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sábado, 16 de marzo de 2019

EL CORO DE LA AURORA, Irene Aguirre, Buenos Aires, Argentina





















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EL CORO DE LA AURORA

Han cambiado las cosas en el mundo,
se dibujan los nuevos arquetipos
y declinan ciertos estereotipos
que  afirmaban verdades, infecundos.

Se han abierto compuertas impensadas
que denuncian, valientes, , las cautivas
realidades de acoso , transgresivas,
las violencias continuas , desalmadas.

Las mujeres son víctimas constantes,
y aún así más se afirman, renovadas,
frente a ofensas que a su autoestima hieren.

Ante tantos peligros, desafiantes,
son  un coro de voces desplegadas
¡que se esfuerzan en pos de lo que quieren!

©IRENE AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





SUSTO, Teresinka Pereira, Ottawa, Usa.

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SUSTO


Nos quedamos inebriados
por la claridad del día
y por la luna plateada.
Disimulamos el susto,
las emociones
y hasta mismo el veneno
que el corazón entreabierto
reclama para reafirmar
nuestro poder de asalto.
Todos los riesgos
son sofocados
por la cordialidad
que nos impone
la convivencia en paz
con la humanidad
que es toda sufridora.


SUSTO

Ficamos inebriados
pela claridade do dia
e pela lua prateada.
Dissimulamos o susto,
as emoções
e até o veneno
que o coração entreaberto
reclama por reafirmar
nosso poder de assalto.
Todos esses riscos
são abafados
pela cordialidade
que nos impõe
a convivencia em paz
com a humanidade
que é toda
sofredora.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MALA COSTUMBRE HUMANA…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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MALA COSTUMBRE HUMANA…

Espumas marinas cargadas de sueños.
Esperanzas enhebradas en rayos de Sol.
Fantasías brotadas a la vera de la playa
extinguidas la misma tarde que nacieron.

Deseos pospuestos hasta el nuevo verano
tiempo en que tampoco habrán de acontecer.
Mala costumbre humana postergar deseos
ocultándolos en el engaño del “ya lo haré.”

Cancún (península de Yucatán, México), 7 de febrero de 2017

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA





AUTOBIOGRAFÍA II, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina















AUTOBIOGRAFÍA II

No es la distancia ni el vacío.
Estamos solos en la memoria del instante.
En este amar que llega,
en este cielo errante sobre el mar.
Sin embargo la ternura es continua.
Y el viento me despierta.

Buenos Aires, marzo de 2019


©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 9 de marzo de 2019

DESDE LA PENUMBRA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe


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DESDE LA PENUMBRA 

a Juan Lacalle 

“...y es la pobreza esa mirada desde la penumbra
de los espíritus condenados por el desamor”
Alejandro Rivier 

Esa programación mental de la pobreza
que enferma al espíritu débil y dormido.
“Antes de ser pobre fui ignorado”
y el golpe marcó a fuego la consigna:
¡nada vales y el sol hoy no te alumbra
ni es tuyo el respirar! ¡Cuánta tragedia
del alma en el baldío de las horas!
Mi soledad en medio de la mesa
ni un solo pan de amor, así empezamos.
Después, triste palabra del esclavo,
me robaron el hoy y hasta la calma.
Lo permití, mis padres me entrenaron
para la humillación y el espejismo.
Quise volar un día cual gaviota
y a la playa del mal volví caído
¡es que cargar en vuelo tanto olvido
terminó con mi aire en pleno cielo!
Canté con esa voz herida y barro
alfarero de todo hice mi nido
para enseñar entonces la pobreza
heredero del mal y tuve al hijo.
No me lloro tal vez porque no tengo
lamentaciones ni ruegos escuchados.
No me creo infeliz porque no creo
ni siquiera en mis ojos desdichados
que miran desde la penumbra
la vereda del sol como a un pecado. 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA







CAMINO LARGO, Claudia Pannone, Buenos Aires, Argentina

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CAMINO LARGO


No debe haber camino largo
como el que juntos recorrimos;
un fragmento de cielo en tus ojos
y un callado marrón en los míos,
tu palabra plegaria en mis oídos
y tu nombre llenando aquel vacío.

Yo pude ser solo distancia,
faro de luz en el camino;
agua fresca en tu sed de cariño,
horizonte en tus soles perdidos.
Pero he sido sin más, en tu verano:
una rama reseca y sin abrigo.

Hoy es partir,
mañana, tan sólo llegar.
Luego habrá una costumbre total:
vegetar en los sueños perdidos.
Y la lenta vejez material,
es la cruda verdad que nos dimos…


Letra y música de:
©CLAUDIA PANNONE, cantante, autora y compositora argentina.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



«DON JUAN» (o un hombre cualquiera) , Ángel Medina, Málaga, España
















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«DON JUAN»  (o un hombre cualquiera) 
      
(Ensayo)

La estación otoñal introduce en la caducidad, despoblando a los árboles de su vestimenta. Así el hombre.  Los años pasan, conservándose las vivencias. ¿Quién no mantiene el recuerdo del pasado  florido, cuando era un galán?
¿De dónde surge el personaje que muchos de alguna manera gustamos, representamos y finalmente añoramos?
Marañón lo clasifica como un monógamo, pero podríamos considerar sin ambages al Tenorio como polígamo, al preferir estar con todas, pese a no vincularse a ninguna.  ¿Sería correcto preguntarnos quién era Don Juan, o quizá sería mejor, al estar encarnado en gran parte de los varones- en especial la idiosincrasia latina- cuestionarnos qué es? O tal vez, ¿cómo somos?
Se trata de una figura de la cual ya hablaba la cultura antigua en sus mitos. Así, Zeus, que engendró a muchos héroes con mujeres  de carne y hueso; aunque la aparición primigenia acontece en “El burlador de Castilla”, allá por el siglo XVII, obra de un religioso mercedario  llamado Gabriel Téllez, más conocido como  el literato del Barroco Tirso de Molina.  En época más reciente tenemos el clásico tenorio de Zorrilla, guardando todas entre sí  una similitud, que no es otra cosa que la reverberación posesiva del macho. Posesión, ciertamente, porque  busca el sometimiento de la hembra en sus atributos. La persona no interesa.
Así, pues ¿es la figura donjuanesca un mito o la proyección universal  del deseo de seducción que late en el machismo más rancio?
Don Juan es ante todo un hombre que se niega a sí mismo, pues se reconoce sin conocerse. En el fondo se siente tan anónimo como universal. Es como si no quisiera tener nada que ver su persona con lo que hace. No vincular su hacer con su ser. Por eso llega a preguntarse: ¿Quién  soy yo? A lo que desde su interior responde una voz: “Un hombre sin nombre”. Pura inconsciencia. De esta manera zanja cualquier colisión con su discernimiento, respondiendo su instinto depredador por él. No quiere profundizar en su ego para saber de sí  mismo. Aunque parezca una contradicción, el macho se impone al hombre.
Busca eludir la responsabilidad de darse y evita el compromiso. Algo que en cierta medida comparte la sociedad actual en su expresión machista. La sexualidad ha de ser sin concesiones ni consecuencias, como diría el erotismo teórico.
Su código de valores se mantiene en su narcisismo. Se ama a sí mismo antes que a nadie, gustándose y complaciéndose en la exaltación de sus feromonas, saboreando sentirse admirado. Es un triunfador de lo profano, vástago de la materialidad. Algo que se lleva en esta época de descreimiento y cuyo valor supremo es la vanidad. Es hijo de una sociedad que relega, cuando no renuncia a determinados valores éticos, considerando a los demás como un sub-producto para el consumo personal. Se sabe objeto de deseo, consciente de que muchos querrían ocupar su lugar, y tantas gustar su frivolidad. En el fondo se reconoce como el revelado del negativo de un cliché de la masculinidad.
Su autoconfianza en los lances amatorios  le hace sentirse pendenciero y bravucón. Seguro de sí mismo, no duda en porfiar con tantos otros que se ven competidores, como Don Luis Mejías, y como la caballerosidad brilla por su ausencia, a pesar de alardear de hidalguía, en el fondo carece de ella y es incapaz de guardar discreción de sus lances, aireándolos, cuando no los exagera. Si las conquistas no son compartidas para morbo y baboseo de sus condiscípulos, es como si no hubiesen existido. El honor es manoseado, dejando el pudor social de tener sentido, algo no difícil de comprobar,  reflejándose en determinados programas de tele basura.
Don Juan se jacta de subir a las almenas y descender a las cabañas, en clara alusión a que sus principios le permiten asediar sin distinción a la mujer, y siendo consciente de que sólo le interesa el placer sexual es capaz de seducir lo mismo a altas que bajas, gordas que esbeltas, de mediana edad que maduritas, iniciadas o vírgenes, y si es posible, obtener la entrega del honor, llegando para ello, si fuese menester a fingir el enamoramiento o hacer promesas que de antemano sabe que no va a cumplir. Para  él, el fin justifica cualquier medio.
Hay momentos en los que busca refugiarse en su intimidad, aún sin estar seguro en qué consiste, siendo entonces cuando puede brillar un mínimo destello que ilumine su alma. En ese punto, busca la justificación en las pasiones del corazón que son innatas al hombre, y renunciando a su albedrío, se dice y proclama: “Responda el cielo y no yo”. Si son dos días los que hay que vivir-  reflexiona  en su soliloquio interno- habrá que dejarse guiar por la concupiscencia, fiando el porvenir a un mañana que sabe lejano. Pero, como la idea persiste, en un arrebato que es antes hijo del miedo que de la compunción,  se envuelve en el remordimiento, aunque, sopesándolo,  decida no  poner freno a sus pasiones. Es entonces cuando brota de su interior aquellos versos que retratan el estado de su ánimo:

“Si ese plazo me convida a que gozaros pueda
Pues larga vida me queda, dejad que pase la vida
Si de mi amor guardáis señora, de aquella suerte,
El galardón de la muerte,
¿Qué largo me lo fiáis?”

¿No es éste el mismo sentir que abriga el pecho del hombre de nuestro tiempo? ¿Retener el presente y no pensar el futuro? ¿Vivir el día a día sin mirar adónde le lleva el destino?
¿Qué desenlace  proponer para el personaje tan hábilmente creado por la pluma inmortal de diversos autores? Ciertamente, el clásico lo diseña en la escena de su muerte a manos del Comendador o estatua de piedra, que lo arrastra hasta el  averno. Pero, también podríamos proponer  su fin remitiéndonos al  arrepentimiento en un doble sentido. De una parte, en el mundo de su presente, bajo el signo de haber saboreado momentáneamente en Doña Inés la esencia de un apego diferente y real, consciente al final de su vida que su quehacer amatorio le ha llevado  a renunciar al amor verdadero, que ciertamente contiene la pasión,  pero a la vez alcanza el alma.  Más allá de lo medible, de otra, echando la mirada atrás, achacoso, y aún no pudiendo enderezarse los vericuetos recorridos,  en el peso de la duda vislumbrar  la esperanza de que también él  pueda ser redimido finalmente. Es posible que no alcance su ánimo la contrición, el reconocimiento de sus maldades a la luz de la virtud, pero será el momento de recordar aquellas palabras piadosas de alguna beata que procuró llevarle por el buen camino, bastándose la atrición o miedos a su eterna perdición. Dos maneras de comprender su propia futilidad.

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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ACERCA DE LA POESÍA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

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ACERCA DE LA POESÍA

            Que de “médico, poeta y loco todos tenemos un poco” es algo cada vez más evidente a la luz de la medicina, sobre todo si sustituimos la palabra loco por neurótico y aceptamos que para dejar de ser neurótico hace falta ser creador.
            Y poesía es poiesis, que en griego significa creación.
            El mito fue la primera poiesis, y en la mythopoiesis, que es la división celular, está el primer gran acto poético de la vida.
            Y la poesía también es magia. Una transfiguración de palabras y una combinación de sonidos que despierta en nosotros sortilegio y comunicación.
            El mejor poema, según Dylan Thomas, es aquél en el que están los trozos del “mágico accidente de la iluminación”, y esa iluminación sólo se da en los niños, en los locos y en los poetas.
            La poesía es algo tan elemental, que hasta puede prescindir de la definición.
            Es algo que se siente, y punto.
            Pero en tren de buscar una aproximación, digamos de ella que es algo tan simple como el despertarse a la mañana, tan dramático como el estar vivo y tan importante como el poder contarlo. Es el sentimiento puesto a escoger y capturar palabras, para luego liberarlas en el poema y emocionarnos. Es hacer letra de una emoción.
            La poesía es una amalgama de silencio y palabra, elaborada con un fin trascendente.
            Es un nombrar las cosas como si se las viera por primera vez.
            Es síntesis y simplificación, buscando ocultar las cosas, transfigurándolas. La poesía es la taquigrafía del alma.
            El “síntoma” de un auténtico poeta es contar algo que nadie ha contado, pero que no es nuevo para nosotros. Es revelar y redescubrir: develar la poesía que todos llevamos dentro.
            Es reminiscencia y plagio del lector. Es un mensaje lanzado al mar en una botella; es la carta de un rey, como en el poema de Tagore que escuché por primera vez en boca de mi madre.
            Poesía es eufemismo, es eludir el nombre cotidiano de las cosas; es mostrar el otro lado de la luna; es recrear mágicamente un objeto.
            Es rejuvenecer al modo de Fausto, y es la demostración de que lo más vil tiene también su logaritmo astral, su perfil poético.
            Es la que le da existencia al poema como el alma al cuerpo, dándole significación y sentido poético. Un sentido poético que no puede ser separado de la forma verbal a la que anima.
            Forma verbal, o sea, palabras que, a veces, se presentan integrando frases de uso común. Pero que, sin embargo, en conjunto, y por la forma de haber sido dispuestas en el poema, constituyen algo extraño al uso común. Que no han sido utilizadas para que, simplemente, describan o informen acerca de algo. Que están allí, en el poema, por otro motivo. Que están allí para integrar imágenes, puestas y dispuestas por alguien que, fundamentalmente, debe estar habitado por el júbilo de la palabra. Y ese es el poeta.
            Los objetos nos evocan su nombre, que es una palabra, y a través del poeta son las palabras las que pueden evocar a los objetos.
            En síntesis, concluyo: la poesía es una emoción que se busca expresar “como para regalo”.

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





CARRUAJE EN LAS SOMBRAS DE LA NOCHE, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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CARRUAJE EN LAS SOMBRAS DE LA NOCHE
a Sandra Noemí Britos

Carruaje en las sombras de la noche
capaz de cruzar entre los árboles del bosque
sin dejar señales; ni siquiera un rastro.
Apenas lo distingue el sonido apagado
por el chasquido del látigo en el aire disperso
siempre cuidando no tocar a los caballos.
Ese hombre va solo, riguroso y en silencio
certeza tiene sobre el rumbo que ha tomado.
Se encuentra más allá de toda decisión terrena.
Es su espíritu hidalgo luminoso acongojado
que le guía cual brújula eficaz hacia el castillo
donde duerme, y lo aguarda, una mujer sincera
a la que el caballero ama, amará y ha amado.
En la región más oculta de la caverna iniciática
ese hombre vivió la iluminación trascendente
hallando que no hay cifra prefijada ni fatalidad.
Mucho menos un profano concepto de destino.
Todo es construcción permanente personal.
El Omnipotente deja a la humilde criatura
dispuesta a ejercer el esencial libre arbitrio
que edifica la alambicada historia humana.
Cada uno es dueño de su fugaz presente.
Arrastra los recuerdos, los hechos, la memoria
e intuye aquello que anhela ocurra en lo futuro.
El caballero sabe, y tiene la certeza, de que sólo una cosa
es segura perdurable inmutable en el Universo
en tanto él sepa cumplir la misión que le fue legada.
Lo único inmutable es el singular entramado del Amor
que siente por ella y el hecho claro de que la Dama lo ama.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA



CUANDO TU LLEGASTE, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

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CUANDO TU LLEGASTE.

A Martha Ligia mi esposa

Esperé en los lugares ,
y esperé por los tiempos.

Cuando tú no existías,
el vacío existía;
no había sueño ninguno
y ninguna alegría.

Al llegar
vi en tus ojos
la inteligencia y la paz;
esos cabellos largos
enmarcando tu faz.

Tus manos me hablaron
un lenguaje interior,
como hablan los artistas
y el pájaro cantor.

Tu mirada era tibia
como el rayo de sol,
tu paso era firme
y muy dulce tu voz.

Yo sólo me dije,
esta mujer buena
que añoraba siempre,
fue enviada por Dios.

Enero 29 de 2008.


©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA