sin sueños y sin comentarios,

son gaviotas errantes.”

 

De "Entelequias", poemas - L.A. - Ed. Torres Agüero, Bs As, 1994.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

 

 




LACRA SOCIAL, Eunate Goikoetxea, Alicante, España

Estados Unidos, país de esclavos modernos

(LACRA SOCIAL ACTUAL)

La trata es una actividad multidelictiva que persigue diferentes formas de explotación: tráfico de órganos, venta de niños esclavos y niños soldados, trabajo forzoso en las minas, matrimonios serviles; trabajos forzados en el sector doméstico, en el agrícola, en la industria y en la prostitución. Vulnera derechos tan básicos como la vida, la dignidad y la integridad poniendo a las personas en condiciones de vida degradantes. La trata de mujeres con fines de utilidad sexual es una de las formas más extendidas en nuestro territorio.

Diferentes conferencias de carácter mundial e instituciones internacionales como la ONU o la OIM han alertado del crecimiento de un viejo delito, la esclavitud de personas, que se produce en la actualidad con formas más sofisticadas de captación y explotación. El tráfico de personas es una violación de los Derechos Humanos que implica nuevos retos para las profesiones sociales, tanto en la denuncia y sensibilización como en el trabajo con individuos que requieren protección y asistencia especializada.

La manifestación de la trata permaneció invisible hasta el Protocolo de Palermo. La dificultad para analizar los fenómenos migratorios desde una óptica transaccional hacía difícil pensar que en el siglo XXI se traficara con personas. Las democracias occidentales, quizá en un exceso de etnocentrismo, ponían más énfasis en denunciar las violaciones de Derechos Humanos en otros territorios que en el propio. Como si la corrupción sistemática, la vulneración de derechos o la explotación no sucediera en las naciones desarrolladas. La trata no es sólo un delito que afecta a personas singulares y concretas, sino que daña a toda la ciudadanía. Una sociedad que silencia o ignora la cosificación y deshumanización que viven las víctimas, consiente la culpa y forma parte del aparato de vulneración.

Otro mecanismo de invisibilizar a la trata consiste en dudar del testimonio de las afectadas. En algunos casos, hay mujeres que ignoraban que trabajarían en la prostitución; sin embargo, en otros lo sabían de antemano, pero no las condiciones de explotación que encontraron al llegar a diferentes paises. Por mucho tiempo, la doble moral de la sociedad ha contribuido a invisibilizarlas como víctimas, porque era “consentido”, es decir, “ya sabían a lo que venían”. Parecía, entonces, que había víctimas de primera, que habían sido engañadas en el tipo de trabajo y, víctimas de segunda, que conocían su destino laboral, pero a las que no se les reconocían sus derechos. En la trata el engaño puede darse tanto en la naturaleza del trabajo que van a realizar (prostitución, tarea agrícola, servicio doméstico y otros) como en las condiciones del desempeño sin remuneración (vigilancia y coacción, número ilimitado de horas de trabajo y de servicios, trabajo sin remuneración, aumento de la deuda, etc.).

Los Derechos Humanos no son solo una herencia valiosa de nuestra historia reciente, sino una herramienta útil y necesaria también en la intervención. No se trata de que los equipos educativos se conviertan en equipos jurídicos, sino que conozcan los sistemas de protección y que mantengan una actitud exigente y vigilante con la administración para que cumpla sus compromisos. Una apuesta por los procesos más que por los servicios, por poner en el centro de la intervención a la mujer y respetar sus decisiones. Cuidar el proceso de acompañamiento y fomentar la autonomía de aquella en todas las áreas de su vida. Apostar por los Derechos Humanos significa apostar por una actitud generosa, honesta y realista de los grupos docentes. Los Derecho Humanos no son solo un papel, sino una esperanza que puede mejorar la vida de personas y que exige a educadores sociales un alto grado de activismo para la denuncia y la incidencia política.  Recordemos que si no hay clientes no hay trata. Seamos todos muy responsables.

©Dra. EUNATE GOIKOETXEA, poeta y escritora española
Alicante-España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

 

 


COVID 19, UN INSTRUMENTO, Ime Biassoni, Buenos Aires, Argentina

La historia de los virus informáticos

COVID 19, UN INSTRUMENTO

 

Se hace necesario identificar

ocultos propósitos

para acabar con el mal

de mutaciones víricas

que atentan contra la paz.

 

No hay explicación plausible

para el bioterrorismo

que desata psicológicas guerras

con militar inteligencia

e ingeniería social.

 

¿Seremos rebaño manipulable

con incapacidad de organización?

¿los grilletes nos encadenan

ahogando talentos que afloran

quedando solo bajo piedras?

 

¿Es acaso el confinamiento

un juego de fina cirugía

con una ingeniería genética

de importantes flecos

acrítica y atacante a virólogos?

 

Las dudas se pasean y hacen ruido

la tranquilidad se ocultó tras espejos

la incertidumbre sigue viva

y la post pandemia es un interrogante

para no dormir en calma ni lejos.   

 

©IME BIASSONI, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


sábado, 25 de julio de 2020

EL NARANJO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

Brevedades improvisadas: Dormir

EL NARANJO


El naranjo está en celo.
Mañana,
el azahar le perfuma la cama
y septiembre
le clava los dientes
al  redondo y amarillo seno.
Llueve esta tarde.

Esta noche, no sé cómo haré
para huir del recuerdo.

Dejaré la luz encendida;
que atraviesa los miedos

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
MIEMBRO FUNDADOR DE ASOLAPO ARGENTINA


EL NIÑO DE CRISTAL, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

Niños Cristal. Orígenes, características y tests para reconocerlos ...

EL NIÑO DE CRISTAL

A los insignes maestros en las letras, Edgardo A. Pesante (y sus Pájaros en la Niebla, Miguel Ángel Zanelli y César Actis Brú, viajeros inesperados al Cielo de los Escritores, y por siempre recordados: in memoriam…

 UNO

 “... Y Dios creó a los cristales a su imagen y semejanza...”.

El ente de cristal envolvió su sombra. Después, giró con lentitud...
Su cuerpo esférico, encrespado por millones de trapecios jaspeados y relucientes, comenzó a rodar la ladera del Valle Ejemplar reflectando y entrecruzando una miríada de fugaces destellos, guiños de un sol enorme y amarillo que brillaba a media tarde sobre el fondo del cielo.
Era como una gigantesca tortuga marina que hubiera escondido su cabeza para no golpearla en los tumbos, pero que, de pronto, se detenía, cambiaba de dirección, y otra vez rodaba y rodaba hasta detenerse para tomar un nuevo destino.
El ente parecía conocer bien la región: una hondonada pintada de blanco y de negro por los haces desnudos de luz y la impertinencia de las sombras montañosas. El valle estaba un poco lejos del pueblo principal, y las entidades de cristal lo admiraban como a un templo de lo eterno.
De improviso, el extraño ser detuvo, pensativo. Cualquiera que entendiera la forma especial de su desplazamiento acompasado, hubiera podido adivinar un gesto  de  sorpresa  en  la  coraza  irisada  por  plasmáticas  entrañas  de  vida  y movimiento.
Es que un costado del cuerpo llevaba adherido un objeto de material desconocido, con formas desconocidas y contenido aún más desconocido. Sin duda, esa cosa de reducido tamaño era ajena a su composición trapezoidal y había venido sobrevolando el cielo del planeta hasta que, por alguna razón, de súbito, contradiciendo la serena intimidad con que disfrutaba las bellezas del lugar, se había dirigido hacia él e incrustado en su piel con sorpresiva violencia.
Por un instante, inmovilizado de terror, sólo había atinado a sacudirse una y otra vez, pero sin buenos resultados. El problema parecía grave, por lo que echó a andar tratando de no dañar al objeto.
Marchó divagante y sin rumbo por bastante tiempo y, como aquella cosa parecía no querer despegarse, optó por regresar al segundo valle del hemisferio norte –el Valle de las Cuevas Blancas- a casa de sus padres, antes de que su dios amarillo muriera ensangrentado tras las colinas.
Ya en el trayecto al hogar, su estado de ánimo comenzó a mejorar. Había empezado a simpatizar con esa misteriosa piedra grisácea de conformación ovoidal y diminutos agujeros simétricamente dispuestos en forma de anillo sobre el mayor diámetro de circunferencia.
En realidad, pasados aquellos momentos de incertidumbre, su imaginación había comenzado de nuevo a generar expectativas, y no hubo nada raro en que, al fin y al cabo, considerara un tesoro, un verdadero tesoro a tan imprevista aparición.
Y por algo 100-MNX había ganado en todo el pueblo de la Región Circular fama de niño terrible, distraído y melancólico. Es decir, con un carácter nada previsible. Aquella tarde de musicales colores, ora azul o albina, ora verde o rosa, luminosa u oscura, había desaparecido de su cueva. Y la razón de su familiar huida era, esta vez, meditar. Sí, el concurso estaba cerca y, hasta ahora, sus investigaciones no habían dado por resultado más que un amarronado corpúsculo subterráneo con algún sentido estético, que los grandes mirarían con sus enormes trapecios abiertos y burlones, encogiendo algunos y meneando otros, para luego arrojar tal hallazgo en el cajón de las ideas desechadas por lo poco brillantes.
Su habitual distracción, unida al espontáneo terror que experimentara, habían demorado su lógica conclusión, pero, cuando ésta llegó, la indescriptible sensación de alegría que lo embargó hizo que recorriera los tres sectores de medida que lo separaban del albergue comunitario con pasmosa velocidad de rodamiento.
Algo fantástico, y muy bello, cuya materia poseía una insólita superficie allanada había caído en sus trapecios. Y de allí lo insólito e ilógico: nunca hubiera podido imaginar la inexistencia de incrustaciones trapezoidales en un elemento físico. No había –de acuerdo a su criterio- palabra alguna que conceptuara a esa realidad pulida y perforada tan ordenadamente…
Sí, no cabían dudas. Aquel objeto superaría todos los parámetros del buen gusto. Era un magnífico tesoro y, como tal, habría de protegerlo.
DOS
Caída la noche, llegó a la cueva.
Sus padres se felicitaron de que, por vez primera, no hubiera sido necesario recorrer la zona hasta encontrarlo. Era muy común saberlo extraviado y formando parte de aquel paisaje de gemas alucinantes. 100-MNX llevaba contadas diez mil estrellas y, a veces, uno podía hallarlo bautizándolas y haciendo un gran esfuerzo para recordar luego sus nombres. De todas maneras, ya crecería y aprendería… Mientras tanto, sólo había que tener gran paciencia y una adecuada cueva de reserva para hospedar a sus amigos y cachivaches, limpiar las huellas de sus juegos, arreglar los destrozos y pagar los insultos justificados de vecinos y conocidos…
Papá 10-MNX chasqueó un trapecio, señaló de manera peculiar la mesa redonda tendida con caseros manjares de cristal puro, y continuó luego enfrascado en su habitual manía de cercenar los brotes desiguales de sus trapecios inferiores que, según él, conspiraban contra el buen equilibrio.
Mamá 11-MNX, tampoco advirtió el paso fugaz del niño hacia el cuarto, ocupada en los quehaceres de la cueva.
¡Ah…! 100-MNX respiró profundamente y, su cuerpo, adoptó una expresión oblonga y apacible.
Cerró la abertura de su habitación. Encendió uno de sus trapecios y, primero con prudencia, más tarde con desesperación, efectuó el postrer intento de librarse de aquella cosa que, como tesoro estaba muy bien, pero como quiste incomodaba los límites de la tolerancia.
Fracasó. Ni siquiera pudo desprenderlo en parte de su caparazón. Y otra vez la angustia afligió sus sentimientos. Todos sus planes se verían comprometidos porque, al no poder zafarse de él para desarmarlo y entender sus secretos, corría el riesgo de no ser aceptado como lícito en la competencia. Ya no podría mostrarlo como gran descubrimiento sino como obra de la fatalidad…
¡Oh…! 100-MNX suspiró largamente... Sabía que los grandes no le entenderían. Pero es que aquello era en verdad un gran descubrimiento, y los descubrimientos no siempre obedecen al esfuerzo de la investigación cuanto más a la orientada casualidad… Tal vez, tal vez papá… 100-MNX dejó de lado su orgullo y, liberando la  abertura,  desapareció  rodando  al  punto  que  gritaba  la  numeración  de  su progenitor…
TRES
Era muy tarde ya. Faltaban pocas medidas de tiempo para que el dios amarillo reviviera tras las colinas.
Había luces en el Centro Mejorador. Los entes turnaban el encendido de sus trapecios mientras parloteaban y rodaban, de un lado a otro, como demostrando preocupación e impotencia por aquello que veían y escuchaban.
100-MNX, dormido todavía, no había sufrido nada. La operación había sido un éxito, pero las consecuencias de la misma, inenarrables…
Los entes parecían mirarse unos a otros y preguntarse cosas. Algunos se mostraban nerviosos y giraban sobre sí mismos a tal velocidad que era difícil apreciar en ellos a los tan familiares trapecios.
Mientras tanto, 110-MNX trataba de explicar a Papá 10-MNX que, su hijo, pronto estaría bien. Que en nada le había afectado el contacto con aquella cosa. Que aquellos seres rosados y blancos, diminutos y ariscos, que saltaban y huían estremecidos con una expresión incomprensible en lo que semejaban sus rostros, habían salido del objeto ovoide y no del cuerpo del niño. Que era imposible comunicarse con ellos o entender sus convulsiones y gritos. Que era imposible descifrar también la desgarbada simbología impresionada en la estructura del objeto, pero que, al parecer, decía: NAVE ETERNAUTA – PLANETA TIERRA – República del Salvador – 25/12/3001… Y que más imposible aún era tratar de explicarse por qué aquellos fantásticos animalitos sustentados químicamente a base de carbono y forrados en macilentas vestiduras artificiales, se iban desplomando uno a uno hasta quedar inertes para luego, tan misteriosamente como todo aquello que sucedía, trastrocar su débil conformación ramificada y rosa, en una imprevista tonalidad violácea que los desintegraba –con el paso del tiempo- en un mar de blancos corpúsculos y cuyo origen nadie podría revelar jamás…


©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




MARIO BENEDETTI, UN SOL INMORTAL, Lola Benítez Molina, Málaga, España

LA VIDA POÉTICA DE MARIO BENEDETTI EN EL INSTITUTO DE CERVANTES ...

MARIO BENEDETTI, UN SOL INMORTAL



Tu Uruguay natal se engrandeció el día que te vio nacer. ¡Qué desdichada agonía tuviste que soportar para verte obligado, como tantos otros, a exiliarte a otras lejanas y desconocidas tierras! Sólo los que lo experimentan conocen la magnitud del desgarro emocional. Inquietud generadora de savia imperecedera.
            Con tu alma dolorida, dejaste un legado para deleite de los que te conocieron y te continúan ensalzando. “Que el dolor, manifiesta Benedetti, no me apague la rabia, que la alegría no desarme mi amor…”. En tu obra, que toca todos los géneros con suma sapiencia se aprecia, en un primer periodo, el hondo palpitar de tus circunstancias vitales, así como los cambios sociales y políticos de Uruguay y de otros países de América Latina.
            Angustia que subyuga y que te hace derramar sobre el papel lo que el corazón llora, con una literatura sumamente realista, que sólo los genios saben expresar.
            Esta actitud dio lugar a un ensayo acre y polémico: “El país de la cola de paja” (1960), y su consolidación literaria con dos novelas importantes: “La tregua” (1960) y “Gracias por el fuego” (1965), en la que refleja una crítica más mordaz de la sociedad uruguaya.
            En un segundo periodo, sus obras reflejan la angustia y la esperanza de diversos sectores sociales por buscar caminos a una América Latina oprimida por represiones militares. Como consecuencia de ello, Mario Benedetti vivió en Cuba, Perú y España durante más de diez años, período en el que su literatura se hizo formalmente más enérgica. Al respecto, el escritor uruguayo refiere que “no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños”.  
El tema del exilio lo trató en su novela “Primavera con una esquina rota” (1982). Podemos decir que uno de sus méritos es saber reflejar los aspectos hirientes en los que a veces cae el ser humano, y que un alma blanca, como la de Benedetti, sabe dar constancia para que sea con la pluma y no con las armas como el hombre intenta solucionar las injusticias de la prepotencia y de la soberbia. Como todo exiliado que ama sus orígenes, los cuales quedan indelebles y magnificados por el sentimiento de la ausencia, Benedetti volvería a pisar su tierra amada, cuyos sentimientos y sensaciones dejaría reflejados en su novela “Andamios” (1997), marcadamente autobiográfica.
            En 1999, es reconocida su valía al concedérsele el VIII Premio de Poesía Iberoamericana “Reina Sofía”. En marzo de 2001, recibió el Premio Iberoamericano “José Martí” en reconocimiento a toda su obra.
            Desde 2009, resplandece, en el espíritu de Montevideo y del universo, una luz constante e imperecedera.


©LOLA BENÍTEZ MOLINA, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
           




LO DISTANTE, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina















LO DISTANTE

La oscuridad puede hacer de tu mano
una cercanía,
el espacio un corto camino de mi silencio.
Empero, es una rotunda luna
la noche,
que está en las bocacalles.
Real
el día se marchita en tu rostro.
Aunque no haya rechazos o cicatrices
en la brisa.
Derrota es la oscuridad, prosperidad la noche.
Mientras lo cercano
se aleja de nosotros.

Del libro "Entelequias", poemas. Ed. Torres Agüero, Buenos Aires, 1994.

 ©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA