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sábado, 18 de abril de 2026

MENSAJERO - José Raul Ainchil - Junín, Buenos Aires, Argentina

 






MENSAJERO

Felipe Ponce, hoy te veo
en tu refugio de esquina,
Felipe Ponce, recuerdo
siglos de infancia festiva.
En esos días voceabas
nombres ahora olvidados,
nombres de limpias mañanas,
días de tiempos lejanos.
Tu pregón era el alerta
de esperadas aventuras,
de piratas, de goletas
y de pillos sin fortuna.
Yo ignoraba si eran viejos
o si jóvenes, tus años:
te sabía mensajero
de "muchachos" y villanos.

¿Alguna vez fuiste chico,
Felipe Ponce, canilla,
alguna vez fuiste niño
de los que aguardan revistas?
¿Alguna madre apurada
turbó lecturas absortas,
alguna madre que estaba
urgida de cosas prontas?
¿Soñaste juegos, Felipе,
jugaste sueños, diariero,
y los sueños que me diste
fueron tretas de tu juego?
¿O naciste ya maduro,
encorvado de paquetes,
amamantado de ayunos,
entintado de papeles?

Hoy ni sé ni me interesa
saber si tuviste amores:
cuando los años nos llegan,
nos pesan otras razones.
Tampoco sé ¿de qué vale?
si es miseria tu miseria,
Felipe Ponce, la sangre
se va secando en tus venas.
Cien hijos te dio mi calle,
mil puñados de cariños,
cuando cien hijos se paren
se engendran miles de amigos.
Qué tristeza tu tristeza,
Felipe Ponce, diariero,
qué alegría tu condena
de un cielo que aún es infierno.

Felipe Ponce, qué viejos
se nos quedaron los huesos...


JOSÉ RAUL AINCHIL
– Junín, Buenos Aires, Argentina

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