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sábado, 17 de enero de 2026

LAS HUELLAS - Beatriz Clotilde Rial Guyot - Buenos Aires, Argentina

 









LAS HUELLAS


Andan tus pasos sobre mis huellas ,
y mis huellas se funden con tus pasos
cada día, amor mío...
por el mismo camino transitado
de soledad …

!Tu y yo ,sin encontrarnos!
Esas huellas absurdas
de los pasos ,
sin principio ni fin ,
a lo largo del día inacabado,
son nuestras;
por el mismo camino solidario.

Si las huellas hablarán,
gritarían,
un largo grito de soledad y ausencia.

Nuestros pasos …


Acerca del amor 2024

BEATRIZ CLOTILDE RIAL GUYOT - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DECISIONES OCULTAS - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 










DECISIONES OCULTAS


Diferente quedaría escrita esta historia
de haberte atrevido a ser tú mismo,
permitiéndote la plenitud del Amor sin concesiones
y la lealtad para contigo y tus ideas.
Mas elegiste la comodidad de la esclavitud
que habría de asegurarte una vida aburrida
transitada por el tedio y la miseria en el espíritu.
Aquella adolescencia y juventud llenas de vigor
siendo aquel valiente, osado, muchacho
se transformó en la mediocridad del temor
que acuerda la colaboración con la mentira.

Desde entonces sólo la tristeza te acompaña.


ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


PALABRAS A MI MADRE - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 










PALABRAS A MI MADRE


Madre, debo hablar de ciertas mitologías.
Quiero saber si oyes mis palabras,
la invasión del tiempo, la avidez del silencio.
A veces, de noche, pareces viajar en una barca
en lo indeterminado de la penumbra.
Te pido que seas fiel a mis presagios,
a mis dudas inútiles,
al remordimiento, a la ausencia.
Me acompañas en sosiego, en desamparo.
A veces parece que urdes en lo más íntimo.
Quizá sea la esencia que desconozco,
una quimera que acecha mi rostro,
la incisiva plegaria sosteniendo otra máscara
en el olor de las panaderías, en la pulcritud errátil
de hamacas, de ábacos, de reyes.
Contempla mi soliloquio, la mudanza de los días,
la gratuidad de las pequeñas cosas,
esta cavilación de una alegoría de la infancia.


Del libro: “Elegías del olvido”

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DESTINO - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 



DESTINO 

 

Esa mañana me desperté somnoliento y con ganas de ver a mi amigo Enrique. Hacía unos días que no sabía nada de él. La última vez que lo visité lo había notado callado y pensativo.  

La noche anterior tuve un presentimiento: tenía que ir a visitarlo, además, recordé que era el día de su cumpleaños.

Al llegar, vi el camión mudancero y todas las ventanas abiertas de par en par. Casi como a escondidas, con aprensión y mansamente, reduje la premura de mis pasos. Un fuerte olor a desinfectante salía del dormitorio que daba al frente y el gato, infaltable anfitrión, estaba ausente.

Escuché el ruido de los muebles que gritaban su sorpresa al ser movidos de lugar -gruñidos que emiten las pertenencias y los recuerdos cuando son arrastrados sin explicación- Sentí rabia e impotencia cuando vi un par de changarines que cargaban el pesado ropero de mi amigo.

La persiana del boliche de la esquina estaba abierta a “media asta”. No me atreví a preguntar. Todo me parecía demasiado extraño y una especie de escozor se adueñó de mi plexo solar.

Caminé un rato por la cuadra con las manos en los bolsillos contando las grietas de las baldosas rotas de una vereda cargada de silencios y sospechas. Recordé que la fatalidad, de alguna manera nos unía. Habíamos enviudado el mismo año y, a partir de allí, andábamos solos por la vida. Quizás, si tuviésemos la compañía de un hijo con nosotros, la cosa hubiese sido distinta.

Un chico pasó con su mochila al hombro rumbo a la escuela…

No había pájaros. 

De pronto, pensé que seguían dormitando entre las hojas descarnadas  de los Plátanos que apuraban su viaje otoñal.

Intuí que detrás de las persianas, las vecinas atisbaban mi paso con curiosidad. Era la costumbre.

Clarita, kiosquera vitalicia que se las sabía todas, apenas me saludó esquivando la pregunta que, sin dudas escucharía: “¿Sabés algo de Quico?”

-Nadie sabe nada…

-¿Cómo?

La última que lo vio fue la gringa del mercadito… Dice que ayer al oscurecer  vino un taxi con una mujer vestida de negro y se fue con ella. No vio valijas ni bolsos, pero sí, notó que estaba vestido de traje y corbata.

-¿De traje y corbata? ¡Si no tenía ropa de cortesía! Creo que la última vez que lo vi con corbata, fue en el sepelio de su esposa.

¿Una mujer, decís? El pobre estaba solo desde entonces. Su mujer murió poco después de la desaparición de su única hija.

Ningún vecino pudo aportar otro dato.

Recordé que varias veces me había contado que su mujer venía a visitarlo algunas noches y se quedaba a dormir..

 A causa de sus extravíos  y su ineficiente memoria terminaba fastidiándome con aquella aventura que, sin dudas, atribuí a su edad y a su enfermedad. ¿Edad?

Seguro lo encontraría algún patrullero y lo regresaría al barrio. A causa de otro episodio similar que ocurrió el año pasado yo le había sugerido que llevara en el bolsillo una anotación con su nombre y domicilio.

Pero… ¿Y esa historia del taxi y la mujer que lo vino a buscar?

Respiré hondo y volví a casa pensativo.  Había teorizado otras cosas, pero me quedé más tranquilo.

Cuando estaba por entrar a  casa se me acercó el perro del barrio moviendo la cola. Le di una palmada en la cabeza y se me escapó una lágrima.

Yo también ando por los ochenta…

Emití un largo suspiro cuando me di  cuenta que aún no había perdido del todo la memoria. Qué se yo… Viste..?

¿Enrique?

Enrique nunca más volvió. Ya pasaron tres años. A veces me pregunto: ¿si ahora viniera su mujer a visitarlo, se quedaría a dormir?

La mía vino anoche, pero yo estaba con mucho dolor de cabeza…

 

NORBERTO PANNONE ©2026 - Buenos Aires, Argentina


PEQUEÑAS COSAS CON RESULTADOS POSITIVOS - Salomé Moltó - Alcoy, Alicante, España

 



PEQUEÑAS COSAS CON RESULTADOS POSITIVOS

Me sorprendió que no me abriera la Marita. Una señora enjuta con el pelo blanco, se asomó a la puerta mirándome con sorpresa.

- ¿Marita no está?

- No, ha salido a comprar -me respondió la señora con una sonrisa; me causó una impresión agradable.

- Yo soy su suegra, bueno, su madre política -añadió prestando atención en cuál de los dos términos yo encajaba mejor, si prefería el normal  habitual o si yo era un poco presuntuosa, o “pija” como suele pensarse.

- ¡Ah! Soy Rosa su amiga que...

- Sí, me ha hablado de usted, pero no creía que viniera tan pronto.

La mujer comprendió mi embarazo y esbozó una amable sonrisa que desvaneció toda tirantez. Empezamos a hablar con toda naturalidad. A los diez minutos tenía la sensación de conocerla desde siempre.

- ¿Aquí la hermosa habitación de invitados? Le dije con cierto énfasis después de un rato de charla.

- Pues ya no -repuso con cierta malicia, me miró un instante y cómo haciéndole cómplice de algo que yo ignoraba, añadió “Voy a enseñarle algo que creo le gustará”, y abrió la puerta, sin más de la habitación de invitados donde yo me había alojado varias veces cuando venía a casa de Marita. La habitación de invitados había cambiado completamente, me quedé asombrada.

En un lado de la ventana casi en el centro de la habitación, había una cuna, una cuna hermosa. Como un robot me acerqué a ella, era preciosa, todo detalle sorprendentemente bien cuidado, colcha de seda, bordes de puntillas, el rosa de fondo el blanco complementado, todo detalle cuidadosamente elaborado.

- Este cacharrito, que no sé cómo se llama, se pone en marcha con sólo que el bebé se mueva, aquello te deja ver cómo duerme desde la puerta. Aquella mujer delgada, de pelo blanco, de voz dulce y de mirada profunda me estuvo hablando de los mil detalles que ella y Marita estaban preparando para ese bebé que estaba por llegar.

- ¿De cuánto está Marita?

- Acaba de cumplir los dos meses y medio.

- Yo de dos, y venía con otro propósito. Quería saber de su decisión.

- Lo sabemos, pero un hijo es siempre una bendición. La miré y me di cuenta que algo sabían, Marita y ella de mi visita y de mi propósito y que ahora, a la vista de aquella habitación con todos aquellos de detalles para recibir a un bebé que yo creía no deseado, un bebé que de repente era todo amor, dulzura, esperanza, aquella futura abuela, me había derrumbado.

- Con los tiempos laborales y económicos que corren, la familia tiene que ayudar -repuso convencida observando en mi algún gesto divergente. Miré a aquella mujer y sentí que tanto su mirada como la dulzura de su gesto, habían cambiado mi actitud y el enfoque del problema que llevaba a cuestas; otras consideraciones se abrían paso en mi ánimo y por supuesto, otro camino habría que empezar a considerar, como había hecho mi amiga.

SALOMÉ MOLTÓ - Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

sábado, 10 de enero de 2026

EL INTRUSO - Delmira Agustini - Montevideo, Uruguay

 







EL INTRUSO

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.

¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;

y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera!

DELMIRA AGUSTINI - Montevideo, Uruguay

Delmira Agustini (1886-1914)


PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ - Ángel González - Oviedo, España

 








PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ


Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

 

ÁNGEL GONZÁLEZ - Oviedo, España

Poeta, catedrático y ensayista español nacido en Oviedo en 1922.
Falleció en Madrid el 12 de enero de 2008. 


TODO PASA - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


Del libro "Como el agua" del mismo autor

LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LA ENTREGA - Beatriz Clotilde Rial Guyot - Buenos Aires, Argentina

 












LA ENTREGA


Silencio nocturnal, manto frondoso,
encubre a los amantes.

La luna desfallece sobre el pozo…
-Agua mansa y brillante -

La brisa mece, tenue, los sollozos
del amor suplicante …

!Oh la entrega deseada y el reposo,
que celebran los ángeles!



BEATRIZ CLOTILDE RIAL GUYOT – Buenos Aires, Argentina





ENTREVISIONES - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 










ENTREVISIONES


El rostro reflejado en la mirada de tus ojos.
Los dedos al deslizarse sobre aquella piel
que, con sólo recordarla, reaviva el alma;
o entrever su presencia en sueños, despertares,
crepúsculos o caminatas prolongadas, solitarias.
La sonrisa abriéndose al tiempo, al espacio
sin fin, quebrando horizontes, creando hitos.
Tu existencia es fiel reflejo de la Eternidad.


San Salvador de Jujuy, 8 de setiembre de 2018

ANTONIO LAS HERAS
– Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA