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sábado, 10 de junio de 2017

ASOLAPO ARGENTINA FELICITA a NUESTRO QUERIDO MIEMBRO y AMIGO CÉSAR JOSÉ TAMBORINI DUCA residente en VEGUELLINA DE ORBIGO, LEON, España

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ASOLAPO ARGENTINA FELICITA a NUESTRO QUERIDO MIEMBRO y AMIGO CÉSAR JOSÉ TAMBORINI DUCA residente en VEGUELLINA DE ORBIGO, LEON, España, Declarado "Ciudadano Ilustre" de la localidad de Uriburu, La Pampa, Argentina (Resolución nº 08/17)


Queridos lectores: los dos meses sabáticos que me privé de escribir se debió a un viaje a la Argentina, programado para desplazarme de Buenos Aires a Santa Rosa (La Pampa) al día siguiente de mi llegada. Reencuentro con viejos amigos y conocer otra gente maravillosa fue todo uno. Tres primeros días con festejos por el Centenario del Colegio Nacional, algunas entrevistas periodísticas por la presentación de mi libro “Pasión y Muerte de Nuestro Señor de las Pampas” con el agregado del Ensayo “Toponimia Histórica de Lonquimay” en la ciudad capital de la Provincia, donde el libro fue declarado de “Interés Legislativo”; posteriormente en Uriburu, donde su alcalde haciendo de su buen hacer un ejercicio de bonhomía, leyó la Resolución de "Ciudadano Ilustre" que se encuentra en el "ADJUNTO".                      
Finalmente en Lonquimay donde el reencuentro con viejos amigos de la infancia me hizo recordar los versos de Miguel de Unamuno: “Aquí soñé mis sueños de la infancia, / aquí lloré las lágrimas más dulces, / aquí anhelé el anhelo que se ignora”; además de una charla sobre lunfardo en una tanguería, hicieron de mi estadía una carrera contra reloj de la cual estoy sumamente satisfecho.
Para señalar apoyos sin exceder lo razonablemente necesario, me limitaré a señalar mi enorme agradecimiento a 3 personas: Manuel Rojo y Pascual Fernández que trabajaron incansablemente para llevar a buen término mis presentaciones, y a Beatriz “Pichi Malen” que me acompañó desinteresadamente con su canto y su sabiduría mapuche.
Relato mi alegría por la estadía pampeana en forma de versos, uno de mi autoría (soneto que escribí para los condiscípulos del bachillerato, y se aviene con el Feliz Aniversario de nuestro Colegio Nacional) y otro que representa el canto telúrico de Vázquez, un admirable pampeano de espíritu gaucho que conocí en la Oficina de Turismo de Santa Rosa. Con mi saludo, les adjunto los enlaces correspondientes. César




Se permite la reproducción citando la fuente: www.pampeandoytangueando.com

César José Tamborini Duca
c/La Niegra nº 5 - VEGUELLINA DE ORBIGO (LEON)
Fundador y 1er. Director de la Revista "Argentinos de León" (León, España)
Corresponsal en España de la Revista "Imagen Argentina" (New York, EE.UU.)
Miembro Honorífico de ASOLAPO ARGENTINA
(Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores y Artistas)
Libros editados: "CHE (Lunfardiadas)" - "Pasión y Muerte de Nuestro Señor de
las Pampas" y el Ensayo "Toponimia histórica de Lonquimay"
Declarado "Ciudadano Ilustre" de la localidad de Uriburu, La Pampa (Resolución nº 08/17)



Alpataco

Así era el río Atuel
Ariel Hugo Vázquez nació en Chical-có (“Agua del chañar”), zona rural de La Humada en la Provincia de La Pampa, y conoció varios países del mundo como integrante de la Armada Argentina en la Fragata Libertad. Su amor por el terruño lo impulsó a escribir en verso aspectos relacionados con las costumbres y paisajes del Oeste pampeano. Su primer poemario lo denominó “Alpataco” (“pichai” en mapudungu); se trata de un arbusto de la familia de las leguminosas conocido botánicamente como Prosopis flexuosa par depressa y crece asociado a las jarillas en el monte arbustivo-árido del oeste pampeano alternando con otros árboles de la misma familia como el algarrobo y el caldén (Prosopis caldenia”). Un recorrido por los poemas del libro de Vázquez nos introduce en distintos aspectos de la idiosincrasia pampeana, desde la amistad y las anécdotas con ella relacionada, los fenómenos naturales, la flora y fauna de esa peculiar región que lo albergó en su niñez, hasta la denuncia del habitual abuso de los oligarcas en el robo de tierras, o la mención del célebre bandolero Bairoleto  http://pampeandoytangueando.com/aguafuertes-hispano-argentinas/bairoletto/ La primera poesía que Ariel incluyó en su poemario está dedicada a la leguminosa que  titula el libro, y es la que pueden leer a continuación:
ALPATACO (por Ariel H. Vázquez)
Sacaré mi tabaquera
la llenaré de tabaco
no quiero apurar el tranco
en mi andar lento y sencillo
con perfumes de tomillo
y ramitas de alpataco.
Es parte de esta llanura
como lo son las perdices
cargando sus cicatrices                                                
resistiendo viento y pestes
de esta tierra tan agreste
donde enterró sus raíces.
Es la imagen de mi tierra
lenta mirada cansina
despeinadas tus espinas
donde florecen las penas
hojitas que en las arenas
crecen nobles y divinas.
Es su hermana la jarilla
testigo de las sequías
pero la gran compañía
es dormir con la esperanza
la lluvia que nunca alcanza
que sueña abrazar un día.
Es tu talla retorcida
el signo de resistencia
valores que mi querencia
grita con voz apagada
como pidiendo la nada
con la voz de la paciencia.
Esos grandes ventarrones
que castigan con malicia
son una suave caricia
que quiere probar tu temple                                          

Bucólica imagen en Chical-Coo
es fuerte como tu gente
con el clima y su injusticia.
Alpataco que has crecido
con aromita a tomillo
armonías de los grillos
te acunan en madrugadas
como tu tierra añorada
se ve tu aspecto sencillo.
Resistente te imagino
como mi gente callada
respetuosa, desolada
humilde como ese suelo
aguantar es el consuelo                                                                                                                             alpataco de La Humada.

NOTA RECIBIDA de la Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete, desde Cartago Valle, Colombia




















NOTA RECIBIDA
de la Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete
desde Cartago Valle, Colombia, a la que agradecemos profundamente porque nos impulsa a seguir en nuestro camino.
¡Gracias amiga! Y Felicitaciones por tu extensa actividad cultural!
Norberto Pannone

Valioso Presidente de ASOLAPO, muy buena tarde.
Desde mi amada Colombia, agradezco de manera especial tener el Privilegio de conocerlos y Admirar en toda su plenitud la invaluable labor que cumplen en su Organización.
Ya tendré tiempo de Admirar vuestra labor Literaria escrita y aprender de todos.
Soy Miembro activo de varias redes Internacionales
como: UHE, SVAI, PARNASUS, y UNILETRAS Bogotá Colombia.
Lo más importante es fundar y dirigir desde hace cinco años 
una  Asociación de Mujeres Escritoras que han ido formando sus alas de colores con su valiosa inspiración y su don de ser.
Nuestro Nido se llama "CRISÁLIDA” le he añadido Poética.
Tenemos en nuestro haber dos bellas Antologías:
"ALAS AL VIENTO" 2012 (Nuestros primeras creaciones e ilusiones de poemas) y “ÁNFORA DE VERSOS " 2016.
Varias de mis mujeres en la Asociación ya tienen igual, publicado su primer hijo Literario.
Soy una mujer de 76 años Pensionada por el Magisterio como Educadora de Español y Literatura, me agrada pintar al óleo, Tejer, bordar y ser voluntaria para dar Talleres Literarios y Prevención del Cáncer.

Desde mi alma Agradezco poderme nutrir de vuestra labor y poder crecer en mi escritura.
Vivo en Cartago Valle; Colombia y cuido de mi amado esposo 
cuya unión cumplimos este 24 de Junio próximo 50 bellos años.
Reciba mi abrazo en nombre del manojo de Mujeres Poetas (15) que son mi fortaleza.
Lic. Ma. Adiela Londoño de Copete



MUJER ARQUETÍPICA…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: www.liveinternet.ru


MUJER ARQUETÍPICA…

Por Antonio Las Heras

Está más allá de todo; y sigue aquí.
Ilumina cielos nunca vistos,
mientras su mirada acaricia.
Atraviesa cada alma con presteza
haciendo sentir aquello soñado.

Es parte de la arquitectura universal,
piedra angular, energía clave, esencial.
Obra en plena armonía… fluyendo oculta
hasta aparecer en el momento inesperado.

Vuelve a mirarte, con esa expresión que dice:
“Atrévete a ser tú mismo
porque así siempre serás amado”.


Península de Yucatán, 17 de abril de 2017

©Prof. Dr. ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA en BUENOS AIRES


DÉCIMA MERIDIANA, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala


















Décima meridiana
.
.
En espíritu pensar:
y letrarse en mandamiento.
.
Es la vida al comenzar
Espíritu de verdad
benignamente nombrar
y con pureza, bondad.
.
Humanitario  alimento
con GRACIA abundantemente
de arriba primeramente
“Misericordia” Fomento.
.
.

©Dr. RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO “Hombre de Maíz 2009”
Guatemala, C. A.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Letrarse: Adquirir conocimiento.
Décima meridiana,
La décima meridiana, estrofa de mi autoría, se divide en tres grupos. Consta de un dístico, un cuarteto serventesio y un cuarteto estrofa: AB.ACAC.BDDB; El ritmo primer verso agudo, inclina al cuarteto serventesio agudo y el segundo verso, llano inclina al “Cuarteto estrofa”.- La exigencia de su rima, acepta arte mayor. y MAYOR



sábado, 3 de junio de 2017

SEMBRADORES DE ESPERANZA, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina













Imagen provista por el autor.

Sembradores de esperanza
A los Embajadores universales de la Paz

Camino por los campos de la tierra,
en cuenco el delantal con mi semilla,
que  luce  bajo el sol su maravilla
de vida y esperanzas¡ No más guerra!

Atenta a lo que ocurre, a pie o en silla,
te espero en cada duda que te aterra
¿No ves que  la violencia nos destierra
de nuestra humanidad con sus  rencillas?

¡Sembremos entre todos, de rodillas,
sobre el planeta entero, mar y sierra,
su fresca conjunción   de campanillas!

¡Mientras la Paz al  odio desentierra,
lo  lleva a curación en angarillas,
y purifica el humus  que lo encierra!

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                                                             


EL TÍO, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Pisos.com

EL TÍO

Mamá insistía en que nos quedaríamos en casa de los tíos. Y yo comenzaba a sentir estertores instantáneos. Mi cuerpo entero gritaba que no. No. No. En casa de los tíos no. Nadie comprendía la negativa constante a ir con ellos, dado que mis primas eran muy queridas y amistosas. Juntas pasábamos tardes enteras saltando a la soga o corriendo en escondidas fantásticas que podían durar varias horas. Carcajadas, alegres canciones y abrazos de total camaradería eran habituales. La risotada de Mimí, franca y estruendosa me producía una felicidad indescriptible. Amaba a mis primas.  Pero la casa…
Imposible hoy en día precisar el número de la calle Winter en la que vivían, pero puedo describir al detalle la cuadra entera y el frente en particular. Era una vivienda en espejo de los años cuarenta o cincuenta, tenía paredes solidas de estuco grisáceo y zócalo alto y negro. Una puerta principal y un par de ventanas con celosías que chirriaban hacia la derecha. Si te abrían la puerta, el frío y oscuro pasillo envolvía una a una las partes de cuerpo y se apoderaba de vos cierto temblor que nunca, pero nunca más te abandonaba. Tendría unos seis metros ese pasillo, interminable y macabro como pocos.
Promediando los tres metros, un crucifijo gigante de bronce colgaba presagiando la necesidad de protección, y cuando te acercabas al estar te esperaba El entierro del conde de Orgaz, del Greco, en la pared con la que chocabas antes de abrirse la habitación donde por lo general, el resto de la familia estaba reunida. Ellos, mis tíos y primos no parecían reconocer ningún signo extraño, y trascurrían el día con naturalidad. Juegos, lecturas y algún reto de la tía Mona, porque corríamos los muebles formaban parte del murmullo cotidiano. Todos eran felices. ¿Es que no veían la oscuridad de la casa? ¿No caían en cuenta los continuos alaridos apagados y opacos que se oían?
La única ventana del living, estaba cubierta por una cortina pesada de terciopelo azul noche y no era habitual que se corriera. Era imposible saber cómo era esa ventana, si me permitiría escapar, hacia donde daba. Mi tarde se diferenciaba de la descripción del resto de la familia. Aletargada y temblando, parecía participar de todo pero en realidad iba hilando conjeturas y sintiendo cada vez más anticipación y ansia.
Mi pequeño primo Javier, llamado así por el arcángel, presumía volar y se lastimaba a diario en sus intentos, y Lili, otra de las chicas, pálida y ojerosa, sostenía un arpa gigante que tocaba sin cesar. Mis hermanos desoían lo que les contaba, y me trataban de miedosa.
A las diecinueve, nos llamaban a todos y debíamos rezar el rosario completo, en voz alta, arrodillados en línea que el tío Orlando, recién llegado de su empleo, trazaba en tiza y controlaba con el atizador de la chimenea. Yo no sabía todo el rosario y temblaba, mirando el piso, pensando que se iba a dar cuenta y a azotarme. Nunca lo había hecho, pero era capaz.
Medía un metro noventa y debía pesar unos cien kilos, su cabellera espesa y blanca no era la de un hombre de treinta y seis años, y sus enormes manos, te aplastaban las tuyas al saludar. Su voz me sonaba gutural y pastosa y las pisadas del tío reverberaban por largo rato en el piso de cedro oscuro y antiguo de la casa.
Después de la comida de la noche, frugal y escasa, la casa caía en una oscuridad total y debíamos repetir una rutina severa de higiene, que siempre tenía muchas risas de los demás y un silencio espectral de mi parte. Venía lo peor. Lo temido.
Cuando las campanas del reloj marcaban las nueve, todos debíamos arrodillarnos, ya higienizados, derredor de la cama, y con las manos juntas comenzar las oraciones que nos iban a proteger en el sueño posterior. Primero el credo, luego el sálvame, seguía el padre nuestro y el ave maría. Si te equivocabas, el atizador de Orlando te señalaba y era probable que te golpeara. Mis primos y hermanos se reían mucho. ¿Es que sabían todas las oraciones?  No creo que vieran a los querubines del conde de Orgaz que venían cada noche a guardarnos. Ni que conocieran a la virgen tanto como para que los perdonara. Yo directamente estaba helada, con nueve años, perdida en un día trágico y lleno de peligros, uno de los tantos que viví en la calle Winter.  Me arrodillé antes de tiempo, el tío me miró, Me espantó su frialdad y su rechazo.
Por ansiosa, me dijo
Espera a las campanadas, me dijo.
No respondí, pero mis entrañas entraron en guardia y cuando sonaron seguía arrodillada. Una rodilla me dolía, apretada contra la junta del parquet, de la que salía una pequeña astilla, que se iba clavando en mí. Podía oler el momento, oler las transpiraciones de todos, oír cada bocanada de aire, cada ruido de la casa, la ventana chirriando, la pesada cortina susurrando, sentía aletear a los del cuadro cuando salieron hacia aquí.  Giraban entre nosotros riendo y murmurando oraciones confusas. El tío dijo:
Comencemos con el credo, creo en dios padre…
No supe cómo seguir, sentí sus pasos, de reojo su sombra se acercó, me rozó levemente, tomé el atizador, y lo hice.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MI SOMBRA, Alfredo Torres, Rufino, Santa Fe, Argentina

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Imagen de: Vivir Agradecidos


MI  SOMBRA

Esa que va conmigo por la acera
De la calle dormida y desolada
Se abriga con mi poncho y emponchada
Suele cruzar una ciudad cualquiera/

Esa que ya perdió su primavera
Y sin embargo da como si nada
Con su lábil silueta aletargada
Contra el muro invernal de la tapera/

Esa es la hermana fiel del andariego
Que desanda la noche casi ciego
Por una soledad que no lo nombra

Por mi agosto la luna le da vida
Es mi otredad insomne malherida
De amor y alcohol igual que yo mi sombra//

©ALFREDO TORRES, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SOLEDAD, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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Imagen de: NaturalMente Psicología - WordPress.com


SOLEDAD

Estoy enfrente mío
en el paraíso del silencio.
La soledad hace su trabajo
y yo le permito.

Solamente hay un mundo; el mío.

Hay ruido, mucho ruido en el enigma
que envuelve al día.
La soledad y el ocaso son preludio de noche
y en ella vuelvo a estar enfrente mío.

Búscame soledad cuando haya ruido,
búscame en la brisa o al pie de un río,
búscame en la alegría o en la melancolía.
Porque deseo encontrarte para encontrarme
y ser quien deba ser, en mis finitos días. 

No te alejes, quédate donde sueles estar.
¿Sabes?
Hay mucho ruido soledad.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA