LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
SEGURAMENTE HABRÁ OJOS DESPIERTOS
Seguramente habrá ojos
despiertos
para descifrar un poema
en la mitad de la noche.
Yo bailaré en los rincones
de la casa
para volver en la oración
del grillo
o en el libre resplandor
de una luciérnaga,
o en los húmedos pétalos
recién nacidos del
geranio.
El invierno
derramado de aves
amarillas
abrirá sus dos alas de
hielo.
©BEATRIZ ARIAS,
poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
SEGUIMIENTO
Sé de la palabra golpe a
golpe,
sueño a sueño.
Sé del verbo merodeando;
sé del eco,
y además de esta impotencia
clandestina
que subleva
los últimos misterios.
¿Dónde la fuente de razón
existe?
¿Dónde el credo?
Más allá de la pupila
aguarda un sueño,
y una noche revienta en
pesadillas
de loco desenfreno,
flagelando purezas y latidos,
sonrisas de vírgenes
maléficas,
estatuas de mancebos,
porque conoce la materia
circunscripta,
la evolución del casto miedo,
y se abalanza, sueño desbocado,
para asestar al verso
su lucidez enferma
y sin remedio,
su tenebrosa cumbre de
razones
para este casi cuerdo,
que todavía busca en la
figura
y en la mención del canto
su pasaporte al cielo.
©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino (Desde el recuerdo)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA
EL RETO
La
idea de la muerte
tiene
sus raíces
en
las sombras
que
avanzan en la noche
dentro
de los sueños.
Allí,
cada palabra
se
hace líquida
y
se contiene
en
la fiebre del poeta.
El
aire somete el abismo
a
sus ganas.
Me
atrevo a retar
al
que quiere criticarme:
¡Lance
la primera piedra
quien
no haya jamás
soñado
con la muerte!
©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora
brasileña
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
SI PARA RECOBRAR LO RECOBRADO
Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido,
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado,
Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido,
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
Tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado.
Francisco Luis Bernárdez
Bs. As. - 5 de octubre, 1900 -
24 de octubre de 1978
OFICIO
MATERNAL
Para mi hija…
Te
regalo cada mañana
el
juguete del día
para
robarte el sueño.
Puedo
abismar
tus
llagas en mis manos
con
una mentira tibia.
Soy
semilla abierta
para
beber
tus
lágrimas primeras.
Quiero
enseñarte
el
canto antiguo
adhiriendo
significados
a
tus ojos.
Cuando
andas, tu equilibrio.
todavía
sin contornos,
acomodo
las palabras
a
las cosas
abatiendo
el escándalo
del
miedo.
Transijo
con la libertad
o
la condena,
porque
aunque eres
fruto
de mi sangre,
llevas
en ti
el
germen inaudible
del
destino.
(Del libro
“Celebración”)
© Liana
Friedrich, poeta y
escritora argentina
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
LA CONFIANZA
“Cogito, ergo sum”,
esta es la cuestión. Pensar o no pensar, equivaldría aquí la célebre frase
cartesiana. Porque, muchas veces nos enredamos con el pensamiento…a base de no
pensar. ¿Pensar, el qué? Sencillamente esto: que todo discurre en el sujeto y
por tanto lo que sucede es cómo me posiciono ante el objeto.
Quiero decir: las cosas
son lo que son, pero yo me entenderé con ella desde mi percepción. Esto es, la
traducción que del objeto haga inteligentemente. Pero, es obvio que para este
menester se impone pensar. Parodiando a Shakespeare podríamos recitar: “Pensar
o no pensar, esa es la cuestión”. Y a base de dejarnos manipular por los medios
de comunicación, que todo nos lo dan hecho, el no-pensar va paso de convertirse
en un deporte nacional. (Si no, díganme ese maligno proyecto de abandonar el
entendimiento del aprendizaje para delegar el conocimiento en la Wikipedia de
turno)
Desde la perspectiva de
que todo ha de ser pensado y razonado, y dependiendo de cómo me lo haga entender,
está claro que pueden darse muy diversas interpretaciones. Todo lo cual suscita
la duda, pues el mecanismo de acción del pensamiento es la duda sistemática de
todo. ¿Cómo puedo estar seguro de algo que es ajeno a mí, si de lo que se trata
es de que aquello que es pura objetividad (la cosa) he de darle forma dentro de
la testa, o sea, subjetivarla? Si no, piénsese, por ejemplo― estamos hablando
de la indecisión; no nos perdamos― en la relación afectiva. ¿Cómo alcanzar la
convicción, y menos aún la certeza, de que nos guardan fidelidad? No. No es
posible. Acabaríamos neuróticos bañados en la duda continua. Sin confianza no se
puede vivir. Dígasele, si no a los trapecistas de un circo, que han de saltar
al vacío sin más sostén que las manos de su compañero. ¿No habrán de
confiarse? De nada podemos estar seguros
al cien por cien. Y no nos calentemos la chola dándole vueltas, que es sencillo
de entender. Todo se constituye en duda, porque tenemos que arriesgar la
respuesta― por supuesto después de sopesarla― Ante uno se abren varios caminos:
desentendernos, dudar, negar o afirmar. Confianza se llama la respuesta.
Riesgo, si se prefiere. Pero ante la duda― en el fondo todo lo es como venimos
diciendo― no cabe otra cosa. La vida y
el hombre son así.
Llegado aquí― no olvidemos que estamos racionalizando el raciocinio― podríamos argüir lo siguiente: que no puedo estar seguro de nada, aunque le conceda mi voluntad y procure en principio admitir esa cosa objeto de mi pensamiento― ¿Por qué? Sencillamente, porque siempre tendré una duda razonable al tratar de responderme sobre algo ajeno a mí mismo.
Correcto. Hemos llegado
a entender la diferencia entre la “cosa” objetivable y el sujeto que la piensa.
¿Y por qué no invertir el orden para hacerlo más asequible o al menos
práctico? Veamos, ¿no sería mejor tratar
de ver si me entiendo mejor o peor a mí mismo, con o sin esa cosa?
¿Qué “cosa” poner aquí
para mejor comprensión? Se me ocurre una: la «Cosa». La causa primera y última
de todo, incluido yo mismo. El Misterio que ha de ser sustento de todo, si
queremos sostener que todo efecto ha de tener causa.
Traigamos aquí la otra
no menos frase de Pascal: “Credo, ergo sum”. Porque creo, existo. Me sé.
Hagámonos la pregunta:
¿qué puede un hombre saber de Dios, sino lo inexplicable, de igual manera que
la gota en el mar, aun siendo mar, al sentirse rodeada del agua por todas
partes no puede abarcar la inmensidad? La relación sólo cabe en la
confianza. En ella misma es inabarcable,
pero he de darme una explicación razonable para mi inteligencia. ¿Cuál ha de
ser el camino, entonces?
Sencillamente el
contrario al iniciado. Lo antes dicho. No puedo relacionarme con la Cosa de tú
a tú, pero sí es posible entender cómo puedo comprender mi existencia mejor― ya
estoy buscándome a mí directamente― con o sin esa cosa.
Descendiendo al plano
coloquial. Puedo decir: “no existe”, pues me resulta imposible, y más,
demostrarlo. Siempre se me escapa. Pero, también puedo decir:” sí existe”, si
bien no podré acreditar ninguna de las dos conclusiones. ¿Sin embargo―
desenredando el pensamiento, aunque reflexionando―, cómo afirmarme? O, mejor
aún, dicho en Román paladino: ¿cómo puedo explicarme yo a mí mismo?
Lo primero que sé es que lo que no es no puede darse existencia a sí mismo. Y, no obstante, yo existo. Luego, a poco que lo piense habré de haber recibido esa existencia desde fuera. Y como la “nada” nada me dice, habré de situar ahí mi primer acto de confianza razonable.
Lo segundo, es lo
desconcertante de la vida. Haber sido arrojado a ella para tener que padecer y
finalmente morir. Si se me ha dado la existencia, sería una crueldad que todo
viniese a concluir en la nada. Venir de la nada para ir a parar a la nada, ¿qué
sentido conceder a ese planteamiento? A lo cual podría responderme. Puro azar.
A lo que habría de seguir otra interpelación: ¿Y qué prueba la casualidad?
¡Nada! Entonces, la criatura, es decir, yo, sería un absurdo. Un caos. Pero
también `puedo responderme. ¡No! El azar no existe. Lo que existe es la
causalidad. (de lo contrario habría de sostenerse algo insostenible: que
existen efectos sin causas, al menos sin una causa primera). Ha de haber una
causa primera y última que respondan a la interpelación que me hago no ya sobre
esa “Cosa”, sino de mí mismo. Viene a
cuento recordar el grito de Michelet, del cual se hace eco nuestro inmortal
Unamuno, cuando a la hora postrera grita aquello de ¡Mi “yo”, que me lo
arrebatan!”. Y es que ahí reside la esencia del hombre: en su ansia de vivir,
sabedor de que no puede prolongarse. No tiene capacidad para demostrar ni su
origen ni su destino, pero siente ese deseo como parte vital de él mismo.
Esencia del ser. Y estas razones fuerzan más al “sí” que al “no”, a pesar de no
poder demostrarse la racionalidad ni irracionalidad del deseo de perpetuarse.
Ahí habrá de situarse el segundo acto de la confianza.
Razones válidas para
inclinarnos hacia la confianza radical. Algo que, a pesar de las aparentes
contradicciones de la vida nos hagan caer en la cuenta, que más allá de la
incertidumbre lo que se ventila es mi propio ser. Entender mejor de mí o no.
Eso dependerá de dónde se ponga esa confianza, que ni es racional ni
irracional, pero sí razonable.
Ángel Medina, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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INVOCACIÓN GÜEMESIANA
mano en visera, en la cumbre,
otea el horizonte, lumbre,
gaucha estampa en su
corcel.
De la Provincia Oriental
Artigas, libre entre
potros,
“nada espere de los otros”
le advierte, confidencial.
Fe ciega en sus infernales
patriotas monumentales
el pecho como una brasa;
Salta es todo un juramento
poncho colorado al viento:
¡de aquí el español no
pasa!
©VÍCTOR VELÁZQUEZ, poeta y escritor uruguayo
(Lascano, Uruguay)
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
LA VOZ
A los saben Escucharla…
Es terrible el grito de
hombres y mujeres y niños abusados de mil maneras; el clamor de la tierra
convertida
en basural y destrucción, que genera enfermedades,
pobreza y muerte; y el dolor de pueblos enteros
abandonados por sus hermanos…: la creación
entera sufre y grita. Pero dentro de ella, y desde Galilea,
una pequeña Voz susurra a
estos tiempos la esperanza de la liberación…
(T.a. Comentario Rom 8,
18-2 5- Liturgia Cotidiana, Edic. San Pablo Oct.´19, p. 90)
a. “La Verdad es como el agua”, dijo. Correrá, se ocultará, se ensanchará, se angostará y se moldeará hasta volverse como una paradógica sombra luminosa recostada e impúdica, sobre las faldas necias de la más apetecible y cruel de la mentiras; para luego filtrarse, de súbito y como un relámpago, por el rescoldo del descuido o el resquicio de la valentía, de cualquiera de las fuentes corruptas del (de los) Señor (Señores) de Relaciones Públicas y su pandémico, codicioso y virósico Nuevo Orden Antinatural…”
“Porque Aquel que los creó sin ustedes, no los salvará sin ustedes, hombres libres pero de poca fe… Más todo el que sea de la Verdad…”, continuó diciendo, “… escuchará mi Voz, Yo seré su Señor y tesoro en las alforjas de sus labios, emergiendo desde lo oculto y ahora develado en sus corazones… Que ya no lo serán de piedra sino de carne y huesos redimidos… Escucharán mi Voz, pero no de antiguo como un trueno, sino como los arpegios de una flauta[1] y se librarán así -en un jordánico diluvio bautismal[2], donde no será el Mar Rojo sino el Río Jordán el que se abrirá a sus pasos- del insensato poder del Ateo Impío, del Dragón dormido y de la Bestia encriptada, y su Gran Ídolo plastificado y coronado mortalmente de sangre justa e inocente... Y cuando el Ídolo caiga, proferirá un gran grito de espanto al ver, demolido, su narciso poder financiero de barro, hambre y fuego; y quebrado para siempre el tétrico Círculo Vicioso de los Tres Demonios que lo edificaran, disueltos todos (de una vez y para siempre) en los morbosos confines de la Supra Nada”…
b. Luego, la Voz hizo silencio y pareció que el mundo se evaporaba… Que el mundo entero dejaba de latir, mientras ellos, los Errantes elegidos, los convocados para escuchar e interpretar por medio de la Voz, el crucigrama del Verbo vuelto palabra llana, se postraban ante el lampo de su fantasmal figura de arcángel, alzando los ojos al cielo como hipnotizados por el esplendor de la Verdad Humanizada, que parecía estar suspendida en vilo por aquella Columna de Nubes donde restallaba un enigmático, radiante Sol de Justicia… Y desde aquellas alturas imaginarias, abierto los oídos al susurro delicioso de su boca aramea, le escucharon ordenar, con el portento de su divina majestad y haciendo conmover los cimientos del Monte sepulcral que los rodeaba, el grito potente de liberación que tanto esperaban escuchar: “¡Lázaro, amigo! ¡Ponte en pie y sal fuera!”[3]
… Y Lázaro, abandonando los lienzos, perfumes, ataduras y flaquezas de una joven e inesperada dormición, resucitó… Revivió. A la carne y al espíritu, como alter ego de su Adán Redentor, revivió. Y María dio gracias… Y Marta lloró… Y todo el humilde pobrerío del pueblo de Betania, festejó… El Nuevo Orden (otra vez Natural, estaba en marcha, y la historia humana volvería para muchos a comenzar… (Aunque, sin dudas, y como estaba escrito en el Libro de las Pruebas de la Vida, el Gran Hermano personificado por la Tenebrosa Trinidad del Señor (Señores) de Relaciones Públicas, lo volviera –volvería- setenta veces siete, a intentar…).
c. De todos modos, y nuevamente ahora, entre lágrimas y sonrisas como quien siembra y cosecha, algunos buenos escribas dijeron, no sin saber la suerte mártir que les esperaba, que en mismo instante (inaudito para su humana credulidad y sin saberlo obrando bajo el signo del apóstol Mateo, el Dudoso), otras tumbas de justos esperanzados en La Venida, cavadas en la misma piel de aquel Tabor sagrado (que luego llamarían “de la Transfiguración”), se conmovieron también; pero no se abrieron todavía…
… Lo harían cuando un manso aunque terco israelita, fuera por otros sacrificado y ungido –como rey de los judíos- en un trono de Cruz de enclavado madero -predicho por la Reina de Saba y oculto en las vísceras de la tierra por el Rey Salomón, y surgidos a su debido tiempo de misión a cumplir, al excavarse el sitio elegido para zanjar la piscina de Bethesda- y donde moriría a la carne de ferviente Galileo, para renacer (de una vez y para siempre), como un viviente y hasta eucarístico Nazareno providencial… En tanto el agua surgente de su costado abierto y mortificado en sangre –atravesado por una pérfida lanza romana-, daría curso y caudal al jordánico diluvio bautismal vaticinado, que vencería a la Impiedad, al Pecado y a la Muerte, esto es, al Ateo Impío, al Dragón dormido y a la Bestia encriptada, y su Gran Ídolo plastificado y coronado mortalmente de sangre justa e inocente... [4]
[1] Lc 7, 31-35.-
ADRIÁN N. ESCUDERO (N. 1951 - Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
– Texto: 01 Mayo 2020 (San José Obrero y Carpintero).
DESIGUALDAD: DIÁLOGO
ENTRE BRICK Y SU PAPÁ
El punto de vista de un rico norteamericano paseando en la Europa de
pos guerra. (“La gata sobre el
tejado de zinc caliente”, de Tennesse Williams, Colección Escena, Ediciones MK,
Madrid, 1983, pág. 48 y 49)
EL PAPÁ –Lo
trajimos cuando fuimos a Europa tu madre y yo. Un viaje espantoso. Lo recuerdo
con horror. Pero a ella le gustó. ¡Compraba, compraba, compraba! Y la mitad de
las cosas que compró siguen embaladas en el sótano, pudriéndose con la humedad…
Menos mal que soy un hombre rico. ¡Es una suerte ser rico, ya lo creo! Y yo lo
soy. Mucho. Muy rico. ¿A que no sabes cuánto tengo? ¡Más de diez millones y
veintiocho mil acres de la mejor tierra del mundo” …
… Pero nadie puede
comprar su vida con dinero. Nadie puede comprar su vida cuando su vida se
acaba. La vida no está en venta, ni en la liquidación de Europa, ni en el
floreciente mercado norteamericano, ni en ningún otro cochino lugar donde todo
se compre y se venda. La vida, no. Es un pensamiento angustioso, terrible, que
me ha estado rondando por la cabeza… hasta hoy. Gracias a esta enfermedad soy
más sabio, pero estoy más triste… ¿Sabes lo que no puedo olvidad del viaje a
Europa?
BRICK –No.
EL PAPÁ –Los
niños corriendo por entre las ruinas, desnudos, mendigando como perros muertos
de hambre. Yo solo podría alimentar a cualquiera de esos países. Pero el animal
humano es egoísta. No creo que todo el dinero que les di a esos pobre críos
aullantes, alcanzara para tapizar de nuevo esta habitación. Les tiraba monedad
como el que tira maíz a las gallinas, se las tiraba para librarme de ellos,
para poder meterme en el coche y escapar… Hasta que un día no pude más. Volví
al hotel y le dije a tu madre: “Ya estás haciendo las maletas. Nos vamos de
aquí”.
BRICK –Esta
noche tienes ganas de hablar, ¿eh, papá?
EL PAPÁ –(sin oírle) El animal humano sabe que se muere, pero eso no le hace sentir piedad
por los demás; al contrario, parece como…
Revelador ¿verdad? Un escritor estadounidense plasmando el
sentimiento de un rico atormentado por la desigualdad.
EMBRUTECIMIENTO
GREGARIO: La
pregunta que debemos hacernos es cómo resulta posible con todas las
posibilidades intelectuales que tenemos a nuestro alcance en el actual grado de
civilización, llegar a este punto (de embrutecimiento gregario). La respuesta
es que hay varios caminos, que algunas veces se entrecruzan, otras confluyen
para continuar unidas. Elijo dos al azar, aunque soy consciente de la existencia
de más de dos caminos. Y me voy a valer de lo que de ellas (la ESTUPIDEZ y la
HETEROFOBIA) expresa el filósofo Fernando Sabater en su “Diccionario
Filosófico”.
“El irónico historiador italiano Carlo Cipolla lo expone en
su libro “Allegro ma non troppo”: los
evidentes y numerosos males que nos aquejan tienen por causa la actividad
incesante del clan formado por los máximos conspiradores espontáneos contra la
felicidad humana: a saber, los ESTÚPIDOS.
No hay que confundir a los estúpidos con los tontos, con las personas de pocas
luces intelectuales: pueden también ser estúpidos, pero su escasa brillantez
les quita la mayor parte del peligro”.
“Los estúpidos que pretendan ser buenos o malos, lo único que
consiguen a fin de cuentas es perjuicios tanto para ellos como para los demás.
La opinión de Cipolla es que hay muchos más estúpidos que buenos, malos o
incautos”.
“El estúpido es peor que el malo, porque el malo descansa de
vez en cuando pero el estúpido jamás”, dijo sutilmente Anatole France.
MERITOCRACIA.
Ahora bien, ante estas circunstancias acude a nuestra mente
la necesidad de un principio salvador.
Muchos mencionan la “meritocracia” pero,
¿existe realmente? No, ese principio
no puede ser otro que la EDUCACIÓN, y
ésta debe ser pública para ser justa y partir desde la igualdad, ya que la
pretendida MERITOCRACIA en realidad se da en muy pocos casos. Ésta sólo es tal,
si se parte desde la IGUALDAD, era
un concepto expresado por el gran filósofo ginebrino J. J. Rousseau.
Él nos dice: “Por
igualdad no debemos entender que los grados de poder y riqueza sean
absolutamente idénticos para todo el mundo, … que, en lo tocante a las
riquezas, nadie será lo suficientemente rico como para comprar a otro ni nadie
tan pobre como para verse obligado a venderse; lo cual implica, por parte de
los grandes, moderación en los bienes y en la posición y, por parte de la gente
común, moderación en la avaricia y en el afán de lucro”.
¿En qué consiste la HETEROFOBIA?
Es el sentimiento de temor y odio ante los otros, los diferentes, los extraños,
los forasteros, los que irrumpen en nuestro círculo, al decir de Sabater. Es el
grupo formado por personas que homogenizan las conductas, los juicios de valor,
los deseos; y nos identificamos y queremos, lo que también quieren aquellos que
son como nosotros.
Y esa conducta heterofóbica, que en su día fue útil en las
formas primitivas de sociedad humana, hoy se ha convertido en un primitivismo
colectivo dentro de la sociedad moderna; en una enfermedad moral.
La cuestión que se nos plantea es cómo detectar - no para
sancionarlo sino con el objeto de educarlo- a los que padecen ese EMBRUTECIMIENTO GREGARIO. Porque estas
personas que pretenden hacer gala de un supremacismo intelectual que no es otra
cosa que una exótica mezcla de ESTUPIDEZ
y HETEROFOBIA mas otros
ingredientes de un cóctel suministrado en su entorno social, con una simple prueba (habrá muchas, es solo un
simple ejemplo) comprobaría su NIVEL
CULTURAL.
Observaría, desde el asiento del copiloto, si la persona
examinada detiene su coche en un cruce señalizado a tal efecto, para dar paso
al peatón, o por el contrario lo ignora olímpicamente (incluso no sólo lo
ignora, sino que es capaz de agredirlo verbalmente con improperios). Con solo
esta sencilla prueba, demuestra su nivel cultural.
Otra prueba de valor sería comprobar la HIPOCRESÍA. Ese “ver la paja
en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”. Es gente que con el primer
mate mañanero acompaña su desayuno despotricando contra los ladrones en el
gobierno; con algunas de estas personas hay que tener mucho cuidado y poner
doble cerrojo a los bolsillos pues “tiran
la lanza” con total descaro y pueden dejarte “en Pampa y la vía”. Lo sufrí
personalmente en unas vacaciones en Argentina. Son falsos, son ladrones, pero
fundamentalmente personas incultas. Lamentablemente existen demasiados
hipócritas.
Psicológicamente, ¿son personas AMARGADAS? Posiblemente,
si nos atenemos a la “filosofía nietzscheana”, que la VIRTUD fue inventada por
las personas felices.
El haber padecido estas dos “anomalías culturales”
personalmente, pensarás tal vez que no justifica generalizar sobre el estatus
cultural de una sociedad pero, si estás dispuesto a situarte en el plano de un
observador, comprobarás su habitualidad.
¿Serán capaces, los lectores implicados en estas dos
conductas antisociales, asumir su “mea culpa”? Y ¿cómo se soluciona? con una
buena EDUCACIÓN PÚBLICA, el ‘mantra’
al que se llega siempre como objetivo, una y otra vez.
©CESAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA