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domingo, 8 de marzo de 2020

LA IMAGEN DE LO REAL NO IMAGINADA, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

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LA IMAGEN DE LO REAL NO IMAGINADA

"la verdad triunfa por sí misma la mentira necesita siempre complicidad"
                   Epicteto de Frigia

Así es," sólo sé que no sé nada"
convive en ese audaz gris remolino
con un cuerpo mortal y ser divino
vasija que es mi alma enamorada.

Tomado de tu mano en la alborada
para cantar en ronda te conmino...
tus ojos están tristes lo adivino
cuando leo tu verso que se enfada.

Y vuelvo a comprender lo verdadero
saber y florecer con fe primera
la historia natural de Plinio El Viejo.

Sócrates comenzó y este postrero
verso del soneto que así se  hiciera
solo, como una flor, sin mi consejo.

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Milonga pa’ recordarte, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

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TRIBUNA
Milonga pa’ recordarte

Nuestra lengua española, tan abundante como rica en expresiones, de acuerdo a la región, permite que las palabras puedan ser usadas con significados distintos. Sucede, en muchos casos, que términos idénticos no aluden a lo mismo, o incluso refieren cosas opuestas. Por ejemplo en el lenguaje rioplatense, un “curro” es la explotación de una idea para ganar dinero fácil y “currar”, es sinónimos de robo; mientras que, en casi toda España, significa “trabajo” bien habido y un “currador” (menos en Andalucía, que también es sinónimo de “majo”) es un obrero. Otros ejemplos se pueden dar en las llamadas malas palabras; aún entre países limítrofes hay ciertas expresiones usadas en la Argentina, que pueden ser ofensivas en Chile y viceversa.
La palabra “milonga”, según el Diccionario de la Real Academia, tiene varias acepciones. Una de ellas es “riña” (se armó la milonga; es decir, se armó la pelea o la discusión). Otra, es “composición musical folclórica argentina de ritmo apagado y tono nostálgico, que se ejecuta con guitarra de ritmo vivo, marcado en compás de dospor cuatro, emparentada con el tango”. El escritor uruguayo Vicente Rossi, que fue amigo de Borges, en su acreditado libro Cosas de negros, nos dice que en el Brasil “una milonga equivale a un enredo, un barullo o una mala disculpa” y que, por extensión, también se denomina así a toda reunión demasiado alegre o excedida de tono. Para el filólogo brasileño Rogerio Gonçalves Rocha, milonga es el plural de la palabra “mulonga”, cuyo significado vendría a ser “palabrerío o macaneo”.
En el siglo XIX, José Hernández, el célebre autor del Gaucho Martín Fierro, la usa en dos oportunidades con distinta aplicación; una vez como sinónimo de “baile o bailongo” y otra como el equivalente de trampa o enredo:
Supe una vez por desgracia,
que había un bailongo allí
y medio desesperao
a ver la milonga fui…
Y también:

Yo he visto en esa milonga
muchos jefes con estancia,
y piones en abundancia,
y majadas y rodeos;
he visto negocios feos
a pesar de mi ignorancia…
Aún hoy en la Argentina se siguen considerando esas dos formas de expresión; pero se agregan otras con referencias más concretas a lo musical. Cuando alguien va un baile popular es casi seguro que dice: “Voy a la milonga”. También es sinónimo de conflicto o de gresca: “Se armó una milonga de aquellas”. Puede servir, asimismo, como equivalente de tramoya o enredo: “En buena milonga estás metido”.
Sin embargo, como forma musical, los payadores Nemesio Trejo y Gabino Ezeiza, la usaron acompañados con la guitarra. Sea como fuere, lo cierto es que desde entonces, la milonga se transformó en verbo que abarca la acción del canto y la payada en el consabido octosílabo, y se da simultáneamente en las dos orillas del Río de la Plata; vale decir, en Montevideo y en Buenos Aires; lugares donde “milonguear” quiere decir “cantar o payar acompañado de guitarra” con atisbos melódicos de canción, que nacen, según se ha comprobado, del maridaje de candombe y habanera, en ambos casos elementos de origen negro. Del primero toma el ritmo particular y propio de los tamboriles; de la segunda, la melodía que posee algunos sabores españoles. Por consiguiente, hay quienes sostienen que tanto la milonga como su consecuente directo, el tango, derivan del tanguito andaluz. Yo, sin embargo, me inclino por el origen puramente rioplatense. Pues si indagamos un poco más encontramos que el mismo vocablo “milonga” es, como observaba Rossi, de origen afro-brasileño, llegado por entendibles razones de intercambio a los puertos de ambos países, y trasladado luego al interior.
Ahora bien, que yo sepa y hasta donde pude investigar, encuentro que hay dos clases de milonga que se deben diferenciar: la que servía para payar o improvisar con una simple apoyatura melódica, oportuna para ofrecer al payador la inspiración y elaborar el verso preguntón o contestador, de acuerdo a las circunstancias que lo requieren, aunado al otro modo de milonga construido en forma definitiva tanto en su letra como en su melodía. Está es, quizá, la que más prevalece, ya que fue la que se prodigó a la danza y permitió, por estar registrada con técnica musical, la ejecución por intermedio de los grupos que la popularizaron en los bailes del centro y los suburbios.
Después de una dilatada conversación de sobremesa con Alfredo Zitarrosa, uno de sus máximos intérpretes e investigadores, quiero dejar sentado que coincido con su punto de vista, que también admitía Borges; esto es, que Montevideo fue la cuna de la milonga, y que los elementos que fueron conformándola a través del tiempo, tienen origen negro. Borges, que le dedicó un demasiado famoso poema a los orientales con tono de milonga, se apoyaba en las opiniones de sus amigos Pedro Leandro Ipuche, Melían Lafinur, Enrique Amorim y el pintor Pedro Figari. Escribe Borges:
Milonga que este porteño
dedica a los orientales,
agradeciendo memorias
de tardes y de ceibales…
Milonga de tantas cosas
que se van quedando lejos;
la quinta con mirador
y el zócalo de azulejos…
En lo personal creo, no obstante, que lo uno no interfiere con lo otro, ya que es indudable que la colonia africana sigue prevaleciendo en tierras orientales, aparte de ser más numerosa que la que logró mantenerse en Buenos Aires. También en coincidencia con Zitarrosa, estoy de acuerdo que el medio suburbano en el que surgió la milonga y le sirvió de soporte a tales gustos, impidió en Montevideo que ascendiera a otras capas sociales, manteniéndose limitada a un subsuelo, frecuentado sólo por la soldadesca y el ambiente compadre de extramuros. “El chinerio de Montevideo –observaba Rossi- al imitar caricaturísticamente el candombe de los negros, cantaban ‘samba, mulenga, samba’, que quiere decir, ‘dale milonga, dale’.
A su vez, Homero Manzi, el más lírico y preclaro poeta del tango, a la vez que uno de sus más secretos investigadores y al que debemos, junto al compositor Sebastián Piana, la actual milonga porteña, afirma que “el verdadero auge de la milonga llegó cuando entró de lleno en los escenarios porteños, atravesando los picaderos de los circos dramáticos”. Fue así que en el drama Juan Moreira, que se ofreció por primera vez al público culto, en el último cuadro, desarrollado en el patio de una casa de diversiones populares, aparecen parejas bailando cortes de milonga para lo cual se utilizaba una composición del género perteneciente a don Antonio Podestá, titulada “La estrella. Sin duda, la brecha abierta por Juan Moreira fue aprovechada de inmediato, pues al año siguiente, en 1890, subió al escenario del teatro Goldoni, la segunda milonga compuesta por el maestro Lalanne para una revista representada por una compañía española; según Manzi, esta misma milonga fue utilizada en 1898 en el teatro Apolo para el sainete Ensalada criolla, al que siguieron otros de la lírica popular porteña, que alcanzaría su máxima consagración con el famoso autor Alberto Vaccarezza.
Manzi y Piana son los autores de la siempre presente y melancólica Milonga triste:
Llegabas por el sendero
delantal y trenzas sueltas,
brillaban tus ojos negros,
claridad de luna llena.
Mis labios te hicieron daño
al besar tu boca fresca.
Castigo me dio tu mano, pero más golpeó tu ausencia. ¡Ay!...
Esta misma milonga precursora, junto a otras que se fueron popularizando debido al interés de los auditorios del centro de la ciudad, empezó a fijar rumbo en la danza orillera, con autores que editaban los llamados Almacenes de música; sin duda, atraídos por la numerosa demanda. El género inició inmediatamente un cambio en la designación, apareciendo la calificación de “tango-milonga”, una mezcla de dos géneros casi aceptada sin discusión, ya que estas piezas eran, en definitiva auténticas milongas, marcadamente compadritas y enriquecidas por la inspirada renovación de sus melodías, de las que jamás se independizaría. En la década del ’20, el dúo Gardel-Razzano no demora en incorporar a su repertorio una milonga de tipo pampeano, titulada Milongón:
Lindo es el primer albor,
que viene anunciando el día
y tras de la serranía
repunta el astro mayor.
Todo cambia de color
dándole el sol, sus reflejos,
y se distingue a lo lejos
de los campos, el verdor…
Ahora bien, en lo que se refiere a la danza, agreguemos que el origen de los cortes y pasos, elementos que incorporaría luego el tango canyengue, nació, según Manzi, de un esfuerzo de los criollos en su intención de remedar burlonamente las contorsiones que hacían los negros en el candombe, que hizo que se creara un hábito coreográfico del que nunca se independizó. Algo que ya es casi una leyenda menciona una costumbre de colocar una moneda de dos centavos en el taco del zapato para resaltar el ruido de los taconeos femeninos sobre las veredas, o las baldosas de los patios. Este origen exótico, afirman ciertos investigadores fue el motivo centra que atrajo al hombre de Europa cuando por primera vez se deslumbró ante el tango argentino, bailado con una exageración premeditada por quienes lo llevaron al Viejo Mundo con fines de lucrar o poder sobrevivir en medios menos generosos que hostiles.
“Pero el tango ha evolucionado tanto que acaso estas opiniones no parecen pertenecerle y, sin detenernos en su deformación musical y literaria que lo llevó a los lindes de la sensiblería chabacano y sentimentaloide, anoto que los cortes de sus giros han desaparecido para dar cabida al paso largo y sencillo adoptado sin duda alguna bajo la presión del nuevo ambiente en que entró a reinar”, Homero Manzi dixi.
En cambio la milonga, quizá porque quedó olvidada, no evolucionó y sigue tal cual como fue creada, cosa que deslumbraba tanto a Borges como a Marechal. Un estancamiento que, me parece, la salvó tanto del criollismo como del llamado tango moderno o contemporáneo. También el poeta León Benarós y el escritor Enrique Espina Rawson han escrito lúcidamente sobre este discutido asunto de la milonga.
Otro de mis amigos, el poeta e investigador Luis Alposta, escribe: “Decir milonga, es hablar de una tonada popular que se canta al son de una guitarra; es hablar de una música con cierto aire confesional que nos pide una letra conversada. Decir milonga es hablar de una composición musical de ritmo vivo y marcado, emparentada con el tango. Pero, dejando de lado las definiciones del caso, digamos que, entre nosotros, decir milonga es hablar de don Sebastián Piana. Alguien a quien Gardel le grabó, y para siempre, cuatro temas. Alguien que, siendo muy joven, nos demostró que no se trata siempre de la misma milonga, y procedió a su renovación confiriéndole un carácter suburbano. Decir milonga, en este caso, es hablar también de Homero Manzi, y es recordar “Milonga triste” que, sin dejar de ser popular, es música de cámara.
Hacia mediados de la década del 60’, el poeta Jorge Luis Borges, respondiendo a un “desafío” del compositor Carlos Guastavino, escribió once poemas destinados a ser letras de sendas milongas. Estos versos integraron un pequeño libro, cuyo título fue Para las seis cuerdas. Destinado a ser, sin duda, la consagración definitiva de la milonga, elevada al más alto rango literario.

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




lunes, 17 de febrero de 2020

SONETO DEL ADIÓS AL SONETO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina






















SONETO DEL ADIÓS AL SONETO

Abundan los poetas que dominan
del soneto la técnica precisa.
Como saco a medida lo terminan
sin que tire de mangas ni de sisa.

¡En fin! No sé si abundan los poetas.
Sí sé, en cambio, que abundan los sonetos,
que se dan de a docenas y hay recetas
que aseguran llegar a los tercetos.

Pero al soneto lo fichó la “Tierna”.
Con el hígado entero, sin cirrosis,
con arterias fetén, sin esclerosis

y esperando alcanzar la vida eterna,
lo amenaza una muerte posmoderna:
Será por sobredosis.

29 / 11 / 1994

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



BORGES, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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BORGES

Buenos Aires fue tu tierra y motivo de la primera inspiración,
deslumbraste al mundo con tu poesía y prosa casi perfecta, plasmada de erudición.
Y tu ceguera se volvió luz en el lector y en su corazón.
Borges, tu obra es en mi vida una voz predilecta.

Los poemas escritos en medio de tu oscuridad, serán siempre fulgor en la cultura.
Un color amarillo te acompañó desde infante,
un Quijote fue tu mejor amigo en tu edad madura
y hoy, tu recuerdo es verso libre y relato brillante.

Tus Ficciones, reinventaron con belleza el enigma del universo,
describieron la posibilidad de lo que puede ser o suceder en el tiempo,
creando en cada lector,  un espacio infinito de pensamientos.

Una Biblioteca de Babel y un  Aleph, es lo que nos hiciste ver y también creer.
Leíste mucho desde niño hasta tu agonía, para hacer de tu vida un universum.
Descansa viejo amigo junto a Cervantes, porque hoy un mundo te lee con alegría.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


CANCIÓN SIN FE, Jerómimo Castillo, San Luis, Argentina

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CANCIÓN SIN FE

Innominada semiluz difusa
flagelaba el sentido sin acierto
cuando llegó al cenit el desconcierto
entre cadentes soplos de una musa.

Nada fue más sensible que la ilusa
esperanza truncada en el desierto
que apenas matizaba con un cierto
descolorido andamio que usa y usa.

Y entre lánguidos besos de la brisa
se escondía una voz ya sin aliento
para mover tal vez a una sonrisa.

Siento que llega el extravío y siento
cómo se marcha el día a toda prisa
sin sacudir el numen polvoriento.


©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


CHAMPAGNE O CAIPIRINHA?, María Ines Malchiodi, San Luis, Argentina

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CHAMPAGNE O CAIPIRINHA?

Eran casi las siete de la tarde.
La hora en que los gorriones gritan alborotados, queriendo alcanzar las ramas de los plátanos para dormir hasta el día siguiente.
Tomaste por Teodoro García, y en la subida usaste tu mano izquierda para bajar un cambio por no soltar las manos de ella.
No valía la pena interrumpir esas caricias de la urgencia y la alegría entre unas manos plácidas, sedientas de encontrarse, inquietas de promesas incontenidas.
Sólo vos conocías el camino, y se dejó llevar. 
Pasaron por frente del edificio donde ella había vivido en su época de estudiante, pero no quiso decir nada para no romper el hechizo.
Hipnótica de anhelos y denuedos, quedó arrobada en la simpleza de una conversación trivial, tan profunda y tan banal como si hubieran estado recitando el Dante en ese instante. No tenía idea de qué iba la conversación.
Sólo importaba llegar a destino, sacarse los zapatos y los pudores, besarse con ternura y emoción. 
La urgencia de los cuerpos inundó de calor la sala en penumbras, y ella sintió que estabas demasiado arrobado para lo que habían vivido los últimos tiempos, cada uno por su lado, cada quien con su ilusión puesta en un encuentro que por fin, podía concretarse pero no se sabía bien para qué.
Acaso para comprobar con la piel lo que las palabras reflejaban cada vez que aparecían escritas en una pantalla de ordenador.
Acaso para sentir que todo lo forjado era importante, sanador, bello desde el primer día en que ella escuchó tu voz por primera vez, y ahora, mudos ambos con sólo el murmullo del jadeo en la oreja despertando sensaciones, mientras Bob Marley marcaba un ritmo conocido, desde el más allá.
El más allá intangible de la música que inundó dos cuerpos en la placidez del atardecer, huyéndolos del tiempo para acortar las distancias entre el decir y el hacer, entre el gozar y el placer, entre el estar y el ser.
Y fueron.
Fueron dos acaso demasiado atropellados en desabrochar la ropa, acaso torpes en caricias que no llegaron a desparramarse por la piel porque la urgencia era otra. Era beber hasta la última gota de un cáliz sediento de caricias, de comprobaciones, de rocío cayendo sobres los pétalos mustios de una flor que casi estaba ya marchita, y vos la reviviste cuando comenzaste a acariciarla con palabras cada día.
Ella se hundió en el mar de la locura, y su barco comenzó a navegar hacia la marea más alta, mar cabalgando océanos, nave cabalgando mares, playas de arenas blancas, blandas, suaves, donde recalar tu barca.
Tu cama era muy alta. Tal vez no tanto como para esconder demasiados sueños, pero alta al fin para poder quedarse acurrucado si un recuerdo desorientado comenzaba de pronto a vagar por el cuarto despojado de rumores. 
De pronto, tu cama también fue demasiado ancha, tanto que comenzó a albergar demasiada gente para acompañar la soledad de dos en compañía. Se llenó de llanto de niños, de voces del recuerdo, de historias de juventudes pasadas, de gente nueva que comenzó a tomar lugar entre los dos.
La figura contorneante y provocadora de una mujer de tu misma edad, hizo lo imposible por echar su pelo enrulado hasta la mitad de la espalda sobre la almohada donde ella ya había dejado su perfume. Pero la mujer estaba allí, pelo castaño, sonrisa amplia, ojos traviesos, estampa de book de fotos para quién sabe que empresas, pero con la simplicidad de lo cotidiano. 
Ella bebía champagne. Dulce, frappé, burbujeante. 
Vos no alcanzaste más que a brindar por los dos, y vaya a saber por qué más la segunda vez que hicieron chocar sus copas largas. Pero no bebiste. 
Acaso la caipirinha fuera más acorde a ciertas edades que ella ya había pasado casi dos décadas atrás, mientras bailaba samba con las chicas de Ipanema y Ray Coniff hacía sonar Brasil y Bésame Mucho, para que bailaran en los Carnavales.
Por la mente de ambos pasó la historia de una vida, recuerdos de juventud recreados en algunas horas de conversaciones a la luz mortecina de una luz impertinente. Ella buscó el hueco de tu axila, pero vos ya estabas dispuesto a dormir con la mujer de la caipirinha. Era más real, más tangible, más fatuo pero menos comprometido.
Ella te cobijó en la madrugada, creyendo que tenías frío. No te diste cuenta.
Ella tapó tus brazos cuando te moviste buscando atrapar las cobijas.
Te estaba cuidando.
Veló tu sueño.
La noche se hizo larga. La cama, demasiado ancha. Las ilusiones quedaron enredadas entre la ropa que se amontonó en un rincón del cuarto.
Dicen que nadie muere de amor.
Dicen.
La mujer de la caipirinha siguió sonriéndole a tu beso cada vez que acudías a su encuentro.
Vos, no sé por cuánto tiempo, anduviste buscando el perfume que quedó en tu almohada, exorcizando un recuerdo que no te animaste a hacer presente.
Ella murió ese viernes, al atardecer.

©MARÍA INÉS MALCHIODI, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



LA PAZ ES ACCIÓN, Teresinka Pereira, Ottawa, Canadá

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LA PAZ ES ACCIÓN

         
LA PAZ es un laberinto
de difícil acceso
por el ser humano
cuya mente busca
agresivamente por
la sobrevivencia
en este mundo trastornado.
Sin embargo, la razón
puede prevalecer
sobre la confusión,
la rabia, peleas y guerras
cuando descubrimos
que la acción por la PAZ
es la única que vale la pena
seguir, con el reconocimiento
de que somos todos iguales.
................

A PAZ É AÇÃO
         
A PAZ é um labirinto
de difícil acesso
pelo ser humano
cuja mente busca
agressivamente
pela sobrevivência
neste mundo transformado.
Mas, a razão pode prevalecer
sobre o desentendimento,
sobre as raivas, brigas, guerras
quando descobrimos que
a ação pela PAZ
é a única que vale a pena seguir
com o reconhecimento
de que somos todos iguais.
...................

LA PAZ ES ACCIÓN
         
LA PAZ es un laberinto
de dificil acceso
por el ser humano
cuya mente busca
agresivamente por
la sobrevivencia
en este mundo trastornado.
Sin embargo, la razón
puede prevalecer
sobre la confusión,
la rabia, peleas y guerras
cuando descubrimos
que la acción por la PAZ
es la única que vale la pena
seguir, con el reconocimiento
de que somos todos iguales.
................


PEACE IN ACTION
         
Peace is a labyrinth
of difficult access
by the human being
of aggressive mind
trying to survive
in this unsettled world.
Nevertheless reason
can prevail instead
of confusion, rage, war
when we discover
that the action for peace
is the only worthwhile
with the recognition
that we are all equal
from birth to death.
......

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA