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domingo, 14 de abril de 2019

BAGUALERA de LA HOYADA, Alfredo Torres, Rufino, Santa Fe, Argentina

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B A G U A L E R A de L A   H O Y A D A


ENTRE AGUA AMARILLA Y LA HOYADA
Cerca de PEÑAS AZULES lava la bagualera
Cantando mientras lava
Ropas de la humildad de su familia
La de don Roque Pachado /
Canta con las manos mojadas
Sobre la espuma del jabón / fregando
Ella repasa coplas
Coplas / antiguas tonadas / rimas 
De bagualear coplas raigales
Con un regusto a miel de lechiguana /

Luego atizando leña
En la conchana tiznada de su cocina cuelga la olla
Sobre el braserío 
pone la mesa / sirve el locro y calla /

Las estrellas de allá son muy enormes
en la cintura del cielo de LA HOYADA
A esa hora las mujeres de la casa
Arrimándolas al fuego del fogón
Tensan el cuero de sus cajas /
Ella la bagualera echa su copla y halla el tono
De una vieja baguala
Así las otras voces se motivan
Soltando al aire tristezas y alegrías en vidalas /

A la luna le atrae ese ritual y asoma por ahí
Su cara blanca / que se enrojece cuando acepta un vino
Esperando le canten en concento
Su doliente mistérica baguala //


©ALFREDO TORRES, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                                                     

MUJER ARQUETÍPICA, Buenos Aires, Argentina

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MUJER ARQUETÍPICA

Está más allá de todo; y sigue aquí.
Ilumina cielos nunca vistos,
mientras su mirada acaricia.
Atraviesa cada alma con presteza
haciendo sentir aquello soñado.

Es parte de la arquitectura universal,
piedra angular, energía clave, esencial.
Obra en plena armonía… fluyendo oculta
hasta aparecer en el momento inesperado.

Vuelve a mirarte, con esa expresión que dice:
“Atrévete a ser tú mismo
porque así siempre serás amado”.

Península de Yucatán, 17 de abril de 2017

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


HACIENDO DE LA VIDA, OTRA FIGURA, Luz Samanez Paz, Cusco, Perú

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HACIENDO DE LA VIDA, OTRA FIGURA

LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional

Haciendo de la vida, otra figura,
vivir es andar en la vorágine, en la locura...
si vivir, es escribir poemas,
yo estoy viviendo,
vivo en el verbo alucinada,
mi ternura aletea por el aire
i se vuelca en los ojos de la noche.

Mi mirada es un pájaro cautivo,
que se cae en mi voz como un  suspiro.
El reloj es el único que vive...
los colores no brillan en mis manos,
no dibujan, sino en mi corazón.

Las muñecas, el barco i los aviones,
un puñado de sueños vagabundos...
Cuando el sol traiga el fuego
en sus flechas disparando,
otra vez el amor será latido
i buscarán las aves este nido.

Se me ha hecho la piel de sus colores,
le he visto el corazón a los juguetes
i he colgado mi amor,
entre la mariposa de luz
i algún olvido...

Nuevamente el corazón,
palpita en el pecho...
En ti descansa,
el zumo de la tarde
i con la imagen del rocío,
voy haciendo de la vida, otra figura.  


Veinte años sin Adolfo Bioy Casares, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina


 TRIBUNA
Veinte años sin Adolfo Bioy Casares











Roberto Alifano
Escritor y periodista
Mi recuerdo personal de Adolfo Bioy Casares va de lo afectivo y entrañable a lo inspirado y literario. Lo recuerdo como un hombre amable, aristocrático, prudente y divertido, aunque de distancia. Fue, sin duda, uno de los pocos clásicos que dio la Argentina. Temeroso del tiempo cronológico y sus agravios, que solía abordar por la vía transversal de la metáfora, parafraseando a Quevedo, le oí decir en uno de nuestros habituales almuerzos en “La biela”, el restaurante vecino de su casa: “Yo soy la ceniza que sobró a la llama”. Cierto. Acaso uno de los mejores recursos para conjurar la acción devastadora del tiempo sobre nosotros, consiste en la repetición ad infinitum de un acto idéntico cada vez que nos sentimos acosados; la manera más efectiva de eternizar el momento, congelándolo. Algo así como la “intrahistoria” de la que hablaba Unamuno.
Buen lector de literatura española, Bioy, que consideraba a Azorín uno de sus maestros (el “poeta de ventanas”, así lo calificaba él en coincidencia con Alfonso Reyes), le encantaba mirar al mundo a través de un caleidoscopio recurrente en personajes. “El mundo que Azorín suscita con el rumor cristalino de sus palabras –observaba Ortega y Gasset- tiene un aroma de quietud patética y asombrada; la inutilidad le salva de la corrupción como a los monjes de la India”.
Empiezo por mi relación personal con el maestro y amigo. En 1988, cuando se creó Proa en su tercera época, Bioy y Silvina Ocampo fueron los padrinos de la publicación. Desde los prolegómenos, ellos nos dieron consejos y nos alentaron, nos brindaron sus obras y el tesoro inefable de una especial consideración. Hasta sus últimos días, Bioy permaneció a nuestro lado. Aún en vida, un número especial le fue dedicado.
Caballero y aristócrata por donde se lo mire, discreto por principio, de una discreta discreción, que bien podía ser confundida con la humildad, vivió durante años refugiado en su silencio, que tan sólo fue alterado e invadido en la última etapa de su rica vida literaria. Bioy era un tímido, sabiamente tímido, que hacía de sus finos modales una manera de vivir menos conocida que su obra. Tuvo la enorme ventaja de que la popularidad de Borges lo mantuviera en un cómodo y tranquilo segundo plano, que le dio una existencia casi anónima. Fue cumpliendo así su plan de evasión de una vida mundana que solo le interesaba en las discretas intimidades del amor; además de quitarle tiempo para construir sus ficciones literarias. Reacio a los reportajes televisivos, prefería en lo posible mantenerse en las sombras.
Disciplinado trabajador, que aprovechaba desde muy temprano su tiempo, me confesó: “La vida es tan corta, Roberto, que yo necesitaría cien años, por lo menos, para escribir todo lo que imagino”. También le oí decir, que el “más allá”, ojalá no sea otra cosa que la prolongación de nuestros anhelos; y agregó: “A veces pienso que nuestra conciencia es algo así como un remedo de la eternidad, ya que el cuerpo, la vida y la energía que nos dan, son transitorios, pero en la imaginación somos casi inmortales, casi ubicuos. Podemos estar enfermos en una cama e imaginarnos que estamos nadando en el Mediterráneo”. Tenía razón, es muy probable que haya una especie de incompatibilidad entre las limitaciones de nuestro cuerpo y la libertad de nuestra imaginación.
Después de esta reflexión que concluimos casi a dúo, sonrió para adentro y tocándome la mano, con complicidad, aclaró que todos esos esfuerzos suyo por escribir eran los vanos intentos de esquivar la muerte que está
definitivamente aferrada a nosotros. Adolfo Bioy Casares fue un hombre amable y afectuoso, un seductor que amaba la vida y todo lo que esta representa. Recuerdo que en ese diálogo, me confesó también que una de sus angustias era el deseo de retener a los seres que uno ama, tal como están, inmodificables, ajenos al paso del tiempo. “Uno siente amor por alguien y desearía seguir con ese ser amado en la eternidad, sin sufrir las mínimas variantes de la vida que permanentemente nos está cambiando a todos.
Los afanes, uno de sus cuentos más celebrados (como sus novelas La invención de Morel, que recurre a la ciencia; o El sueño de los héroes y El diario de la guerra del cerdo, que fluyen vastamente), describe a un hombre que decide ser inmortal para seguir pensando, imaginando y haciendo el bien.
Este argumento nos hace recordar a aquel griego que se arrancó los ojos en un jardín para que los colores y las formas del universo no distrajeran su pensamiento. Pues bien, Eladio Heller, el protagonista renuncia al mundo corporal y a la acción, pero no es un asceta, sino un hedonista que se recluyen en un bastidor como si fuera un cuadro. No es una historia autobiográfica, sino que, por el contrario, el relator la refiere, casi sin comprenderla, asocia a las comunes personas que rodean al sacrificado protagonista. “Acudí, pero ya era tarde –dice uno de los personajes del cuento-. En el suelo estaba, entre los pedazos del busto, estaba el bastidor roto; Milena acabó de aplastarlo a pisotones…” Invito a mi lector que recurra al texto, cuyo placer le será reconfortante. El desenlace está prefigurado por el episodio sorpresivo de un perro.
Adolfo Bioy Casares está justamente considerado como uno de los escritores más trascendentes de la Argentina. Según el genealogista Narciso Binayán Carmona, era descendiente del conquistador, explorador y colonizador español Domingo Martínez de Irala (1509-1556); sus antepasados tenían un remoto origen mestizo guaraní, que compartía con muchos próceres de la época de la Independencia y con grandes personajes paraguayos y argentinos. Perteneció a una familia de clase social alta, muy adinerada, que le permitió dedicarse exclusivamente a la literatura y, al mismo tiempo, apartarse del medio literario de su época. Se dice que su primer relato, Iris y Margarita, lo escribió a los once años. Ingresó a la Universidad de Buenos Aires para cursar la carrera de abogacía, pero abandonó luego para dedicarse de lleno a su pasión, la literatura.
En 1932 conoció a Jorge Luis Borges en Villa Ocampo, la casa de Victoria Ocampo ubicada en las barrancas de San Isidro, donde la escritora solía recibir a figuras internacionales de la cultura y organizar reuniones culturales. Bioy cuenta que fue durante una de esas visitas que Borges y él se habían apartado del resto de la gente para hablar de libros, por lo que Victoria se les acercó y los reprochó, diciéndoles “No sean mierdas, che y atiendan al invitados”, lo que provocó el enojo de Borges y la retirada de ambos de la reunión. En el viaje de regreso a la ciudad quedó sellada una amistad (una complicidad) que duraría hasta la muerte de Borges en 1986, y que dio una de las duplas más célebres de la literatura, llegando a colaborar en varios trabajos, desde colecciones de relatos (Seis problemas para don Isidro ParodiDos fantasías memorablesUn modelo para la muerte), pasando por guiones de cine (Los orillerosInvasión) hasta antologías de cuentos fantásticos (Antología de la literatura fantásticaCuentos breves y extraordinarios y Antología poética argentina).
“Los seudónimos en los que solíamos escudarnos –recordaba Borges-, eran los de H. Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch, lejanos parientes de nosotros”. Entre 1945 y 1955 dirigieron la afamada colección “El séptimo círculo”, que publicó traducciones de las mejores novelas policiales de lengua inglesa, género del que Borges era un gran admirador, al igual que Pablo Neruda.
En 1940, Bioy Casares se casó con Silvina Ocampo, hermana de Victoria, también escritora y pintora. Ese mismo año publicó la novela La invención de Morel, que marca el inicio de su madurez literaria. La novela contó con un prólogo de Borges, en el que comenta la ausencia de precursores del género de ciencia ficción en la literatura en español, presentando a Bioy como el iniciador de un género nuevo. La novela tuvo una gran aceptación y recibió el Primer Premio Municipal de Literatura en 1941.
Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, 15 de septiembre de 1914 y se fue con los más el 8 de marzo de 1999. En 1990 recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Premio Miguel de Cervantes, las máximas
distinciones de la literatura hispanoamericana. Se cumplieron veinte años de su partida y esa ausencia ha dejado un enorme vacío en los que fuimos sus discípulos y amigos.

©ROBERTO ALIFANO, periodista, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





AMOR ESPERANZADO, Alba Yobe, Santa Fe, Argentina

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Imagen de: Dreamstime



AMOR ESPERANZADO

Siento mi corazón una galaxia
Con el mudo mensaje
De los astros.
Siento mi corazón
Esta mañana
Henchido de un amor
Casi salvaje.
Abierto hacia infinitas
Dimensiones,
Cabe el pobre, el rico
El egoísta.
Cabe el planeta tierra
Y sus misterios,
Las estrellas,
La luna, el sol, esperan.
Cabe en su loco ritmo acelerado
Habitante quizás,
De otro planeta.
¡Es tan grande este amor
esperanzado!
Hay tanto espacio libre
Entre latidos…
¿por qué han de sentirse
solitarios
el corazón y el pensamiento míos?
¡Dímelo Dios
Tú has sido mi testigo! 


©ALBA YOBE, poeta y escritora santafesina
GOBERNADORA CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
EN LA PROVINCIA DE SANTA FE, ARGENTINA


FULGOR DE POESÍA, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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Imagen de: Milenio


FULGOR DE POESÍA

Yo vine a este mundo confuso
un Domingo por la mañanita.
Dios aquel día escribió versos en mi nombre.
Yo nací un día donde hubo fulgor de poesía.
La poesía es la canción de nuestras almas,
es el reflejo de nuestro tiempo,
es la voz que brota del interior,
es la inspiración de todo buen lector,
es un otoño con hojas tristes
o un invierno con flores alegres.
La lírica es un elogio a la belleza.
en sus líneas están nuestros anhelos, nuestros momentos,
nuestros sueños, nuestros pensamientos,…
El devenir de mis años,
me han dicho que yo nací un día con fulgor de poesía.
La poesía es un misterio llamado verso,
es un mundo de fantasía,
es un presagio del poeta,
es su vida escrita en párrafos,
es un libro que no tiene fin,
es el resplandor de nuestro idioma,
es una de la razones de mi vivir.
El verso es como una oración con rocío de devoción,
son palabras que nos hacen libres y de alguna forma eternos.
Yo escribo esas libres palabras para no sucumbir en el olvido.
Todos somos un verso de Dios.
Sin poesía el mundo no tiene vida,
es un triste orbe que gira sin razón.
Sin poesía no hay sueños, todo se vuelve opaco,
sin poesía no hay elogio a la vida.
Yo vine a este mundo confuso
un Domingo por la mañanita.
Y deseo despedirme con la brevedad de un silente verso,
con la esperanza de que mañana habrá  fulgor de poesía.


©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 6 de abril de 2019

IMPORTANTE ACONTECIMIENTO CULTURAL DEL COFFAR, José de Guardia de Ponté, Salta, Argentina


























 IMPORTANTE ACONTECIMIENTO CULTURAL DEL COFFAR EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, ARGENTINA

ASOLAPO ARGENTINA DICE: ¡PRESENTE!

FELICITACIONES!

MESA DE LECTURA DE LOS POETAS DE ASOLAPO ARGENTINA:

Zulma Nicolini, Gualeguaychú, Entre Ríos

Mary Acosta, Buenos Aires, Argentina

José de Guardia de Ponté, Salta, Argentina

Carlos splausky, Buenos Aires, Argentina

Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina


LA MUJER EN LA ACTUALIDAD, Eunate Goikoetxea, Alicante, España

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Imagen de: Clarín



LA MUJER EN LA ACTUALIDAD


Durante la historia de nuestra sociedad, el rol de la mujer se ha ido transformando. Al comienzo, en culturas prehistóricas, el papel de la mujer era básicamente de recolección, mientras que el hombre era el encargado de la caza. En las sociedades más recientes, la mujer era la encargada del cuidado de los hijos y del hogar, y sólo en caso de un mal estado económico, la mujer buscaba trabajo fuera del hogar.

Cambios en el mercado laboral, especialmente debido a la revolución industrial y a las grandes guerras del siglo XX, permitieron a las mujeres una mayor inmersión en el mercado laboral.

En la sociedad actual, basadas en una estructura de parentesco flexible que ayuda mucho a la responsabilidad compartida con el hombre, muchas mujeres buscan navegar el mar del mercado laboral más allá del núcleo familiar del cual constituyen la pieza fundamental. Las razones son diversas: libertad, independencia económica, valorización individual, motivación, recuperación de una carrera o actividad postergada, etc.

Para llevar adelante la actividad laboral, la de pareja y la maternidad, las mujeres cuentan con una intuición, una inteligencia práctica y una sensibilidad exquisitas. Y es justamente dicha sensibilidad el don que complementa las virtudes del hombre.

Pero la participación laboral de la mujer en la sociedad, más allá del núcleo familiar, no es prioritaria para todas las mujeres. Hay muchas mujeres que hacen foco en su rol de madres y se dedican de lleno a su familia sin realizar ningún trabajo profesional fuera del hogar. Aquí es importante hacer una mirada diferente y destacar que la mujer administra una empresa llamada HOGAR. En dicha empresa se requiere de finanzas, cumplimiento de horarios, de actividades concretas, educación, tolerancia, integración de equipo, de servicio, de conocimientos, motivación, pasión, etc. El problema es que la sociedad no valora esta gran tarea, ya que asume que ser madre y eje del hogar es prácticamente una obligación de la mujer adquirida por el mero hecho de ser mujer, y que esta tarea no es remunerada como cualquier otra actividad.

Las mujeres de hoy se desenvuelven y se desarrollan en un medio que estimula la persecución de nuevas metas, por lo cual muchas veces se debaten entre la procreación y la administración del hogar y la necesidad de crecimiento personal. 

Si trabajan, se debaten entre la culpa por la disminución del tiempo con su familia y la lucha por crecer en un universo laboral que les demanda atención completa, llevando a la mujer a un nivel de auto exigencia enorme para sostener los pilares del trinomio hijos, pareja y trabajo.

Hablamos de los roles de la mujer en la sociedad actual: madre, esposa o pareja, trabajadora, administradora y sostén emocional del hogar, pero no debemos olvidar que el primer rol de la mujer en la sociedad es justamente ser mujer, con su identidad y su femineidad, es no adoptar características masculinas para ser más aceptada en un mundo en el que todavía existen desigualdad de oportunidades.

Por supuesto, la clave está en respetar la diversidad de las mujeres. No hay un único modelo de ser mujer. Eso era lo que el rol estereotipado quería, y es lo que se debe eliminar para lograr que todas puedan elegir su destino. Incluso lo puedan cambiar a lo largo de sus vidas.

Por eso, el sentirse “mujer” es algo que cambia según las condiciones y el contexto de cada mujer y en los distintos momentos de la vida. Lo primordial es que todas puedan elegir qué ser y lo puedan concretar. Trabajemos todos unidos para que esto sea posible y esperemos que un futuro no muy lejano pueda realmente consolidarse.

©EUNATE GOIKOETXEA, poeta y escritora de (Alicante-España)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA