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sábado, 11 de noviembre de 2017

BARBARIE, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina



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Imagen de: Perú21

BARBARIE

Said, civilizando barbarie en la India de Dickens y de otros.
La tortura de sueños coloniza y la paz se hace racimo,
Ensangrentados.
Un inglés, un ruso y un eslavo,
es otro portugués, otro español, otro peruano.
El maya es un mongol arremangado
y la catarata con sangre de todos, corre acaudalada,
Catarata en un tiempo que gira y nos abruma.
Por la suerte de ser, colonizado,
se produce el mestizaje,
hombres hermanados.
Mitad indios, mitad árabes o coyas,
hombres de piel mestiza, humanizados.
Y la palabra tiempo vuelve siempre,
a recorrer presentes y pasados.
Letras en idiomas intangibles, sin querer seleccionados.
Inglés es español y es chino y es francés.
Ruso es hindi y es alemán y es italiano.
El abrazo es un idioma universal, hermano.
Y la voz es la misma cuando canta,
Cuando grita, cuando calla.
La voz no tiene tiempo, es suspiro acompasado.
Y voz tiene el indio y el tehuelche
 y el hombre moderno  y el chino mandarín acurrucado.
Y tiene música en su voz el brasilero,
el ciudadano de Angola y el paisano.
El gaucho argentino y el hebreo,
que milita por un dios humanizado.
Y el que ora a Alá, arrodillado.
Y las voces, si se igualan, hacen música.
Orquesta celestial, armonizada,
voces del mundo  pacificando guerras,
con los sueños vivos, presentes y pasados.
La herencia a cuesta, y sin piedad,
asegurando identidad: los genes heredados.
Herencia.
Humanidad.
Velocidad.
Tiempo.
Materia. 
Molinos de vientos no derribados,
que aquellos que manejan la historia con hilos de guerra,
sostienen en pie.
Bizancios modernos perlados de sombras,
azhares de  Izmir que aroman la sien.
Un dorado ejército de niños muriendo,
 por el sueño avaro del fulano aquél,
y en laberinto que ciñe los siglos,
un niño nacido en Jerusalén,
purga lo pecado, y nos reconcilia,
con la misma idea de hacernos el bien.
Cimientos que estallan,
patriarcas que duermen,
y en la metafísica que crea un réquiem,
la conciencia vuelve para darnos vida,
antorcha que brilla cual amanecer.
Un silencio esquivo, que se hace bullicio
piando palomas de picos en flor,
el niño y su llanto de pureza extrema,
tanta decepción.
Hombres. Ciudadanos.
Herederos. Humanos.
Guerras. Voluntad.
Terrorismo. Cruzadas.
Patria. Humanidad.
No nos olvidemos que el tiempo no es tiempo,
Que somos el otro.
Circularidad.
Un rubí caliente, de sangre azotada,
me toma la mano de tanto pecar.
Y la estrella asoma, impía, arriesgada,
intenta de nuevo, Belén alumbrar.
Vamos hombre hermano,
vamos por la vida,
 por la pertenencia,
por la pacha mama,
por la libertad.
Vamos por la historia, 
sintiendo la sangre de la humanidad, 
con estrechos tiempos, o instantes eternos, 
pero siempre tiempo, tiempo circular.
Vamos por la vida, por la trascendencia. 
Dejemos herencia, herencia de paz.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL HOMBRE SOLO, Ady Yagur, Israel

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Imagen de: Guioteca.com


EL HOMBRE SOLO 

Sentado frente al espejo 
mira extrañado su rostro,
dice que no es su  imagen
el  la recuerda  despierto.

Tiene plateados cabellos 
tres arrugas en su cuello,
cuatro pliegues  en la piel
entre caídos  parpados.

El hombre  se siente solo
sueña  con la luna  lejana,
con el  guiño de estrellas
acariciando  sus rostro.

Eco  pasado del tiempo
voz interior que reclama,
el ansia de ser más joven
es amparo de su pena.

Dice que mirando rosas
entre silabas secretas,
el amor ausente ignora
hasta flores de olivares.

Sendero que  transforma
los pliegues  de su rostro,
el tiempo le grita al oído
que la vejez ha llegado.

Exilio duro son los años
flores algo apagadas,
la lluvia  moja su mirada
acariciando sus lágrimas…

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SUSANA, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Bahía César


SUSANA 
     
A las cinco de la tarde de ese viernes la estación terminal ferroviaria se encuentra atestada. Nada nuevo. Mucho menos lo era para Susana. Hastiada del mismo trayecto cada jornada del año, menos sábados y domingos, feriados y “fiestas de guardar” para usar la expresión que con tanta frecuencia brotaba de la boca de su abuela, con quien vivía en una sencilla casa situada por las afueras de la ciudad.
Ya le resultaba más que tedioso y aburrido confundirse en esa masa que ora bajaba, luego ascendía, dando impresión de manada, transformando a los vagones en gigantescos jaulas cargadas con humanos de a pie. Enormes jaulas, pensó. Sólo que nos las construimos nosotros mismos, continuó infiriendo. Qué estúpidos somos, completó en su mente.
                Visto desde cierta altitud, por una mosca que decidiera remontar hasta la cúpula del edificio, los vagones aparentaban cual gusanos gigantescos tragando a las pequeñas hormigas humanas en su apurado caminar, mano, hacia el matadero de la esperanza.
                En Japón crearon “empujadores”, personas que empujan a quienes no consiguen ingresar a los vehículos, recordó Susana que lo había leído en páginas vistas “de ojito” en la edición quinta del diario La Razón. ¿Cuándo los tendrán aquí?, se encontró preguntándolo en voz alta. Por supuesto ninguno prestó atención a sus palabras.
                Susana, trabajando ocho horas en la peletería. Se procuraba más dinero haciendo trabajos de hechicería transmitidos por sus antepasados originarios quienes también le habían legado su hermosura indígena.
Tales saberes dieron a Susana la certeza de la existencia de un universo al que nunca tendría acceso esa masa de costumbres repetitivas, intereses superficiales y máscaras abigarradas. Por eso ella quería salir de entre aquella multitud, desaparecer, convertirse en otra, por sobre todo necesitaba imperiosamente ser ella misma; auténtica. Empero, estaba extraviada entre en ese gentío, con su pelo corto y negro, lleno de rulitos; la mirada altiva y el tapado ajustando sus contornos dadivosos. Era parte del grupo innominado pero desajustaba; se diferenciaba sin proponérselo.
                Recordó haberse dirigido al último vagón, igual que todos los atardeceres laborales de éste año, y del otro, y también del anterior. Pero, aún no iniciada la marcha del tren, en un momento, advirtió que algo no estaba bien, una cosa cambiaba aunque no supiera decir qué, o por qué motivo tenía tan inesperada sensación.
                Recordó sus últimos pasos en el vagón, pero no más.
Fue comprendiendo que algo de su constitución se estaba esfumando, perdíase, pero no disolviéndose o por tornarse invisible, sino a través de la vivencia de una desgarradora tortura – intensa, inmediata, repentina –, cierta alquimia donde la piedra filosofal era ser cortado en trocitos – no el cuerpo, claro; sino el espíritu – para desparramarlos enseguida entre los silenciosos – bullangueros – transeúntes.
Susana advirtió lo ocurrido. Fue lo último que estuvo en condiciones humanas de recordar. Ya no era más parte de la multitud. Ningún vínculo la relacionaba ahora con aquellas personas plenas de mediocridad.
Descubrió que su animal de poder era el águila.
En pocos intentos alcanzó altitud suficiente. Sin proponérselo, guiada por aquellos saberes ancestrales, puso rumbo hacia los Andes.
Sintió que la libertad que tanto hubo anhelado se había convertido en concreción real. Pudo disfrutarlo.
En soledad, siguió volando.
                Recuerdo que, al día siguiente, los canillitas voceaban la desaparición de una bella joven, de extraña vida.
                En el anhelo de noticias, la abuela visitó cada semana la comisaría, aguardó horas sentada en los sillones de madera de la antesala del despacho del juez interviniente y conversó cada vez que pudo con el fiscal de la causa. Susana nunca fue encontrada.

Barrio de Villa Devoto (Ciudad de Buenos Aires), 7 de junio de 1976

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA 

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina



















ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Entre los días de la vida vamos,
con  el interrogante sostenido
del para qué y el cómo ¿ Qué sentido
nos va guiando hacia lo que soñamos?

Mientras crecemos, con el remanido
discurso diario  al que nos aferramos,
lo material  se instala  y alejamos
la dimensión del ser constituido.

¿Y cómo equilibrar lo que negamos
de nuestra condición con lo aprendido?
¿Qué hacer con esa esencia que portamos?

Hermanos, ¿si a este mundo alicaído
le agregamos el cielo?, ¿si ayudamos
al prójimo que sufre, desvalido?

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICIO DE ASOLAPO ARGENTINA

Poeta por el Humanismo y la Paz
Embajadora de Paz Cercle Universel des Ambassadeurs de la Paix, France/Suisse
Embajadora de Paz de Mil Milenios y Fundación PEA de Argentina



sábado, 21 de octubre de 2017

EL MAGO DEL AMOR, Alejandra Zarhi, Santiago, Chile


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EL MAGO DEL AMOR

No entiendo lo que pasa
aparece y desaparece
el mago del amor.
Embruja, hechiza, enloquece
no tiene perdón.
Electrifica la vida
subyuga, hace perder la razón.


Es el mago del amor
cautiva la savia
que pone en la flor.
Estremece rincones
enloquece de tanta pasión.

Tan tarde que vino
ya se está secando el camino
se van muriendo los sentidos.
Pero igual aparece y hace alumbrar el sol.

©ALEJANDRA ZARHI, poeta y escritora chilena
PRESIDENTE DE ASOLAPO CHILE  



EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL, Rodolfo Leiro y Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Panoramio

EL MISTERIO DEL VIRUS VIRTUAL


Un cuento de Rodolfo Leiro y Norberto Pannone


            Alberto Inocencio Calvo, había asumido su temprana viudez con crecidos vestigios de ufanías no fácilmente disimulables.
Sus cincuenta vigorosos años. Lo encontraron en los senderos de la vida, todavía transitables, con ciertos apetitos que suelen consumir las impaciencias. No había ya necesidad de ocultarse tras los vastos tapices de los amores disimulados y las flamas impetuosas del deseo, podrían encenderse sin tapujos.
Él había aceptado con subida complacencia, la fresca y esbelta figura de su secretaria, Alicia Cándida Bueno.
Ella, disfrutando de sus recientes veintidós años, especulaba con los regalos y con un sueldo nada despreciable, que por otra parte, hubiese correspondido a una empleada de alto rango y altamente eficiente.
Sin embargo, la impaciencia, el mal humor y la insatisfacción, estaban consumiendo aquellas inefables horas de placer. En la oficina habían comenzado a ocurrir bastantes problemas con el funcionamiento de la computadora y el carácter de Alberto había comenzado a desnivelarse. Desde algunos días a esta parte, hubo que rehacer varias veces una serie de importantes archivos de clientes que, misteriosamente, se borraban del disco rígido.
La primera vez los tomó de sorpresa y el trabajo de reconstrucción fue muy arduo. Hubo que acudir a la joven memoria de la eficiente secretaria. Aconsejados después por el técnico en computación, comenzaron a realizar copias de seguridad y, gracias a ello, podían, reconstruir, aquello que, inevitablemente, al otro día, aparecía borrado de la PC.
-¡Maldita computadora! –Rezongaba Alberto con justificada impaciencia y enojo.
-¿Qué ha dicho esta vez el técnico, Alicia?
-Que cambió el antivirus. Que si hay problemas lo llamemos de nuevo.
Al día siguiente, se repitió el problema. La pantalla se puso azul y luego negra. Resetearon el CPU y nada. Todo se había vuelto a perder.
-¿Has llamado al técnico, Alicia?
-Vendrá hoy después de las quince, Alberto.
A Alberto Inocencio Calvo, se le habían comenzado a caer los pocos pelos que le quedaban en su declarada calvicie. Por un designio inevitable, su cráneo, parecía cumplir un destino en concordancia con su apellido.
Cuando el reloj había sobrepasado la esperada cronología de las tres de la tarde, Alberto le preguntó a su secretaria:
-¿Está lista la computadora, Alicia?
-Si, Alberto –Respondió su atrayente colaboradora.
-¿Qué ha dicho ahora ese aprendiz…?
-Que ha colocado un nuevo antivirus. Lo más efectivo que existe en plaza.
-Veremos…
A las dieciocho horas, poco tiempo antes de cerrar el estudio, el problema volvió a manifestarse… Ahora, Alicia, que estaba operando la PC, sintió una leve angustia que oprimió su garganta. Por un instante, perdió la visión. Pestañeó varias veces, tomó una bocanada de aire y todo volvió a la normalidad, excepto la computadora que se había “tildado” nuevamente. Algo no andaba bien. Alguna cosa en la oficina había cambiado. Alicia tuvo un presentimiento y la angustia volvió a clavarle sus garras en el secreto recinto de su pecho. Llamó a Alberto y juntos convinieron en llamar nuevamente, a primera hora del día siguiente, al técnico.

La “cosa” escapó de la pantalla con una velocidad imposible de calcular. Invisible al ojo humano. Desde un vértice de la pantalla, erupcionando el demiurgo de su incomprensible mecanismo, atisbaba las pupilas de la armoniosa secretaria. ¡Qué hermosos que eran aquellos ojos! ¿Y si pudiese entrar en ellos? ¿Anidar allí su maligna presencia? Decidió que mañana lo haría sin falta. Necesitaba adaptarse al nuevo mundo, demasiado agreste y hostil. Se quedó agazapada en un rincón del cielo raso. ¿Y por qué no ahora? –Decidió.

Alberto, desorbitaba la sátira feroz del improperio desde el podio de su rabia esmerilada por la pérdida de tiempo y la manifiesta incapacidad de aquel técnico escudado en la ambigüedad de explicaciones no fácil-mente comprensibles. Mañana pondría las cosas “en su lugar” y llamaría a otro, pero no sin antes descargar su no disimulada dosis de febril contrariedad. ¡Lo llamaría apenas abriera su negocio y le diría que era un inútil! ¡Mañana sabría ese imbécil quien era don Alberto Calvo!
Caprichosamente, decidió que esa noche “metería manos” por su cuenta en la maldita computadora.
Cuando Alicia se hubo marchado, acomodó unos papeles de su escritorio, llamó al bar de la esquina, pidió algo para comer y se instaló frente a la pérfida máquina.
Eran cerca de las veinticuatro. Llovía y el vidrio de la ventana se había empañado. Un bocinazo que vino de la calle lo trajo a la realidad. Se levantó, encendió un cigarrillo y se dispuso a relajarse por un rato. Se acercó a la ventana y escribió con su índice el nombre de “Alicia” en el vidrio empañado. Avergonzado, lo borró rápidamente con la palma de la mano.
El problema del “Cuelgue” de la PC lo volvió a atormentar. Tornó a sentarse frente al monitor e, inconciente escribió “Alicia”. ¿Sería posible? , al escribir aquel nombre la máquina se reseteó sola y todo volvió a la normalidad. ¡Lo descubrí! Casi gritó de alegría. “¡La clave es Alicia!” Apagó el equipo y lo volvió a encender varias veces. ¡El problema había desaparecido! Con alegría por haber descubierto la causa, apagó el CPU y se dispuso a irse a su casa a descansar. “Mañana me escuchará el imbécil del técnico” –Se dijo. Y apagando las luces, se marchó.
Haría cinco minutos que se había ausentado cuando imprevistamente, la pantalla se encendió y se puso de un color azul intenso. Permaneció encendida hasta las seis de la mañana y luego se apagó.
Al día siguiente, Alberto llegó más temprano que de costumbre, esperaba el arribo de Alicia para contarle lo que había descubierto. A las ocho y veinte, recibió una llamada de la madre de su secretaria informándole que esta se encontraba enferma y que no acudiría ese día al trabajo. Asintió de mala gana, recordando que igual llamaría a la casa del técnico para cantarle cuatro frescas e informarle que él había solucionado el asunto por sus propios medios.
Lo atendió una voz de mujer informándole que era la vecina que estaba al cuidado de la casa. El técnico había sufrido un infarto y había fallecido en la madrugada.
En todo el día no encendió la PC ocupado en diversos asuntos que tenía pendientes en su escritorio. Cerca del medio día llamó a la casa de Alicia para informarse sobre su estado de salud. El hermano le contestó diciendo que se había agravado y la habían internado en una clínica neurológica. Amnesia. Por unos días no iría a trabajar.
Pasó la tarde muy angustiado. Eran demasiadas cosas negativas. Cerró temprano. Se refugió en su casa y esa noche no pudo dormir. Algo extraño roía su plexo solar. Una extraña vibración le recorría la boca del estómago…
A las tres de la mañana, le avisaron que Alicia había muerto de un accidente cerebro-vascular. La negra sensación en la boca del estomago se le hacía cada vez mas frecuente y más agresiva… Temió por su corazón. Ingirió un sedante y se vistió para salir.

La empleada de la funeraria donde velaban los restos de Alicia, encendió la computadora para introducir los datos de la infortunada mujer y enviarlos a la obra social. Le pareció ver un destello en el vértice izquierdo de la pantalla que atribuyó al reflejo del sol. Después que la PC acabó de cargar toda su configuración, tipeó el nombre “Alicia”. La pantalla del monitor se “tildo” y se puso toda azul… Intensamente azul…


©RODOLFO LEIRO Y NORBERTO PANNONE
poetas y escritores argentinos
MIEMBROS FUNDADORES DE ASOLAPO ARGENTINA


ODA A LA BONDAD, Alfredo Torres, Rufino, Santa Fe, Argentina


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ODA A LA   BONDAD     
                                                               
 "Vive para los demás si quieres
  vivir para ti." Séneca 

 a MARCOS y GUADALUPE   

                                                                   
Para que en lo humano no se eche de menos
la acción espontánea / de los hombres buenos... /
un gesto oportuno / la mano tendida en que la amistad...
tal como si nada  brote... manantial como agüita clara de amor*
y de vida...
Les traigo este canto de amor y alegría: ODA a la BONDAD...
para el que se ofrece sin pensar dos veces
cuando advierte de otro... la necesidad...
Pensemos / miremos hacia dentro nuestro
que así  cada cual descubra en la índole de su intimidad
si en verdad tenemos propensión a dar...
Si consideramos que el ser solidarios es la flor más clara
más bella / más alta de nuestra bondad /
                
Veamos que La Tierra es casa de todos
que  no es patrimonio de un imperialismo / ni de la avaricia 
pseudoespiritual
la bondad es amplia / franca / luminosa
es virtud que a todos se debe brindar
al niño / al anciano/ al árbol / al perro
como a la mujer
la bondad sea fruto / vaso de agua clara que dé nuestro ser...
Sólo el hombre necio tiende a poner precio
a la ayuda mutua cierta / fraternal...
la bondad es rosa  / tierna / generosa
y aún no siendo rosa  jamás hace un mal /
Ni engaña ni daña pues no inflige heridas
digna es por humana / alto árbol de vida
callada y humilde virtud espiritual //

©ALFREDO TORRES, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


HOY PAPÁ…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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HOY PAPÁ…

Hoy papá habría cumplido noventa y dos años.
Pero está muerto.
Y vivo en mí.
Todavía habla en su silencio.
Aún camina, encorvado y viejo, en mi memoria.
Su rostro sigue, sombrío y sin sonrisas.

Todavía no nos comprendemos.
Unidos por la desesperación y el abismo.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentina
MIEMBRO ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


ODA A LA VIDA, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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ODA A LA VIDA

Vivir es aquello que nunca podremos dejar de hacer.
Porque la vida son retos, con pequeñas y grandes montañas.
Vivir es morir por otro cuando se ama,
es hacer que la esperanza sea el motivo del mañana.

Vivir es una única aventura,
donde el rumbo es empedrado y llano a la vez.
Porque la vida es como una estrella fugaz,
que solamente una vez la vemos brillar.

Hay humanos con el privilegio de vivir varios años,
y hay otros que estamos muy lejos de este hecho.
El privilegio es el mismo, porque somos seres eternos.
Elegimos en algún momento el rumbo y un trozo del destino.

Vive, mirando adelante, con los pasos dejaste atrás.
Vive, con más intensidad tu niñez, pues es la mejor edad.
No mires el reloj, mira la luz que acompañarán tus pasos unos años más.
Vive el último minuto como el primero, y verás que diferente serás.

La vida es gozo y un instante hermoso,
donde las lágrimas, le dan expresión a nuestros ojos.
Somos seres de barro que luego serán ceniza y 
nuestra aventura no tiene fin ni olvido, ya que todo lo vivido vuelve a empezar.  

DEL POEMARIO INEDITO MI TIEMPO Y MI MUNDO

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA